Nota: Feliz año atrasado, lectores xD. Por fin, terminé este capi, algunas escenas se me hicieron algo difíciles. No sé ustedes, pero yo admitiré aquí que lloré como una boba escribiendo, jajajajajaja.
Me tomé ciertas libertades con los recuerdos de Ikki porque si vemos en las escenas del anime, Ikki parece al menos de 5 años o más, cargando un bebé, imagen que aparece en una foto que tiene Shun (quien carajos tomaría una foto de un niño todo sucio con un bebé en brazos solo Kurumada lo sabe), pero técnicamente Ikki es unos cuatro años mayor que Shun no? En fin, ahí me dirán que tal me salió.
Besitos!
Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya que se utilizan en esta historia le pertenecen a Masami Kurumada.
Crónica 34. La camelia.
Hyoga tenía material más que suficiente para burlarse del nuevo enamorado, el poderoso Shinigami que se había convertido en todo un mujeriego solo para evitar verse comprometido con alguien. A él le gustaba su libertad que estaba seguro perdería si llegara a tener una pareja. A él le gustaba su papel de lobo solitario, pero la persona que caminaba junto a Hyoga ahora no tenía nada de solitario y definitivamente nada de lobo. Era más como un cachorrito moviendo la colita de esa forma tan tierna que no importa cuántas veces lo haga frente a ti nunca tienes suficiente. Hyoga pensó que incluso estaba brillando un poco. Oh si, él-Gabriel y Adrián, por supuesto-invocarían a los poderes más oscuros para desatar su venganza sobre el cachorrito enamorado. El rubio incluso sonrió con malicia.
El contraataque vendría, pero no sería hoy. Esta noche el Shinigami tenía otra cita, una que todavía podía cambiar el curso de las cosas. Hyoga y el resto de los Santos ya tenían todo planificado, él solo esperaba que saliera bien.
Caminaron hasta el salón donde se reunían generalmente todos los Ángeles y Senescales y mientras se acercaban a la puerta escuchó a Shun suspirar.
-¿Todo bien?
El peliverde solo lo miró por unos segundos y asintió. Prefirió no hablar, si lo hacía probablemente perdería la fuerza y todo el mundo se daría cuenta de que le temblaba hasta la sombra y el corazón retumbaba dentro su pecho…¡con todo y eco!
-Seiya y Shiryu-dijo Hyoga.
A Shun se le erizó la piel de la espalda y la nuca. Podía hacerlo, tenía que hacerlo.
-¿Qué con ellos?-logró decir.
-Los veremos a ellos primero.
-Alguien está haciendo contacto con mi mente-dijo Shun de pronto-No puedo…
-Está bien, no trates de averiguar quién es, no ahora-respondió Hyoga, sonriendo levemente-Queremos estar seguros que los recuerdos no te están abrumando demasiado. Es…una precaución.
Entonces el peliverde chistó y puso los ojos en blanco, relajándose solo un poco.
-Estas tomando demasiadas precauciones, no pareces tú.
-Culparé a tu Ángel por eso después. Es un alarmista.
Shun sonrió de nuevo y luego bajó la mirada sintiéndose culpable. Ahora que lo notaba Hyoga estaba un poco más delgado, pálido y Misha no se veía por ninguna parte. Claramente alguien le debía un montón de horas de sueño al hermoso Cisne.
-No hagas eso-se adelantó Hyoga-Tú mismo dijiste que eras capaz de poner tu vida en la línea por mí, no esperes que no haga todo lo que esté en mi poder para protegerte. Bueno-el rubio suspiró-aquí estamos. ¿Listo?
Shun palideció de pronto. ¡¿Cómo demonios llegaron tan rápido a la jodida puerta?!
-Lo hiciste bien. Se distrajo totalmente-Escuchó Hyoga, en su mente.
Mientras las puertas se abrían todos los recuerdos se desbordaron en su mente de nuevo, pero esta vez fluían con más seguridad, menos peligro, si se quiere. Sin embargo cuando entró a la habitación le sorprendió la fiesta que había ahí. Todos los senescales, Misha, el equipo de apoyo del distrito dos, el resto de los Ángeles…y ellos.
-Bienvenido de regreso, por cierto-susurró Hyoga.
Combinar las dos facetas de Shun, su pasado y su presente, haciendo que ambos se mezclaran hasta que no hubiera una diferencia demasiado notable fue la idea de Santos, uno de los Senescales y psicólogo encargado especialmente de Shun, aunque éste último nunca estuviese demasiado de acuerdo. Los preparativos estuvieron listos semanas antes, esperando al peliverde y gracias a que Ikki dejó ir a los chicos temprano-si bien el por qué lo hizo justamente ese día sería probablemente un misterio-ahora todos estaban listos para festejar. Aunque parecían disfrutar de la música y las bebidas sin mirar a la puerta, todos tenían sus sentidos aumentados por el poder de cada Ángel, atentos al menor indicio de un latido errático. Todos estaban cuidando a Shun sin que este lo supiera.
