Cap. XXXV: "Aún"

Lo natural hubiera sido que él les dijera que sí, que iba a apoyarlas y entonces la felicidad de su novia sería completa. Habían emprendido nuevamente hacia el camino de la relación que desviaron meses atrás y ahora ya no era sobre tierra. El cemento duro de una carretera las guiaba sin pozos, sin irregularidades ni señales para que se detuvieran. De manera fantasiosa, ahora manejaban rumbo a donde la gasolina no se acababa y, por el contrario, si lo hacía no parecía demostrarlo.

Pero Quinn lo sabía y se lo había anticipado: tras hablar con Russel, él les daría la espalda y con una advertencia las señaló y les ordenó no volver a buscarlo. Solo Frannie les brindó su apoyó esa misma tarde y a pesar de los reclamos del hombre porque no lo hiciera. Pero su cuñada ya no vivía con ellos y estaba rehaciendo su vida, de manera independiente y con Oliver, en una pequeña casa a la entrada de la ciudad.

Seis meses atrás habían terminado su relación. Cinco y durante todo el quinto mes, había estado soltera. Desde hacía más de tres meses había vuelto a tener novia. Y es que las cosas pasan tan rápidamente cuando se está encantada en algo que, ni intentándolo, la vida se le detendría a preguntar si quería que pasara más lenta. Después de tomar un primer riesgo, los demás son como un juego de cartas con el as bajo las mangas y trampas para llegar a la victoria. Totalmente experimental y acabando con una sonrisa.

El problema es que nadie sabe qué jugada tiene preparada el contrincante o el resto de la mesa. Pero descubrirlo, observarlos gesticular antes de arrojar y terminar una partida, es lo interesante antes de ganar con accesible comodidad.

Russel era aquella imposibilidad a completar el círculo de ambas y que las sensaciones placenteras fueran repletas. Porque cuando ella hablaba por teléfono con sus padres, podía ver la sonrisa esforzada de Quinn mientras la observaba hacerlo, deseando quizá ocupar algún momento ese lugar. Asique enviarle una carta cada mes, como iba haciéndolo sin que su novia lo supiera, iba a tener sus frutos meses después. O semanas o años, pero hasta aquel punto llegaba el amor que le profesaba a la rubia: escribir a la antigüedad, una carta y reflejándole a Russel lo bien que estaba la rubia y cómo le sentaba New York.

Con Judy no era necesario hacerlo. La mujer se acercó por sus propios medios y cuando iba a visitarlas, llevaba a Oliver con ella y la estampa se convertía en algo familiar.

Como en ese momento.

Rachel empujó suavemente la puerta de entrada y cerró, evitando hacer el menor ruido posible. Cuando lo logró, se recostó un momento contra ella y se mordió el labio: en el sillón, Quinn dormía sus acostumbradas siestas y con su sobrino en el pecho, acomodado bajo su mentón mientras la rubia lo sostenía por la espalda.

Era viernes, ella dejaba la Universidad unas horas antes que el resto de los días y su novia solo debía recurrir a su facultad solo por 180 minutos y luego de que despertara. Sin embargo no iba a ser un molesto despertador en ese momento, pensó Rachel acercándose mientras se quitaba el abrigo.

Rodeó el sillón y le dejó un beso a cada uno, antes de correr hacia su cartera tras oír el celular. Lo tomó y rodó los ojos, al ver un mensaje de Santana como cada fin de semana, recordándole que al otro día viajaría con Brittany para sus acostumbradas salidas de sábado y que terminaban en alguna borrachera para las cuatro por igual; pero que no se desquitaba más allá de los cuartos que cada pareja utilizaba.

Kurt nunca se mudó con ella porque lo hizo junto a su novio, el chico nuevo que aún ellas llamaban pero hablaban todo el tiempo en Nyada, en los recesos y en la única clase que compartían. Además de algunos días de la semana, sosteniendo así la perdurable amistad que los unió desde un principio.

Lanzando aire divertida tras recibir otra insistencia de la mejor amiga de Quinn, le respondió con rapidez y apagó el móvil. No quería oír el llanto de Oliver al despertar con exabrupto ni ver a su novia moviéndose incómoda si volvía a sonar.

