Quería pedirles perdón por no haber actualizado hace mucho tiempo, pero no he tenido internet ni forma de conseguirme con nadie. Mi amiga también depende de mí para subir sus capítulos, así que nadie podía subirlo los míos. Por favor perdónenme!
Terminada la suplica por poder conservar mi vida, les informo que llegamos al penúltimo capi de "Cuentas conmigo".
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Que no volviera a llamarlos hijos era lo primero que los Kagamine le habían pedido a su madre, luego de convencerse de que los había abandonado sin ningún motivo razonable. Podría ver a sus nietas, eso era la única opción que le habían dado, conocer y visitar a sus nietas cada vez que fuera posible.
Ese era todo lo que habían hablado con esa mujer hace un mes. A la semana siguiente Mikuo les había informado que la ceremonia religiosa de su boda se realizaría dentro de un mes y medio, ya que él en su labor de testigo, era el encargado de organizarla, y al parecer se estaba tomando su papel muy enserio.
Pero hoy no se hablaba de ninguna boda en su casa, ya que ese era el día en que Yukiko conocería al fin su nuevo hogar, y todos estaban muy ansiosos. Habían remodelado la habitación de Akari, de modo que ahora tendría que compartirla con su prima, cosa que la pequeña peli turquesa no pareció notar, ya que seguía desordenando todo como siempre.
-¡No Akari! ¡Deja de lanzar tus juguetes al suelo! –La peli turquesa se llevó una mano a la boca, comenzando a balbucear, haciendo reír a su padre –eres una malcriada
-bbu bbu
-tu "bbu bbu" no te salvará esta vez pequeña ¿Cómo es posible que teniendo casi 11 meses de vida apenas seas tan problemática?
-¡Bbu bbu! –exclamó la niña golpeando un juguete en el borde de su cuna. Len sonrió y la tomó en brazos, logrando animarla –ppu ppa vu…
-claro preciosa, como tú digas… oye, tendrás que ser menos ruidosa o despertarás a tu prima –murmuró volteando levemente hacia la otra cuna, donde su sobrina dormía plácidamente –y si la despiertas, tía Rin se enfadará, y no queremos eso ¿Verdad?
-hooo…
-eres tan lista como tu madre
-gracias por el cumplido –murmuró Miku, que acababa de entrar –ya es hora de que la niña se dé un buen baño, y el papá descanse un poco –tomó a su hija en brazos antes de volverse hacia Len –has estado todo el día yendo de un lado a otro, duerme un poco antes de cenar
-lo que mi mujercita mande…
-es una niña muy linda ¿No crees? –Preguntó su "mujercita" observando a Yukiko –se parece mucho a Rin
-gracias al cielo –bromeó el pelirrubio, haciéndola fruncir el ceño –solo espero que no saque su genio, no me gustaría una sobrina que pelee hasta con las plantas
-Rin no es tan conflictiva, creo que exageras
-y yo creo que no…
-Len…
-¿Hmm?
-tus padres… ¿volverán a estar juntos, verdad? –le preguntó Miku abrazando a su hija –digo, ya comprobaron que su matrimonio es totalmente válido
-no sé si volverán a estar juntos, pero al menos detuvieron los tramites del divorcio, eso nos da alguna esperanza… Miku, ¿Ya pensaste dónde quieres ir de luna de miel?
-cualquier lugar estará bien
-¡Claro que no! Te mereces una luna de miel digna de alguien como tú
-pues haces que suene tan bonito –rió Miku tímidamente, besándolo en la mejilla –escoge tú, para mí todos los sitios están bien, y lo sabes… etto, iré a duchar a Akari
Len chasqueo la lengua, observándola alejarse con la pequeña peli turquesa en los brazos. ¿Cómo podría darle en el gusto a alguien que todo le gustaba? No se sorprendería de nada de lo que le diera. Volvió a chasquear la lengua, volteando luego hacia su diminuta sobrina, que dormía plácidamente en su cuna. Ni siquiera el ruido de los juguetes de Akari la había despertado… tendría el sueño tan pesado como su padre, de eso no había duda.
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-¿Dijiste que las niñas quedaron con Len Y Mikuo? –preguntó la peli turquesa resistiéndose a salir de la casa como Rin le pedía. La pelirrubia rodó los ojos, tirándola del brazo con toda la fuerza posible.
-ya te dije que sí, y también está papá con ellos –su amiga la observó con algo de duda -¡Vamos Miku! ¡Debes ir a probarte el vestido!
-pero si me lo probé hace una semana, te aseguro que no he engordado como ballena en 7 días
-claro que no, estas divina
-entonces… ¿Para qué volver a probárselo?