La enorme y larga mesa donde siempre se sentaba el grupo ya no estaba y solo habían juegos de sofás con su mesa redonda en el centro. Shun enfocó la vista y vio a Gabriel sentado con su guitarra española, tocándola. Adrián lo molestaba, Esmeralda lo defendía y Hannabi revoloteaba a su alrededor mientras que el español solo trataba de seguirle el ritmo a…
-Seiya-susurró Shun.
El moreno lo miró cuando escuchó su nombre y sonrió. Dejó la guitarra a un lado y se acercó hasta que lo tuvo tan cerca que Shun sintió que tenía trece años de nuevo, cuando la voluntad y la fuerza del poder de Seiya lo impulsaba a levantarse y seguirlo sin importar lo que pasara; a pelear por la esperanza y la humanidad y saber que todo estaría bien mientras tuviera a sus amigos a su lado, aquello que había perdido y ahora los veía frente a él, vivos y más poderosos que nunca. Seiya lo abrazó con fuerza mientras no hizo ningún esfuerzo por ocultar la emoción que lo abrumaba. Hyoga y Zoe se retiraron un par de pasos, aun atentos pero permitiendo que la misma emoción los afectara a ellos. No había signos de que el poder del Ángel negro se fuera a activar en ningún momento, lo que les indicaba que todo estaba saliendo bien. A Shun se le empañó la vista cuando levantó los brazos y rodeó a Seiya como si temiera que se le fuera a escapar o que todavía estuviese durmiendo.
-Seiya-repitió.
-Bienvenido de regreso, hermano.
Shiryu entró pronto en su campo visual, aun manteniendo un poco la distancia pero sin dejar de sentir la misma felicidad que afectaba a todos en la habitación.
-No lo acapares, Seiya-bromeó Shiryu, mientras se cruzaba de brazos-Algunos estamos esperando aquí.
El grupo que se congregó a su alrededor comenzó a bromear a reír con Seiya mientras que Shun abrazó a Shiryu y éste le acarició la cabeza con el mismo cariño de siempre.
-Realmente están aquí.
-Si-Shiryu sonrió-los extrañé mucho a los dos.
Cuando el pelinegro lo soltó Hannabi le saltó encima y el resto de los Ángeles le dio la bienvenida, aligerando el ambiente y dándole a Shun unos minutos antes de su siguiente encuentro. Mientras Shane le presentaba a los nuevos miembros del distrito dos, escogidos por él y Zoe y autorizados por Hyoga durante su ausencia, Shun notó como los dos Santos parecían llevarse de maravilla con el resto de los Ángeles y se preguntó cuánto tiempo tendrían de haber regresado, si es que eso fue lo que pasó, que volvieron de algún sitio. Siguió estrechándole la mano a gente desconocida para él pero su mente hervía en teorías y pensamientos, unos más oscuros que los otros. Shun podía ser cualquier cosa pero algo era seguro: era increíblemente inteligente. Si ellos estuvieron vivos todo ese tiempo y él no lo percibió por medio del poder del Ángel Negro, entonces éste si lo estuvo protegiendo como Hyoga le dijo y el por qué sería algo que seguramente a él no le gustaría para nada. Más que pensamiento, eran imágenes las que se asomaban en el fondo de su cabeza alterando sus emociones.
-Deja de pensar en eso por minuto. ¿Quieres?...
Shun se detuvo de pronto cuando escuchó un susurro en su mente, un eco de una voz que llevaba quizá años sin escuchar. La piel se le erizó y el corazón retumbó en su pecho, miró alrededor, buscando. Sintió a Hyoga acercándose y cuando volteó notó la alarma en su mirada de hielo. Se obligó a tragarse cualquier miedo o nerviosismo, si el rubio lo notaba quizá la oportunidad de ver al último de los Santos se le escaparía como el agua entre los dedos y no podía permitirlo, tenía que verlo. Y aparentemente no era el único que pensaba igual porque cuando el grupo estaba por rodearlo, todos enfocados en él un círculo rojo se formó en el suelo a su alrededor, obligándolos a retroceder. Luego el aro se elevó en forma de alas, el cuerpo de un ave que lo abrazó y como si se tratara de un truco de magia, bajo una nube de humo Shun desapareció, dejando al salón entero en la expectativa.
-Bueno, ese sujeto sí que sabe hacer entradas y salidas teatrales-comentó Gabriel, siempre buscando aligerar el ambiente.
Hyoga sonrió de medio lado aunque su rostro no expresara ninguna emoción.
-Él estará bien-dijo Zoe.
