VULNERANT OMNES, ULTIMA NECAT.

Danny: jaja sé lo que es eso, así que no te preocupes, gracias por tu hermoso review.

Silvia: Gracias de verdad, muchas gracias.

Cande: Uff hiciste bien en respirar tanto, yo tampoco logre mantener el grito atorado cuando lo leí por primera vez, así que grite, llore y me caí. Gracias por tu comentario y solo, disfruta este capitulo.

Mónica: Uff has confirmado tus sospechas y aun tienes que seguir confirmando mas. Así que solo lee. Lee. Lee. Lee. Un beso.

PaulizSparrow: Una vez mas muchas gracias por tu review, y si ya me di cuenta que esta media rara la pagina en estos tiempo. Intentare ver si puedo entrar a tu blog. Y estoy de acuerdo contigo en que este fic cada vez se pone mejor, vienen unos capítulos, mas adelante, un par de ellos que en lo personal me fascinaron y que este momento estoy traduciendo y solo en uno tarde mas de tres días en hacerlo porque lloraba a cada palabra que escribía. Espero que disfrutes de este capitulo.

Cecilia: Una vea mas muchas gracias por tu comentario. Me da mucho gusto que hayas llorado y no por le hecho de que me guste verte triste sino porque las emociones que este capitulo dejan son muy profundas y saber que lloran es saber que mi traducción igualó las palabras de la autora y eso es muy gratificante. Mil gracias.

Kass: Pues ¡bienvenida! me da mucho gusto que por fin te hayas animado a dejar review, y espero de todo corazón que lo sigas haciendo. Es muy gratificante recibir comentarios y mas cuando son tan buenos como los tuyos. Y por supuesto que te entendí perfectamente, sabes expresarte muy bien. Mil gracias y espero verte en este nuevo capitulo.

Elizabeth: Una nota. ¡Te extraño amiga!

MUCHAS GRACIAS A QUIENES LEEN PERO NO PUEDEN DEJAR REVIEW, PERO OJALA Y SE ANIMEN. BESOS.

CAPITULO 37

"¿Lizzie?" Jack miraba alrededor de la habitación, más bien desconcertado, por la ausencia de Elizabeth. No se había ido más que por algunos minutos. ¿Dónde estaba? Ella no parecía alterada por sus sospechas ¿O si? Después de todo él no tenia la culpa de que ella no le hubiera contado sobre los 'sueños'

¿Por qué no le había dicho? Aun no podía creer ese extraño descubrimiento… aunque creía que probablemente lo había aceptado mas rápido de lo que la lógica permitía… Por alguna razón, tan pronto como Bill lo había mencionado, supo que era cierto… de alguna manera sierpe lo había sabido… y ahora estaba tratando desesperadamente de recordar cada pequeño detalle de los "sueños" que antes había tratado difícilmente de no pensar. Ahora no quería ningún momento perdido: ahora sabía que realmente había pasado… el encuentro en la taberna cuando ella lo había mirado… su franqueza… sus confesiones… todo de repente tenia perfecto sentido.

"¿Lizzie?" con un suspiro, se giró y se encamino a la puerta, preguntándose donde había ido, con su conocimiento limitado de la Cueva. La besaría locamente una vez que la encontrara y le diría que no fuera a ningún lugar sin él, otra vez. ¿Había olvidado la regla numero uno? Sonrió, pero su sonrisa se desvaneció cuando notó el vestido carmín de Elizabeth tirado en el piso donde lo habían dejado. Arrugó la frente en consternación, mirando por la habitación una ve más. Él no tenía más ropa en esa habitación y ella tampoco tenia otra ropa. No importaba que tan enojada estuviera ella con él, como para tomar la decisión de irse desnuda hacia al pueblo, pensó con una pequeña sonrisa, a pesar que su humor estaba desapareciendo con rapidez.

Se inclinó hacia abajo y tomo el vestido, acariciando con su pulgar la tela de seda- todavía podía sentir el aliento de ella en su piel cuando jadeaba su nombre, con sus manos sujetándolo de los hombros, sus labios…

Alejo el vestido y, solo por si acaso revisó el armario y miró debajo de la cama. Realmente no esperaba que estuviera en ninguno de esos lugares, pero, por otra parte nunca se podía saber, cuando se trataba de la señora del Capitán Jack Sparrow.

