La Historia de Nuestro Pasado

Estaba en primera fila, a pocos metros de las hermosas urnas de cristal repletas de flores. No lloraba, no podía, ya no le quedaban más lágrimas y sentía que si sólo derramaba una más significaría desmoronarse, y estaba segura que sus amigos no querían eso.

El silencio era perturbadoramente pacifico, y la suave tonada de la cítara le provocaba escalofríos.
Habían pasado dos días, dos días en los cuales se mantuvo al margen de todas las conversaciones, al margen de todas las muestras de cariño e incluso de las entrevistas constantes que el Profeta quería realizarle. Algo absurdamente ridículo, no había nada que contar, nada que confesar. Como nadie en el mundo mágico sabía nada, era mejor dejarlo como estaba, decir la verdad sólo empeoraría la situación, aunque eso significaba dejar a Candeviere como una insulsa víctima de un atentado, casi como una paloma blanca que estuvo en el momento y lugar equivocados a la hora de su muerte.

Pero ya no importaba, estaba muerto y eso era lo importante, que ya nadie más atentaría contra su vida, y aún así el dolor de la infelicidad pesaba sobre su cuerpo como una gran mochila de la cual no podía deshacerse.

Acostados en las urnas, había dos grandes personas que habían dado su vida por ella, sin saber las razones absurdas y descabelladas que llevaron al joven que parecía dormir tranquilamente a hacerlas.

Se acercó con lentitud y se colocó un mechón rojo tras la oreja, suspiró y dejó un lirio entre las manos del joven. Le recorrió el rostro con la mirada y el corazón se le apretó, pero no iba a llorar. Se veía tranquilo, incluso hasta sonriente, aunque la mitad de su cuerpo presentaba quemaduras horribles de las cuales no había podido liberarse. Pero todavía así, pasaban a un segundo plano que no llamaba la atención, porque la sonrisa del muchacho era mucho más poderosa que sus quemaduras. Sí, hasta en la muerte se veía feliz.

Elevó su mirada y se fijó en la chica que, como él, dormía placidamente sobre un lecho de pétalos de rosas; su cabello estaba ataviado con una hermosa corona de flores silvestres, y su piel lucía brillante y viva, como si realmente sólo estuviese durmiendo. Se acercó a ella y le dejó otro lirio entre sus manos entrelazadas sobre el pecho, y se alejó, no mucho, porque quería seguir observándolos. Finalmente, una lágrima traviesa se escapó de su ojo derecho, y no hizo nada por quitársela.

Sintió el peso de una mano sobre su hombro, y cuando se giró sonrió a medias, él tampoco quitaba los ojos claros de las urnas, aunque se notaba el dolor y algo similar a la vergüenza en su pálido rostro.

-Al menos están juntos…-susurró, él apretó su hombro con más fuerza.

-Sí. Aunque jamás le pude dar una disculpas por la forma en que lo traté.

-Pero ya debe saberlo, sabe que ninguno de ustedes lo odió, sólo era un mal entendido por eso del parentesco.

Ella elevó el rostro e intentó sonreír, pero no le funcionó del todo. Él se abrazó a ella y ambos se acercaron hasta el lugar donde un anciano de cabello largo depositaba un collar con plumas en las manos de Tiare.

-Siempre será mi princesa.-Les dijo Calfulaf, y Ginny sonrió asintiendo con la cabeza.

-¿Qué sucederá con Iriki?-Quiso saber una voz que a Ginny le revolvió el estomago con sendas emociones, todas diferentes.

-Él no pertenece a esta dimensión,-contestó con calma- así que ya debe estar con ella.

-¿No volverá?-preguntó otra vez, el anciano negó con la cabeza y se hizo a un lado dejándolo a la vista. Sus ojos y los de Ginny se encontraron, pero los de él estaban apagados y llenos de algo ella que no supo describir.

La mano en su hombro se apretó más, pero a ella le dio la sensación de que la empujaba hacia delante, así que antes de que pudiera corroborar sus sospechas se lo quitó de encima y se giró para salir de ahí. No supo qué había pasado atrás, qué habían dicho o hablado Harry con Oswald, sólo quería apartarse de las urnas, de Tiare, de Morgan, y de los chicos que lloraban a sus amigos.

Su padre la observó con lástima pero ella mantuvo la mirada en alto como si nada de ello le afectase en lo más mínimo, no quería mostrarse débil, ¡no quería que nadie le tuviera compasión!

-Hija…-la voz de su madre llegó suave, pero se logró escuchar por sobre el sonido de la cítara, Ginny no se giró, sólo se detuvo.

-Ginny, mejor quédate aquí adelante.- le recomendó Hermione con un tono de voz que insinuaba que estaba tanteando terreno.

La chica se giró para verla y le intentó sonreír, aunque sus labios estaban apretados y sus ojos semi cerrados, como si el sol le estuviera dañando la vista.

-Iré a prepararme para la incineración.-Contestó con un hilo de voz. Hermione hizo amago de seguirla pero la tomaron por el brazo. Ron negó con la cabeza y a la otra no le quedó más que quedarse donde estaba, viendo como su amiga se alejaba hacia el otro lado del jardín.

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Caminó un trecho antes de detenerse frente a unas camillas parecidas a balsas hechas con bambú y ramitas de árboles. Eran hermosas, con todos los adornos y símbolos del concilio, y aún así le dolía imaginar que el único lazo que ataba a Tiare y a Morgan a este mundo en pocos minutos ya no existiría. Sus cuerpos serían quemados y con ellos el último rastro de que alguna vez existieron.

Ginny cerró los ojos y se sentó duramente sobre el césped a las orillas del río. Las lágrimas comenzaron a brotar, pero no quería llorar aunque su cuerpo le exigía liberar todo ese dolor acumulado durante cuarenta y ocho horas. No había hablado con nadie, no le había dicho nada a nadie. A penas salieron de la sala Este ella se esfumó, se escabulló a su casa, se encerró en su habitación y no salió más hasta el día del funeral.

Nadie sabía cómo estaba, los intentos inútiles por hablar con ella y por alimentarla no funcionaban. Simplemente quería aislarse del mundo, era como si su vida se hubiera dividido en dos, tomando en cuenta que la segunda parte era mucho más confusa y dolorosa que la primera, ya que al menos antes de volver a su casa tenía una vida que si bien no era del todo feliz, era una vida que la mantenía activa, despierta y con ganas de seguir viviendo. No sabía de los secretos, de las mentiras y las traiciones, no sabía nada, simplemente luchaba por vivir. Pero ahora, que estaba viva, tenía tantas dudas en su cabeza y tanto dolor en el corazón, que no sabía cuál era la decisión correcta, a veces incluso pensaba que la peor decisión había sido volver a su casa. Sí, había vuelto a buscar respuestas y ahora se arrepentía completamente de haberlo hecho. Aunque no del todo.

Intentó aguantarse las lágrimas después de derramar un poco, y se aferró con ambas manos a su vientre. Sí, algo bueno había salido de todo aquello, y era que la historia de Nacet no se repetiría, y su hijo viviría. Pero los actos implicaban consecuencias, y aún ni siquiera había pensado en cómo decírselo a Harry, o sí se lo diría.

-No se lo merece…-Gruñó.

-¿Ginevra?

La voz de Meng la asustó y le hizo pegar un salto que le volcó el corazón. Se giró entre irritada y asustada, pero de inmediato se relajó cuando se encontró cara a cara con el líder del concilio parado tras ella. Con dificultad la chica se levantó del césped y se sacudió los restos de tierra de su túnica. El anciano la contemplaba con ojos tranquilos y soñadores, era como si la muerte de ambos chicos no le afectara.

-¿Señor?-preguntó agachando la cabeza a modo de reverencia. El anciano se le acercó y le tomó ambas manos, ella se sobresaltó.

-Eres muy fuerte, Ginevra Weasley, pero eres terca como una mula.-le dijo sin reparos, y la chica frunció los labios ofendida.-En la vida suceden cosas que hay que aprender a afrontar, y las decisiones que tomemos nos llevarán por caminos que tal vez ni siquiera queramos vivir, pero siempre tendrán una salida.

-No sé de qué me habla.-dijo cortante, aunque intentó sonar amable. No estaba para sermones. El anciano sonrió bonachón.

-Hablo de que no debes llevar el peso de todo lo que ha sucedido sobre tu alma. Repártelo a los demás, todos tenemos un poco de culpa, siempre habrá culpables en todas las cosas que ocurran en el mundo y nadie se salva de eso. Pero tu no tienes porqué hacerte cargo de acciones que las propias víctimas eligen para sí mismas.

-No me siento culpable.-Mintió. Meng alzó una ceja.- Quiero decir, sí, un poco. Tiare no merecía morir, y mucho menos Morgan. Si se liberaba de su padre podía ser feliz.

-¿Y quién te dice que no lo es?- Ginny parpadeó.

-Pues… está muerto. No hay mucho que pueda hacer.-Dijo con sarcasmo. Meng suspiró.

-Un viejo amigo siempre decía… ¿cómo era?... ¡Oh, sí! "La muerte no es más que la siguiente gran aventura". Así que despreocúpate, el que Tiare y Morgan ya no estén en este mundo no significa que no sigan vivos en otro lugar. De lo contrario no tendríamos guardianes-Le guiñó un ojo, y Ginny sonrió con un poco más de alegría.

-Eso lo decía Albus Dumbledore.-Recordó Ginny en una de sus tantas conversaciones con Harry cuando estaban juntos. Repentinamente un dolor acudió a su pecho, y apretó los labios para no sentirlo.

-La culpa no es lo que te corroe, porque entiendes a lo que me refiero.-Afirmó Meng con astucia, y Ginny sintió que sus mejillas se calentaban.- No es por Tiare y Morgan que estás así, ¿verdad?

-Sí, estoy mal por ellos, los extraño y siento que al menos una parte de todo es mi culpa. Morgan no debió haber asesinado a su padre, era mí misión.-se defendió ofuscada. Para su sorpresa, Meng dejó de sonreír y le soltó las manos para sacar algo de su túnica.