Cuando Shun abrió los ojos se encontró dentro de un volcán. El calor lo golpeó con fuerza, escuchó rocas cayendo y el rio de lava fluyendo lento pero seguro. Caminó unos pasos hasta que una barrera invisible le cortó el paso y al bajar la vista la enorme estrella de cinco puntas brilló frente a él, cortándole la respiración.
-No…
Era la técnica de Selene para entrar en la memoria de las personas.
No lo vio venir. Notó la ausencia de la peliplata en el salón pero estaba tan distraído pensando en Seiya y los otros que no se detuvo a pensar en el por qué. Ahora estaba a punto de enfrentar otra prueba y no se sintió preparado para ello, pero ya alguien estaba detrás de él y antes de que pudiera evitarlo sintió una mano tapándole los ojos al tiempo que se hundía en el vacío y la oscuridad y ni siquiera sintió cuando cayó pues ya iba inconsciente en los brazos de su hermano mayor, quien tuvo que sentarse debido al peso del otro. Selene entró en la barrera y se arrodilló frente a ellos mientras colocaba la mano sobre la de Ikki que tapaba a Shun y encendía su cosmos plateado.
-Se está resistiendo-dijo ella de pronto.
-Oblígalo-respondió Ikki-Es ahora o nunca.
-Entendido.
La peliplata estaba tremendamente asustada y cuando se conectó con los hermanos sintió la angustia del mayor y la confusión del menor. Aquel era definitivamente un momento cumbre, demasiado importante para dejarlo pasar y tenía que hacerlo bien. Jamás había utilizado su técnica de aquella forma pero en todos esos días no dejó de entrenar, usando a los gemelos, Adrián y Alain como conejillos de indias. Solo el día anterior funcionó y ahora tendría que repetirlo a sabiendas de que no había espacio para errores ya que no iba a mostrarle los recuerdos de Ikki a Shun, iba a meterlo en ellos para que él se viera desde los ojos de su hermano mayor, escuchara sus pensamientos y sintiera sus emociones.
Selene encendió su cosmos aún más y forzó la técnica sobre la mente del peliverde, esperando no lastimarlo o que el Shinigami no interviniera. Al mismo tiempo Ikki puso en sobre aviso a Hyoga, quien hizo lo mismo con Zoe. Ambos estaban en alerta ahora, por si las cosas no salían como ellos esperaban.
-Bien, prepárate-dijo Selene-Aquí vamos.
-Resiste, Shun-pensó Ikki.
Shun, quien había despertado en una total oscuridad pensó que estaba de regreso en la dimensión extraña del Shinigami, pero pronto vio a un niño corriendo frente él, dejándolo atrás. Tenía la visión demasiado borrosa pero sabía que tenía que seguirlo así que corrió detrás de él. El niño lo guió hasta un túnel de luz que lo cegó y por unos segundos no pudo ver absolutamente nada, hasta que de pronto escuchó una musiquilla, como uno de esos carruseles que se colocan en las cunas de los bebés. Se vio quitándolo de en medio y luego mirando al bebé que le devolvía la mirada con sus brillantes y grandes ojos verdes y que trataba de alcanzarlo con sus manitos.
Pronto entendió que era él mismo pero el recuerdo no podía ser suyo y el amor por el bebé lo estremeció tanto como la repentina seguridad que estaba viviendo los recuerdos de Ikki.
No había manera de alterar los recuerdos, no podía interrumpirlo para ver el rostro de Ikki cuando era pequeño pero sabía que era él no solo mostrándole su mundo, sino cuanto lo quería. A aquel primer vistazo Ikki sintió el cuerpo de su hermano temblando, estremeciéndose. No podía negar que aunque él hubiese dejado a un lado muchas emociones que consideraba una carga innecesaria, Shun era el único que lo hacía sentir ese miedo de perder lo más importante, lo que más quieres. Por un segundo dudó pero apartó ese pensamiento tan pronto como llegó. Apenas estaban empezando y no se iba a detener ahora, la advertencia del Shinigami de intervenir si aquello no funcionaba pendía sobre su cabeza como una amenaza de muerte y aunque Ikki jamás le había temido a eso, ahora estaba genuinamente asustado.
El segundo recuerdo se abrió paso en sus mentes y Shun se vio al lado de una mujer que le cantaba tanto a él como al bebé mientras lo mecía en su cuna. Ella tenía el cabello largo, casi hasta la cintura del mismo color esmeralda. Su voz era suave y melodiosa y el niño la adoraba. Era una desconocida para Shun pero por medio de los recuerdos de Ikki ahora veía por primera vez el rostro de su madre. Era una memoria dolorosa para el moreno y lo sería también para él. Luego se vio corriendo en medio de la noche y la lluvia con el bebé en sus brazos, asustado, cansado, adolorido pero sentía que no podía detenerse, que tenía que protegerlo a costa de lo que fuera. Vio el recuerdo borrado de Pandora tratando de quitarle al bebé, cuando su propio cosmos se encendió por primera vez en un desesperado intento de protegerlo, frustrando el ataque de la niña. Pasarían años en la fundación Graude, donde el niño vería a su hermano crecer y donde también lo protegería siempre.
