Inuyasha: - ¿Es cierto? (Interrogó sonriendo, pero sorprendido a la vez).

Kagome: - Sí. (Dijo sonrojada).

Sango: - ¿Y quién es el padre? (Pensó en voz alta) – Lo siento yo no quería decir eso…No tienes que responder nada que no quieras, Kagome. (Se avergonzó a si misma).

Kagome: (Rió por lo bajo) – Está bien. No hay nada que ocultar. (Se levantó de la cama) – Este hijo es… (Tocó su vientre. Iba a hablar pero fue interrumpida).

Sesshomaru/Inuyasha: - Mío. (Dijeron al mismo tiempo).

Sango: - ¿Ehhh…? (Les sonrió incómodamente. Luego volteó a donde estaba Kagome) – Qué picarona, amiga. (Le susurró riendo, luego de guiñarle un ojo).

Inuyasha: - ¡¿Qué?! (Dijo viendo a su hermano de pies a cabeza, con odio en su mirada).

Kagome: - ¡Ya basta Sesshomaru! (Reprochó con una mirada seria).

Sesshomaru: - ¿Qué puedo decir? Es divertido ver la expresión de Inuyasha cuando se enoja. (Rió con maldad).

Inuyasha: - Idiota. (Dijo molesto).

Sango: - Entonces... ¿Quiere decir que tú e Inuyasha serán padres? (Se dirigió a Kagome).

Kagome: - Eso parece. (Dijo ruborizada, sin poder disimular su alegría).

Inuyasha: (Se acercó y la abrazó) – Es una gran noticia. (La besó frente de todos.)

Sesshomaru: – Felicidades a ambos. (Dijo sin emoción alguna. Lo disimulaba lo mejor que podía, pero aún así, un dolor muy grande atravesaba su pecho).

Sango: - Eso significa que serás tío, Sesshomaru. (Dijo poniendo su mano en el hombro del platinado).

Sesshomaru: - ¿Tío, yo? (No se había percatado de tal realidad) – ¡Es cierto! (Dijo orgulloso y una pequeña mueca de ilusión se dibujó en su rostro).

Sango: - Kagome, ¿De cuánto tiempo estás?

Kagome: - De 4 meses y medio. Creo que ya se me empezaba a notar. (Rió apenada).

Sango: - Descuida, sigues igual de radiante. (Dijo para animarla).

Inuyasha: - Te ves más preciosa que antes. (Le confesó sin desprender su mirada de la de ella, para luego besar su frente con cariño).

Kagome: - ¿Por qué todo eso tan de repente? (Sonrojada).

Inuyasha: - Es que siento que te amo aún más.

Sesshomaru: - ¿Cuando te volviste tan cursi? (Volteó en dirección a Sango) - Ya vámonos, dejémoslos solos.

Sango: (Entendió al instantes) - De acuerdo. (Se despidió de ambos y se fue junto a Sesshomaru).

Kagome: (Una vez solos. Sujetó sus manos) - ¿Te imaginas? Tú y yo, Inu. Viviendo junto a nuestra hija, como una familia, jugando y riendo. Llenando la casa de bellos recuerdos.

Inuyasha: - ¿Hija? (Interrogó arqueando una ceja).

Kagome: - Ahh sí… no te había dicho... será niña. (Dijo segura).

Inuyasha: - ¿Y cómo lo sabes?

Kagome: - Intuición femenina. Simplemente lo sé.

Inuyasha: - Debes estar en broma. Será un niño.

Kagome: - ¡Que no! Es una niña.

Inuyasha: - Tendrás que comerte tus palabras cuando el doctor nos confirme que es un niño.

Kagome: - Já, ese serás tú querido.

Inuyasha: - Ya lo veremos. (La besó, mientras reían).

Este era el comienzo de un duro camino para ambos, pero podian avanzar con la seguridad de estar el uno junto al otro.

