Atención: Los personajes de este fanfic no son míos ni gano nada por ello, todos los derechos reservados para J.K. Rowling.

Notas del capítulo: Muertes. He dicho.

Notas de la autora: Por desgracia no puedo responder los reviews que no están firmados, así que vaya desde aquí mi agradecimiento a Lilis y Chibi por sus bellos reviews. Y también gracias a quienes ponéis la historia en favoritos y aún no he tenido la posibilidad de hablar con vosotros. ^^

Si estoy aquí hoy es porque ayer estuve horas luchando contra un troyano y vencí, si no, esta actualización no hubiera sido posible: así que, gracias, NOD32.

Este capítulo va para Ygramul: espero que te guste.

Resumen actualizado: Tras la derrota de Voldemort, Snape escondió a Draco en la taberna Cabeza de Puerco. Encapuchado y con su marca oscura, no puede hacer magia para no ser detectado. Hermione Granger ofrece ayuda a Draco a través de La Orden del Fénix para ponerlo a salvo, usando el cuerpo de Potter. Pero Draco la rechaza, volviendo a la taberna para encontrarla incendiada. La Orden lo encuentra y lo llevan a Grimmauld Place, donde ha de vivir con aurores que parecen tener interés en protegerlo. Harry Potter le devuelve su varita a Draco, a quien mandan a una cabaña en el campo con la excusa de efectuar una peligrosa misión para rescatar a Severus Snape, de la que Harry sale malherido. Draco salva la vida del Chico que vivió con sus conocimientos en pociones, pero siguen ocurriendo cosas: los mortífagos persiguen a magos de renombre para cambiarlos por presos de Azkaban. Los magos se esconden en mundo muggle, donde Draco se encuentra con su antiguo amigo y camarada Blaise. Los mortífagos perpetran otro ataque, siendo esta vez Hermione Granger quien sufre las consecuencias. Mientras La Orden del Fénix informa a los demás que la treta de los mortífagos era una tapadera, que realmente quieren crear un ejército de magos, Narcissa despierta del coma desmemoriada, y trata de averiguar cuáles son las intenciones de quienes la acogen con la ayuda de Harry. Mientras ambos discuten, reciben la noticia de que Blaise ha sido secuestrado. Harry y toda la Orden ocupa posiciones para rescatarlo, pero algo sale mal: la mitad de La Orden parece haber sido aniquilada, y cuando Harry cree ver frente a él a la persona que más ama, Draco ya no es el mismo de siempre: está junto a los mortífagos, en el bando enemigo y con ganas de luchar.


POR AMOR A UN MORTÍFAGO

Fanfiker_Fanfinal

PARTE V: LA ORDEN DEL FENIX

CAPÍTULO 38 EL PRÓXIMO SEÑOR OSCURO


Al salir de La Madriguera, el viento envolvió el cuerpo de Harry como un cuchillo. El chico puso sus brazos alrededor para protegerse, medida inútil ante el viento que le calaba el cuerpo, una sensación experimentada cuando se encontró con Dumbledore en el más allá. Ahora moriría, podría descansar al fin. Atesoró una sola imagen para ello; la imagen de él subiéndose al expreso de Hogwarts junto a Ron y Hermione en su tercer año. Un rubio de pelo platino lo miraba fijamente desde otro vagón.

Mulciber, un mortífago alto y fornido, convocó un fuego ardiente dirigiéndolo hacia la casa de los Weasleys mientras Alecto Carrow, la única mujer después de la muerte de Bellatrix reía acompañada por su hermano Amycus. Las llamas tardaron en envolver la casa, mientras se oían unas risas diabólicas. Harry observó cómo La Madriguera se quemaba por segunda vez, con los cuerpos de sus amigos, que una vez estuvieron llenos de vida y de amor.

Después, Yaxley quiso llamar a la marca tenebrosa.

—¡No lo hagas! Si lo haces, tendremos un ejército de aurores en camino —indicó Draco, ahora irreconocible con aquella máscara.

—Debiste avisarlo antes —aclaró Crabbe.

—¡Cada uno hacéis lo que os viene en gana! —se defendió el rubio—. Quemar la casa tampoco fue nada inteligente. Tiene chivatos.

En el cielo apareció la terrible marca tenebrosa, con la serpiente retorciéndose entre la verde luz.

Draco suspiró, como si algo fuese realmente mal.

—Mátame —le susurró Harry a Draco, a través de un tirón en la túnica—. No quiero vivir, ya no me queda nadie. Mátame.

—¿Qué pasa, Malfoy? —gruñó Jugson, otro seguidor oscuro con los brazos muy velludos.

—Este imbécil se ha agarrado a mi pierna y no me deja caminar. Adelantaos, lo arreglaré.

