Capítulo 36: En medio de mi caos, te necesito
Despertó sintiendo pesada cada parte de su cuerpo. Por la ventana entraban los cálidos y últimos rayos del sol del día. De ese día que había sido desastroso en más de un sentido. Para su sorpresa, cuando intentó moverse, se dio cuenta que no estaba solo en la cama de su antigua habitación. El hombre de cabello color arena dormía plácidamente junto a él, y Yuuri se sorprendió al descubrir que Brendan lo sujetaba en un abrazo ligero y reconfortante. Se sentía demasiado bien, o así fue hasta que su mente se despejó por completo. Estaba durmiendo con un hombre… con otro hombre…
—¡Brendan! ¿Qué haces? —gritó, separándose bruscamente de él, pegándose a la pared todo lo que pudo.
—Mmm… ¿qué pasa? -el sueño del americano se interrumpió. Talló sus ojos después de soltar un bostezo, fijó su mirada en la figura del japonés y una sonrisa divertida salió de sus labios —¿Qué estás haciendo ahí, Yuuri?
—¡No! ¿Tú que haces aquí? Estábamos durmiendo juntos en mi cama… ¿por qué? —cuestionó Yuuri, escandalizado, con sus mejillas en el máximo sonrojo.
—Estuvimos hablando unos momentos y te quedaste dormido. Iba a irme, pero comenzaste a estar intranquilo llamando a… bueno… él. Decidí quedarme para asegurarme de que estuvieras bien —explicó con total naturalidad —Sentí sueño también, me recosté a tu lado y me abrazaste. No pude evitar dormirme con lo lindo que eso se sentía.
—¿Yo te abracé? -se escandalizó Yuuri, ocultando su rostro entre las manos —En verdad lo siento.
Apenas recordaba que es lo que había pasado después de que le pidió quedarse. No lloró, no después de que ya lo había hecho toda la noche. A su mente llegaron algunos retazos de la conversación. Yuuri solo se dedicó a hablar, a lamentar. Y Brendan solo escuchó sin pronunciar palabra alguna. Eso era lo que el japonés necesitó en muchas ocasiones. Alguien que solo escuchara, que lo dejara liberarse de lo complicado que se había vuelto ser el esposo de Víktor, de cómo sentía que se romperían desde antes de que pasara.
¿Cuándo se abrazó a Brendan? Tal vez fue cuando perdió el hilo de los problemas acumulados, o cuando se sintió distante a sus hijos. Probablemente fue cuando sintió que su vida estaba perdiendo su calidez, y fue el cuerpo del doctor lo más reconfortante que tenía, a lo que pudo sujetarse antes de que sintiera pánico.
—No tengo problema alguno, créeme —Brendan acercó sus manos a las del japonés y las apartó con cuidado —Yo no iba a dejarte solo si me necesitabas.
—Brendan…
—Te lo dije. Nos quedamos con quien queremos —el corazón del doctor se aceleró al ver la brillante mirada de Yuuri clavarse en sus ojos, como si buscara entender lo que sentía. Quería tanto eso… —No has comido, Yuuri. Vamos a buscar algo.
—No tengo hambre. Sólo quiero dormir —dijo, acomodándose de nuevo en la cama y cubriéndose con las mantas.
—¿Y los vas a dejar a ellos sin comer? En serio no quiero, pero debo recordarte que tu estado es delicado y uno de tus bebés necesita compensar su baja talla —le soltó, con la intención de que recapacitara. Y lo logró, pues casi al instante, el menor se incorporó sobre la cama, asintiendo y masajeando sus sienes —¿Te sientes mal?
—Por ahora no tengo otro modo de sentirme —el japonés se levantó y se colocó los anteojos —Yo… no sé. Sólo duele.
—Pero hiciste todo esto por algo, ¿no? —Brendan estaba recargado sobre el marco de la puerta, esperando a Yuuri, quien lo miró confundido.
—Te refieres a que…
—Yo entiendo que no es fácil. Y sí, resulta que es doloroso. Pero… ¿no hubiera sido el doble de difícil y lastimero no haber tomado esta decisión?
—No me arrepiento. En serio creo que nosotros ya no… teníamos que estar juntos. Pero tampoco voy a esperar que en un día se me olviden los veinte años que pasé junto a él.
—No. No en un día. Y tampoco estoy diciendo que sea sencillo. Pero si te apresuras a hacerlo será mejor para todos.
—Es que no…
—Yuuri… tú estás aquí y tus hijos allá, con él, ¿no es así? —el aludido lo miró casi perplejo, mordiendo su mejilla por dentro para reprimir el impulso de sollozar… otra vez —Yo… sólo no entiendo porque el dolor tendría que durar si fue él mismo quien acepto dejarte para evitarte molestias.
—¿Crees que terminé siendo eso? ¿Una molestia?
—Pues estás embarazado y divorciándote —Brendan se acercó a él y lo tomó cariñosamente de los hombros, notando como a su cuerpo lo recorría un ligero temblor —Escucha, Yuuri. Tal vez yo no entienda mucho de relaciones, pero lo que sé con total certeza, es que, si en verdad amas a alguien, no te rindes. Tú y Víktor se rindieron, dejaron de lado todo y ni siquiera el hecho de que tendrán dos bebés los detuvo. ¿Eso que te dice?