-5 meses después-

Kagome: - ¡INUYASHA! (Mantenía la mano firme contra su grande y redondo vientre ya de 9 meses) - ¡APRESÚRATE! (Gritó impaciente. Las náuseas y mareos habían sido suficientes estos últimos meses, estaba lista para que su bebé nazca, y parecía que ambos coincidían en eso).

Inuyasha: - ¡Las llaves, ¿Dónde diablos están las llaves?! (Gritaba mientras daba vuelta la casa en busca de las benditas llaves de su auto) - ¡Myoga! ¿Las encontraste?

Myoga: - Aún no, amo... (Respondió igual de nervioso que él).

Kagome: - ¡Inuyasha! ¡No tendré a mi hijo en un auto! (Le aseguró desde afuera de la casa. Impaciente de tanto esperar que apareciera su amado conductor para llevarla al hospital).

Inuyasha: - No puede ser, que diablos, justo en un momento como este. (Tanteó sus ropas, por cuarta vez y para su sorpresa allí estaban, en su bolsillo derecho del pantalón) - Juro que ya las habías buscado aquí. (Se justificó frustrado) - Vámonos... (Subió al auto, lo encendió y salió a toda velocidad hacia el hospital)

Kagome: - Cuidado...cuidado, CUIDADO. (Decía cada vez que Inuyasha rebasaba un auto).

Inuyasha: - No grites, estoy siendo cuidadoso. Jamás pondría en peligro tu vida o la de nuestro hijo.

Kagome: (Se tranquilizó y se tomó el tiempo de apreciar a la persona que tenía a su lado. Lo amaba demasiado, era un hecho. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por una fuerte contracción, que la hizo gritar de dolor).

Inuyasha: - Ya casi, resiste. Respira como lo habíamos practicado. (No habían sido en vano las clases para "padres primerizos" que habían tomado. Era un hecho).

Kagome: - Sí. (Dijo apretando los dientes).

Una vez en el hospital, Kagome fue llevada y atendida por los médicos. Los cuales no dejaron al pobre platinado entrar con ella.

No tuvo otra opción más que esperar impaciente en la sala de espera, era una tortura para él. Caminando de aquí para allá, con la mirada fija en el suelo al compás del reloj de pared. Los nervios lo estaban matando de a poco. Necesitaba saber cómo estaba Kagome y su hijo.

Conforme avanzaba en tiempo, la soledad de Inuyasha desapreció gracias a su hermano y amigos, que llegaron para hacerle compañía.

Finalmente el doctor hizo acto de presencia frente a ellos, para darles las buenas noticias. Escoltándolos a la habitación de su paciente en seguida.

Quién más, sino Inuyasha, sería el primero en entrar a conocer a su nueva familia, siendo seguido por su hermano y el resto de los presentes.

Kagome parecía cansada, pero era imposible borrar la sonrisa que se dibuja en su rostro, mientras acaricia el diminuto rostro de su bebé recién nacido, envuelto en una mantita entre sus brazos. Esas rosadas mejillas que invitaban a ser pellizcadas, tentabas a la nueva madre.

Kagome: - Ven Inuyasha... (Le suplicó al ver que él seguía inmóvil desde la lejanía de la puerta) - "Acércate papi"... Dile hijo… "No muerdo, ven a conocerme". (Ella apartó la mirada de su hijo y la dirigió a él, otra vez. Ambos sonrieron sin ningún motivo. Él comprendió... Era momento de conocer a su hijo).

Inuyasha: (Se acercó a la cama lentamente. Besó dulcemente a Kagome en los labios, felicitándola por su gran esfuerzo e instantáneamente dirigió su atención a su pequeño hijo) - Te dije que sería niño. (Le refregó triunfante. La verdad era que este bebé no los había dejado conocer su sexo durante las ecografías. Haciendo que ambos se impacientaran más con su llegada) - Es hermoso... Igual a su madre. (Luego de contemplar, a la que a partir de ahora sería su familia, retrocedió dejando que, Sesshomaru, Sango y Miroku, pudieran conocerlo).

