Draco, sus padres y maestros, todos ellos pertenecen a JKR (como si ustedes no lo supieran).
Severus Snape siendo dueño de un cuervo pertenece a J.L. Matthews (vayan todos a leer su historia. Es grandiosa). Sin embargo encontré un nuevo nombre para él esta vez.
El nombre de la pandilla "Tiburones" está tomada del musical "West Side Story", por supuesto. No recuerdo dónde encontré el nombre "Rakers" pero debo haberlo leído en alguna parte.
La idea de Snape con una familia propia viene del fic de Al "Time of trial". (Gracias, Al. Parece que siempre tengo las mejores ideas leyendo tus fics).
La familia Glizzard y Gringolf Glizzard pertenecen a mi amiga Pega Pony, y también todas las canciones de Gringolf. ¡Gracias por prestármelos!
Mi amigo Edmond es dueño de sí mismo y de su caballo Apolo.
Viejo Joe y el Joe de Tess pertenecen a Zebee.
Nota de la autora:
Bueno, les deseo a todos feliz Navidad y un buen Año Nuevo. Oh, y perdí todas las direcciones de mi libreta gracias al formateo de mi disco duro, así que si estaban anotados ahí y no me han escrito en las últimas dos semanas, por favor, envíenme un e-mail.
Nota de la traductora:
Silverfox es de Austria (no confundir con Australia) y su lengua materna es el alemán, pero escribió "Runaway Dragon" en inglés, si deseas leer la versión original, puedes encontrarla en fanfiction.net y si deseas escribirle (en alemán o inglés, preferentemente), su dirección es silverfox@kabsi.at
Capítulo 38: PENSAMIENTO
Minerva MacGonagall se las había arreglado para evadir el incómodo trabajo de hablar con el profesor Snape hasta la tarde, pero finalmente se encontró sin nada en qué ocuparse alrededor de una hora antes de la cena. Por un tiempo incluso había tenido la esperanza de tener esa charla con él durante el almuerzo, cuando la presencia del director Dumbledore le habría dado una sensación de apoyo, pero Severus había pasado todo ese rato en la mesa de Slytherin, comiendo y hablando con sus estudiantes.
Minerva suspiró al recordar eso. Le había señalado repetidamente a Albus que no correcto por parte de un profesor, y además Cabeza de Casa, distanciarse así del resto del plantel, pero Albus siempre se limitaba a sonreír y sacudir la cabeza.
-Minerva –le había dicho-. ¿No te das cuenta que eso es parte de la forma en que cumple con sus deberes como Cabeza de Slytherin? Severus tiene que recordarle a sus alumnos que él también es un Slytherin y eso le da la oportunidad de hablar con los que no van a su oficina para pedir consejo.
-Alienta la tendencia de los Slytherin a cerrarse y apartarse de las otras Casas –había señalado Minerva la última vez que habían hablado de eso.
-En realidad, he notado que desde que Severus se convirtió en su Cabeza de Casa, los Slytherin han estado ligeramente menos aparte de los demás. Las amistades con Ravenclaws no son tan inusuales entre ellos como solían serlo e incluso hay unos cuantos que han empezado a hablarle con amabilidad a los Hufflepuffs –Albus le guiñó un ojo-. Sin olvidar que ya no se apartan de su Cabeza de Casa como lo habían estado haciendo por casi sesenta años hasta la llegada de Severus. Severus debe estar haciendo lo correcto si ha logrado inspirar esas mejoras.
-¿Usted considera una mejora el que estén atacando sistemáticamente mi, nuestra Casa? –protestó Minerva.
-Recuerda cómo era hace veinte años, Minerva –le había dicho Albus calmadamente-. Slytherin estaba completamente fuera de control. Hubo ocasiones en que su Cabeza de Casa temía entrar a su sala común. No habrían hecho caso de nada de lo que les dijéramos. El único líder que aceptaban era Voldemort. Entonces llegó Severus y de repente los Slytherin empezaron a acudir a él con sus problemas. Fue como si siempre hubieran estado buscando a alguien como él y no puedes negar que los mantiene controlados.
Minerva sólo había sacudido la cabeza y había dejado así las cosas. Sí, Severus era el primero, en un largo tiempo, que había sido capaz de hacer cosas tan básicas como enviar a dormir a los Slytherin a la hora correcta. No le discutían y podía incluso llamar al orden a los líderes de pandilla cuando quería hacerlo. Aún así, no era correcto por parte de un profesor comer en una de las mesas de los estudiantes, aunque sólo lo hiciera ocasionalmente.
Gracias a ese insoportable hábito de su colega, ahora ella tenía que visitarlo en su oficina en los calabozos. Oh, cómo odiaba los calabozos. No sólo era eran oscuros y fríos, sino que además estaban llenos de Slytherins y probablemente también de ratas. Por qué Severus pasaba tanto tiempo ahí abajo era un misterio para ella. De todos modos, no podía dejar que ningún Slytherin notara su incomodidad estando dentro de su reino, y especialmente no su Cabeza de Casa. Él estaba en posición de usar eso en su contra y ciertamente no dejaría de hacerlo por pura amabilidad o porque considerara eso indigno de él.
Con un esfuerzo, se obligó a mostrar una expresión seria y profesional y llamó a la puerta de Severus.