Una comitiva de doce mortífagos se adelantaron, pero uno de ellos no se movió.

—Ni hablar, no voy a dejarte solo, no me fío un pelo —añadió Nott aún con la cara descubierta, poniéndose junto a él.

—¡Suéltame, escoria! —Draco pateó a Harry haciéndole caer, y sus huesos dieron pesadamente contra el jardín de Molly. No dolió. No más de lo que le dolía el pecho.

—Mátame —suplicó Harry, que ahora no sabía decir nada más, y Draco lanzó otro crucio para evitarle pronunciar sus siguientes palabras "Aunque haya sido mentira para ti, yo siempre te he querido. Por favor, cuida de Blaise".

Draco pareció mirarle con infinito asombro, para luego reír y proclamar:

—Vaya un cobarde, ¿y tú derrotaste al Lord?

—Está pidiendo misericordia, Draco, dásela, permítele morir dignamente —dijo a su lado un muy pagado de sí mismo Nott, más para fastidiar al rubio que por simple compasión.

Harry pareció lanzarle una sonrisa de aprobación. Draco, sin embargo, se puso más furioso.

—¡No! ¡No morirá dignamente! ¡Será torturado!

—Oye, Draco, creo que este chico no te odia. Es más, creo que podría llegar a algo contigo. Te mira con ojos de cordero degollado…

Draco lo ignoró y entonces Nott, entrecerrando los ojos, se fijó en el moreno tiritando de frío, con su piel bronceada y su cabello rebelde. Sin mediar palabra se acercó y comenzó a acariciarlo. Mordisqueó suavemente la oreja del Gryffindor mientras su mano izquierda acarició la ingle. El cuerpo de Harry reaccionó inevitablemente, apretando los dientes.

—Joder... Harry Potter es gay —y Theodore se separó para escupir al suelo. Después miró a Draco, quien lo observaba, impávido. El joven cambió el semblante y una sonrisa torcida apareció:

—Nott... qué bajo has caído. Yo creí que te gustaban los sangre limpia, pero magrearte con Potter... podías haber avisado. Ahora mis ojos están malditos.

Los chicos se miraron, retadores. Theo se limpiaba la boca para desechar cualquier aroma o sabor de Harry, mientras este miraba alternativamente a uno y a otro, pensando si el mundo se había vuelto loco; Draco, enfadado porque Potter hubiese reaccionado a unas caricias de mortífago, quiso matar a Theodore, pero supo que si hacía eso, se pondría en duda ante el actual líder de los mortífagos; creerían que sería débil, y todo había llevado demasiado tiempo para cagarla ahora por simples celos.

Fueron interrumpidos por Crabbe, que junto a Amycus, les pidieron darse prisa para salir del campo anti-apariciones de la casa de los Weasley. Draco pareció reaccionar enseguida.

—¡Tenemos a Harry Potter! Y será mejor que nos alejemos de tu bonito castillo de fuego antes de que nos caigan cascotes —y se giró hacia Nott, quien se colocaba de nuevo la máscara—. Reconoce que lo he hecho mejor que tú. ¿Conseguiste tú traer a Potter? No, y yo sí. Esa es la gran diferencia entre nosotros y es por ello que yo merezco ser el líder.

Harry escuchaba atónito la discusión entre ambos ex compañeros de escuela. ¿No parecía que Nott y Malfoy libraban una lucha de poder? ¿Una lucha por ser el primero entre los mortífagos? ¿Los había traicionado Draco por poder? Algo en Harry se deshizo, recordando los momentos ausentes de Grimmauld del rubio, aquellos en los que Hermione aseguraba estar a salvo y no haciendo nada raro.

"Creí que había cambiado. Creí que, al salvarle del fuego demoníaco lo salvaba de su destino final, pero Draco no ha cambiado. En el fondo siempre deseó librarse de mí".

Aquel descubrimiento volvió a empañar sus ojos húmedos. Draco no podía haber actuado, aquellos besos, aquellos abrazos... no podían ser una actuación, ¿verdad? Pero en ese instante no había seguridad, no había fe. Harry volvió a estremecerse y ocultó su torso con los brazos, cada vez más frío.

—Vayámonos, nos localizarán —dijo Draco y a continuación guió a los demás hacia un costado en los alrededores de La Madriguera.

—¿Y adónde? —dijo Goyle padre.

—Sólo a un sitio seguro: nuestro refugio —indicó otro mortífago, Rowle Thorfinn, bastante alto y delgado, cuya cara de odiar a todo el mundo hubiera sido visible de no haber tenido la máscara.

—¿Estáis seguros? —cuestionó Draco.

—¡Tu querido Snape es el encargado de ponerle barreras mágicas y siempre ha funcionado! —declaró Nott.