Contuvo una sonrisa, y una vez mas se giró hacia la puerta, pero se detuvo notando algo en el suelo. Lentamente, se volvió a inclinar hacia abajo, y alcanzó el objeto con la mano… o más bien las dos piezas de un pequeño objeto…

Con asombro, miró las dos piezas de su anillo verde, ese era el anillo que le había dado a Elizabeth durante la ceremonia de su matrimonio.

El anillo estaba roto.

Lo encerró en su mano, de repente sintiendo escalofríos, corriendo hasta su columna vertebral.

Algo estaba mal.


Sentía como si estuviera dormida, aunque sabia que no lo estaba… sus parpados se sentían tan pesados, pero no había imágenes detrás de ellos, ni colores en su cabeza, ni siquiera oscuridad…

No podía ver nada, atrapada en un sueño amorfo que no tenía aspecto ni voz y solo podía sentir un extraño y brillante calor en él; haciéndola sentir que estaba viva.

Las lágrimas se reunieron en algún lugar profundo de su mente, o de su corazón, no estaba segura, y, sin embargo, sabia que no, que no podía llorar con los ojos cerrados y por un momento temió que se ahogaría en las lagrimas si…

Ahogarse…

Y entonces de repente en la descolorida nada de sus no-sueños estaba el rostro de él flotando sobre ella, con las cejas levantadas, con la curiosidad de un extraño, que observa fijamente como ella esta sentada en el frío y húmedo banquillo de los acusados, esperando ser rescatada otra vez, pero cuando lo miró a los ojos supo que lo vería de nuevo… de alguna manera… quería acercarse a él, pero era demasiado pronto… y solo lo acaricio con los ojos….

"Jack." Elizabeth abrió los ojos con un grito sofocado y se sentó, el recuerdo de su primer encuentro, llego a su mente tan claro, como si apenas hubiera ocurrido, como si siguiera ocurriendo… respiró profundamente, casi escuchando el latido de su corazón que golpeaba fuertemente dentro de su pecho. Sus dedos cerrados en torno de una tela, apretándola en su puño.

Él no estaba aquí, y ni siquiera tenía que ver alrededor para saberlo. Recordaba el amanecer, recordaba que su anillo de bodas se rompió, y entonces todo se torno gris y plateado y no podía ver nada, de repente la luz del sol se sintió fría en su piel como agua helada.

Se abrazo así misma con un fuerte suspiro, reconfortada por la familiar textura de su vestido carmín.

Pero no había tenido tiempo de vestirse ¿o si?

Lentamente se miró así misma, y parpadeo sorprendida, al notar que el vestido que llevaba puesta era similar al que Jack le había dado. Solo que este…

Era negro.

Levantó la vista, dando una prudente mirada alrededor. Estaba sentada en la cama de un habitación tenuemente iluminada, pero no podía determinar de donde venia la luz. No había ventanas, ni lámparas, ni velas…

Velas…

"Déjalo."

Escondió su rostro en sus manos y gimió. Había pensado que los recuerdos le ayudarían a sobrevivir separada de él, pero parecía que la hacían sentir peor. ¿Cómo podría soportar veinte años sin sus caricias si las recordaba tan bien? ¿Cómo podría vivir sin tocarlo? Si aun podía sentir sus labios sobre los de ella, sus manos abrazándola, acariciando su rostro, sosteniéndola cuando desfallecía en un millón de arco iris a su alrededor.

"Oh Jack." Ni siquiera quería ver donde estaba. Ni siquiera quería vivir más. Después de veinte años difícilmentel se acordará de mí...

O tal vez debería tener más confianza en él… pero sin embargo, veinte años, era demasiado tiempo, para esperar que él mantenga sus sentimientos por ella intactos. Podría recordarla, pero no tenia esperanzas de que aun la amara…

Tal vez hubiera sido mejor que él hubiera seguido enojado con ella… no quería herirlo, que se sintiera como ella se sentía ahora. Pero ni siquiera podía imaginar lo que él pensaría de su desaparición… ¿Qué pensaría su padre?... ni siquiera había podido hablar con él por ultima vez… para decirle que era feliz, que Jack la amaba, que estaba casada con él…

Tragándose las lágrimas, Elizabeth se deslizó lentamente fuera de la cama, dando una mirada por la habitación. El cuarto parecía normal y no sabía que pensar de eso. Recordó lo que Jack le había dicho sobre el Vórtice del Tiempo, que era el infierno, un lugar donde la gente que hacia tratos con la muerte, eran sometidos, a todo el sufrimiento que podían soportar. Entonces ¿no se suponía que tenía que estar en un lugar terrible ahora? Casi lo estaba deseando… tal vez el dolor real le quitaría el dolor latente en su corazón…

Acomodó algunos mechones sueltos de su cabello detrás de sus orejas y caminó descalza hacia la puerta, titubeante colocó su mano sobre la perilla.

