¿Culpable o inocente?
POV Emma
Cualquier persona que reserve algunos minutos de su tiempo para observar a un niño en su intento de descubrir cómo funcionan las cosas, sabrá lo que es la perseverancia.
Perseverancia es la virtud de quien no se rinde ante algo, y como consecuencia le lleva a la perfección. Cualidad innata de la infancia y casi inexistente en la vida adulta.
Es común escuchar a las personas hablar de sus proyectos abandonados porque aparecieron dificultades. Lo abandonan y se opta por algo más fácil, menos trabajoso y cuyo su resultado sea casi inmediato.
Tres meses pasaron. Busqué inspiración en esa perseverancia infantil para trabajar día y noche en pro de descubrir la verdad en el caso de Regina, y también, en paralelo, buscando información sobre la madre biológica de la Teniente Lilith. No medí esfuerzos, ni me importaron las repeticiones. Si eran borrones lo que darían perfección al resultado final, haría cuantos fueran necesarios.
Ayudados por amigos, Graham y yo descubrimos a Kristin en Gallup, en Nuevo México, a través de una comparación de caligrafía. Tuve la idea de escanear una de las cartas y cruzamos el resultado con firmas de carnets de conducir. Era una inmersión a oscuras, sin claras y objetivas posibilidades de éxito, pero cada intento se volvía importante para quien no tenía información concreta al respecto. Fue lento y exhaustivo. Pasamos días y días infiltrándonos en sistemas, analizando posibles combinaciones, hasta hallar una que encajaba a la perfección. Kristin, ahora Elle, era dueña de un pequeño hotel de carretera. No quise profundizar mucho en su historia, ya que mi tarea era solo encontrarla. Aparentemente había sufrido una violación dentro de la base militar de la Guardia Nacional y tuvo a su bebé, que le arrancaron en cuanto nació. Fue perseguida por un tiempo hasta hallar a alguien que, finalmente le tendió una mano y la ayudó a cambiar de identidad.
De cierta forma, me alegré en poder mediar en el encuentro entre madre e hija, a pesar de que habían salido a la luz secretos familiares no muy agradables.
Un problema resuelto, pasemos a centrarnos en el principal: mi novia.
Dicen que hasta de las peores situaciones podemos sacar algo bueno. Con todo esto, descubrí que tengo instinto policial. Graham se impresionó con mi sagacidad ante la cantidad de información que se nos puso delante en nuestra investigación particular. Estábamos arriesgando mucho, cometiendo, a veces, actos no muy legales, y sobrepasando los límites de lo seguro. No me importó en ningún momento el riesgo y valió la pena haber perseverado en la investigación.
El esclarecimiento de cuestiones sobre los detalles del caso estaba dándose de forma sorprendente. A cada nueva información que adquiríamos, yo me quedaba más sorprendida, pero también más satisfecha.
No lograba describir qué era Robin. ¿Un loco, un sádico, quizás, con una mente malvada? Investigué al respecto y descubrí que una persona de tal índole tiene pensamientos obsesivos y destructivos al pensar que los demás se equivocan, lo que le lleva a cometer actos impropios y malvados. Esa anormalidad y conducta perversa suele ser congénita, asociada a una falta de pilares familiares y afecto.
Personas con esa disformidad desenvuelven una personalidad conflictiva, fantasean con situaciones para perjudicar siempre, humillar y maltratar a su objetivo, en ese caso, desgraciadamente, era Mills.
Finalmente había llegado el día del juicio de ese crápula. Teniendo en cuenta nuestra declaración, el abogado dijo que insistiría en el hecho de que existía un patrón claro creciente de obsesión y acoso. Lo relacionaría con las persecuciones, poniendo en primer plano la violación, dificultando que la defensa alegara práctica sexual consentida a pesar de los hematomas y pruebas presentadas. Ellos usarían subterfugios diversos y a veces agresivos. No pararían hasta que alguien los detuviese. Necesitábamos trabajar para que eso no sucediese de ninguna manera.
Ya dentro de la Corte Suprema, fui la primera en testificar. Habiendo sido preparada, solo me ceñí a respuestas claras a las preguntas, inclinándome hacia el sí o no. Estar en un Tribunal delante del agresor de mi novia era demasiada tortura. Todo mi cuerpo temblaba y sudaba frío. Los sentimientos en conflicto hacían que me pusieran más nerviosa y fuera de control. Si para mí era así, me puedo imaginar para Regina. Sentí pena, recelo de que ella no aguantara la presión, pero habíamos llegado hasta allí y pocos pasos nos separaban del fin de aquella trágica novela.
