Los personajes de Bleach son de Tite Kubo.
Historia inspirada en la película mexicana "Negro es mi color" (1951)
GRACIAS POR COMENTAR: Dan Yagami: gracias por comentar, me alegra que te haya gustado el capítulo, Kawai-Maria: sí, sufrió mucho y pues él no le hizo nada a Rukia, tenía que perdonarlo, gracias por leer,Guest: pues gracias por leer la historia, Akisa: jajaja, que cosas dices, pero me alegro que te guste la historia, Anahis: Gracias por comentar, me sorprendió mucho ver la cantidad de reviews en el fandom de Twilight, hay historias con más de mil comentarios. Amelie-ru14ku13: jeje, pues creo que empezaré a preparar mi funeral, porque ya tengo pensadas dos historias pero incluyen el Byayoru :), pero intentaré hacer una con Urahara y Yoruichi, HOTARU SATURN BLACK: Muchas gracias por comentar, me alegra mucho que a ti y a Lena les guste la historia, Stephanie Za: gracias por comentar, en este capítulo se resuelven varias de tus dudas, esmeraldaxx200: gracias por leer, espero te guste este capítulo, DaniI. Gracias, me alegra que te guste la historia, kiaru87: Que bueno que te fue bien con la tesis, me alegra saber que te gustara el capítulo y pues también he pasado por esa experiencia de no saber si tu familiar saldrá bien o no de una operación y me basé un poco en ello para escribir el capítulo.
EL AMOR NO TIENE COLOR.
CAPÍTULO TREINTA Y CINCO.- EL DOLOR DE BYAKUYA.
Era una nublada mañana de abril cuando Byakuya conoció a Yoruichi, acaba de salir del hospital después de pasar toda la noche cuidando a Hisana, pues llevaba un par de días internada sin que los médicos dieran con lo que tenía.
Pero antes de irse a la casa decidió ir al centro para comprarle un regalo a su pequeña hermana para dárselo por la noche que fuera a cuidarla de nuevo. Al ser solamente ellos dos, Byakuya y ella habían entablado un lazo afectivo muy fuerte. Byakuya la adoraba y no había nada que no hiciera por ella, con sólo una sonrisa, una mirada o una lágrima suya Hisana lo convencía de casi cualquier cosa. Hisana también amaba a su hermano, y lo que más le gustaba era ver feliz y unida a su pequeña familia, que sólo consistía en ellos dos y su padre, pues su madre murió cuando ella nació.
Byakuya contemplaba algunos aparadores cuando unos chicos pasaron corriendo junto a él golpeando su brazo, eso le molestó y volteó para decirles algo cuando observó que esos chicos hicieron caer a una muchacha.
Y él como buen Kuchiki no podía sólo quedarse viendo, así que fue a ayudarla.
—¡Oigan tengan más cuidado! —gritó enfadada desde el suelo la chica morena, que no había reparado en su presencia.
—¿Estás bien? —le preguntó él, situado a un costado suyo y extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse, ella tomó su mano provocando una sensación desconocida para él. Pero fue cuando ella alzó su rostro que quedó cautivado, era dueña de unos hermosos ojos dorados que lo miraban con intensidad, rápidamente miró su rostro que para él era perfecto.—¿Estás bien? —volvió a preguntar Byakuya al ver que no le contestaba, ayudándola a levantarse.
—Sí. —contestó ella nerviosa, pero él vio su gesto de dolor.
—Te llevaré a tu casa. —le dijo el chico sin soltar su mano, no sabía porque pero no deseaba que se fuera. —estás lastimada. —agregó como pretexto.
—No es necesario. —dijo ella nerviosa soltando su mano, eso le disgustó. —Yo puedo sola. —ella intentó apoyar el pie en el piso pero no pudo, le era muy doloroso.
—De verdad insisto en acompañarte a tu casa. —le dijo el chico, seguía sin entender porque le insistía tanto. —Me quedaría más tranquilo. —en su tono de voz denotó que no permitiría objeciones.
—Está bien, gracias. —dijo sonriendo la chica. — Soy Yoruichi Shihoin, mucho gusto. —dijo con una sonrisa, el chico correspondió el saludo. De nuevo una fuerte corriente eléctrica le recorrió el cuerpo.
—Yo Soy Byakuya Kuchiki. —le dijo él.
Y fue con un encuentro casual que comenzó su historia de amor.
