N. del A. Pues hemos llegado al final.

Espero que les haya gustado la historia. Les agradezco mucho el haberla leído, así como sus comentarios y también por agregarla a sus "Follow/Fav". Me gustaría saber que les pareció.

Dentro de poco escribiré una nueva historia de Durarara y el 4 de mayo un one-shot extra de esta historia. Sería muy feliz si también los leyeran (así que estoy abierta a sugerencias).

De momento me despido y les deseo una gran semana. ¡Muchos abrazos y besos!

¡Hasta la próxima!


Parte dos: capítulo diez


Ciudad de Ikebukuro

Durante los seis meses que siguieron a la última conversación que tuvieron el informante y el guardaespaldas, el primero se dedicó únicamente a su recuperación que consideró, para sus adentros, uno de los periodos de su vida más aburridos y vergonzosos de todos cuantos hubiera tenido, pues no únicamente tenía que recibir ayuda para realizar cualquier actividad (no importaba cual), ya fuera por parte de sus hermanas, Namie o Shinra —inclusive en dos inesperadas ocasiones, Kadota y Simon fueron a verlo en visitas de no más de diez minutos—, sino que también no había podido realizar su trabajo. A raíz de lo anterior, Izaya pareció dejar de simpatizar con Shizuo, no soportando su mención en ningún momento. Izaya no adivinaba lo que podría estar haciendo aquel monstruo de Ikebukuro.

Tal parecía que no podría importarle menos.

Por su parte, Shizuo retomó su trabajo como recolector, pidiéndole a Tom que le permitiera trabajar más horas de las habituales debido a sus faltas e irregularidades de los últimos meses. Fue tal la insistencia del guardaespaldas que Tom no tuvo más remedio que aceptar, pese a que Shizuo no estaba de humor; no estaba enojado y comportándose reactivamente como hacia la mayoría del tiempo, sino que andaba toda la jornada tras de él, con aire taciturno y desinteresado. Su empleador se daba cuenta de que Shizuo odiaba tener que volver a su casa. No adivinaba las causas de aquel inusual comportamiento. Las únicas veces en que Tom o Celty (en las contadas ocasiones en que el guardaespaldas se dignaba en hablar con ella), notaron que Shizuo mostraba atisbos de interés era cuando hacían alguna mención, por más pasajera que esta fuera, del poco visto informante de Shinjuku.

Departamento de Izaya

4 de junio, 10:20

—¿Izaya? ¿Puedo entrar? —preguntó el joven médico con tono amable y jovial. Tras un rato de espera, el informante le permitió entrar en su habitación. Aunque a Shinra siempre le había dado cierta curiosidad conocer cómo era la planta superior, no se detuvo en contemplar los detalles. En cambio, se dirigió a donde Izaya tomó asiento.

—¿Namie te ha pedido que vinieras? —quiso saber Izaya sin atreverse a recargarse en la silla pues aún le dolía su espalda. Tras dejar su maletín negro sobre la cama del informante, Shinra se sentó a un lado, de modo que podía ver de frente a Izaya.

—No, tus hermanas fueron quienes me llamaron.

—Eso creí.

—Cuando empezaste el tratamiento, dijiste que no tomarías más analgésicos de los necesarios, pero las gemelas me dicen que tiendes a desaparecer durante largos periodos del día. ¿Por qué si puede saberse?

—Si piensas que he caído tan bajo, te equivocas. Si no me crees revisa los frascos. Namie los tiene y se ha negado a dejarlos sin supervisión —dijo Izaya con el ceño fruncido. Como odió no poder permanecer de pie.

—Entiendo. ¿Cómo estás?

—¿Piensas que voy a sincerarme contigo? Te has vuelto muy ingenuo, Shinra.

—Ósea que mal, ¿eh?

—Si no fueras mi amigo (el único en realidad), te mandaría muy lejos, literalmente, y claro está, haciendo uso de mis navajas.

—Menos mal —dijo Shinra divertido—. En todo caso, sólo tenía mis dudas.

—Me da la impresión de que encuentras todo este asunto como algo de lo cual debe uno reírse.

—Perdona si te ofendo, pero no pensaba que alguna vez el informante se dignara a confesarse con alguien para luego ser rechazado y sobra decir que de manera tan cruel. Es igual de triste que de "gracioso".

Izaya no dijo nada.

—Te dará gusto saber que dentro de un par de semanas más, estarás ya en condición para volver a las andadas.

—Según tú, eso debería de suponer un alivio, ¿te da esa impresión?