Sintió su preocupación por el pequeño peliverde, su angustia de que no pudiese sobrevivir sin él, su deseo ferviente de sacarlo de aquel lugar que ambos odiaban, pero los dos estaban totalmente solos y en aquellos años Ikki sintió todo el peso del mundo sobre sus hombros. No podía rendirse, no podía dejar de entrenar un solo día y aunque le dolía lastimar al pequeño sabía que algún día los separarían y Shun tendría que valerse por sí mismo. El solo pensamiento lo aterraba tanto como lo forzaba a seguir entrenando. Hasta que ese horrible momento llegó en el que Shun salió seleccionado para ir al peor de los lugares: La Isla de la Reina Muerte. De nuevo, el pequeño, su hermano estaba en peligro. Shun sintió el miedo de Ikki recorriéndole cada centímetro, paralizándolo. Se vio interviniendo por él, a Tatsumi golpeándolo frente a todos los niños, al viejo y a la nieta hablando y más tarde de nuevo al sirviente de los Kido azotándolo con tanta fuerza que le rasgaba la piel. Sintió odio hacia el sujeto, rabia, impotencia, dolor…
Se vio sacando fuerzas de donde no las tenía para obligar al pequeño a prometerle que regresaría con la armadura, pero este no quería separarse de él y por primera vez Shun sintió que tenía paso a sus propios recuerdos, a aquel momento en el que los Kido lo apartaron de su hermano, lo único que amaba en el mundo. Sintió el miedo de ambos y el dolor de la separación.
Selene también veía los recuerdos, las lágrimas le empañaron las mejillas y entendió el rencor del peliverde hacia Athena. Con la mano libre se limpió la cara y se concentró para que la técnica no se deshiciera, llevando a Shun a la siguiente memoria del moreno: su llegada a la Isla de la Reina Muerte. Aún estaba adolorido por los azotes de Tatsumi, algunas heridas incluso estaban infectadas. Ikki se sintió más solo y asustado que nunca, pensando donde estaría Shun y si volvería a verlo alguna vez.
Tanto Shun como Selene conocieron a Esmeralda y su amor por ella. La peliplata trató de mantenerse ajena a la punzada que sintió cuando vio a la hermosa rubia y lo que significaba para él. Shun vio las pesadillas de Ikki, sintió la desesperanza, el rencor creciente hacia su maestro y como éste lo llevaba a odiar el mero recuerdo de su hermano. Le horrorizó el entrenamiento que Ikki sufrió y cómo su corazón mutaba en otra cosa que no era la cálida fuente de amor que él conocía. Su maestro lo obligó a enterrar el cariño y los recuerdos de Shun hasta que éste sintió que veía en los recuerdos de un completo desconocido, alguien que se vería como su hermano Ikki pero que no era ni siquiera humano, que no se sentía humano. Aquel sujeto no estaba cómodo en su propia piel, aquel odio que lo dominaba luchaba contra otros sentimientos que buscaban como aflorar de nuevo. Se vio sosteniendo a Esmeralda entre sus brazos mientras su vida se le escapaba frente a él, el odio dominándolo por completo hasta que con sus propias manos mató al que fuera su maestro y se ganó el derecho a usar la armadura del Fénix. Sin embargo aquel hombre ya no era Ikki, era otra persona. Uno que visitaría el Santuario, que recibiría ordenes, que encontraría a los dobles negros de los Santos traidores y los guiaría a todos, aquellos ladrones, a Japón al torneo galáctico.
-Madre, dame fuerza para soportar estos recuerdos-rezó Selene, internamente-¿Cómo puede alguien sufrir así y seguir amando con tanta fuerza?