"La impaciencia trae perdidas."

Elizabeth se giró con un grito sofocado, sus ojos buscando febrilmente en la semi-oscuridad de su alrededor.


"¡Señor Gibbs!"

"¡Jack!" Gibbs atravesó el pasillo corriendo hasta Jack, con una latente angustia en su rostro. "Me temo…"

"¿Has visto a Elizabeth?" Jack lo interrumpió, mirando a lo largo del pasillo, como si esperara que fuera a verla en cualquier momento, y ya estando listo para regañarla por tenerlo preocupado…

¿Preocupado?... Sí. Y ni siquiera podía recordar cuando se había preocupado tanto.

"¿Elizabeth?" Gibbs parpadeo perplejo. "Pensé que estaba contigo." Ofreció provisionalmente.

Jack lo miró enojado. "Estaba hace un minuto. Pero me fui por unos minutos…"

"Estoy seguro de que va a regresar pronto." Dijo Gibbs con una pequeña sonrisa tranquilizadora, y si no fuera por la mala noticia que tenia que darle a Jack en ese momento, habría encontrado muy divertido ver a Jack entrando en pánico, solo porque su esposa se había ido a alguna parte sin decírselo.

"Algo esta mal." Murmuró Jack mas para si mismo que para Gibbs.

"Aye, sobre eso…" Gibbs hizo una mueca, frotándose nerviosamente la frente, pero Jack no le permitió terminar la oración.

"Su vestido todavía esta en la habitación y su anillo…" Jack abrió su mano y Gibbs miró sorprendido las dos piezas del anillo. "Algo esta mal." Repitió en un murmullo. "Dile a todo el mundo que la busque." Dando un paso para alejarse de Gibbs.

"Jack espera…"

"Envía a alguien a la ciudad, por si acaso ella fue para allá, que lo dudo, pero aun así." Jack levantó las cejas y volvió a encerrar el anillo roto en su mano.

"Jack." Gibbs levantó la voz y las manos, tratando de interrumpir el tren de pensamientos de Jack y decirle lo que necesitaba decirle.

"En caso de que la encuentres, no la dejes ir a ninguna parte, simplemente…"

"Jack, tengo que decirte algo muy importante."

"¡Nada es mas importante que mi esposa! ¿Savvy?" Gritó Jack entre dientes, causando que Gibbs y las personas que estaban en el pasillo brincaran.

"Aye." Gibbs se quedo sin aire y asintió, viendo que Barbosa se acercaba rápidamente, acompañado por el Gobernador, quien se había despertado por la repentina conmoción y que había salido rápidamente de la habitación que le habían dado, con la irracional sensación de que algo le había ocurrido a Elizabeth. Pero resulto que el motivo de la conmoción era diferente…

"¿Dónde esta?" Preguntó Barbosa en un irritado tono de voz, haciendo caso omiso de los gestos dramáticos de Gibbs que indicaban que aun no le había dicho nada a Jack…

Jack se giró y miró a Barbosa. "Eso no te importa." Dijo molesto, mirando al Gobernador, e inconcientemente recordando que había olvidado hacer algo… pedirle la mano de Elizabeth en matrimonio, o pedir su bendición o algo parecido… Y su molestia contra Barbosa creció estando seguro que su imagen gritando en la mañana, no era algo que el padre de Elizabeth agradecería, y no era ciertamente la imagen con la que él quisiera encontrarse tan pronto… y mas aun cuando seguramente ya había descubierto… que Elizabeth se había casado con él, aunque no parecía que el padre de ella tuviera intenciones de matarlo, que por cierto, tenia que admitir, que eso era un buen comienzo para las relaciones familiares…

"Jack…" Gibbs trató de de explicarse una vez mas y otra vez mas no lo dejaron continuar.