-¡Un momento, por favor! –escuchó que gritaba Severus y un minuto después la puerta se abrió y un pequeño Slytherin de segundo año salió sonriendo alegremente.
Había un gran moretón púrpura en su mejilla derecha y Minerva recordó de pronto que ya lo tenía en la ceremonia del Sombrero Seleccionador, la víspera. Entonces había lucido miserable, pensó, y se preguntó brevemente con quién habría peleado. El muchacho normalmente era silencioso en clase y no parecía ser de los que buscaban pelea, pero, por supuesto, con los Slytherin nunca se sabía.
-¿Averiguaste quién le pegó en la cara al pequeño diablillo, Severus? –preguntó mientras entraba a la oficina y cerraba la puerta tras de sí.
-No es asunto tuyo, Minerva –siseó Severus en tono de advertencia.
-Lo es, si se trata de uno de mis estudiante, o si vas a dejar que el chico salga de esto sin castigo –insistió ella, sólo por principio.
-No fue un estudiante –dijo Severus sombríamente-. Ni un niño.
-¡¿Qué?! No estarás implicando que alguien del plantel...
-Por supuesto que no –la interrumpió Severus de inmediato-. No fue nadie de Hogwarts quien lo lastimó, y tampoco fue culpa del chico.
-¿Entonces por qué lo llamaste a tu oficina? –preguntó Minerva, sorprendida. Si no había hecho nada que mereciera un castigo, entonces no había razón para que estuviera ahí.
-No lo hice. Vino a pedirme algo de ungüento medicinal –contestó Severus, siendo deliberadamente vago.
-¿Ungüento? ¿Por qué no fue a la enfermería?
-Porque confía en mí más que en Poppy –Severus la miró con enojo-. ¿Qué es esto? ¿Una entrevista para el Daily Prophet? Yo no te interrogo sobre la forma en que manejas a tus estudiantes y te agradecería que me mostraras la misma cortesía.
-En realidad estoy aquí para hablarte acerca del señor Malfoy –Minerva decidió cambiar el tema antes de que Severus decidiera ponerse realmente desagradable. ¿Qué importancia tenía la vista del muchacho a la oficina de Severus?
La mirada de Severus se ensombreció todavía más.
-¿Por qué? ¿Le hizo algo a tus preciosos Gryffindors?
-No, pero...
-Entonces déjalo en paz. Es mi muchacho, no tuyo, y yo decidiré qué hacer con él –dijo Severus, cortante-. Si el asunto no te concierne, déjalo en paz.
Minerva evitó tragar saliva e hizo uso de su coraje Gryffindor. ¿Por qué diablos la vieja serpiente le siseaba de esa manera? Parecía listo para golpear sólo porque había mencionado a Draco Malfoy.
-Su libro de Transfiguraciones me concierne y también su tarea de Transfiguraciones –declaró valientemente.
-¿Y qué está mal con su libro de Transfiguraciones y su tarea? –preguntó Severus en un tono que sugería que se le estaba acabando rápidamente la paciencia.
-Bueno, la tarea es un poco demasiado buena como para que la haya hecho él, pero él afirma que alguien lo ayudó –empezó Minerva.
-Mike Tiller. El padre de Mike me ha informado que su muchacho es el primer promedio en su clase de Transfiguraciones. Un muy brillante y esforzado estudiante de sexto año. Por supuesto, las escuelas públicas no siempre ofrecen la misma calidad de profesores que Hogwarts, pero creo que Mike debe ser capaz de dar algunos consejos a los estudiantes de quinto año.
¿Oh, estaba haciéndole un cumplido? ¿Era eso señal de una conciencia culpable por el libro?
-Bueno, creo que aceptaré el ensayo. Después de todo, muchos de los otros estudiantes probablemente recibieron ayuda de sus padres, así que no será injusto –decidió Minerva.
-Hay algo de lo que me gustaría hablarte, ya que estás aquí –sugirió Severus rápidamente, antes de que ella pudiera mencionar el libro otra vez.
-Oh, ¿de qué se trata? –rayos, ahora había logrado apartarla del tema.
-Neville Longbottom –contestó Severus.
-¿Neville? –repitió Minerva. Oh, no, no eso otra vez. Sentía tanta pena por el pobre niño-. Mira, Severus, sé que no te gusta Neville, pero él es sólo un poco torpe. No tiene mucho talento, pero realmente se esfuerza. Si le dieras una oportunidad, estoy segura de que llegará a ser un mago decente a final de cuentas.
-Le estoy dando una oportunidad, Minerva –señaló Severus-. A pesar de sus pobres resultados, no lo he hecho repetir el año todavía y he estado esforzándome por alentarlo a mejorar su desempeño y desarrollar algo de carácter, pero todo cada cosa que intento sólo parece empeorar las cosas. Es por eso que lo mencioné. Me gustaría escuchar tu opinión sobre cómo debo tratar a Longbottom para que muestre algún interés sobre su desempeño en mi clase.
-Él está interesado por su desempeño, Severus –trató de explicar Minerva-. Incluso demasiado, me temo. Él sabe que no es tan bueno en eso como le gustaría ser y eso lo pone nervioso.
-Hoy trabajó mejor de lo que yo esperaba –admitió Severus-. De hecho, dominó el primer ejercicio con un número mayor de ingredientes mejor que Wesley o Potter.
