La Fragilidad de la Flor Lunar
Madreselva: Afecto devoto, Lazos de amor
Hacía mucho tiempo, de hecho, más de una década, recordaba haber tenido una charla personal con Rin-chan, en esa época en la que ella parecía querer confesar sus sentimientos y él le eludía como a una plaga hasta aquel día en que no pudo evitar estar a solas con ella siendo que Obito estaba llegando tarde y Minato-sensei tenía otras responsabilidades. Recordaba haber hablado sobre el enamoramiento del maestro hacia una pelirroja hiperactiva y de mal genio, era innegable la mirada del hombre cada vez que cruzaba camino con la iemoto Uzumaki, al punto que comenzaba a sospechar que lo hacía de forma deliberada eso de encontrarse con ella cuando no era necesario.
Esas muestras sutiles le habían llevado a la pregunta de su compañera: ¿Que es el amor?
En ese momento había respondido con una simple palabra que había roto el corazón de la chica sin pensarlo: Debilidad. En su joven mente obsesiva de esos tiempos no podía haber otra definición para ese sentimiento. En una misión no había nada peor que tener los pensamientos nublados al priorizar a otra persona por sobre las obligaciones, masoquismo al disfrutar del dolor causado por otra persona. Nada bueno podía salir del amor...
A veces se arrepentía de la respuesta que dio en ese momento, realmente no era su intención herir a uno de sus compañeros de esa forma. En ese momento, sin embargo, no lo veía así: Estaban en guerra, la prioridad era sobrevivir, no había tiempo para sentimientos, la misión tenía prioridad.
Pero el tiempo pasó y la persona que había profesado emociones tan cálidas se había marchado junto a ellas. Realmente no había sido capaz de corresponderlas, no sentía lo mismo, no hacia Rin, menos viendo la misma mirada de anhelo y esperanza en los ojos del tercer compañero del Minato Han. Fue su mano la que atravesó el corazón de Rin al ella atravesarse deliberadamente en el trayecto de su mano, la persona que sabía tenía sentimientos hacia él acabó profesando su amor en un último intento por salvar a las personas importantes para ella sacrificando su propia vida. Fue allí cuando una pequeña obsesión se presentó ante él y era la búsqueda de la respuesta a esa pregunta, de poder responder a Rin con sinceridad no empañada por la urgencia de la guerra.
Ya tantas veces había buscado la respuesta que nunca pudo resumirlo, esperaba que Rin pudiera perdonar el no tener una respuesta concreta, pero a sus 46 años, en la habitación viendo a su esposa dormir por primera vez se sentía capaz de dar una respuesta.
Amor era la mujer que descansaba a su lado, el cabello corto y rosado enredado y esparcido en diferentes direcciones sobre la almohada, su pequeña mano que siempre encontraba la propia, el sonido de incomodidad cuando se alejaba y permitía que aire frío pasara entre sus cuerpos. La forma en que sus pies fríos se estiraban en busca de confort, la forma en que sus labios rosados y algo resecos se separaban y el sudor por las actividades nocturnas se pegaba a su piel dandole un brillo etéreo a la luz de la luna que se colaba por la ventana. Era el valle entre sus senos que se movían acompasados por la respiración relajada de ella, la forma en que las curvas se extendían a su vientre que ya no era completamente plano como años anteriores, si no que sobre la firmeza de sus músculos entrenados líneas de estrías se extendían como marcas de la vida que trajo a este mundo.
Amor era el recuerdo del rostro agotado de esta misma mujer que en sus brazos sostenía a un pequeño bulto en una manta azul oscuro que recordaba una polera de uniforme. El recuerdo de Obito que había nacido en medio del bosque con un par de semanas de anticipación con la única suerte que Udon-chan y Konohamaru-chan habían estado allí como para asistirlos. El recuerdo de Takeshi que nació en un día soleado con ayuda de la Godaime Hokage y Udon-chan en esta misma habitación. Recordaba los ojos llorosos y brillantes llenos de la maravilla que era la vida con cada hijo que llegaba a la casa.