Hubo discusiones, hasta que Draco los mandó callar a todos. Entonces, una hermosa cierva apareció tras unos arbustos. Algunos mortífagos se quedaron clavados al suelo: conocían ese aviso: las mazmorras habían sido asaltadas o bien había problemas.

—Rowle, ve a ver si ocurre algo, busca a Snape —ordenó Nott inmediatamente, pero Rowle no parecía querer moverse—. Ludovic, ve con él ¡No es una sugerencia! ¡Id, ahora! Y volved trayéndonos noticias.

Rowle corrió raudo y veloz y se desapareció junto a Ludovic. Mientras tanto, deberían buscar otro refugio.

—Puede que haya aurores en la zona —dijo uno.

—Lo que está claro es que no podemos volver. Vayamos a un sitio seguro—sugirió Goyle padre.

Yaxley ojeó a Draco, observando lo callado que estaba, comentó:

—¿Tú no vas a dar tu opinión?

—¿Para qué? ¿Vais a escucharme? —dijo el rubio de mala gana.

—Ahora lideras, supongo que sí —dijo Nott, jocoso—. Para lo bueno y para lo malo, Draco, te tienes que pronunciar. Ser líder está muy bien si aciertas, pero si lo haces mal atente a las consecuencias.

—¿Qué consecuencias?

—Torturarás personas con la cruciatus. Sabemos que el Lord te hizo hacerlo y no te gustó nada.

Nott lanzó una sonrisa enigmática para sugerir.

—Sí, podrías torturar a tu amigo Blaise, nuestra última adquisición. Qué interesante…

Ante la mención de Blaise, Harry se tensó. ¿Qué hacía él ahí? Debía escapar a como diera lugar, tenía que salvarlo, se lo había prometido. Con suerte lo llevaban también a las mazmorras y así podrían verse.

—No lo hagas —dijo Draco a su oído y esta vez no parecía una amenaza, sino un consejo.

Los ojos del moreno, confusos, no ocultaron la sorpresa. De modo que Draco Malfoy, al entrar en la Madriguera, le había hecho legeremancia y ahora podía leer todo lo que aparecía por su mente. El vínculo aún se mantenía. Se desasió de su agarre, pero en cuanto avanzó unos pasos, Draco murmuró:

—Te avisé, Potter.

—¡Crucio! —gritó un mortífago, y el moreno volvió a retorcerse de dolor.

—Tu mascota gay no se porta nada bien —dijo Theo, que aquella situación le parecía cómica—. Haz el favor de domarla o no durará un día con nosotros. Aunque quizá podamos darle algo que le interese más.

Theodore estaba pasándose de la raya. Draco se juró que si tocaba a Potter de nuevo, lo cruciaría a él. Se acercó a levantar a Harry, pero éste seguía desnudo de cintura para arriba, su espalda proclamando ser dueño de Malfoy y cuando el rubio lo tocó, entre sus doloridos miembros pareció sentir calor.

—Potter, hazme caso —Draco agudizó el oído y notó cómo los mortífagos aún seguían algo alejados—. No te marches ahora, no lo hagas más difícil.

—¿Sabes algo de Ron y Hermione? —murmuró el moreno—. Dime que están bien y me iré contigo.

Entre ambos pareció establecerse un entendimiento inmediato. A través de aquella tensa situación, las palabras del rubio parecían una declaración de amor, después de toda la violencia con la que lo había tratado.

—Ellos están bien.

Harry trató de ver más allá de lo que su pobre vista le mostraba: sólo podía esperar.

—Si me mientes, Draco Malfoy… lo pagarás caro —dijo ahora Harry, enfadado pero poniéndose inmediatamente junto al chico.

—¡Eh, Draco! —gritó Dolohov—, estamos esperando que nos digas qué hacer. ¿Dónde vamos?

El chico guardó silencio, tirando del brazo desnudo de Potter.

—A un sitio donde ningún auror pueda entrar. Tardaremos mucho en hacer las protecciones en cualquier otro lugar, podrían detectarnos. El jodido Potter está protegido y otros aurores vendrán a por él. Si nos quedamos, estamos a merced de ellos. Necesitamos un lugar donde ya haya barreras mágicas y donde no se imaginen que podamos estar.

—¿Y qué lugar es ese? —quiso saber Nott.

—El lugar que me ha mantenido a salvo; el lugar de donde nunca salí.

Los mortífagos se miraron, pero sólo Yaxley pareció captar la solución al puzzle.

—¿La mansión Malfoy?

Draco asintió.

—Antes de que digas nada, te recuerdo que puedo aparecerme y desaparecerme allí sin que ninguno de los aurores me vean.