-Lamento que te sientas culpable-le dijo con tranquilidad, y sacó de debajo de su capa un pergamino enrollado y atado con una cinta roja.-Espero que esto te lo explique mejor, y si eres lo suficientemente madura como creo que eres, realmente desearía que dejases de sentirte culpable.

-¿Qué es?-preguntó recibiendo el pergamino, Meng le palmeo las manos y sonrió con los labios apretados.

-Averígualo tú misma.-Le dijo cerrándole un ojo. El anciano se giró y Ginny contempló el vaivén de su capa al momento de desplazarse sobre el césped. Sus ojos migraron del anciano hacia las balsas silenciosas y luego al pergamino. Y sin esperar más, lo desenrolló al quitarle la cinta.

Su corazón dio un vuelco al descubrir una carta escrita de puño y letra por Morgan.

"Querida Ginny:

Si lees esta carta es porque he muerto. La verdad espero que no te sientas culpable, porque si ya no estoy más en este mundo se debe simplemente a mi elección. Es lo que yo decidí.

Estas palabras son sólo para ti, y espero que las comprendas tanto como yo lo estoy haciendo ahora que te las escribo.

Yo debía matar a mi padre. De haber sido así, espero que mi muerte no haya sido en vano por culpa de una explosión o una maldición. De todos modos si lees estas palabras es porque realmente mi padre murió en mis manos, se lo pedí a Meng expresamente para que sólo llegara a ti en caso de que así hubiese sido.

Supongo que tienes dudas, ¿por qué yo lo maté y no tú? Verás, ese japonés, Omanshai que trabajaba para mi padre, tenía la copia del Akasha, el libro que hablaba de las Portadoras.
Me contó la historia de Nacet, la cual supongo que a estas alturas debes estar enterada de la verdad. Lo encontré divertido, si te soy sincero, reencontrarnos después de tantas vidas me parece un acertado del destino. Pero ese no es el punto, mi punto es que el final de Nacet no fue feliz, no fue ideal. Y no me costó mucho comprender la historia una vez que Koe (Omanshai) me dijo lo que había leído.
No eres una Portadora, si no que la Madre, así que sólo me faltó unir los eslabones y tu astuta confesión en China. Sí, supongo que ahora debes de saber que realmente estás embarazada. Confieso que no sé quien es el padre, (sin ofender), pero aún así, la historia de tu hijo se está repitiendo, y si hay algo que no puedo permitir es que un ser indefenso muera en manos de un asesino que busca a la madre. Merecías vivir, Ginny. Ese niño merece vivir y estar con su padre y su madre. Si Mirra en el pasado no sobrevivió, en esta vida lo merece. Deben estar juntos. Por eso di mi vida, por tu hijo, por ti, y por una venganza personal que tengo con mi padre. El poder lo volvió loco, y si seguía destruyendo vidas incluso la de un inocente, no podía permitirlo. Era mi turno, mi destino, y créeme que si muero tras haberlo asesinado, estaré en paz.
Espero que no cargues con la culpa de mi muerte, tú no tienes nada que ver con ella. Porque yo lo elegí, estuve dispuesto desde el momento en que me enteré de la maldita verdad sobre mi madre. Y no me iba a ir por nada del mundo solo a la tumba.
Tampoco te preocupes por mi cuerpo, he hablado con Meng de que si algo me sucediese, como soy miembro del concilio, me van a incinerar como tal. Y el cuerpo de mi padre será llevado al departamento de misterios para estudios. No sé que harán con él, pero espero que lo destrocen y que coloquen su cabeza en una caja.

Sólo te quiero pedir que te quedes tranquila, estoy en paz, estoy feliz, y es muy probable que con mi madre.

Un beso.

Te quiere y te desea felicidad:

Morgan."

Ginny sollozó y apretó la carta contra el pecho, efectivamente una gran carga se había liberado de su espalda, aunque no dejaba de pensar que la muerte de Tiare no estaba programada en aquella misiva. Pero le consolaba pensar que las últimas palabras del chico "estoy con mi madre" también equivalieran a "estoy con Tiare".

Los ruidos de unas flautas se hicieron escuchar tras los árboles y un grupo de personas apareció cargando ambas urnas de cristal, ahora cerradas, donde estaban Tiare y Morgan.

Su corazón dio un vuelco cuando vio que Harry cargaba la de Morgan junto con Percy, Ron, Oswald y Fred, ¿o era George?... no importaba. La de Tiare la llevaban todos los jóvenes del concilio incluido los de China, donde el chico Pax, tenía la mirada clavada en un lugar al otro lado del río.

-¡Ginny!

Ginny se giró y no alcanzó a percatarse cuando Sio se abrazó con estrépito a su cintura. La niña se veía más grande, probablemente había crecido unos centímetros el último mes que no la vio, tras ella, caminaba con lentitud Koe, u Omanshai, el médium, que, como Morgan, descubrió que su verdadero lugar era con los que cometían las acciones correctas.

Se sorprendió ante ese pensamiento y sonrió. Guardó la carta en su túnica y se abrazó a Sio, como si aquel abrazo le hiciera falta.

-¿Cómo estás?-Le preguntó.

-Triste-confesó la niña- Tiare se fue.

-Pero no se fue para contestó confiada de sus palabras, sabía que eran ciertas, y eso le alegraba, aunque no sabía de dónde había sacado tanta confianza para decirlas.- ¿Cómo estás?-Saludó a Koe.

El chico hizo un movimiento cordial con la cabeza y se acercó lentamente.

-Intento sentirme bien.-Confesó- Aún hay muchas cosas que debo solucionar en mi vida.

-Espero que no sea tan complicada como la mía.-Dijo Ginny, y el chico para su sorpresa lanzó una risa.

-¡Te reíste!-Dijo Sio impresionada, y de inmediato el chico volvió a ponerse serio.

-No, no es cierto.

-¡Sí, te reíste!-Acusó Sio abalanzándose sobre él, Ginny también sonrió divertida, y él finalmente cayó al suelo lanzando una carcajada.

-¡Ya basta!-Exclamó, y Ginny comenzó a reír, llamando la atención de toda la pompa fúnebre.

Ginny se puso roja, y Koe con Sio se pusieron de pie avergonzados, más él, que la niña.

-Lo siento, yo…

-Te dije que no era buena idea.-Chistó Uzume que estaba a un lado de Meng vistiendo un kimono rojo con adornos dorados muy brillantes. Pero el anciano no la escuchó y simplemente sonrió.

-Hágannos el favor de acercarse.-Les pidió. Sio se afirmó de la mano de Ginny y junto con Koe se acercaron a las balsas donde estaban colocados los cuerpos que habían sido sacados de sus urnas.

Esta vez, Ginny no vio a dos cadáveres, por el contrario, la carta de Morgan y sus propias palabras de consuelo hacia Sio le habían causado un sosiego para el cual no estaba preparada. Las facciones de paz de ambos jóvenes, era tal, que ella simplemente pudo sonreír.

Una luz calurosa llegó por un lado, y se dio cuenta de que Emir, el antiguo amigo de Tiare, junto con Tanesda, llevaban dos antorchas bastante grandes flotando delante de ellos. Entonces se le ocurrió una idea brillante.

-¿Puedo hacer los honores?-Preguntó convencida de que ese era su deber. Uzume exclamó algo, pero Ginny ni siquiera se dio el lujo de escucharla, sabía que siempre reclamaba por todo. Meng asintió y Tanesda le ofreció la antorcha flotando en el aire con la clara intención de que Ginny prosiguiera con el hechizo de levitación, pero en cambio de eso, la chica lo agarró con ambas manos.

-Ginny, no…

Ron estiró los brazos seguro de que su hermana no soportaría el peso de la antorcha, pero ella no tuvo problemas con agarrarla, aunque sí le pesaba.
Caminando con lentitud, todos los presentes se alejaron de la balsa, y agachándose a un lado del cuerpo de Morgan susurró:

-Nos veremos en la próxima vida, te lo prometo, y esta vez, sin asesinos que nos separen…

Y sin cerrar los ojos, apoyó la antorcha sobre la paja amontonada alrededor de los cuerpos que prendieron de inmediato. Emir, hizo lo mismo al entregarle la antorcha a Calfulaf, quien se acercó con cuidado al cuerpo de Tiare y le sonrió como si se tratase de una visita que cada cierto tiempo lo viene a visitar desde muy lejos. Apoyó la antorcha en la paja que de inmediato prendió fuego, produciendo que la balsa y los cuerpos en pocos segundos estuvieran ardiendo en llamas.

-Andando.- Dijo Harry, y Ginny se alejó sin decir palabra y sobresaltándose un poco al ver pasar a Harry por su lado para tomar un extremo de la balsa que no estaba prendida en fuego.

Sus hermanos y algunos miembros del concilio, incluido Koe, tomaron los extremos de la balsa y con cuidado la arrojaron al río, donde se alejó lentamente dejando a su paso un humo blanco.

-Hasta siempre…-susurró Meng, mientras Sio depositaba con suavidad una corona de flores en el agua.

-Hasta siempre…-repitió Ginny, viendo como lentamente la balsa se alejaba hasta verse una pequeña llamarada en el horizonte.

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Sio se arrimó al tronco del árbol esperando que las horas pasaran. Ya no se veía la estela de humo ni se sentía olor a quemado, probablemente ya los cuerpos se habían desvanecido.

-¿Por qué tan sola?

Sio sonrió, y Koe se sentó a su lado observando el horizonte lejano. El atardecer reflejaba hermosos rayos primaverales sobre el río, de colores intensos, rojos y naranjas. Sio lanzó una risita repentina y Koe la imitó.

-No es gracioso.-Le dijo ella apartándolo con su brazo, pero él la quedó viendo curioso.

-Creí que tú lo habías dicho.

Ambos se quedaron mirando fijamente absortos en un ruidito que provenía desde detrás del árbol. Sio gateó y lo primero que hizo fue saltar del susto y lanzar un grito agudo.

Koe no obstante, se levantó con calma y se inclinó para ver tras el árbol.

-¿Qué hacen ahí?-preguntó sorprendido, la radiante sonrisa de Tiare se reflejo en su mirada oscura.

