Lion: Honestamente también me gustaba más la versión anterior que aunque larga, se sentía más completa. De hecho, antes de tomar esa decisión, planeaba publicar la entrevista en la sección de Shots, pero la opinión general (con sus puntos a favor y en contra) ultimadamente influyeron en esa decisión.

Me pregunto si el buen Sr. Caco todavía anda por acá. Se le extraña, la verdad

CAPÍTULO 31. La Comunión de Psíquicos.


Media hora antes de que iniciara la reunión, y Clint sólo tenía que ajustar un par de detalles para estar listo. Un despliegue de puntualidad que había desarrollado gracias a los constantes esfuerzos de Matilda para que su protegido fuese un ejemplo de formalidad y buena presentación cuando la situación lo ameritara, además de una efectiva forma de contrarrestar un poco las pésimas enseñanzas que Eldwin insistía en instruirle para sacarla de sus cabales, aunque él asegurara lo contrario.

- Volveré en un par de horas… espero – Dijo Clint mientras Elesa le ayudaba a dar los últimos toques al cuello de su camisa para hacerlo lucir con toda la formalidad que una reunión tan importante ameritaba – Muchas gracias, Ellie.

- Estaré con Valerie intercambiando un par de ideas – Esbozó su deslumbrante sonrisa una vez que había concluido. Luego echó un vistazo rápido hacia ambos pasillos para cerciorarse de que tenía el lugar despejado – Para la buena suerte…

El beso fue apresurado, pero no por eso carente de pasión o cariño. Como si al unir sus labios racionaran los sentimientos para más tarde abrir las puertas de la fantasía y el pudor, si es que se presentaba la oportunidad. Y es que, desde su llegada a la Torre Maestra, ambos habían acordado mantener cierta discreción en su relación, sobre todo en sus muestras de cariño y afecto que podían subir de tono muy rápidamente.

No obstante de la negativa de Clint por hablar de su pasado, esta actitud no aplicaba al demostrar el afecto que sentía por ella. De hecho, él podría ser más abierto si no fuese por el bajo perfil que adoptaba en sus tácticas para combatir desde las sombras y el anonimato. Eso y el del inevitable bombardeo de preguntas o comentarios por parte de sus nuevos amigos entrometidos para sacar a la luz hasta el más mínimo dato de su relación; especialmente de cierta joven risueña y romántica que no perdería ninguna oportunidad para llenar su cabeza de fantasías que la distrajeran de su deber. Y seguramente Surge la alentaría sólo para fastidiarlos.

Clint cerró las puertas y se internó al centro del dojo donde lo esperaba el Pokémon que construiría el enlace telepático para la reunión. Relajó sus hombros, realizó rápidos movimientos con los dedos para liberar un poco de tensión y por último, dio una gran bocanada de aire antes de someterse a un procedimiento que, por alguna razón, siempre exigía mucho más de su fortaleza mental que cualquier otro.

- Terminemos con esto… – Musitó Clint una vez que había concluido con su preparación mental – Elévame, Cassie.

El Pokémon somnoliento expulsó la neblina color púrpura que señalaba otra de sus habilidades que la hacía única entre los Musharnas: manifestar un gas cargado de poderosa energía psíquica con dos funciones: la primera, como una especie de señal de humo que su entrenadora original podía detectar y así usar sus habilidades telepáticas para crear un enlace que rompiera las barreras del mundo terrenal; y la segunda, que consistía en proporcionar una imagen con mayor densidad y fidelidad del usuario que estaba en trance, conectándose a sus impulsos cerebrales y otorgándole el control del cuerpo etéreo con ayuda de las capacidades extrasensoriales del Pokémon.

La neblina se disipó y, después de un instante que a él le habían parecido horas, se encontraba en la enorme bóveda celeste iluminada por las estrellas en el firmamento, y la superficie resplandeciendo en un tono neón turquesa que lastimaba la vista.

- Llegas tarde – Reprendió Matilda una vez que la proyección psíquica de Clint había tomado forma.

- Demonios, esa media hora fue insuficiente… Lo siento. Sabes que es más difícil para mí – Se excusó para luego echar un vistazo a la congregación que aparentemente sólo lo estaba esperando a él – ¿Ya van a comenzar?

Clint dio unos pasos junto a Matilda para adentrarse en la orilla dibujada con una luz dorada que separaba a los invitados de la Comunión de Psíquicos; cada uno de los seis miembros repartidos a lo largo del círculo interno, con excepción de Olympia que se mantenía en el centro, junto con los Pokémon que acompañaban a cada uno de sus entrenadores para ayudarles con su proyección astral. Nada fuera de lo común. Pero para sorpresa de ambos, en el otro extremo del círculo, los campeones de Hoenn y Kalos, con Metagross y Gardevoir respectivamente a su lado, también habían sido invitados como moderadores entre la Comunión y la Asociación Pokémon. Si existía alguna duda de que la gravedad del asunto se estaba tornando mucho más serio de lo esperado, la presencia de Diantha y Steven refutaban cualquier indicación que demostrara lo contrario.