Les dió una mirada y se perdió en la cocina. Con una botella de agua en la mano, observó el calendario y se preguntó por qué cada día avanzaba y luego de un domingo, otro lunes llegaba ¿Por qué se repetían los días y ella los vivía como si fuesen distinto? Con Quinn en la facultad de economía, una beca tras mostrar sus calificaciones del McKinley y el trabajo de la rubia en una pequeña empresa de fotografía. Era la secretaria de una famosa firma pero en la sucursal más pequeña. Sin embargo sabía que lo bueno llegaba siempre así, desde lo más diminuto hasta agrandarse. Como un globo inflándose y luego volando, que dependía de cuán bien le hayan echado aire para no caer y explotarse contra una espina.

A la rubia le gustaba la vida casi de adultas qué tenían y a ella aún más, solo que a veces no lo demostraba para no regresar a la diva que alguna vez fue en el Instituto y exasperarla. Pero en su interior continuaba saltando de alegría y aplaudiendo cuando su novia llegaba a casa con una buena calificación.

Desayunaban juntas y a las 8 se separaba, para volver a reencontrarse casi a las 18 y pasar el resto del día juntas. No había monotonía ni tampoco era un cuento de hadas pero aún parecían aquellas adolescentes de 16 y 17 años que se besaron entre arrebatos por primera vez, tuvieron la primera experiencia sexual juntas y terminaron la relación entre cuerdas para estirar y aflojar, uniéndose inevitablemente otra vez cuando el amor lo deseaba y les demostraba con burlas que no, no nacieron para continuar separadas.

Con una abultada cantidad de agua, se atoró al intentar tragar y oyendo un ladrido en dirección al living. Dejó la botella sin cuidado y con rapidez llegó a detenerlo. Como siempre, imposible de lograrlo:

- Estrella, cállate- murmuró tironeando la correa de su mascota y esforzándose para alejarla- cállate- repitió cuando seguía ladrando y finalmente el pequeño de más de un año, apretó sus ojos y empuñó sus manos con agobio al escuchar a Estrella- espero que estés contenta ¿eh?- le reprochó al notar los ojos de Quinn abrirse y mirándola enseguida- lo siento- agregó hacia su novia y bajando su vista hasta la sonrisa despreocupada de la rubia-

- De igual manera ya tenía que levantarme. Tengo clases en un rato- musitó Quinn con la voz ronca y adormilada. Ella llevó a Estrella al cuarto que ocupaban Brittany y Santana cuando las visitaban y cerró la puerta antes de regresar a su novia- ¿a qué hora llegaste?-

- Hace un momento, estaba bebiendo algo cuando mi querida mascota se le desenchufaron los cables-

- Nuestra- la corrigió Quinn. Y es que Estrella se había acostumbrado a la rubia más rápido que a ella misma pero no podía darle celos. No cuando Quinn era su favorita entre las dos también- ¿vas a salir?-

- No, sabes que no. Me quedaré con él- respondió acariciando la cabellera rubia de Oliver y antes de tomarlo delicadamente entre sus brazos. Mientras lo mecía, en su pequeño cuadrado y le cantaba por lo bajo para que no despertara, notó la mirada pesada de su novia y con timidez volvió a verla- ¿qué sucede?-

- Siempre me ha encantado la conexión que tienen ¿cómo lo haces?-

- ¿Qué cosa? Solo lo sostengo y sigue durmiendo-

- No, no eso- le dijo poniéndose de pie y llegando a ella- a todo. Cómo haces para que nada se deshaga cuando estamos contigo. Es como si nada se desgastará y no hubiera retos, como si ya los hubiéramos saltado. No sé cómo haces para que nada se sienta mal, Rachel-

- Lo dices porque eres mi novia- murmuró la morena avergonzada-

- Y porque es verdad- aseguró la rubia sosteniendo una mano en su cadera- no me he arrepentido ningún día de estar aquí y haberte seguido. Estoy orgullosa de haberlo hecho y lo estaré aún más en unas semanas, cuando la marquesina de Funny Girl muestre el rostro de mi novia y te aplauda al terminar la función….sí, Rachel dame tu autógrafo- bromeó por lo bajo y fingiendo la exaltación de un fan frente a su ídolo-

- Eres tan tonta- le dijo ella riendo y la rubia alzó los hombros-

- Ah pero una tonta enamorada y si no quieres que lo sea, pues te aguantas porque es tu culpa…Voy a ducharme- agregó dejándole un fugaz e intenso beso en los labios-

- ¿Han almorzado?- le preguntó mientras Quinn se encaminaba al cuarto que compartían-

- Si-

- Quinn Fabray el que hayan tomado una siesta no significa que hayan almorzado, no te atrevas a mentirme- le dijo seriamente y la rubia largó una pequeña risa- ¡Quinn!