—¿Eres miserable?

—Hay una diferencia abismal entre ser y sentirse miserable.

—Izaya, deberían poder verte ahora mismo.

—Grábame, así te creerán.

—No te equivoques, en realidad no pienso que merezcas lo que te ha pasado. Me siento mal por ti, también Celty, aunque no lo sepas.

—No me hagas una víctima. Dentro de dos semanas volveré a ser esa persona que siempre has conocido.

—Si me comparo con los demás, yo siempre he pensado que soy el único que es capaz de verte de manera diferente. De lo contrario, estarías por completo solo. Y antes de que me contradigas, diré que ha llegado el momento de darte cuenta de que tu amor hacia los humanos no es suficiente.

—Era suficiente y volverá a ser de ese modo.

—Como quieras. En fin, debo regresar con el Awakusu.

—Es irónico oírte decir eso.

—Los cuidados médicos que necesitaste y aun requieres no son precisamente de bajo costo. Al menos merezco las gracias.

—Gracias.

Shinra no pudo sino sonreírle a Izaya de manera compasiva.

—Atribuye tus pocos ánimos al dolor. Eres tan humano como para sentirte así.

—Si fuera humano, te diría que…

—Izaya, escucha, tuviste la confianza o la necesidad de contarme lo que te hicieron o lo que tú mismo provocaste. ¿Por qué no ahora me dices lo que piensas?

Por alguna razón, Izaya accedió. Después de todo, Shinra había recibido en su niñez una cuchillada por él y en su vida adulta un balazo. A nadie más le hubiera confesado el lugar de su primer encuentro con alguien siendo Nakura.

—Decidí perder mi ojo porque no era más que una distracción. Te molestaste al saberlo porque creíste que pudo haberse evitado y que todo fue una negligencia de mi parte y de la tuya. Shizuo se molestó porque regresó aquella culpa que odia tener que soportar. Yo no había dicho nada por los motivos que ustedes quieran suponer. Sin embargo, ahora estoy molesto.

—¿Por qué estas molesto? —dijo Shinra.

—Te dije que, si me hubiera dejado ciego, mataría a Shizuo. Encontraría la forma de acabar con ese imbécil. Aunque lo merece, eso no pasara. Soy hábil, nadie puede negarlo. No sólo manipulo a los demás, también… Mairu ayudó, lo reconozco.

—Izaya, ¿qué intentas decir?

El médico no lograba entender que Izaya, además de herido por la inesperada reacción del guardaespaldas, encontraba angustiante que su ojo izquierdo viera de manera borrosa. No lo había dicho y pensaba guardárselo un poco más.

—Odio a Shizuo o quiero odiarlo. Pero, aunque lo prometí… —Shinra nunca antes había visto a Izaya enojado, y ahora que en verdad lo estaba, se preocupó—. ¡El bruto no se da cuenta! Yo contaba con su ayuda ese día. No me hubiera quedado sentado por ahí como si nada a no ser que esperara algo. ¡Se lo dije mucho antes en ese puerto! ¡Él tenía que ser mis ojos! Aun con todo, no puedo matarlo. Quiero odiarlo por lo mismo que siempre llamó mi atención y molestó a partes iguales: nunca hace nada de lo que yo espero, aunque mueva los hilos para que así suceda. Yo no mentí, eso debió de ser suficiente. Mi última carta fue decir la verdad.

El informante hizo una pausa antes de hablar con mayor suavidad.

—Estoy molesto porque, pese a todo, lo cierto es que de las 7,000,000,000 personas que hay en el mundo, Shizuo es mi favorita.

Shinra no supo que decir.

Departamento de Shinra y Celty

4 de junio, 14:07

Al llegar a su hogar y poner en el suelo su maletín y zapatos, Shinra se dejó caer al lado de Celty, que momentos antes había estado revisando la sala del chat.

¿Qué tal estuvo tu mañana?, preguntó la dullahan aceptando el abrazo.

—Habiendo vivido tanto tiempo en Ikebukuro, uno pensaría que hay muy pocas cosas que puedan sorprendernos, ¿no crees?

¿Con cosas te refieres a sucesos o a personas?

—A la mejor combinación entre ambos. Me refiero a los lazos. ¿Quién lo diría? Estoy seguro de que, dentro de poco, no sólonosotros mostraremos desconcierto.

Celty no escribió nada más y colocó una manta sobre ella y Shinra.