Los días siguientes Byakuya aprovechaba el poco tiempo libre que le quedaba entre la facultad, el hospital y las empresas para ir a ver a Yoruichi, pues debido al carácter extrovertido de ella de inmediato se hicieron grandes amigos. Fue en esos días que los médicos le revelaron que su hermana padecía leucemia. Esa noticia lo dejó devastado, no entendía como alguien tan joven y buena podía estar en peligro de morir, no se imaginaba su vida sin su hermana.
Al principio sólo se refugió en Unohana, su amiga de la infancia, para tratar de soportar su dolor y con el tiempo se los contó a Yoruichi y Urahara.
Casi al mes de conocer a Yoruichi se la presentó a su amigo Kisuke, y los tres salían a pasear juntos, a veces también salían con Unohana, Kyoraku y Ukitake. Byakuya ignoraba que su amigo rubio lentamente también desarrollaba sentimientos amorosos hacia la mujer morena.
Después de un tiempo Byakuya se dio cuenta de que estaba enamorado de Yoruichi y ella de él también, así que comenzaron una relación. Hisana recuperó un poco su salud con los medicamentos que le administraban, lo que ayudó a que Byakuya disfrutara más su relación con la morena.
Sin embargo un día el padre de Byakuya, Sojun, se enteró de su relación con Yoruichi, y esta no fue aceptada por su padre por no ser ella de una elevada clase social, sin embargo Byakuya se opuso a los deseos de su padre y siguió con ella. Así empezaron las constantes discusiones entre padre e hijo, Byakuya era amenazado con ser desheredado, con quedarse sin apoyo para seguir estudiando y con ser mandado al extranjero; sin embargo él siempre se defendía, ya era mayor de edad así que su padre no lo podía obligar a irse a estudiar a otro lado, tampoco le importaba ser desheredado o quedarse sin ayuda económica, estando con Yoruichi no le importaba el dinero, y él podría trabajar medio tiempo y pagarse sus estudios.
Por supuesto que la mala relación con su padre le entristecía pero sobre todo le decepcionaba que él fuera prejuicioso, intolerante y discriminante, lo contrario a la imagen que de niño se había formado de su padre.
Byakuya no le contó a Yoruichi de sus problemas con su padre ya que no quería que ella se sintiera culpable por sus discusiones familiares y que decidiera alejarse de él, pues conociendo su buen corazón eso era lo más probable; también hacia todo lo posible para que Hisana tampoco se enterara de su situación pues le preocupaba que su salud pudiera verse afectada, sin embargo la relación con su padre llegó a tal grado de disgusto que dejaron de hablarse y Byakuya dejó de dormir en su casa, sólo iba lo suficiente para estar un tiempo con Hisana y checar que tomara sus medicinas, pues a veces ella no las tomaba si no se las daba él.
Hisana empezó a sospechar que algo no iba bien, pero él se escudaba en que tenía muchos deberes de la escuela. En ese tiempo se estuvo quedando en un hotel o algunas noches en casa de Yoruichi.
La salud de su hermana de nuevo se vio mermada, lo que hizo que Byakuya pasara menos tiempo con Yoruichi, aunque eso no significaba que no la amara, él la necesitaba a su lado en ese momento, pero no quería exponer a Yoruichi a un desplante de su padre por llevarla a su casa o al hospital, donde Hisana pasaba la mayor parte del tiempo. El ver a su hermana padeciendo los fuertes dolores en articulaciones y huesos y ver que había días que no tenía ni fuerza para hablar lo afectaban mucho, él hubiera querido poder intercambiar el lugar con ella. Y sólo estando junto a Yoruichi es que podía vivir un pequeño momento de felicidad y de paz, ella era la razón por la que no se permitía caer en la depresión.
Pero Sojun seguía sin aprobar su relación con Yoruichi, así que le llenó la cabeza de mentiras a Hisana, haciéndole creer que Yoruichi buscaba alejar a Byakuya de ellos para quedarse con su fortuna y que no quería a Byakuya pues lo engañaba con su amigo. Hisana siendo joven y amando a su padre, le creyó ciegamente. Ella no quería ver enojados a su padre y hermano, ya que si ella moría ellos quedarían destrozados y necesitarían el apoyo mutuo para sobrellevar esa pena. Además también notaba el sufrimiento de su padre, pues aunque él se mostraba serio y orgulloso en realidad amaba mucho a su hijo y el distanciamiento entre ellos le dolía.
