Errr... lo prometo y lo juro: el próximo capítulo es el de "el encuentro". Antes de eso, he creído necesario dar una información resumida de lo que había sido la vida de Severus durante todos esos años. Sabemos lo que ha hecho Hara, y con qué estado de ánimo acude a su reunión con Severus, y ahora sabremos también el estado de ánimo de él.

Mañana actualizo de nuevo, y subiré ya "EL CAPÍTULO" xdddd (todavía lo estoy repasando y reescribiendo, aunque hace mucho que lo tengo escrito... la verdad es que no quiero defraudaros, y lo reviso y lo reviso una y otra vez...:( ).

Por favor, que los crucios que me enviéis no sean muy dolorosos... ¿sí:P.

LA VIDA DE SEVERUS SNAPE:

Cuando Severus Snape tuvo conocimiento de los planes del Señor Tenebroso, supo inmediatamente que debía poner sobre aviso a Hara Eslitere. La mujer que había sido el amor de su vida. La bruja a la que había torturado catorce años atrás.

Recordó el momento en el que el Señor Tenebroso lo señaló con su Marca. El mismo momento en el que se dio cuenta de que no podía continuar con Hara, y de que debían separar sus vidas para no poner la de ella en peligro. En aquel entonces, ella sólo era una estudiante, como muchos otros, y aún no formaba parte de la Orden del Fénix, ni se había destacado en su lucha contra el Señor Tenebroso. En aquel entonces, nadie conocía su existencia, ni nadie sabía que él compartía su vida con ella. Siempre tuvo especial cuidado en mantener en secreto esa parte de su vida, porque no estaba dispuesto a que Lord Voldemort supiera que tenía un punto débil que podía hacerlo vulnerable.

Sin embargo, siempre acunó la esperanza de que cuando la guerra terminase y el Señor Tenebroso alcanzase el poder absoluto, él podría ir a buscarla de nuevo, como vencedor, y reharían su vida juntos.

Y esta vez no admitiría más demoras. Esta vez, se casaría con ella.

Pero las cosas no salieron como él las había previsto. Recordó el tremendo esfuerzo de voluntad y de control que se vio obligado a hacer cuando la vio allí, en la Sala del Trono, y el terror lo invadió.

Había estado ausente durante un tiempo cumpliendo una misión para el Señor Tenebroso, y el mismo día que volvió, le comunicaron que aquella noche habría una nueva iniciación. Últimamente había iniciaciones a menudo, y aquello se estaba convirtiendo casi en un rutina, así que no le dio importancia. Mientras esperaba para entrar en la Sala del Trono junto a los demás, con la máscara en la mano, escuchó a Lannstère hablando con otro mortífago.

- Se llama Hara Eslitere y es un bomboncito –decía divertido- Pero tengo la sensación de que el Señor Tenebroso tiene preparada una sorpresita para ella...

Se le congeló la sangre al escuchar su nombre. Pero no tuvo tiempo de pensar en nada, porque las puertas del salón se abrieron en ese momento, y tuvo que ponerse en la fila mientras se colocaba la máscara apresuradamente.

Presenció toda la escena sin mover un dedo por ayudarla, mientras en su mente los pensamientos se agolpaban, y las ideas y los planes se sucedían unos a otros sin éxito. Fue tan solo al final cuando Severus supo lo que tenía que hacer.

Y lo hizo.

Pero Hara nunca tuvo conocimiento alguno de todo aquello. Nunca le dio la oportunidad de explicárselo. Simplemente, lo borró de su vida de un plumazo, como si él fuese tan solo un trazo en lápiz que se pudiera corregir con la ayuda de una simple goma de borrar. Le había advertido que pasara lo que pasara, nunca, jamás olvidase que él la amaba. Pero ella no lo quiso recordar.

Nunca había sido una persona sociable ni alegre, ni nunca había tenido demasiados amigos. Pero el desprecio lo había convertido en un hombre amargado, en guerra permanente contra el mundo, cuyo carácter provocaba el rechazo de los demás.

Dumbledore le leyó su carta aquella fatídica noche en su despacho. Ella abandonaba la Orden del Fénix, y sabía que él era la causa. Aquella noche se había roto por dentro, y supo que no la volvería a recuperar nunca más. Entonces fue cuando se sumió en la más negra oscuridad, y la soledad lo acompañó durante todos aquellos largos años a partir de ese momento.

El odio se mezcló con el amor en una simbiosis imposible de separar. Ella lo había juzgado y condenado sin ningún juicio previo, y no tenía derecho a hacerlo. Sabía que Dumbledore había intentado hablar con ella, por iniciativa propia, pero se había negado a escucharlo, y esa había sido su actitud desde entonces.

Y a pesar de todo, había soñado que la volvía a tener entre sus brazos. La rabia lo invadió, y quiso demostrarse a sí mismo que ya no la amaba, que le había hecho demasiado daño como para seguir necesitándola. Pero cuando tuvo a aquella fulana bajo su cuerpo, fue a ella a quien sintió. Fue ella la mujer que amó aquella noche. Había sido una revelación terrible para él descubrir que la amaba todavía, que no podía dejar de amarla. Y aquella revelación se volvía a repetir de forma constante cada vez que regresaba a aquella casa con la puerta roja para saciar sus necesidades.

Pero el orgullo había impedido que Severus Snape insistiera en sacar a Hara de su error. Ni siquiera cuando se sorprendió a sí mismo guardando en secreto aquella fotografía de la portada de El Profeta. Aún la conservaba, aunque se hacía daño cuando su voluntad flaqueaba, y volvía a abrir el cajón de su despacho muy despacio, lo justo para mirarla un instante.

A menudo recordaba su vida junto a ella, en aquel pequeño apartamento de Londres. El periodo más feliz de su vida. Sin embargo, lo que podía recordar siempre con mayor nitidez, era el gritó agónico que surgió de su garganta cuando él descubrió su rostro ante ella en aquella celda maldita. El sonido del dolor más profundo. Las palabras que vistieron aquel dolor.

"¿Por qué?".

Había sido casi insoportable para él no poder darle una respuesta en aquel momento. No pudo darle una respuesta nunca. Ella jamás se lo permitió.

Y aquella pregunta se había convertido en su pesadilla constante. Cuando despertaba sobresaltado y sudoroso sobre su cama, el grito agónico de ella todavía retumbaba en su cabeza durante unos instantes. Todavía lo torturaba. No había dejado de torturarlo ni un solo momento a lo largo de aquellos años.

Él no le debía nada.

Aquella noche, en el bosque de robles, Severus Snape esperaba la llegada de Hara Eslitere mientras se intentaba convencer a sí mismo de que lo que estaba haciendo allí en realidad, no era más que cumplir con su deber. Como siempre había hecho.

Cuando vio la sombra de ella descendiendo de su escoba, encendió su varita con un Lumus, y empezó a caminar hacia el claro del bosque donde se había establecido la reunión, abandonando su escondite entre los árboles...

Y, de nuevo, muchísimas gracias a "mis niñas" (¿os puedo llamar así? XDDD) por vuestros reviews. Prometo que ya no os hago sufrir más, y mañana subo "EL CAPÍTULO" ;).