Shun sintió que veía en los recuerdos de un extraño, un invasor del cuerpo de su hermano que observó las peleas cada día. Vio a Hyoga aparecer, a Seiya y Shiryu caer, hasta que llegó el día del encuentro entre el peliverde y Jabú del Unicornio. En ese recuerdo, aquel sujeto miró extrañado al chico como si no lo reconociera cuando algo dentro de él le gritaba que era su hermano y que debía amarlo, no odiarlo. Pero el dolor y la tortura eran más grandes y aunque finalmente entendió quién era, su cariño hacia aquel muchacho no cambió nada su objetivo. Atacarlo por primera vez en su vida, con rencor y una verdadera intención asesina tampoco lo afectó. Verlo llorar frente a él, incapaz de volver a levantar la cadena en su contra, de defenderse siquiera, nada le hizo desviarse de su meta. Sin embargo, esos nuevos recuerdos de un Shun ya crecido se clavaron en su mente y durante los siguientes días, aun después de robar la armadura, de regresar a la isla y reunirse con el doble negro de Andrómeda, ver el parecido físico entre ellos, lo llevaron a recordar la promesa que se hicieran años atrás y que ahora sabía Shun cumplió. Él había regresado con la armadura solo para reencontrarse con su hermano. El dolor volvió a golpearlo, la amargura y la soledad. Sintió que ya no tenía manera de volver a acercarse a él, sin importar lo que hiciera, ya había levantado la mano contra él cuando se prometió a sí mismo que solo viviría para protegerlo. Shun quiso gritarle que estaba equivocado que él nunca lo hubiera rechazado pero era solo un recuerdo, tenía que continuar y dejarlo pasar. Se vio enfrentando de nuevo a los Santos, al peliverde y viendo dentro de él su verdadera fuerza, aquella que no le mostraría ni a sus peores enemigos. Sintió como, ya al final de la pelea, su cariño por Shun regresaba con toda la fuerza posible, derrotándolo. Ikki había regresado, aunque ya fuera tarde, puesto que estaba muriendo.
Shun volvió a estremecerse de dolor ante ese recuerdo, esta vez desde el punto de vista de Ikki quien sufrió más por volver a separarse de su hermano al que amaba que por el hecho de que estaba perdiendo la vida. Sin embargo el luto del pequeño duraría poco, pero en ese momento se le hizo muy difícil a Selene mantener la técnica activada ya que Ikki había muerto, por lo tanto no debía haber más recuerdos que esos, pero ahí estaban y crear el puente hacia ellos requirió de todo su esfuerzo.
Aun así, para Ikki Shun ya había pasado la prueba, había sentido en su propia piel el cariño que éste le tenía sin quebrarse como una muñeca de porcelana. Por ello, los recuerdos siguientes pasaron como un vistazo más que como una escenificación. Se vio siendo visitado por Dioses y otras poderosas criaturas que buscaban obtener el poder del Fénix, reconociéndolo como el más fuerte y amenazándolo con lastimar a lo único que él amaba: a su hermano. Se vio forzado a alejarse de él para mantenerlo protegido, además del hecho de que Ikki era una persona realmente solitaria, como lo era Shun ahora. Se vio alejándose de los grupos, de los amigos, en la necesidad de regresar por su hermano, que era ahora su razón para pelear. Y Shun comprendió por qué Ikki siempre se iba después de cada pelea y que tanto se parecía él a su hermano mayor ahora. Y por último vio y sintió cuanto dolor le causó el volver a irse de su lado aquel día, unos cinco atrás. Como lo destruía ver a Shun llorando en brazos de Hyoga mientras éste luchaba con todas sus fuerza por alejarlo de aquel sitio. Se lo mostró para que el peliverde pudiera entender que él había sufrido lo indecible también y cómo fue que este mismo dolor y el de su hermano volvieron a despertarlo del sueño en el que el Shinigami los colocó en un intento por protegerlos.
Selene sintió entonces la intención de Ikki de empezar a retroceder poco a poco, a sacar a Shun de sus recuerdos. Ya no necesitaba mostrarle nada más, ahora el peliverde conocía los sentimientos de Ikki. Le había mostrado su dolor, su odio, su amargura, su soledad, su miedo pero también su profundo amor por él y como Shun era el centro, el porqué de absolutamente todas sus decisiones. Y Shun le había demostrado lo fuerte que era al sobrevivir a los recuerdos más dolorosos del moreno sin haber visto siquiera su rostro de nuevo.
Desprenderse de la técnica de Selene se sintió como si le estuvieran sacando un clavo caliente del cerebro, fue increíblemente doloroso pero cuando regresó a la realidad vio a la peliplata secarse las lágrimas y alejarse un poco hasta dejarse caer al suelo del cansancio mientras la barrera de la estrella desaparecía. Estaba bañada en sudor como él y notó lo desorientado que estaba hasta que sintió a Ikki incorporarse detrás suyo. Shun lentamente se dio la vuelta y se levantó cuando el moreno le sonrió y por fin pudo verlo después de más de cinco años sufriendo por su muerte. La presión en su pecho creció y subió como una ola de calor que se desbordó por sus mejillas cuando arrancó a llorar como un niño de trece años que acababa de despertar al dolor y al amor de su hermano que ahora regresaba con él. Abrazó a Ikki con tanta fuerza que casi lo tumba de nuevo al suelo. El moreno no contaba con haber quedado tan exhausto después de todo el proceso pero tan absolutamente feliz de poder estar con Shun otra vez que ni le importó el cansancio ni disimuló su alegría y le devolvió el abrazo con la misma fuerza mientras escuchaba al menor llamarlo incesantemente como si aún no pudiera creer que estaba vivo y que lo que sentía era la calidez de sus brazos y no una cruel ilusión.