-para ver si no deben arreglarle alguna cosa, Miku, queda solo una semana para que sea la ceremonia y debes lucir hermosa
-no veo para qué, si de todas formas ya estoy casada con tu hermano
-te juro que nunca vi a una novia tan aburrida como tú
-Rin, nunca has ido a ningún matrimonio, por lo tanto nunca has visto a una novia
-¡Ajá! Repítelo cuando me interese saberlo –bufó Rin haciendo para un taxi –ahora sube para que nos podamos ir de una vez, te podría jurar que dejar a mi Yukiko al cuidado de Mikuo tampoco me tranquiliza mucho, asi que mientras más pronto nos vayamos, más pronto volveremos
-pues visto de ese modo…
-¡Sube de una vez Miku!
La joven frunció el ceño, optando por obedecerle a su amiga. No es que Rin la mandara o algo parecido, pero temía que la golpeara si seguía demorándose mucho tiempo.
El vestido de Miku era hecho de una extraña tela que Rin había escogido, ya que para su amiga todas esas cosas eran demasiado aburridas. Tenía un disimulado escote y se sujetaba de los hombros por unos delgados tirantes, ajustándose en la zona del vientre y cayendo libremente hasta el piso, decorado con algunas cosas a las que Miku no había prestado mucha atención cuando se las nombraron. Para la peli turquesa bastaba con que fuera un vestido lindo, y eso es lo que era el suyo, lindo.
-luces hermosa Miku, me encanta el vestido que… que yo escogí para ti –bufó Rin al notar que su amiga observaba con cierto desinterés su reflejo en el espejo –es enserio Miku, no pareces una novia
-es que… yo estoy viendo todo para casarme dentro de una semana
-sí… ¿Y qué con eso?
-y luego Len quiere irse de luna de miel por toda una semana…
-¡Eso es genial!
-no creo que pueda pasar toda una semana alejada de Akari –finalizó Miku haciendo un tierno mohín que le causo gracia a su amiga –no te rías, no es divertido
-claro, perdón –dijo la pelirrubia entre risas –Miku, nadie arrojará a tu hija por la ventana, estará bien con tus padres, no creo que la entreguen para algún raro ritual satánico o algo así
-aún así…
-ya, mejor sonríe, serás la segunda novia más hermosa del mundo
-¿La segunda?
-bueno, tarde o temprano yo también tendré que casarme –le comentó Rin sonriendo. Miku frunció el ceño fingidamente, dándole la espalda para volver a mirarse en el espejo –entonces, ¿Te gusta como está quedando?
-pues sí, se ve muy lindo
Rin se colocó de pie, saliendo de la habitación para hablar con la dueña de la tienda mientras Miku se cambiaba de ropa. Al salir de la tienda, se apresuraron en tomar un taxi para volver lo más rápido posible a la casa. No es que no confiaran en sus respectivas parejas para cuidar de sus hijas, pero… bueno, no confiaban en ellos para el cuidado de sus hijas, debían admitirlo. Len era muy responsable cuando de cuidar a Akari se trataba, pero Mikuo… Mikuo solo era listo para los exámenes y los estudios, con respecto a Yukiko, bueno, apenas llevaba dos días en la casa, y aún así Mikuo no era capaz tomarla en brazos sin sentir temor de lastimarla. Es sólo que la pelirrubia era realmente tan pequeña que de verdad daba la sensación de que se rompería si alguien la tocaba.
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La joven bufó con molestia, tratando de recuperar la ropa que su amiga le había arrebatado de las manos. Está bien, lo admitía, nadie en su sano juicio llevaría ropa de invierno para irse de luna de miel a Hokkaido en época de verano y sol, pero Rin no tenía porqué tirarla al piso. Frunció el ceño, tomando a Akari en brazos, aunque la niña no dejaba de balbucear a modo de protesta, ya que tenía muchas ganas de comerse la alfombra que cubría el piso de la habitación de sus padres.
Rin sacó una gruesa chaqueta para lluvia, y luego de observar con expresión de regaño a su amiga, la dejó descuidadamente sobre la cama a la vez que metía un lindo y liviano vestido blanco con flores de tonos similares a los del cabello de Miku.
-ya verás que Hokkaido será muy divertido –le decía metiendo una y más cosas a la maleta
-no lo dudo, pero ¿No crees que necesite ropa de noche?
-la verdad Miku, ni siquiera creo que mi hermano te deje salir de la cama por las noches
-¡Rin! –Exclamó la peli turquesa sonrojada al máximo –no digas esas cosas frente a Akari
-dudo que lo recuerde cuando tenga 6 años Miku, acéptalo, para eso es la luna de miel, no solamente para hacer turismo y conocer la zona –cerró por fin la maleta y se lanzó a la cama, observando el techo –Miku, te casas dentro de 2 días, ¿Estás nerviosa?