Amor era cuando se despertaba tarde tras una misión, el olor de las berenjenas asadas y el misoshiru con berenjenas, era Konohamaru protestando de lo ilógico de la sopa Miso con ese vegetal mientras él mismo tomaba con descaro el Umeboshi y lo echaba en la sopa. Era Udon y su fascinación por las fresas, que llegaba con la canasta de la fruta y la mochila llena de hongos Maitake que eran los favoritos de Moegi. Era Sai friendo tofu y Sakura buscando para preparar anmitsu para la hora del té haciendo que la cocina fuera un maravilloso caos lleno de olores y ruido. Era la forma en que todos los adultos salvo Udon se turnaban para preparar los Bento solo para que los chicos acabaran intercambiando las cosas que no les gustaban, como Takeshi que había heredado los gustos de su padre y prefería pasar de los trozos de manzanas a cambio del tofu frito de Obito.
Amor era recargarse en una de las sillas de la sala estilo Washitsu que daba al patio tradicional con estanque de pez koi incluido, el sonido de los Zabuton siendo movidos de un lado al otro mientras su esposa trabajaba en sellos y pergaminos junto a Sai, el cual tenía la cabeza del pequeño Yamanaka Inojin en su regazo quien dormía la siesta; y Neji que se encontraba en un rincón como 'escolta' frente a Takeshi que trataba de aprender la teoría de un nuevo pergamino, tanto más adulto que el otro niño de casi la misma edad aprovechando el instructor voluntario que tenía a disposición, más ahora que había logrado acceder como aprendiz en los cimientos.
Había amor en el brillo de los ojos de ella cuando observaba a Shikamaru y Temari con el pequeño Shikadai, su ahijado, el cual nunca la había visto realmente así que la observaba con gesto calculado, de la misma forma en que el padre de él la observó años atrás tras un reencuentro algo atropellado. Era la forma en que Temari iba a él para dar espacio a los dos amigos que se sentaban a jugar Shogi cerca del estanque. Era el té helado que Sakura preparaba cada vez que veía llegar a Gai corriendo para un nuevo desafío y como Genma parecía tener una rutina que pasaba por la puerta de su casa todos los viernes justo a la hora del té para disfrutar de los bocados de brote de calabaza verde que Moegi convenientemente preparaba esos días.
Había amor encerrado en las discusiones que tenía con su hijo mayor, Obito siempre testarudo y autosuficiente como su madre, porque no importa cuanto se pareciera por fuera a Uchiha Obito, Hatake Obito era hijo de Sakura, no había dudas al respecto, y eso era algo que amaba de su hijo, así que discutían, porque no iba a dejar de preocuparse por él, así fuera Jonin, así tuviera 15 años o si tuviera 40 años no dejaría de hacerlo. También podía sentirlo cuando Obito-chan iba tras Mirai-chan, la hija de Asuma era ciertamente el orgullo tanto de Kurenai como de Shikamaru, y donde estuviera Asuma, seguro que también estaría orgulloso.
El amor estaba encerrado en los momentos de paz en el que veía a la mujer de cabello rosado acompañada de una mujer tanto mayor, rubia de ojos miel, observar al pupilo de ambas trabajar con su propio equipo ya de chunin, ayudando en el entrenamiento de la médico del grupo y el dojutsu del mayor de los hermanos Hatake, permitiendo que el jonin pudiera dedicar toda su atención en formar al chico indeciso que tenía grandes cualidades en taijutsu y kenjutsu, el Udon Han era perfecto para peleas cuerpo a cuerpo, y Senju Tsunade brindaría apoyo para hacerlo uno de los mejores equipos.
Era ver llegar a Naruto corriendo, sabiendo que el hombre se había escapado por un rato de las obligaciones así que iría a ver a su antiguo equipo un momento antes de ir a asegurarse que Sarada estuviera bien por medio de Uzumaki Karin. Era la extraña carta de Uchiha Sasuke que siempre iba dirigida a Kakashi ya que estaba al tanto de la furia de su ex compañera, aunque ahora se arriesgaba a escribir una o dos frases dirigidas a ella. Su corazón se perdía en los gritos escandalosos de Sakura y las risas absurdas de Shisui que nunca salía de su trampa de sombras por miedo de que la mujer de ojos desparejos le atrapara.