"Bueno, si me importa." Replicó airadamente Barbosa. "Porque en primer lugar es mía, en segundo lugar, porque tu la perdiste ya dos veces y eso te hace incompetente para tenerla y en tercer lugar…"

Jack sacó su pistola y disparó y si no hubiera sido porque Gibbs lo tomó del brazo, la bala hubiera traspasado directamente en el corazón de Barbosa. Barbosa parpadeo, ligeramente sorprendido por la rapidez de la reacción de Jack.

El Gobernador miró a Jack, de repente afectado por la conciencia de que este hombre era, ahora, parte de su familia; este hombre que gritaba con una pistola en mano, era el esposo de su hija. Ella debió de haber estado loca para casarse con él. Y él debió de haber estado más loco por haberlo permitido.

"Jack, no entiendes." Gibbs luchaba para evitar que Jack disparara de nuevo.

"¿Qué demonios crees que estas haciendo?" Gritó Barbosa, tomando su pistola y el Gobernador pensó que ese era el momento oportuno para alejarse de esas personas.

Gibbs retrocedió, soltando accidentalmente el brazo de Jack. Jack comenzó a caminar hacia Barbosa, y Barbosa retrocedió hasta que su espalda se topo con la pared y Jack encañono su pistola bajo la barbilla de Barbosa.

"Retira todas las tonterías que acabas de decir." Dijo en voz baja pero amenazante.

"No veo porque debo retractarme." Barbosa susurró roncamente, mirando a Jack con puñales en los ojos, que sostenía la pistola.

"Jack, él esta hablando del Perla Negra." Susurró Gibbs en una voz muy infeliz.

"Sé que esta hablando del Perla Negra." Dijo Jack airadamente, con los ojos fijos en Barbosa. Era eso, parpadeo y respiró. "¿Qué?" Dijo mirando sobre su hombro a Gibbs.

Gibbs suspiró frustradamente. "El Perla Negra desapareció, Jack. Eso es lo que estaba tratando de decirte…"

"¿Cómo que el Perla Negra desapareció?" Jack soltó a Barbosa y puso su atención plenamente en Gibbs. Barbosa rodó los ojos y guardo su pistola.

"Acabamos de darnos cuenta." Dijo Gibbs apenado, Jack miró hacia otro lado, frunciendo el ceño. "No se como pudo suceder. Anoche dejamos… a cuatro personas. Pero ahora no los encontramos por ningún lado, ellos deben estar aun en la nave…" Gibbs dudo antes de añadir. "Tampoco hay señal de Will."

Jack regresó sus ojos a Gibbs, la inquietante imagen de Will secuestrando a Elizabeth surgió de repente en su mente, enviándole una ola de frío por todo su cuerpo.

Barbosa bufó airadamente. "Le robaron a su mujer, debiste por lo menos de tener la decencia de haberle disparado primero. Era muy predecible que iba a hacer algo como esto. Y ahora ¡nos condenaste a todos nosotros!"

El Gobernador le lanzó a Barbosa una gélida mirada, de repente encontrando el intento de Jack de dispararle a ese hombre muy bien justificado.

"¿Todavía esta a la vista?" Preguntó Jack, por primera vez haciendo caso omiso de Barbosa y mirando a Gibbs expectante.

Gibbs sacudió la cabeza. Jack interiormente suspiró con alivio. Si Will se había llevado al Perla hace más de un cuarto de hora, entonces él no había secuestrado a Elizabeth. Notando de repente que el secuestro del Perla era insignificante, comparado con el temor de perder a su esposa. Su esposa.

"¿No entiendes?" Gritó Barbosa, con frialdad destellando en sus ojos. Dio un paso apresurado hacia a Jack y dijo en voz baja. "Tal vez, olvidaste quien esta encerrada en las celdas de esa nave." Dijo mirando a Jack penetrantemente y Jack lo miró de nuevo, aunque en su mente estaba tratando de imaginar en donde estaba Elizabeth, haciéndole imposible concentrarse en cualquier otra cosa. "Sin ella no tenemos oportunidad de ganara la guerra. Y ahora gracias a ti, no tenemos al Perla Negra ni a Calypso. Por lo que no es difícil predecir que pequeño gusano va a ganar."