—Brendan…
—En tu matrimonio no había nada que rescatar. Y personalmente creo que se hicieron un favor. Si ni por sus hijos podían mantener, por lo menos, una relación pacífica, entonces creo que delegar responsabilidades es una buena forma de empezar a cerrar ciclos. Para olvidarse.
El discurso de Brendan fue tan certero, tan preciso, y a la vez tan cierto y punzante, que el corazón de Yuuri palpitó de manera dolorosa, reclamando porque ambos se habían encargado de que cada palabra de eso fuera una cruenta realidad. Y es que con una vez en la que no se dieron por vencidos, descubrieron lo frágiles que eran.
Y no hicieron nada. No se reforzaron. No se quisieron lo suficiente para ser más fuertes. No se amaron tanto como para evitar romperse… o unir de nuevo los pedazos.
Ni por sus hijos, ni por el amor que algún día juraron mantener. Ni por ellos.
Y es que tenía que conceder la razón al hombre de esa mirada gris que parecía rogar porque entendiera… porque fuera rápido… porque lo olvidara pronto. Y quería hacerlo. Yuuri deseaba con todo su ser eliminar el recuerdo de Víktor de su corazón, de su mente. Limpiarse de las marcas de su cuerpo y aún más la de su corazón. ¿Qué sentido tenía recordarlo como una bonita etapa de sus vidas si había acabado en gritos y heridas más profundas de lo que alguna vez sintieron?
A pesar de que había seis poderosas razones por las que Víktor jamás sería un recuerdo, por lo menos quería que no interfiriera más, que no lo hiciera sentir triste una vez más, que su voz dejara de aparecer en su cabeza diciendo que era un ingrato, que sus viejas palabras no siguieran siendo una puñalada cada vez que las recordaba, que su sola presencia no lo volviera a hacer sentir minimizado.
Que pudiera seguir por su cuenta sin que Víktor apareciera para suponer que no podrían hacerlo solos.
—Brendan… -Yuuri tomó las manos que aún lo sujetaban del hombro y las retiró con suavidad, sonriéndole, pero sintiendo que se quemaba por dentro —Quiero hacerlo pronto, eso lo juro. Pero… pero es demasiado lo que me dejó que… no sé… necesito algo que me ayude. Y lo encontraré, pero no hoy. Hoy sólo quiero… nada.
—No va a ser así todo el tiempo. Y no voy a dejar que así sea, por los bebés, y porque eres tú —un extraño escalofrío recorrió la columna de Yuuri cuando la suave palma de Brendan se posó en su mejilla.
—No tienes… que hacerlo —tartamudeó el japonés, con el aire cortado debido al sutil contacto.
—Es cierto. Pero quiero hacerlo, Yuuri. Tú… nunca fuiste solo mi paciente. Para mí va más allá que un contrato médico. Eres… especial.
—¿Lo suficiente como para que te quedes por mí?
—Y más que eso. Lo suficiente como para prometerte que jamás te dejaré solo. Yo… siempre me quedaré para ti, si eso es lo que me pides.
Yuuri sonrió como respuesta y se separó lentamente para caminar hacia la puerta. Un momento antes de salir, se dio la vuelta y Brendan ladeó la cabeza al ver la expresión interrogativa del pelinegro.
—¿Pasa algo?
—Hace un momento… hablaste de delegar responsabilidades. ¿Qué… es lo que quieres decir con eso? —preguntó, y Brendan negó al instante.
—Lo hablamos después, lo prometo. Que hoy sea un día de nada.
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Sólo habían pasado veinticuatro horas desde que estaba solo en casa, con los niños. Hubiera querido usar ese tiempo para tirarse en la cama y no pensar en nada ni nadie, ni siquiera en él. Pero eso fue soberanamente imposible. Primero, porque no podía dejar de lado que era el entrenador de sus hijas, y tenía grupos de niños que aprendían patinaje con él. Además de que también entrenaba a Ryo, con potencial a ser competidor Junior, y después estaba Sasha, que desde el día anterior se empecinó en no dejar de entrenar hasta que uno de sus saltos quedara perfecto para la exhibición del Mundial.
Para nada era algo distinto a lo que solía hacer, pero el amargo peso de ese día lo hizo sentir cansado y estar en la pista jamás se le antojó tan insípido… tan vacío. La calma, la tranquilidad que el hielo significó alguna vez parecía haberse ido junto con él. Y esa sensación de ausencia dentro de su ser, lo tenía demasiado intranquilo.
Y a esas alturas de la noche, cuando lo único que quería era descansar, fue medianamente consciente de que había cosas que lo superaban, y no porque no pudiera hacerlas, sino porque no era él mismo él que solía resolverlas, sino Yuuri. La rabieta de su hijo menor y Sasha de mal humor por la ausencia de una cena fueron la primera muestra. Pizza por segunda noche consecutiva no parecía ser una buena idea. Eso había funcionado el día anterior para tranquilizar a todos, que seguían acongojados y con los nervios a flor de piel. Consiguió relativa paz, pero pronto se dio cuenta de que eso no iba a ser suficiente.