Era muy curioso - y en opinión de Clint, contraproducente - que una sociedad tan reservada tuviese como miembros a personalidades muy reconocidas por todo el mundo. La primera que pudo reconocer, de hecho, era una muy buena amiga de Elesa; después de todo, no cualquiera les hubiese prestado su villa privada para pasar las vacaciones de verano. Con su porte sereno, encantadora belleza y actitud fraternal hacia otros a pesar de un noble linaje famoso por su arrogancia, Caitlin del alto mando de Unova y su Gothitelle eran rostros familiares que le daba gusto de ver ahí, por lo que no dudó en enviarles un saludo que ella respondió con su leve sonrisa.

Si había alguien en la comunión que podría abogar por la cooperación entre los Vigías y la Comunión, esa era Caitlin. Lástima que no podía decir lo mismo del individuo de prendas formales que parecían salidos del siglo XVII, y cuyo antifaz ocultaba una mirada tan gélida como el Jinx que lo acompañaba. Pero el resto de las facciones de su rostro eran fácilmente interpretadas por Clint para darse cuenta de que él no estaría dispuesto a cooperar en caso de que se sometiera a votación. Una pena ver que Will, miembro del alto mando de la conferencia plateada, poseyera una mente tan cerrada y anticuada como su forma de vestir.

- ¿Por qué no puede manifestarse por completo? – Se apresuró a preguntar con curiosidad el siguiente miembro de la Comunión al ver que, a diferencia del resto, la forma astral de Clint era borrosa y aún con la neblina de Cassandra en algunas partes, como si luchara desesperadamente para proyectar la imagen del usuario.

- Mi protegido posee cierta resiliencia psíquica que le dificulta realizar estos ejercicios – Respondió Matilda de inmediato – Que esta insignificancia no traiga inconvenientes para ustedes.

Lucian asintió satisfecho con la explicación simple, pero clara de una muy poco usual habilidad que en otros tiempos habría sido un insulto para la Comunión; a diferencia de Will, cuya mueca denotaba su disgusto hacia alguien que consideraba anatema de su sociedad. Debido a su ávida pasión por la lectura, no era de extrañarse que Lucian fuese un ejemplo de lucidez y buen juicio que permitían una convivencia tan armónica como el sonido producido por su Bronzog. Con una habilidad única que iba más allá de la memoria fotográfica, Lucian era una biblioteca andante con toneladas de conocimiento de todas partes del mundo que podían ser de vital importancia en el área de inteligencia.

- ¿Qué hay que temer? – Preguntó Clint preparándose para romper la tiesura del lugar con el sarcasmo que había dejado inactivo por tanto tiempo – Ustedes pueden licuar mi cerebro y dejarme como vegetal con un solo pensamiento de su mente colectiva.

Salvo la leve risita que Caitlin ocultó con su mano, nadie en la Comunión había encontrado la gracia en ese último comentario. Aún y con los avances del mundo moderno y la popularidad de los Pokémon de tipo psíquico entre los entrenadores, la Comunión todavía conservaba los estigmas de una época anterior donde personas con habilidades similares a las suyas eran temidas y rechazadas por la sociedad.

- … Veo que la irreverencia de Eldwin no estará del todo ausente en esta importante reunión – Dijo Olympia en un rápido, pero sutil recurso para aplacar la molestia provocada por el último comentario – Al menos procura que se comporte, Matilda.

Matilda colocó su mano en la nuca de su protegido para obligarlo a hacer una pequeña reverencia de disculpa junto a ella – No ayudas para nada – Susurró mientras aun sostenía su cabeza.

- Cierto. Sólo pude borrar esa mueca arrogante a un par de ellos – Dijo mientras echaba un rápido vistazo a cierta chica que le dirigía una mirada inexpresiva – Y Surge dijo que ella había cambiado de actitud después de recuperar su sonrisa. Cómo no.

Una vez considerado suficiente su gesto de disculpa obligado, y asumiendo su postura recta nuevamente, Clint pudo notar que Sabrina seguía sin apartar sus penetrantes y un poco perturbadores ojos azules de él, como si estuviese a punto de preparar un maleficio similar al que, aseguraba Surge, realizó con sus padres. Pero el muy notable cambio de apariencia al que se había sometido, la hacía lucir mucho más sociable y atractiva, en parte por su corte de cabello que había borrado esa imagen triste y espeluznante como el de una hierba venenosa; además de que la ombliguera rosada que portaba, dejaba mostrar un poco más de sus atributos físicos, exacerbados por su piel clara y tersa, a diferencia del atuendo de dominatrix que solía usar y que intimidaba hasta al más demente pretendiente. En pocas palabras, podría decirse que Sabrina… era bastante linda. Aun así, no podía bajar la guardia con ella, pues a pesar de las muñequeras que usaba para ayudarle a controlar sus poderes, todavía poseía un poder terrible si se le provocaba, y su Alakazam sólo perpetuaría el sufrimiento del pobre con el que descargara su ira.