"Ellos ni siquiera tienen una de las Piezas de Ocho, por no mencionar a las nueve, por lo que no podrán utilizar a Calypso contra nosotros." Observó Gibbs medio seguro.

"Señor Gibbs." Interrumpió Jack antes de que Barbosa tuviera tiempo de responder algo. "Creo que te di una orden." Dijo severamente. Gibbs parpadeo, desconcertado, no recordaba ninguna orden, a excepción de… "Busca en la Cueva y hazme saber si encuentras a Elizabeth." Y se giró para irse.

El Gobernador Swann frunció el ceño ante la mención de Elizabeth. "¿Si encuentras a Elizabeth?"

Barbosa se rió burlescamente. "Así que también perdiste a tu esposa. Tal vez no encontró la noche de bodas satisfactoria." Se rió. "Pudo ayudarte con eso, tu sabes. Basta con que la envíes a…"

Las palabras murieron en sus labios cuando una bala paso cerca de su rostro, rozándole la mejilla y con asombro Barbosa llevo su mano a su rostro, tocándose la mejilla y sintiendo la sangre en sus dedos.

"Realmente no estoy de humor hoy." Dijo Jack, mirándolo sombriamente y alejándose rápidamente.

Barbosa lo miró y luego entrecerró los ojos, murmurando maldiciones y caminando en dirección opuesta a Jack.

Gibbs llevó sus manos a su rostro con un suspiro. Todo estaba yendo mal. Aunque Beckett no podía hacer mucho con Calypso y sin las Piezas de Ocho, aunque tampoco ellos podía hacer mucho con todas la Piezas de Ocho y sin Calypso, ni con todas las Piezas de Ocho de todo el mundo.

"¿Elizabeth… desapareció?" La voz del Gobernador Swann trajo de vuelta a la realidad a Gibbs.

"¿Desapareció?" Gibbs parpadeo. "N-no, no lo creo. Ella solo fue a algún lugar sin decirnos. Jack solo esta un poco desconcertado por perderla de vista, ahora que estamos cerca del combate, supongo." Dijo con una pequeña sonrisa.

El Gobernado asintió, sus cejas se levantaron, pensativamente. "Me gustaría hablar con ella." dijo en voz baja, de repente sintiendo un pinchazo de melancolía ante la idea de que ahora tendría que pedir permiso para hablar con su hija, preguntar si ella tendría tiempo, preguntar… a su esposo si tenían tiempo. Sacudió la cabeza con un suspiro inaudible. Ayer había estado tan cansado, tan exhausto, pero ahora, a la luz de la mañana, todo se veía distinto y por un momento no pudo imaginar como es que había estado de acuerdo con que su hija se casara con… un pirata.

Pero entonces, recordó la confesión de ella y la mirada en sus ojos…

Realmente necesitaba hablar con ella.

"Oh, estoy seguro que tan pronto como…"

"Jack ¿Dónde esta Jack?" Bill Turner interrumpió a Gibbs antes de que terminara la frase, de repente apareciendo a su lado, con una mirada de profunda ansiedad en el rostro. Gibbs lo miró con la esperanza de que no hubiera más malas noticias que les afectara a todos ellos, pero a juzgar por el rostro de Bootstrap… "Tengo que decirle… preguntarle si recuerda… Lo que yo recuerdo." Hizo una mueca y nerviosamente se froto las sienes. "Cuando naufragamos, antes de que la chica desapareciera, ella estaba hablando con alguien que nosotros no podíamos ver…" entrecerrando los ojos, mirando hacia oro lado, agotado por sus pensamientos. "Yo no debería estar aquí." Susurró agitando su cabeza con tristeza. "No es correcto que yo este aquí." Murmuró ausente.

"¿Quién desapareció?" El Gobernador miró interrogativamente entre Gibbs y Bill Turner, un extraño sentimiento de frío temor lo envolvió por segunda vez en esa mañana.

Gibbs hizo unas muecas y pensó que era realmente injusto, que siempre tenía que ser él quien explicaba todo a todos. "Cuando Elizabeth fue al pasado…" Se detuvo a mitad de la frase, de repente recordando que según lo dicho por Tía Dalma no debería estar hablando de esto con todo el mundo.

Ambos hombres lo miraron con los ojos muy abiertos.