—Kenji, por favor, cómete esto —casi suplicaba, con la cuchara delante de la boca del bebé, mientras que este giraba su rostro lo más que podía con tal de evitar que esa papilla naranja siquiera tocara sus labios.
—¡No! ¡No me gushta!
—No te estoy preguntando si te gusta, te estoy diciendo que te la comas.
—¡No la quiero!
—¡Kenji! ¡Debes comerla!
—¡Zanahoria asquerosa! ¡No me la voy a comer!
—No es asquerosa, es muy… —lo cierto es que las zanahorias tampoco eran mucho de su agrado. Pero la diferencia es que Kenji no podía irse sin cenar por lo menos eso —… es saludable.
—También es saludable que haya comida para los demás —espetó el otro niño, sentado en una silla en uno de los extremos de la mesa.
—Eso no me está ayudando, Sasha —objetó Víktor, no queriendo perder la paciencia con ninguno de sus hijos —¿Estás seguro de que no hay nada en la nevera?
—También puedes ir a revisar tú, pero no hay nada preparado —el pequeño peliplata suspiró y se levantó para dirigirse a la cocina.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó su papá, fallando estrepitosamente al querer aprovechar un descuido de Kenji para meter la cuchara a su boca.
—Voy por unas galletas.
—Eso no es una cena, Sasha. Sólo… déjame hacer que tu hermano coma algo y veré que puedo hacer de comer.
—Tú no sabes cocinar, por eso siempre lo hacía mi papá —el niño miró con fastidio a su padre ruso mientras se llevaba una galleta a la boca, casi como si lo estuviera retando a que lo regañara por tratar de alimentarse con lo que encontrara.
—Escucha… yo sé que estás impaciente. Yo también tengo hambre, pero él —señaló al bebé con un creciente puchero —tiene que comer antes para que nosotros lo hagamos. Tus hermanas no deben…
—¿Nosotras? —Yukie entró en el comedor, enfundada en un conjunto deportivo negro, con las mejillas sonrojadas y unas leves gotas de sudor cayendo de su frente. Detrás de ella, apareció Viktoria, en las mismas condiciones.
—¿Qué pasó? -Víktor se escandalizó al ver a la mano de las gemelas resoplando, como si estuviera muy cansada —¿Qué te sucedió, Viktoria? Por favor, dime que no hiciste ejercicio de más, porque si es así…
—Es tu culpa -sentenció la chica, cruzando los brazos sobre su pecho, fastidiada —Hoy es lunes.
—¿Y?
—Hoy tenemos clases de ballet, papá —le recordó Yukie, queriendo asesinar con la mirada a su hermana —Ehm… se supone que tenías que ir por nosotras al estudio o esperarnos en la pista después de que terminaras de dar las prácticas.
—Pero eso… oh Dios, no…
—Así es. Se supone que debías quedarte en el Ice Castle hasta que nosotras llegáramos, pero no estabas ahí. De hecho, cerraste toda la pista y tuvo que pasar una hora para que decidiéramos venir a casa.
—Vik… lo siento. Yo lo… lo olvidé por completo. Kenji estaba lloroso porque tenía hambre y sólo pensé en traerlo a casa —Víktor lucía verdaderamente descolocado, pues una cosa era no poder cocinar porque sencillamente no sabía. Otra muy diferente, era haber olvidado a sus hijas, y lo que era peor…
—¿No notaste nuestra ausencia en la casa? -cuestionó la rusa, casi indignada.
—Pues no, últimamente pasan los días encerradas en sus habitaciones y apenas notó su presencia.
—¡Pero esa no es excusa para que ni siquiera te acordaras de que tienes hijas y que tienen que estar aquí! —Viktoria se exasperó, provocando que la impaciencia de su padre rosará peligrosamente los límites de lo aceptable.
—¡Yo no las olvido! ¡Pero esto no es precisamente fácil!
—¡Entonces debiste suponer que no ibas a poder hacerlo!
—¿Y qué quieres que haga Viktoria? Kenji también quería que lo atendiera —refunfuñó el ruso, tomando la papilla completa y poniéndola en las manos de su hija menor —Si crees que es sencillo, anda y dásela tú.
—¡Ni siquiera lo conoces! Es de zanahoria.
—¡Ya lo sé! ¡Te lo juro que ya lo sé! -gritó, provocando que el resto de sus hijos respingara, mientras que el bebé se veía al borde de soltarse a llorar —Pero si no lo come, entonces no sé qué más darle. Además, también debo buscar que vamos a cenar y…
—¿Aún no hay cena? —esa vez fue Yukie la que intervino, pues estaba contando con que, a pesar de que habían caminado varios kilómetros de vuelta a casa, habría una comida caliente esperándolos.
—No. También se le olvidó cocinar y no hay nada para preparar —indicó Sasha, sorbiendo de su zumo de naranja.
—Pero… ¿cómo se te olvidó eso? ¿Nos vamos a ir a la cama sin nada de cenar?
—¡No! ¡Eso jamás! Solo dale de comer eso a Kenji mientras busco que puedo hacer.
—¡Él no va a comer esto!
—Papá… —Sasha haló del abrigo de Víktor para atraer su atención. De verdad tenía un vacío en el estómago que necesitaba comida inmediatamente —Mejor vamos a algún lugar a cenar.