—Eso es genial, Draco, pero dinos, ¿cómo entraremos los demás? —habló Theodore—. Sin contar con que ese sitio sigue vigilado por los aurores del Ministerio. Aunque no sé por qué, ya que no hemos ido nunca allí. Son bien tontos estos aurores.

—Querido Nott, te lo explicaré porque tu reducido cerebro se ha atrofiado más desde que estás al mando: el motivo por el que los aurores no me han capturado es porque siempre estuve en mi casa. Es lo que hacía mientras no estaba con los aurores, escaparme a mi mansión. Nadie en La Orden lo sabía, creían que iba de paseo a Hogsmeade.

Nott arrugó las cejas: eso no era cierto: Draco Malfoy no había vivido siempre en la mansión desde la caída del Señor Oscuro porque él mismo lo había visto en Hogsmeade. Allí estaba su agujero en la coartada. Se acercó al rubio para susurrar:

—Querido Draco, no es cierto que siempre hayas vivido en tu casita. Lo sabes.

Draco lo miró, furioso:

—¿Y cómo lo sabes tú?

Theodore entonces entró en pánico: Draco no debía saber aquello, porque enseguida lo relacionaría con la quema de Cabeza de Puerco.

—Iremos a Malfoy Manor, y si te opones, te acusaré delante de todos de haber intentado matarme aquel día en Cabeza de Puerco.

—¿Por qué no lo cuentas? El haber estado ahí —dijo Nott, ahora cambiando su semblante, como si quisiera olvidar la amenaza del rubio.

—No me apetece que nadie sepa los malos ratos que tuve que pasar, aunque créeme, si eso sirve para ganar puntos, lo utilizaré.

Ambos chicos se miraron, retadores. Los demás mortífagos seguían ahí, esperando. Yaxley habló, en tono cortante:

—Registraron todas nuestras casas, y la tuya debió ser registrada también, a menos que tengas amigos en el Ministerio.

Nott volvió a sentirse poderoso: si no era él, los otros desharían su plan.

—Claro que la registraron. Por eso me oculté en otro lugar. Pero volví. ¿Qué iba a ser más seguro que una casa ya registrada y además vigilada por fuera? Nadie hubiera pensado que Draco Malfoy se ocultaba allí. Y además los aurores me avisarían de vuestra visita si se os hubiera ocurrido aparecer por allí.

Se hizo un silencio sepulcral ante la explícita explicación de Draco. Todos los mortífagos habían pensado siempre que el rubio podía estar oculto en cualquier otra casa, incluso con Harry Potter, pero no que hubiese permanecido en Malfoy Manor. Hasta Harry pareció plantearse la identidad de quien había vivido con él todo ese tiempo en Grimmauld Place.

—Estamos perdiendo un tiempo estupendo y los aurores no tardarán en venir —recordó al fin Draco.

—Un momento —pidió Yaxley—, quiero que hable Potter. Potter nos puede decir si el sitio está libre o no. Tú le estás leyendo la mente, ¿no? Pregúntale si es seguro que vayamos allí.

Todos se giraron hacia el Niño que Vivió.

Harry sabía que hacía tiempo los aurores de la mansión Malfoy se habían retirado; concretamente, desde que él se puso la pasta mágica, pero no lo supo hasta que se lo dijo Remus.

—¡Habla! —le zarandeó Amycus.

—En... El Profeta publicaron... que habían retirado a todos —indicó Harry tiritando.

Hubo una orquesta de risas.

—La primera regla de los mortífagos es "no creerse esa basura mágica" —sonrió Dolohov.

—Nuestro Draco hasta pudo ocultar la marca tenebrosa, y seguro que muchos magos están convencidos de que no la tiene —añadió Goyle, visiblemente orgulloso del chico.

—Seguro que hasta te la ocultó a ti —rió Amycus y le siguió un coro de mortífagos.

—Eres un idiota, Potter. Podrás ser muy valiente, pero eres un completo idiota. ¿De qué forma te han engañado? No te esperabas lo de Malfoy, ¿verdad?

—Es un santo, siempre confiando en cualquiera —añadió otro, y se echaron a reír a coro.

Harry bajó la mirada, recordando las palabras de Ron "Algún día te cansarás de ser tan compasivo, Harry. Algún día, sobre todo con gente a quien le ha dado todo y te pisotean después, como si fueras una colilla". Pero Harry jamás lo haría, y si Malfoy volviera a estar en peligro o le pidiera asilo, incluso después de todos los crucios que le había dedicado, lo acogería. Porque la compasión formaba parte de él, era una parte indivisible de su personalidad, y porque si no, él no sería Harry Potter, sino un jodido mago sin escrúpulos, como aquellos que tenía delante. Como uno de ellos, que le leía la mente en ese instante. Harry lanzó un mensaje "quiero creer en ti" y después le mandó varias imágenes de ambos abrazados, besándose, o acariciándose. Una imagen de ellos bailando lo siguió. Y otra de ellos volando. Draco no movió un músculo de su cara, sin embargo, Harry lo vio ceñir su varita con los dedos, fuertemente. "dime que todo esto fue cierto, y que me amaste". "dímelo y tendrás mi permiso para torturarme".

