Advertencias
Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.
Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.
La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.
Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea y al que comente
Capítulo 37
Habían pasado dos días desde aquella noche en la que al pareja se había besado, y la situación no podía ser mas desesperante. Sally evitaba a Damon, y este no paraba de pensar en sus sentimientos hacia ella, ya que cada vez eran mayores y parecía que la bruja no quería saber nada de aquello.
La joven castaña salió de su cuarto con cautela, intentando no encontrarse con el moreno. Era alrededor de las 11 de la mañana y esta recibió un mensaje al teléfono de parte de Mike.
Al llegar a la cocina, encontró a Stefan con Elena.
-Hola, chicos.
-¿Qué tal? ¿Todo bien?
-Claro. -Respondió mintiendo la joven mientras sonreía levemente sin ganas, para después continuar hablando –¿Esta tarde habéis quedado en el Grill? Mike me acaba de mandar un mensaje diciéndome si voy a ir.
-Él propuso que quedáramos y se ofreció a decírtelo. Creo que le gustas bastante.
A la respuesta de Elena, la chica se ruborizó levemente, y sin mirar a los presentes, contestó.
-Es un chico encantador y muy atractivo, pero no sé, creo que va muy rápido.
-Si quieres olvidarte de mi hermano, lo mejor que puedes hacer es no cerrarte puertas, Sally. Intenta disfrutar y no pienses en las consecuencias.
-Puede que tengas razón, Stefan, vivir con miedo y lamentándose es terrible. Iré esta tarde con vosotros.
-Así se habla.
-Bueno, yo me tengo que ir. Nos vemos luego. –Dijo Elena mientras se despedía de el vampiro con un beso, y salía del lugar.
Stefan miró a la castaña, y tras un pequeño silencio, volvió a hablar observando sus ojos esmeralda.
-Ahora, cuéntame por qué estás evitando a Damon. Me he dado cuenta.
La chica casi se atragantó con su café al escuchar aquello, y tosió levemente observando al hombre. Tras un suspiro, le contó lo sucedido armándose de valor.
-Damon y yo nos besamos hace dos noches después de que me diera las gracias, y por ello le evito: No tengo valor para mirarle a la cara después de lo que pasó.
-Bueno, no ha pasado nada malo, ¿no?
-No, pero... Tampoco bueno. No sé si quiero que esto siga ¿entiendes? No confió en él.
-Entiendo, es lógico. Deberías aclararle las cosas, Sally.
-Primero tengo que aclararme yo, no sé que hacer.
-Díselo, no puedes evitarlo viviendo con él.
-Tienes razón, creo que esta noche se lo diré. Gracias
-No hay de qué. –Respondió el chico con una leve sonrisa.
Antes de la llegada del ocaso, el grupo de jóvenes ya se encontraba en el Mystic Grill. Todos hablaban y reían sentados alrededor de una mesa.
Sally se sentía algo incómoda ya que notaba la mirada de Mike constantemente sobre ella, algo que la ponía nerviosa, pero tampoco podía hacer nada por remediar aquello, con lo que intentó hacer como si nada interviniendo en la conversación.
-¿Os apetece jugar una partida al billar? Será divertido con Mike aquí, es buenísimo.
-Claro, vamos a ello. –Respondió Stefan mirando a Caroline, mientras todos se levantaban y se dirigían a una de las mesas de billar del local.
-Oye, yo hace muchísimo que no juego a esto, no creo que sea buena idea que me deis una paliza. –Dijo Sally con una sonrisa mientras miraba a los presentes.
-Te enseñaré cómo has de golpear las bolas. Es fácil.
-No sé, Mike, soy algo torpe para estos juegos.
-Tonterías, ven aquí. –Dijo el chico mientras le indicaba que se pusiera frente a las bolas, y agarrara el palo.
Damon entró en el bar y saludó a su hermano con la mano en la distancia mientras se acercaba a la barra, sentándose y pidiendo su trago favorito. Mientras esperaba, observó la escena en el billar, sintiendo como los celos y el malhumor comenzaba a aflorar en él.
Mike se posicionó tras la bruja y suavemente movió su cuerpo colocándolo en la posición correcta para tirar, acariciando sus manos con lentitud, mientras susurraba en su oído los pasos que debía seguir para realizar un golpe certero.
Sally se sintió muy incómoda mientras notaba las miradas de los amigos posadas en ellos dos. Casi era capaz de saber que pensaban ante aquella escena.
-Así es como se hace. –Dijo el chico mientras se separaba con lentitud y cuidado.
-Gracias, Mike.
-Yo tampoco se jugar al billar ¿a mí no me enseñas? –Preguntó Damon con un deje de molestia en su voz mientras se posicionaba junto a la castaña.
-Damon, ven conmigo.
Stefan agarró al chico por el brazo y lo arrastró hacia la barra, alejándolo del grupo.
-¿Qué crees que haces?
-Sólo me estaba divirtiendo un poco, Stefan.
-Pues deja al chico en paz, y a Sally, si tú no aprovechas tus oportunidades lo harán otros.
-No sé de qué me hablas. –Respondió el moreno, frunciendo el ceño.
-De eso. –Stefan señaló en la dirección de los chicos y el billar para que su hermano observase la dolorosa escena. Mike y Sally se estaban besando en un lado mientras los demás jugaban.
-Tengo que irme, me está entrando hambre de verdad. –Dijo el moreno mientras se dirigía a la salida con paso rápido, malhumorado, dejando al castaño solo en la barra.
Damon golpeó con fuerza un árbol cercano, para después dirigirse en su coche velozmente hacia su casa. No podía contener la rabia de su interior ni el dolor. Al llegar al interior, se dirigió al mini-bar donde cogió una de las primeras botellas y comenzó a beber. Escuchó el sonido de la puerta abrirse, pero no le dio importancia.
Minutos después, Sally entró en la estancia.
-¿Te ocurre algo? –Preguntó al observar al moreno.
-¿Y a ti? Porque no entiendo qué estás haciendo
-¿De qué me hablas, Damon? –Dijo la chica con extrañeza.
-No entiendo que hace dos noches me correspondieras y ahora te vayas besando con Mike.
-Oye, tú te vas acostando con otras y no te digo nada, ¡por qué no somos nada!
-Tú sabes que me amas aunque no lo reconozcas ¿Vas a hacerle a él lo mismo que yo te hice a ti?
-No. A mí él me gusta de verdad, no sé que te habrás creído. Deja de meterte en mi vida, Damon; Hace mucho tiempo que estás fuera de ella.
La joven se marchó escaleras arriba con enfado, dejando al chico parado en la estancia, para después tirar la botella contra el suelo y dejarse caer en el sofá intentando contener las lágrimas.