-Los estábamos vigilando.-Dijo, y su voz sonó suave y dulce, parecía que el viento meciera cada tono de voz con una suave nota musical.

-¿Tiare?-La vocecita de Sio hizo sonreír a Tiare, quien, hermosa como nunca, llevaba puesto un hermoso vestido floreado y miles de flores pequeñas y luminosas en su cabello.

-Sí, aquí estoy.

Sio corrió a abrazarla pero Koe la detuvo por el brazo.

-No deberían estar aquí.-Dijo, y Morgan, iluminado, radiante, con una sonrisa fascinante, le devolvió la advertencia con una carcajada que sonó como las olas al estrellarse contra las rocas.

-Vinimos a ver el desastre que dejamos.-Confesó Tiare, y Sio negó con rapidez con su cabeza.

-¡No has hecho nada malo!

-Ya lo sabemos, -contestó Morgan- lo supimos después de que Ginny le prendió fuego a mi cadáver.-Hizo una mueca.

-¿Sólo vinieron por eso?-Preguntó Koe, Tiare asintió con delicadeza. Su cabello despedía un delicioso aroma de rosas frescas.

-Teníamos que comprobar que nuestro sacrificio no había sido en vano.

-¿Cómo dicen?

-En el pasado no pudimos estar juntos, y si la única forma de lograrlo era muriendo, entonces, se podría decir que el orden de las cosas ya está hecho.-Explicó Morgan tomándole la mano a la chica y mirándola con ternura.

-Creí que te habías sacrificado por Ginny.-Lo regañó Koe. Morgan curvó su boca en una sonrisa pícara.

-En parte sí. Pero si sobrevivíamos a la batalla no habríamos podido estar juntos. Tarde o temprano el Yerko del pasado saldría y no podría soportar vivir con la culpa de hacerle daño a Tiare.-Le sonrió con ternura y la chica se la devolvió con algo de recelo.

-Nunca estuve de acuerdo con tu plan, ¿sabes? Aunque me alegró que tu padre hubiese muerto.-Confesó Tiare, y Morgan asintió.

-Creí que al otro lado no sentían odio hacia nadie.-Dijo astutamente Koe alzando una ceja.

-Y en efecto no siento odio hacia mi padre, incluso siento algo de lástima porque está atrapado en un limbo entre la bestia y el humano que fue. No podrá salir de ahí hasta que su cuerpo sea eliminado.

-Y eso no pasará jamás porque lo entregaron a estudio.-Dijo Koe con algo de aprensión.- Es horrible lo que has hecho, todos merecen redimirse.

-Él se lo buscó.-Dijo el chico levantando los hombros, y Tiare agachó la mirada.

-Nunca estuve de acuerdo, y la idea me desagrada, pero agradezco que ahora todo esté llevando un orden.

-No todo.-Dijo Sio con sutileza, y cuando las miradas se posaron sobre ella se puso roja. –Ginny no está feliz.

-Oh, lo estará.- rió Morgan.- Ya hizo la primera parte que fue olvidarse de una culpa que nunca fue suya, ahora le falta darse cuenta de lo que puede perder si no deja de lado ese estúpido orgullo suyo.

-¿Y podrá?-Preguntó Sio con miedo. Para su sorpresa, Koe, Tiare y Morgan rieron.

-Eso lo sabrás en unas horas.-Dijo Morgan sonriente. El sol a lo lejos comenzaba a ocultarse y ambos espíritus se volvieron brillantes y luminosos como el sol.

-Nos vemos.-Se despidió Tiare.

-¡Los estaremos esperando desde el otro lado con un gran banquete! ¡La comida es sensacional!

-¡Morgan!

-¿Qué?, ¡es la verdad!…

Y desaparecieron, dejando en el aire una estela brillante y el último eco de Morgan al decir "verdad".

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Sio abrió sus ojos, estaba acostada sobre el pecho de Koe frente a un hermoso atardecer. Ya no se distinguía la balsa. Se levantó con estrépito y corrió a mirar tras el árbol.

-Se han ido.-Dijo Koe desde el otro lado.

-¿No fue un sueño, verdad?-el chico negó con la cabeza.- Los extrañaré.

-Pero ya sabes que están vivos, sólo que en otro lado.

-Si los ves, me avisarás, ¿verdad?

Koe sonrió y le pasó la mano por la cabeza. Pero no contestó.

-¡Sio, Koe!-La voz de Tanesda les llegó desde el otro lado, parecía apresurada.- ¿Dónde están?

-Ven, vamos.-Le dijo a la niña. Ambos se levantaron tomados de la mano y caminaron hasta donde el suelo describía un montículo que cubría el otro lado. Cuando estuvieron encima de él lograron ver a Tanesda que les hizo señas con las manos.

-¡Vengan!-Los llamó.

Ambos caminaron con tranquilidad hacia la entrada del concilio donde los esperaba Meng con una radiante sonrisa. Koe achicó los ojos y súbitamente se sonrojó.

-¿Qué te pasa?-Le preguntó Sio con curiosidad, pero él no le contestó.

-Jóvenes…-Los saludó Meng alegremente, aunque su semblante aún denotaba la tristeza por la pérdida de Morgan y Tiare.

-Señor.-Saludó Koe.

-Quiero que entren, tengo algo que decirles.

Ambos, la niña y el joven se miraron, y luego siguieron a Meng por el pasillo hasta el vestíbulo decorado con tapices, donde además, habían dos cuadros en la pared con los rostros de Morgan y Tiare dormitando tranquilamente.

Los demás chicos del concilio también estaban ahí, sentados en los sillones y las butacas, Uzume no obstante, sólo miraba a través del gran ventanal que iluminaba la estancia con los rayos rojizos del atardecer.

Calfulaf llegó rengueando y se quedó a un lado de Meng cargando en su mano libre un cofre marrón. Koe y Sio se miraron nerviosos.

-Los llamamos, -comenzó Meng- porque tenemos una noticia que contarles.

Todos los chicos asintieron, pero Uzume simplemente rodó los ojos. Meng hizo un gesto con la mano y todos quedaron en silencio.

-Hace muchos meses ya, que los conocimos, y aprendimos de cada uno de ustedes; cada uno con un potencial único y especial, con un alma pura y benévola; Sí Koe, hablo de ti también. –El chico se sonrojó, y bajó la mirada, pero él anciano siguió.-Eres el hijo de uno de los miembros más importantes que ha tenido este concilio, diste vuelta el plan del enemigo y arriesgaste tu vida y libertad para hacer lo correcto.-El chico siguió con la cabeza gacha, pero Sio notó como él sonreía avergonzado.- Y tú, mi ángel, la única sobreviviente de una estirpe de brujas que seguramente no volverá a renacer, esperemos. Porque su aparición sólo significaría una nueva desgracia en el mundo.

-Señor, no entiendo a qué quiere llegar.-Dijo Koe levantando la cabeza, Meng sonrió bonachón y sus ojos dibujaron arrugas en los costados.

-El Concilio siempre ha recibido e instruido a magos con grandes aptitudes, y aunque nos gustaría poder albergar a muchos, sólo son algunos los que llegan a esta estancia.

-¿Señor…?-Aventuró Koe nervioso, Sio lo miró curiosa, sin comprender.

Meng se hizo a un lado y Calfulaf se acercó a los dos abriendo el cofre que traía en sus manos. Sio lanzó un gritito de emoción mientras que el chico se quedaba estático.

-No… no puedo yo…

-Tu padre perteneció al concilio hijo, sería un honor que siguieras con su labor junto a nosotros.

En la caja había dos anillos idénticos a los que tenían Tiare, Morgan y todos los chicos del concilio y los ancianos. Koe se quedó de piedra, mientras que Sio recibía su anillo encantada en el dedo anular de la mano derecha.

-No es obligación, -le concedió Meng con amabilidad.- tu decides lo que quieras, pero el ofrecimiento está, hijo.

-Koe…-Lo llamó Sio, pero el chico no se giró a verla, tenía los ojos puestos sobre el anillo que aguardaba en la caja. Lentamente estiró el brazo, pero una mano lo detuvo a mitad de camino.

-Una vez que el anillo esté en tu dedo, no podrás salir del concilio.-Le advirtió Meng. Koe se giró, aún con el brazo estirado y observó a todos los demás chicos que esperaban ansiosos. Finalmente, abrió la mano, recogió el anillo y se lo colocó. La piedra destelló, parecía que vibraba, latía, que vivía en su dedo; todo el poder que él poseía se encontraba reducido a una pequeña piedra que ahora lo hacía parte de algo, de una extraña familia, pero donde finalmente podía ser alguien.

Todos gritaron eufóricos, mientras que Uzume mascullaba un "bah" del que nadie se percató. Aún lo consideraba una mala idea, pero sus opiniones no contaban para las decisiones importantes, era sólo una miembro más.

-La ceremonia de la entrega de varitas serán en un año, en el cual se prepararán para entrenar sus poderes y a usarlos con sabiduría.-Les dijo Meng, y ambos, niña y joven, asintieron.-Mientras, sólo les puedo decir… Bienvenidos a la familia.

Los ojos de Koe brillaron, y una radiante sonrisa se dibujó en su rostro.

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Ginny se sentó en el viejo roble observando el atardecer tras las colinas. Sus ojos castaños destellaban un brillo rojizo producto de los rayos del sol, y el dolor en ellos se notaba mucho más profundo.

Había esquivado a su familia y amigos durante dos días, no sabía qué hablar, qué decir ni qué pensar, incluso a Oswald le había cerrado la puerta en la nariz cuando la siguió hasta el cuarto el mismo día que finalizó la batalla. Tenía miedo de hablar con él y sabía las razones, no quería que más gente sufriera por su culpa.

-Hasta que te encuentro.-Dijo una voz tras ella. Cerró los ojos de la impresión, pero no se movió del lugar. Oswald se sentó a su lado contemplando lo que quedaba del día.

-Discúlpame por haberte cerrado la puerta en la cara.-Fue lo primero que le ocurrió decir, no tenía excusas ni dialogo para la conversación que iba a realizarse.