Una tarde Byakuya fue a visitarla al hospital, y a pesar de verla todos los días, no podía evitar que cada vez que entraba a ese cuarto y la veía tan demacrada y débil, su corazón se llenara de dolor y frustración por no poder hacer nada por ella.
Ese día se enfrentó a una muy difícil decisión, no contaba con lo que le pediría su hermana.
―Sí. ―dijo ella tratando de sonreír cuando él le comentó que se pondría bien. No lo quería preocupar ni poner más triste, pero sabía que no tenía un mañana, y lo que más le dolía era que sin ella, su padre y él se quedarían solos y distanciados y todo por culpa de aquella mujer interesada. ―Necesito pedirte algo. ―le dijo seria. ―pero quiero que me prometas que lo harás porque es mi… última voluntad.
Él dudó en contestar, pero no le podía negar nada, y menos en ese estado, porque por mucho que se negaba a aceptarlo, algo dentro de él le decía que a ella no le quedaba mucho tiempo de vida, así que se dedicaría a hacerla feliz por el tiempo que le quedara junto a él.
―Te prometo que haré lo que me pidas. ―le dijo él viéndola a los ojos. Ella sonrió un poco al sentirse confiada de que al menos ahora ellos tendrían a alguien en quien apoyarse cuando ella faltara.
―Entonces prométeme que… que terminaras con esa mujer con la que andas y por la que te peleaste con papá. —dijo Hisana. Eso causó un shock en Byakuya. —prométeme que de nuevo volverás a la casa y te llevaras bien con nuestro papá.
—No puedo hacer eso. —respondió Byakuya, Yoruichi era la mujer a la que amaba y con la que pensaba casarse, de hecho ya había comprado el anillo con el que le pediría matrimonio.
—Pero ella no es buena, por su culpa papá y tú están enojados. —replicó Hisana con la voz débil. —ella no te quiere, sólo busca tu dinero.
—Eso no es cierto. —respondió Byakuya. —perdóname Hisana, pero eso es lo único que no puedo hacer por ti. —dijo con pesar. —yo amo a Yoruichi y no la pienso dejar.
—Eres un mentiroso Byakuya. —exclamó ella. —me prometiste qué harías lo que te pidiera, me prometiste que siempre buscarías mi felicidad.
Hisana comenzó a llorar, no quería que sus dos grandes amores siguieran disgustados.
—No quiero morirme sabiendo que tú y papá no se llevan bien, no podré descansar en paz. —dijo entre sollozos. Esto último retumbó en la cabeza de Byakuya. Su madre antes de morir, le había hecho prometer que cuidara e hiciera feliz a su hermanita, y ahora que ella iba a morir no podía hacer algo para que sus últimos días fueran felices.
—¿Ese es el gran amor que pregonas tener por tu hermana? —la voz de su padre se escuchó a sus espaldas. —¿no puedes cumplir su última voluntad?¿ no puedes darle la paz que necesita para morir tranquila?
Él no pudo responderle a su padre ya que en ese momento Hisana comenzó a ponerse muy mal, los médicos los obligaron a salir de la habitación para poder estabilizarla.
Mientras esperaba lo pensó mucho y tomó una dolorosa decisión, sacrificaría su felicidad por la felicidad y tranquilidad de su hermana.
—Te lo prometo Hisana, dejaré a Yoruichi y volveremos a hacer una familia. —le prometió a su hermana, aunque dudaba mucho que pudieran volver a ser una familia, pues esto jamás se lo podría perdonar a su padre. Ella le sonrió con dulzura antes de caer dormida.
Byakuya salió del hospital con una profunda pena, esa noche fue a refugiarse por última vez a los brazos de Yoruichi, tenía que dejarla pero necesitaba amarla una vez más, quería grabar en su mente y en su piel, sus besos y caricias, necesitaba quedarse con ese último recuerdo de ella. Esa noche sintiéndola entre sus brazos deseó que la mañana no llegara, esa noche mientras la contemplaba dormir se sentía tan miserable, lo agobiaba el tormento de saber que al día siguiente la dañaría, que rompería la promesa de amor que habían hecho, que le destrozaría el corazón.
Pero además de ser un maldito bastardo egoísta, también resultó ser un cobarde, porque fue hasta dos días después que se atrevió a citarla para hablar con ella. Decidió que lo mejor era hacer que lo odiara, para que ella pudiera rehacer su vida y no atarla a una larga espera. Esa decisión le costó trabajo, porque él era egoísta y siempre la quiso sólo para él.