Departamento de Izaya

4 de junio, 14:07

Después de la visita de Shinra, Izaya se decidió por trabajar un rato. Cuando logró bajar las escaleras, en aquella ocasión sin ayuda, terminó exhausto. No tardó en alcanzar el sillón más próximo para recuperar el aliento. Fue entonces que un sonido extraño cercano a la entrada del departamento distrajo al informante.

Namie Yagiri que también lo había escuchado, se acercó a la puerta y tras darse cuenta de que no había nadie del otro lado, la abrió y divisó el sobre blanco que yacía a sus pies. El remitente resulto ser Yuuma Otani.

Teniendo sus reservas, Namie le entregó el sobre a su jefe.

—Lo dije alguna vez "de la vieja escuela además de románticos" —dijo Izaya dispuesto a leer aquella carta escrita con pulcra letra. El hombre había sido anticuado con respecto a sus medios, pero, sin duda, fue lo suficientemente cauteloso como para usar algún mensaje electrónico que pudiera haber sido empleado para conocer su actual paradero.

Orihara Izaya:

Le estoy totalmente agradecido, usted conocerá mi naturaleza. Por eso le diré que no dudé ni un momento en ayudarle, tomando en cuenta de que por el dinero no tiene ningún interés. Vi a Heiwajima destruyendo la fábrica que por derecho de herencia era pertenencia mía, pero me pareció llamativo que aquel hombre llamado por ustedes, los citadinos, el "monstruo de Ikebukuro" llorase como un niño. No me es desconocida la conflictiva y extraña relación entre ambos, de modo que no pude sino intervenir. Disculpe si acaso fue una indiscreción de mi parte. Sin embargo, estoy seguro de que ha encontrado lo necesario; siendo tan agudo no habrá podido pasar desapercibido aquel detalle del que hago mención y también del que no. Nuevamente le agradezco haberme librado de aquellos amores retorcidos.

Encuentre el suyo y no se moleste en buscarme.

Sinceramente, Otani Yuuma.

Izaya no volvió a leer, pero si pensó en el par de amores retorcidos del que hablaba Otani. En cierta forma, él, Izaya Orihara, era responsable de sus muertes. Aquello le dio una idea, pero no pensaba atender nada que se relacionara con Shizuo. O eso fue lo primero que creyó.

Aquella carta era de lo más sugerente. Era evidente que, en algún momento, Otani y el mencionado monstruo de Ikebukuro habían hablado y quizá reunido… Consideró ese detalle curioso, pero no tardó en dejar la carta sobre la mesilla, y después recibió un mensaje de Shiki el cual decía que le requerían para algún trabajo.

En cuestión de segundos, el escueto mensaje en la pantalla de su teléfono celular hizo que todo se aclarara para el informante. Le permitió elegir de una vez por todas.

—Namie-chan, voy a salir —dijo Izaya levantándose con bastante esfuerzo.

—Te recuerdo que sigues lesionado —replicó la aludida volviéndose a su jefe con ligera sospecha—, además, ¿no eres un informante? Sábete que han pronosticado un mal clima para el día de hoy —dijo Namie, al tiempo en que miraba el cielo nublado.

—Un paraguas lo soluciona, ¿no?

—No hagas nada estúpido —se rindió Namie tendiéndole el paraguas— Procura no tardar, pues Mairu y Kururi dijeron que pasarían por aquí más tarde. Vienen a recoger sus pertenencias. Quizá pueda hacer estofado.

—Vale, sería perfecto —dijo Izaya con mirada picara tras colocarse el abrigo que sabía no sería suficiente, pero no quiso demorar ni un instante más en salir.

Calles de Ikebukuro

4 de junio, 17:19

Durante el camino, Izaya reparó en los transeúntes, algunos de los cuales se giraban para verlo pues seguramente encontraban llamativo el parche y su extraño caminar, pero el informante no trató de andar completamente erguido pues sabía que no lo conseguiría. En algún momento pensó que debió haberle pedido ayuda a sus hermanas, pero consideró que era una persona demasiado orgullosa.

Se detuvo cuando llegó al Sushi Ruso.

—Lleve sushi. Es barato, es delicioso. El sushi es bueno. Ah, pero si eres tú, Izaya —saludó Simon dejando de repartir propaganda.

Izaya se acercó al hombre.

—¿No deberías de estar reposando en casa? —se adelantó Simon.

—Estoy mejor —dijo Izaya sonriéndole con sinceridad —Oye, Simon, ¿has visto a Shizuo? No lo busco para armar lío (o eso espero).