"¿Elizabeth fue al pasado?" Repitió el Gobernador incrédulo. "¿Qué se supone que significa eso?" Preguntó con una pequeña sonrisa nerviosa.

"¿Sabias sobre esto? ¿Sabías que ella estuvo en el pasado?" Bill Turner miró a Gibbs interrogativamente.

"Todo esto es bastante complicado." Dijo Gibbs con miserable voz, ya cansado de los problemas. "Cuando encontramos a Jack en el Armario, estaba muerto y…"

"¿Jack estaba muerto?" Bill Turner lo interrumpió, ampliando los ojos.

El Gobernador solo parpadeo, sin ni siquiera tratar de entender las noticias antes de que alguien se las explicara con profundidad.

"Bueno." Gibbs se frotó la frente. "Parecía que si, pero supongo que no estaba realmente muerto, al ver…"

"Así, que él también tiene algo que ver con esto." Susurró Bootstrap, dando un paso hacia atrás, sus ojos ausentemente miraban alrededor de todo el pasillo. Gibbs sacudió la cabeza en incomprensión. "Yo estaba muerto y ahora estoy aquí… Él estaba muerto y también esta aquí…" Llevó su mano a su rostro, con la respiraron acelerada. "Ella estaba hablando sobre el precio… recuerdo la palabra…" Parpadeo y casi se quedo sin respiración. "Tengo que hablar con ella." Dijo de repente en una voz urgente, sus ojos miraron a Gibbs que poco a poco estaba más confundido. "Tengo que hablar con ellos… ¿Dónde están?"

Gibbs respiró profundamente. "Tal vez este no es el mejor momento. Todos tenemos que zarpar pronto y ahora con la desaparición del Perla, tenemos que…"

"¿El Perla Negra desapareció?" Bill lo interrumpió una vez más, y Gibbs se preguntó si era un hábito de Bootstrap el interrumpir a las personas cuando están hablando.

"Aye." Asintió Gibbs. "Y ahora tememos que…" Mirando a Bill dudoso. "Sospechamos que fue Will quien se llevo al Perla."

Bill lo miró en silencio por un momento, lentamente captando las noticias. "Ya veo." Le susurró al fin. "Debí haberlo sabido, debí mantener mis ojos puestos en él, pero él dijo que necesitaba estar solo y yo estaba tan cansado…" suspiró, frunciendo el ceño, sintiendo un pinchazo de dolor, al pensar en que Will no le había tenido la suficiente confianza como para hablar con él, antes de hacer tal cosa… él había actuado así por el enojo, sin duda, pero aun así… se había ido sin haberle dicho adiós… pero tal vez era la causa de él haberlo abandonado primero…

"No voy a abonarte."

Incluso si eso lo lastimaba…

"Esto no es tu culpa." Gibbs le dijo con una simpática sonrisa.

Bill lentamente desplazo su mirada de Gibbs al piso. "Yo no estaría tan seguro de eso." Dijo pensativamente, una vez sus pensamientos se dirigieron a la isla, tratando de recordar cada palabra de esa extraña conversación que al parecer Elizabeth había tenido con alguien, que ni él ni Jack podían ver.


La había buscado por todas partes.

Había buscado en su habitación, había buscado en el piso entero. De hecho había buscado en todas las habitaciones del piso, pero Elizabeth no se encontraba en ninguno de ellos. Nadie la había visto esa mañana y la ansiedad de Jack iba en aumento, acelerando su ritmo cardiaco, con cada habitación que encontraba vacía, con cada persona que agitaba su cabeza en negación.

¿A dónde fue? ¿A dónde pudo haber ido? Jack caminó apresuradamente por el pasillo, soltando ardientes amenazas a quien se le atravesaba por el camino, imaginando como iba a gritarle una vez que la encontrara. En primer lugar le gritaría, luego la besaría, y luego le pediría disculpas por haber sospechado de ella… luego la besaría de nuevo y la amenazaría con hacerla caminar por la plancha, la abrazaría y la silenciaría con una beso cuando tratara de responderle. Entonces la levantaría en brazos, subiría con ella las escaleras y la llevaría a la habitación y le diría que no saldría de esa habitación hasta que la perdonara por haberlo hecho buscarla por más de una hora…

mas de una hora…

… y entonces ella sonreiría y reiría y lo besaría.

