Desde que Dumbledore le había asignado aquella misión se había puesto manos a la obra. No tenía muchos datos en concreto así que había muy poco por lo que empezar. Se dirigió a su piso en pleno centro de Londres, muy cercano al ministerio y se metió en internet, agradeciendo que su padre le hubiese hecho tener interés por los objetos y tecnologías muggles de uso cuotidiano. Indagó un poco sobre ese tipo de campamentos, era la clase de lugares a los que los padres mandaban a los hijos conflictivos cuando no podían más con ellos, lugares donde les inculcaban cierta disciplina y en los que durante semanas llevaban una vida pseudomilitar, eso sí quitando el uso de armas. Lo curioso de esos lugares era que la mayoría de esos chicos acababa optando por una carrera militar al cumplir la mayoría de edad. También había unos pocos que se inscribían en ese tipo de campamentos para prepararse porque eran hijos de militares o planeaban entrar en el ejército. Pero en ninguna de las páginas en las que encontró información había alguna dirección o algo para contactar. Era raro, algo que tenía que investigar. Decidió dejarlo por el momento y dormir un poco, sabía que al día siguiente tendría un día muy largo.
A la mañana siguiente se levantó temprano, haciendo una llamada al aeropuerto para reservar un vuelo de última hora a Miami, supuestamente Harry estaba en américa, así que por algo tenía que empezar y curiosamente tenía un conocido en Miami, un amigo que fue compañero suyo en Hogwarts, un hijo de muggles que conoció en su primer año en el expreso de Hogwarts y que fue seleccionado para la casa Ravenclaw, mientras que ella había sido seleccionada para Hufflepuff. Habían continuado con su amistad durante los siete años y compartido muchas cosas, incluso el descontento de él con el mundo mágico y la permisibilidad que había para que tratasen mal a los que eran diferentes. A decir verdad en su propia casa había sido discriminado por estar siempre hablando de cosas llamadas ordenadores, chips y que eso era el futuro de la tecnología muggle; si a eso le sumabas el actuar de algunos estudiantes, sobre todo los Slytherin. Su amigo lo había dejado todo al terminar Hogwarts, se había mudado lo más lejos posible y le había escrito por correo ordinario, pidiéndole mantener el contacto de esta forma. Así había sido durante años.
La discreción era fundamental en este caso, no podía pedir un traslador al ministerio por dos motivos: se necesitaba una buena justificación para solicitarlo y no podía esgrimir que se trataba de un viaje de vacaciones; el segundo motivo, era precisamente el MACUSA y la posibilidad de terminar provocando un incidente internacional, no era algo aconsejable. Tampoco podía aparecerse, era una distancia demasiado grande como para hacerlo con éxito. El transporte muggle era la única opción.
Cogió una bolsa de mano en la que tenía algunas prendas, siempre la tenía preparada por si surgía una misión repentina. Tomo un par de tostadas mientras bajaba a la calle y se subía al taxi. El camino hasta el aeropuerto no sería muy largo, o al menos eso esperaba. La cola en el aeropuerto la puso un poco nerviosa, no quería perder mucho tiempo con todo eso. Recogió su billete y se dirigió a la puerta de embarque, con el tiempo bastante justo, muy apurada. Una vez dentro del avión, se acomodó en su asiento de clase turista, resignándose a pasar las próximas horas en el interior de aquel aparato, las horas que durase el vuelo. Al menos podía disfrutar de la película que pusieran. O para descansar lo que no había podido la noche anterior.
Nada más salir de la terminal del Aeropuerto Internacional de Miami, sintió el sol golpeándole la cara, un gran contraste en comparación con el clima Londinense. Tomó uno de los taxis que había en la misma parada del aeropuerto y dio las señas de su amigo. Era la primera parada que haría y haría las cosas a su manera, sonrió, le gustaba poner a prueba sus habilidades y demostrar que podía ser buena en lo que hacía, sabía tener buenas ideas. Y ahora, estando sola, podía seguir su propia forma de hacer las cosas. Era lo bueno de esa misión en solitario.
- Gracias – Dijo al taxista nada más llegar a destino, dándole una pequeña propina por el viaje.
Caminó hasta la puerta, admirando el bien cuidado césped y el estilo de la casa; era hermosa, nada ostentosa. Tocó al timbre, esperando que su amigo se encontrase en casa y no tuviese que esperar en la puerta, era demasiado impaciente para esperar según qué circunstancias, y eso le había dificultado bastante en la academia de aurores. Por suerte la puerta se abrió.
- Nymphy...
- Sabes que no me guata que...
- Si lo sé, pero tú sabes que me gusta hacerte rabiar; ¿Qué te trae por aquí Tonks?
- Necesito un favor, ¿sigues dominando todas esas cosas de la informática?