-¿Lo hizo? –preguntó Minerva, sorprendida.
-Sí, logró terminar el ejercicio con un solo error importante al principio. Me sorprendió bastante, ya que otros cinco estudiantes no fueron capaces de lograrlo. Estudiantes que normalmente se consideran mejores que Longbottom –confirmó Severus-. Terminó apenas a tiempo, pero muchos otros estudiantes fallan en eso cada año.
-Deberías decírselo –urgió Minerva a Severus-. Dile que lo hizo sorprendentemente bien y que está mostrando señales definitivas de que está mejorando. Con sólo que lo ayudes un poco y le digas lo que está haciendo bien en lugar de lo que está haciendo mal, tendrá más confianza y trabajará mejor, ya lo verás.
-No me parece bien ser así de blando con él –Severus frunció el ceño-. Tenemos que prepararlo para las adversidades de la vida y también enseñarle cómo usar su magia. El mundo mágico está en camino de otra guerra tan grande o incluso más grande que la última, Minerva, y los niños a los que estamos educando ahora estarán justo en medio de ella cuando se gradúen. Longbottom es amigo de Harry Potter. Eso significa que estará en más peligro que el resto. ¿Cómo esperas que enfrente a los Death Eaters de Voldemort, si casi se desmaya si le pongo mala cara?
-Neville no tiene suficiente confianza en sí mismo como para enfrentar a nadie y yo lo sé –explicó Minerva-. Pero la forma constante en que lo humillas sólo hace empeorar las cosas. Eso funcionará con otros niños, porque sentirán que no merecen ser tratados así. Neville, sin embargo, cree que su falta de talento le hace merecer ese castigo. Nunca te enfrentará, porque cree que merece ser tratado mal y que no tiene derecho de defenderse. Tenemos que enseñarle que es alguien por quien vale la pena pelear antes de que esperemos de él que pelee por sí mismo.
Para su sorpresa, Snape asintió.
-Muy bien, Minerva. Alguien más, cuya opinión en esta materia valoro mucho, me dio un consejo similar, así que voy a tratar de hacerlo a tu manera por un tiempo, a ver qué pasa.
-Gracias, Severus –Minverva tuvo que reprimirse para no abrazarlo por una concesión tan poco frecuente. Sintiéndose triunfante, dio media vuelta y casi había llegado a la puerta cuando recordó por qué había llegado ahí-. Pero acerca del libro de Transfiguraciones del señor Malfoy... –empezó a decir cuando la puerta a sus espaldas se abrió de pronto.
-¡Tío Severus, está rompiendo el cascarón! –Draco Malfoy pasó corriendo a su lado sin mirarla, llevando en sus manos esa espantosa caja que había estado cargando todo el tiempo desde la ceremonia del Sombrero Seleccionador.
Minerva suspiró. Ahora definitivamente no tendría oportunidad de hablar sobre el libro del muchacho. Y por el resto del año, un pájaro bebé interrumpiría su clase. Simplemente no podía entender por qué Albus le había dado permiso al muchacho para tener un cuervo, entre todas las cosas posibles. Para Minerva había sido duro aceptar que había personas que preferían los búhos por encima de los gatos, pero al menos los búhos eran útiles. Los cuervos, por otro lado, daban más problemas de lo que valían. ¿Por qué el joven señor Malfoy no podía haber conseguido un búho, si le era absolutamente necesario ser dueño de un pájaro?
Ya que ni Draco ni Severus le prestaban más atención, salió de ahí enojada. Le hablaría a Severus del libro durante el desayuno. Entonces al menos Albus estaría presente para ayudarla a impedir que la distrajera otra vez. Claro que Albus era muy fácil de distraer. Bueno, al menos estaría ahí para apoyarla moralmente.
Draco, entre tanto, había puesto la caja en el escritorio de Severus, justo sobre el ensayo que Severus había estado a punto de calificar cuando el chico de segundo año lo interrumpió.
-Mira, hay una pequeña grieta en el cascarón y se puede oír algo tratando de salir del huevo.
-¡CAW! –llegó una ruidosa protesta del otro lado de la puerta que llevaba a la habitación de Severus.
Severus sonrió indulgente ante ese sonido y fue a destrancar la puerta para Munin. El cuervo podía ser un experto abriendo puertas, pero todavía no había encontrado la forma de contrarrestar hechizos para mantenerlas cerradas.
Munin inmediatamente voló hasta la mesa, aterrizó cerca de un frasco de tinta roja y se acercó a mirar al huevo. Justo igual que Draco, contempló fascinado la forma en que la grieta se agrandó para convertirse pronto en un pequeño agujero. Ahora el movimiento dentro del huevo era visible y Draco pensó que había visto un pequeño pico, luego una pata. ¿O podía haber sido la punta de un ala?
Era difícil creer que una criatura tan grande como Munin podía haber cabido en un huevo tan pequeño.
Munin graznó animando y una vocecita respondió desde el interior del huevo.
-Paciencia –advirtió Severus a su ave-. Él puede.
Draco adelantó una mano para ayudar a su cuervo a salir, pero Severus lo detuvo.
-No lo malcríes. Él puede hacerlo por sí mismo.