—¿Qué hay, Malfoy? ¿Qué intenta?

—¿Puedo leerle la mente yo? —lo intentó Nott.

—Dice la verdad. No hay aurores —estableció Draco tras una larga pausa, respondiendo así a la pregunta del moreno, quien sintió una calidez inmediata.

A través del oscuro bosque, las emociones de Harry no eran visibles al menos en su cara, pero sí en sus ojos. Los mortífagos esperaban, expectantes; no había mucho tiempo. Nott llamó a Rowle y Ludovic a través de la marca, pero no tuvo respuesta. Algo había ocurrido en el escondite. De repente, le entró el pánico.

—No tenemos opción —indicó Theodore—, el escondite ha debido ser asaltado. No responde nadie, ni Rowle, ni Ludovic, ni siquiera Snape. Vayamos a Malfoy Manor. Pero si nos mientes, Draco Malfoy...

El rubio apenas pestañeó:

—Podemos comprobar si hay aurores o no. Mis elfos siguen ahí y tienen órdenes de servirme. Sin embargo, daré a Nott el honor de hacerlo primero, ya que sigue sin confiar. Eso sí, Nott, tú tendrás que pasear un poco. Los Malfoy somos muy selectivos con las visitas y no dejamos entrar a cualquiera.

La barbilla de Nott pareció alzarse ante el desafío.

—Goyle y vosotros dos vendréis conmigo. Si Malfoy me envía a una trampa, no quiero ser el único en caer.

—Sé libre de investigar lo que quieras, pero por favor, no toques a los pavos, son muy delicados —sonrió el rubio.

Nott probó a desaparecerse y notó que no había barreras.

—Desde aquí podemos desplazarnos —dijo, y él y sus acompañantes, tras ponerse un hechizo desilusionador, se esfumaron.

A la vez, Draco y los demás se aparecieron en otro sitio y establecieron protecciones alrededor. Después, se sentaron a esperar.

Harry tenía frío y cada vez temblaba más, pero su orgullo no le dejaría pedir clemencia. Alecto, sin embargo, sí se dio cuenta:

—Por Merlín, Draco, tu juguete no durará mucho si lo dejas coger un resfriado. Tápale con algo.

—Hay pociones para eso si se resfría —dijo la insensible y arrastrada voz del rubio, dándole la espalda mientras se frotaba la muñeca.

Harry cayó al suelo, agotado. La noche se cernía sobre ellos, y sólo la luna creciente podía darles un poco de iluminación. La luna y sus varitas. El suelo estaba frío, pero Harry sentía como si pudiera abrazarse a ellos, a quienes había perdido. Remus… Remus no vería nunca nacer a su hijo… ¿cómo iba a decirle él a Tonks que lo había dejado desamparado? ¿Y Ron, sabría lo de sus padres, y lo de su hermano? Harry sufría por Draco, pero sabía que ahora, fingiera o no, no podía apoyarse en él; y si alguna vez se libraba de ellos, Grimmauld sería una mazmorra lúgubre llena de recuerdos a la que no querría regresar. Aquellos sentimientos, aquella pena comenzó a hacerse grande; y Harry Potter se olvidó de ser fuerte frente a los mortífagos, y gritó de rabia, y poco después se derrumbó, para llorar como un niño pequeño. Maldito, estaba maldito, todos morían, todos a los que Harry amaba… qué injusto. Allí, llorando entre los árboles y la planicie oscura, se preguntó si al oírle, algún mortífago entendería lo que era perder a alguien; no pareció dar resultado. Draco, que no podía sentir absolutamente nada por él, se limitó a darle la espalda y a pasear por ahí, porque sus lloros lo enervaban.

—¡Haz callar a este imbécil! —dijo uno.

—¡Pon un muffliato, estúpido! —gritó Draco ofendido.

Media hora después y aún un viento fresco, trajeron de vuelta a Nott y los demás. Parecían tranquilos y satisfechos.

—Todo está libre —dijo Theodore—. Ahora invítanos a tu casa. Tú vas primero.

—Me apareceré directamente en mis dominios. Necesito unos minutos para ver que todo está bien, los Malfoy tenemos un imperio un poco amplio que registrar —dijo Draco, y se preparó para desaparecerse, echándole una última mirada a Potter.

