Sus ojos habían permanecido cerrados, sintiendo el agua golpear su rostro y correr por su cuerpo desnudo. Su mente había quedado en blanco por varios minutos; era uno de los pocos lugares donde eso ocurría. Dio un paso hacia atrás y abrió los ojos lentamente antes de cerrar la ducha. Se secó el cuerpo con una toalla y dio unos pasos hacia el espejo, notando que algunos mechones de pelo se le habían mojado al escapar de la coleta alta que se había hecho antes de ducharse.
Se sentía nerviosa.
La doctora que estaba atendiendo a Jane le había comunicado que ya los resultados estaban listos e hicieron una cita para el día siguiente. Jane también estaba nerviosa. No lo había dicho en voz alta, pero lo percibía. Solo había pasado poco más de una semana desde que recibieron las noticias sobre la muerte de Gabriel y Jane lo llevaba un poco mejor. "Estoy acostumbrada a la muerte" había dicho "Soy una Detectives de Homicidios"
Estaba segura que esas palabras se las estaba diciendo más para ella misma como una forma de lidiar con la noticia. Las víctimas con las que trataban eran totalmente desconocidos, no ex-marido con una conexión emocional.
Maura dejó escapar un suspiró y emergió del cuarto baño ya con el pijama puesto. Caminó hasta la cama, subiendo lentamente para no despertar a la morena.
—Maur… demoraste.
La rubia sonrió levemente y las volvió a cubrir con la manta; la habitación estaba más fría de lo habitual.
—Pensé que ya dormías.
—Te esperaba. —Se dio la vuelta y se apoyó parcialmente sobre el pecho de Maura que estaba recostada sobre dos almohadas, con planes de leer hasta conciliar el sueño.
Finos dedos acariciaron aquella melena oscura antes de abrazarla a su cuerpo. Los ojos de Jane estaban enrojecidos e hinchados.
"Ha estado llorando" —dedujo, acariciando su mejilla suavemente, haciendo que cerrara los ojos con una leve sonrisa que no había visto muchas veces en esos días. Jane necesitaba llorar, necesitaba desahogarse y no encerrarse como tantas veces antes.
—No podía dormirme sin sentirte —susurró.
—Intenta dormir, mañana será un largo día.
—Hmmm.
Habían hablado mucho durante esa semana. Por horas. Pero uno de los temas que no habían tocado mucho era la posibilidad del embarazo y pensaba que era porque Jane temía que cambiara de pensar. Ha intentado ponerse en su lugar. Sí que lo ha hecho. Un divorcio provocado por una traición, un embarazo que no había sido esperado o deseado por su parte y encima el padre fallece… de solo pensarlo se sentía abrumador. Lo menos que deseaba era que también pensara que iba a perderla.
—Sabes…
Maura abrió los ojos, notando la expresión relajada de Jane.
—Quiero estar segura… antes de asumir las consecuencias… o cambios que podría ocasionar en mi vida… tal vez he sido egoísta e insensible contigo al evitar ese tema…—Sus ojos se abrieron y se incorporó un poco para poder fijarse en ojos claros—. Cualquier cosa que pase… que sepas que eres…
Un fino dedo cubrió sus labios suavemente, deteniéndola. Aquellos ojos oscuros comenzaban a brillar con lágrimas otra vez.
—Sé que cualquier cosa que diga no tranquilizará las incertidumbres que sientes en estos momentos. Te seguiré demostrando con acciones… y cuando ya estemos seguras, aquí estaré. Siempre.
"… estemos" Se repitió la morena, sin pasar desapercibido.
Maura tenía una sonrisa sincera y no pudo evitar besarla suavemente. Un simple roce de labios.
—Buenas noches, Maur.
—Descansa, Jane —susurró en un beso sobre su cabello, cerrando los ojos también.
Jane se detuvo un instante en el baño del primer piso para chequearse las ojeras e intentar domar los mechones de pelos que rebeldemente habían escapado de su coleta. Maura tenía razón, el maquillaje hacia maravillas.
—Buenos días.
El hombre terminó de tragar la última masticada de tostada y tomó un sorbo del café que la rubia había preparado aquella mañana.
—Buenos días —Jane hizo un gesto de saludo con su mano antes de dirigir la mirada hacia la mujer que terminaba su té.
—¿Todo listo? —preguntó y un asentir en silencio fue su respuesta. Se puso de pie y agradeció a la doctora por el desayuno y dirigió la mirada nuevamente hacia la morena.
—Maura nos acompañará.