Eso resultaría en extremo útil en la línea de defensa.

- En este momento da comienzo la reunión especial de nuestra noble hermandad – Exclamó Olympia mientras levitaba al centro del escenario con ayuda de sus dos Meowstic. La silueta de energía psíquica rodeando sus cuerpos – ¡Elevemos nuestra mente a los cuerpos celestiales y permitamos que el cosmos nos guíe por el camino que he construido con ayuda de nuestro mapa celestial!

Los miembros de la Comunión extendieron sus brazos hacia delante, canalizando la energía psíquica para ayudar en la proyección del mapa cósmico que Olympia daba forma lentamente. Los cuerpos celestes se movían como una corriente generada con el gracioso movimiento de los brazos de la líder, y como si se tratara de una grabación con cámara rápida que había captado cada segundo de los millones de años para la formación de los planetas de aquel sistema, dio vida a la representación del sistema solar y al pequeño astro azul al que todos podían llamar "hogar".

- ¿Cómo demonios permitieron que esta "astroloca" los liderara? – Dijo Clint para sí, repitiendo el apodo que Eldwin acertadamente había designado para una mujer con un prodigioso don para ver a través de las limitaciones del mundo material, pero que prefería abrazar los absurdos e irracionales consuelos de la astrología para justificar su supuesta conexión con el cosmos. – Bueno, mientras nos ayude a dar un poco de claridad a todo este caos...

Los miembros de la Comunión abrieron sus ojos y descansaron sus brazos una vez que el mapa había sido completado. Alzaron la vista hacia su líder que permanecía levitando, esperando a que las palabras salieran de su boca.

- Como saben, hace tres días vislumbré una pequeña mancha oscura en mi mapa cósmico que me causó desconcierto por su naturaleza agresiva y capacidad corruptora – Como si se tratara de un vehículo a toda velocidad, la imagen realizó un enfoque en la mancha que había detectado aquel día donde aquel ente casi destruía su cordura, pero que ahora parecía relativamente más grande y retorciéndose como un bicho invertebrado extendiendo sus apéndices en busca de alimento – Tanto, que las visiones me atormentaron por horas, obligándome a pedir ayuda a los últimos descendientes de los Vigías para revelar la identidad de este potencialmente peligroso ente que ha dado sus primeros pasos para invadir nuestro mundo.

- ¿De qué se trata? – Preguntó la última y más reciente miembro de la Comunión que provocaba en Clint una profunda incógnita acerca del cambio repentino en su apariencia. Específicamente, el salto de edad tan abrupto que parecía haber sufrido en menos de un año: de ser una joven y reservada doncella de noble porte, a una elegante y atractiva mujer con la muy rara virtud de engalanar sus atributos usando atuendos más masculinos. Pero después de analizar su aspecto con detenimiento, ese traje negro formal era sospechosamente similar al que usaban los agentes secretos de la Policía Internacional.

Era cuestión de tiempo para que aquella organización se inmiscuyera en tan grave asunto, pero la presencia repentina de uno de ellos en la Comunión, justo cuando él había sido invitado, podría generarle dificultades cuando Anabel entregara su reporte a una de las personas que podrían obligarlo legalmente a desistir de su cruzada, tal como ya había ocurrido en el pasado.

Como fuera, el don único de Anabel que facilitaba su conexión con otros Pokémon al grado de poder comprenderlos y comunicarse con ellos a un nivel más personal, podría ser de utilidad. Muchos decían que se trataba de una empatía más estrecha desarrollada a partir de su personalidad sensible, similar a lo que poseía Valerie; pero de haber sido así, Anabel jamás habría sido admitida en la Comunión. Eso y teniendo en cuenta sus habilidades de combate que la habían sido acreedora de un lugar como cerebro en la ahora famosa Batalla de la Frontera.

- Cedo la palabra a Matilda Laguardia para que pueda comentarnos más de esta amenaza – Dijo Olympia mientras hacía un ademán con su mano para invitar a la vieja Vigía a hablar por fin en el recinto donde siempre se le había negado participar.

Con su postura firme y mirada llena de convicción, Matilda se adentró al círculo interno, lista para el pequeño discurso que había preparado y del que, ella esperaba, todos serían lo bastante sensatos como para al menos considerarlo. Afortunadamente para ella, estaba su protegido para apoyarla en cada momento, tomando el lugar que su marido siempre había procurado en todas las sesiones anteriores ante la Comunión.