—No, bebé. Puedo hacerlo, sólo dame unos momentos más.
—¡No! Yo sí tengo hambre —replicó Yukie, provocando que su padre resoplara —No pasa nada si no cocinas, solo vamos a comer.
—Tengo que poder hacerlo, no quiero que esto vuelva a pasar.
—¡Ni siquiera pasaría si no hubieras sacado a Yuuri de la casa! ¡Él siempre sabía que hacer!
Las palabras de Viktoria fueron suficientes para que las buenas intenciones de Víktor quedaran ocultas, para ser suplantadas por una honda necesidad de salir corriendo de ese lugar. Pero no. Tenía que calmarse. No podía alterar a sus hijos. Sin embargo…
—Yuuri no está aquí. Él se fue, ¿de acuerdo? Ahora somos solo nosotros y vamos a tener que aprender a hacer las cosas por nuestra cuenta.
—¿Y por qué tiene que ser así? Pudieron haberse comportado como adultos y no…
—¡Viktoria! ¡Ya hablamos de esto! —Víktor perdió la calma y en un acto que nadie en esa habitación vio venir, sujetó a su hija peliplateada de los hombros, apretándola con la firmeza suficiente para que se quedara paralizada —No es fácil para nadie —le dijo, fulminándola con su abrasadora mirada —¿Tú crees que yo quería que pasara todo esto? ¿Tú piensas que alguna vez quise que Yuuri se fuera?
—Papá…
—Pues no. No lo hice. Yo no quería que ustedes o yo pasáramos por esto. De hecho, no quería que pasáramos por muchas cosas más —el delgado cuerpo de Viktoria tembló al saber que se estaba refiriendo a su accidente —Pero ya viste que las cosas no siempre salen como queremos. Así que hazte a la idea de que el matrimonio de tus papás se terminó y que ahora tienes que poner de tu parte para que lo que queda de esta familia funcione.
—Pe… pero Yuuri… él también… es…
—No. Ya no. Yuuri ya no está aquí. Se fue. Tienes dieciocho años, se supone que lo entiendes. Ya no hay más Yuuri para nadie, menos para mí.
Si Víktor se hubiera escuchado hablar, si su enojo no lo hubiera cegado para ver lo pálida que estaba la tez de todos sus hijos, y sobremanera la de Viktoria, se habría asustado, y tal vez odiado. Nunca, en todo el tiempo que había estado junto a ellos, se había exasperado tanto como para gritarles. Sí, claro que alguna vez los regañó, pero no a tal grado de que alguno terminara temblando igual que una hoja caída del árbol, como en ese momento estaba Viktoria.
Y el acabose, la manera perfecta en la que podía terminar otra de las peores noches de su vida, fue cuando el sollozo de uno de ellos salió fuerte y agudo. Todos voltearon al mismo tiempo para ver como Kenji se deshacía en llanto. Los gritos, la zanahoria, el enojo, todo lo alteró y al final terminó como cualquier pequeño lo haría. Llorando a mares. Balbuceando palabras inentendibles y golpeando con sus regordetes puños en la mesa. Fue entonces cuando Víktor se dio cuenta de que estaba arruinando todo, y eso que se prohibía a sí mismo, es decir, hacer llorar a sus hijos, ya había sido realizado. Porque también Viktoria se veía al borde del colapso. Sin embargo, primero fue por el bebé.
—Kenji, amor, lo siento, perdóname. No volveré a gritar —Víktor trató de hacer que su hijo se calmara, pero su constante movimiento de manos le impedía acercarse sin correr el riesgo de recibir un golpe. Como pudo, lo sujetó de los costados para cargarlo. Kenji siguió llorando en su hombro, sin que las suaves caricias en su pequeña espalda pudieran hacer algo al respecto —Bebé… por favor. No me gusta que llores.
—Y… a mí… no me gushta… la zanahoria… —Víktor se contuvo de soltar una ligera risa, al igual que Yukie. Viktoria seguía algo estática y Sasha había desaparecido momentáneamente del lugar.
—De acuerdo. Olvida las zanahorias. ¿Qué es lo que quieres, mi amor?
—A Yuuri —contestó, con la voz cortada de nuevo.
La esporádica sonrisa desapareció y Víktor deseo con todas sus fuerzas no haber sido tan idiota como para no darse cuenta. Claro que el bebé extrañaría a Yuuri. Su papá japonés estaba todas las noches, casi sin falta con él. Justo estaba pensando que hacer cuando sintió el dedo de Sasha picarle el brazo para llamar su atención.
—Papá… hay una llamada en el teléfono. Y en el horno…
—Ahora no, Sasha. Necesito…
—Es Yuuri quien llama.
Inmediatamente todos los rostros se giraron hacia el teléfono. Víktor negó con la cabeza al resto de sus hijos y fue a encerrarse en el cuarto para contestar, junto con su bebé. Su corazón latía de una manera extraña y suspiró una vez antes de contestar. Iba a doler.
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—Vík... Víktor. Buenas noches, lo siento por… llamar a esta hora —Yuuri, sentado en su cama, jugaba con sus dedos, nervioso. Frente a él, Brendan escuchaba con seriedad —Yo… espero no interrumpir nada.