-bueno, ya estoy casada con Len
-sabes a qué me refiero… un hermoso vestido blanco, las flores, el baile…
-claro que estoy nerviosa
Rin suspiró, colocándose de pie al escuchar llorar a su hija. En ese momento Akari comenzó a balbucear, ganándose la completa atención de su madre, quien la alzó haciéndola soltar una ligera carcajada que llenó por completo la habitación. Al verla ahora tan grande, próxima a cumplir un año de vida, no pudo evitar pensar en que tal vez… si su pequeña peli turquesa no estuviera con ellos, Len seguiría siendo sólo el hermano de su mejor amiga, y no el amor de su vida. La frase "Las cosas buenas nunca llegan solas" la caracterizaba mucho en ese momento.
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Finalmente el ansiado día había llegado. Le resultó realmente difícil abrir los ojos esa mañana, y una fuerte jaqueca se lo dificultaba aún más. Len permanecía recostado a su lado, observándola tiernamente mientras recorría sus facciones con la punta del pulgar. Llevaba haciendo eso desde el mismo día en que se habían casado, y debía admitir que en él resultaba devastadoramente encantador. Ahogo un bostezo y se sentó, arreglándose el largo cabello, manteniendo un cómodo silencio que se vio brutalmente interrumpido por la siempre inoportuna Rin Kagamine, quien sacó a Len a empujones de la habitación, a la vez que muchas personas entraban trayendo toda clase de cosas en sus manos, una de ellas era su vestido.
No alcanzó a darse cuenta de cómo paso todo, solo sabía que alguien la había maquillado y peinado, y que el lindo vestido se encontraba perfectamente ceñido a su cuerpo. Todo había sido tan rápido…
Len ya no estaba en la casa, tampoco Akari ni Yukiko, y todo era un silencio sepulcral en ese momento. Rin acababa de colocarse su ajustado vestido color cielo, y debía admitir que no demostraba haber sido madre hace tan poco, aunque realmente nunca llegó a crecerle el vientre tanto como le había crecido a ella.
La limusina que Mikuo había contratado pasó por ellas, trayendo ya al padre de Miku, quien bebía una copa de quien sabe qué cosa, algo que molestó a su hija.
-no deberías estar bebiendo tan pronto –lo regañó Miku mientras luchaba junto a Rin porque su vestido y peinado no se estropearan al momento de subir al lujoso vehículo
-mi niña… luces hermosa –dijo él detallando el aspecto de su hija. Miku traía el cabello atado en un moño, aunque algunos largos y rebeldes mechones se escapaban por los costados y caían elegantemente por sobre sus hombros, dándole un aspecto ralamente encantador que combinaba a la perfección con el blanco vestido, resaltando el leve rubor en las mejillas de la peli turquesa y el intenso brillo de sus ojos
-gracias papá…
-ya podemos irnos –ordenó Rin, pasando por alto la emoción del momento entre padre e hija que había arruinado.
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Apenas Rin lo había sacado a empujones de la habitación, Mikuo lo arrastró hasta el dormitorio de su gemela, donde lo hizo cambiarse rápidamente ropa, para luego conducir hasta el hotel donde sería la recepción luego de la boda. Todo había pasado tan rápido que ni siquiera supo en qué momento sus padres habían ido por Akari y Yukiko, ni siquiera cómo había llegado ese traje a su cuerpo. Pero bueno, tal vez así eran siempre las bodas, muchas cosas qué hacer y poco tiempo para llevarlas a cabo.
Suspiro apenas estuvieron fuera de la iglesia, dónde ya lo esperaban el resto de sus amigos, quienes se codeaban entre sí al ver llegar a una linda joven, pasando por alto que sus novias se encontraban a su lado. Mikuo le dio una pequeña palmada en la espalda, dirigiéndose hacia sus padres, quienes tenían a la pequeña Yukiko en sus brazos.
Él por su parte, buscó a su hija, quien permanecía junto a Meiko, su padre y la mamá de Miku, además de los gemelos, quienes parecía que pronto terminarían por volver locas a ambas mujeres.
-papapa –balbuceó Akari al reconocerlo, extendiéndole los brazos –papapa
-que linda estas pequeña –dijo él quitándosela de los brazos a su padre, quien pareció bastante aliviado por verse libre de ese peso -¿No deberías ayudar a cuidar de tus hijos?
-eso déjaselo a ellas –rió volteando hacia las mujeres, quienes permanecían atentas a cada uno de los movimientos que hacían los pelirrubios en miniatura. Un niño de 1 año y 3 meses que apenas había comenzado a caminar por sí sólo podía resultar realmente problemático a veces -¿Estas ansioso?