Esa tarde pese a lo que sentía por dentro, trató de mostrarse frio y sereno, pero al llegar al lugar y ver a Yoruichi esperándolo con una sonrisa, el enojo se apoderó de él, enojo y odio hacia su padre, que lo seguía para asegurarse de que la dejara, y enojo hacia sí mismo por lastimar a esa mujer que no se lo merecía.
—Ya no podemos seguir juntos. — le dijo Byakuya de forma directa cuando ella le preguntó que le pasaba, quería evitar que los verdaderos sentimientos salieran a la luz.
—Pero si nos amamos. —dijo Yoruichi con voz cortada varios segundos después. Sí, por eso le costaba tanto trabajo dejarla, por eso sentía que perdía una parte muy importante de su vida.
—Yo no te amo. —dijo fríamente el chico. —¿Cómo podría amar a alguien como tú? —dijo fingiendo desprecio. —Sólo me divertí contigo un rato. —le dolió mucho decir algo que no sentía. Ni siquiera protestó cuando ella lo abofeteó, eso y más se merecía.
Cuando la vio llorando tuvo que hacer uso de mucho autocontrol para no abrazarla y pedirle perdón, se mordió la lengua para no decirle que todo era mentira, que la seguía amando, pues también la imagen de Hisana le llegó a la memoria, tampoco se perdonaría que Hisana viviera sus últimos años, meses o días con angustia y tristeza.
De nuevo odio a su padre por ponerlo en este predicamento, por haberlo hecho elegir entre el amor de Yoruichi y el de Hisana.
Byakuya era un hombre fuerte y pocas veces lloraba, pero esta vez se permitió ser débil y mientras se alejaba de ella dándole la espalda, derramó lágrimas de dolor.
El tiempo transcurrió y día a día su felicidad y sus ánimos desaparecían, sólo en presencia de Hisana se mostraba feliz y tranquilo, pero era sólo apariencia, al igual que la buena relación con su padre, pues a solas no cruzaba palabra con él.
A veces Urahara le preguntaba que le pasaba, otras lo encaraba por haber dejado a Yoruichi, pero él no quería compartir su dolor con nadie más, ese sería su castigo, soportar la culpa, la soledad y la miseria él solo.
Cuando murió Hisana, nuevamente se apoyó en Unohana, Kisuke también lo quiso apoyar, pero él sentía que algo no andaba bien, últimamente su amigo se comportaba extraño, a veces no lo miraba a la cara y se ponía nervioso, como si le ocultara algo, pero en esos momentos estaba agobiado por la muerte de Hisana, así que no pensaba en nada más.
Tiempo después se enteró de lo que pasaba, Kisuke se había enamorado de Yoruichi, se sintió traicionado y decepcionado de su amigo, de su casi hermano. Esa noche su amistad quedó en el olvido, esa noche también tuvo mucho miedo, miedo de que Yoruichi ya se hubiera olvidado de él.
Y aunque al morir Hisana, cualquiera diría que tenía el camino libre para ir con Yoruichi, él ya no tenía cara para hacerlo, menos después de lo que le dijo Urahara. Si él no podía hacerla feliz, al menos dejaría que Kisuke lo hiciera.
Cuando su padre, en su lecho de muerte le confesó que Yoruichi estaba embarazada cuando la dejó y que él le había dado dinero para que abortara, se llenó de indignación y coraje hacia ese hombre que tenía enfrente y que desconocía, sólo el verlo en ese estado le impidió gritarle que lo despreciaba y que lo odiaba por llenar a su hermana de ideas erróneas, por obligarla a actuar de esa manera, por alejarlo de Yoruichi y ahora por haberle quitado la oportunidad de ser padre.
Ahora Yoruichi lo odiaría más pensando que él quería deshacerse de ese hijo. ¿Pero cómo él iba a querer algo así?, él jamás mataría al fruto del amor de Yoruichi y él, eso era lo que más deseaba, formar una familia con ella. Su padre lo sabía y por eso le ocultó esa verdad, ya que si Byakuya se hubiera enterado que iba a ser padre, aunque le doliera la tristeza de su hermana jamás hubiera hecho esa promesa.
En ese momento además de la culpa, el dolor y el arrepentimiento, a él llegó una pequeña luz de esperanza. Un pequeño destello de felicidad que podía sacarlo de la oscuridad en la que se encontraba.