- Lo conocemos como la "Disformidad" – Dijo por fin en voz alta – Tiene siglos de no ser detectado y, desafortunadamente, nuestros registros sólo confirman lo que ustedes ya saben. Es por eso que venimos a ofrecer nuestro apoyo para la investigación y posible defensa contra…

- ¿Entonces para qué los necesitamos? – Interrumpió Sabrina con fría sinceridad.

- Los Vigías no poseen la mejor reputación entre nosotros, pero su legado ha perdurado por milenios – Expresó Olympia, en un fugaz movimiento para evitar que se malinterpretara las intenciones de su más reciente miembro – Sus vastos conocimientos de posibles amenazas y recursos contra ellas, pueden ser de vital importancia para el conflicto que se avecina.

Ese momento era el que Will esperaba desde el inicio de la reunión para expresar su desdén con formalidad e instigadora arrogancia hacia un legado al que no le tenía ni la más mínima estima.

- Con todo respeto, Olympia. Creo que estás sobreestimando a un legado moribundo que no ha hecho más que gritar: ¡fuego! Cada vez que encontraban una de estas susodichas amenazas. Y en esta ocasión fuiste tú, no ella la que detectó el ente agresor – Dirigió una mirada fría a Matilda, oculta gracias a su antifaz – Así que, me atrevo a repetir la pregunta que Sabrina hizo anteriormente: ¿para qué los necesitamos?

- Porque tenemos a la Portadora de la Antorcha – Respondió Clint en voz alta. Murmullos y miradas incrédulas fueron intercambiados por la Comunión al enterarse de que la voluntad del Pokémon Alfa se había finalmente manifestado en su representante después de siglos de ausencia, e innumerables catástrofes recientes con criaturas legendarias. Sólo cuatro personas no compartían tal emoción: Olympia, pues ya estaba al tanto de este hecho; Diantha y Steven, quienes se miraban confundidos ante información de la que no estaban familia izados; y por ultimo Will, que conservaba esa sonrisa petulante que se rehusaba a cambiar, absorto en su empresa de minimizar la importancia de los Vigías.

- ¿Es tanto su desesperación por ser parte de esto que van a chantajearnos con el anonimato de esta persona tan importante?

- Chantajearlos… – Repitió Clint para luego adentrarse en el círculo interno. Las miradas incrédulas se posaron en él mientras ejecutaba un acto inaudito y estrictamente prohibido para los que no eran miembros de su Comunión – Vean lo que sucedió en el Instituto IRD, toda esa violencia sin sentido ejecutada en un bastión de progreso donde el conocimiento es puesto para el bienestar de la sociedad. Bueno, damas y caballeros, esa sólo es una muestra de lo que está por venir si no dejan de actuar como este cretino egocéntrico – Sin verlo, señaló con su dedo índice el sitio donde estaba Will para luego girar levemente su cabeza y encontrar esa mirada petulante – Déjame adivinar: tu habilidad es hacerte creer que vistes bien.

Pero los insultos no parecían haber surtido efecto contra su postura. Will esbozó una sonrisa presuntuosa y taimada, como si disfrutara de su pequeña victoria para demostrar lo poco prudente y respetuoso que podía ser el único heredero del moribundo legado.

- Ustedes creen que sus ojos son los únicos que se postran al horizonte, viendo lo que esconde el enmarañado tejido de infinitas realidades – Dijo mientras se acercaba al sarcástico dueño de esos insultos – Pero ¿dónde estuvieron cuando descubrimos el agujero de gusano en Alola, junto con estos "Ultra entes" que no pertenecen a esta dimensión? ¿No se supone que ustedes son la primera línea de defensa contra posibles amenazas externas? ¿O es que su legado está demasiado ocupado dando sus últimas y decrépitas bocanadas de aire antes de extinguirse?

Y mientras la sonrisa sardónica, único vestigio del rostro humano escondido detrás de esa máscara, intentaba provocar la primera manifestación de cólera, Clint permanecía cruzado de brazos con su mirada sarcástica y burlona. Tenía que presionar un poco más.

– Díganme, ¿qué tan estúpidos se sintieron al saber que un niño había logrado contactar a Ho-oH después de que ustedes invirtieron más de un siglo sin poder hacerlo?

- Will, ¡ya basta! – Ordenó Olympia con un grito que resonó hasta en la esquina más recóndita de su mapa celestial, obligando a que las miradas tanto de entrenadores como Pokémon, se posaran en ella y en el despliegue de luces provocado por el estado de ánimo de la líder de la Comunión – El respeto en este círculo es uno de nuestros más importantes principios ¿Piensas convertirte en el primer miembro transgresor de tan valiosa ley, sólo para alimentar tu orgullo?