«Señorita Swan, ¿puede contarnos lo que sucedió la noche del 20 de mayo?» me preguntó el abogado
«Regina y yo habíamos discutido unas horas antes y fui a su casa para hacer las paces. La encontré encogida en la cama llorando, en un estado deplorable. El cuarto estaba hecho un desastre, nada tenía sentido hasta que ella me contó lo ocurrido» mi voz salía temblorosa, por más que me esforzara en que fuera diferente
«¿Y cómo acabó confesándole la víctima la supuesta violación?»
«¿Supuesta?» el hombre alzó la ceja en señal de desaprobación. Entonces entendí. Carraspeé y continué mi testimonio «Regina me había contado su pasado con…» suspiré profundamente y di una rápida mirada hacia el hijo de puta «…con el acusado. Me contó la insistencia de él en tener una relación amorosa y la negativa por parte de ella. Regina también estaba recibiendo llamadas anónimas, así que deduje que ese hombre tenía alguna relación con lo sucedido y fue entonces que la convencí de que hablar era lo correcto y que no podía dejar que se saliera con la suya otra vez»
«Protesto. Especulación» el abogado defensor se levantó deprisa
«Señoría, pido la opinión de la testigo basándome en la estable relación que ella mantiene con la víctima desde hace más de un año, tiempo suficiente para conocerla bien» se justificó el abogado
«Denegada. Prosiga» la juez dijo alternando la mirada entre el asiento del acusado y la fiscalía.
Me hicieron más preguntas y le di gracias al cielo por no haberme contradicho o haberme confundido.
Era el turno de Graham para testificar y admiré su tranquilidad sentado delante de tantas personas con miradas inquisitivas y con la presión ejercida sobre él en esa situación.
«¿Hay alguna razón para que se crea que el acto sexual no fue consentido?» el interrogatorio comenzó por la acusación
«El hecho de que el Sr. Locksley la persiguiera personalmente, las llamadas sin identificarse, el video de una cámara colocada por la novia de Regina en su dormitorio, a escondidas y el testimonio de repulsa de la víctima, teniendo en cuenta que las relaciones heterosexuales no son la preferencia de la señorita Mills» mi amigo respondió de manera firme
Me llamó la atención el hecho de que la defensa no "peleara" mucho durante los testimonios y la presentación de las pruebas. En cierto momento, Robin interrumpió al fiscal pidiendo acercarse a la juez. Su abogado se sorprendió y su Señoría acabó pidiendo un receso para descubrir el porqué de aquella interrupción. En una reunión extraordinaria y secreta, Robin solicitó un cambio de abogado y la Juez aceptó que él se representara a sí mismo al día siguiente, ya que legalmente Robin tenía ese derecho.
El juicio prosiguió con el infeliz siendo invasivo y utilizando maniobras y artimañas en los interrogatorios, incluso con Regina. No puede asistir al testimonio de Mills. Me dolía mucho recordar aquellos momentos y su rostro abatido y triste agravaba aún más mi repulsión y desespero para que esa pesadilla acabase. Debía haberme quedado todo el rato para pasarle fuerzas, pero fui débil, cobarde. Preferí romperme en llanto, lejos de su mirada. Mi novia necesitaba apoyo y en aquel momento yo no podía proporcionárselo.
Entre objeciones y protestas, posicionamientos argumentativos, especulativos y ridículos, el jurado tardó dos días en volver a la Corte para dar el veredicto.
«En la acusación de violación, ¿cuál es el veredicto?» preguntó la juez
«Culpable, señoría»
«¿En la acusación de persecución?»
«Culpable, Señoría»
«El acusado regresará a prisión a la espera de sentencia» y se escuchó el martillo.
La conmoción fue inmediata. Una onda de alivio recorrió todo mi cuerpo como una corriente eléctrica. Mi mirada fue al encuentro de la de Regina. Sonreímos emocionadas una a la otra. No me preocupé por contener las lágrimas de emoción por nuestra primera victoria. Ni ella. Mi morena balbuceó un "te amo" mientras era llevada por la policía fuera de la Corte. Mi corazón se llenó aún más de alegría y esperanza de que aquella situación de mi morena era provisional y de que la verdad saldría a la luz, haciendo que volviera a gozar de su libertad.
Antes de que Robin saliera, fijé mi mirada en la suya, dándole mi mejor sonrisa sarcástica y victoriosa.
"Pagarás por cada segundo de sufrimiento que Regina ha pasado. Es una promesa"
POV Regina
Llevaba encarcelada aproximadamente cuatro meses. Swan me visitaba semanalmente. Era el día que siempre esperaba. Siempre cariñosa, mi rubia me llevaba comida, libros, productos de higiene y ropa interior.