"Ella se veía muy angustiada."

Jack se giró, para encontrarse con Teague en el umbral de la puerta con su inmortal guitarra en los brazos. Recordó que cuando era niño, pensaba que la voz de Teague se escondía en esa guitarra y si él la alejaba, no podría hacer uso de la palabra.

"Ella se veía muy angustiada cuando te estaba buscando ayer." Dijo Teague con voz tranquila, con los ojos fijos en el rostro de Jack.

"¿La has visto esta mañana?" Preguntó Jack en un tono extrañamente apresurado, como si tratara de no escuchar las palabras de Teague.

Teague lo miró por un momento, hasta que el silencio comenzó a pulsar la sensibilidad en los oídos de Jack y sacudió la cabeza, incluso antes de que Teague hablara por fin. "Ella no esta aquí, Jackie." Dijo tranquilamente, su voz provocando que la sangre se le congelara en las venas a Jack. "Ella no esta aquí."


"¿Dónde vas a ir si ni siquiera sabes donde estas?"

La voz parecía venir de la esquina derecha de la habitación y era indiferente y ligeramente arrogante. Elizabeth aun no podía distinguir claramente con la persona que estaba hablando, bajo la tenue luz.

"Sé donde estoy." Contestó, dando un paso cauteloso hacia adelante para ver mejor. Casi podía sentir que él sonreía.

"¿Lo sabes?" La voz, voló a través de la habitación, como si de hecho se tratara de una niebla que la envolvía fuerte y más fuerte cada vez que hablaba.

Elizabeth apretó sus manos en un puño, y entorno los ojos, pero todo lo que podía ver era una sombra en la esquina de la habitación y no podía ver ningún movimiento, como si nadie estuviera allí… aunque, sabia, que no era cierto.

"Estoy en el Vórtice en el Tiempo." Dijo levantando la barbilla para compensar que su voz que se había quebrado.

Ella escucho una risa tranquila y de repente pudo ver un movimiento en la esquina de la habitación y una silueta gris surgió de entre la oscuridad dando un paso hacia ella. Elizabeth contuvo el aliento, desesperadamente tratando de no perder la compostura.

Él se veía igual a como ella lo recordaba de aquel día en la playa y después cuando él apareció…

Rápidamente llevo su mano a su rostro, sus ojos se ampliaron al ver la banda plateada alrededor de su dedo. Ahora no solo podía sentirlo sino que también podía verlo.

"¿Qué es esto?" Preguntó bruscamente, pasando sus ojos a él. "¿Y porque mi anillo de bodas se rompió?"

"Este es tu anillo de bodas." Su respuesta fue simple, el hombre dio varios pasos hacia delante, la manera en la que caminaba, extrañamente le recordaba a Londres, cuando ella estaba en la parte superior de las escaleras viendo a los invitados de sus padres, cruzando el pasillo.

"No, no lo es." Replicó Elizabeth fríamente, luchando por no dar un paso hacia atrás, porque no podía demostrar que tenía miedo. Jack. Jack. Jack. El solo pensar en su nombre la tranquilizaba, deseando haberle dicho, después de todo… Tal vez ¿Él podía hacer algo? Buscar la manera de regresarla… tal vez debió tener más confianza en él… tal vez él la amaba demasiado…

"Oh, ya veo. Estas hablando de…" se detuvo justo en frente de ella, sus ojos grises la miraban intensamente. "Él."

"Estoy hablando de mi anillo de bodas." Dijo Elizabeth, con una extraña sensación de temor al pensar en Jack y tratando por impulso, de distraer la atención del hombre a otra cosa que no fuera su esposo.

"Bienvenida a la vida conyugal, amor." Elizabeth apretó los dientes, para no gritar. Jack. Jack. Jack.

"¿Crees que te va esperar veinte años?" Preguntó el hombre, levantando las cejas, el fantasma de una sonrisa atravesó en su rostro, enviándole escalofríos a su columna vertebral.

"No creo que esto sea un tema de interés para ti." Respondió Elizabeth, con la voz mas fría que pudo reunir, a pesar de que tenia la impresión de que nunca podría igualar a la frialdad de los ojos del hombre.

Los ojos del hombre… tenia miedo de comenzar a llamarlo como si fuera un hombre, incluso temía pensar en él diferente… quería apartar de su cabeza el pensamiento de lo que era ese hombre, tan lejos como fuera posible.