Mientras esperaba respuestas del investigador, su vida se convirtió en una lenta y cruel agonía por no saber si su hijo vivía o no, a veces por las noches tenia pesadillas, veía a Yoruichi acostada en una plancha sangrando, y cuando él bajaba la mirada a sus manos, veía en ellas un pequeño cuerpecito ensangrentado. Se despertaba sudando y con una gran opresión en el pecho, y aunque él no había sido quien le había dicho que abortara, él se sentía igual de culpable.
Finalmente una noche pudo ir a buscarlas, encontrarse con el que alguna vez fue su mejor amigo fue un duro golpe para él, seguramente ya tenían una vida juntos, y eso le entristeció, pero al menos lucharía por su hija.
—¿Y ella…ella te ama? —preguntó Byakuya con miedo.
—Eso no te incube, hace mucho que saliste de su vida. —Su evasiva al responder sólo lo inquietaba más, le daba falsas esperanzas.
—Pero ahora he regresado, por ella y por mi hija. —sentenció Byakuya, esta vez no se apartaría de ella, conseguiría tener a su familia de nuevo.
—Ya es muy tarde, no te necesitan, me tienen a mí. —dijo Urahara. Byakuya vio en sus ojos dolor y determinación. Sabía que amaba a Yoruichi y en este tiempo seguramente se había convertido en un apoyo para ella y para su hija. Sintió una punzada de dolor al comprender que él había actuado como padre para su hija y al preguntarse si ella lo llamaría papá.
—Al menos necesito decirle la verdad, que sepa que la sigo amando, que nunca dejé de amarla. —señaló Byakuya, suponiendo que entre él y Yoruichi ya había algo más. Urahara analizó su rostro, lo conocía tan bien que sabía que no mentía. —Por lo menos necesito saber que me perdona y aunque ya no pueda estar con ella quiero estar con mi hija.
Cuando le contó la verdad a Kisuke él estuvo dispuesto a mostrarle a su hija. Byakuya estaba ansioso por fin vería la carita de su niña, ya la había imaginado muchas veces, a veces con el cabello negro, otras con el cabello morado, a veces de piel morena, a veces de ojos dorados como su madre. Pero sus ilusiones de conocerla se esfumaron cuando Yoruichi llegó y tomó a la niña en brazos.
—Tú no tienes hija, ella murió la noche que tu padre me entregó el dinero para abortarla. —le dijo ella aferrándose más al pequeño cuerpecito de la niña dormida.
—Déjame explicarte como…
—No quiero saber nada de ti. —interrumpió Yoruichi. —¿No entiendes que te odio?
Byakuya se quedó estático, esas palabras resonaron en su cabeza causándole una gran pena. Esa había sido su intención al principio, que lo odiara para que rehiciera su vida, pero ahora que lo escuchaba de ella no lo podía soportar, sus palabras le hacían una herida muy profunda, sin embargo él no podía reclamar nada, él también la había herido, él había sido el causante de todo.
Esa noche fue la última vez que la vio, de nuevo quedó sumido en la tristeza y en la desesperación por no haber podido ver a su hija. Y si siguió sobreviviendo todos estos años era por el deseo de tener a su hija frente a él y decirle que desde que supo de su nacimiento la amó. Sólo tiempo después cuando retomó su amistad con Kisuke y él le regaló una foto de Rukia, pudo conocerla. Y el destino jugaba cruelmente con él, pues a la pequeña que abandonó, no intencionalmente, se parecía mucho a la persona por la que se separó de ella y su madre.
IOIOIOIO
Byakuya terminó de hablar con los ojos cerrados, todos esos recuerdos le removían la herida que permanecía abierta y sangrando. Urahara, imitando su acción anterior, le colocó una mano en su hombro. Varias veces le reprochó que cargara solo con sus problemas, él hubiera querido estar junto a él para animarlo, y si hubiera sabido la razón por la que se alejó de Yoruichi, hasta lo hubiera ayudado haciendo a un lado su amor por ella.
Ichigo permaneció en silencio viendo a Byakuya y Urahara, el escuchar sus historias hizo que los admirara más, lo dos habían sufrido mucho y sin embargo permanecían de pie, mostrándose fuertes y apoyando a los que lo necesitaran, porque no pasó desapercibido lo que hicieron por varios de sus compañeros, incluyéndolo a él, gracias a ellos había progresado. Se identificó con Byakuya pues también amaba mucho a sus hermanas y haría todo por ellas, aunque estaba seguro de que jamás le pedirían que se alejara de Rukia.