Sesshomaru: - Quién diría que este niño sería el bebé más bello del mundo, salió a Kagome, viéndote a ti, Inuyasha, no me quedan dudas. (Dijo para hacerlo enojar).

Kagome: - ¿Quieres cargarlo Sessh? (Dijo débilmente).

Inuyasha: - ¡¿Qué?! ¿Por qué el primero? Yo soy el padre.

Kagome: - No digas tonterías, quieres. Sesshomaru es su tío tiene derecho también.

Inuyasha: - ¡Já! Claro, como no. (Dijo sarcásticamente).

Sesshomaru: - Ven aquí pequeño. (Decía mientras lo sujetaba firmemente a medida que Kagome se lo entregaba con el mayor de los cuidados).

Sango: - ¡Es tan dulce! Al igual que un panquecito recién horneado.

Miroku: - No podría estar más de acuerdo. El más fervoroso de los retoños de esta primavera.

Sango: - ¿Cómo se llamará? (Interrogó curiosa).

Kagome: - Acordamos que si era niña se llamaría, Lina y si era niño Haru... Asique es un placer presentarles a "Haru Taisho". (Afirmó orgullosa).

Inuyasha: *Taisho* (Pensó al escucharlo, e instantáneamente recordó a su difunto padre. Y de lo orgulloso que estaría, en este momento, de saber que acababa de convertirse en abuelo. La felicidad al igual que la nostalgia invadieron su alma) - Te amo Haru... (Susurró sin ser descubierto, aprovechando la atención recibida por su hijo de parte de todos, como la perfecta distracción).

El 4 de Octubre, mi pequeño hijo, Haru, llegó a nuestras vidas, para colmarlas de felicidad.

No podría haber sido más parecido a su padre, en cuanto a sus gestos bien definidos, en cada expresión.

Sus ojos cafés, se asemejaban a los míos, tal vez un poco más claros, la tez blanca, cual nieve, que cae durante el crudo invierno y el cabello color negro intenso.

Todos coincidían en que era obviamente muy parecido a mí, teniendo en cuenta los rasgos físicos de Inuyasha, pero en mi opinión personal, Haru es la viva imagen de su padre. Me recuerda tanto a Inuyasha.

Junto con Inu, remodelamos la Mansión, dándole un toque más moderno y contemporáneo. Decoramos uno de los cuartos especialmente para Haru.

Incluso el jardín se llenó de Juegos y hasta una casita en el árbol, en la cual su padre no escatimó gastos.

Los tres mirábamos hacia un futuro prometedor.

Conforme avanzaba el tiempo, Inuyasha demostró ser un gran padre. Como el que yo alguna vez tuve. Antes de que mi madre nos abandonara tan desafortunadamente, claro está.

Hasta Sesshomaru me sorprendió por completo. Cada día llegaba a la casa con la única excusa de visitar a su sobrino. Con un regalo cada día. Inuyasha lo regañaba diciendo que lo malcriaba. Sin embargo Sessh hacía caso omiso a esas palabras.

Al cumplirse el primer año de Haru, organizamos una fiesta en el jardín de la Mansión. Ese día su tía Sango, como le decíamos a ella y Miroku, nos sorprendieron con la gran noticia de que estaban saliendo juntos. ¿Quién lo diría hijo? Ya era hora ¿no crees?... Tal vez pronto tengas una amiga o amigo para jugar.

Los años continuaban pasando... Haru seguía creciendo, e Inu y yo amándolo como el primer día...

La fábrica también logró crecer. Con las inversiones heredadas de Onigumo, pudimos al fin construir la sucursal en Tokio, que tanto anhelábamos. Así mi antigua casa, se convirtió en nuestra casa vacacional de verano.

Souta salió del reformatorio. Estaba ansioso por conocer a su sobrino. Cada vez que yo lo visitaba le hablada de ti, hijo mío. Con cada palabra, Souta sentía que te amaba más y más, incluso sin conocerte.

Él decidió volver a Tokio a retomar y terminar de una vez sus estudios. Y cada verano lo veíamos para recordarle que ahora nosotros éramos, su suporte, su confianza...su nueva familia.