- No, Rach. No hemos almorzado aún-

- Eres una descuidada con Oliver- continuó su reclamo mientras dejaba al pequeño nuevamente sobre el sillón. Luego de regresar a la cocina, abrió la heladera y con la puerta en mano pensó qué preparar- ¡Quinn!- volvió a llamarla-

- ¿Si?-

- ¿Quieres ensalada?- inquirió cerrando y buscando algunas ollas y recipientes-

- Si- respondió la rubia llegando a ella y abrazándola instantáneamente por la espalda- si, si quiero ¿necesitas ayuda?-

- Solo pon los platos en la mesa. No hay carne, te compraré por la tarde ¿a qué hora viene tu madre hoy por Oliver?-

- Antes de las cinco me dijo. Déjale mis saludos, no vendré hasta las seis- le dijo ordenando con prolijidad los cubiertos y cómo Rachel se lo había enseñado- La semana próxima no vendrá-

- ¿Y eso?-

- Ocupaciones de matrimonio-

- Eso quiere decir que no la verás hasta dentro de dos semanas… ¿y por qué no te quedas hoy?-

- ¿Rachel Berry haciéndome saltar clases y romper mi asistencia perfecta? Mmm- bromeó regresando tras ella y hundiendo la nariz en su cabello- eso suena tentador-

- No te ilusiones, solo será por hoy y luego pedirás los apuntes-

- Claro, mamá, como digas- agregó con diversión antes de voltearla y besarla al instante-

Una flor, una banda de música, un paisaje, un lugar, una carrera, una macota, una canción, un accesorio de belleza, una marca de ropa, un automóvil, un póster en la pared, una comida, una bebida, un grupo de amigos, una fotografía y cientos de cosas más. Cualquier cosa tan banal, ligera y superficial como profunda, trascendente e intensa, son los escalones hasta llegar al piso adecuado. El segundo, el tercero, el cuarto o un edificio completo. Cuánto cada uno quiera tener y sudar por el esfuerzo hasta subirlo.

Inútil es no intentarlo o no quererlo. Inútil, como pez en el desierto o un tenedor dentro de una taza de café, así de inútil es ver todos los días pasar frente a nuestros ojos la oportunidad y no tomarla. No arriesgarse y no atenerse a las consecuencias. Inútil no es correr detrás de un tren e intentar detener la felicidad que se aleja. Inútil es dejarla ir y que alguien más te la arrebate.

E irónico es que alguien te lo reclame porque nunca lo hizo y no sabe de la fortuna que se perdió y del bienestar corporal y mental que nada más le equilibrará. Irónico, como mar explicando distancia o un gato corriendo tras un perro. Así de irónico se siente la risa en un rostro satisfactorio y tras oír los reproches de alguien que jamás tomará la mano de la persona que ama porque la valentía le falló o el orgullo le ganó.

Fusionando ambos y sabiendo que en exceso no sirven, quedarse con la suerte de haberse arriesgado, es posiblemente el resultado más completo y eventual que pueda darse.

Mientras Rachel acariciaba tras su cuello y sus lenguas jugueteaban sin timidez, Quinn empuñó las manos en el suéter de su novia y el beso se detuvo pero con una sensación enloquecedora. Con la respiración agitada, le dejó otro en la mejilla y sonrió al verla aún con los ojos cerrados.

- Te mostraré lo que fotografiamos hoy con Oliver- oyó la morena aún con sus labios estirados y oyendo pasos alejarse, hasta regresar y finalmente volvió a verla- fuimos al parque y luego por un helado. Iré a despertarlo para almorzar, míralas mientras tanto-

- Está bien- susurró recibiendo la cámara de fotos y obedeciéndola. Con una sonrisa cada vez más grande, las detalló con sus ojos brillando y pasó una por una. Oliver en una hamaca, en el arenero y luego con su boca manchada de helado de chocolate. Algunas acompañado de Quinn y otras no.

Rachel rió al ver una en que su novia también tenía las mejillas sucias de crema pero de frutilla y su diversión se apagó de un momento a otro. Su sonrisa se esfumó y su corazón bombeó con tanta violencia que parecía ya no querer estar en ella.

Había una fotografía que nada tenía que ver con las demás y que pintó de seriedad su rostro.