En Mithrandir el salón estaba despejado. Shane se llevó a todo el equipo del distrito dos y ahora solo los Senescales, Misha, los Ángeles y los Santos esperaban que Hyoga dijera algo, pero éste seguía ausente. Sin embargo a los pocos minutos desde la última vez que Gabriel preguntara, el rubio se sentó y quizá por primera vez en toda la noche respiró con tranquilidad.
-¿Y bien? ¿Ahora sí? –preguntó el español, por enésima vez.
-Ha terminado-dijo Hyoga suavemente-todo salió bien.
En el volcán, Selene logró sentarse en una roca, alejándose un poco de los hermanos que aún seguían en la misma posición.
-Te he extrañado tanto-susurró Shun.
Ikki solo lo apretó un poco más, como así pudiese hacer desaparecer todo el tiempo que llevaban separados.
-No vuelvas a irte, por favor-suplicó el menor-Por favor…
-Te lo prometo-dijo Ikki finalmente.
Más tarde esa noche, ya todos estaban de regreso a sus habitaciones, mientras Hyoga apoyaba los brazos en el balcón, aun mirando a la noche. En ese momento una bola de fuego, como una estrella fugaz cruzó el cielo y el ave aterrizó en el balcón de otra habitación, unos pisos más arriba. El rubio sonrió levemente y supo que no tenía nada de qué preocuparse.
-Ahora que regresaron-dijo Misha, desde la cama, con un tono por demás subjetivo-¿Le importaría volver aquí conmigo, capitán?
El rubio se dio la vuelta y ella lo contempló mientras caminaba hacia la cama. Llevaba solo sus pantalones negros, con el cierre abajo y sin camisa. Ahora que todos sus hermanos estaban ahí, Hyoga había recuperado ese andar frío y despreocupado, tan propio de él, desbordante de poder y seguridad.
Ella suspiró pensando-no muy femeninamente, hay que añadir-como un hombre podía ser tan jodidamente bello, con su piel bronceada, su cabello dorado, marcada musculatura y sus afilados ojos de color azul hielo. Era ese andar, tenía que serlo. Misha, que era una princesa, una que jamás demostró ni sintió arrogancia pero que tampoco era fácil de sorprender, esa misma siempre se encontraba aguantando la respiración cada vez que Hyoga caminaba como si el mundo entero se rindiera ante él, incluida ella.
La encontró pensando en él mismo mientras se deslizaba en la cama hasta su cuello y la engañaba haciéndole creer que iba a depositar algún pequeño beso en su piel cuando solo la rozaba con los labios, haciéndole estremecer por el suave contacto.
-Eso es-dijo ella, suspirando-muy poco caballeroso.
Lo escuchó reír suavemente, esa risa ronca que delataba su ánimo juguetón y algo más.
-Ya verás cómo me disculpo-le susurró.
Algunos pisos más arriba, la estrella de fuego se deslizaba por el enorme ventanal mientras se transformaba en un par de hombres, dos hermanos que recién regresaban de su tan esperado reencuentro. Ya era medianoche cuando, por medio de sus nuevos poderes, Ikki llevó a Shun hasta su habitación. Selene decidió irse por su cuenta y el moreno supo que tendría que hablar con ella en cuanto pudiera, pero sería después. Sonrió cuando Shun volvió a abrazarlo y notó por primera vez su fuerza física cuando lo apretó. Ikki le devolvió el abrazo, sintiendo esa calidez que solo Shun le provocaba. Los pensamientos del menor se colaron en su mente, casi a gritos, su miedo de que aquello no fuera real.
-Tienes que dejar de pensar en eso-dijo Ikki, sonriendo de una forma ligeramente burlona-Estoy aquí, contigo, todos nosotros.
Shun no respondió, solo lo miró y él moreno le limpió las mejillas cariñosamente.
-No me iré de nuevo. No esta vez. Sí, es una promesa-añadió-Ahora deberías ir a dormir. Estas cansado
-He dormido por semanas-dijo Shun-Yo no…
-No importa, eso no era dormir, estabas en coma.
El peliverde trató de reclamar y dos veces abrió la boca para terminarla cerrando, sintiéndose más niño que nunca y sin saber cómo reaccionar a eso. Ya no era un chiquillo, pero aparentemente siempre se sentiría de la misma manera cuando estaba con Ikki. El mismo Hyoga le provocaba esa sensación antes pero no se detuvo a pensar en eso, sino a asimilar el hecho de que estaba frente a su hermano-el otro-y que todo ello era absolutamente real. Sonrió por fin e Ikki enarcó una ceja, satisfecho.
-Ya iba siendo hora. Te veré mañana, ¿de acuerdo?
-¿Dónde están durmiendo?
-En este laberinto. Descansa o tendré que noquearte.