La sonrisa de Will desapareció con la dura realidad de las palabras de Olympia, aunadas a las miradas reprobatorias de sus colegas. Tal como ella le había dicho en innumerables ocasiones, su exceso de orgullo era su peor enemigo, y defenderlo con recelo y apatía como en esta ocasión, terminaría provocando la destrucción del mismo si no practicaba actos de humildad.

- Ofrezco mis más sinceras disculpas, Olympia… a toda la Comunión, y… – Se detuvo ante Clint y su acompañante. Hacer aquella reverencia sería su prueba más difícil, pero era la única forma en que podía redimirse un poco después de tan reprochable actitud – A ustedes.

Olympia aprobó con una sonrisa maternal el verdadero gesto de honor que su joven colega había demostrado. Clint y Matilda respondieron el gesto asintiendo ligeramente. Después de todo, pensaron, el tipo no era el cretino que creían. ¿Se habrán agotado las versiones para hombre de ese atuendo?, dijo Clint a sí mismo para restarle un poco de esa exagerada formalidad que casi siempre le molestaba.

- La cooperación de todos es nuestra arma más poderosa para hacer frente a la naturaleza extraña y agresiva de este enemigo – Dijo Olympia a modo de concluir con el mensaje principal que aquella reunión había tenido como objetivo – Líderes, alto mando, campeones. Todos deben prepararse y acudir al llamado en caso de que este "Príncipe Oscuro" manifieste los horrores que observé al aventurarme en el mar de la Disformidad.

Para Clint, cuya proyección astral de por si borrosa ahora comenzaba a desaparecer en varias partes de su cuerpo hasta dejar huecos como si se tratara de un queso gruyere, ese último mensaje era su señal de partida; Cassandra ya estaba exhausta, y no podría ayudarle a conservar la proyección mucho tiempo más. Quizá las cosas no habían terminado como él y Matilda hubiesen querido, y aún faltaban muchas otras que debían ponerse de acuerdo antes de llevar a cabo las primeras iniciativas y planes de defensa, pero al menos tenían la certeza de que Olympia y otros miembros de la Comunión apoyaban una cooperación mutua.

- Prepararé un informe de todo lo que recabe – Dijo mientras salía del círculo interno y se despedía de Matilda, quien todavía se quedaría un tiempo más para afinar algunos detalles como el del día en donde Serena se reuniría en ese mismo lugar para su evaluación como Portadora de la Antorcha – Mientras tanto, y si no tienen algo que me pueda servir, creo que mi presencia ya no será necesaria. Hasta pronto.

- Clint, espera un momento – Ordenó Olympia justo antes de que abandonara el recinto mientras descendía con su gracioso acto de levitación hasta tocar el suelo – Matilda y algunos de mis colegas me han comentado acerca de tu misión personal, y el cómo se relaciona con este invasor – Dijo – Y después de discutirlo con Caitlin en privado, ella ha decidido darte información valiosísima y extremadamente secreta, cuyas palabras ni siquiera han sido escuchadas por este círculo.

Clint dio media vuelta. No era el único cuyo interés había despertado ante la promesa de información trascendental que podrían ayudarle en su cruzada. Eso, aunado al hecho de que Caitlin era de las últimas personas que esperaría obtener alguna pieza importante del enorme rompecabezas, sólo aumentaba sus expectativas y emoción. Con la elegancia y pasividad que la caracterizaban al caminar, junto con su enorme cabello que ondulaba con la energía psíquica que aún emanaba de su cuerpo, la miembro del Alto Mando se encontró cara a cara con Clint, lista para revelar el secreto más grande y, ciertamente, atroz que haya cometido su familia.

- Hace siglos, una familia de respetados alquimistas e intelectuales recibieron el favor de gran parte de la nobleza de Kalos por sus servicios. Pues sus conocimientos eran vastos, y su sabiduría, respetada. Pero el secreto de la grandeza de esta familia no yacía en los numerosos tomos de distintas áreas del conocimiento que habían inspirado a los futuros pensadores, ni tampoco en los ingenios que habían mejorado la vida de los pobladores. Su verdadero talento se encontraba en la manifestación terrenal del reino metafísico creado por su prodigiosa mente.

- Psíquicos – Clint se apresuró a decir. Incluso con la pérdida de su proyección, sus ansias agudizaban su capacidad auditiva y lo dejaban en un estado reflexivo donde su mente digería esta información para llenar cualquier hueco de todo el panorama construido hasta ahora.

