Draco Malfoy cavilaba en silencio en su recámara en ese día. Todo había sido empacado nuevamente, sostenía una vez más ese pequeño libro entre sus manos largas, las mismas que tanto le atraían a Hermione. Dudaba en dejarlo o llevárselo.
Ese objeto lo anclaría con la castaña y quizá no era lo conveniente para él. Finalmente decidió dejarlo sobre su cama, ya vería su madre. Cissa Malfoy que hacer con eso.
No quería vivir de recuerdos dolorosos. Sí, lloró por última vez al recordar que hoy era el día de la boda de Adrian Pucey y Hermione Granger.
-Debe estar casándose ya -se dijo apretando los puños y cerrando los ojos con impotencia.
La mujer de su vida se unía a otro y él no podía hacer nada para evitarlo porque ella misma lo había querido así. Lentamente abrió ese cautivante par de mercurio y se prometió que esas eran las últimas lágrimas que él derramaba por Hermione. Aunque su vida se partiera en pedazos tenía que salir adelante y continuar.
-Creo que fue mejor así -susurró antes de asomarse por última vez por su ventana preferida, la que daba al jardín de su madre e intentó consolarse secando las gotas amargas que sus ojos producían.
El otrora impulsivo Draco Malfoy estaba hoy doblegado por amor y en vez de comportarse irracionalmente, destruyendo todo a su alrededor como en el pasado lo hubiera hecho, aceptaba serenamente su presente, no sin un gran dolor, pero sí como el adulto que era.
Hiciera lo que hiciera el tiempo no volvería y Hermione Granger no sería su esposa jamás. Pensando así se vio interrumpido por la voz de Narcissa, quien tocaba la puerta.
-Draco, hijo, tu padre y yo queremos saber si nos acompañas a visitar a los Greengrass. Ya sabes, la muerte de Daphne los tiene todavía muy afectados.
-Gracias madre, pero prefiero quedarme aquí un rato más -contestó desde el otro lado de la puerta.
A una madre es difícil engañarla y la rubia mujer entró entonces a la habitación de su único hijo.
-Algo te sucede, Draco y me preocupa, sabes que puedes confiar en mí.
-No es nada, simple melancolía por dejar el hogar otra vez.
-No te marches…permanece con nosotros, tu padre puede…
-Nada de eso, me iré pero me harás compañía pronto, ¿recuerdas? -dijo tomándola amorosamente de la barbilla y mirándola a los ojos.
-Está bien, Draco, si no hay manera de persuadirte.
-No, no la hay -respondió tristemente el blondo.
Su madre depositó un beso en su mejilla y él de dejó acariciar como cuando era niño, con esa ternura maternal que todos experimentamos alguna vez.
-¿Y ese libro? -increpó Narcissa refiriéndose al de Hermione viendo que él lo sostenía entre sus manos.
-Lo voy a dejar aquí y cuando me marche deshazte de él, ya no tiene importancia para mí -mintió el rubio, pero no deseaba dar más explicaciones al respecto.
Suficiente era ya el dolor que anidaba en él como para abrir más las heridas que la castaña había hecho en él.
-Como desees, hijo -apuntó la dama.
Salió de la recámara con la sensación de que Draco le ocultaba algo más, pero no quiso indagar, a lo mejor más adelante él se abriría con ella pero éste no era el momento y ella supo respetar el silencio del rubio. Algo le afectaba a Draco visiblemente y Cissa se enteraría tarde o temprano.
Blaise Zabinni y Tedodore Nott, acompañados por Hermione se aparecían en los umbrales de la Mansión Malfoy, parecía solitaria a simple vista pero la realidad era que siempre daba esa impresión. La castaña sentía el corazón salírsele del pecho. La verja se abrió para darles paso una vez que el moreno pronunció el encantamiento que les permitiría la entrada.
Los tres se introdujeron rápidamente hasta el vestíbulo y se encontraba desierto. Ni Lucius ni Narcissa se encontraron en casa. Una pequeña elfina salió a recibirlos al percatarse de las inesperadas visitas en la casa.