"¿Y si lo es?" Preguntó él, aun estaba de pie frente a ella, y por un momento ella pensó que él no era real, o quizás solo era una escultura que hablaba, con extraña y misteriosa voz.

"No veo porque puede serlo." Contestó sin saber realmente lo que tenia que decir, pero pensó que dar cualquier respuesta era mejor que no decir nada.

Él la miró por un momento en silencio, antes de acercarse más y tomar uno de sus mechones de cabello. Elizabeth dio un paso rápido hacia atrás.

"He escuchado que el Vórtice del Tiempo es un lugar de sufrimiento para aquellos que hicieron un trato con… la muerte." Dijo apresuradamente, casi ahogándose con la palabra. "¿Ya estoy en el Vórtice del Tiempo o no?"

Él sonrió. "Acabas de decir que sabe donde estas. ¿Por qué haces una pregunta que tu misma ya respondiste?" Preguntó con un toque de inquietante diversión en su voz.

Elizabeth entrecerró los ojos y dio otro paso hacia atrás y jadeo, inesperadamente, chocando con la puerta que había olvidado estaba tan cerca detrás de ella.

Para su alivio, el hombre no se acercó. "Un lugar de sufrimiento es una expresión cruda…" Hizo una mueca ligera, con los ojos fijos en los de ella y Elizabeth tuvo que parpadear para sacudirse la extraña sensación de entumecimiento que cayo sobre ella, cuando la miró tan intensamente. Él sonrió ligeramente y continúo. "Para los que hicieron un trato con la muerte." Repitió lentamente las palabras. "Sonó mas como una acusación, que como un regalo, ¿no crees? Tu querías salvar dos vidas, yo traje de regreso a esas dos personas muertas y este es el precio, de acuerdo a los términos."

"Realmente no se cual es el negocio aquí, aparte del hecho de que estaré aquí por los próximos veinte años." Respondió Elizabeth tiesa, sintiendo las lágrimas reuniéndose en las esquinas de sus ojos, pero estaba a decida a no llorar en frente de él.

"Hacer un negocio sin saber sus términos, es lo cosa mas valiente que hay." Dijo monótonamente.

"Una cosa estúpida querrás decir." Replico Elizabeth, con una incomoda sensación de que estaba cayendo en la manera en la que él estaba hablando.

Él sonrió, lento, breve, depredadora sonrisa. "¿Hay realmente alguna diferencia? Rescatar a alguien por amor es lo mas valiente que hay, pero sin embargo, no medir las consecuencias, podría llegar a ser muy estúpido." Él la miró curiosamente.

Elizabeth movió la boca, una ola fría de incredulidad la golpeo cuando se dio cuenta de lo que estaban hablando. Si es que estaba hablando de eso…

Elizabeth gimió cuando de repente él, la tomo de las muñecas y se acercó a ella. Elizabeth trataba de alejarse, pero era en vano.

"El Vórtice del Tiempo es un lugar de sufrimiento, pero el sufrimiento no tiene nada que ver con llamas ni arder en el fuego eterno, tampoco es sobre el frío penetrante de una espada arrancándote el corazón." Le susurró con su rostro muy cerca del de ella y se sorprendió de no poder sentir su aliento en su rostro como si… él no estuviera respirando. "El sufrimiento es ir perdiendo el alma poco a poco." Elizabeth gimió y él bajo su voz aun mas. "Perder el alma; perder el corazón."

Elizabeth hizo un frustrado intento por liberarse, pero era como si tratar de liberarse de grilletes…

Se estremeció por la comparación. Sus manos se sentían como grilletes; fríos e inquebrantables alrededor de sus muñecas.

"Estaré aquí durante veinte años, y entonces seré libre para irme." Dijo en voz fría y tranquila, sus labios apenas se movieron.

Él la miró indiferente, como si no hubiera dicho nada en absoluto, antes de que le dijera algo que la tomara fuera de guardia. "Tienes las manos manchadas de sangre. Quitar vidas no va ser difícil para ti."

Elizabeth lo miró con los ojos bien abiertos, quedando congelada por sus palabras. "¿Qué quieres decir?" Susurró después de una pausa, palideciendo.


CONTINUARA…