Y, ciertamente, unos pocos minutos después el huevo finalmente se rompió y la pequeña criatura rosada quedó libre.
-Ahora puedes quitar los trozos de cáscara –le dijo Severus a Draco suavemente-. Pero no los tires. Conozco una poción en la que pueden emplearse.
Draco estaba tan encantado de ver su cuervo que ni siquiera preguntó de qué poción se trataba y sólo echó las cáscaras en el frasco vacío que Severus le ofreció. Severus dejó el frasco en el escritorio y desapareció de la oficina. Un momento después estaba de vuelta con un frasco lleno de todo tipo de gusanos, larvas y otras cosas desagradables.
-Ten –dijo mientras lo colocaba junto al nido del pequeño cuervo-. Trata de alimentarlo con algo de esto. Debe estar hambriento luego de un esfuerzo tan grande.
Draco miró el frasco con un poco de asco, pero lo abrió y sacó un gusano sin quejarse.
-¡No! –Snape sujetó su mano-. No lo alimentes directamente de tu mano hasta que haya aprendido a usar bien su pico. Los polluelos de cuervo son muy voraces y sus picos son sorprendentemente fuertes. Te picará los dedos.
-¿Entonces, cómo esperas que lo alimente? –preguntó Draco, sorprendido. El cuervito definitivamente no era lo suficientemente mayor como para comer sin ayuda.
Severus señaló calmadamente unas largas tenazas que estaban junto al frasco.
-Con esto.
Draco las tomó y las inspeccionó cuidadosamente antes de usarlas para tomar el gusano.
-¿No son un poco grandes? –preguntó, dudoso y considerando por un momento para qué se usarían normalmente.
Severus sacudió la cabeza.
-No, son exactamente como deben ser. De esta forma no las tragará por accidente. Descubrirás que es muy capaz de arrancarlas de tu mano cuando sea un poco más grande. Será casi tan grande como Munin antes de aprender a alimentarse solo.
Draco obedientemente acercó el gusano al polluelo y, ciertamente, el alimento fue arrebatado de las pinzas en forma inmediata. Mientras tomaba otra cosa de feo aspecto del frasco, se preguntó cómo habría hecho el cuervito para reconocer la comida. Después de todo, ni siquiera podía ver, ni había comido antes.
Severus esperó hasta que el polluelo decidió que había comido bastante y cayó en un exhausto sueño antes de preguntarle a Draco:
-¿Ya pensaste en un nombre?
Draco asintió y miró al cuervo adulto con una sonrisa.
-Sí, voy a llamarlo Hugin.
Los ojos de Severus se estrecharon con sorpresa.
-Una excelente elección. ¿Sabes lo que significa el nombre?
-Hugin y Munin eran los cuervos míticos que acompañaban a Odín en sus viajes y le traían noticias del mundo y lo aconsejaban –Draco se encogió de hombros-. Pensé que deberíamos completar el par.
-Sus nombres significan Pensamiento y Memoria –dijo Severus seriamente-. Hugin aconsejaba a Odín que meditara sus decisiones y nunca aceptara ideas ajenas sin pensar y considerar primero, mientras que Munin servía para recordarle las lecciones aprendidas de errores pasados. Munin era quien tenía más conocimiento en todo el mundo, pero Hugin era el más sabio. Con su ayuda, Odín gobernaba sabiamente.
-Pero eso son sólo viejos cuentos de hadas –rió Draco.
-Sin embargo, el concepto detrás de ellos es muy real –contestó Severus calmadamente.
-¿Qué? ¿Lo de Odín y Thor y los enanos y los gigantes?
-No, el que la sabiduría nace a partir del pensamiento y la memoria –corrigió Severus-. No elegí el nombre de Munin sólo por su sonido, y si eliges llamar Hugin a tu cuervo, es mejor que sepas lo que significa. Deja que tu cuervo te haga recordar que debes tomar tus decisiones sabiamente.
Al principio Draco lo tomó a risa, pero en el camino a su sala común no podía dejar de pensar en los cuervos de Odín. ¿Qué historias se habían contado acerca de Hugin? Si el nombre del cuervo todavía era conocido en la actualidad, algo debía haberse escrito sobre él y si algo había sido escrito sobre él, había posibilidades de que lo encontrara en la Biblioteca.
Decidiéndose rápidamente, Draco pasó de largo frente a la entrada de la sala común y subió las escaleras que lo llevarían hasta la Biblioteca. No podía hacer daño echarle un vistazo a esas historias.
En su camino pasó cerca de la oficina del conserje, frente a la cual estaba una pequeña figura preparándose nerviosamente para lo que debía ser una detención. Al acercarse, Draco reconoció la pálida cara de David Smith.
-¿Detención tan pronto? –sonrió burlón Draco-. Ese debe ser un nuevo récord escolar. Y yo que siempre había pensado que sólo los Gryffindors eran lo bastante estúpidos como para hacer récords en el departamento de detenciones.
David se sonrojó y bajó la mirada. Ahora realmente había metido la pata, y eso que se había esforzado tanto por ser un muchacho correcto, justo como su papi esperaba de él. No sólo había ganado una detención en su primer día de clases, sino que también había ganado la desaprobación tanto de su Cabeza de Casa como de uno de sus compañeros mayores. ¿El muchacho rubio iría a decirle a los demás estudiantes mayores la forma en que cubría de vergüenza su Casa o se olvidaría de él por ser un estudiante de primer año carente de importancia que no significaba nada para la escuela en sí?
