– Buenas tardes, James – saluda Beckett al entrar en la sala de interrogaciones. – Gracias por venir.

Castle, Ryan y Esposito observan atentamente tras el cristal. Beckett no ha permitido que ninguno de ellos entrara con ella en la sala, para no intimidar a James.

– ¿Sabes por qué te hemos citado?

– Estáis investigando la muerte de mi prima.

– Así es. Sólo estamos interesados en detener a su asesino. Nada más.

– Lo dices como si yo no quisiera lo mismo – se defiende James.

Beckett sonríe conciliadoramente.

– Entonces, ayúdanos. Tenemos varias pruebas que apuntan hacia ti: sus registros telefónicos, en los que apareces muy a menudo, y el soborno a un oficial de la policía para conseguir unos archivos clasificados.

El joven palidece y aprieta la mandíbula, pero permanece en silencio.

– Ahora bien – prosigue Beckett. – Yo no creo que tú seas el culpable de su muerte. Pero no estaría haciendo mi trabajo si no indagara. ¿Puedes explicarme de qué va todo eso?

– ¿Necesito un abogado? – pregunta James con un hilo de voz.

– Estás en tu derecho de pedir uno, pero a mí sólo me interesa la muerte de Laura, como ya te he dicho. No te estoy acusando de nada más.

Sus palabras parecen tranquilizar al chico, que asiente y se inclina hacia adelante.

– Todo eso… La verdad es que no tiene nada que ver con Laura. Ella sólo me estaba ayudando.

– ¿A qué?

James respira hondo antes de responder.

– A encontrar el asesino de mi madre.

Beckett es una experta en mantener la compostura, pero para los tres observadores tras el cristal, es evidente, por la forma en que cuadra ligeramente los hombros y alza la barbilla, que las palabras de James tienen un impacto profundo en ella.

– Pensaba que tu madre había muerto en un accidente de coche.

– Eso cree todo el mundo, pero no es verdad. Su autopsia es una falsificación. Tengo varios informes de expertos que lo corroboran.

– ¿Y Laura te estaba ayudando con eso?

– Ella me ayudó a reunir el dinero para el soborno, y ha sido mi punto de apoyo en los peores momentos.

Al hablar de su prima, los ojos de James se llenan de lágrimas, hasta que su expresión se transforma en una de rabia.

– Ha sido él – masculla entre dientes.

– ¿Quién? – pregunta Beckett.

– La misma persona que asesinó a mi madre, y que ahora está cubriéndose las espaldas… Mi padre.

El testimonio de James Walker da una perspectiva totalmente nueva al caso, pero ahora es tarde. Seguiremos con la investigación mañana temprano. Descansa por ahora. Nos vemos en el capítulo 30.