-Estoy acostumbrado a tus mañas, -rió-¿Recuerdas que la primera vez que nos conocimos, en Brixton me lanzaste una caja de galletas porque te había preguntado por tu familia?

-Y el chichón te duró semanas.-Rió ella ruborizándose.- perdóname.

-No hay razones para que me pidas perdón por eso.

-No. Me refiero a ahora. Perdóname por todo.-Giró el rostro y sus ojos se quedaron fijos en los azules del chico. Oswald no contestó, simplemente le corrió un mechón de cabello colocándoselo tras la oreja. - ¿Puedes decirme algo?

-¿Qué quieres que te diga?-dijo él con tranquilidad.-ya todo acabó, ahora lo único que tienes que hacer es aclarar tu mente.

-Es que… no sé qué es lo que quiero.

Él suspiró y se apoyó en el tronco del árbol, ella lo miró.

-Yo creo que sí, pero eres tan testaruda que te da miedo reconocerlo.-Le dijo, ella se ruborizó y frunció los labios.- ¿Por qué no aceptas las cosas como son?

-Porque no quiero parecer débil-dijo en un hilo de voz.-No quiero que nadie me siga viendo como a una niña, siempre ha sido así. Si me rindo ahora, si me doblego ante todas las cosas que me pasan, les estaría dando la razón.

-¿Y acaso no la tienen?

-¡Oswald!

-Escucha, Ginny, sabes que te apoyo, que he estado contigo durante todos estos años, pero así es como también he aprendido a conocerte, y sé que has crecido, que has madurado, pero también sé que te gusta tener siempre la razón incluso cuando no es así.

-¿Acaso no tengo razón al enfadarme con todos por haberme mantenido en secreto cosas que podrían haber cambiado mi vida?

-Yo te podría responder con lo mismo si te pusieras en el lugar de tu madre.-Le respondió locuazmente, Ginny alzó las cejas sin comprender.- Por tu hijo, Ginny. Ahora que esperas un hijo no me puedes decir que no harías hasta lo más extremo con tal de protegerlo.-la chica se ruborizó.

-No es lo mismo.-Dijo dubitativa.

-Pues, sí lo es. Tus padres hicieron lo que hicieron porque eras su niña, la pequeña Ginny de dieciséis años que aún estaba en el colegio. Eres la menor de siete hermanos, no puedes esperar a que tus padres no te vean como a una joya.

La chica cerró los ojos y suspiró.

-Lo comprendo, pero…

-¿Por qué te cuesta tanto entender que los padres son así? ¡Verán a sus hijos como niños indefensos aunque que tengan cien años!

-¡No pienso hacer eso con mi hijo!

-¡Ja! ¡Ya me gustaría verte! Persiguiendo a tu hijo por montarse en una escoba voladora.

-Es diferente si es un bebé, pero no podría imponerle reglas que están hechas para niños a un chico de dieciséis.

-¿Y nunca pensaste que tal vez te comportabas como una niña?-Ginny lo miró abruptamente.- Eso también marca el trato de los padres hacia sus hijos, si eras inmadura aún a tus dieciséis, pues dudo que tus padres te tuvieran mucha confianza como para contarte lo que te estaba sucediendo.

-Me lo podrían haber dicho perfectamente.- Se defendió de forma testaruda. Oswald volvió a suspirar, esta vez pasándose una mano por la cabeza.

-Y habrías ido a pelear, arriesgando tu vida, sin tomar en cuenta las consecuencias. Sí, ya sé, ya sé, lo hiciste igual, y sola, ¡pero ahora!, ¡ahora que tienes veintidós años Ginny! Y por si no te diste cuenta, en estos dos años no hiciste más que estudiar al enemigo y averiguar sobre su comportamiento, algo que a tus "dulces dieciséis" nunca habrías hecho, sino que simplemente habrías actuado arriesgando tu vida como una lunática.

Ginny no contestó, simplemente comprendió que alguna frase dentro del discurso de Oswald, estaba errado.

-Aún así actué como una idiota sin medir las consecuencias.-Se llevó las manos al vientre y suspiró.- Esto jamás lo planee.

-Tú no, el destino.-Dijo Oswald con una nota de resignación en la voz.- Soy un ferviente creyente de que las cosas pasan por algo, y si la vida nos colocó en este puzzle y a ti en esta encrucijada es porque algo debes de solucionar con tu vida pasada. Digo, por alguna razón conociste a Nadezdha.

Ginny se sonrojó, pero Oswald no supo distinguir si era de vergüenza o de rabia.

-Esa mujer…

-Ginny…

-No puedo decirle, no puedo.-Dijo finalmente sabiendo lo que vendría, a ese punto quería llegar su ¿amigo?, ¡ya ni siquiera sabía en qué pensar!

-Tiene que saberlo.-insistió Oswald abrumado, sus ojos se habían opacado y parecía que aunque la conversación no le gustaba, tenía que hacerlo.

-No se lo merece…-susurró Ginny poco convencida. Oswald resopló y se rascó la cabeza.

-Mira, Ginny, sí, Harry planeó todo esto, Harry hizo que tu vida fuera un caos, pero lo hizo porque te ama, ¿me oíste bien? ¡Te ama, Ginny!

-¡Ya cállate!-Dijo levantándose con estrépito, Oswald la agarró de la mano y se levantó junto con ella.

-¿Por qué no me quieres escuchar?-Le preguntó, notando como Ginny hacía hasta lo imposible por evitar su mirada.

-¡Es que no…! ¿Por qué me haces pasar por esto? ¿No me querías?

-¡Por supuesto que te quiero, por eso hago esto!-Gritó el chico enojado- Ginny, Harry me hizo prometer antes de conocerte que pasara lo que pasara que no te viera de otro modo, pero no pude evitarlo.

-¿Ves? ¡Eso es lo que me molesta de él! ¡Se cree mi dueño!

-¡No!-Se exasperó.-Mira, Ginny, él te ama, ¿sí? No pienses en lo negativo, él en ningún momento se creyó tu dueño, sólo tenía miedo de perderte. ¿Puedes entender eso? Te amaba tanto que tenía miedo verte morir, no porque te veía como una niña, no porque se creía con derecho sobre ti para hacer lo que quisiese con tu vida, ¡no! ¡Lo hizo porque te ama! Y créeme, soy el mayor testigo de eso, si no, no me habría querido estrangular cuando supo de mi traición.

-¿Traición? ¿Traición me dices? Oswald, la elección de estar contigo también fue mía, y él en mis sentimientos no tiene control ni posesión. Él no puede decirme a quien debo querer y a quien no. Eso lo decido yo.

-¿Y acaso me quisiste? -Preguntó dolido, Ginny levantó la mirada, adolorida, pero no contestó de inmediato.- ¿Ginny?

-Te quiero más de lo que crees…

-Pero no como a él, ¿verdad?-Ella giró la cabeza con brusquedad.

-Yo te quiero…

-Ginny…-Dijo con tono de advertencia. Finalmente la chica se giró agitada y lanzó brazadas al aire.

-¡No!

-¡Ginny!

-¡Ya sí, lo amo! ¿Eso querías escuchar?-Se giró nuevamente con los ojos cargados de lágrimas, para su sorpresa, Oswald sonrió, aunque con tristeza.

-Sí, eso quería oír.-admitió con tristeza.

-Pues, ya lo hiciste. ¿Qué más quieres saber?-Lo desafió. Pero el chico simplemente se acercó y la abrazó con fuerza.

-Harry se va…-Le susurró, y Ginny soltó un quejido muy audible.-…No tiene nada más que hacer aquí, así que tienes dos opciones,-la separó de ella y la miró a los ojos, Ginny respiraba agitada- O te quedas aquí, y te callas la boca llevándote encima el gran peso de haberle ocultado algo tan importante, o vas y se lo dices.

-No yo…-se separó temblando.

-¿No te das cuenta, cierto?-Ginny lo miró.

-¿Qué cosa?

-Ocultarle secretos a Harry, a tu hijo… ¿No crees que es hacerles lo mismo que te hicieron a ti?-Ginny abrió la boca, Oswald levantó las cejas.- Piénsalo.

Y le dio un beso bastante largo en la cabeza. Ginny sintió la calidez de su piel y tembló, sí, lo quería, y sí, lo iba a extrañar. ¿Extrañar?

Para cuando se giró, Oswald ya había desaparecido tras la colina que ocultaba a la Madriguera, y ella se había quedado sola en la fría oscuridad que había reemplazado el atardecer.

Cerró los ojos y se llevó nuevamente las manos al vientre pensando en las últimas palabras de Oswald.

-¿Seguir con los engaños, o dar la cara?

Y una voz en su interior le respondió la cruda verdad que había esquivado por tanto tiempo.

"Estas absoluta y completamente enamorada de Harry Potter"

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Draco se sentó en la gran butaca negra que permanecía intacta frente a la chimenea. Sonrió, pero no con alegría. Había recuperado su mansión, y lo cierto era que estaba llena de polvo, de arañas y de basura, pero no era nada que un elfo doméstico no pudiera resolver.

Sin embargo, recuperar su antiguo hogar no lo llenó plenamente aunque el quería autoconvencerse de eso. Hace dos días que no sabía nada de Katerina, ni siquiera le había podido contar que había conseguido un puesto de trabajo en el ministerio por haber ayudado en la batalla contra el ministro. Le escribió muchas cartas e incluso intentó llamarla por un celular muggle, pero nada dio resultado. Su esposa lo odiaba y aunque sabía que tenía la culpa de aquello seguía insistiendo en que no tenía idea del porqué de su actitud.

Incendió un cigarrillo, y se desplomó en la butaca observando el fuego de la chimenea que desprendía olor a humedad y a calcetines quemados.

No lo entendía, y tampoco lo comprendía, ¿por qué rayos no se sentía pleno, feliz? Había recuperado su mansión, algo por lo que luchó por años, consiguió un trabajo, tenía su fortuna de vuelta, y se sentía enfermo. Esa idea lo espantó, si se enfermaba y moría de algo no podría disfrutar de todas sus ganancias. Pero por alguna razón aquella idea no le pareció tan desagradable.