- ¿Qué dices?- escuchó de repente y tragó saliva, sintiendo sus ojos aguarse y un nudo atorarse en su garganta- sé que no puede ser ahora pero…un compromiso es un compromiso- terminó Quinn llegando con Oliver en brazos y ella le dedicó un último vistazo a la fotografía: era un diseño de dos anillos, enlazados y con distintos tintes y decoraciones alrededor, cual tarjeta de matrimonio y con una pregunta al pie- estoy enamorada de ti como la primera vez que te lo dije y con el mismo miedo que cuando lo acepté para mí. Solo que ahora es ese miedo a perderte-

- Pues no deberías- le dijo después de unos segundos y dejando la máquina a un lado- si te digo que sí ¿tendré mi anillo esta misma noche?- preguntó con su mejor voz de diva exigente y Quinn rió, antes de acercarse a ella y asentir-

- Puedo conseguir algo en alguna ferie económica- bromeó y con un intento de besarla pero Oliver emitió un pequeño grito, exigiendo sentarse y comer cuánto antes- será después- agregó y ocupando una silla. Mientras veía a Rachel servir los platos, carraspeó y le hizo una pregunta, recibiendo el sonrojo de su novia como siempre- es viernes de canto, Berry, no lo olvides-

Luego de una semana atareada, los viernes por la noche y luego de compartir una película, ella solía cantarle y, mientras Quinn la observaba apoyada en sus codos sobre la cama, agregaba un sugestivo baile que las liberaba de la tensión de los trabajos y la universidad. Y la rubia siempre se lo recordaba hora antes, para que no organizara alguna salida con alguien más-

- No lo haré. De hecho, compré algo nuevo que te gustará verlo- murmuró guiñándole un ojo y Quinn sacudió las cejas, deseosa de que el tiempo pasara cuánto antes- ahora come que no pienso desperdiciar esa ensalada y botarla a la basura-

Lo hizo. Almorzaron entre miradas, risas y conversaciones que cualquiera que las oyera, las envidiaría y querría espiar para ver si realmente todo era cómo se escuchaba.

Y lo cierto es que Quinn sabía que todo aquel pequeño espectáculo que montaba su novia casi a la medianoche, era digno de verse en primera fila como vería la obra de teatro que estrenaría en unos meses.

Cada vez que la morena le cantaba antes de dormir, mientras dormía, al despertar o en las duchas que compartían, ella repasaba rápidamente las veces que lo hacía tiempo atrás.

Como aquellas veces, amaba que Rachel lo hiciera y siguiera siendo su especia de cantante personal porque, a pesar de ya no estar en el último año en McKinley ni continuar pagando sus cupos, Quinn aún seguía bajo sus encantos.


Otro cap queridisimas lectoras y el último. Espero que les haya gustado el final y en general toda la historia. Muchas gracias por haber leído hasta dónde sea que hayan leído y las que lo hicieron hasta el final, un gracias especial. Y obvio a las que dejaron rws en cada cap, si no fuera porque Lea ocupa casi todo mi corazón tendrían un lugarcito más grande que ni a mi novio le doy tanto..

Las que leen el otro fic, que tambien ya está sobre en el final, nos leemos allá. Y si no, cuando vuelva a publicar que no tengo idea de cuándo será. Tengo otra historia algo comenzada y con un nombre muy a lo Achele pero siento que la Rachel que escribí en LDA y LCP se perdió un poco con las historias más nuevas, asique quiero volver a esa en caso de que ustedes quieran que publique la historia y que ya sería la última para este fandom. Voy prometiendo como Ryan el faberry heaven..

Si alguien ve the 100 e inevitablemente shippea Clexa porque son tan monas, capaz y tambien escriba sobre ellas *a nadie le importa* despues de que me actualice con los caps atrasados..

Respondiendo los últimos rws:

Lou1325 : En parte. Conocí a Lea a través de Achele y me llamó la atencion apenas la ví. Dianna no me genera nada, más allá del ship me es meh. Saludos!

PKN150: Lo dijo en Fempire y que se considera del fandom Leanatic, asique medio que o le sigue la corriente a Lea o de verdad le gusta la pareja. Saludos!

Ni Glee ni sus personajes me pertenecen, lamentablemente o despues de Like a Virgin normas Rachel lo hubiese hecho con St James y la hubiese pasado mejor que con Finn (cualquiera la hubiese pasado mejor que con Finn).. Que estén bien, saludos!