Las dos notaron la sorpresa en el rostro del agente que, aunque intentó disimularlo, no pudo. Era la primera vez que lo veían sonreír de aquella forma. Era una sonrisa sincera.
—Me alegra mucho escuchar eso. De verdad.
Jane salió primero y James demoró un poco más, llevando la taza y el plato al fregadero. Maura recogió su bolso, colocándoselo por encima del hombro y miró al hombre, esperando para salir y cerrar la puerta detrás de él.
—James. —El hombre se dio la vuelta y la miró. —Gracias por apoyarla durante estas semanas… no podemos hablar con otros de ese modo… me alegro que haya tenido alguien con quien desahogarse.
—Estoy feliz por ustedes. Guardar secretos nunca hace bien y no lo era para ninguna de las dos.
Maura sonrió amablemente.
—Hacen una linda pareja. Lo he pensado desde que las vi por primera vez —confesó cuando se acercaban al auto.
Jane se giró hacia ella cuando subió en el asiento trasero, sonriendo con nerviosismo. Maura devolvió la sonrisa, indiferente al sonrojo en sus mejillas que la morena había acreditado al frío.
—Estoy un poco nerviosa —susurró sin poder dejar de mover la pierna. Un poco nerviosa se quedaba corto. Estaba segura que perdería la poca cordura que le quedaba si tenía que esperar un minuto más. A diferencia de ella, Maura se veía completamente calmada. Por lo menos en el exterior.
James las había dejado en la clínica, ya que tenía que ocuparse de algunas cosas en el centro de la ciudad. Sospechaba que lo había hecho a propósito para dejarlas a solas. Si ese era el caso, entonces estaría muy agradecida con él. Maura no había dicho nada desde que se habían sentado en la oficina de espera. Jane la miró sorprendida cuando sostuvo la mano sobre su muslo, haciendo que su tic nervioso se detuviera al instante. Aún no comprendía cómo era que la mujer lograba calmarla con tanta facilidad.
—Todo estará bien —susurró con la mirada en la distancia, mirando como las recepcionistas se movían de un lado a otro.
No era muy común de ella asegurar algo de lo que no podría estar completamente segura. Tal vez no tendría forma de saber si todo estaría bien, pero lo que sí sabía, de lo que estaba completamente segura, era que estaría a su lado y que la ayudaría con cualquier obstáculo que podría tener.
—Kate. Kate Blitz —llamó una enfermera—. Kate.
—Eres tú, Jane. —Se puso de pie, soltando su mano. Fue entonces cuando Jane reaccionó, cayendo en cuenta que el nombre que llamaban era su nueva identidad.
—Puede dejar la chaqueta aquí si desea y usted se puede sentar en la silla allí —le indicó a Maura, señalando la silla en el extremo de la pequeña sala—. Tengo entendido que la doctora quiere hacer un examen interno y luego hablaran sobre los resultados de los exámenes que le hicieron durante su última visita.
—Sí… —musitó, sintiendo la mirada de Maura sobre ella. No podía evitar el sentirse nerviosa.
—Se puede poner esto —le entregó una bata azul clara.
—Está bien. —Notó que la enfermera dudó por un instante, mirando a la rubia disimuladamente—. Se puede quedar, es mi novia.
La enfermera asintió con una amable sonrisa.
—La doctora llegará en unos minutos. Tocará la puerta antes de entrar.
—Tu novia —comentó, observando cómo se quitaba la blusa, seguida por los pantalones.
—Ammm… —No había preguntado oficialmente, pero suponía que lo eran. Al menos había sido su entender cuando pudo confesar sus sentimientos, recalcado por las últimas semanas de pasión que habían disfrutado. ¿Tenía que preguntarlo? "¿Quieres ser mi novia?" El solo pensarlo la hacía recordar los tiempos de secundaria y le incomodaba. Eran dos mujeres adultas después de todo.
—Me gusta.
Las palabras la sacaron de sus pensamientos bruscamente y sintió un calor expandirse por sus mejillas.
—A mí también me gusta —confesó, sacándose el sostén y la ropa interior, complemente desnuda por unos segundos antes de colocarse la bata.
—La parte abierta hacia adelante —indicó con un tono divertido.
—Cierto. —Rio nerviosa, colocándosela de la forma correcta.
Maura la miraba con una ligera sonrisa, reflejando lo que ella imaginaba era la misma sonrisa que tenía plasmada en su rostro.
—¿Estás segura que quieres que me quede aquí? Entendería si no es así.