Finalmente apretó los labios y se pasó las manos por la cabeza. Tenía el cabello desordenado, la piel cetrina y sucia, y una barba de cuarenta y ocho horas que parecía de varios días.

-Katerina…-susurró.- ¿Qué hice?

El fuego crepitó y repentinamente una ráfaga de aire lo hizo bailar con fuerza. Se giró con estrépito apuntando con la varita, si alguien venía a sacarlo de su casa de nuevo no lo lograrían.

Pero de inmediato bajó la mano, y se quedó de pie sin decir nada. Una figura menuda que vestía una capa negra estaba parada en el umbral de la puerta, la luz de la luna se filtraba a través de la rendija causando un reflejo azulino, resaltando la silueta de la chica que lo miraba con ojos tristes.

-Hola…-Lo saludó.

-Ah, eres tú.-Le contestó con desdén, pero se sorprendió al recibir otra respuesta.

-No basta con que lo digas.-Dijo girándose para salir.

-¡No, espera!

La chica se giró, tenía la mirada fría y él se sorprendió al verla así.

-¿Por qué Draco?-Preguntó, observando en la penumbra del fuego como la mansión estaba hecha una pocilga.- Me dejaste…. ¿por esto?

-Tu no entiendes.-Se defendió enojado.- Aquí prevalece mi apellido.

-¡Tu apellido! ¡Tu apellido! ¡Nada te importa más que tu maldito apellido!

-¡Hey, no te pongas…!

-¡Sí, Draco!-La chica se quitó la capucha y Draco inhaló profundamente al sentir el perfume que se desprendía de su cabello.- Mira lo que has conseguido por tu capricho, mira lo que me has hecho a mí. ¡Creí que me amabas!

-Ah, no… no me vengas con chantajes emocionales.-Dijo girándose, Katerina frunció la boca enojada.

-Muy bien, entonces me marcho.

El chico volvió a girarse al ver que ella realmente iba a salir, y corrió hasta agarrarla del brazo.

-¡No, aguarda! Mira, podemos vivir aquí.-Le dijo él con una sonrisa radiante.- ¡Recuperé mi casa! ¡Podemos reconstruir nuestra vida aquí!

-¿Aquí?-Dijo ella mirando con asco el lugar.- Nunca, Draco. Donde mi abuela tengo calor, confort, comida, y una cama decente.

-¿De qué estás hablando? ¡Esta es la mansión Malfoy!

-¡Y bien podrida que está tu casa Draco!-Le gritó ella quitando el brazo.- No pienso cria…

Y calló.

-¿Qué dijiste?-Inquirió él acercándose y levantando una ceja.

-Nada. –Evadió la pregunta- No pienso venirme a vivir aquí, Draco.

-¿Qué me estás ocultando, Kate?

-¡Nada! ¡Y suéltame!-Draco la había vuelto a agarrar por el brazo y había cerrado la puerta. Katerina se puso pálida.

-No te vas a ir de aquí, ¡eres mi esposa, por Merlín! ¿Dónde está tu apoyo?

-¿Mi…?-Rezongó.- ¿Y qué me dices de ti? ¡No me tienes ningún respeto, ni siquiera a mi familia!

-¡Oh, no te pongas melodramática!

-¡Ya está, me voy!

-¡Bien, vete!-Le gritó enojado abriendo la puerta.- ¡poco te importa lo que me suceda, ¿cierto?! ¡Ni siquiera que conseguí un empleo en el ministerio por ayudar a Potter! ¡Pero claro, a ti sólo te importa tu abuela!

-¡Es lo único que me queda Draco!-gritó con lágrimas en los ojos.

-¡Y tu eres lo único que tengo! ¡Y esta casa es el recuerdo de mis padres!

Ambos quedaron en silencio un instante, hasta que Katerina se desplomó en el suelo cubriéndose la cara con ambas manos.

Draco se demoró en reaccionar, la vio desde arriba con algo de aprehensión, escuchando como sollozaba, conteniendo el llanto hipando y suspirando entrecortado.

-Kate... –susurró finalmente al no poder aguantar el sonido del llanto. Se acercó a ella dubitativo y le ayudó a levantarse.

-¿Por qué, Draco? ¿Por qué tienes que ser así?

-¿Así, cómo?-Preguntó sin entender, ella se exasperó.

-¡Así! ¡Siempre preocupado de tu estatus! ¡Deberías pensar en tu familia!

-Pienso en mi familia, por eso quise recuperar esta casa.

-¡No me refiero a eso!-Gritó enojada. Draco frunció el ceño hasta que repentinamente una idea resplandeciente cruzó por su cabeza.

-¿De qué hablas entonces? ¿Por qué viniste, Kate?

-Vine de visita.-Ironizó con una vocecita burlona.- ¿A qué crees que vine, idiota?

Malfoy dio un respingo, jamás había escuchado a Katerina hablar así.

-Creí que habías venido a vivir conmigo.-Confesó sinceramente, ella lo vio con los ojos llorosos y cargados de rabia.

-¿Después de que me abandonaste en Londes? ¿Sola? ¿Sin saber dónde ir o qué hacer? ¡Tuve que llamar a mi abuela! ¡Y ella no puede salir de casa!

-¿Por qué no?-Preguntó curioso e intentando sonar preocupado.

-Está enferma, ya lo sabías.

Sí, lo sabía, pero la anciana lo ocultaba tan bien que no se le notaba.

-¿Y cómo está ahora?

-Mejor…-Dijo ella sonándose con un pañuelo.- ¡No me cambies el tema!

-¡Es que no sé a qué quieres llegar!

Ella lo fulminó con la mirada mientras se ponía de pie, y él tragó saliva levemente asustado por la reacción de su mujer.

-Si realmente me amas, Draco, vas a abandonar esta casa y volverás conmigo. Dices que soy lo único que tengo, pues bien, entonces quédate conmigo, te necesito a mi lado más que nunca.

-Es que…-contempló su casa, vieja, húmeda y probablemente sin ningún detalle rescatable más allá de la limpieza.

-¿Qué vas a obtener de esta casa, Draco? Tus padres están muertos, la casa está vieja, ¿quieres quedarte para siempre pegado en el pasado? ¿No quieres avanzar conmigo?

Aquellas palabras lo obligaron a mirarla, sus ojos estaban más brillantes que otras veces, tal vez cargados de una esperanza que él jamás se había planteado.

-No quiero vivir con tu abuela Kate, quiero un hogar contigo.

Ella sonrió con tristeza.

-Tienes un trabajo en el ministerio, ¿no? – Él asintió.- Con el tiempo tendrás lo suficiente para sacarnos de la casa de mi abuela, pero necesitamos un lugar decente donde vivir.

-Creí que no te interesaba el estatus.-rió él, y ella frunció el ceño, molesta.

-Y no me interesa.-Dijo con la voz apagada. Él frunció el ceño.

-¿Entonces? ¿Por qué te empeñas en sacarme de aquí?

Ella se mordió el labio inferior y suspiró sonrojada.

-Draco, sólo necesito un lugar cómodo, dónde pueda vivir bien, aquí no tendré nada, sólo mugre y no le hará bien a mi salud...- suspiró ante la mirada increpante de su esposo, finalmente susurró:- estoy embarazada…tengo tres meses.

El chico se quedó de piedra al escuchar esas palabras, y sintió repentinamente una ola de alegría y calor que invadió su cuerpo y que no tenía nada que ver con el fuego de la chimenea.

-¿Qué dijiste?-Preguntó atontado.

-Lo supe hace un mes, ¡pero juro que estaba buscando el momento para decírtelo!, es que estabas con eso de la casa, y no me ponías atención….y yo…

Repentinamente la chica se encontró entre los brazos de Draco y estampada contra su boca. Una reacción que jamás se esperó de él.

-¡Voy a ser padre! ¡Vamos a tener un hijo!-Exclamó soltándola, extasiado de una alegría que jamás creyó sentir en toda su vida. Un heredero, el apellido Malfoy no estaba perdido.

-Sé lo que piensas, pero yo no quiero seguir con los nombres de tu familia.-Dijo ella con una seriedad que inspiraba respeto, él la miró fijamente.- ¡Ni loca le pongo a mi hijo el nombre del abuelo!

-¿Es niño?-preguntó entusiasmado por la reacción de su mujer, Katerina sonrió curvando los labios.

-Sí-afirmó.-Lo supe ayer gracias a la poción reveladora.

-¡Un niño!-Dijo extasiado, y a Katerina se le agrandó la sonrisa, jamás creyó que vería a su esposo, el serio Draco Malfoy, con esa radiante sonrisa y los ojos brillantes.- ¡Es fantástico!

Ella volvió a sonreír, justo antes que Draco la volviera a besar.

-¿Te vienes a vivir conmigo, entonces?-Le preguntó ella entre sus labios, él la separó y la miró a los ojos, el fuego de la chimenea generaba un brillo en ellos que sólo compensaba el amor que estaba sintiendo en esos momentos, como nunca, jamás lo había sentido.

-Te sigo al fin del mundo si quieres. ¡Merlín! ¡Voy a ser padre!

Y volvieron a besarse justo antes que el techo crujiera y una viga cayera sobre el sofá. Ambos se asustaron y rieron divertidos.

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Entró a la casa con los brazos ceñidos al cuerpo a causa de la frescura de la noche. Toda la familia hablaba en la sala de algo que ella desconocía; Oswald estaba sentado en una silla junto con Vincent y Maggie, quien, al igual que todos, le devolvió una mirada escrutadora.

-¿Dónde está Harry?-Preguntó, Oswald sonrió apretando los labios, y de algún modo con un dejo triunfante. Ron fue quien contestó.

-En el despacho.-Dijo con suavidad. Ginny alcanzó a escuchar un suspiro ansioso de Hermione, antes de perderse tras las escaleras.

Se detuvo. Ahí estaba la puerta cerrada de Harry, y recordó la vez que le fue a preguntar por el coleccionista. Era casi lo mismo pero esta vez no le iba a pedir una dirección.