No es que me conformara con la situación, pero ese tiempo en la cárcel ha contribuido a mi crecimiento personal y me había servido para aprender, en el más amplio sentido de la palabra resiliencia. Me adapté el medio, haciendo que así mi estancia en aquel lugar se convirtiese en menos cruel e insoportable.
La condena de Robin por violación y acoso nos proporcionó un sentimiento real, concreto, de que valía la pena creer en la justicia, de que podría confiar en que volvería a ser feliz al lado de Swan y, quien sabe, un día pudiéramos formar una familia juntas.
Mi juicio se acercaba y, tanto el abogado como Graham y mi novia se negaban a darme información más precisa sobre la investigación paralela que hacían, alegando sigilo por mi propio bien. Me contaban lo básico. Lo único que sabía es que tenía como aliada a la Teniente que se encargó de mi encarcelamiento. Ella se esforzaba en mantener mi seguridad y mi estancia en la cárcel lo más cómoda posible, cosa que ya era de gran valía.
Los días pasaron y finalmente sería el preludio de una nueva etapa en mi vida. Tenía fe. Confiaba ciegamente en la premisa de que el corazón muchas veces señala el rumbo de nuestro destino. El mío era la libertad, la concreta libertad. Mi corazón me decía eso y no podía estar engañado. Tenía a alguien que me estaba esperando. Alguien de mucha importancia y no podía ser decepcionado.
En cuanto desperté, comencé con mi rutina diaria aunque fuera un día atípico. Hice mi higiene, meditación, me tomé un café con gusto a media vieja que, por increíble que parezca, aquella mañana tenía un sabor más agradable. Todo estaba diferente, hasta el mismo aire parecía más respirable.
En cuanto oí pasos por el pasillo traté de levantarme deprisa para peinar mis cabellos y pintarme los labios. No por estar encerrada, me iba dejar de arreglar. Enseguida, la guardiana apareció abriendo la celda y mostrándome las esposas. No solía interactuar con los funcionarios de la cárcel, mucho menos con las otras presas, pero la esperanza y el ánimo me dominaban de tal manera que me arriesgué a sonreír y desearle un buen día a la agente, a lo que ella me contesto con un murmullo. Me encogí de hombros. Nada, absolutamente nada, me arrebataría mi buen humor.
Ya en la Corte, tomé posición en el banco de los acusados, pero no sin antes asentir hacia mi rubia que de lejos me mandó un beso y movió sus labios en un "te amo". Dios, su sonrisa…Aún con todo el sufrimiento por el que estábamos pasando, Emma se estaba manteniendo fuerte por las dos y siempre con esa sonrisa alentadora en el rostro. Saludé al Dr. Gold y recibí sus últimas instrucciones. El procedimiento adoptado por el Plenario es especial, y tenía dos fases. En la primera, que fue hace un mes atrás, fueron admitidas mis acusaciones. En esta segunda fase se tratará del juicio en sí por el jurado.
De repente escuché un ruido. El toque de una campanilla señaló la apertura del Tribunal del Plenario por el Juez, con la presencia del fiscal, el escribano y los Oficiales de justicia.
«No me gusta su cara» le susurré a mi abogado, refiriéndome al fiscal.
«Si simpatizara con el hombre que está aquí exclusivamente para hacer que se pudra en la cárcel, incluiría problemas mentales en su defensa» esbocé una pequeña sonrisa ante su broma
El Juez pidió al Oficial de justicia que procediera a llamar a los miembros del jurado salidos por sorteo.
«Declaro abierta la sesión del Tribunal Popular. El señor Oficial de justicia deberá realizar el llamamiento, comprobando la diligencia en los autos» la fuerte voz del juez resonaba por la sala.
Se inició la llamada de los testigos. Por lo que entendí por la explicación del Dr. Gold, todos los testimonios tenían que ser recogidos en salas distintas, separadas, los de la acusación por un lado y los de la defensa por otro, para que uno y otro no escucharan los testimonios y no se comunicasen.
«Invito al jurado a examinar con imparcialidad la causa, y que den su veredicto de acuerdo a sus conciencias y a los dictámenes de la Justicia. Pido a todos que levanten la mano derecha y contesten "Así lo prometo"» su Señoría ordenaba
«Así lo prometo» se escuchó en coro
El Oficial de Justicia distribuyó a los miembros del jurado una copia de los informes del caso. Minutos después otro sonido se pudo escuchar, anunciando la llamada de los testigos. Eché un rápido vistazo hacia Emma y Graham, parecían demasiado nerviosos. "Están raros, pero bueno, tampoco es para menos. Todo esto está acabando con nosotros"
«Señoría, llamo a Robin de Locksley»
«¡Joder!» murmuré «Pensé que nunca más iba a verle la cara a ese individuo»
«Calma, Regina. No tiene por qué mirarlo directamente. Es un testigo importante, ¿no? Su presencia es fundamental para nosotros, Confíe en mí» mi abogado me respondió con un tono casi inaudible.