Yoruichi ya había escuchado parte de su historia, al principio se había enojado con él, por eso lo había mirado con lástima, porque lo consideraba un cobarde que no luchó por ella; pero ahora ya no sabía ni que pensar ni que sentir.
Rukia lo miraba fijamente no sabiendo que hacer. Por un lado estaba muy conmovida por que él había sufrido por no estar con ella, por no conocerla, una parte de ella se alegó al escuchar que él no la había despreciado, que siempre la amó, pero por otro lado no comprendía por qué había aceptado esa promesa, por qué había preferido a su hermana que a su mamá, que a ella.
Byakuya dio unos pasos para acercarse a Rukia, ella al verlo se levantó de golpe, seguía sin saber si correr a abrazarlo o reclamarle por haber sido un cobarde y haber aceptado la decisión de su padre.
Así que optó por lo que le pareció lo mejor en ese momento, salir corriendo de la oficina.
—Rukia. —la voz de Byakuya llamándola hizo que ella se detuviera, se limpió las lágrimas de sus ojos violetas antes de darse la vuelta.
Byakuya caminaba en el pasillo hacia ella, iba con el corazón acelerado, expectante de la reacción de su hija. Rukia lo esperó quieta y en silencio hasta que él se detuvo frente a ella.
—Rukia sé que es difícil para ti. —habló Byakuya viéndola a los ojos. —No te pido que me perdones, pero al menos dame una oportunidad para estar junto a ti y demostrarte que te quiero y lograr que con el tiempo puedas perdonarme.
Se quedaron mirándose en silencio, no supieron cuánto exactamente, ninguno se atrevía a moverse, no querían dar un paso en falso, sobre todo Byakuya.
Rukia lo pensó, en ese momento su mente se aclaró, Byakuya no la había abandonado, él la quería, la había buscado, habían sido las mentiras y miedos de otros los que los habían separado.
Entonces Rukia sin pensarlo mucho rodeó el cuerpo de Byakuya con sus brazos, no sabía por qué lo hacía, no sabía si lo había perdonado, si ya había olvidado el dolor que pasó por no tenerlo en su niñez, lo único que sabía era que necesitaba ese abrazo, no como el del doctor Kuchiki, aquel que tanto la había ayudado, sino como el de Byakuya, su padre. Byakuya también la abrazó.
Tres pares de ojos contemplaban esa escena muy conmovidos y alegres, esperando que ese fuera el inicio de la relación entre padre e hija. Otros dos pares de ojos, unos azules, otros naranja, los veían muy sorprendidos y confundidos.
Y aunque el "te quiero papá" nunca llegó, Byakuya fue feliz con el abrazo de Rukia. Ninguno de los dos sabía que harían ahora, por lo que se lo dejarían al tiempo, ese que lo curaba todo.
IOIOIOIOIO
Ya han pasado quince días desde entonces. Momo salió muy bien de la operación, el tumor fue extraído en su totalidad, ahora sólo se recuperaba en el hospital al lado de su mamá, Yoruichi, Rukia y de Toushiro que estaba muy al pendiente de ella. En un par de días más la darían de alta eso, y que su papá pronto llegaría, la tenía muy contenta.
La relación de Ichigo y Rukia seguía sin contratiempos, salvo por algunas veces que "de casualidad" Senna y Kira aparecían frente a ellos arruinándoles el momento a solas, y así no les quedaba más remedio que pasear los cuatro.
Kira se sentía incómodo de seguir a Rukia y a Ichigo por todas partes, él ya se había hecho a la idea de que no tenía futuro con Rukia, pero siempre terminaba dejándose arrastrar por la locura de Senna y lo que es peor, casi siempre pasaban una vergüenza, como aquel día en que por esconderse de ellos terminaron metiéndose en el jardín de una casa y no vieron que había un perro suelto, tuvieron que correr como locos para evitar ser mordidos.
Yoruichi habló con Kisuke y Byakuya, les pidió perdón por haberles hecho daño, sobre todo a Byakuya por alejarlo de su hija. Byakuya también le pidió perdón por haberla dejado de esa forma, haciéndole creer que sólo había sido un juego para él, sin embargo aunque todo quedó aclarado, su relación siguió estancada. Yoruichi seguía creyendo que ya era tarde para ellos, el destino los había separado y ya no había vuelta atrás.