El corazón le palpitaba con locura, se sentía como una adolescente idiota que estaba a punto de pedirle al chico más guapo de la escuela que fuera con ella al baile. Cerró los ojos y acercó la mano a la puerta, pero no golpeó, se quedó ahí, de pie, conciente de que el silencio en toda su casa se debía sólo a ella. Peor, aquello no podía incomodarla más, todos los oídos estaban puestos en ella. Y no faltaba que Fred y George hubiesen usado las orejas extensibles, así que se cercioró inclinándose hacia atrás para no ver nada sospechoso. Cuando comprobó que no había nada, volvió a su lugar y suspiró otra vez.

-Vamos, tú puedes hacerlo…-se animó, pero sus palabras salieron tan agudas que se intimidó a sí misma.- No… no puedo hacerlo.

Entonces la imagen de Tiare y Morgan muertos acudió a su mente. Recordó las palabras en la carta de Morgan, él quería que aquel niño o niña que estaba esperando tuviera una oportunidad en esta vida con sus padres. Al menos eso bastó para animarla y darle valor, si la muerte del chico se debía a eso, entonces cumpliría su voluntad. Aunque dentro, pero muy adentro de su ser, ella realmente lo quería así.

Su mano finalmente rozó la puerta, y dos golpes suaves se expandieron por la casa debido al incómodo silencio.

-Pase.-contestó la voz de Harry. Ginny, con el corazón en una mano tragó saliva y giró el pomo de la puerta. Abrió con cuidado, no quería mostrarse presurosa, y se detuvo cuando la puerta estuvo entreabierta.

El lugar estaba ordenado, sin libros, ni pergaminos ni nada que recordase que ahí había vivido alguien. La cama ya no existía, sólo estaba el escritorio y una lámpara de noche que a penas iluminaba. Harry se encontraba de espaldas a la puerta cargando un baúl de viaje con la varita. Una media sonrisa se dibujó en su rostro al verlo tan concentrado, pero de inmediato se le borró. El chico se mantuvo un momento quieto, probablemente al notar que nadie había entrado, y se giró. Ginny dio un respingo y un paso hacia atrás mientras él la contemplaba con los ojos como platos y la boca a medio abrir, era obvio que no se esperaba esa sorpresita.

-Ginny…-Susurró. Ella curvó la boca.

-Harry.-Dijo ella, y se sintió terriblemente idiota- ¿te vas?

Harry levantó los hombros.

-No tengo nada más que hacer aquí.-Contestó con tranquilidad. Ginny sintió que la llamita que hace poco había comenzado a nacer en su pecho se apagaba con una fría sensación.

-¿De qué hablas? Aquí está tu familia, ¿no?

Harry sonrió con tristeza.

-Pero no es mi verdadera familia Ginny. Ya les agradecí a tus padres todo lo que han hecho por mí, pero es hora de comenzar mi propia vida… no… no tengo nada más que me aferre a este lugar.-Dijo girándose para seguir con el orden.

Ginny se mordió el labio inferior, eso de "nada que me aferre a este lugar" era como un taladro que le perforaba los órganos, una burla de su parte, como si él supiera todo y quisiera verla sufrir.

-Entonces, es así ¿no? ¿Te irás así, sin dar explicaciones?-Le lanzó con brusquedad. La varita de Harry trazó un movimiento en el aire y unos cuantos libros que quedaban en el escritorio volaron hacia el baúl.

-Creí que te lo habían explicado.-Dijo con la voz apagada haciendo una clara alusión a Oswald, Ginny gruñó.

-Quiero oírlo de tu boca, Harry.

Él se giró completamente y se apoyó hacia atrás con ambas manos en el escritorio, agachó la cabeza y suspiró. Ginny bajó la mirada, la postura de Harry lo hacía ver mucho más adulto de lo que parecía.

-Creo que tienes explicaciones de sobra. No hay que darle más vueltas al asunto.

-¡Dímelo!-Le exigió. El chico resopló.- ¡¿Por qué mierda lo hiciste?!

-¡Por que te amo! ¿Sí? ¡Siempre lo hice, siempre lo he hecho! ¡Desde que estábamos en Hogwarts!-gritó exaltado agitando los brazos.

-¿Y todavía así fuiste capaz de hacerme pasar por todo este sufrimiento? Una persona que ama no hace tanto daño, Harry.-Dijo con la voz cargada de emociones. Escuchar un "te amo" de Harry no ayudaba precisamente a alimentar su ira.

-Ay, no, Ginny, la verdad es que no…

-¿Cómo pudiste creer que tenías si quiera un poco de poder sobre mí? ¡Decidiste mi vida!

-¡Nunca quise decidir nada! ¡Sólo quería protegerte!

-¿Protegerme?, sí claro.-Dijo con sarcasmo apretando los labios- ¿Con qué derecho me quitaste seis años de mi vida? Me alejaste de mi familia, me hiciste creer que me odiabas y yo… no….-Unas lágrimas escaparon de sus ojos y se enojó más, estaba harta de llorar.

-Ginny, te lo juro por mis padres que nunca quise hacerte daño…-Su voz se transformó en una suplica que a Ginny le partió el corazón, pero aún así, no quería encontrarle la razón al chico.

-Pero lo hiciste. Harry… ¿Por qué nunca pensaste en mis necesidades? Siempre piensas en ti, en nadie más.

-Eso no es cierto…-Se defendió abatido.- Siempre pensé en ti en cada acción que hacía, o ¿acaso creías que me gustaba tratarte mal? ¿Cómo crees que me sentí cuando me abrazaste la primera vez que volviste? ¡Casi me da un ataque! ¡No podía creer que estuvieras ahí, frente a mí, abrazándome! ¿Crees que fue fácil fingir mi odio? ¡Me corroía por dentro, Ginny! Las ganas de tenerte a mi lado me mataban día a día, era una tortura.- Jadeó con dolor, y Ginny tuvo que usar todas sus fuerzas para no desmoronarse al verlo llorar.

-Y aún así te comprometiste con una niña a la que enamoraste falsamente. ¿Pensaste al menos en el dolor que le pudiste haber provocado a Elisa si descubría que ella era parte de tu plan? ¿Tu cebo?

-¡Tenía que hacerlo!-Se defendió dando aletazos hacia todos lados.- ¡Tenía que encontrar una forma de entrar al palacio!

-¿Y no se te ocurrió pensar que con una bestia de tres metros atacando a todo el mundo ibas a poder entrar igual, sin tener ninguna necesidad de engañar a nadie?

Harry se quedó callado, Ginny tenía un gran punto a su favor que nunca tuvo en cuenta.

-Sabes que no soy malo, y que no me gusta hacerle daño a la gente.-Se excusó.- El plan tenía muchas fallas, lo admito.

-¿Muchas fallas?-Ginny abrió la boca y tomó aire.- Harry, todo el plan era una falla. Jamás se te debió cruzar por la mente.

-¿Y qué querías que hiciera si en aquella época Voldemort estaba vivo? No sabíamos que Candeviere era un asesino, jamás se nos pasó por la cabeza. Hace seis años mi mayor temor era que Voldemort descubriera tu identidad. ¡Tenía que sacarte de Hogwarts! ¡En ese momento el plan era brillante!

-¡Hasta que se te escapó de las manos!-Gritó liberando más lágrimas. Recordar aquel día sólo le provocaba más dolor.- Sí, admito y acepto que yo me fugué de casa, fue mi error, pero no soporté que me tuviesen encerrada sin saber las razones, hasta que supe que podía ser peligrosa.-La voz de la chica se quebró al darse cuenta que dentro de sus palabras había una mentira, ya que ella no era una Portadora.- Sí, fue mi error, perro fue tu falla, porque nunca creíste que me escaparía.

-¡Por su puesto que no! ¡Fuiste demasiado egoísta!

Ella lanzó un grito.

-¿Egoísta? ¡Fue por tu culpa que huí de casa! ¡Tu maldito plan para protegerme me sacó de mi casa! ¡Me alejó de mi familia!

-Pero te ayudó a sobrevivir.-Se defendió Harry agitado.

-Sí, como una rata,-sollozó ella.- viviendo sola, en un triste departamento muggle rodeado de drogadictos y de pandilleros….

Harry se quedó en silencio al darse cuenta finalmente que el plan tenía aquel error garrafal.

-Nunca quise hacerte daño…

-Pero lo hiciste…-volvió a repetir.-… y no sólo a mí, Harry. Si el plan nunca hubiese existido, si me hubieran dicho las cosas desde un principio, nunca habría conocido a Oswald ni a los Floy.

-No te ves muy arrepentida por haberlos conocido…-Dijo receloso, especialmente por Oswald.

-¡Eres un insensible!-Chilló.- ¡Apuesto a que no tienes idea con la culpa con la que estoy lidiando! ¡Por mi culpa los padres de Oswald están muertos, y los Floy casi mueren sólo por haberme conocido!

-¡Por supuesto que lo sé! ¡También es mi culpa! ¡Y no sólo cargo con la muerte de los padres de Oswald y con el accidente de los Floy! ¡Por si no lo recuerdas, también cargo con la culpa de la muerte de Dumbledore, Sirius, Mcgonagall, Remus y Tonks! Pero ¿sabes? Si hay algo que he aprendido, es que todos ellos quisieron ayudarme, fueron sus acciones los que lo llevaron a la muerte, ¡no las mías! Aunque siempre sentiré que la mitad del peso me corresponde.

Ginny se quedó en silencio, había olvidado que en la batalla con Voldemort muchos habían muerto, y también que Harry era una víctima como ella.

-Nadie se entrometió en tu batalla con Voldemort.-Dijo finalmente.- Nadie se interpuso en todos esos años. Todos te ayudaron, te contaron tu historia y te apoyaron, ¿y qué edad tenías cuando te enteraste de la verdad?-Pausó mientras se enjugaba las lágrimas, y suspiró.- ¡La misma que tenía yo cuando descubrí lo que sucedía conmigo!

Harry no contestó, se quedó mirándola con aire compungido y con la cara enrojecida producto de las lágrimas.

Finalmente después de un silencio en que sólo el ruido de las respiraciones interfería con aquella quietud, Harry se acercó con cautela y la miró fijamente a los ojos.