Kouga también decidió volver a Tokio, pero no se fue solo, Ayamelo acompaña desde ahora. Ambos trabajan juntos. Él se hizo cargo de los negocios de mi padre y ella lo ayuda como su secretaria. Kouga puede ser algo estricto, pero sin duda quiere mucho a esa mujer, se nota en su mirada, estoy segura de que serán felices juntos.

Sesshomaru, también viajó por un corto período a España. No dejaba de decir que tenía un asunto pendiente allá que no podía aplazar más. Nunca dio muchos detalles al respecto, sólo espero que haya podido llevar a cabo sus planes, como deseaba.

-5 años después-

Haru: - Mamá apresúrate, ya es tarde. Te estamos esperando. (Dijo asomándose por la inmensa carpa playera en la que su madre se alistaba).

Kagome: - Ya lo sé Haru. (Se quejó) - Pero ni tú ni tu padre, saben lo dificultoso que es ponerse un vestido como este.

Haru: - Esa es una tontería. (Frunció el ceño).

Kagome: (Suspiró reconfortantemente) - Te pareces tanto a tu padre cuando pones esa expresión.

Haru: (Se sonrojó ante la dulce sonrisa que le dedicaba su madre. Avergonzado miró hacia otro lado) - Siempre dices lo mismo...

Kagome: - Sí, lo sé, soy una madre muy pesada. (Suspiró al aceptar esa realidad) - Por el momento solo déjame acomodar tu linda corbata en su lugar. Te ves como todo un hombrecito de traje. (Lo besó con fuerza en la mejilla).

Haru: - Ayyyyy mamaaaaá suéltame. (Se alejó) - Y apúrate, estaremos esperando. (Se fue corriendo, justo por donde había llegado, dejándola sola. Pero al instante regresó, como si se hubiese olvidado algo muy importante) - Te ves preciosa. Te Quiero, mamá. (Y volvió a irse antes de que Kagome notara su expresión lleva de vergüenza).

Kagome: (Sonrió mientes lo veía alejarse) - Yo también te amo, Haru. (Luego de esa tormenta de emociones volvió en sí) - Bien ya es hora. (Dijo para sí misma).

Sujetó con una delicada horquilla su sedoso cabello, junto al blanco velo que caía cubriendo sutilmente sus ojos. Se vio al espejo por última vez, suspiró y retocó una vez más su blanco vestido. Todo estaba en su lugar, todo estaba como debía.

Sujetó entre sus temblorosas manos, el ramo de rosas rojas, que tan delicadamente habían preparado para ella, no podía evitar ser consumida por los nervios.

Finamente salió dejando que todos los presentes contemplaran su maravillosa sonrisa, y ese escote pronunciado que lucía tan tenazmente. El cabello bailando al compás del viento y su caminar semejante al suave vaivén de las olas, de esa tarde. Con el ocaso a minutos, tiñendo de un color rojizo, anaranjado el cielo. Era la ocasión perfecta para una boda, un día inolvidable en sus vidas.

Escoltada del brazo por su hermano, ahora, convertido en todo un hombre mucho más alto y de mejor porte. Vistiendo un elegante traje azul oscuro. Demostrando gran coraje y orgullo, al entrega a su hermana en el altar, con la frente en alto ante todos.

El camino bien definido, con pétalos hasta donde el novio se encontraba impaciente, iba siendo marcado por los tacones de la azabache, que se enterraban sutilmente en la arena.

Souta: - Te ves hermosa, Kagome. ¿Quién diría que sería yo quien te entregaría en tu día? (Le susurró).

Kagome: - Jamás pensamos que la cosas serían así. Solo mírate, tan grande, ya hasta me pasas y eso que tengo tacones puestos. (Río levemente) - Como se van los años. (Dijo Nostálgica).

Souta: - ¿Nerviosa? (Interrogó al verla morderse el labio inferior).

Kagome: - Mucho. (Rió fugazmente).

