Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
Leer bajo tu responsabilidad.
Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.
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Capítulo No. 37
Pasaron la noche en una hermosa tienda pintoresca y al día siguiente muy temprano salieron en compañía de un indio que les sirvió de guía para llevarlos a las cascadas de Havasu, que según los habitantes era un espectáculo, no por las cantidad de agua o por su magnitud, sino por el paisaje mágico que les regalaba, con sus tierras rojizas y sus aguas azules verdosas que escapaban de la imaginación humana.
—El nombre del pueblo se debe a estas cascadas Havasupai significa "El pueblo del agua azul verdosa" la característica de tonalidades es debido a la alta concentración de carbonato de calcio. —hablaba el hombre que los guiaba.
— ¿Y podremos bañarnos? —preguntó Bella que iba agarrada de la mano de Edward y trataban de mantenerle el paso al habitante—. Es que me he traído el traje de baño.
—Claro que puede bañarse señora, las piscinas naturales son muy bonitas y los minerales ayudan a la piel.
Ya le habían dicho al hombre que no eran esposos, pero no había manera de que desistiera y todo se debía a las pulseras con los dos dijes del halcón y el águila.
—Las tres caídas de agua principales y las más atrayentes son tres, cascada Havasu, cascada Mooney y cascada Navajo, vamos primero a la Havasu, para que se refresque un poco señora.
Caminaron cerca de dos kilómetros, algo que Bella agradeció porque últimamente había comido cualquier cosa y no se había ejercitado lo suficiente, como antesala a la llegada de su primera parada escucharon el agua caer y eso hizo que el corazón de ella brincará ante la expectativa y cuando por fin su mirada capto el lugar, la boca se le abrió involuntariamente y el asombro se le convirtió en una sonrisa, ante la emoción solo se colgó del cuello de Edward y le dejó caer una lluvia de besos.
—Esto es maravilloso, es increíble. —dejó de abrazarlo y empezó a quitarse el short y las botas, todo lo hacía rápido hasta quedar con un traje de baño con flores moradas y fondo negro, la parte superior era en forma de triángulo con bolados que le daban más volumen a sus senos.
Edward la admiraba divertido, Bella se mostraba como la chica que era, deslumbrada ante las bellezas que la naturaleza ofrecía, sin poder controlar su euforia, la vio darse un chapuzón y salir después como una sirena que lo encantaba con su belleza y sensualidad.
— ¿Ed qué estas esperando? —preguntó estirando los brazos hacia adelante y haciendo un claro gesto para que él entrara, mostrándose realmente entusiasmada.
— ¿Es necesario? —inquirió divertido.
—Es obligatorio, si no entras, saldré a buscarte —advirtió, de manera juguetona.
—Está bien, ya voy —dijo quitándose la camiseta, las botas y el jean, quedándose con un slips brasileño en color negro y turquesa.
Al minuto ambos se encontraban abrazados y sumergiéndose en las aguas azules verdosas, sin perder la oportunidad de demostrar en medio de besos lo felices que se encontraban de estar en el lugar.
Bella cerraba con sus brazos el cuello de Edward, mientras él cerraba con sus manos las caderas, manteniéndola a flote, besándole la clavícula izquierda y sorbiendo las gotas de agua que le vibraban en la piel.
—Sería maravilloso coger en este lugar —murmuró la chica en el oído del brasileño.
—Insaciable… Aquí no podemos, no quieres brindarle una sesión porno al pobre hombre.
—Últimamente me he dado cuenta que puedes hacer cualquier cosa posible y sé que puedes cogerme sin que el señor se dé cuenta.
—Será rápido… Maldita sea, no sé por qué no puedo negarte nada —masculló pegándola a su cuerpo.
—Porque lo tengo comiendo en la palma de mi mano fiscal.
—Si tenerme comiendo en la palma de tu mano se reduce a coger todo el tiempo, ten por seguro que me tendrás por mucho tiempo… Bells muero por coger contigo, lo haré siempre que tenga la oportunidad y no quiero que estas ganas mermen, que no lo hagan nunca. —le decía seriamente mirándola a los ojos, ahogándose en ese mar que se abría en la mirada de Bella.
—No lo harán, yo me encargaré de eso, te voy a seducir día a día. —recorriéndole con lentitud la mandíbula con la yema de uno de sus dedos, sintiendo la deliciosa aspereza de su barba.
—Empieza por quitarte la tanga. —le pidió manteniéndose serio, y ella empezaba a sentir la naciente erección amenazar contra su abdomen.
—Se dará cuenta el hombre de lo que voy a hacer —murmuró, sin poder creer que él se lo había tomado enserio.
—Quítate la tanga. —le exigió de una manera que Bellal no pudo negarse—. Ahora entrégamela. —ella la puso en las manos de Edward—. Si la quieres de vuelta deberás seguirme. —y se sumergió, nadando hasta la caída de 37 metros y adentrándose en la pequeña cueva detrás de esta, donde la caída de agua no sería un peligro.
Bella cerró los ojos y dejó libre un suspiro arrepintiéndose de haber hecho la propuesta, no le quedó más que llenarse de valor y respirar profundamente, tratando de nadar rápido para que el hombre no disfrutara de sus preciadas partes, la fuerza del desplome del agua apenas si la dejaba acercarse y se preguntaba cómo le había hecho Edward para pasar al otro lado y después de observar por unos minutos se percató de que por el costado derecho había un espacio ya que una piedra arriba dividía la caída del agua y fue por ese lugar que encontró la manera de entrar.