—Qué vanidad —se oyó por ahí, y luego risas. Nott parecía molesto, desde que Draco había llegado no paraba de alterarse.

—Usa un encantamiento desilusionador, por si acaso—aconsejó Jugson.

El rubio indicó que no haría falta ya que la mansión lo protegía con su magia y ordenó:

—Goyle, vigila a Potter, que nadie lo toque. Es mío.

Draco Malfoy tardó varios minutos, y para entonces, Harry estaba helado.

—¿Te gusta Malfoy? No paras de mirarlo como si te lo quisieras comer —dijo Nott, disfrutando de aquel espectáculo—, a lo mejor, si te portas bien, te deja ser su puta.

Harry lo escupió a la cara, y Nott agarró su varita, pero fue parado por Goyle.

—Si le lanzas otro crucio, Draco no te lo perdonará. Ahora es de su propiedad.

—Búscate otro juguete —le sonrió Harry.

Poco después volvió Draco, y una horda de mortífagos aterrizó en Wiltshire. Se oían grillos y otras aves nocturnas, y el viento era mucho más intenso. Entre los gigantes árboles cercando la mansión, Harry se sentía más abrigado, aunque cuando salieron de ellos rumbo a la enorme propiedad, el viento no tuvo piedad y lo golpeó furiosamente. Sin embargo, no se quejó. La gigantesca puerta de hierro que servía de puerta principal hacia el interior era espectacular, llena de adornos en forma de ave. Junto a la pared de piedra había un azulejo de mármol con la siguiente inscripción:

Malfoy Manor

Sangre pura

Los Malfoy y los Black no debían ser muy diferentes, por eso del eslogan familiar de la sangre. Harry recordó el tapiz de los Black, donde él y Malfoy salían emparentados como primos lejanos.

Cuando traspasaron la puerta, a Harry se le cortó la respiración: la casa, con tejado de dos aguas erguido reflejando imponente la majestuosidad del lugar, contrastaba con la antigüedad del sitio. Altísimos y verdes setos levantados a ambos lados le hacían recordar la prueba del laberinto de los tres magos. El resto de mortífagos no parecía tan impresionado como él, quizá porque ya lo hubieran atravesado en otras ocasiones. Harry miró a Draco a través de la máscara, recordando aquella visita que hicieron acercándose a Malfoy Manor y cómo sus ojos habían expresado una nostalgia y unos desbordantes recuerdos.

"¿Te sientes feliz? Ya estás en casa"

El rubio lo miró, pero no pudo leer su pensamiento. El enlace se había roto. Harry bajó la cabeza, desilusionado, dirigiendo la vista hacia los puntiagudos tejados, altivos como los dueños de la casa. La puerta de la entrada, rodeada de flores frescas y dos pequeñas estatuas de magos fabricadas en bronce a cada lado, no tardó en abrirse. Un pequeño elfo, más pequeño aún que Dikki, los recibió.

—Amo Draco —dijo haciendo una exquisita reverencia—. Hola de nuevo.

—Haznos pasar.

—Claro.

—Traed algo para cubrirle, y preparadnos una taza de té caliente.

—Sí, amo.

Draco los hizo pasar a un salón enorme, con una chimenea gigante en el centro, a la izquierda, y una impresionante lámpara de araña con cientos de cristales, gobernando el lugar. Unas enormes ventanas del techo al suelo permitían ver más allá los jardines, sacados de un cuento de hadas. Harry se acercó a mirar, pero los elfos le liberaron de las cuerdas de sus manos para darle una camisa del armario de Draco. Harry trató de olerla, pero la prenda llevaba tanto tiempo sin rozar la piel de Malfoy que no pudo extraer nada. Después, los elfos volvieron a ponerle ataduras en las manos. Nott, que no perdía detalle, curioseó la casa y sus adornos. Malfoy Manor siempre le pareció suntuosa, pero ahora, sin los padres de Draco, no parecía más que una casa vacía y lúgubre. Los mortífagos se habían quitado las máscaras y ahora eran fácilmente reconocibles.

—La casa está vacía —dijo Draco retirándose la careta como si supiera lo que estaba pensando—. Pero sois libres de mirar.

—Claro que miraremos —dijo un mortífago abrumado por el lujo y los adornos y queriendo ver más.

—Si alguno de vosotros toca algo de la casa, mis elfos me informarán.

El hombre miró a Draco, retador, y éste le sostuvo la mirada. Después, el rubio se dirigió hacia Harry, que seguía mirando los jardines a través de los miradores. Las ventanas lucían extremadamente limpias, como si siempre hubiera habido gente habitando allí. Draco recordó, Harry no había estado en Malfoy Manor antes para poderlo visitar, únicamente encerrado en el sótano.