Souta: - Todo saldrá bien. Inuyasha es un buen hombre.

Kagome: - Lo sé. (Sonrió, y antes de darse cuenta ya estaba frente a todos y a su derecha Inuyasha embelesado como nunca) - Hola. (Dijo tontamente, solo para él).

Inuyasha: - Hola (Respondió divertido) - Definitivamente, luces espléndida. (Ambos se vieron a los ojos, sosteniendo por minutos la mirada y entonces el largo sermón del Padre a cargo de la ceremonia comenzó).

"Hoy estamos reunidos, para conmemorar la unión de éstas dos personas..."

El primero en dar el "Sí" fue Inuyasha. Sin dudar ni titubear ni un instante. Su rápida respuesta llenó de confianza a la Azabache, que lo miró aliviada.

"Y usted, Kagome Higurashi, ¿Acepta por esposo a Inuyasha Taisho?"

Kagome: (Sonreía luciendo su hermosa sonrisa, pero al momento de dar su respuesta su mente quedó en blanco) - Yo... (Volteó a ver a su madrina y padrino de boda, Sango y Miroku. Los 2 sonriendo nerviosamente ante el suspenso creado por ella).

Obvio que aceptaba, era un rotundo "SÍ"...pero por alguna razón no pudo emitir palabra

Sango: - Amiga, tu respuesta... (Le susurró).

Kagome: (Mantenía la boca entreabierta, como esperando que la respuesta saliera sola. Tartamudeando palabras incomprensibles).

Sesshomaru: - ¡Eyy! (Le gritó desde su asiento poniéndose de pie. Ella se asustó y volteó a verlo) - No vinimos aquí hoy, para que te quedes callada. (Le dijo ¿enojado? Tal vez) - ¿Qué te impide responder? (Preguntó retóricamente con un toque de ironía en aquellas palabras).

Kagome: - Sessh...

Inuyasha: (Odiada que ella le prestara atención a su hermano, a pesar de tanto años, seguía siendo algo que lo hacía enfurecer. Sujetó las delicadas manos de su compañera, desviando su atención hacia él) - Kagome, hace casi 6 años que estamos juntos e incluso tuvimos un hijo. Una vez dijiste que no querías casarte conmigo porque antes deseabas demostrarme que podías ser una buena mujer.
En estos años me lo has demostrado, lo mucho que vales, por eso volví a pedirte matrimonio, creía que ya era hora luego de todo lo que habíamos vivido juntos.
No sabes lo feliz que fui cuando dijiste que tenía razón. Pensé... "Bueno ahora ya no hay obstáculos entre nosotros, nos conocemos, confiamos el uno en el otro, y lo más importante nos amamos." Pero míranos ahora...mírame, mírate. ¿Por qué estás dudando? (Finalizó triste).

La verdad no era que Kagome no quisiera casarse, en realidad había algo que Inuyasha no sabía, algo que la hacía dudar profundamente sobre sí en verdad merecía estar con alguien tan bueno y comprensivo como él. Algo que la llenaba de culpa y arrepentimiento... Algo que él no tendría que saber por nada del mundo. Algo que ocultaría hasta que ya no pudiera, hasta que el dolor la consumiera por completo.

Kagome: (Se deshizo de pensamientos innecesarios) - Inu...yasha... (Acarició suavemente su mejilla y sin apartar la vista de sus ojos ambarinos, le pidió al Padre que repitiera la pregunta).

"Kagome Higurashi, ¿Acepta por esposo a Inuyasha Taisho?"

Kagome: - ¡SÍ! (Respondió esta vez, decidida y sin titubear).

Estaba segura de lo que hacía, esto era lo mejor que podría haber hecho durante todos estos años.

"Por el poder que me confiere Dios y la Santa Iglesia, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia"

Inuyasha: - Seis largos años esperando un "Si"... ¿Realmente costó tanto? (Preguntó gracioso).

Kagome: - Lo siento, seguramente te hice pasar un momento muy vergonzoso. Entenderé si estás enojado.