Edward la esperaba sonriente con la tanga en la cabeza, como a ella le gustaba colocárselas.
—Si te tardabas un minuto más iba a recurrir a mi amiga de la adolescencia. —dijo agitando la mano derecha.
—Tu amiga no es tan buena como la que tengo entre las piernas. —denotando coquetería con la voz.
—Lo que tienes entre las piernas no es una amiga, es el paraíso —dijo acercándose a ella y pasándole un brazo por la cintura la pegó a su cuerpo, tomándole con la otra mano uno de los muslos y entonces ella se aferró con sus piernas a las caderas del brasileño tanteando su erección y sin perder tiempo para no hacer esperar tanto al guía se dieron a la tarea de satisfacer la necesidad lo más rápido posible.
Ese mismo día visitaron las dos cascadas restantes y que eran igual de maravillosas, en medidas diferentes, con estilos únicos que atrapaban la admiración de los visitantes.
Regresaron a la tienda indígena para pasar la noche ahí y fueron invitados a una noche de fogata y leyendas, a la cual Edward no asistió, pero no impidió a Bella que lo hiciese, su miedo al fuego no tenía por qué interferir en las actividades de la chica.
Cuando ella regresó lo sorprendió al traerle grabadas en el teléfono móvil las leyendas y entonces entre los dos las escucharon acostados y abrazados, haciéndose mimos de manera inconscientemente, mientras observaban la Luna a través de la ventana y con ese gesto Bella logró ganar más terreno en el corazón de Edward.
Como se había planeado, a primera hora salieron al norte, sobrevolaron una vez más hasta llegar al área de Rafting rápidos, la angustia en Bella no se hizo esperar, Edward estaba acostumbrado a esos deportes extremos, pero ella no, lo único extremo que había hecho en su vida era atravesar corriendo la Quinta avenida sobre tacones de quince centímetros, subir a ese bote inflable, sobre aguas tan turbulentas era una muerte segura, si llegaba a caer la corriente la arrastraría y los golpes que se llevaría con las piedras serían realmente dolorosos, pero no se atrevía a decirle que no a Edward, se estaba dejando colocar el chaleco salvavidas mientras estaba a punto de vomitar el corazón.
Al subir y sentir los primeros rápidos solo se aferraba a la cuerda con todas sus fuerzas y le enterraba las uñas en el ante brazo a su acompañante, con los ojos cerrados escuchaba como las aguas bravas se estrellaban contra el bote así como la sentía fría salpicar contra tu rostro.
Poco a poco fue agarrando confianza y abriendo los ojos a segundos, disfrutando de las sacudidas a las que era sometida, se sentía como una muñeca de trapo en los brazos de una niña inquieta, era una especie de tortura divertida, sin duda alguna la adrenalina llegaba al punto más alto, era tentar a la muerte, burlarse de ella a cada segundo.
Ni en su más loco sueño imaginó hacer eso, Edward la estaba metiendo en un mundo arriesgado y excitante, era sinónimo de lo que era su personalidad, tal vez por eso demostraba tanta fortaleza porque no le temía nada, bueno solo al fuego y entonces compensaba ese temor con tentar al agua.
Después de tres horas ya gritaba eufórica y comprendió por qué debía ser algo que debían hacer en ayunas, aún faltaban dos horas, un total de cinco horas, siendo arrastrados por la mayor fuerza y rudeza de aguas del río Colorado harían vomitar el estómago a cualquiera. Esa tarde visitaron la plataforma Sky walk, la cual quedaba suspendida a 1200 metros al vacío y era de cristal, lo que le daba la sensación de estar parado en la nada.
En ese lugar llegó a su fin la travesía en el gran cañón, una experiencia inolvidable para ambos, sobre todo para Bella, que fue más, mucho más de lo que soñó porque nunca imaginó hacerlo con un hombre que le despertase tantas emociones y le hiciera vivir tantas experiencias, estaba segura que el único aparte de Edward que le hubiese hecho ese sueño realidad habría sido Jacob Black y no lo habrían hecho completamente solos, seguro con guías todo el tiempo, lamentablemente no era tan arriesgado, ni tan apasionado, por lo que apenas habrían sobrevolado el parque, eso si ella se hubiese negado, él no le hubiese insistido, no la obligaría a vencer sus estúpidos miedos y hacerle vivir cada momento, ponerla a un respiro de la muerte para que se burlara de ella.
Espero que les haya gustado el capitulo.
¿Qué les pareció?
A que son insaciables este par.
No creen que merezca Reviews.
Adelanto del siguiente capitulo…
—Ya nos está esperando en el estacionamiento del Luxor.
—Entonces nos daremos un baño, bajaré al Spa tu dormirás un rato y cuando regrese te daré un masaje.
—Mierda… Entonces me tocará cancelar la cita con la japonesa que me iba a dar una sesión de relajamiento total.
—Si no quieres que mande a esa japonesa de una patada en el culo a su continente, será mejor qué la canceles… Yo me encargaré de darte la sesión de relajamiento total.