Sin dejarlo replicar Ikki salió de la habitación dejándolo solo y con la absoluta certeza de que no podría dormir en toda la noche. Estaba sobrexcitado, saturado de emociones, pensamientos, recuerdos y además… ¡moría de hambre!
Después de darse un baño salió de la habitación vestido con unos vaqueros desgastados, una camiseta manga larga negra y una chaqueta del mismo color. Al salir pensaba en Zoe; cerró los ojos y golpeó la puerta suavemente con la frente, como riñéndose por sus recuerdos.
-Realmente la besé y frente a todo el mundo. Esos dos se las van a cobrar de lo lindo ahora-prensó, refiriéndose a Hyoga y Gabriel.- ¿Dónde está ella ahora? Ah…justo ahí, al lado.
Procurando no despertarla entró a la habitación y la vio dormida, envuelta entre la gruesa colcha con su largo cabello negro desparramado sobre la almohada y abrazando un enorme peluche de un conejo que lo agarró desprevenido.
-¿Quién demonios le regaló eso?
Más tarde se enteraría de que Seiya le había contado a todo el mundo por qué Shun tenía ese sobrenombre entre los Santos y que había sido él quien le regalara el peluche a Zoe para que la acompañara durante la ausencia del peliverde.
Dio un rápido vistazo a la habitación y vio su chaqueta del uniforme limpia y perfectamente doblada sobre el escritorio de la pelinegra, junto a un clásico de la literatura, La Dama de las Camelias*.
-La Camelia-susurró.
Shun sonrió y se detuvo al lado de la cama y rozó la mejilla de la chica con los nudillos. Las palmas de sus manos le picaban, quería tocarla, estrecharla entre sus brazos, besarla tanto… ¿Por qué rayos tenía que ser medianoche y él estar tan despierto como si fueran las 10 de la mañana?
Supo que tendría que salir de ahí antes de despertarla y el estómago le rugía todavía por lo que una media hora después se encontraba "cazando" comida en alguna esquina oscura de la ciudad imperial donde esperaba que nadie lo reconociera ya que se quedaría ahí pensando y comiendo hasta casi el amanecer.
A partir de ese momento, se corrió como la pólvora la noticia de que los otros tres Santos estaban de regreso y fueron presentados a todo Mithrandir. Ikki se convirtió pronto en una especie de estrella de rock, cuando la población-y sobretodo la fanaticada- supo que era el hermano mayor del Shinigami, el cual representaba otro motivo de celebración ya que ahora estaba despierto después de semanas en coma.
Zoe despertó esa mañana ansiosa por ver a Shun de nuevo pero todas las obligaciones se interpusieron. El Shinigami tenía toneladas de trabajo atrasado, aun con la ayuda de Shane y cada vez que se desocupaba y regresaba a su habitación ya era demasiado tarde y encontraba a la chica rendida por el cansancio. O por el contrario ella corría hacia el distrito dos para enterarse de que Shun ya se había ido, secuestrado por Hyoga, Seiya, Gabriel o el mismo Ikki. Cada vez durante los siguientes cuatro días despertó con la esperanza de verlo para encontrarse regresando tarde en la noche y sin ninguna posibilidad de reunirse con él. Se sintió triste y preocupada, todo el mundo parecía tener más oportunidades de verlo que ella misma. Después de bañarse, se recostó en su cama y abrazó al conejo mientras que los pensamientos la llenaban de incertidumbre e inseguridades.
-¿Habré hecho algo mal? Quizá estaba aturdido todavía y ahora se ha dado cuenta…
Escuchó pasos en el pasillo y sin importarle la hora ni la escasa ropa que llevaba saltó de la cama y abrió la puerta para encontrarse con el peliverde, tan sorprendido como ella y a menos de un metro de distancia.
-Yo…-balbuceó-no sabía si tocar…
Eso era lo mejor que podía decir después de cuatro días…
-¿Estas evitándome?-preguntó ella.
-¿Qué? ¡No, claro que no! ¿Por qué habría…?
-No he sabido nada de ti en días…-dijo Zoe en voz baja.
-He estado llamando pero no respondes…
-¿Llamándome a…? Ay Dios…
Zoe abrió la gaveta de su mesita de noche para ver su nuevo teléfono celular casi descargado y con un montón de llamadas perdidas de Shun. Suspiró aliviada y se echó a reír como tonta mientras éste la miraba más confundido que antes.
-¡Que estúpida, olvidé ese aparato! No me gusta y lo dejo abandonado en todas partes.
-¿Pensaste que te estaba evitando? –preguntó Shun, enarcando una ceja y sonriendo levemente.
-Bueno…si-respondió ella.