—Claro, Maura. No veras algo que ya no hayas visto —dijo eso y en su mente surgió un pensamiento irónico; porque no importaba cuántas veces la mujer la había visto desnuda, aún se encontraba nerviosa en ocasiones. —Además de que eres doctora. Solo estoy un poco nerviosa por los resultados. —Se mantuvo en silencio por unos segundos—. No quiero ocultarte nada, Maur… si de verdad quieres ser parte de esto… lo que "esto" signifique… quiero que estés al tanto de todo. No quiero volver a ocultarte algo.
Maura estuvo a punto de decir algo, pero fue prevenida por un tocar en la puerta.
—¿Se puede pasar?
—Sí.
—Buenos días, Kate. Buenos días —extendió su mano hacia la mujer sentada.
—Buenos días, soy la do… Marisa —terminó con una leve mueca al darse cuenta que casi usa su nombre real. Era muy difícil deshacerse de la costumbre. —Soy la pareja de Kate.
La doctora asintió antes de volver a hacer unas notas en la portátil mientras le hacía unas preguntas básicas de seguimiento a Jane. Lo típico. La enfermera regresó para asistirle con la examinación y cuando se retiró, la doctora se deshizo de los guantes y se lavó las manos. Jane tuvo el presentimiento que hablaría sobre los resultados en el momento que se girara.
—Kate, ya tenemos los resultados del scan…
Jane tragó en seco, esperando a que siguiera.
—Fue positivo —pausó por un instante y continuó cuando la mujer se mantuvo en silencio—. Alrededor de unas doce semanas. Ya envié un pedido de prescripciones para que ayuden con tu cansancio, también varias vitaminas. ¿Ahora que el embarazo está confirmado tengo que preguntar si aún mantienes tu posición? Con doce semanas, sería más riesgoso. Aunque el estado de Nueva York lo permite hasta las veinticuatro semanas.
Maura entrecerró los ojos y sus labios se separaron al caer en cuenta del significado de aquellas palabras ¿Acaso Jane había explorado la opción de abortar? ¿Desde cuándo había estado viviendo con esas incertidumbres ella sola?
Jane se había girado hacia la rubia que parecía estar absorta en sus pensamientos con la mirada en blanco.
—Sí… mantengo mi posición… —habló, y por el rabillo del ojo notó cómo Maura bajó la cabeza.
—Bien. Si no encuentras que las pastillas te ayudan puedes llamarme, deberías notar una mejora entre las primeras 24-48 horas.
—Eso espero.
—Felicidades, Kate. Te enviaremos un recordatorio para el siguiente seguimiento. —Sonrió y Jane aceptó su mano, despidiéndose con un firme apretón.
La puerta se cerró y Jane comenzó a ponerse la ropa nuevamente. Aún estaba procesando la confirmación de la doctora. Ahora no quedaba dudas. ¿Qué ibas a hacer? ¿Qué pasará con su trabajo? Las preguntas inminentes que había dejado a un lado, evitándolas a toda costa, se le venían arriba como una cascada. Cuando solo le quedaba la blusa por ponerse, su respiración se cortó y sus manos se detuvieron en seco al sentir brazos rodeándola por detrás, abrazándola con fuerza.
—Maur…
No se esperaba aquella reacción de su parte. En si la expresión en blanco que tenía minutos antes le había causado un miedo inexplicable.
—Lo que dijo la doctora…
La morena se giró entre sus brazos y se sorprendió cuando su rostro fue tomado entre suaves manos y fue recalcada con las palabras que más necesitaba escuchar en aquellos momentos.
—No olvides que estaré a tu lado sin importar qué decidas—susurró con una mirada decidida.
Jane no pudo hacer más que sonreír y cerrar el espacio entre las dos, besándola suavemente. Agradeciéndole en silencio.
—¿Estás segura que quieres seguir en esta relación? ¿Sabiendo que estoy embarazada… que tendré un hijo…? —preguntó, respondiendo así las dudas de la mujer. No iba abortar. Era algo que había tenido claro desde su primera visita a la clínica y, después de haber sido informada de cuánto tiempo tenía, nada le haría cambiar de pensar.
—Nunca he estado tan segura de algo.
—Entonces vamos a casa… —Terminó de ponerse la blusa y sostuvo la mano de la mujer, llevándola con ella.
—Pero ¡¿qué es eso!? —gritó al televisor, poniéndose de pie, llevándose las manos a la cabeza— ¡Comprado! ¡Tiene que estar comprado! —Se mantuvo en silencio por un segundo al ver que ponían la cámara de repetición— ¿!En serio!? ¿Aún le va a dar tarjeta?