- Por supuesto, pasa y cuéntame. Podrías haberme dicho que venías.
- A sido todo muy repentino, un imprevisto.
Una vez en el interior le explico a grandes rasgos la situación a su amigo, no podía revelar nada importante sobre la orden a gente que no estaba dentro de ella, pero si podía explicarle lo que sucedía. Que Dumbledore la había enviado allí a localizar a Harry Potter quien había sido enviado por sus tíos a un lugar de los estados unidos pero no sabían bien dónde. Pudo notar que su amigo estaba un tanto reticente al principio, pero que al final aceptó ayudarla, aunque lo que le pedía iba un poco fuera de la legalidad. Su amigo era una gran persona. Pasó el resto de la tarde a su lado, viéndolo trabajar continuamente con el ordenador sin entender que era lo que estaba haciendo, hasta que al final de dio la respuesta, mostrándole la información. Harry había cogido dos vuelos y ahora estaba o en Seattle o en Tacoma.
- Te sugiero que vayas a Seattle, de las dos es la ciudad más cercana
- Gracias, ¿Te importa si envío un patronus?
- En absoluto.
Pensó detenidamente en el mensaje que quería mandar a Dumbledore y luego conjuró su patronus, un patronus que había pasado de ser una liebre a un lobo. Sabía que el mensaje llegaría sin dificultad al director, aquel era un medio de comunicación infalible. Después miro a su amigo unos instantes, pensando en que era un poco injusto marcharse ahora que había obtenido la información que buscaba. De modo que aceptó la invitación a cenar de su antiguo colega.
Horas después se subía en un coche de alquiler que ella misma había arrendado. Había un motivo para ello, prefería el coche a estar por el aire, aprovecho para coger un coche con GPS y a funcionar, solo tenía que recordarse que debía circular por la derecha en lugar de por la izquierda, pero eso era pan comido. Estuvo conduciendo por un buen rato, por las distintas interestatales, cruzando varios estados. Tan concentrada estaba en su tarea que apenas notaba el cansancio. No se detuvo hasta llegar a Iowa, donde paró en un motel a comer algo y dormir un poco. Por la tarde de aquel segundo día cogió de nuevo el coche hasta Sacramento, haciendo un alto en el camino en Nevada, a las afueras de Las vegas, donde le ocurrió algo bastante extraño que aun ahora no sabía si catalogar de sueño, alucinación o suceso real.
Se había encontrado con una mujer extremadamente bella, la cual debía decir le intimidaba un poco sobretodo porque se había acercado a hablarle como si la conociese de algo, como si fueran amigas, pero lo más inquietante del todo es el mensaje que le dio, lo que le dijo: El amor más puro es por el que más se sufre, es lo más divertido ¿no crees?, no desfallezcas, hay quienes necesitan más que saber para abrirse al amor pero lo hará algún día. Te lo dice el propio amor. Aquello fue realmente desconcertante, y cuando fue a preguntarle algo ya no estaba allí, había desaparecido, como si se hubiese evaporado en el aire, ni siquiera con la magia detecto que allí hubiese habido alguien. Finalmente optó por tomarse aquello como fruto del cansancio tanto de sus propias preocupaciones como del ritmo que estaba llevando los dos últimos días. Nada más llegar a Sacramento, alquilo una habitación en un hotel por un par de días y se dio un merecido descanso. Aquella mujer con la que había alucinado había sido suficiente alarma sobre su desmejorado estado. No quería que le pasase factura.
Dos días después, inició de nuevo su viaje, siguiendo ya toda la costa oeste de los Estados Unidos hasta Seattle. Anduvo por esa ciudad y los alrededores del Estado de Washington durante varios días, casi durante el resto de sus vacaciones, cuando estaban finalizando devolvió el coche en la sucursal de la empresa de alquiler que estaba en Seattle, se había asegurado de poder hacer eso cuando firmó el contacto de arrendamiento.
No había encontrado nada sobre Harry allí, su rastro desaparecía en Seattle y en los dos campamentos que había encontrado de las características que había mencionado Dumbledore, situados cerca del monte Rainier. En ninguno de ellos lo había encontrado. Se lo comunicó de inmediato vía patronus al líder de la orden, sobretodo en vistas de que le quedaban cuatro días para incorporarse al trabajo, el director del departamento de aurores la había citado el primero de agosto en su despacho.
- Regresa, enviaré a alguien a proseguir tus indagaciones – Le indico el patronus con forma de fénix del profesor Dumbledore.
Sin pensarlo dos veces y viendo que el tiempo apremiaba, reservo un vuelo desde Seattle hasta Nueva York, y otro que la llevara a Londres, prácticamente enlazando ambos vuelos. Lamentaba no haber encontrado a Harry.