- Mucho más poderosos que todos nosotros juntos, si es de creer en esa historia – Aseguró Caitlin sin abandonar su mirada que muchos la confundían con fastidio o aburrición, pero que en realidad reflejaba su naturaleza estoica al tratar de controlar los poderes que le habían costado dominar si no fuese por las lecciones de Olympia – Pero conforme pasó el tiempo, esta habilidad se diluyó poco a poco gracias las uniones con personas sin este don, hasta que el legado de la familia había quedado en el olvido... pero hace veinte años, y después de una extensa búsqueda, mi familia, orgullosa de su herencia como poderosos psíquicos, había descubierto al último portador del linaje que se creía perdido, encomendando a su única hija cortejarlo para procrear una heredera lo suficientemente digna como para enaltecer su gloria con la poderosa sangre de los miembros originales… y cuyos últimos descendientes portaban el apellido de Valois.

La última declaración lo dejó en silencio y profundamente en blanco. Cualquier posibilidad que se había imaginado, jamás se habría acercado a lo que Caitlin acababa de decirle. Mucho menos podía hacerse una idea del impacto que una revelación así podría influir en todo el panorama que se había construido acerca del Culto y su relación con los Valois. Por el contrario, esto sólo parecía agrandar el ya de por si vasto rompecabezas que trataba de armar lentamente.

- Estás… ¿estás diciendo que tú?

- Soy la hija que François de Valois ayudó a concebir y a quien jamás se me permitió conocer – Dijo con una convicción y vigor pocas veces demostrada en alguien con una actitud tan pasiva como ella – Y para enmendar el daño que mi familia provocó al engañar a mi padre, y para honrar la memoria de mi medio-hermano asesinado a sangre fría, tienes mi palabra de que ayudaré en todo lo que pueda. Así ha hablado Caitlin de Valois.

. . . .

Estaba en blanco. Los segundos le parecían eternos mientras las gotas de frío sudor de su frente recorrían sus mejillas y el costado de su nariz. Y a pesar de que en su mente no existía otro pensamiento que el de rescatar a su amiga, no veía ningún eslabón débil que pudiese aprovechar para actuar de inmediato sin que Bonnie saliera lastimada.

- ¡No volveré a repetirlo! – Advirtió la peligrosa mujer mientras hacía presión con la punta de la daga plateada en la garganta de la pequeña. Bonnie cerró los ojos, sus sollozos y gritos de auxilio eran apagados por la fuerza bruta que la mujer ejercía sobre la frágil mandíbula de su víctima.

- ¡Está bien, está bien! – Exclamó Ash asustado y extendiendo ambos brazos a la altura de sus hombros para conservar la calma – ¿Qué es lo que quieres?

- Tus Pokébolas… déjalas en la mesa de tu izquierda – Ordenó.

A pesar de su completa renuencia al quedar casi indefenso contra lo que estuvieran planeando con él y Bonnie, Ash obedeció de inmediato. Pikachu, por su parte, tenía que controlar las descargas eléctricas involuntarias que producía ante una situación de verdadero peligro, recordando al igual que su entrenador hasta donde podían llegar los miembros del Culto con tal de cumplir con sus oscuros propósitos.

- Sólo… dejen a Bonnie en paz – Rogó después de retirar su cinturón y dejar a su suerte a sus fieles compañeros.

La perversa mujer sonrió. Hasta ahora el plan marchaba de maravilla, y sólo tenían que hacer una última cosa antes de irse con la preciada carga – Toma al roedor y a Zigarde… – Ordenó nuevamente. Sus ojos verdes totalmente despiertos y sin perder de vista hasta el más mínimo movimiento del chico – Contra la pared. Y no repetiré lo que le va a pasar a tu pequeña amiga si tratas de jugar al héroe.

Ash dio media vuelta. Cientos de ideas cruzaban su mente tratando de deducir qué era lo que buscaba el Culto en esa ocasión. Anteriormente escuchó que aquella mujer se había dirigido a Blandin con un nombre que desconocía, pero que apostaba a que le pertenecía a otra criatura legendaria con quien había hecho contacto como en numerosas ocasiones. ¿Qué sucede conmigo y estos frecuentes encuentros con Pokémon poderosos y extremadamente raros?, pensó. Como fuese, estaba seguro que el Culto quería capturar a Blandin para usarlo en otro artilugio o absurdo plan de conquista. Nada original, pero… ¿por qué aquella mujer no le había ordenado a Blandin entregarse voluntariamente?

- Espera… – Interrumpió una voz firme y varonil que parecía hacer eco contra algún artefacto que ocultara su rostro – Ya lo decidí.

Creyendo que era alguien que había venido en su ayuda, Ash volteó la mirada rápidamente. Pero en lugar de recibir el apoyo que desesperadamente necesitaban, una fuerza descomunal impactó su estómago, expulsando el contenido que se había revuelto después de una situación que le provocaba náuseas. Pikachu y Blandin trataron de responder la agresión tomando posiciones de ataque, pero al ver que Bonnie era nuevamente amenazada con el gélido filo de la daga asesina, tuvieron que ceder y limitarse a ayudar al joven entrenador que luchaba por ponerse de pie.