No acompañé su entrada. Solo escuché sus pasos y sentí movimiento de cuerpos en la sala, pues mantuve mi mirada en el Juez, observando las reacciones de su rostro.
«¿Me puede contar lo que sucedió el día 10 de junio de 2009?» el fiscal comenzó a interrogarlo
«¿Cómo he de acordarme de algo que sucedió hace…seis, siete años atrás?»
«El día en cuestión es cuando se cometió el crimen por el que Regina Mills está siendo acusada. Crimen que tuvo lugar en un establecimiento del cual usted era socio»
«Ah, sí. Bueno, alrededor de las 06:00 de la mañana se me informó de un accidente con una de las empleadas. Cuando llegué al local, me encontré con una escena deplorable. Ella estaba toda…» hizo una pausa «Había sangre por todas partes. ¡Joder! Solo había visto aquello en películas»
«¡Falso cabrón!» susurré
«¡Regina!» me reprendió el Dr. Gold
«¿Y qué hizo usted a continuación?»
«Llamé a la policía»
«¿Mantenía usted relaciones estrechas con la acusada?»
«Sí. Éramos grandes amigos»
«¿Y cómo reaccionó ante el supuesto hecho de que la señorita Mills asesinara a su empleada?»
«¡Me sorprendió! Yo…nunca hubiera esperado eso de una dama de la alta sociedad»
«Hijo de…» comencé a insultar, pero el Juez me interrumpió
«Orden en el Tribunal. Señor Abogado, contenga a su cliente. Señor Fiscal, prosiga»
«¿Puede decirnos qué tipo de relación mantenía la acusada con la señorita Shelley?»
«Regina…» soltó un risita «Digamos que a Regina le gustaba "apreciar" a mujeres "buenorras". Josen era una de las bailarinas más bonitas y solicitadas. Regina pagaba para tenerla en exclusividad. No admitía que nadie se le acercase. Me arriesgo a decir que era una estima casi obsesiva»
«¿Vio algo sospechoso la noche del crimen? Quizás…¿un cambio de comportamiento?»
«Ahora que me lo pregunta…aquel día, Mills parecía bastante nerviosa»
«¿Le contó si tenía algún problema? ¿Dijo algo relevante?»
«Solo se quejó de que Josen ya no atendía a todas sus exigencias, que odiaba ser contrariada y que tendría que tomar medidas al respecto»
«Está bien. No hay más preguntas, Señoría»
Sabiendo ya que esa era su señal, el Dr. Gold se levantó, se arregló la chaqueta acercándose a Robin.
«¿Cómo está, señor Locksley?»
«Bien, dentro de lo posible»
«¿Es verdad que acaba de ser condenado por acoso y violación de la señorita Mills?»
«Protesto, Señoría. Irrelevante» intervino el fiscal
«¿Cómo va a ser irrelevante si la pasada conducta del testigo con la acusada es de extrema importancia para garantizar la credibilidad e imparcialidad del testigo, Señoría?» rebatió mi abogado
«Señor Locksley, recuerde que está bajo juramento y que puede ser acusado de falso testimonio. Responda a la pregunta que se le ha hecho»
«Sí, he sido condenado, pero mis abogados…»
«Por favor, aténgase solo a responder a lo que se le pregunta. Dijo que alrededor de las 06:00 se le llamó desde el sitio del crimen» el hombre vino hasta la mesa, abrió su carpeta azul marino y sacó de ella una fotografía, y volvió a donde estaba el infeliz «Esta foto, sacada la noche del crimen, le muestra a usted y a mi cliente muy felices, ¿no? Bebiendo, divirtiéndose…»
«Sí. Como he dicho, además de cliente, era amiga»
«¿Y dónde estuvo el resto de la noche?»
«Protesto»
«Señor Fiscal, si va a protestar por todo, nunca saldremos de este Tribunal» el juez señaló, haciéndome sonreír discretamente «Prosiga»
«Yo…» Robin tartamudeó «Me quedé hasta bien entrada la madrugada trabajando y después me fui a casa»
«¿Estaba en su casa cuando lo llamaron?»
«Sí»
«¿Está seguro? Cuidado con el perjurio…»
«Lo estoy…» yo seguí sin mirar hacia su dirección, pero por el tono de su voz, podía darme cuenta de sus nervios
Mi abogado volvió a la mesa, cogió un trozo de papel y otra foto.