—Mmm —el grandulón pareció sorprenderse con la pregunta—. No, no ha pasado por aquí el día de hoy. He visto a su compañero de trabajo, ¿Tanaka Tom?

—Muy bien, te lo agradezco.

—¿No llevas sushi? Tenemos atún por montones si lo prefieres.

—Quizá otro día. ¡Suerte! —dijo Izaya alejándose del local.

Izaya estaba a punto de optar por buscar al jefe del guardaespaldas, cuando, sin importarle que empezara a llover de pronto, pensó en que solía molestarle aquellas personas que acusaba de ser nostálgicas. Fue entonces que supo dónde estaría el guardaespaldas. Cubriéndose con la capucha y el paraguas, se volvió y se adentró en los callejones de Ikebukuro.

En algún lugar de Ikebukuro

4 de junio, 17:44

El informante llegó al pie del edificio donde se dio un significativo encuentro con Kiwa Hojo y su gente, tras haber descubierto sus intenciones. Además, era el mismo lugar que presenció la primera vez en que Shizuo lo defendió de la misma mujer.

Viendo hacia arriba, Izaya pensó que no podría subir por las escaleras de incendio. Sin embargo, resignado, se vio forzado a dejar el paraguas y luego intentar subir, al tiempo en que se empapaba por completo. Al llegar arriba, jadeando y mojado de pies a cabeza se alegró al comprobar que alguien se encontraba en el otro extremo de la amplia azotea, alguien alto y desgarbado.

—Al menos deberías de ayudarme a subir —se quejó Izaya intentando poner sus pies sobre el techo del edificio. En efecto, no tardó en resbalarse, pero para suerte suya el guardaespaldas fue lo suficientemente rápido para sujetarle por la muñeca.

Al igual que haría con un gato mojado, Shizuo tomó a Izaya y lo dejó en la azotea.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el guardaespaldas igualmente escurriendo agua por sus ropas y cabello. A Izaya le pareció que olía a tabaco, como era de esperar.

—Esa era la pregunta que pensaba hacerte —dijo Izaya obligándose a no llevar su mano a la espalda que dolía bastante, aunado a que el frio y la lluvia no ayudaba a que tuviera alivio. Apostaba a que se enfermaría, de nuevo.

Shizuo alzó una ceja.

—Pensé que ya habíamos hablado lo suficiente.

—Eso creí, pero entonces Yuuma Otani me mandó una carta, ¿tienes idea de que podría haber puesto en ella?

—Yo no tendría por qué saberlo.

—Es una lástima, ya tengo algunas conjeturas al respecto.

—Siempre las tienes.

—Entonces, ¿tuviste una reunión con el hombre?

Shizuo se quedó callado.

—Así que no trataba de engañarme —dijo Izaya sonriendo.

—Ya veo.

—¿Eh?

—Nada, me pareció extrañó que no hubieses investigado antes. Debo pensar que no supiste de la conversación sino hasta que el propio Otani te dijo.

De modo que estabas tan lastimado como para querer indagar al respecto, estúpida pulga.

—¿Por qué sería de sorprender? No podía hacer nada por mi cuenta —dijo Izaya ligeramente incómodo por confiarle aquel último detalle.

Shizuo quería replicar cuando Izaya le interrumpió.

—Mira, he tenido que vivir unas semanas realmente humillantes, necesito que me digas la verdad, antes de que lo averigüe por mis propios medios. Sabré más de lo necesario, puedo asegurarlo.

—Shinra me dijo algo parecido hace poco. Lo siento por ti, pero no hay nada en particular que deba decirte.

Izaya entornó el ojo con evidente exasperación. Antes de que Shizuo pudiera detenerlo, se encaramó en la valla que bordeaba la azotea, varios metros alejada del suelo.

—¿Acaso piensas que te mentí? Eres idiota.

—Izaya, baja de ahí.

—¿Por qué debería? Si quieres ver hasta qué punto estoy dispuesto a ser honesto contigo, diré que saltare si te hago feliz. ¿Lo consideras un buen trato? Mi caída por tus palabras, ¿de acuerdo?

Shizuo se rindió.

—Si saltas no seré feliz. No lo he sido hasta ahora. El enojo se fue, pero sin duda… Bájate de una vez, tú ganas.

Izaya accedió, ocultando las punzadas cercanas a su columna.

—Lo sé, Izaya. Sé lo que hay en tu casa, o lo que solía haber ahí.

El informante empezó a ponerse pálido, pero sin duda su ojo pareció brillar. Shizuo se detuvo en contemplar el inusual color rojo que tenía.