David sólo podía esperar por lo último y que ningún otro de los Slytherins mayores pasara por ahí y lo viera. Considerando que ese era el corredor principal que llevaba de la sala común de Slytherin a las escaleras, no había mucha oportunidad de pasar por eso sin ser reconocido a menos que se marchara lo más pronto posible. Y marcharse de ahí implicaba entrar a la oficina del conserje.
El color desapareció de la cara de David al comprender eso. Temblando de pies a cabeza, levantó la mano y llamó a la puerta de la oficina.
-¿Sí? –se oyó una voz cortante desde adentro y David dio vuelta a la manija y entró, sintiendo que le fallaban las rodillas.
-B... buenas tardes, señor –saludó al aterrador hombre que encontró adentro. ¿Ese era el conserje? ¡Oh, no!-. Estoy aquí para cumplir una detención de dos horas con usted, señor. ¿Qué desea que haga?
El conserje lo miró con disgusto.
-¿Dos horas, huh? ¿Qué hiciste, mocoso? ¿Incendiaste al director?
-No, señor. Resbalé y accidentalmente hice caer el caldero de un compañero durante la clase de Pociones –explicó David, luciendo miserable-. El profesor Snape creyó que lo hice a propósito y me dio una detención.
-¿Dos horas? –Argus Filch casi sonrió-. Parece que realmente la ha tomado contigo, mocoso. Creo que tú y yo vamos a pasar mucho tiempo juntos.
-Oh, no, señor. Normalmente me porto bien –le aseguró David.
-Eso no te ayudará –Filch sonrió con burla-. No si el profesor Snape te odia lo suficiente como para darte dos horas de detención sólo por tirar un caldero. ¿Eres Gryffindor, mocoso?
-No, señor. Soy Slytherin –contestó David.
--¿De su propia Casa? Oh, sí, vamos a pasar mucho tiempo juntos-. Bueno, ¡vamos, mocoso! Limpiaremos la torre de Astronomía. Yo sacudiré mientras tú trapeas.
-Sí, señor –contestó David tristemente.
Filch lo guió por corredores y escaleras hasta que se sintió completamente perdido.
-Uh, ¿señor? –se atrevió a preguntar finalmente, cuando empezaban a subir otro montón de escalones.
-¿Qué, mocoso? –preguntó Filch gruñonamente.
-Bueno, yo... nunca antes he trapeado el piso. ¿Podría... uh.... por favor, enseñarme cómo se hace correctamente antes de que empecemos?
Filch lo miró con enojo una vez más.
-Muy bien, pero sólo te lo enseñaré una vez. Para la próxima, espero que hayas aprendido a hacerlo.
-Sí, señor. Gracias –contestó David, aliviado. Tal vez eso no fuera a ser tan malo, después de todo.
***
Mientras David estaba presentándose con el conserje, Draco continuó su camino hacia la Biblioteca. No había muchos estudiantes en los salones a esa hora del día y llegó a su destino sin más retrasos. Mientras entraba a la sección de Historia, notó a Potter, Weasley y Granger examinando un montón de libros junto a los estantes de genealogía. ¿Estarían buscando el árbol familiar de los Weasley, como Severus había buscado el de los Malfoy durante el verano? Si los Weasley siempre habían tenido tantos hijos como su padre había insinuado con frecuencia, ese tenía que ser un trabajo muy grande.
Pero en ese caso, Weasley probablemente tenía suficiente parentela viva como para satisfacer su curiosidad. El huérfano Harry Potter probablemente estaba terriblemente interesado en su propia familia.
Sí, Draco decidió que lo más probable era que estuvieran investigando a la familia Potter. Eso tenía que ser.
Se apartó de los tres Gryffindors, que no lo habían notado para nada, y caminó por el pasillo donde sabía que encontraría los libros de mitología. Examinó rápidamente los estantes y pronto encontró un libro titulado "La sabiduría de Odín". Sip, precisamente lo que estaba buscando.
Considerando lo que tío Severus había dicho acerca de los cuervos, tenía que haber alguna información sobre ellos ahí.
***
-¿Encontraste algo, Hermione? –preguntó Ron, apartando su libro y repatingándose en la silla.
-No, todavía no. Sigue buscando –contestó Hermione, distraída.
-¡Pero hemos pasado todo el día buscando! –se quejó Ron.
-No exageres, Ron. Hemos estado aquí durante dos horas desde la hora de comer –lo corrigió Hermione y volvió a su libro.
-¿Qué hay de ti, Harry? –preguntó Ron a su otro amigo-. ¿Encontraste algo?
-Ron, nos has estado preguntado eso cada cinco minutos –suspiró Harry-. Tal vez encontraríamos algo si dejaras de distraernos.
-La investigación toma tiempo, Ron –le recordó Hermione mientras cerraba el libro que había estado examinando y tomaba otro-. Encontré algo. Aquí hay un árbol genealógico de los Malfoy.
-¿Y? ¿Están emparentados con los Snape? –preguntó Ron ansiosamente.
-Oh, dame tiempo para mirarlo, ¿quieres? –Hermione examinó el árbol genealógico página por página, pero no encontró el apellido Snape por ningún lado-. No, nada aquí.