Inuyasha: - Tonta, ¿cómo podría enojarme contigo? (Levantó lentamente su velo. Se acercó sonriendo hasta finalmente juntar sus labios con los de ella en un dulce y deleitable beso. Uno que recordarían hasta en sus más locos sueños).

Una mujer no podría soñar con una boda más perfecta, un esposo más atento y amigos más incondicionales. Lo tenía todo. Un hermoso hijo de 5 años, una hermosa casa, salud, trabajo Y además de todo, A su hermano otra vez junto a ella.

Era la felicidad con la que había soñado toda su vida.

-Una semana después-

Kagome: - Venir de Luna de Miel a Italia fue maravilloso. (Le comentó a su, ahora, esposo. Mientras admiraba la grandeza del paisaje).

Inuyasha: - Sí... (Dijo emocionado. La abrazó por la cintura y se adueñó de sus labios. Su intensión era no dejarla dormir en toda su estadía) - Solo nosotros dos, está noche y la siguiente y la que sigue.

Kagome: - Inu... (Se apartó unos milímetros, y comenzó a jugar con su cabello plateado).

Inuyasha: - ¿Qué sucede? (Besando su cuello).

Kagome: (Arqueó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, disfrutando de aquellas caricias que su amante le ofrecía con tanta pasión y devoción) - En reali...dad... (Trataba de decir, pero le costaba encontrar las palabras) – Somos… tres. (Confesó ruborizada).

Inuyasha: (Se detuvo en seco al escucharla, la sujetó gentilmente por los hombros y buscó su mirada) - ¡No lo creo! ¿Hablas en serio? (Interrogó sonriendo cada vez más con cada segundo que pasaba).

Kagome: (Asintió repetidamente)- Sí, Sii, Siiiii. (Gritó cada vez más emocionada) –Seremos papás…otra vez.

Inuyasha: (Acercó el oído al vientre de la Kagome) – Te estaremos esperando ansiosos, hija.

Kagome: - ¿Hija? (Preguntó sonriendo).

Inuyasha: - ¿No lo sabías? Será una bellísima niña.

Kagome: - ¿Y cómo estás tan seguro, querido? (Preguntó con ironía).

Inuyasha: - Pues lo sé y eso es todo…Llámalo intuición masculina. (Rió recordando las palabras de su esposa años atrás).

Kagome: - Está bien confiaré en tus palabras. Ya tuviste razón una vez asique no hay razón para no acertar otra….aunque sigo creyendo que fue cuestión de suerte. (Dijo orgullosa).

Inuyasha: - Pobre del muchacho que se acerque a mi hija. (Dijo con un aura sobreprotectora a su alrededor).

Kagome: - Jajajajaja. Ella ni siquiera ha nacido y tu ya te estás preocupando. (Le dijo divertida) - ¿Oíste eso, hija? Será mejor que te cuides de tu padre en el futuro. (Le habló a su bebé mientras reía).

Inuyasha: - Tonta, no te rías hablo en serio. (La besó) – Puedo ser muy celoso, a veces.

Kagome: - Ya lo sé… no hace falta que lo digas.

Inuyasha: - ¡¿A caso eso es una queja?!

Kagome: - Claro que no. (Giró los ojos para hacerlo enojar).

Inuyasha: - ¡Te vi!

Kagome: - Yo no hice nada. (Se defendió).

Inuyasha: - Con que no… (Se acercó haciéndole cosquillas).

Kagome: - ¡Detente! Inu…Noo, basta JAJAJAJA… (Trataba decir mientras se cubría con ambas manos).

Inuyasha: - Será tú castigo… (Ambos cayeron sobre la cama).

Kagome: - ¿Sólo eso? Que castigo más insignificante. (Decepcionada).

Inuyasha: - ¿A caso eres masoquista, mujer? Puedo ser mucho más severo.

Kagome: - Muéstrame… (Dijo sonriendo maliciosamente mientras se acercaba a él mordiendo su labio).