Era ver las hojas de los árboles cambiar con la mujer que amaba entre sus brazos. Era saber que ella estaba en casa de forma definitiva, que no seguirían el juego del gato y el ratón. Era recostarse en la noche a contarle sus secretos a su confesor, la mujer que había conocido desde que era apenas un brote en este enorme árbol que era Konohagakure no Sato. Era saber que aunque de puertas afuera su rostro no expresaría más que un eterno hastío, cuando llegara a la casa lo primero que haría sería sonreír antes de ir a los terrenos de la propiedad donde se encontraba el templo donde guardaban las tablas con los nombres de sus antepasados y las fotos de sus muertos.
Aun estaba maravillado por los giros de su propia vida, la forma en que empezó con la muerte de su madre, el suicido de su padre, la supuesta muerte de su equipo, él que había jurado no amar, no aferrarse pero seguir viviendo para mostrarle a Obito el futuro, y ahora... un hombre de familia, su clan reconstruido, dentro de poco veía a Konohamaru y Moegi casándose, Konohamaru al no ser el heredero de su clan habiendo expresado su interés de unirse al Clan que había sido hogar por encima del clan Sarutobi que era su derecho de nacimiento, optando dejar la herencia en manos de la joven Sarutobi Mirai.
Era esposo, era padre, sus hijos ya tenían más de 12 años, había sin intentarlo logrado más de lo que su propio padre había hecho en los años que le pudo conocer, en el fondo de su alma esperaba que él estuviera orgulloso. Sakura se había unido en las últimas semanas a Interrogación y Tortura de forma temporal, había adoptado el trabajo de escritorio que en algún momento perteneció a Shimura Danzo ante la falta de la presencia de Uchiha Sasuke y resumido sus obligaciones como parte del Go-Ikenban de la aldea.
Con su regreso, él decidió resumir sus obligaciones como shinobi, su vida siempre había estado en el campo de batalla, por lo que optó tanto como parte del área de Interrogación y Tortura como miembro Jonin de la aldea fuera de sus propias obligaciones como miembro del consejo al ser un anterior Hokage, cosa similar que Tsunade-sama.
Agradecía la posibilidad de explorar los lazos del amor, algo que nunca creyó posible, algo que él tuvo la suerte de tener pero no podía decir lo mismo de todos. Los lazos eran algo frágiles, pero estaban allí. Nadie podría entender como las cosas habían cambiado en los últimos veinte años, ahora que Sakura tenía 32 años, él mismo con 46 años se sorprendía por su longevidad. Por mucho tiempo había creído que no llegaría a los 40, muriendo en algún campo de batalla perdido.
Tan difícil de responder como ¿que es el amor? era ¿que es la felicidad? Y eso solo lo podía responder con: Esto.
Su vida, sus lazos, las personas que lo rodeaban a él y a Sakura, todo eso hacía valer la pena el largo camino recorrido, sus hijos, sus hermanos de clan, los allegados de ella. Cada paso que habían dado los había traído aquí y a pesar de los primeros pensamientos cuando todo esto inició aun seguían juntos y ella a pesar de las veces que lo rechazó y pelearon físicamente, emocionalmente seguían unidos.
Y es que ambos sabían que ella tenía razón, pero era lo mejor que había podido ofrecer él en el momento por el bien de la aldea. No se arrepentía, pero necesitaba igualmente el perdón de ella. Y todo llevaba al punto de conflicto de los últimos dos años...
Uchiha Sarada.
Uchiha Sarada era la hija biológica de Sakura, él se había encargado de ello por medio de un trato con Orochimaru y Sasuke para que el Sharingan quedara en el clan Uchiha, pero por como veía las cosas, el clan Hatake tenía tres usuarios naturales del Sharingan contra dos en el clan Uchiha, haciendo al Dojutsu ahora una herencia Hatake, aunque para ser oficial debería haber al menos diez miembros con el dojutsu no dudaba que el día en que tuviera nietos probablemente sería oficial, solo esperaba que no fuera pronto. Aunque visto y considerando la suerte de Sasuke, lo más probable es que Sarada en lugar de casarse con un no-heredero fuera y se enamorara del chico Uzumaki y con eso los Uchiha se acabaran, todo por no hacer caso y tener más de un heredero.
Por otro lado, no lo culpaba, él tampoco confiaba demasiado en Orochimaru como para dejar más rastros del necesario de su línea de sangre.