—Eh, Potter, nada que ver con tu nido de aurores.

Harry no se volvió. Siguió mirando la fuente, fascinado. Alrededor de ella se erigían miles de rosas de diferentes colores. A los elfos debía llevarles horas y horas mantener aquello como estaba.

—Es una pena que no les pagues a tus elfos por el bonito trabajo que hacen. Espero que tengan mucha salud para poder mantener las flores así siempre.

—Puedes agradecérselo tú mismo —dijo Draco, con tono fastidiado.

—No llevo monedas, pero, si el tiempo me deja, se lo pagaré.

Draco torció el gesto ante la respuesta del moreno, de repente demasiado tranquilo desde que habían llegado a la casa. Nott los miraba sin perder detalle. Poco después, el rubio los condujo a todos hacia la mesa de café para tomar el té a gusto. Los elfos lo trajeron enseguida, y Nott apuntó el vaso con su varita para lanzar un hechizo de revelación.

—¿Me crees capaz de envenenarte? —sonrió el rubio con cierta prepotencia, y más allá otro mortífago hizo lo mismo.

—Di lo que quieras, pero yo siempre voy a sospechar.

Entró la última pareja de mortífagos formada por Jugson y Augustus Rockwood.

—Rowle no ha vuelto—dijo el primero, preocupado—. Lo llamaré para que sepa que estamos en La mansión Malfoy.

El rubio observó cómo Jugson se alzaba la camisa y ponía la mano sobre ella. La llamada que Draco había utilizado para que los mortífagos lo detectaran.

—Algo me dice que han debido encontrarse con aurores; espero que Severus haya podido escapar —supuso Draco.

—Eso espero —suspiró Augustus, y se dejó caer en la silla. Theodore estaba pensativo: si no podían volver a su guarida, podrían quedarse en Malfoy Manor temporalmente. Pero si habían asaltado el escondite, los chiquillos habrían sido liberados y él no tenía ninguna gana de volver a empezar a reclutar magos. Quizá pudieran imperiar a Potter y usarlo de escudo. La voz de Yaxley lo sacó de sus astutos planes.

—Celebremos. ¿No hay pasteles? —dijo Yaxley, y pateó a uno de los elfos—. ¡Saca algo para comer!

El pequeño elfo volvió enseguida con abundantes pastas y una cara de terror digna de estar frente al mismísimo Voldemort.

—Me gustan tus elfos —dijo Yaxley carcajeándose—, me temen. Y a mí me gusta que me teman.

Y volvió a reír.

—Estáis todos locos —dijo Nott bebiendo su té.

—Danos una habitación a cada uno —exigió Augustus—. Estoy cansado, quiero dormir.

Nadie podía ignorar el lujo de la mansión; todas y cada una de las personas allí congregadas querían abusar y usar el poder de los Malfoy. Todos, salvo Nott. Porque Nott estaba enfadado, Nott no quería que las cosas salieran bien, porque si así fuese, si al fin no había trampa alguna, se quedaría sin el poder, y había sido poderoso y le había gustado.

—Draco y yo dormiremos juntos —había dicho, manifestando su deseo de no perderse nada.

—Estás enfermo, yo no voy a dormir contigo —protestó Draco.

—Es evidente que quiero vigilarte —dijo Theodore, retador.

—Es evidente que si lo haces, no tocarás mi cama mientras duermo.

—Yo iré con vosotros —dijo Yaxley—, sois como niños pequeños, no se os puede dejar solos.

Sin embargo, cuando Draco subió las escaleras y pasó varios pasillos, se detuvo y entró a un cuarto desconocido para Theodore.

—Esto no es tu habitación —reclamó, molesto, observando la cómoda pero pequeña estancia de invitados. Olía a cerrada y no había flores ni objetos como en la habitación de Draco. Las paredes eran blancas y había una pequeña puerta que parecía conducir a otro cuarto.

—¡Pues voy a dormir aquí, te guste o no! —se rebeló Draco, molesto—. ¡No me apetece que tú estés en mi habitación, así que cuando compruebes que todo está bien, volveré a ella! Y te recuerdo que ahora soy el líder.

—¿Por qué no quieres volver a tu cuarto? —y miró a Yaxley—. ¿Lo habéis revisado?

—Hemos hecho el homenum revelio ya, no seas paranoico, Nott —le respondió Yaxley rodando los ojos y tumbándose en el pequeño pero cómodo sofá frente a la cama—. Si alguien entrara alertaría a los elfos. Me pido esto. Tú estarás en el suelo junto a Potter, por si se le ocurre escaparse o algo. Hay que vigilarlo.