- No tenemos tiempo para esto – Protestó la mujer con el ceño fruncido.

Pero el hombre no estaba dispuesto a escuchar. Rodeó a las víctimas como si se tratara de un depredador al acecho de sus presas acorraladas mientras buscaba la excusa perfecta para justificar la insensatez que estaba a punto de cometer – ¿Has olvidado el principio más sagrado de nuestro Culto? – Preguntó con la misma voz entrecortada – Sin restricciones, nos dejamos llevar por los deseos e impulsos de nuestros más anhelados placeres. Y yo tengo un deseo incontrolable por luchar contra este chico.

- ¿Y arriesgar toda esta operación por un capricho? – Rio con incredulidad ante una petición tan absurda – ¿En qué estaban pensando cuando te enviaron a ti también?

- Debo saberlo… – Dijo. No estaba dispuesto a escuchar nada más que a sus impulsos – Él recibió el regalo de Madam de Valois para convertirse en el campeón más grande del Culto, y debo saber por qué… – Hizo una pausa para luego dirigirse a su compañera – Además… sé que anhelas jugar con tu nueva muñeca.

La mirada enfadada de la mujer se tornó lentamente en una mueca sardónica ante la exquisita idea de disfrutar de tan digno ejemplar después de un largo tiempo en que se tuvo que conformar con platillos poco apetitosos o incapaces de estimular su exigente paladar.

- Cinco minutos. – Dijo para después retirarse con su pequeña presa, que seguía luchando en vano para escapar, a un sitio donde pudiese disfrutarla a gusto y en privado – Vamos, cariño… tengo un precioso vestido que estoy ansiosa por ver cómo te queda.

- ¡E-Espera! – Jadeó Ash, aun tratando de recuperar el aliento mientras trataba de ponerse de pie con sus piernas temblorosas.

Pero la clemencia no era una palabra que figurara en el vocabulario de su oponente. El hombre encapotado propinó una patada en el costado de Ash con una fuerza lo suficientemente poderosa como para abrir de golpe la vieja puerta de madera que estaba a sus espaldas. Rodó sin control por las escaleras como una roca descendiendo sobre la colina, protegiendo a sus compañeros con ambos brazos hasta llegar a lo profundo de aquel oscuro y húmedo sótano donde ambos se batirían en una batalla por la supervivencia, por un lado, y la sed insaciable del conflicto, por el otro.

- Quiero que tengas una cosa bien en claro, chico: no volverás a ver a tu pequeña amiga, así que no vale la pena angustiarte por eso – Expresó la voz cortante detrás de la máscara mientras descendía por las escaleras. El eco incluso más escalofriante por la resonancia en ese lúgubre sitio – Te traje aquí para que demuestres tus habilidades. Ni más, ni menos.

Ash trató de levantarse nuevamente, apretando los dientes en un intento de sobrellevar el dolor que sentía en todo el cuerpo después de tan violenta caída de la que aún no estaba seguro de la gravedad con la que se había lastimado. Si tenía algún hueso roto u otra herida superficial, no le importaba.

- ¡Déjenla en paz! – Gruñó con un cólera que jamás había experimentado. Pikachu y Blandin asumieron posiciones de batalla, pero ninguno atacó todavía, pues contra las tácticas tramposas del Culto, lo mejor era no dar un paso en falso.

- La Devoradora de Niños jamás deja sobras, chico – Aseguró mientras dejaba caer al suelo lo que parecía ser un hexágono tridimensional – Tu absoluta atención debe estar aquí, contra mí… pero, tener a Zigarde de tu lado es lo mismo que hacer trampa.

Al tocar el suelo, la figura geométrica comenzó a emitir una intensa luz que iluminó el enorme y casi vacío sótano con una tonalidad turquesa, como si se tratara de una figura espectral liberándose de su prisión para manifestar un hechizo del que nadie escaparía. Su blanco principal: la criatura legendaria que parecía hacer un enorme esfuerzo hasta el punto de agotamiento para asumir una forma adecuada para el combate.

- Tierra Corrupta – Dijo el enemigo refiriéndose al hechizo que había dejado caer sobre el campo de batalla improvisado – Eso evitará que te entrometas, Zigarde.

Blandin colapsó. El efecto de aquel poderoso maleficio también le arrebataba su energía vital con cada segundo. Pero justo cuando Ash se dirigía para auxiliar a su compañero caído, un sable afilado proveniente de las sombras interceptó su noble intención, interponiéndose entre él y el Pokémon legendario. Fue entonces que Ash pudo observar al verdadero oponente con el que tendría que batirse.