-bueno… -dejó a Akari en el piso, sujetándola firmemente de ambas manos –Miku ya es legalmente mi esposa
-sabes a qué me refiero
-estas ceremonias siempre causan ansiedad papá
-siempre pensé que eras un chico muy inteligente y maduro… pero, ¿Casarte a los 18? Ni en mis más raros sueños... ni siquiera te has graduado y ya tienes una familia –las exclamaciones de que la novia estaba por llegar lo hicieron entregarle a Akari de vuelta a su padre
-debo entrar…
-todos debemos hacerlo hijo, no te pongas nervioso, agradece al menos que ni siquiera tuviste que ayudar a recibir a los invitados… Miku tiene realmente mucha familia, ¿Lo sabías?
-sí, y nosotros también –rió dándole la espalda para ingresar a la iglesia.
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-me adelantaré –murmuró Rin bajando de la limusina. Miku asintió en silencio, suspirando con nerviosismo
-no estés nerviosa cariño –la tranquilizó su padre acariciándole la mejilla –nos tienes contigo… y créeme que si no confiara en que ese chico te hará feliz, jamás habría firmado esas autorizaciones para que te casaras con él
-ya sé que Len es genial papá… ya es mi marido… y aún así estoy muy ansiosa
-Miku, yo sé que es muy tarde pero… necesito que me perdones
-¿uh?
-jamás debí haber reaccionado de esa forma con respecto a tu embarazo… un hijo siempre es una bendición
-ya te perdoné hace mucho, no debes preocuparte por eso –sonrió, tomando las manos de él –sé que siempre podré contar contigo
-no me extraña que ese chico te ame… realmente eres tan buena Miku, puedo admitir que eres mucho mejor de lo que alguna vez pensamos que serías
-pues gracias por el cumplido.
Rin les golpeo la ventanilla, indicándoles que debían salir de una buena vez. La peli turquesa bajó rápidamente, cuidando de que el vestido no se estropease, seguida de cerca por su padre, quien la besó en la mejilla antes de ofrecerle su brazo. La música se escuchó desde el interior de la iglesia, y un nudo se formo en su garganta al momento de comenzar a seguir, con paso algo dudoso, a su padre.
Los nervios se adueñaron de ella al ver a tanta gente, personas que nunca antes había visto, y más adelante a sus amigos, haciendo emocionados gestos a modo de saludo. Del otro lado, en primera fila, se encontraban sus padres junto a los más pequeños, los gemelos jugaban con unas flores, Akari bostezaba en los brazos de su suegro y Yukiko dormía sin enterarse de nada de lo que ocurría a su alrededor.
Rin y Mikuo permanecían cerca del altar, cumpliendo con su función de padrinos, y finalmente su mirada se encontró con la de quien, de seguro, era el amor de su vida. Len lucía tan guapo de traje, y su sonrisa era tan encantadora…
Sus pasos se detuvieron finalmente frente a él, quien la observaba algo embobado. Su padre le comentó algo al pelirrubio antes de entregársela, aunque debido a que estaba admirando la sonrisa de su esposo no logró escuchar nada, notó que Len asentía una y otra vez antes de tomar su mano.
-estás demasiado hermosa –le susurró volteando hacia el sacerdote
-gracias… tú también estas muy guapo
-Nos hemos reunido hoy en la casa del señor –comenzó a decir el sacerdote, haciendo que todos fijasen su atención en él –para celebrar la unión en sagrado matrimonio de los jóvenes…
Y así siguió por un largo rato. Miku observó de reojo a Len, quien parecía muy atento a las palabras del hombre vestido de blanco frente a ellos. No pudo evitar sonreír de medio lado al pensar en lo idiota que había sido por no fijarse antes en él, se hubiera ahorrado tantos malos ratos… De pronto, la mirada de él la atrapó. Len también la había estado observando, y un ligero sonrojo cubrió sus mejillas al momento de notar que todos parecían permanecer atentos a sus acciones. Se dio cuenta de que debía mirar de frente a Len, y se maldijo internamente por haberse distraído en un momento así.
-Miku… te preguntó algo –le dijo el pelirrubio en un susurro
-¿uh?
-¿Aceptas como esposo a Len para amarlo y respetarlo, en la pobreza y la riqueza, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe?
-claro que acepto –Len sonrió amorosamente al momento de que Mikuo le entregó el anillo. Había estado tan distraída que ni siquiera se enteró de que Len ya había dado el "Sí". Luego del intercambio de anillos, sus miradas se encontraron nuevamente, y un inmenso amor brotó de ellas al instante
-por el poder que me confiere la santa iglesia, los declaro marido y mujer –habló el sacerdote.
-¿Ya puedo besar a la novia? –preguntó Len, a lo que el hombre asintió con una sonrisa. Miku correspondió de inmediato al apasionado beso que el joven le dio, sintiendo cómo todos aplaudían eufóricos. Finalmente se separaron, y el pelirrubio la abrazó con fuerza –hasta que la muerte nos separe Miku…
-hasta que la muerte nos separe –repitió ella sintiéndose la mujer más dichosa del planeta.
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Bueno, espero que les haya gustado, aunque aún queda el epilogo…