Nott miró al rubio y maldijo el momento en el que había aparecido; todo estaba saliendo mucho mejor con él a la cabeza. Él pudo atrapar a Potter, cuando estuvo a punto de secuestrar en mundo muggle a su amiguita Granger. Fue mala suerte que alguien hiciera caer algunos casquetes del edificio en obras, mandando al traste toda la operación. Lo mismo ocurrió cuando cuando decidió quemar Cabeza de Puerco para cargarse a Draco Malfoy cuando el mesero Ross les confesó que allí había un mortífago escondido. Muerto Ross, perdió la pista a Draco, quien tuvo suerte o fue salvado por alguien, pues debería haber caído ese día junto a sus compañeros. Pudo efectuar esa operación sin que nadie más, ni mortífagos ni aurores se enteraran, pues él no tenía vínculo oscuro que lo delatase.

El moreno, que parecía más calmado, fue arrojado al suelo por Nott.

—¿Ya se te ha pasado la tontería, Potter? Seguro que disfrutarás durmiendo aquí, aunque sea en el suelo.

—Disfrutaré viéndote morir —le respondió el moreno, y se echó de lado sobre la moqueta blanca.

Nott levantó la pierna para patearlo, pero Draco lo apuntó con su varita.

—¡Levicorpus!

—¡Bájame!

—Te dije que no lo tocaras. Sólo yo puedo pegarlo.

—¿Por qué lo proteges? Me haces sospechar.

—¿Lo protejo? ¿Esa es tu idea de proteger a alguien, Nott? —y se deslizó la túnica negra para quitarse la ropa.

Yaxley bajó a Nott con su varita, lo que enfureció aún más a Draco. La varita en las manos del rubio se movió para ejecutar el hechizo de piernas de mantequilla. Nott lo miró, humillado.

—¿Qué crees que estás haciendo? —clavó sus ojos en los de Malfoy, destilando veneno mientras caía a la moqueta, sus piernas gelatinosas.

—No vas a cuestionar mis decisiones, Theodore. Ya no —Harry miró a uno y otro lado, confuso. ¿Qué eran esas ansias de poder y sobre qué discutían dos ex-compañeros y alumnos de la misma casa?

—No voy a dormir en el suelo junto a este mugriento de Potter —dijo Nott alzando la barbilla.

—¡Sí lo harás, inmóbilus!

Nott cayó sobre la moqueta completamente noqueado.

—Me ha cansado —explicó Draco tranquilamente a Yaxley, y acabó de quitarse la ropa—. ¿Qué pasa, tú quieres otro cuarto?

—Severus se sentirá orgulloso de ti. Siempre nos dijo que volverías.

—La venganza sienta muy bien, Yaxley. Y ha sido un maldito infierno estar entre aurores, y convencerles de mis buenas intenciones.

Harry miró a uno y a otro. ¿De verdad Draco había fingido todo? ¿Sus salidas en escoba, sus notas al piano, su amistad con Hermione? ¿Los besos, los momentos de pasión? ¿Le salvó la vida sólo para usarlo después, para matarlo en presencia de los suyos? ¿Todo formaba parte de un plan? ¿Se reunía con mortífagos aquellas mañanas cargadas de ausencias? Notó sus ojos escocer y se sintió estúpido por haber sido engañado.

—Matemos a Potter —sugirió Yaxley, alzando su varita peligrosamente sobre Harry—. Quiero ver ese titular en la portada mañana.

—Me gustaría, pero lo vamos a necesitar.

—¿Necesitar para qué?

—Harry Potter será quien lidere nuestro próximo ejército. Le haré de los nuestros le guste o no —dijo Draco, ataviado sólo con los pantalones.

—¿En serio? Severus no estará de acuerdo.

—Siempre podremos discutirlo mañana.

—No creo, Draco. Ellos ya saben que lo tenemos, y será cuestión de tiempo que nos atrapen —Yaxley alzó su varita ante el estupor del rubio—. Yo, como Nott, tampoco me he fiado de ti, pero he querido que estemos solos para darte la estocada mortal… ni Nott ni tú lideraréis esto. El siguiente en la lista soy yo y pienso formar mi ejército particular. Pero no seré yo quien te mate —y apuntando hacia Theodore, gritó—. ¡Enervate! ¡Imperius!

E hizo la misma operación con Draco.

Todo acabó en unos pocos segundos. Hay cosas que, en ocasiones, no se pueden planear; sobre todo, aquellas que nadan en ansia y poder.


CONTINUARÁ

Os espero en la PRÓXIMA Y ÚLTIMA PARTE: EL LEGADO DE VOLDEMORT, para ver qué ocurría mientras nosotros leíamos todo desde el punto de vista de Draco. Regresaremos al pasado y leeremos sobre Snape y otros personajes.