En cuanto a Rukia, su relación con Kisuke y Byakuya había mejorado, aunque todavía no le llamaba papá a Byakuya, todavía seguía sintiéndose un poco rara ante él.
Grimmjow había ido a buscarla varias veces, quería que lo perdonara y que supiera que la amaba, pero ella siempre se mostraba grosera con él, a él no lo podía perdonar, ese desprecio hacia él era más fuerte que todo.
IOIOIOIO
Esa tarde Orihime estaba preparando la comida, pues Uryu iría a verla y Ulquiorra iría a ver a Kaoru, como todos los días desde que regreso a sus vidas. Estaba agradecida con Uryu de que no se molestara por encontrarse a veces con el chico de ojos verdes en su casa, él le decía que Ulquiorra era el padre de Kaoru y tenía derecho a verlo, aunque algunas veces no perdía la oportunidad de aclararle a Ulquiorra que Orihime ahora estaba con él, ya sea acariciándola o besándola frente a él. Eso incomodaba un poco a la chica de cabello naranja, pues veía que Ulquiorra se ponía triste, pero no podía hacer nada al respecto, porque entendía que Uryu no lo hacía de mala fe, simplemente la amaba y no la quería perder.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el llanto del niño.
—Kaoru ¿Qué te pasa? —preguntó asustada al verlo llorar recargado en la puerta que daba al patio de enfrente. —¿te sientes mal?¿te duele algo?
Él la volteó a ver limpiándose las lágrimas.
—Quiero irme a casa, con papá y mamá. —le dijo el niño.
—Esta es tu casa, yo soy tu mamá y Ulquiorra es tu papá y vendrá a verte al rato. —le respondió ella.
—No. —le gritó el niño. —Yo quiero a papá Sora y mamá Akira. —le gritó él niño otra vez. —me quiero ir con ellos. —de nuevo las lágrimas le escurrían por sus pequeñas mejillas.
—Kaoru…—susurró ella afligida, ya no sabía qué hacer para calmarlo. Intentó acariciarle la mejilla pero el niño se apartó.
—Quiero irme con mis papás. —volvió a gritar el niño y salió corriendo a su cuarto. Orihime se sentó en el piso y se puso a llorar por el rechazo de su hijo, por más que lo intentaba no lograba que él estuviera feliz con ella.
En todos estos días Kaoru se la pasó llorando y diciendo que se quería ir con sus papás, una vez intentó huir, pero Rukia llegó a tiempo para detenerlo, desde entonces la casa permanecía cerrada con llave.
Ulquiorra iba todos los días para verlo, pero Kaoru siempre lo rechazaba, no le hablaba, no se le acercaba y mucho menos dejaba que lo tocara, era casi lo mismo para Orihime, salvo que a ella le hablaba para pedirle que la llevara con sus papás o para decirle que era una tía mala y que ya no la quería. Con los únicos con los que se mostraba cariñoso y a los que obedecía eran Uryu, Rukia e Ichigo, excepto cuando ellos le pedían que no fuera tan grosero con Orihime y Ulquiorra porque ellos eran sus papás y lo querían, ya que en ese momento Kaoru se enojaba y ya no les hablaba en lo que restaba del día.
Orihime se levantó y fue a buscar a Kaoru, quien estaba durmiendo en su cama. Más tarde una señora llegó a entregarle unos productos para su estética y pensando en que el niño seguía dormido, dejó la puerta abierta mientras buscaba el dinero para pagarle. Ese descuido lo aprovechó Kaoru para salir corriendo de la casa, pues quería ir a buscar a sus papas.
—Orihime un niño salió corriendo. —le comentó la señora angustiada cuando la vio salir. —intenté detenerlo pero me mordió la mano.
—Kaoru. —dijo Orihime angustiada soltando lo que llevaba en la mano, corrió a asomarse a la calle pero él ya no estaba. —Kaoru. —susurró llorando mientras caía al piso, estaba asustada, él era muy pequeño para andar solo por la calle.
—Pues como otras veces aprovecho para darle publicidad a una de mis historias, esta vez es de Naruto, apenas lo estoy empezando a ver pero me ha gustado. Es un One-Shot que se llama "Si yo fuera él", es sobre los pensamientos de Naruto al ver que Sakura quiere a Sasuke. ojala que a los que les guste Naruto lo puedan leer.
Saludos y que estén bien.
¡Gracias por sus reviews!