-Perdóname.- Susurró.- No sé qué más puedo hacer para que me perdones. Sí, me equivoqué, lo reconozco, creí que tenía la solución en mis manos, que podía mantenerte a salvo, pero tenía miedo, no sabes el terror que sentí cuando me dijeron que tu vida podría correr peligro en algún momento. Y lo único que pasó por mi cabeza fue Voldemort, no sabía que había alguien más. Tenía que acabar con él, y cuando lo hice, no pude vivir en paz sabiendo que él no era el que te estaba buscando.

Ginny lo miró a los ojos y se absorbió la nariz para poder suspirar. Tembló y un mareo repentino la hizo tambalearse, pero Harry no lo notó.

Él había reconocido su error, y ahora era su turno, el maldito turno donde ella reconocía que se había comportado como una niña, y que todos tenían razón excepto ella.

-Es que… tantos murieron, tantos….-Susurró, y Harry la miró con tristeza.

-Pero no me puedes culpar de sus muertes, Ginny.-Le dijo con suavidad.- Los padres de Oswald conocían a tus padres desde hace mucho, y ellos se ofrecieron a cuidarte, si Candeviere los asesinó fue solamente porque ellos lo eligieron, ellos optaron por cubrirte. Así como los Floy, fueron sus elecciones, no las tuyas los que los llevaron a la muerte y al accidente.

-¿Y qué me dices de Tiare y Morgan?-No sabía por qué preguntaba aquello, cuando sabía la respuesta, Harry resopló.

-Ellos quisieron pelear, y gracias a ellos es que ahora estás viva… y yo también.

Ginny levantó la mirada y clavó sus ojos en los verdes adoloridos de Harry. El chico realmente se veía arrepentido y preocupado, mientras que por la cabeza de ella pasaba la línea más potente de carta de Morgan: "Merecías vivir, Ginny. Ese niño merece vivir y estar con su padre y su madre"

-Morgan lo hizo por nosotros…-Susurró, y su corazón comenzó a latir con rapidez, era la hora de la verdad.

-Así es, por ti.-La corrigió Harry un poco más tranquilo.

-No, no, por nosotros.- Insistió la chica, y Harry frunció el ceño.

-Ginny, Morgan te tenía mucho aprecio… No creo que yo…

-¡No lo entiendes! –Gritó, y luego lanzó un grito de rabia ante la impotencia.

-¿Qué te ocurre?-Exclamó Harry asustado preparándose para un nuevo ataque, pero la chica en lugar de fulminarlo con los ojos, lo miró expectante, esperando que él hubiese comprendido todo sin tener que decirle nada.

-¡Ocurre que soy una idiota!-Gritó, y Harry abrió los ojos como platos, sorprendido ante su reacción.

-Ginny, cálmate, no creo…

Pero entonces ella cayó al suelo de rodillas, y él, asustado se agachó a su lado. Ella lloraba, pero no era de dolor, parecía angustiada y nerviosa.

-Yo también te pido perdón.-Dijo finalmente, y Harry parpadeó confundido.- Yo también me equivoqué, sí, te lo reconozco, también fui una idiota, también hice cosas que no debía, perdóname…

El chico se quedó de piedra, sin entender absolutamente nada, hizo ademán de abrazarla pero ella lo apartó.

-No, no… ¡no lo entiendes!-Lloró respirando con rapidez, le faltaba aire por todos lados.

-Ginny, ¿qué te ocurre? Me estás asustando…

Ella lo miró fijamente y comenzó a buscar las palabras, no sabía qué decir.

-Harry, no soy una Portadora.-le dijo. Él la quedó viendo extrañado.

-¿De qué hablas?

-¡Que no soy una Portadora! ¡Nunca lo fui!-Dijo exasperada, esperando que con eso entendiera algo, pero Harry parecía aún más confundido que antes.- ¡Ay, Merlín!

-¿Qué quieres decir con que no eres una Portadora?-Preguntó Harry algo abismado, la sola idea de que ella no fuera una portadora significaba que el plan había sido peor que una aberración y que debía ahorcarse a sí mismo por eso. ¿Acaso había ideado un plan tan macabro para una chica que era tan normal como todos?-Me estás asustando, Ginny.

La chica tragó saliva e intentó recordar todas las pistas posibles para no tener que decir nada de forma directa.

-En Grecia, las Parcas nos dijeron que tenía que buscar algo en mi casa, ¿cierto?

-Eh… sí…-Contestó aturdido.

-Y lo encontré…

-¿Qué encontraste?

-Mi identidad…-susurró, casi como si fuera un pecado, Harry parpadeó.

-¿Qué cosa?-Preguntó sin entender nada.

Ginny tomó aire y lanzó la primera pista.

-¡No soy una Portadora Harry! ¡Soy la Madre! ¡Siempre lo fui!

El chico abrió la boca de par en par, pero el peso de que el plan hubiese sido una mala idea ya no existía en su espalda.

-¿Qué dijiste?

-Por eso la brújula nos mandó a Grecia, quería que me encontrara con las Parcas para que me dijeran dónde debía hallar las respuestas. Y siempre estuvieron aquí…

-¿Pero, dónde?-Quiso saber Harry.- ¿Acaso las tenía tu madre?

-En parte sí, mi padre sabía todo, ella no.

-¿Y cómo lo supiste?

Los ojos de Ginny se fueron al techo y Harry levantó una ceja.

-En el desván había un fantasma, el cuidaba un libro que tenía toda la verdad…-le explicó.

-¿Qué libro?

-El Akasha.

-¡¿QUÉ?!

Harry lanzó un grito tan agudo que Ginny tuvo que apretar los dientes.

-Dumbledore se lo entregó a mi padre el día que supo que yo era una Portadora-Contó, y Harry se quedó paralizado.-Lo encontré el día de la boda, y me enteré de toda la verdad.

-No puedo… creerlo…-Susurró Harry más para sí mismo que a ella.

-¿Sabes quien escribió el libro?-Preguntó intentando que la pista sonará un poco más certera, pero Harry negó con la cabeza- Yo.

Esta vez a Harry se le desencajó la mandíbula.

-¿De qué rayos estás hablando, Ginny?

-Harry…-suspiró.- Yo soy Nacet, por eso Candeviere quería asesinarme, ¡Era su prioridad! ¡Yo lo acabé en el pasado!-Explicó, y Harry mantuvo la expresión atónita.- Por eso soñaba con ella Harry, porque era un recuerdo…

-¿Eso quiere decir que….?-Harry balbuceó al recordar sus sueños de Tristan, y Ginny suspiró aliviada, asintiendo.

-Tu…-se sonrojó.-… Fuiste y eres Tristan, en este cuerpo.-Corroboró señalándolo.

Harry vació todo el aire que le quedaba en los pulmones mientras intentaba unir las ideas en su cabeza, la información reciente era más confusa que el estúpido plan.

-Esto es… una locura…-Dijo pasándose la mano por el pelo, Ginny torció la boca.

-Por eso Morgan dio su vida, por nosotros.-Dijo sonrojada.- No quería que acabáramos como en el pasado…-Se entristeció, aunque era una tristeza ajena a causa del recuerdo de la muerte de Mirra y Tristan. Sin embargo, pensar en aquello en la actualidad sólo le hacía darse cuenta de lo cerca que habían estado de que la historia se repitiese, había estado a punto de perder el niño, y Harry a punto de morir.

-¿Cómo puedes estar tan segura de lo de Morgan?-preguntó Harry para poder entender toda la situación.

-Me dejó una carta, sabía que iba a morir.-Dijo sonriendo con tristeza, Harry la miró.- Él fue Yerko, ¿sabes? Y su padre lo asesinó en el pasado.

-Vaya…-Dijo atontado.-… No puede creer todo lo que me estás diciendo.

-El libro lo tiene papá, puedes pedírselo si no me crees.

Ambos se miraron, y sintieron lo mismo. ¿Acaso las almas de Nacet y Tristan finalmente se habían reconocido? Ginny sintió que las mariposas de su estomago cobraban vida, mientras que el monstruo que habitaba en los intestinos de Harry comenzaba a corroerlo.

La chica suspiró, y miró a Harry fijamente.

-¿Entiendes ahora por qué no soy una portadora?- Resaltó, esperando que el chico tuviera algo de madera como Hermione para resolver puzzles. Pero el chico simplemente asintió.

-Sí, sí claro.- Afirmó, parecía pegado en lo que acababan de hablar de las reencarnaciones.-Vaya, no puedo creer que seamos los mismos del pasado…

Ginny resopló frustrada y se levantó enojada del suelo, Harry la quedó viendo extrañado.

-¿Qué te pasa?

-¡No soy una Portadora, Harry!-Exclamó remarcando la frase. Harry simplemente asintió. Ginny lanzó otro grito de rabia, le dio la espalda y se puso a pensar. Cuando se le ocurrió otra pista estaba roja como tomate, se giró y Harry la miró curioso al verla tan colorada.- Harry…-suspiró.- ¿recuerdas la fiesta de Nadezdha?

-Sí, claro, cómo olvidarla.-Dijo, Ginny sintió que el peso de la espalda se iba, pero entonces:- Estaban todos los chicos locos por saber en qué andaban sus novias.-Rió. Ginny lanzó otro grito y se puso aún más roja.

-¡NO SOY UNA PORTADORA!

-¡YA LO SÉ!-Se exasperó Harry sin entender la manía de la chica por repetir lo que era una y otra vez.- Eres la madre, lo sé, lo sé.

-¿Entonces?-Lo animó Ginny con un gesto de la mano, pero el chico parpadeó.- ¡Ah! ¡Eres tan lento como Ron!

-¡Ey!-Se ofendió, Ginny respiró hondo y se colocó aún más roja.

-Harry… ¿recuerdas el viaje en avión?-Aquella pregunta le salió tan bajita que el chico tuvo que acercar la cabeza para oírla, pero finalmente asintió.- ¿Qué hay de tu… sueño?

Ginny volvió a sentir que el peso se iba cuando Harry se colocó rojo como tomate.

-Ginny, yo…-Balbuceó y corrió la cara totalmente rojo.-… No sé quien te habrá ido con el cuento de mis sueños eróticos, ¡pero te juro que no fue mi intención! ¡Sólo lo soñé!