"—Hola, Yuuri. No pasa nada. Los niños y yo… tal vez íbamos a ir a cenar a algún lado."
—Oh, ya veo. ¿Les gustó el sukiyaki que dejé en el horno? Espero que sí. A… Yukie y Viktoria les gusta mucho.
"—¿Eh? ¡Oh, sí! Sí, estaba muy rico. Gracias por dejarlo. Pero… ya tenemos todo en orden.
—Sasha se escuchaba un poco nervioso cuando tomó la llamada —hizo notar Yuuri, y el silencio prolongado de Víktor, más un ligero carraspeo, le dio la razón en no creer que todo estuviera bien —Víktor… ¿Qué sucedió?
"—Yo… bueno… Kenji y yo tuvimos un pequeño… desacuerdo."
—¿Qué? Víktor… ¿Qué sucedió con mi bebé? —Yuuri se puso nervioso inmediatamente y Brendan tuvo que ir a su lado para poner una mano en su hombro para no se exaltara —Víktor…
"—Yuuri, recuerda que no debes alterarte. Fue un problema de… zanahorias."
—¿Qué?
"—Kenji no quería comer su papilla de zanahoria… y, bueno… —Yuuri podía jurar que escuchó duda en la voz de su casi ex esposo, como si estuviera omitiendo algo importante. Sin embargo, esperó a que él mismo lo dijera —Bueno… terminó con una… pequeña riña entre las niñas y yo."
—Dios, Víktor… Primero, jamás vas a hacer que Kenji coma algo de zanahorias. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará, pensé que lo sabías.
"—Pues no. No lo sabía. Me habría ahorrado algunas molestias."
—No lo vuelvas a intentar. Y respecto a ellas…
"—Yo lo resolveré, Yuuri. En serio no es un gran problema. Bueno… sabes que siguen enojadas una con la otra, así que… es más asunto de ambas."
—¿Por qué siento qué no me estás diciendo algo?
"—No es bonita esa sensación, ¿verdad?"
—¡Víktor! No juegues con esto, estoy hablando en serio.
"—Y yo también, pero, en fin, ya no importa —lo escuchó suspirar con fuerza y casi lamentó no estar ahí para reconfortarlo —Kenji… está un poco sensible. Te extraña.
—¿Está ahí? —no recibió una respuesta, sino que percibió una serie de murmullos y después, la voz más tierna y que podía alegrarle el día con solo una palabra.
"—¡Papá! ¡Yuuri!"
—¡Kenji! —su voz estuvo a punto de quebrarse, pero de algún lado sacó la fuerza para mantenerse tranquilo —Mi amor… ¿cómo estás?
"—¡Papá quería que comiera zanahorias! ¡Y luego gritó! Tú no gritas…"
—Bebé… Yo no lo hago, pero tienes que hacerle caso a Víktor, ¿está bien? Puedes decirle tranquilamente que no te gustan, no hay porque llorar.
"—Es que te eshtaño… ¿Po qué no estás aquí? ¡Te quiero aquí!
—Yo… —su corazón se hizo pequeños pedacitos. Justo en ese momento, estaba pensando si había sido sensato dejar a sus hijos en aquella casa —Mañana tu papá te traerá aquí y estaremos juntos todo el día.
"—¿Y después vendrás aquí?"
—No… no amor. Voy… a quedarme con tu abuelita. ¡A tus hermanitos les gusta mucho el katsudon!
"—Entonces… ¿puedo quedarme todo el día contigo? —una sonrisa de nostalgia asomó en los labios de Yuuri. Si fuera por él, no se iría nunca.
—Claro que puedes quedarte conmigo, lo consultaré con Víktor. ¿Me dejas hablar con él?
"—¡Sí! Aquí está. ¡Adiós papá! Mucho kasudo para mañana."
—Sí, mi bebé. Todo el que tú quieras. Te amo, Kenji. Recuerda portarte bien.
No recibió respuesta a eso. En cambio, escuchó una lejana instrucción de que caminara con cuidado y un aviso de que él bebé corría hacia la cocina. No podía no extrañar eso. Un día sin ver a sus pequeños era, ya de por sí, difícil. Los dos días de separación lo tenían muy nervioso.
"—¿Yuuri?"
—Sí, aquí estoy. Entonces…
"—Lo llevaré antes de ir al entrenamiento. Aunque dudo que pueda dormir contigo. Extrañará su cama."
—Sí, probablemente eso pasará. Solo quiero estar un momento con él y los demás. También son…
"—Tus hijos, ya lo sé. ¿Eso era todo, Yuuri? Los niños y yo tenemos que ir a cenar."
—Sí, es todo. Yo… te iba a pedir que cuides de ellos y que les tengas paciencia —resopló. Esperaba con todo su ser que Víktor pudiera sacar ese lado tolerante que sabía que tenía —Pueden ser un poco difíciles a veces, pero entenderán todo si hablas con ellos tranquilamente.
"—Sí, Yuuri. Lo intentaré. Como creo que eso es todo de tu parte, entonces, buenas noches.
—Nos vemos mañana, Víktor.