Volviendo al caso de Sarada, realmente le sorprendía la chica, Sarada era la viva imagen de Sakura cuando era pequeña, quizá los colores eran incorrectos, poseía el cabello y ojos negros acordes a una Uchiha, pero si cerraba los ojos podía imaginarla con ojos verdes y esa energía positiva que solía rodear a Sakura cuando apenas era una genin. Solo esperaba que no fuera demasiado cuando se enterara de la verdad que había prometido revelar personalmente cuando se convirtiera en genin ya que evidentemente Sasuke no estaría presente.
"Anata, ¿en que piensas? Hace media hora que estás despierto pero te ves perdido." Murmuró la mujer que tenía el rostro casi hundido contra la almohada, los brazos recogidos contra el pecho mientras él la sostenía por la cintura, las sábanas se habían desplomado un poco a su cadera, penas cubriendo lo necesario para no parecer indecente.
"Maa... solo pensaba lo linda que eras de pequeña."
"¿Como así? ¿A que te refieres?" Lentamente ella abrió un ojo sin ningún apuro de interactuar con la luz del sol.
"Recuerdo como brillaban tus ojos de solo nombrar a Sasuke y lo mucho que te esforzabas cuando aprendiste los primeros pasos de sanación, lástima que nunca avanzaste para ser ninja médico, cuando realmente lograbas algo que querías, esos ojos verdes tuyos y el cabello rosado..."
"Mi cabello sigue siendo rosado, ¿sabes? Que tenga un par de canas no lo hace menos rosado."
"Yare, yare... Ya no eres una niña, lo sé, Sakura-chan. Solo que eras tierna, nos falta una niña en la casa, ya Moegi-chan está grande para ser la niña de la familia." Ante lo dicho se ganó una mirada torcida para su diversión.
"Pervertido." Esa palabra despertó la risa de ambos que se deshicieron en carcajadas.
"Creo que deberías intentar armar algo con Ino-san."
El comentario fue completamente fuera de lugar como casi todas las conversaciones que solían compartir. Todo empezaba igual: Desplegaban los pergaminos para poder estudiar algún nuevo proyecto, hablaban, establecían objetivos o incluso buscaban nuevos objetivos, luego se dedicaban a hablar sobre los proyectos y los avances dentro de Raíz ahora que con ella en la aldea la rama de ANBU conocida como los Cimientos había cobrado nueva fuerza, Sai siendo su representante en su ausencia. Mientras hablaban él recargaba su cabeza en el muslo de ella, mirando el patio y escuchando el bambú de la fuente Shishiodoshi golpear contra la piedra. A veces él pedía que le cantara, otras simplemente hablaban de la vida, cosas sin sentido, los cambios que vivieron desde aquellos tiempos donde ellos eran aprendices.
Este era uno de esos días, pero por una vez fue ella la que habló. Habían pasado los últimos 18 años juntos, de esos solo un puñado de veces estuvieron realmente separados. Esas veces fueron cuando él tuvo misiones con el Kakashi Han mientras ella se encargaba del Dai Nana Han, ahora Sakura Han. Era curioso ver como a pesar del tiempo había cosas que permanecían iguales.
"No me interesa Yamanaka-san. Es demasiado fea..."
"Le has dicho Belleza demasiadas veces." Le recordó con algo de diversión mientras pasaba sus dedos por el cabello negro del hombre que tras haber aprendido sobre las sonrisas y la felicidad ahora parecía portar eternamente una apenas perceptible curvatura de labios que parecía expresar contento y satisfacción. Sabía que esa expresión era quizá lo más real que tenía para demostrar que realmente estaba feliz con el giro que dio su vida en la última década, especialmente los últimos meses.
"Sabes que es porque las mujeres prefieren que no se diga lo que se piensa, si no lo contrario." El ojo desinteresado se abrió para verle desde su posición, observando la sonrisa de ella. Sabían perfectamente que era una rutina, ella sonreía sinceramente, él la observaba preguntándose como se lograba esa clase de expresión, casi dos décadas después no parecía poder perfeccionarla.
"Sin embargo, ¿no quieres saber lo que es ser feliz de esa forma? Me refiero a lo de enamorarte y vivir junto a la persona que amas..." Trató de argumentar solo para notar como él desviaba la mirada para regresar a observar el vaivén de la fuente y los movimientos del pez koi.