Maura estalló en risas desde la cocina y Jane la miró, olvidándose su enojo hacia el juego.
—¿Qué? —preguntó, apenada
La rubia se dirigió al salón con dos vasos de jugo y unas galletas con salsa.
—Nada. Solo disfruto del partido.
—¿Del partido o de mi rabieta?
—¿Un poco de los dos? —le guiñó un ojo antes de morder un pedazo de galleta, sentándose en el sofá.
—¡Pero que descaro! —Le saltó encima, haciéndole cosquillas—. Ni siquiera intentas disimularlo.
—No, no. Jane. No me rio de ti. Los deportes son algo muy serio —intentaba decir entre risas, esforzándose por detener las manos de la mujer.
—Muy serio —calcó, intentando sonar seria.
—¡Muchísimo!
El ataque de sus manos se detuvo de repente, quedándose mesmerizada. El cabello dorado estaba despeinado sobre uno de los cojines del sofá, con varios mechones deslizándose por su rostro enrojecido. Maura reía de oreja a oreja a la vez que intentaba recobrar el aliento.
—Oh… hace tiempo que no me reía de esa… hmmm. —Sus ojos se abrieron por la sorpresa del beso inesperado y en un instante le correspondió, rodeando el cuello con sus brazos.
—Eres hermosa… ¿Te he dicho eso alguna vez?
—Creo que sí.
—¿Crees? Tendré que decirlo un poco más, entonces —le guiñó un ojo y se echó hacia atrás, ayudándola para que se incorporara, sentándose a su lado—. Esta es la mejor salsa que he probado en mi vida.
—Es la primera vez que la hago.
—¿En serio? Entonces tienes un talento natural.
Maura sonrió antes de tomar un sorbo de su jugo.
—Solo seguí las instrucciones de la receta.
—¿Sabes qué haría esto perfecto? Una cerveza. —Se hundió en el sofá, haciendo lo que Maura supuso era un puchero.
—Me temo que no tendrás por un largo tiempo.
La mujer suspiró, colocándose las manos sobre el abdomen de forma inconsciente. Aún no se acostumbraba a la idea de tener un ser humano creciendo dentro de ella.
El tiempo de descanso terminó en el partido y su atención volvió al televisor, mientras la rubia no dejaba de mirarla a ella. Había sido una semana difícil para las dos, aunque mucho más para Jane. El hombre con el que había estado casada murió de repente y eso le había puesto su mundo de pies a cabeza. Pero algo había notado en momentos como aquellos; había comenzado a sonreír más e imaginaba que se trataba a lo que había susurrado noches antes cuando hablaban en la cama, quedándose dormida.
"Ustedes dos son mi mundo"
Las palabras habían permanecido con Maura desde aquella noche sentía que su corazón se aceleraba siempre que las recordaba.
El partido había terminado hace una hora y Jane se había quedado viendo un programa de cocina, mientras la rubia no había dejado de leer.
—¿Qué estás leyendo? ¿Ya terminaste el libro de ayer?
—Una ciruela.
—¿He?
—A las doce semanas es aproximadamente del tamaño de una ciruela.
—¿Eso lees?
—Sí.
—¿Qué más dice? —Se acercó, apoyando la cabeza sobre el hombro— ¿Cuándo podré saber el sexo?
—En unas cuatro semanas más.
—Tanto tiempo…
Maura sonrió y Jane se quedó mirándola. Le gustaba ver aquel brillo en esos ojos claros. Maura estaba feliz, radiaba. No pudo evitar pensar en lo tonto que había sido siquiera pensar que no la aceptaría por su condición. Parecía igual o hasta más entusiasmada con el embarazo.
El timbre de la puerta sonó temprano a la siguiente mañana cuando Maura aun preparaba el desayuno. El único que podría ser era James ya que no habían conocido a nadie más durante esas semanas.
—¿Se le habrá olvidado algo? —pregunto, dándole la vuelta a un crepe.
—Yo voy. —Ya había terminado de cortar la fruta y se secaba las manos, caminando hacia la puerta—. Buenos días, James —saludó al abrir la puerta.
—Buenas. Les tengo buenas noticias.
Jane ladeó la cabeza, sorprendiéndose ya que nunca había visto al hombre sonreír de oreja a oreja. El cuerpo de la rubia se había girado hacia ellos al escuchar aquello.
—Ya pueden volver a sus viejas vidas.
Las dos mujeres se quedaron inmóviles, mirándolo boquiabiertas.