Desde que se dio cuenta de la trampa en que habían caído, y haciendo recuento de los horrendos actos que los miembros del Culto eran capaces de hacer a sus Pokémon para convertirlos en espantosas abominaciones de combate, Ash comenzaba a preguntarse con qué nueva imagen de pesadilla asaltarían sus memorias y sueños venideros. La respuesta no tardó en provocarle náuseas al ver el cuerpo maltrecho y deformado de lo que solía ser un brutal, pero orgulloso contrincante con dotes de liderazgo.

A diferencia de los individuos de su especie, este Pokémon bípedo permanecía encorvado, posiblemente por la gran cantidad de filosas cuchillas que aquellos dementes habían distribuido uniformemente a lo largo de su cuerpo para hacerlo más peligroso con el simple contacto. Algunas de esas hojas estaban aserradas, otras tenían un acabado tan bizarro y demente como el de los autores de tan macabro experimento, como aquellas que se asemejaban a peinetas con cerdas de metal encorvadas que podían clavarse profundamente en la piel y hacer un daño interno terrible con sólo moverse. Por otro lado, la cuchilla en su cabeza que se asemejaba a un hacha de combate, parecía mucho más grande diferente de lo normal; de hecho, ni siquiera lucía como si se hubiese desarrollado junto con el Pokémon al nacer, sino que se trataba de un arma real que había ocupado el lugar de la origina, tal como lo evidenciaban los restos de soldadura en la cabeza de la criatura. Ash no quería ni pensar en el proceso tan doloroso al que el pobre Bisharp había sido sometido también para alargar las espadas de sus extremidades, así como las que fueron añadidas a lo largo de sus brazos para convertirse en mazas de cinco mortales filos que podían moler a golpes a cualquier contrincante.

- ¿Cómo… cómo pueden ser capaces de hacerle algo así a un Pokémon? – Acusó apretando la mandíbula y sus puños con ira e impotencia – ¡No los perdonaré!

Detrás de su máscara, el depredador se deleitaba con la reacción iracunda de su contrincante, como si saboreara el aperitivo al que seguiría el plato principal. Pero antes, aún faltaba un detalle que debía procurar para que el combate se llevara a cabo justo como él lo quería. Buscó entre las pokébolas que había arrebatado de Ash al único contrincante que consideraba digno de su atención y habilidad, aquel por el cual habían llevado a cabo esa operación y que, de acuerdo a su líder, representaba el futuro de todo el Culto.

- Veamos si tienes lo necesario para convertirte en nuestro más grande campeón – Dijo la despiadada voz detrás de la máscara mientras lanzaba la pokébola hacia el campo de batalla, justo en la zona de combate de su contrincante.

Ash, absorto al ver que el enemigo le había proporcionado a su más poderoso Pokémon para batirse en duelo contra él, no bajó la guardia. Incluso si ahora tuviese una mayor probabilidad para terminar con esa locura y rescatar a su amiga antes de que fuese demasiado tarde, no podía subestimar a su demente contrincante, o esperar a que sus amigos intercedieran por ellos antes de que los miembros del Culto desaparecieran junto con Bonnie.

- ¡Ustedes están dementes si creen que voy a unirme! – Exclamó colérico. Por el rápido desarrollo de todo el conflicto, había ignorado lo que aquel hombre repetía incesantemente respecto al destino que le tenían originalmente preparado, y sólo ahora se daba cuenta por fin de la razón por la cual había sido infectado. No era sólo un muy elaborado método para usarlo como raptor de Serena como casi había ocurrido al escuchar aquella orden en su cabeza el día que conocieron a Clint, tampoco como el espía que había sido obligado a ser cuando atacaron el instituto IRD. Lo que siempre habían planeado para él era un destino peor que cualquiera de esos escenarios, pues la simple idea de recibir órdenes a ciegas para cumplir con los retorcidos objetivos del Culto mientras lastimaban a sus amigos, le provocaba la más descomunal ira que jamás había sentido contra personas desalmadas y egoístas que usaban a otros para sus oscuros propósitos.

- ¡Greninja, usa corte! – Ordenó.

- ¡Bisharp, garra de metal! – Respondió su oponente, aceptando gustoso el desafío que tanto había anhelado.

El sable de luz creado por Greninja chocó contra el filo sintético de su oponente. Incluso con aquel cuerpo encorvado y maltrecho, Bisharp poseía una velocidad increíble que exhibía con cada estocada rechazada gracias a sus modificados brazos.

Con la desesperación de su oponente para terminar el combate tan pronto como fuese posible, sólo tenía que dejar que Bisharp siguiera rechazando cada estocada hasta que el agotamiento por fin venciera a Greninja. El corto clímax de su batalla sería superado solamente por el inevitable y fugaz desenlace donde su cabeza rodaría por el campo de batalla después de recibir el tiro de gracia.

Después de todo… jamás les dijeron que el sujeto tenía que sobrevivir.

TO BE CONTINUED…