-¿Entonces por qué Malfoy llama tío a Snape? –insistió Ron-. Eso no tiene sentido. Tiene que haber un Snape en el árbol familiar de los Malfoy.
-Tal vez no –dijo Hermione calmadamente-. Pueden estar relacionados a través de la familia de la madre de Snape o de la de Draco. Aquí dice que el apellido de soltera de Narcissa Malfoy era Glizzard. Todo lo que tenemos que hacer ahora es encontrar el árbol genealógico de los Snape o de los Glizzard. Si podemos probar que Snape está emparentado con los Glizzard, lo habremos logrado.
-Entonces investigaremos a la madre de Snape, la de Lucius, la de Narcissa, a toda mujer en las últimas diez generaciones de ancestros de los Malfoy y los Snape –contestó Hermione calmadamente-. Retroceder más que eso sería inútil. El parentesco sería demasiado distante como para mencionarlo siquiera. Si no podemos encontrar nada en las últimas diez generaciones, nunca encontraremos nada. Ron, será mejor que empieces a copiar las últimas diez generaciones de Malfoys en un pergamino. No necesitamos sus fechas, sólo los nombres y los nombres y apellidos de solteras de sus esposas.
Ron lanzó una mirada a todos esos nombres en el libro que Hermione empujó hacia él y gimió.
-¿Realmente quieres que busquemos los árboles genealógicos de todas esas personas?
-Por supuesto. Creí que querías descubrir cuál es la relación entre Snape y Malfoy. Esto sólo es la forma apropiada de averiguarlo –le recordó Hermione-. Harry, sigue investigando a los Snape y los Glizzard.
Investigaron otra hora más hasta que Harry finalmente lanzó un grito de alegría.
-¡Los Glizzard! ¡Los encontré!
Hermione inmediatamente se acercó para echar una mirada. Frunció el ceño.
-Este es demasiado viejo. Ni siquiera tiene a Narcissa ahí.
Harry suspiró, decepcionado.
-¿No nos sirve para nada?
-Bueno –dijo Hermione luego de pensarlo un momento-, sólo hay dos líneas al final y, a juzgar por las fechas, se trata de la generación de los padres de Narcissa, así que su madre fue Carolina Larson o Mónica Porter. Ron, ¿ya copiaste a los Malfoy?
-Todavía no –gimió Ron-. Son demasiados.
-Bueno, sigue con eso. Harry, toma otro pergamino y anota las últimas nueve generaciones de los Glizzard. Deja algo de espacio al final para que podamos agregar la última generación cuando la encontremos. Seguiré buscando a los
Snape, los Larson y los Porter y una versión más reciente del árbol de la familia Glizzard.
Pero aunque siguieron buscando hasta que la Biblioteca cerró y tuvieron que marcharse, no encontraron nada más.
-Bueno, por lo menos tenemos dos árboles genealógicos para comenzar, aunque no podemos relacionarlos todavía con los Snape –decidió Hermione-. Será mucho más fácil cuando tengamos también el de los Snape. Con un poco de suerte, encontraremos otros tres o cuatro mañana.
Ron gimió y Harry incluso consideró por un momento abandonar la investigación. Sí, quería saber si Malfoy era pariente de Snape, ¿pero valía la pena pasar todo su tiempo libre en la Biblioteca? En ese momento el clima todavía era suficientemente bueno como para divertirse volando en su escoba. Una vez que empezara a nevar los dedos congelados de pies y manos convertirían el vuelo en una experiencia muy desagradable.
Aunque volar siempre era divertido, aún en invierno. El aire frío era desagradable, pero olía a limpio y fresco y el paisaje blanco de invierno era una vista maravillosa para sobrevolar. Harry sonrió, recordando la sensación de rozar nieve de un tejado en pleno vuelo.
Para ese momento, Draco había dejado la Biblioteca con "La sabiduría de Odín" bajo el brazo y el nido del pequeño Hugin resguardado en sus manos. Tenía la intención de ir directamente a la sala común de Slytherin y hacer algunos ejercicios de Matemáticas y tal vez después leer su libro de Estudios Muggles.
Había tenido la suerte de encontrar a la profesora de Estudios Muggles durante la hora del almuerzo y ella le había recomendado que se sumara a su clase de tercer año durante el primer semestre y que después le solicitara al profesor Binns que le permitiera cambiarse al grupo de Gryffindor-Ravenclaw de los martes en Historia de la Magia en lugar del de Slytherin-Hufflepuff de los lunes durante el resto del año para que pudiera asistir a la clase de cuarto año de Estudios Muggles. Sólo tenía Estudios Muggles dos veces por semana y la segunda lección era a la misma hora en que los de quinto año tenían Adivinación y Artimancia, así que no habría problema con eso.
Casi había llegado a las escaleras que lo llevarían a los calabozos cuando Hugin despertó de repente y le graznó. Recordando lo que tío Severus le había dicho sobre las actividades de los bebés cuervos, Draco pensó que eso significaba "¡Tengo hambre!".
El frasco con la comida para cuervo estaba en su mochila, pero necesitaba un lugar donde colocar el nido para poder sacarlo y alimentar a Hugin. ¿Sería mejor esperar hasta que llegara a su sala común?