-¿Puedo servirles en algo a los señores? -preguntó tímidamente pero con la mejor disposición de ayudar.
-¿En dónde está Draco? -se apresuró Nott.
-El amo Draco estaba a punto de salir hace rato al extranjero y Sissy no ha sido informada de su partida pero tal vez esté en su recámara -dijo sinceramente la elfina.
-¿Dónde está su recámara? -exclamó desesperada Hermione.
-Los siento señorita, pero no tengo acceso a esa ala de la casa…-se excusó amablemente la simpática criatura antes de desaparecer con un "plop" que los dejaba en entera libertad de actuar, pues había reconocido a los amigos de Draco y sabía que ambos eran de confianza y si Granger venía con ellos era porque la consideraban como una de ellos.
Rápidamente, subieron por las escaleras y Hermione se levantaba el incómodo vestido de novia para subir lo más veloz que podía, el pecho le estallaba a cada latido, necesitaba encontrar a Draco cuanto antes.
-Aquí es -se detuvieron ante una enorme puerta de madera finamente tallada en caoba.
Ambos muchachos le cedieron el paso a la castaña para que entrara a resolver sus problemas con el rubio de ojos mercurio.
Antes de entrar, Hermione suplicó internamente encontrarlo ahí y dando un enorme suspiro giró la manilla de la puerta, ésta cedió sin mucho esfuerzo. Zabini y Nott esperarían abajo por cualquier cosa. La ojimiel entró lentamente a la habitación y el silencio reinante la golpeó al llegar.
Todo estaba intacto, los muebles, las cortinas, la cama hecha y no había señales del blondo por ninguna parte, la inquietud y la desesperación la hicieron su víctima.
-¡Draco! -gritó, pero nadie la escuchaba.
Estaba vacía y silencio encontró como respuesta a su desesperación. El rubio no se encontraba ahí y tampoco había señales de nada. Todo parecía indicar que la temida partida había tenido lugar.
-¿Qué voy a hacer ahora?, Qué hago con todo éste amor? -se preguntó derrotada y llorosa al saberse perdida gracias a au terquedad y a su orgullo, gracias a no saber decir que sí a tiempo.
Reparó en el conocido libro que yacía en la cama y lo tomó con mano temblorosa. Al revisarlo supo que era el que ella había olvidado en la tienda de la modista de túnicas y cayó en la cuenta que Draco lo había recuperado y conservado todo éste tiempo.
Lo estrechó contra sí misma al saber que ese objeto había estado en contacto con el rubio. Ese era al único lazo con él por ahora. Miró el enorme cuadro del Slytherin que estaba colgado en su cabecera y sintió amarlo más, la posibilidad ahora de perderlo definitivamente se hacía más y más grande.
Bajó derrotada las escaleras y con los ojos enrojecidos por tanto llorar y con el libro entre los brazos.
La ausencia era el único enemigo que podía vencerla y ella no lo había considerado en su desenfrenada búsqueda. El castaño y el moreno salieron a su encuentro.
-No estaba ahí -dijo Hermione con un hilo de voz y sin esperar a que le preguntasen nada.
-¿En dónde demonios puede estar? -se preguntó Theo contrariado.
-¡Vamos a buscarlo, tiene que estar en alguna parte! -secundó Blaise.
-¿En dónde, Zabini?, ¿Sabes a qué parte de Holanda iba a ir? -preguntó esperanzada otra vez la ojimiel.
-No, pero podemos ir al Ministerio y ahí nos informarán -exclamó entusiasmado nuevamente el moreno. Nott repuso al instante.
-Es lo mejor que podemos hacer, ¡Andando!
El extraño trío apareció ahora en las afueras del edificio y la gente que estaba ahí congregada veían con curiosidad a la chica castaña vestida de novia y maquillaje corrido que tenía la mirada anhelante por Draco.
Sin importarles los rumores a su alrededor, se precipitaron hacia el interior del viejo inmueble que se encontraba casi desierto por ser sábado. Solo acudían ese día los que tenían algún asunto especial o pendiente, pero el acceso al público estaba restringido.