«¿Y qué me dice de esta multa? El coche está a nombre de una de las empresas del padre de la señorita Mills y que, según testigos, era usted quien lo conducía. Incluso, tenemos esta foto sacada por el radar. La calidad no es muy buena, pero se ve nítidamente que es la misma chaqueta de cuero negra de esta otra foto con mi cliente, que acabo de enseñarle. Por cierto…¿me sabría decir dónde está esa chaqueta? ¿Aún la tiene?»
«Pero, ¿quién es el acusado en este caso?» el fiscal parecía nervioso ante los hechos presentados
«No hay más preguntas, Señoría» el Dr. Gold se sentó con una sonrisa de victoria en el canto de su boca.
Yo aún no entendía muy bien lo que estaba pasando allí. Aún menos el motivo de las miradas furtivas entre mi abogado, Graham y Emma, pero tampoco era muy relevante por el momento. Lo que importaba estaba siendo hecho hasta entonces con maestría: mi defensa.
Después de salir Robin, fue llamado mi padre. Un estremecimiento recorrió la base de mi columna y no pude contener la emoción al volver a verlo. Siempre tuvimos una relación de amor y odio que se estrechó aún más con los asesinatos en que se vio envuelto el nombre de nuestra familia. Seguía igual, sin cambios en su comportamiento, menos aún en su físico. Era el hombre de pelo gris, patillas acompañando la barba y levemente más gordo. Su rostro mostraba que era una persona afable, sin embargo, si se lo conocía bien, se sabía que no era nada de eso. Tragué en seco al escuchar su voz pronunciando el juramento.
Durante todo su testimonio, el tan imponente Sr. Sam Mills, no desvió su mirada ni por un momento hacia mí, ni dejó de lado sus aires pretenciosos. Su postura erecta y entonación firme duraron todo el tiempo. No consiguió responder con claridad a las preguntas sobre la noche en que Milah fue asesinada, pues cuando yo volví a casa, él aún dormía. Tampoco consiguió dar luz a los detalles de la muerte de mi madre. Se contradecía algunas veces, colocando en jaque su credibilidad delante del jurado. No sé definir si sus reacciones eran buenas o malas. Si colocara en una balanza, no se inclinaría hacia ningún lado. Mi padre, claramente, quería salirse por la tangente, librarse de responsabilidades sobre lo ocurrido. Quería mantener su honor, la clase y la importancia de la posición social y del nombre que cargaba.
«¿Señor Fiscal, señor Abogado de la defensa, jurado, alguien desea una aclaración, reconocimiento de personas o cosas, aclaración por parte de los peritos?»
«Yo, Señoría» mi abogado se adelantó, levantándose rápidamente «Pido permiso para llamar a cuatro testigos más que no estaban en las listas de autos»
La conmoción fue tal que los murmullos se volvieron incómodos. Escuché el ruido del martillo, señalando que el Juez pedía silencio.
«¡Orden en el Tribunal!» se giró hacia el Dr. Gold «¿Por qué motivo debería permitir que esas personas sean incluidas en el proceso?»
«Porque son de suma importancia para la exención de la culpabilidad volcada en mi cliente»
«Está bien. Que sean tratadas como parte del proceso»
Y así fue. Primero fue escuchada Georgina, que era trabajadora del club en la época de los asesinatos. Me asombró su testimonio, ya que fue completamente diferente al anterior, cuando fui detenida por primera vez. Jurando que era la versión verdadera de los hechos, alegó haber visto a un hombre saliendo del cuarto donde yo dormía junto con Milah, alrededor de una hora antes de mi salida. No pudo identificar el rostro, solo el tatuaje en su antebrazo.
Antes de ser llamado el segundo testigo, se presentaron nuevas pruebas: una navaja dentada y algunas prendas de ropa, entre ellas la chaqueta que Robin usaba el día del crimen. Me sorprendí ante tantas novedades. Emma y Graham con certeza estaban detrás de todo aquello. Los miré a ambos con el ceño fruncido, buscando entender algo, pero fue en vano. Solo tuve la certeza de que los dos estaban detrás de todo esto, pues estaban demasiado serenos, algo atípico para la ocasión y para quien dependía del elemento sorpresa, como todos en la sala. Fuera lo que fuera lo que estaban tramando, confiaba en ellos. Habían sido mi apoyo hasta entonces y ahora no sería diferente.