Hubo un silencio en ambos lados de la línea antes de que la llamada se cortara. Como si en esas despedidas faltara alguna palabra. Yuuri probablemente tenía una idea de cuál era la ausencia, pero estaba luchando contra eso. Porque ya no quería sentirse atado a él, porque necesitaba desesperadamente eliminar las secuelas de una vida con Víktor Nikiforov.
—¿Ellos estás bien? —Brendan se sentó a su lado, colocando una mano en su hombro para transmitirle un poco de firmeza.
—Sí… unas pequeñas discusiones, pero… creo que lo están haciendo bien sin mí —contestó, hundiéndose en el colchón. Si los bebés dentro de él no ocuparan tanto espacio, le habría gustado hacerse un ovillo en la cama.
—Yuuri… no te acongojes. Tu bebé te extraña y estoy seguro de que tus hijos también.
—Te aseguro que los extraño más yo a ellos que ellos a mí —respondió, rodeándose con sus brazos. Por alguna razón, le pareció insuficiente su propio calor. En ocasiones como esa, sentía que necesitaba de alguien que le brindara el cobijo que el necesitaba.
—¿Por qué dejaste que se quedaran con Víktor entonces? —quiso saber el americano, tentado a acercarse y ofrecerle el abrazo que parecía necesitar.
—Él… tenía un punto. Esa casa… es de ellos. Han pasado toda su vida ahí. No podía pedirles que se dejaran lo que es suyo sólo porque su padre y yo ya no podemos estar juntos.
—Pero a Kenji claramente no le gusta estar sin ti
—Pero tampoco le gustaría estar sin Víktor… Lo que más me preocupa es que él y las niñas hayan vuelto a discutir. Llevan… creo que más de tres meses sin dirigirse la palabra y… Viktoria está demasiado enojada con Víktor.
—¿Él hizo algo?
—Es referente al accidente de Viktoria. Han suprimido todos sus cuádruples y ella está enojada porque supone que Víktor trata de detener su carrera.
—¿Y tú crees eso? ¿Harías lo mismo? Me refiero a… detenerla.
—No… no lo sé. Yo solo… no quiero que le pase nada, de nuevo. Pero detesto verla tan frustrada. Sé lo que es no poder avanzar y que mi hija lo sienta… es horrible.
—No la quieres detener. Supongo que… piensas que ella puede tener su oportunidad de reivindicarse… de demostrar que aún puede hacer grandes cosas.
—Entonces no la detendrías. Yuuri… yo sé que no tengo injerencia en tu familia. Tal vez ni siquiera debería opinar al respecto, pero… —el doctor se acercó a él y su mano se posó lentamente sobre la mano de Yuuri, quien no la apartó a pesar de sentir que el contacto le erizaba la piel —… creo que Víktor… no tiene la capacidad de entender que debe soltarlos para que encuentren algo mejor.
—¿Sol… soltar?
—Me baso en lo que dijiste. Él intentó aferrarse a ti y no se daba cuenta de que ya no era sano para ninguno de los dos. Tal vez te espera algo mejor y… eso era necesario. Puede ser que incluso para Víktor haya alguien mejor y esto era lo que debía pasar.
—Laryssa… —susurró, y ese nombre le supo demasiado amargo.
—¿Quién?
—Ella es… una amiga de Víktor. Demasiado cercana para mi gusto. Nunca dejaron de verse, a pesar de que… de que no era de mi completo agrado. Pero él la quiere demasiado, y ella a él también. Alguna vez fueron novios, pero… no sé. No creo que se hayan superado —sin darse cuenta, Yuuri se aferró a la mano que le tendía Brendan. Él sintió a la perfección como su cuerpo estaba trémulo, como el peso de esas palabras dolía más de lo que alguna vez había expresado.
—¿Crees que ella es mejor para Víktor que tú?
—No lo creo. Lo sé, aunque él diga lo contrario. Yo… aprendí muchas cosas de él. A darme cuenta de que… soy atractivo, que puedo ser suficiente para alguien.
—De eso no hay duda.
—¿Qué?
—Nada, continúa —pidió, suspirando para que su sangre se mantuviera circulando y no estancándose en sus mejillas.
—Está bien… —Yuuri dudó por la actitud de su acompañante, pero siguió —Lo que creo es que… él… no sé, podría intentar ser algo más con alguien más. Hasta ahora me doy cuenta de que… de que tal vez yo era lo que él quería, pero no lo que necesitaba.
—¿Y tú, Yuuri? ¿Querías o necesitabas?
—Yo… deseaba pensar que él solo era mío. Pensé que podía arrebatárselo al mundo, pero… es demasiado sólo para mí. Me… sobrepasó todo eso y cedí.
—¿No has pensado que tú también tienes derecho a querer? Yuuri… ¿No crees que también para ti puede haber algo mejor? No porque tengas hijos o algo… significa que no puedes empezar de cero.
—Es que no sé si es lo que quiero. No ahora… por respeto a la situación y…
—¿Respeto a la situación? ¿Cuál situación? Simplemente estás decidiendo sobre tu vida. Puedes hacer con ella lo que tú quieras y cuando quieras —Brendan se sintió contrariado de un momento a otro. Y es que no podía entender como Yuuri estaba decidiendo algo con base en lo que, se suponía, había dejado atrás.