Al reconocer a Granger, el azorado custodio los dejó pasar sin proferir palabra, verla con el rostro lleno de sufrimiento le bastó para darse cuenta que buscaba algo importante en el Ministerio. Hermione agradeció internamente la benevolencia del guardia que la dejaba entrar a encontrarse con el amor, que esperaba no haber perdido del todo.
El camino hasta la oficina de Draco se le hizo eterno y desgarrador, pero ella lo recorrió con el alma en la mano. Una vez en el despacho empujó la puerta y tampoco lo encontró ahí. La desesperanza se volvió a apoderar de ella.
-¿Buscaban a alguien? -interrogó otro guardia que reflejaba la misma sorpresa que el de la entrada.
-¡Sí! -respondió exaltado Blaise Zabini.
También éste guardia reconoció a la castaña tras el pesado traje de novia y al par de acompañantes enfundados con elegantes trajes de gala. Para esas alturas, ambos traían deshecho el corbatín y el cabello algo revuelto, pero no cesarían hasta encontrar el paradero del antiguo Príncipe de Slytherin
-¡A Draco, Draco Malfoy!, ¿Lo ha visto por aquí? -Interrogó anhelante la ojimiel y la respuesta no se hizo esperar.
-El Señor Malfoy estaba hasta hace un momento en la oficina del Ministro que vino hoy especialmente a atenderlo a él, pero desconozco si sigue ahí…
El sujeto no terminó la fase porque Hermione ya corría de nuevo a todo lo que daba rumbo a la oficina de Kingsley. Theodore y Blaise la seguían de cerca poniendo su mejor empeño. Al estar ante la puerta de Shackelbott, la vida de la castaña de Gryffindor desfiló en un instante por su mente, las peleas con Draco, el odio de Howgarts, la asignación que le hicieron y…el irremediable amor que ahora sentía por él.
Todo había tenido comienzo ahí, en ese sitio cuando le dijeron que Draco Malfoy era su protegido y una ola de calor la envolvió haciendo renacer la esperanza.
No se atrevió a entrar y en lugar de ello llamó a la puerta. La voz del Ministro resonó rompiendo el silencio.
-Adelante -dijo y ella sin pensarlo más entró deseando ver a Draco. Una vez más no estaba ahí.
-¡Señorita Granger! -exclamó alarmado el hombre al verla en ese estado- ¿Le sucede algo?, ¡Hable, por Merlín!
Hermione desconsolada rompió a llorar nuevamente. El personaje la sostuvo corriendo a su lado porque ella estaba ya derrumbada en el piso con el libro apretado junto a su herido corazón.
-¿En dónde está, dónde está Draco? -articuló al fin sollozante.
Únicamente el hombre junto a ella podía ayudarle ahora y si no lo hacía todo estaba ya perdido. El Ministro la observaba muy confundido y alarmado por su estado. Jamás la ecuánime Hermione Granger había sido vista en tales condiciones y el vestido de novia que portaba lo decía todo. Había huido de su boda, de su propia boda.
La confortó paternalmente porque no entendía que hacía ese día, que se supone estaría casándose y sobre todo…buscando a Draco Malfoy.
El hombre entrado en años esperaba que ella se calmara para poder ayudarle en algo, pero el llanto corría desbocado y amargo sin que pareciera menguar en nada. Respetaba ese profndo instante en que la Gryffindor sufría y no se atrevía a preguntar más nada, pero estaba demasiado intrigado al respecto. Sobre todo porque el supuesto novio, Adrian Pucey no estaba con ella, presente en ese momento.
-¿En dónde está Draco? -volvió a preguntar entre lágrimas. Kingsley abrió los labios para responder…
Lo dejo hasta ahí por hoy...no se por qué pero lo haré.
Ya en dos capítulos más nos despediremos de la historia y empiezo a ponerme triste y melancólica, así que lean con calmita porque pronto cerraremos con broche de oro.
Besos desde México y gracias por acompañarme con su magnífica presencia.