Inuyasha: - Está bien… (Dijo tranquilo) – Ya te entendí. Ésta noche nos divertiremos. (Se sacó su camisa, arrojándola a un lado de la cama) - Pero no pienso disfrazarme de nada, oíste.

Kagome: - ¡Que aburrido! (Le reprochó con la mirada suplicante) - Y yo que te había comprado un lindo traje de Perrito. (Dijo sacando una bolsa de debajo de la cama).

Inuyasha: - Realmente nunca imaginé que te gustaran éstas cosas, Kagome. Debo admitir que me sorprendió que te gustara el fetichismo.

Kagome: - Anda di que siii. (Le puso sobre la cabeza unas orejitas) – Te vez tan tierno, amor.

Inuyasha: - ¡Qué no!… No me convertiré en tu perro. (Le confesó decidido. Después de todo, él también tenía su orgullo como hombre).

Kagome: - ¡Por favor!

Inuyasha: - ¡Kagome! (Suspiró) - Ya me disfracé de bombero, pirata, policía, ninja, doctor, súper héroe, e incluso Santa Claus, para la navidad pasada. (Recordó inquieto, recorriendo un escalofrío su cuerpo) – No soy tu juguete, soy tu esposo.

Kagome: - Solo una última vez. Es nuestra luna de miel, ¡¿Si?!

Inuyasha: (No podía evitar sucumbir ante la dulce mirada de su mujer) - Solo usaré las orejas.

Kagome: - Con eso es suficiente. (Sonrió complacida) - ...por ahora. (Susurró).

Inuyasha: (La besó lentamente, jugando con sus labios una y otra vez).

Kagome: (Algo parecía inquietarla. Se alejaron, pero sin separar sus miradas ni por un instante) - ¿Me seguirás amando, aunque pasen los años? (Preguntó directa, rebelando parte de un miedo oculto, incluso para él).

Inuyasha: (Se sorprendió ante tal pregunta, ¿A caso ella dudaba de su amor?) - Te amaré hasta el día, en el que esté listo para dejarte ir. (Sujetó sus manos depositando un dulce beso sobre ellas).

Kagome: - Espero que ese día nunca llegue...

Inuyasha: - Jamás lo hará. (La abrazó con fuerza).

-.-.-.-.-.-.-.-.-Tiempo más tarde-.-.-.-.-.-.-.-.-

Tal vez mi vida no siguió el camino que yo había decidido para ella, pero no me arrepiento de absolutamente nada. Tengo todo lo que necesito y quiero todo lo que tengo. Amo a las personas que están a mi lado y aprecio su compañía.

Toda mi vida soñé con un final de cuentos, pero jamás supe lo que eso realmente significaba. Hoy puedo decir que realmente nunca necesite algo como eso. La felicidad no es algo que haya que ganarse o que solo se encuentre en cuentos, simplemente es el sentimiento de saber que estás complacido con lo que la vida te dio.

Me tomó mucho tiempo llegar a esta conclusión, descubrir mi propio destino, y aún no estoy segura de que sea realmente el correcto, pero por el momento encuentro paz, calor, cariño, comprensión, pasión, amistad, lealtad y muchas otras cosas más que jamás hubiese imaginado tener.

Este no es el final... Esto apenas es un nuevo comienzo.

Kagome...

Inuyasha: - ¿Otra vez estás escribiendo en ese álbum que te regalé Kagome? (Dijo acercándose por detrás de ella).

Kagome: (Cerró lentamente la tapa del álbum) - Se me hizo costumbre... (Se puso de pie frente a él y lo abrazó) - ¡Gracias!

Inuyasha: (Correspondió su abrazo) - ¿Gracias por qué? ¿Por ese regalo?

Kagome: - Por todo... Gracias por todo, Inuyasha.

Besó una vez más, como tantas otras veces, los cálidos labios de su esposo. Una reconfortante sensación recorría su cuerpo cada vez que lo hacía. Una sensación a la que con el pasar de los años había llamado...Amor.

Fin...