No, eso sería demasiado tiempo. No quería que su cuervo sufriera ninguna incomodidad innecesaria. Así que dio media vuelta y entró al gran salón, donde puso el nido en una esquina de la mesa de Slytherin y se quitó la mochila de la espalda.
A diferencia de las mesas de las otras Casas, la de Slytherin no era muy usada aparte de las horas de las comidas. Muy pocos Slytherins tenían amigos de otras Casas y el socializar con sus compañeros de Casa normalmente los concentraba en su sala común. Los Slytherin acudían al gran salón en su tiempo libre sólo para encontrarse con sus amigos Ravenclaw. Por lo tanto, Draco se sorprendió bastante cuando escuchó que alguien lo saludaba.
Puso rápidamente el frasco de comida para cuervos junto al nido y volteó.
-Oh, ¡hola, Jana! Lo siento, no te había visto.
-Está bien, probablemente no me pudiste ver porque estaba sentada junto a alguien de sexto año realmente grande que te bloqueaba la vista –sonrió Jana-. ¿Qué haces?
-Me preparo para alimentar a mi polluelo de cuervo –Draco sonrió también-. ¿Quieres ver?
-¿Es un cuervo niña o un cuervo niño? –quiso saber Jana un momento después de que Hugin tragó el bicho menos desagradable que Draco pudo encontrar en el interior del frasco. Después de todo, su audiencia estaba compuesta de niñas Hufflepuff de once años. No quería que vieran algo demasiado asqueroso.
-Niño –contestó Draco, todavía sonriendo. ¿Qué había de especial con los niños pequeños que le hacía sentir tanto agrado?
-¿Cómo se llama? –quiso saber Jana a continuación.
-Hugin.
-Es lindo –decidió ella-. Hola, Hugin.
Sin embargo, Hugin no estaba interesado en la niña. Una vez que estuvo lleno, volvió a dormirse.
-Salió hoy del cascarón –explicó Draco-. Creo que no hará mucho aparte de comer y dormir hasta que empiece a volar.
-Aún así, me gusta –susurró Jana, probablemente temía despertarlo si hablaba muy fuerte-. Es lindo.
-Y, dime, ¿te gusta Hogwarts? –preguntó Draco a su joven amiga-. Veo que ya hiciste algunos amigos.
-Oh, sí, me encanta estar en Hufflepuff. Todos son muy amables –se alegró Jana-. Pero me habría gustado estar contigo en Slytherin. O tal vez en Ravenclaw, con Minty.
-No sé, Jana. Si el Sombrero te puso en Huffleputt, debe haber pensado que era la Casa correcta para ti y por lo general sabe lo que hace. Si el que la gente sea amable es lo más importante para ti, Hufflepuff definitivamente es la mejor elección. Los Hufflepuffs generalmente son amables –Draco sonrió otra vez-. Los Slytherins podemos ser realmente desagradables y probablemente odiarías estar ahí.
-¿Desagradables? Tú no eres nada desagradable –insistió Jana.
-Nunca me has visto cerca de los idiotas Gryffindors –le informó Draco calmadamente-. Sólo soy amable con mis amigos.
-¿Entonces, yo soy tu amiga? –preguntó Jana con los ojos muy abiertos.
-Bueno, soy amable contigo.
-¡Eres fantástico, Draco! –exclamó Jana y lo abrazó con fuerza.
Draco se alegró de que ni Potter ni ninguno de sus compañeros de Slytherin estuviera ahí para verlo abrazar a la pequeña Hufflepuff. Las miradas sorprendidas de todos los presentes eran una incomodidad más que suficiente.
Sólo para probar que todavía era el mismo desagradable Draco de siempre, hizo tropezar a un Gryffindor de tercer año en su camino hacia la salida y le preguntó a la amiga de éste si el trapeador en su cabeza realmente pretendía ser pelo.
Las miradas de enojo que lo siguieron fuera del gran salón después de eso lo hicieron sentirse mucho más normal.
***
Blaise Zabini se había vestido con un equipo completo de vuelo para el momento en que Draco entró a la sala común.
-¿Dónde estabas? Tenemos práctica de Quidditch en dos minutos.
¡Ouch! ¿No les había dicho todavía tío Severus?
-En la Biblioteca, pero no veo qué tiene que ver eso con tus asuntos –informó Draco a Blaise mientras pasaba por su lado. "No voy a dejar que note cómo duele".
-Si llegas tarde a la práctica de Quidditch, es asunto mío –le gritó Blaise-. Estoy en el equipo yo también y quiero que ganemos este año.
Draco se detuvo y dio media vuelta para enfrentar a Blaise. Ahora, si tan solo pudiera hacerles creer que no le importaba un comino...
-Bueno, es agradable escuchar eso, pero no tiene relación conmigo, Blaise. Ya no estoy en el equipo.
-¡¿Qué?! ¿Por qué? ¡No puedes hacer eso, Draco! –chilló Millicent desde la mesa esquinera detrás de Blaise.
¿De dónde salía ella así de repente? Oh, cierto, debía haber estado ahí todo el tiempo, haciendo la tarea o algo así. Pero, ¿desde cuándo le importaba el equipo de Quidditch a una chica?
-¿Por qué no? –preguntó Draco fríamente.
-Eres el seeker. ¿Cómo vamos a jugar sin ti?