"No lo necesito." Argumentó para fastidio de ella, dejando que el silencio se extendiera antes de agregar más. "No soy ambicioso, no me crió Danzo-sama para ello. No esperaba experimentar lo que es sentir apego o tener una familia o tener un hogar, el amor de Inojin y tuyo es suficiente, no necesito el de nadie más, pero aprecio los sentimientos del resto de la familia."
Ante sus palabras solo pudo asentir, aceptando el hecho de que Sai habiendo vivido su vida entre Danzo-sama y ella le sería imposible abrir sus emociones a esta altura sin mucho trabajo. Sentir cariño, asco, odio y curiosidad, eso en si mismo era un tramo mucho más grande de lo que otras personas podrían llegar a entender dadas las circunstancias.
"Kakashi me ha mencionado de quizá tener uno más..." Explicó en referencia a sus hijos, de los cuales sabía uno no era realmente de Kakashi aunque había sido criado como si lo fuera. Explicarselo cuando llegó a graduarse como genin fue más difícil de lo que parecía, así que se conformaron por establecer que Kakashi ERA su padre pero que él tenía otro padre más que ya no estaba con ellos. Probablemente ello fue lo más sabio que habían hecho, no negarle su herencia, razón por la que querían establecer la verdad con Sarada también. Por suerte Takeshi era el único normal del montón.
"Aun estás en edad de procrear y ahora que estás en la aldea de forma permanente pero sin tomar misiones externas a menudo es un buen momento."
"Eres un fastidio..." Respondió con media sonrisa sin verdadera intención tras las palabras. "Pero lo pensaré, aunque no será este año, aun debemos restablecernos y este año se gradúa Sarada así que deberé ver de que reciba entrenamiento especial." La respuesta fue un sonido que se extendió en el patio donde el sol comenzaba a caer.
"Llegó uno de los suyos." De repente dijo él sin abrir los ojos.
Los 'suyos', solo había una persona a la que no se dirigía por nombre realmente. La persona que le causaba esa clase de estrés que no sabía manejar y la dejaba desorientada y perdida, uno de los factores que había comenzado la propia decadencia.
"¿Te refieres a Mitsuki?" Preguntó parpadeando rápidamente como para calmar su nervio óptico que había recibido tensión de solo pensar en el joven hombre nacido de los experimentos de Orochimaru.
"Si y no. No es Rogu, es otro más, diferente e igual, es de la edad de Sarada y Takeshi. Cursará con ella en la academia, Naruto le dio acceso así que estudiará para ser shinobi."
La joven mujer estiró una mano y con unos sellos de una sola mano creó una flama dentro de una lámpara de aceite para tratar de ver mejor en el lento anochecer.
"Entonces en cierta forma sería 'hermano' de vientre de Sarada..." Explicó curiosa, definitivamente esa niña era mucho más importante de lo que había creído en un principio se ve. "¿Es un peligro?" Preguntó directa, su rostro perdiendo el candor de hacía un momento para cerrarse completamente y cayendo en la inexpresividad habitual.
"No lo parece, contrario a su 'padre' parece no tener ningún tipo de rencores personales con la aldea, aunque posee unos ciertos problemas que conocemos sobre relacionarse con las personas. Parece no conocer los espacios personales o los límites a la hora de la interacción, en general está tratando de ser amistoso pero mantiene cierta distancia con el resto de los alumnos." La respuesta fue un asentimiento mientras hacía un gesto a él para que se levantara. Por las horas era tiempo de entrar a preparar la cena para todos. "Pondré el arroz." Se ofreció él caminando directo a la cocina.
Era uno de esos días de sol agradable en Konoha, uno de esos días donde el Nanadaime seguía haciendo papeleo mientras la aldea seguía su rutina, entre esa rutina estaba la de Boruto desde que su padre era Hokage... Con pintura roja marcando el rostro de piedra de Uzumaki Naruto con una palabra: IDIOTA.
Con un Kage Bunshin logrando eludir por poco al Hokage antes de salir corriendo solo para toparse con una chica que iba a su curso: Uchiha Sarada.
"Tan tonto como siempre..." Habló la chica de cabello negro mientras bajaba las escaleras para acercarse.
La respuesta de él fue alzar un dedo en gesto de silencio mientras retrocedía a una alcantarilla y bajaba por ella para no ser visto antes de escuchar la voz de su padre preguntar por él y a la Uchiha dirigirlo en otra dirección para su alivio.