—Brendan, no es eso. Es que yo… necesito de alguna cosa para poder superarlo. Y no sé qué es. A Víktor…
—A Víktor no le va a importar la situación si quiere iniciar algo con alguien. Lo va a hacer y punto.
—No lo creo, Brendan. Él… me quiere… y creo que también le va a tomar un tiempo…
—¡Ya no lo hace! —se levantó de la cama y llevó todo su cabello hacia atrás, claramente frustrado.
—No es que no lo haga… sólo es… diferente. Se preocupa por…
—¿Alguien que se preocupa por ti te delega tu cuidado con alguien que sabe que te desea? —Yuuri se quedó paralizado y Brendan apartó la mirada, sabiendo que había cometido una tontería al hablar de más.
Pero no tenía otro modo de decirlo o de pensarlo. Víktor lo había dicho claro y conciso. "Quiero que lo cuides como si fuera yo. Sé que puedes hacer lo que yo no. Tú también eres parte del inicio de todo, y quiero que estés con él ahora que todo terminó." ¿De qué otra manera se podía interpretar eso? Víktor había dejado de lado a Yuuri y todo lo que él conllevaba. Para Brendan, era suficientemente claro que ya no lo interesaba ver por algo más que no fueran sus hijos. Por eso estaba desesperado. Por eso no comprendía como Yuuri quería guardar respeto a Víktor, si él no lo tendría por el japonés.
—¿Él… hizo eso? —murmuró Yuuri, después de un rato de silencio, en el que sus manos se aferraron con fuerza a sus piernas, queriendo no creer eso, pero sabiendo que no podía estar muy lejano de la realidad.
—Así de rápido asimilan algunas personas, Yuuri —contestó, tratando de serenarse. Consultó la hora en su reloj y suspiró. Por lo menos, si hablaba, ambos tendrían todo un día para pensarlo —Sólo no entiendo… ¿Cómo alguien puede decir que te quiere, o quererte, si te deja al cuidado y merced de quien te desea, sin que eso parezca importarle?
—¿Me… me desea? ¿Brendan? ¿Quién…?
Pocas veces Yuuri se había fijado en cómo las demás personas lo veían. Eso no hizo falta después de que se convirtiera en esposo de Víktor Nikiforov. Él era su mundo y lo único que importaba era lo que Víktor pensara de él. Si alguien algún día quiso ser algo más, proponerle algo más, no lo supo. Y es que, de nuevo, Víktor era todo en lo que podía fijar su atención. ¿Por qué querría buscar en alguien más algo que ya tenía? Pero ahora estaba ahí, divorciándose y frente a un hombre que lo miraba de una manera de la que jamás se había percatado.
No era deseo, era… ¿amor? ¿devoción? No estaba seguro, pero le ¿gustaba? Sentía mucha paz a partir de esos ojos grises que lo recorrían como si de un precioso tesoro se tratara. Se sintió cobijado, y le gustó esa sensación. Pero tampoco estaba seguro de querer eso. En realidad… le aterraba. ¿Alguien quería algo con él? ¿Por qué? ¿Y por qué tenía que ser Brendan? ¿Y por qué precisamente cuando estaba pasando por algo tan complicado? ¿Por qué a tan solo dos días de haber dejado a Víktor?
—Yuuri, yo… —el americano se arrodilló frente a él y Yuuri tuvo el impulso de querer alejarse. No porque no lo quisiera, sino porque estaba terriblemente sorprendido —No… no le des muchos rodeos a lo que voy a decir. Sólo… bueno… Víktor te acaparó y… antes no tenía derecho a decirlo. Pero ahora sí. Tú… desde aquella vez… desde la primera vez que te vi en Detroit, inexplicablemente solo…
—Brendan, por favor espera…
—No, no Yuuri. Necesito que me escuches. No he hecho esto antes y… tal vez tengo un poco de miedo…
—No tienes que…
—No. Escucha… Víktor me pidió que te cuidara, que me hiciera cargo de ti. Alguien con un mínimo de cordura le habría dicho que no. Que no eres un objeto o una posesión para que te cuiden como tal, que era su responsabilidad. Pero… —volvió a tomar las temblorosas manos pálidas. Si por disfrutar de su suavidad para siempre tenía que enfrentarse a eso, lo haría las veces que fueran necesarias —… al parecer no estoy del todo cuerdo, por lo menos no cuando se trata de ti, cuando recuerdo todo lo que provocas en mí. Cómo desee protegerte, e incluso tenerte.
—Brendan… esto no… no es lo que…
—Yuuri, te amo —dejó ir, y todo lo demás se detuvo. Los sonidos, la luz, las voces, el tiempo. Sus latidos y respiraciones. Sus pensamientos se vieron mermados a tratar de entender que es lo que estaba pasando, a porqué estaba pasando, a si en verdad estaba pasando —Desde siempre, desde cada momento que estamos juntos. Y si tú crees que estoy loco… no tengo alternativa que hacerte responsable. Porque no todos merecen la locura de alguien, pero tú, sin duda mereces la mía.
Claro que le hubiera gustado responder, por lo menos para agradecer ese sentimiento tan sublime, pero las palabras desaparecieron de la mente y la boca de Yuuri. Sin explicarse el porqué, sus ojos se empañaron en lágrimas. Pero ninguna cayó. Las que estaban por salir se quedaron grabadas en un par de finos labios que besaron su mejilla como si de la más delicada cosa se tratase.