—No tengo idea de que habrá dicho Otani, pero…

—Tienes la cabeza de Celty escondida en algún lugar, ¿no? Seré honesto, pensé que podría recuperarla, pero luego me detuve al notar que saber eso no había cambiado nada. Nada en absoluto. Fue hasta ese momento en que me di cuenta de la clase de persona que era. Es verdad, todos tienen razón: soy monstruoso.

—Shizuo…

—Claro, no podía asegurar si era cierto, pues fue Otani quien lo dijo. A primeras le creí (¿cómo podría no hacerlo?), pero no podía ignorar tampoco que quizá sólo estaba manipulándome, al igual que tú has hecho, ¿no? Tal vez yo conocí en algún punto al verdadero Izaya Orihara, pero esto no puede durar.

Izaya se pensó bastante su respuesta. Si decía la verdad, que era lo mismo a reconocer que él, junto con Otani, había influenciado en las acciones de Shizuo, volvería a ser todo como fue en un inicio. Por otro lado, se prometió probarle que era sincero.

—Sí, es verdad, tengo su cabeza. Y no pienso devolverla.

—¿Para que la quieres?

—Porque necesito traer guerra a la Tierra. Sé que puedo. No lo entenderías, en cualquier caso.

—Ya veo.

—¿Qué no cambio?

—Je, ¿qué sentido tiene decirte? Sóloha servido para darme cuenta de que soy una terrible persona. Un egoísta. No únicamente conozco ese plan que tienes, sino que también sé que mataste a dos mujeres, aunque fuera de manera indirecta. Pero lo peor de todo es que me arrepiento de haber tenido aquella conversación con ese tío.

—Está bien, Shizu-chan —dijo de improvisto Izaya—. Ya suponía que no podrías seguir actuando según nuestros deseos. Ninguno piensa cambiar así que lo entiendo. Sólo necesitaba comprobarlo.

—Aunque sé que sólo han estado jugando conmigo, lo que me parece más irritante es que… No es posible que me obligaran a quererte. Eso lo decidí yo.

Izaya permaneció quieto pero expectante. ¿Era su imaginación o sus muchas veces ignorado y negro corazón había dado un vuelco?

—Siento mucho haberte abandonado —dijo Shizuo posando su mirada en el suelo—, esas dos veces, en tu departamento y mucho después en la fábrica. Reconozco que la primera vez únicamente tenía culpa y nada más, pero la segunda vez simplemente encontré insoportable pensar que, bueno, que podrías…

Izaya reparó en que Shizuo tenía las manos crispadas en dos puños.

—Si quieres saberlo, hace tiempo yo había tomado mi decisión. La había tomado mucho antes de hablar con Otani y después de darme cuenta, o al menos eso pienso, de que no habías dicho nada sobre tu ojo por el bien de Shinra y por el mío.

—¿No temes estar equivocado?

—No. Me tiene sin cuidado lo que pienses en realidad.

Izaya no pudo sino esbozar media sonrisa.

—Al final, lo que buscaba decir era que, por primera vez, tu amor será correspondido. Yo soy el único que habrá de amarte de vuelta. No tengo ningún otro deseo egoísta. Eso es todo, pulga.

—Ja, ja, ja, Shizu-chan y yo pensé que era el único idiota al preguntar por ti a mis hermanas cada vez que salían (no de manera obvia). ¿De qué otro modo podrían haber conocido la destrucción de esa fábrica? Lo del pie de Mairu, eso fue iniciativa de ellas. Yo habría encontrado una manera más elegante.

—¿Eso qué significa?

—Siempre recordare que eres un bruto, Shizu-chan. Yo te amo como amo a todos los humanos, pero a diferencia de los demás, sólo de ti me enamoré.

—No esperaba menos, somos un par de monstruos. Creo que esta era la conversación que merecías.

—Yo no merezco nada, lo sé bien. Aun así, pienso cumplir la última petición de Otani, la mitad que falta de aquella línea.

—¿Eh?

—Olvídalo, no tiene importancia, pero si quieres saberlo…

Izaya guardó silencio cuando vio a Shizuo inclinarse para darle un beso. El informante se obligó a romperlo sólo cuando se vio en la necesidad de reír, de reír mucho, pues se daba cuenta de que su amor era retorcido, pero de alguna manera pareció ser suficiente para la clase de monstruos que eran. En definitiva, no se arrepentía de que las cosas se hubieran dado del modo en que lo hicieron.

—¿Te gusta el estofado, Shizu-chan?

—¿A qué viene esa pregunta?

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