Rebelde

El campo de entrenamiento Uchiha solo era ocupado por el pequeño Menma que practicaba los movimientos de taijutsu que le había enseñado esa mañana su hermano y Sasuke. El pequeño Kyūbi Etsumi no se apartaba de su lado, apoyándolo.

Cerca de ahí, sentados en las ramas de un árbol que sobresalían de la tierra; los mayores conversaban. Deidara acababa de llegar de Amegakure y relataba…

–… Se perdió por unas buenas dos horas y cuando padre ya estaba por mandar a todos los akatsukis a buscarla, aparecieron los dos.

–¿Los dos? –preguntó Naruto.

–Sí, es que Shukaku-sama estuvo esa semana de visita también y deseaba ver a Gentaro.

–Oh ya. Kurama fue hace un mes. –dijo el rubio.

–Oh eso días que no tenías ganas de entrenar, dobe. –comentó Sasuke.

–¡Teme! ¡No es mi culpa que haya estado conmigo desde que nací y lo extrañe!

–¿Y luego…? –preguntó Itachi que degustaba una bola de arroz e ignoraba la discusión de ese par.

–Pues aparecieron los dos, pero… –El rubio de coleta exclamó– ¡Hubieran visto como!

Los hermanos Uchiha y el rubio Namikaze, estuvieron muy atentos al relato, pues Aoi les había contado de esa ocasión del ataque, según Yahiko y los Akatsuki; que solo resultó la música de la pequeña Akane. Eso fue muy divertido.

–Pues llegaron, pero… ¡Vestidos con ropa de piel, con muñequeras y brazaletes con estoperoles y los dos llevaban un percing en la oreja!

Los Uchiha y el rubio menor, abrieron los ojos asombrados, pues era extraño que en el mundo ninja se usara ese tipo de aditamentos, sino eras mercenario o algo así.

–Y ¿explicaron el motivo? –cuestionó Itachi intrigado.

–Solo tiene ocho años como Menma y mira que hace él… –se lamentaba dramáticamente Deidara.

El niño había dejado el entrenamiento y ya correteaba con Etsumi.

Itachi movió la mano quitándole importancia.

–No todos nuestros hermanos menores son iguales, mira Sasuke que ya acosaba a Naruto desde bebé…

–¡Aniki! –chilló indignado Sasuke.

Y Naruto solo rió divertido y agregó.

–¡No, yo era el que lo acosaba, cuñado!

El grupo rió a carcajadas, luego Deidara siguió contando su pena

–Bueno, pues mi Padre…

En cuanto Akane y Gentaro entraron a la residencia del Kage de Amegakure, este abrió los ojos cual platos. Shukaku miró detenidamente al par y es que Gentaro llevaba un collar con picos y la argolla en una de las orejitas…

Konan no salió de su estupor y Deidara, mas versado en esas cuestiones de regaño, estaba por salir del lugar, pero la curiosidad pudo más.

En cuanto el de cabello naranja se recuperó:

¡¿Qué demonios están vistiendo?!

Akane no conocía mucho a su padre, pues muy contenta aseguró:

Es ropa perfecta para parecer unos shinobis fieros.

¡¿Qué?! –dijo Konan.

La niña se giró mostrando su faldita de cuero negro y el chaleco con porta kunais, y luego acercó a Gentaro y mostro el collar y el arete…

Lo ven, parece más aguerrido ¿No? –aseguró ella muy entusiasmada.

Yahiko se colocó la mano en el puente de la nariz y cuestionó tratando de detenerse para no darle una nalgada a su hija menor.

¿Por qué querrían parecerlo? –preguntó.

La niña se puso nerviosa, pero respondió al ser codeada por su amigo y Bijū…

Bueno es que Gentaro dice que…

El tanukito prosiguió con la explicación:

Etsumi solo tiene que gruñir y mover sus nueve colas para que le teman y yo… –El tanukito vio a su copia mayor– no doy mucho miedo.

Y yo le dije que mi padre era un Kage muy fuerte y que todos le respetaban por ser fuerte y… sabio. –comentó Akane.

Yahiko alzó la vista y la dirigió a ese par…

¿Querían parecerse a mí?

Si.

Pero hija no estás en edad de perforarte y… –intentaba convencer serenamente Konan a su retoño.

Oh no mami, son de broche –dijo la niña y se quitó los percing.

Yahiko negó, mas explicó:

La apariencia no es lo que se necesita para ser respetado en el mundo shinobi. Tus acciones son las que lo harán… Y no siempre serán las que todos esperan, pero las tendrás que realizar. Tu papá, Gentaro, es el Ichibi y créeme, en Suna es muy admirado.

Shukaku asintió y agregó:

No somos unos zorros de nueve colas, somos los tanukis del desierto, nuestra fuerza en las dunas que llevamos con nosotros no es igualada por nadie. –Yahiko estuvo de acuerdo con el discurso del Ichibi, o eso antes de–… Pero ¿habrá ese collar en mi talla?

Al término del relato las carcajadas de los de Konoha se escucharon por todo el lugar; incluso atrajeron la atención de Menma y Etsumi que se unieron a la hora del almuerzo.

Que les digo, en un día lluvioso escuche a System y nació esto jajajaja