—No tienes que responder nada ahora, Yuuri. Entiendo que no estás listo —Brendan acarició con ternura su rostro y le dedicó la mejor de sus sonrisas nostálgicas —Si he esperado veinte años, sabiendo que podías no ser mío, puedo albergar esta esperanza conmigo el tiempo que tú quieras —lo soltó y tomó su celular que reposaba en la cama —Tengo que irme, Yuuri. Ahora que estoy trabajando con el doctor Kagamine, tomaré la guardia de hoy y mañana, así que nos vemos en dos días. Solo… no te presiones por esto, ¿está bien? Lo que decidas será lo mejor.
Brendan salió del cuarto y dejó a Yuuri sobre su cama. Paralizado era poco para describirlo. Estaba completamente abandonado por su razón. Pero su pensamiento era uno. ¿Brendan era la persona, era ese alguien que realmente necesitaba? ¿Era su tabla de salvación? Y es que apenas se daba cuenta. Siempre fue él a quien acudió, quien estuvo dispuesto a escucharlo, y ahora lo sabía, quien soportó que le hablara por horas de Víktor, cuando el sentía lo mismo.
Tenía razón, y ahora sabía que, si tenía una oportunidad de redescubrirse, de iniciar y de sanarse, él podía ayudarlo. Podía no solo necesitarlo, sino quererlo. No desearlo solo para él, sino ser suyos por voluntad. Sin tener que luchar contra el mundo, sin apartarlo de donde pertenecía.
Sin sacrificar.
"¿Qué importa el tiempo? ¿Qué importa la situación? Si yo no te importe, entonces tú ya no me importas a mí."
Sus pasos lo llevaron lento y trémulo a la habitación donde el médico se preparaba para su jornada de más de veinticuatro horas en el hospital. Incluso, cuando estuvo en la puerta, pudo verlo sin que el médico lo notara. No era Víktor, pero era perfecto a su manera. A cómo solo Brendan lo podía ser mientras se vestía con la bata blanca y aseguraba su reloj de muñeca.
—¡Yuuri! —exclamó el doctor en cuanto lo vio acercarse hacia dónde estaba —¿Qué pasa?
—Sólo prométeme que hablaremos de esto cuando vuelvas.
—¿Hablar de…?
Suave, delicado, tímido y sereno. Así podían describir el primer contacto entre ambos labios. Un toque sublime que Yuuri inició y que Brendan se ocupó de seguir con la calma que merecía su primer beso. Se descubrieron de una manera extraordinaria en ese minuto que duró su unión. No solo porque sus manos se aventuraron a recorrer terrenos desconocidos, cinturas delineadas y brazos trepidantes, sino porque encontraron un sabor que, para esos momentos, era aún mejor que la pasión…
—Yuuri… —acarició su nombre después de que, al soltar su beso, sus miradas se encontraran.
—No quiero pensarlo, pero… sólo… hablemos cuando regreses.
—Confía en que así será. Y confía en mí.
… sabían a esperanza.
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¡Hola! Este… no quiero decir mucho, porque no quiero arruinar lo que sea que sientan ahora. Pero bueno, me disculpo por la semana de ausencia, pero por fin terminé las clases y ahora sí, me consagro a adelantar el fic.
Espero que este capítulo le haya gustado tanto como a mí me impactó escribirlo. ¡No me arrojen piedras! El fic es Viktuuri, lo saben, pero para eso quiero… digamos que hacer que de demuestren que merecen amarse a pesar de los errores.
Creo que eso es todo. ¡Los amo! ¡Muchas gracias por seguir leyendo y porque todos los días aumenta el número de visitas! No tengo como pagárselos. Nos vemos próximamente, y ahora sí más pronto de lo que usualmente es.
Maryteresaichimo: Sí, sí. Viéndolo bien, si se da a odiar mucho esa mujer. Ah, pero les tengo preparado algo para que luego no sepan si odiarla o agradecerle. Pues Yurio no será parte de la reconciliación de Víktor y Yuuri, pero sí lo será de otra. Y si, ya viste que tendrá su oportunidad. Una muy buena… ahora pregúntate que tan lejos llegaran. Los spoilers después en el grupo jejeje. ¡Espero que te haya gustado el pequeño monstruo de hoy! ¡Saludos!
Serena Nightray: Yo siempre agradezco tus reviews que me hacen querer partirme el cerebro para buscar algo que logre tocar tu corazón. ¡Yo también me llevo así con mi mamá! Se me hizo divertido, además de que no veo a Yurio siendo un padre como tal, es más como un amigo, pero ya luego les pondré la historia de cómo llegó a sus vidas. ¡Salud por el Serik y Sasha, porque amo esa parejita! No, solo Viktoria se irá en algún momento, pero que no preocupe porque Laryssa se queda a seguir haciendo de las suyas. Y por Yukie tampoco te preocupes que recibirá su buena lección. ¡Gracias por el corazón! ¡Yo sé que este también se lo merece! ¡Y su review! Ya cuando lo dejes recibo tus quejas jaja. ¡Saludos!