La señora Georgina, antigua empleada en casa de Robin, fue llamada. Con cada pregunta y cada respuesta dada, me quedaba boquiabierta ante la capacidad para el mal de aquel crápula. Ella confesó haberlo visto entrar deprisa en la casa y quemar algo en la habitación. Se cambió de ropa y salió de nuevo tras recibir una llamada, minutos después. En cuanto comprobó que estaba sola, alertada ante el extraño comportamiento de su jefe, Georgina entró en su baño e identificó la causa de la humareda que se había expandido por la habitación. Robin intentó quemar sus ropas manchadas de sangre, pero se frustró cuando se dio cuenta de que sería difícil eliminar con fuego algo tan pesado y de un material tan resistente. La señora lo recogió todo y lo guardó. Dijo que no tenía ninguna intención tras ese acto, solo siguió lo que sus instintos le ordenaron. Así como el otro testigo, al preguntarle si había alterado su testimonio, ella prácticamente reprodujo las palabras proferidas anteriormente: se sintió asustada, amedrentada, pues suponía que la relación de él en actos ilegales era mayor de lo que podía imaginar, y pensó que podría ponerse en peligro.
Ya era fin de la tarde cuando el Juez decretó aplazamiento hasta el día siguiente. En otras circunstancias me importaría el receso del juicio. Quería que aquella angustia acabase cuanto antes, para bien o para mal. Sin embargo, el cansancio nos abatía a todos, incluso a mí. Descansar unas horas sería necesario.
Al día siguiente, todos los actos de seguridad fueron llevados a cabo hasta llegar al Foro: esposas, ningún contacto visual, ninguna palabra hasta encontrarme con mi abogado en la ante sala del Tribunal.
«Dr. Gold…todo lo de ayer…¿qué está pasando? Creo que tengo derecho a saber» le pregunté, curiosa
«Sí, Regina, tiene derecho a saber. Lo que está pasando es fruto del arduo trabajo que se llevó a cabo en busca de la verdad» tocó mi hombro derecho y mantenía una sonrisa cómplice en su rostro «Es una mujer con mucha suerte. Ha encontrado a la persona precisa para tener a su lado»
Antes de que pudiera decir algo, nos llamaron para entrar. Reabierta la sesión, se reiniciaron las declaraciones de los testigos. Una vez más, busqué fuerzas en la consoladora presencia de Emma. Estábamos allí una para la otra, y esa constatación era lo que me impulsaba para creer que toda aquella tortura había valido la pena.
Mi abogado solicitó la presencia del Dr. Whale, forense que testificó sobre los asesinatos y levantó informes sobre estos. En cuanto el hombre entró, lo miré de arriba abajo, recordando que lo había visto una vez por los pasillos del Tribunal años atrás en la época de los crímenes. Aparentaba una excitación fuera de lo común. Quizás era yo la que estaba imaginando cosas, pero todos allí no parecían tener un total control de sus emociones.
«Buenos días, Dr. Whale. Usted es médico forense, ¿no es así?» el Dr. Gold, con su a veces intimidadora y firme presencia, comenzó el interrogatorio.
«Buenos días. Sí, lo soy»
«¿Fue usted quien firmó los informes de ambos asesinatos de los que fue acusada mi cliente?»
«Sí»
«¿Se cometieron errores en esos informes para que fuera necesario ser retocados?» algunos segundos de silencio y un sospechoso intercambio de miradas entre los hombres
«Sí» él carraspeó «Se hizo un examen inicial y una anotación que no debió ser dada a conocer. En cuanto concluí mi trabajo, hice las oportunas alteraciones»
«No tengo conocimientos médicos, pero creo que incluso para cualquier lego en la materia, sonaría extraño que alguien primeramente atestiguara que la fuerza usada para provocar los cortes se debía a una persona de aproximadamente ochenta y cinco kilos, y después modificar y decir que era de más o menos sesenta kilos. Hay una gran diferencia, ¿o no?»
«Sí, pero…»
«¿Su pierna y su columna están bien? La mía nunca ha sido la misma después de que forcejeé con unos bandidos en un asalto…» el Dr. Gold interrumpió al médico con su extraña pregunta y con su tono sarcástico.
«Protesto, Señoría. Irrelevante» obviamente el fiscal se entrometería
«Señoría, pido permiso para acercarme» mi abogado decía con semblante serio.
«Concedido»
Tanto él como el fiscal se acercaron al Juez. Hablaban bajo, pero pude escuchar los murmullos debido a cómo estaba sentada.
«Le he hecho la pregunta al testigo porque tengo pruebas de que alteró los informes periciales bajo coacción»
«¡Pero eso es absurdo! ¿Ya no eran suficientes los testimonios no listados en los autos y ahora esto?»
«¿Qué implicarían esas nuevas pruebas en el proceso?»