"Te debo un agradecimiento, Sarada." Expresó el chico saliendo de debajo de la tapa de alcantarilla. "No sé por que se enoja tanto por un poco de pintura. Mi papá es un llorón."
"Querías que te persiguiera, ¿verdad?" Preguntó ella sin mirarlo, llamando su atención. "Estás resentido porque no pasa tiempo contigo."
"¡No es verdad!" Se negó aunque sabía que era cierto. "Hacía tiempo que no nos perseguíamos, ¡Así que tengo que superar el último record!" Tan pronto como dijo eso su cuerpo dejó de moverse, paralizándose antes de ver sus pies una sombra que se extendía a quien sabía era la mano derecha de su padre.
"Boruto, no le des más trabajo al Nanadaime. Está muy ocupado y ya que soy el consejero yo también lo estoy." Comentó el hombre con el cabello recogido en una coleta y manos en los bolsillos al tiempo que un chico ya conocido por ambos, de hecho su amigo, Shikadai bajaba de un salto del techo.
"¡Maldición!"
"Debe ser terrible lidiar contigo." Comentó Shikadai.
Detrás de ellos la chica se encontraba mordiéndose el labio inferior tratando de no comentar. Shikadai y Shikamaru-san eran tan parecidos como dos gotas de agua, de igual forma que Nanadaime-sama y Boruto. ¿A quien se parecía ella? ¿A su madre o a su padre? ¿Como eran ellos?
"Ni tu ni tu padre saben cuando rendirse. Te pareces a Naruto más de lo que crees." Escuchar esas palabras dirigidas a alguien dolieron más de lo que quería expresar, haciendo que retrocediera cruzando un brazo por delante de su cuerpo como un animal herido, ni siquiera habían notado su presencia realmente, así de insignificante era su vida.
"¡No me compares con él!"
"Shikadai, ve a llamar al clon del Nanadaime."
"¿Eh? ¿Por que yo?"
"¿Prefieres que cambiemos?" Preguntó Shikamaru indicando la posesión de sombras.
"Que fastidio..." Expresó el otro estudiante comenzando a caminar, demostrando el parecido que tenían realmente padre e hijo.
"No se preocupen, yo iré." Avisó una sombra desde el techo, un chico con un traje estándar de jonin que no podía medir mucho más que el mismo Boruto, cabello blanco y ojos negros. Era el chico que algunas veces se cruzaba y le hablaba, Sarada lo podía reconocer perfectamente, aunque Chocho decía que no le había visto nunca.
"Ah, Takeshi-kun." Saludó el mayor de los presentes alzando una mano. "Creí que estarías con Lee entrenando para tu iniciación, falta menos de un mes."
"Oka-sama me entrenará hoy, Lee-sensei hoy entrenará a su hijo ya que es el único día libre que tiene." Admitió el niño con una sonrisa que aparentaba ser relajada, pero tenía algo que le recordaba a...
"Sonríes como Inojin..." Comentó ella, demasiado sorprendida como para recordar el dolor momentáneo que experimentó al pensar en padres e hijos. Más fue su sorpresa cuando el chico se dirigió a ella primero con curiosidad y luego con una sonrisa algo más expresiva.
"Se puede decir que somos primos, Onee-chan." Respondió como si llamarla hermana y al otro chico primo fuera normal. "Voy a buscar al padre del eunuco..." Aclaró antes de desaparecer solo dejando una chica confusa, uno ardido sin terminar de entender que le quiso decir con eunuco, pero sabiendo que sonó a insulto y dos Nara con sus manos en el rostro pidiendo por paciencia.
"No será el padre, pero Takeshi se parece a Sai... a veces más que el mismo Inojin." Admitió Shikamaru que se quedó a la espera junto a los otros chicos.
"Papá, ¿ese es?"
"Si, es el hijo del Rokudaime." Admitió como si fuera lo de menos, y es que dar explicaciones era demasiado problemático, cosa que su hijo podía relacionar, a Boruto realmente no parecía interesarle nada, pero unos pasos más atrás pudo ver a la única Uchiha de la aldea, y no pudo evitar el dirigirle unas mínimas palabras a ella. Estas eran las personas que sin que lo supiera habían cuidado de ella "Hatake Takeshi, recientemente ascendido a Jonin."