Se sonrojó de vergüenza y rogó que se la tragara la tierra. Se sentía tan tonta; todo ese tiempo extrañándolo, loca por verlo, por sentir sus brazos apretándola contra él y dudando tanto cuando resultó que Shun la había estado buscando también. Luego su corazón empezó a latir con furia cuando él, al dar un paso, entró a su habitación y acortó la distancia.
-¿Por qué haría yo eso?
-Yo…
Zoe se sintió como en un montaña rusa y mientras Shun levantaba la mano hacia ella el estómago se le encogió y la embargó ese subidón de energía que se experimenta cuando paras en el pico más alto y luego bajas en picada a cientos de kilómetros por hora. Shun rozó su mejilla con los nudillos y la vio cerrar los ojos mientras el rostro se le coloraba más.
-Siempre te pasa lo mismo cada vez que te toco-dijo él. Zoe lo miró curiosa y notó como Shun se daba cuenta de lo que había dicho y se sonrojaba hasta las pestañas-Bueno…quizá haya entrado un par de veces mientras dormías. Quizá.
Ella sonrió y se llevó la mano al pecho, quizá en un intento por ocultar los salvajes latidos de su corazón, pero ya sabía que los sentidos de Shun eran mucho más agudos que los del resto de los Ángeles.
-Así que has venido a darme las buenas noches todo este tiempo.
-Quizá.
-¿Y me has besado de nuevo?
Shun sonrió y negó levemente con la cabeza. Secretamente también había estado preocupado de que Zoe lo estuviera ignorando por lo que había entrado todas las noches a su habitación a verla y nunca se iba sin antes acariciar su mejilla suavemente. Le era imposible no tocarla y se había sentido frustrado y molesto de no poder verla durante el día. Ahora que la tenía frente a él caminó hacia ella sin poder contenerse, como si Zoe fuese su centro de gravedad.
Ella entonces terminó por eliminar el poco espacio que quedaba entre ellos, depositó una mano sobre su pecho, se pegó a su cuerpo y colocó la mano libre sobre la de él en su mejilla. Al juntarse a él, Shun sintió sus pechos suaves y redondos y se le erizó toda la piel del cuerpo. Zoe no notó como se estremeció por esto pero subió el rostro hacia él cuando la tomó por la cintura y apoyó la frente contra la de ella. Tembló de nuevo mientras acariciaba la nuca de la chica y ella se ponía de puntillas para alcanzar su boca.
-Bésame-susurró-Bésame…
Shun le respondió con un leve gemido y la besó mientras la rodeaba con los brazos. Él sintió que volvía a la vida al tocar sus labios de nuevo y ella que volaba hasta la luna al sentir sus brazos sosteniéndola como si adivinara que de nuevo perdía las fuerzas en el cuerpo como la primera vez que la besó.
Estaba feliz otra vez, sus dudas eran solo tonterías y la actitud de él solo le reafirmó sus sentimientos. Zoe levantó los brazos y rodeó el cuello de Shun y al hacerlo la franelilla que llevaba puesta se levantó, dejando la piel desnuda al contacto de las manos del peliverde quien no pudo evitar colarse por debajo de la tela y acariciar la espalda suave y tersa de la chica. Involuntariamente Zoe reaccionó gimiendo y Shun se estremeció de pies a cabeza de nuevo, tanto que supo que tenía que parar y abandonó su boca lo más sutilmente que pudo. Esto no pasó desapercibido para ella que quería más pero Shun estaba excitándose demasiado y prefirió no ponerlos a ambos en la situación más embarazosa de la lista. Zoe suspiró, recuperando el aire y apoyando la mejilla en su pecho, sonrió cuando sintió el corazón del peliverde latiendo con la misma furia que el suyo.
-Detesto decirlo pero…
-No lo hagas-interrumpió Zoe-No te vayas.
-No puedo quedarme, necesitas descansar. El equipo médico me ha obligado a tomar el día libre mañana porque he estado trabajando sin parar. Les sorprendió que no objetara-dijo Shun, sonriendo con picardía.
-¿Te veré mañana entonces?
-Sí. Vendré a buscarte en la mañana. Ahora tengo que darme una ducha-urgente- Te veo mañana, hermosa.
-¿Pasarás el día conmigo?
-Tendré algo que hacer en la mañana pero sí, estaremos juntos. Y Arreglaré estos horarios, están imposibles.
La besó en la mejilla, si volvía a tocar sus labios no saldría de ahí ni aunque se estuviera cayendo el planeta y regresó a su habitación mientras pensaba en aquello que tenía que hacer al día siguiente. Zoe no vio cómo su mirada cambiaba cuando un solo pensamiento se clavaba en su mente.
-Hyoga ha estado evitando tener que contarme qué demonios fue lo que pasó con mi hermano y los otros. Mañana lo sabré sea como sea.
Athena.
*La Dama de las Camelias es una novela escrita por Alejandro Dumas, basada en una anécdota de su vida y fue publicada en 1848.