«Pueden probar la inocencia de mi cliente»
«Solo voy a darle ese crédito una vez más. No abuse, Doctor»
El Dr. Gold me guiñó un ojo y volvió hacia el nervioso testigo que tamborileaba los dedos en su pierna.
«DR. Whale, ¿es verdad que fue atendido en la mañana del 21 de junio de 2009 de múltiples fracturas y hematomas esparcidos por todo su cuerpo?»
«Eso es información secreta»
«No cuando se trata de un crimen. Responda, por favor, recuerde el perjurio cometido anteriormente y el resto de faltas que pueden achacársele a sus conductas»
«Sí. Es verdad, pero…» el hombre dudó en responder y se descontroló por completo. Sus ojos no pararan de pestañear, en un claro gesto de nerviosismo.
«Testigos han dicho que uno de los hombres que lo agredieron tenía un tatuaje de león en un brazo, así como los agresores de la acusada en dos sucesos ocurridos hace un tiempo. ¿Es eso verdad?»
«Eh…bueno…»
«Responda»
«Sí»
«¿Sabe quiénes son ellos?»
«Yo…juro que hice eso porque no tenía elección. Yo…»
«Aténgase a responder solamente lo que se le pregunta, Sr. Whale. Repito…¿conoce a los autores de la agresión?»
«Sí. Fueron los socios de Robin»
«¿Es verdad que el día 27 del mismo mes se le hizo una transferencia a su cuenta bancaria por valor de veinte mil dólares?»
«Sí» mantenía la cabeza baja y suspiraba a cada palabra como si lamentase lo ocurrido.
«¿De dónde proviene ese suma? ¿Quién hizo la transferencia?»
«Robin de Locksley. No trató directamente conmigo, pero fue bajo su mando que me golpearon y después recibí ese soborno para alterar el informe pericial sobre los cuerpos de las víctimas de los asesinatos»
«¿Eso significa que la acusada, por su constitución física, no hubiera sido capaz de haber apuñalado a Milah Shelley y Cora Mills?»
«Imposible. Necesitaría más peso y más altura. Los cortes fueron precisos y profundos. Implicaría una fuerza que…» el hombre me miró rápidamente «…supongo que ella no tiene»
«No hay preguntas» mi abogado se acercó a mí, y se sentó a mi lado con expresión victoriosa «¿Siente el olor?» susurró
«¿Qué olor?»
«El de la libertad» ambos sonreímos
No sé cómo habían conseguido aquellas pruebas y qué artimaña usaron, pero sé que todo tomaba un camino completamente diferente hasta el que ahora creía. Eso henchía mi corazón de esperanzas. El fin estaba cerca.
«Último testigo» ordenó el Juez
Yo esperaba cualquier empleado, un anónimo de la calle, pero nunca hubiera imaginado que quien entraría en la sala sería Mérida. Me quedé boquiabierta y confusa. "¿Qué estaba haciendo esa mujer aquí?" La pregunta resonaba en mi cabeza.
«Buenos días, señorita. Algunos de los presentes la deben conocer, pero ¿puede decirme su nombre y quién es?» el Dr. Gold la interrogaba
«Mi nombre es Mérida Dunbroch. Soy hija del ex gobernador Fergus DunBroch»
Se escuchó una pequeña conmoción por parte de los miembros del jurado, así como cuando el Dr. Gold sacó a la luz la alteración de los informes. Inmediatamente también se escuchó el ruido del martillo, pidiendo silencio.
«Señorita Dunbroch, ¿nos puede decir cómo conoció a mi cliente?»
«Nuestros padres son amigos desde hace mucho tiempo y nos conocemos desde pequeñas»
«¿Y cuál es el grado de relación entre las dos?»
En ese momento, pasé mi mirada asustada entre ella, el Dr. Gold, Graham y Emma. "Por Dios, ¿qué va a decir? ¡Emma me va a matar! No logré disfrazar mi aprensión al encarar a mi novia que me miraba con su linda sonrisa. "Debería habérselo contado…" Corregí mi postura, apoyando los codos en la mesa, escondiendo el rostro entre mis manos.
«Hoy en día ninguna, pero éramos amantes. Tuvimos encuentros furtivos durante más de cinco años»
Esa vez no fueron susurros resonando por la sala, y sí voces asombradas y sorprendidas con el hecho. Realmente era difícil creer que la hija de una figura tan importante y famosa dentro de la política mundial, como lo era su padre, pudiera estar envuelta en un romance a escondidas, y aún más, lésbico.
«¿Y dónde estaba usted la noche del 11 de junio de 2009?»
