Hoy es el último día para que voteis entre final feliz o trágico.
En esta semana colgaré el último capítulo!!!
BESOS
CAPÍTULO 34: "ENHORABUENA"
"Levanta cariño."- me dijo Edward delicadamente susurrándome en la oreja. "Me voy a trabajar, Alice y la niña vendrán pronto para estar contigo, y si necesitas algo me llamas al móvil vale?"- dijo con dulzura. Desde que estaba embarazada, Edward me trataba aun mejor si cabe.
Habían pasado ocho meses desde que nos enteramos que estaba embarazada. La sorpresa nos pilló por sorpresa, pero por supuesto seguimos adelante. Volvimos a Nueva York y Edward buscó un trabajo a tiempo parcial en la misma empresa de mi hermano Simon, aunque Carlisle se empeñaba en decirnos que no era necesario, nosotros queríamos ayudar en los gastos. Yo dejé los estudios por el momento, no querían que tuviese complicaciones en el embarazo y me habían aconsejado reposo.
Tras el embarazo, Edward y yo teníamos planeado casarnos. Esperaríamos a que pasase el resto de verano y a tener a nuestra pequeña. Decidimos casarnos en Nueva York, ya que para nosotros ya se había convertido en nuestro hogar.
"Despierta mi amor."- dijo susurrándole a mi abultada barriga. "Papá y mamá te quieren mucho."- añadió. Cada vez que veía a Edward ejerciendo de padre, mi corazón rebosaba de felicidad. Era el novio y el padre mejor del mundo.
"Mmmm"- me revolví en la cama un poco antes de abalanzarme sobre mi futuro esposo. Le besé con furia, pero él se deshizo con delicadeza de mis labios.
"Cielo, no es que no me apetezca desvestirme en estos momentos, y quedarme aquí haciéndote el amor toda la mañana, pero llegaré tarde a trabajar y entonces llegaré tarde a clases y a la noche…"
"Está bien." – dije no muy convencida. Huye, pero esta noche no te librarás de mí.
"Desde luego Bella, si que tienes las hormonas revolucionadas."-me dijo entre risas. "Os quiero a las dos."- susurró besando mi tripa descubierta de nuevo.
Justo en el momento en que Edward se marchaba por la puerta de nuestro apartamento el teléfono fijo resonaba con insistencia en el salón.
"¿Sí? Contesté mientras me apartaba mechones de mi pelo de la cara."
"¡Bella, cariño!- dijo mi madre desde el otro lado del teléfono. ¿Cómo estás?"
"Bien mamá, no te preocupes."- contesté.
"Tu padre me ha contado que la última semana has estado algo revuelta hija. ¡Nunca me llamas! ¿Y la bebé?"- mi madre estaba entusiasmada con que el sexo del bebé fuese una niña, yo prefería un niño, y a ser posible, muy parecido a su padre, pero viniese lo que viniese, lo iba a adorar igual.
"Mamá, lo sé, lo siento. Hoy está algo inquieta, pero está muy bien. Estamos muy bien mamá"- justo en ese mismo instante el timbre de mi apartamento sonó estrepitosamente. Esa debe ser Alice. "Mamá he de dejarte, Alice está aquí, más tarde te llamo. Te quiero".
Me dirigí a la puerta de mi apartamento y la abrí. Detrás de ella estaba Alice y mi pequeña sobrina, la cual estaba preciosa a punto de cumplir un añito. Vestía un peto vaquero y una camiseta de manga corta rosa y lucía una cinta en su melenita castaña como la de su madre.
"Hola chicas."- dije poniendo aquella vocecita que ponía siempre que hablaba con mi sobrinita, o con mi bebé desde mi panza. "Déjamela".- dije estirando los brazos para coger a Dakota. Besé a Alice en la mejilla y a mi pequeña sobrina en la punta de su naricilla respingona. ¿Cómo habéis abierto el portal?
"Vuestro portero nos ha dejado pasar."- dijo mi cuñada con su tono angelical de siempre. Mira, Bells, te traigo una sorpresita para la pequeña.- dijo dándome un paquete perfectamente envuelto en papel de regalo rosa y cargando a mi sobrina de nuevo.
"No tenías por qué."- dije desenvolviendo el paquete. "¡Alice es precioso! Muchas gracias- estiré el vestidito de cuadros rosa y blanco para contemplarlo mejor y la besé de nuevo. Pero no tenías por qué…-una punzada de dolor me hizo dejar de hablar.
"¿Estás bien Bella?"- preguntó mi cuñada preocupada.
"Creo que viene Alice."- dije mientras me incorporaba para coger mi bolsa, preparada al detalle por si llegaba el momento.
¡Hay dios!, ¿qué hago?- preguntó nerviosa.
"Llama a un taxi, y a tu hermano, y al mío. Diles que vamos para el hospital. – repuse mientras salía por la puerta con las llaves en la mano.
El taxista se apresuró en llevarnos al hospital. Alice le pagó mientras hablaba nerviosa a gritos con Edward.
Cuando entré en el hospital una amable enfermera me sentó en una silla de ruedas y la empujó hasta una habitación con un par de mujeres embarazadas más. Alice y Dakota venían justo detrás de nosotras.
Cuando me acomodó en la cama me advirtió que pronto una doctora vendría a examinar cuanto había dilatado. Todos aquellos términos médicos me hacían ponerme nerviosa aún.
Pasó apenas diez minutos y Edward ya estaba pasando por la puerta de mi habitación con Simon. Eso me preocupó.
"¿Cómo es posible que hayáis llegado desde la empresa en tan sólo diez minutos?"- dije molesta. En seguida otra contracción interrumpió mi regañina.
"Amor, no te preocupes, no había apenas tráfico, sólo es eso."- sí ya y una porra. Pero estaba tan sumamente dolorida que no tenía ganas de reprocharle.
Esa fue mi última contracción. En seguida una doctora muy amable me dirigió a la sala de paritorio. Edward no me soltó la mano en ningún momento. Fue la media hora más dolorosa e intenta de toda mi vida, pero aquel dolor desapareció en cuanto la doctora nos presentó a nuestra hermosa hija.
"Enhorabuena papás. Es una niña preciosa y sana."- dijo posando a la pequeña en mis brazos. Edward y yo nos miramos con lágrimas en nuestros ojos.
"Es preciosa Edward." – le dije con dulzura besándole en sus labios. "Y es nuestra." – la pequeña parecía estar sonriendo, con sus ojitos grisáceos abiertos de par en par, y sus increíbles hoyuelos heredados de su padre al sonreír. Era la niña más bonita del mundo. Tenía una mezcla de Edward, parte mía, y en parte se parecía tanto a Renee como a Esme. "Renesmee"- dije haciendo un juego de palabras. Sonaba tan bien.
"Renesmee"- repitió mi novio orgulloso. Somos tus papás pequeña Renesmee.
