N/A:
Bueno, tenía muchas ideas para este cap, pero al final terminó de esta manera. Hubo una parte, mientras escribia, que sentí mucha nostalgia puesto que me acordé de mi infancia. Como soy el menor de mis hermanas, mi hermana con la que viví siempre estaba conmigo y jugabamos juntos hasta que ella creció (entró a la adolescencia) y pues se distanció de mi de la nada. Ahora ya nos llevamos muy bien y en verdad la amo mucho. Así que este capítulo tiene un poquito de mi vida (en un diálogo que dice Hinata xD) Sólo espero les guste y si ven algún error, no duden en decirme!
El trayecto a casa fue en silencio. Ninguno de los chicos habló hasta que llegaron a su hogar y fueron bombardeados con preguntas de Yuu y Ryuu. Shouyou fue el que se animó a contestarlas mientras Tobio hizo todo lo posible para evadir a su padre y meterse a bañar. No tardó más de cinco minutos en bañarse, se puso el pijama y se acostó en su cama, despreocupado de los deberes que no había hecho y con la cabeza llena de pensamientos que no lo dejaban descansar. Las palabras que Shouyou le había dicho se repetían una y otra y otra vez en su cerebro. Tal vez su hermanastro tenía razón; tal vez sólo importaba que estuvieran juntos; tal vez amarlo y quererlo era más que suficiente. Qué importaba que no fuera perfecto, que hubiera peleas, corretizas, risas, forcejeos, todo eso era lo que hacía única su relación, la razón por la cual Tobio no podía dejar de amarlo.
La puerta de la habitación se abrió y Shouyou entró con la bata de baño puesta. Al parecer también se había bañado puesto que su cabello no dejaba de chorrear agua, mojando todo el piso.
– Oye. – Habló Tobio desde su cama. – Sécate el cabello que vas a mojar todo. – Shouyou lo miró y le mostró la lengua, ignorando lo que su hermanastro le había dicho. Se cambió en silencio y apagó la luz, listo para irse a dormir. Tobio se giró, recostándose de lado, y cerró los ojos para tratar de descansar (aunque estaba convencido de que no podría pegar ojo en toda la noche), cuando sintió un peso extra en la cama. Los brazos de Shouyou lo rodearon por detrás, abrazándolo con fuerza, recargando la cabeza mojada en su espalda. Tobio no se movió, dejó de respirar y de vivir. El cálido y pequeño cuerpo de su hermanastro estaba muy cerca, demasiado. Era peligroso. Para ambos.
– ¿Recuerdas cuando éramos niños y dormíamos juntos cada vez que había una tormenta? – La voz de Shouyou hizo vibrar a Tobio, lo hizo estremecer y aceleró su ritmo cardiaco. Vaya que lo recordaba. Lo recordaba en su piel, en su cama, en todas esas noches dónde los truenos gobernaban el silencio y Shouyou se estremecía solo entre sus sábanas porque Tobio lo había echado de su lado; lo recordaba cada vez que veía un relámpago, que llovía fuerte, cuando no había nadie cerca, y no sólo recordaba eso, sino muchas cosas más. Como cuando el aire acondicionado se descompuso y ambos durmieron en el suelo, o fingían que eran buzos en las profundidades del mar cada vez que se bañaban en la tina, o cuando Shouyou se enfermó y Tobio pasó toda la noche cuidándolo, o la primera vez que se desvelaron viendo películas, o la última vez que Tobio mojó su cama y Shouyou le lavó las sábanas para que su padres no se enteraran. Tobio atesoraba todas esas memorias, las grababa con fuego en su cerebro y se prometía a sí mismo no olvidarlas jamás.
– Sí, lo recuerdo. – Respondió con la voz ronca. Shouyou se rió ligeramente, apretando su agarre.
– Ah, y de esa vez que mojaste la cama, ¿te acuerdas?
– Pues sí.
– O cuando nos bañábamos juntos. ¿Por qué dejaste de hacerlo? También dejaste de dormir conmigo. ¿Por qué lo hiciste?
– Porque sí. Duérmete.
– Anda, dime. ¿Por qué?
– ¿Qué te importa?
– Me importa porque me sentí muy triste cuando me azotaste la puerta del baño en la cara y me tiraste de tu cama a patadas. Nunca me explicaste nada, sólo te alejaste. – El corazón de Tobio se detuvo. La voz de Shouyou estaba impregnada de tristeza, como si esas memorias le causaran un gran dolor. Hasta ese momento Tobio no había comprendido que él no había sido el único que sufrió por ese distanciamiento. Había estado tan sumergido en su desgracia que no se percató de las miradas llenas de sufrimiento que no comprendían lo que estaba sucediendo. Tobio había sido egoísta al pensar que sus acciones eran para proteger a su hermano cuando lo único que hacía era protegerse a si mismo. Hubo un largo silencio. Tobio se giró lentamente, deshaciendo el abrazo de Shouyou y quedando de frente a él.
– Lo hice porque me di cuenta que tenía sentimientos por ti. Estaba asustado de cómo reaccionaba mi cuerpo. – Los enormes ojos de Shouyou brillaban en la obscuridad. Su mirada era intensa y atravesaba el alma de Tobio. Una extraña sensación llenó su ser, como si se hubiera vuelto más ligero, como si su corazón pesara menos.
– Entonces, ¿ya no volverás a echarme de tu cama?
– No lo sé. No es como si controlara mi parte baja. – Shouyou abrió mucho los ojos y bajó la mirada, avergonzado.
– Bueno, si algo así llega a pasar, prometo no comentar nada al respecto.
– ¡Idiota! ¡Como si quisiera que vieras algo así! – Tobio empujó a Shouyou, pero este se agarró de su hermanastro justo a tiempo para no caerse. Y la noche continuó entre forcejeos y pláticas del pasado, en un ambiente completamente nuevo para ambos, en un recuerdo más para atesorar.