«Con Regina, en el anexo de la mansión donde vivía con sus padres. Llegué alrededor de las 23:30 y me fui sobre las 04:30»
«¿Estuvieron todo el tiempo juntas?»
«Sí, y muy juntas debo decir»
«¿Y no notó ningún comportamiento extraño en su, digamos, ex compañera?»
«Ninguno. A no ser su apetito sexual bastante despierto»
No cambié en ningún momento de postura. Seguía con el rostro tapado y casi no respiraba. Parecía una niña con miedo a la oscuridad que evita moverse para no ser notada por el monstruo. Imaginé a Swan resoplando de rabia al escuchar aquellas palabras y ella, con certeza, era mi monstruo en ese momento.
«¿No vio nada atípico? ¿Nada que pudiera dar señales de lo que sucedería aquella madrugada?»
«No. Yo solía llegar en taxi y parar exactamente a algunos metros de la puerta lateral por donde entraba y salía, que era el único sitio donde las cámaras de seguridad no alcanzaban. Cuando me estaba marchando, vi un coche parado en ese sitio, pero al otro lado de la calle, pero como el vecino estaba dando una fiesta, pensé que era de uno de los invitados»
«¿Y por qué no se presentó como testigo en su momento? ¿Por qué le rogó a mi cliente sigilo absoluto sobre la relación amorosa que mantenían?»
«¿Cree que siendo hija de un Congresista, en la posición social que en que me encontraba, podría ver mi nombre envuelto en un escándalo como ese?»
«Pero sigue siendo quien es. ¿Qué ha cambiado?»
Al escuchar la pregunta, la curiosidad me atizó. Erguí mi cabeza y encaré a la pelirroja, esperando su respuesta.
«Leí la noticia de la prisión de Regina en los periódicos y…» suspiró, me miró y en seguida dirigió su mirada a donde estaba sentada Swan «Una persona vino a mí pidiendo ayuda. Me contó su historia y me convenció de que esconderse detrás de paradigmas e imposiciones sociales, pasar la vida a la sombra de algo que no se es ni se desea, no vale la pena, y que decir la verdad era lo correcto. No estaría en paz conmigo misma sabiendo que Mills ha sido condenada injustamente. En el momento en que Cora fue asesinada, aquella mujer…» señaló hacía mí «…estaba conmigo. Regina no mató a su madre y tengo la certeza de que tampoco mató a la otra víctima. Ella no es esa persona en que han intentado convertirla. Es inocente. No puede ser castigada por algo que no ha hecho»
No puede evitar las lágrimas ni la sonrisa que se empeñaba en aparecer. Mérida siempre fue una buena persona, pero me sorprendió su valor en exponerse para ayudar a esclarecer mi inocencia. Nunca podría agradecerle ese acto. Nada en el mundo sería bastante para devolverle ese favor.
Tras ser escuchados todos los testigos, me tocó a mí ser interrogada. Las mismas preguntas de siempre, las mismas respuestas. Parecía algo ensayado de tanto que había repetido aquellos dos días en mi mente para reproducirlo en palabras. La acusación no tenía argumentos plausibles para confrontar las pruebas presentadas en mi defensa, cosa que volvió todo aún más repetitivo.
El Juez ordenó un receso de dos horas para almorzar. Tras el almuerzo, comenzaron los alegatos finales. El fiscal tuvo una hora y media para la acusación. En seguida, fue el turno de la defensa. No hubo réplica, lo que adelanto el juicio. El Juez pasó a leer los cargos que serían votados y después invitó al jurado, al escribano, al fiscal y a mi abogado a que se dirigieran con él a la sala secreta. ¡Dios, qué espera más angustiosa! Era una tortura mirar el reloj y tener la impresión de que estaba parado, que los minutos no pasaban.
Tras cuatro horas terminó la incomunicación del jurado y volvieron a sus asientos para que el Juez dictara su veredicto.
«Todos en pie, por favor» un Oficial cogió el papel de las manos del presidente del jurado y se lo entregó a su Señoría que lo leyó, y se lo entregó de nuevo.
«En la acusación del homicidio doloso de Milah Shelley, ¿cuál es el veredicto?»
«Inocente, Señoría»
«En la acusación del homicidio doloso de Cora Mills, ¿cuál es el veredicto?»
«Inocente, Señoría»
«Agradezco a los señores del Jurado su presencia y cumplimiento del deber. Se pueden retirar. Agradezco también al Señor Fiscal y al Abogado Defensor y a los servidores de la justicia aquí presentes. Declaro levantada la sesión»
Inocente: quien no posee culpa, que no ocasiona el mal; que es inofensivo o puro. Sí, yo, Regina Mills, he sido declarada inocente.