De acuerdo, tal vez Millicent era nada más un poco ingenua con respecto a esas cosas. Hasta donde Draco sabía, la participación de ella en los deportes se limitaba a asistir a todos los juegos y mirar con adoración a los beaters. Sí, a los dos. ¿Tal vez se sentía atraída por ellos?
-Nombrando un nuevo seeker para el equipo, por supuesto –Draco se encogió de hombros-. Hay jugadores nuevos cada año.
-¡Pero no puedes desertar del equipo sin una buena razón! –rugió Blaise.
Oh, ¿y el no tener escoba no era una razón lo bastante buena? Pero no podía decirle eso a Blaise. Al menos tío Severus le había dado una excusa plausible.
-Tengo una buena razón, Blaise. Así que creo que sí puedo –Draco sonrió con burla. Si se concentraba en pensar que era una forma de molestar a Blaise, incluso empezaría a disfrutar el tener que abandonar el equipo de Quidditch. Al menos podía fingir eso.
-Oh, ¿y cuál puede ser esa razón? –preguntó Blaise, como si pensara que Draco sólo estaba alardeando.
-El estudio, Blaise –contestó Draco con calma exagerada-. Tendremos los OWLs este año y yo tengo una materia nueva, lo cual significa que estoy terriblemente retrasado. Simplemente no tengo tiempo para entrenar dos horas diarias.
-¿Pero el Quidditch no importa más que el estúpido trabajo escolar? –preguntó Millicent.
-El Quidditch es divertido, pero mis resultados en los OWLs son más importantes para mi futuro. El Quidditch puede hacer famosas a algunas personas, sí, pero jamás poderosas –les sonrió Draco-. Quizá juegue otra vez el año próximo. Oh, y, Blaise…
-¿Qué? –gruñó Blaise.
-¿No se te hace tarde para la práctica? –preguntó Draco dulcemente-. Creí que querías ganar este año.
Blaise maldijo y salió a toda prisa, dejando a Draco libre para caminar con calma hacia las escaleras y su dormitorio.
O eso pensó Draco.
-¿Por qué llamaste a Snape "tío Severus", Draco? –preguntó Millicent en el momento en que Blaise se hubo ido.
-Porque así es como le digo –siseó Draco. ¿Por qué no podía dejarlo en paz? Deseó que hubiera un lugar donde pudiera esconderse de todos. Preferiblemente uno de donde no tuviera que salir.
-¿Pero por qué lo llamas así? –repitió Millicent, desagradablemente terca.
-No es asunto tuyo. Dedícate a hacer tu tarea y déjame darle de comer a mi cuervo, ¿está bien? –listo, finalmente había encontrado una buena excusa para marcharse.
-¿Ya nació? –chilló Millicent.
-Sí, rompió el cascarón esta mañana y ahora está hambriento. Así que voy a mi habitación para alimentarlo –le siseó Draco y se fue a su dormitorio tan rápido como pudo sin dejar de lucir digno. Después de todo, no podía dejar que nadie creyera que estaba huyendo de Millicent.
La habitación estaba vacía. Blaise estaría ocupado explicándole su tardanza al capitán y luego entrenando por un buen rato, pero Draco no tenía idea de dónde estaba el resto de sus compañeros de dormitorio. ¿Qué tipo de actividades realizaban Gregory y Vincent cuando él no estaba por ahí? Y, más importante, ¿cuánto tiempo estarían fuera?
Bueno, definitivamente los oiría cuando regresaran. Draco se dejó caer en su cama tan pronto como puso en un sitio seguro el nido de Hugin. Abrazó con fuerza a Cuddly contra su pecho, se quitó los zapatos y cerró las cortinas de su cama, entonces se acurrucó.
Listo, ya lo había hecho. Había renunciado al Quidditch. Había terminado.
Sollozó un poco.
No era nada. No había sido difícil.
No, no iba a ponerse a llorar.
Una sola lágrima se deslizó por su mejilla y, ya que no quería soltar a Cuddly ni siquiera el tiempo suficiente para limpiársela, bajó por su cuello hasta que fue absorbida por la tela de su túnica.
No había razón para llorar. Tenía un pequeño cuervo nuevecito, después de todo. ¿No era eso maravilloso?
Otra lágrima siguió a la primera, terminando esta vez en su boca. Por alguna razón le fue agradable ese sabor salado.
Debería haberse cambiado de ropa si quería acostarse ya. Su túnica del uniforme iba a arrugarse si se quedaba así.
Otra lágrima, esta vez desde el otro ojo, cayó directamente sobre la colcha y dejó una pequeña mancha mojada que podía sentir si movía la mejilla.
Debería usar ese tiempo para hacer ejercicios de Matemáticas. Una vez que el año escolar hubiera empezado del todo, no le sobraría mucho tiempo para eso.
¿Podría volar de nuevo alguna vez?
Continuará...
Notas:
¿Draco tendrá oportunidad de volver a volar alguna vez? ¿Dónde fueron Gregory y Vincent? ¿Y David logrará evitar más detenciones en su futuro? ¡Por favor, comenten!
En el próximo capítulo:
Estella continúa investigando el caso del misterioso Pettigrew, Draco tiene un enfrentamiento con Ron y Harry tiene una detención con el profesor Snape.