Ginny abrió la boca sorprendida, no podía creerlo.

-Eres sorprendente…-Susurró pasmada.-… Harry… -Se sonrojó.- Eso no fue un sueño… tampoco.-Dijo muy bajito, el chico la miró extrañado, ella se sonrojó más.-… No fue un sueño porque… ¡Arg!-Gritó enojada consigo misma, y luego lanzó todo muy rápido.- Nadezdha nos dio esa maldita poción y todo lo que sucedió en el sueño en realidad sí sucedió.

Harry volvió a parpadear, por su cabeza se filtraron las palabras "poción", y "realidad". ¿Entonces, todo sí había ocurrido? ¿No había sido su imaginación? ¿La pelirroja realmente había sido suya? Sonrió para sus adentros cuando comprendió todo. ¿Entonces ella lo amaba? Debía ser así si la poción de Nadezdha realmente había surgido un efecto.

-¡Dime algo!-Se exasperó la chica, la cara de aturdimiento de Harry la estaba poniendo nerviosa.

-¿Qué quieres que te diga?-Se defendió él azorado en sus cavilaciones. Ginny apretó los dientes y cerró los ojos.

-Harry, no soy una portadora.- Volvió a repetir lentamente perdiendo la paciencia, y Harry frunció el ceño otra vez.

-Ya me lo…

-¡Sí sé que ya te lo dije!-Gritó colérica.- ¡¿Es que no lo entiendes?!

-¿Entender qué? ¡Si lo único que haces es repetir lo mismo a cada rato!

-Es que…-Ginny dio una patada en el suelo y se cruzó de brazos, era demasiado difícil decir lo que quería. Finalmente se jugó la última pista, la más obvia, la que debía hacerlo reaccionar, de lo contrario se quedaría con la idea de que Harry realmente tenía un problema en el cerebro.- Harry…-Suspiró por veintava vez.- ¿recuerdas el viaje a China?

-Sí.-Contestó algo confundido por el hilo de la conversación en el que lo estaba llevando Ginny.

-¿Recuerdas…? ¿Recuerdas lo que dije?-Preguntó. Esa era la pista, esa era su última carta. Harry se quedó pensativo.-No soy una Portadora, Harry.- Dijo lentamente.

Después de unos segundos que a Ginny le parecieron horas, el chico reaccionó, pero parecía atontado, y ella sin saber por qué, comenzó a derrochar lágrimas.

-Ginny, no…-Ahora sí que parecía aturdido, con los ojos muy abiertos, la vista desenfocada y la boca a medio abrir.

-La historia se repitió Harry…-sollozó la chica.-… La poción, la fiesta… Harry, ¿cuál es la ley de las Portadoras?

Se quedó callado un momento, y luego movió los labios lentamente antes de hablar.

-Que no pueden tener hijos hasta que la magia se haya esfumado.-Contestó.

-Y yo no lo soy, nunca lo fui.-Dijo por última vez.

Harry se tambaleó y dio torpes pasos hacia la chica que sollozaba en silencio. Ambos se quedaron mirando.

-Ginny, no… es que… -No sabía qué decir.

-Él murió, lo mataron cuando era un niño y ahora ha vuelto ¿lo recuerdas?-le dijo llorando.- Morgan nos salvó a los tres…

-Esto es…-Sollozó él, el plan le parecía ahora el peor error de su vida, y Ginny pareció leerle el pensamiento al verlo a los ojos, porque una ráfaga tibia se extendió por su pecho y le hizo comprender algo que siendo niña jamás habría comprendido.

-Siempre creí que nunca podría olvidar los seis años que pasé sola, pero ahora, siento que todos los que se vienen por delante me harán olvidar los que viví…-susurró, y él se acercó, colocando sus manos temblorosas en los hombros de ella.

-¿Esto es cierto?-Preguntó él como aletargado, dejando que las lágrimas cayeran.-Dime que no es una broma para castigarme por todo el daño que te hice. –Ella levantó la mirada y comprendió el temor que le había causado al ver el brillo en sus ojos.

-Perdóname por no habértelo dicho… pero… ¡creí que no te lo merecías!

-¡Y te entiendo, te entiendo!…-balbuceó él, entre sonrisas y lágrimas, lo que le daba una expresión graciosa.- ¡Soy un maldito imbécil! Soy yo el que debe pedirte perdón, jamás me creí tu dueño, jamás ejercí ningún poder sobre ti… Sólo quería protegerte…

-Y lo puedes hacer, pero no todo el tiempo, ¿qué acaso no confías en mí?-Él la miró y se acercó aún más.

-Sí, confío plenamente, -susurró tomándole la cara con ambas manos y chocando su frente con la de ella- pero no me pidas que no te proteja cuando el mayor temor de mi vida es perderte…-sonrió y suspiró profundamente.-… perderlos.

Ella lanzó una risa triste y se miraron a los ojos, el rostro de Harry parecía asustado.

-¿Cómo pudiste ir a pelear así? –Le preguntó. Ella se sonrojó.

-Fui una idiota…-admitió.-... nunca quise arriesgar mi vida, ni la de él, o ella… ¡pero estaba tan enojada! ¡Quería acabar con todo con mis propias manos!

Y sin esperárselo él la abrazó con fuerza, y ella sintió el calor de su pecho inundándole el rostro.

-No me puedes pedir que no sea protector si eres tan impulsiva… Si te hubiera perdido y luego me hubiese enterado que…

Ella se separó con suavidad.

-Jamás quise hacerle daño-sollozó ella.- Sólo quería acabar…

Él le puso la nariz en la frente, y Ginny sintió el cosquilleo de su repiración.

-No soy un Dios.-dijo él.- pero si tengo que protegerte, a ti, y a mi familia, siempre lo voy a hacer…-Ella ahogó un amago de llanto al escuchar esas palabras, y él le levantó la cara para verla directamente a los ojos, chocando su nariz con la de ella.-… porque te amo más que a mi vida, y si cometo errores por intentar protegerte nunca te olvides de que soy humano y los puedo cometer, pero que siempre tras esos errores está mi amor incondicional por ti… por ustedes…

-Harry, yo…

-Te amo Ginny, nunca te olvides de eso, te amo más que a mi vida… Ahora a los dos…

Ella se quedó paralizada al ver las lágrimas de él tan cerca, intentó decir algo pero la voz no le salía. Sus ojos se movieron por el rostro y cerró los ojos al sentir que la nariz de Harry se posaba en su mejilla.

-Yo también te am…

Pero no alcanzó a decirlo, no alcanzó a confesarlo, porque justo en ese instante, Harry la besó. La besó con amor, con fuerza, con desesperación, y ella se aferró a su cuello enterrando las uñas en la camisa. Ambos derramaron lágrimas, ambos vivieron los mismos sentimientos. Tantos años a la deriva esperando a que todas las batallas acabarán, que los planes vieran su fin. A Ginny repentinamente se le olvidaron esos seis años de soledad, porque aquel beso reflejaba una promesa que escribía un futuro cercano, mientras que Harry se prometía internamente que desde aquel momento ya no volvería a desconfiar de los poderes de aquella mujer, porque era poderosa, inteligente, audaz y… bonita.

No le dieron fin a su beso, si no que lo aceleraron, tantos años sufriendo uno por el otro no se podía saldar con un simple beso, no, eso equivalía a mucho más.

El chico se separó para tomar aire, pero no despegó sus labios de los de ella, se miraron a los ojos y el sonrió de oreja a oreja.

-Voy a ser papá…- susurró entre sollozos y risas dándole una lluvia de besos cortos en la boca, ella rió y lo abrazó con fuerza.

-Discúlpame por lo del labio roto.-murmuró cuando sintió un leve sabor a sangre en su boca causado por el puñetazo de la última vez. Él levantó un hombro.

-No fue nada…-Murmuró sin dejar de darle besos.- Me lo merecía por idiota.-otro beso.

Ella se dejó besar mientras las manos de Harry recorrían todo lo que nunca había podido, Ginny rió ante las cosquillas y él se detuvo cuando su mano llego al estomago. Se separaron y se miraron fijamente.

-Es una lástima que la poción haga olvidar algunas cosas…-Susurró acariciando el vientre de la chica que a penas se notaba abultado. Ella se sonrojó.

-¿Qué piensas hacer?

-Demandar a Nadezdha por hacer mal sus pociones.-Dijo ofuscado, y Ginny lanzó una carcajada.

-Hay que ver si te lo permite… Podrías pedirle otra y ver si esta vez funciona.-recomendó ella, pero Harry negó con la cabeza.

-Prefiero hacerlo a mi modo…-Susurró bajando la mano del vientre a la pierna, la chica jadeó.-…La poción es para descubrir los sentimientos, los míos, yo los tengo muy claros…

-¿Y qué propones?-Jadeó ella al sentir la mano del chico en su muslo.

-Esta vez… quiero recordarlo todo…-Y la besó haciéndola chocar contra el escritorio. Era como si todas las penas, las culpas y el dolor hubiesen desaparecido con esos besos, porque en realidad, era lo que necesitaban, y siempre necesitaron.

-¿Están bien ahí? ¿No asesinaste a Harry, verdad Ginny?-Preguntó la voz asustada de Ron, y Harry se separó abruptamente de la chica, gruñendo.

-¡Estoy bien Ron!-Gritó, pero la voz de Hermione interrumpió su grito.

-¡Ron, ¿qué haces?! ¡Aléjate de la puerta!

-Pero yo sólo…

-¡Quítate!

Harry y Ginny rieron, y se miraron fijamente a los ojos. Ambos tenían rastros de lágrimas secas, algunas eran de dolor, otras de frustración y de rabia, pero de lo que sí estaban seguros, era que las que estaban derramando en ese instante, antes de fundirse en un nuevo beso, eran de amor y felicidad.


Notas de la Autora:

Las notas FINALES pertinentes las haré después del epílogo. Sólo les puedo decir que espero que hayan disfrutado el último capítulo, y que hayan aclarado algunas dudas que quedaron inconclusas en la batalla.
Si tienen dudas, por supuesto que pueden preguntarlas y yo se las respondo.
¡Nos vemos en el epílogo!

Anya