El carro alegórico del año anterior había causado fascinación, a modo que el grupo decidió que los mismos de antes debían hacerlo este año y presentar a un príncipe y princesa de la primavera. Sus servidores accedieron empezando a considerar algunas cuantas ideas sobre vestuario y la forma que llevaría la plataforma principal.
Faltando tan solo una semana para el evento ya tenían todo el material necesario para su trabajo y solo quedaba poner manos a la obra. Aún quedaba tomar algunas decisiones junto al grupo respecto a la presentación del carro, a modo que no se habían realizado aún los vestuarios. El grupo se encargaría de la ropa mientras que ellos de adornar el carro y de hacer acto de presencia sobre este.
—¡Ino debería ser la princesa! —exclamó alguien del salón de forma repentina cuando querían empezar a tratar el tema que a lo mismo retornaba—. Es bonita y tiene ese cabello largo que llevaban las princesas… ¡Seguro haría el papel perfecto!
—Si a eso vamos —empezó otra de las chicas—, entonces Sasuke debería ser príncipe, su rostro lo dice todo —Sakura apenas y prestaba atención hasta que mencionaron a su novio.
—¡Suena maravilloso! —soltó alguien más emocionado, aunque la idea había pasado de gustarle a Sakura para convertirse en un terrible delirio. Conocía a las chicas de la escuela y sabía de sobra que un príncipe no salía sin besar a su princesa.
—Me niego —rompió el moreno con el ambiente tan animado, dejando que tamaño ventisca helada atrapara al aula mientras todos le veían—. Sai es un chico también y no tiene ningún mal parecido, sería más oportuno que subieran novio y novia —tenía un argumento, eso le hacía ver sexy incluso cuando rechazaba algo—. Además… yo ya tengo una princesa.
—¡Ah! Sakura tiene tanta suerte —empezaban las chicas, en lo que las mejillas de la aludida se teñían en un sutil color rosa antes de que cierto moreno regalara una intensa mirada y una sonrisa retorcida, traviesa, de esas que te derriten.
—Él es el demonio —murmuraba ella para sí misma, mientras se encogía por encima de su escritorio—, y el demonio me quiere comer.
—Sin compasión —susurró él a su oído, siempre al pendiente de lo que dijera.
Capítulo Treintaiocho
La hora de estudio libre era ahora una escena romántica bastante explícita en la que Sakura Haruno hubiese preferido no aparecer. Sin embargo, todo había comenzado ese 14 de marzo cuando Ino anduvo y se sentó en el escritorio de su novio cruzándose de piernas, acción misma que se ganó un breve sermón de parte de Sakura y una amable petición de que tuviese un poco más de pudor cortesía de Hinata.
A su mala suerte no lograron nada y, en lugar de ayudar a la acusante que de hecho era su novia, el moreno se unió a la defensa de Ino Yamanaka.
Sakura argumentaba que una mujer no debía sentarse así en ese tipo de sitios, que dejaba muy poco a la imaginación y que lograba verse bastante vulgar. Luego de que Hinata dijera que por favor se calmaran y que Ino a menos se bajara de ahí, la rubia contestó con un enorme y rotundo no a lo que Sakura, urgida por armas, pidió la opinión de Sasuke.
Error. Sasuke sonrió suavemente e hizo un gesto a su chica para que se acercara. Él argumentaba que ninguna acción sería vulgar de parte de una dama siempre y cuando fuese específica y precisamente para la persona que amaba, siendo que era el caso de la rubia.
El argumento del azabache no fue para nada satisfactorio en la mente de aquella pelirrosa que, parándose frente a él, alegaba que una mujer debía mantener la compostura en público y no permitir que se le dejara de ver como una dama. Entonces a Sasuke se le ocurrió esa hermosa idea y la tomó por la muñeca, jalando de ella hasta sentarla en su regazo.
—¡Sasuke! ¿Qué haces? —pegó un chillido, mientras que el chico posicionaba ambas manos sobre el vientre de su novia y hundía lentamente su rostro en el cuello ajeno.
—Lo que Ino —murmuró, antes de olfatear su piel para pasar a dirigir sus labios hasta aquellas mejillas sonrojadas y causar que ese ligero tono rosado pasara a un evidente carmín que cubría su rostro entero—. Te muestro mi cariño en público de forma explícita…
—¡Sasuke, para ya! —pidió ella, pretendiendo soltarse, pero la mano que se movió velozmente hacia la de ella y la aprisionó la hizo quedarse helada mientras que los labios del pelinegro se deslizaban con tremendo atrevimiento hasta su oído, haciéndole cosquillas y obligándola a retorcerse, tanto como moverse hacia el frente, como queriendo evitarlo.
—Sakura —mencionó él, antes de soltar su muñeca, pero sin dejarla ir aún—, si te vuelves a mover así no respondo —aquel susurro apenas y fue para ellos dos, mientras que la joven se limitó a parpadear un par de veces, sorprendida.
—¡Suéltame! —se puso ella quejumbrosa, convirtiéndose por unos instantes en la razón de risa en el grupo, para que él la soltara y le sonriera.
—Perdón —dijo, levantándose, a lo que ella desvió el rostro, total y absolutamente indignada gracias al moreno, mismo que le hacía pasar su segunda vergüenza del día. ¿Qué le pasaba que hacía tantas cosas como esa últimamente?—. Feliz día blanco, Sakura.
—¿Hn? —Apenas y reaccionó ella, para pasar a mirar hacia adelante y ver una pequeña caja con envoltura brillante en manos del moreno, a lo que los ojos de la chica centellaron antes de que recordara que Hinata tenía ya su pulsera de plata y que Ino estaba estrenando pendientes—. Oh, Sasuke —su mano dudó por un par de segundos.
—Solo tómalo, Sakura —ella asintió feliz y terminó por tomar la cajita en sus manos, mientras que él se sentaba en su butaca observándola abrir el papel cuidadosamente y luego separar la tapa de la caja.
—¡Pero qué lindo! —exclamó la pelirrosa, a lo que la población femenina del aula se abalanzó a ver el primer obsequio del día blanco entregado por Sasuke Uchiha y que fuese presenciado en la historia.
—¡Santo cielo! ¿Oro blanco? —pegó Ino el grito en el cielo, mientras que él sonreía complacido ante la cara de sorpresa y la forma en que esos ojos verde jade temblaban por la emoción: Sasuke se había lucido escogiendo un anillo de oro blanco con una pequeña piedra de jade incrustada junto a una hilera de ónix rodeándola.
—Y jade y ónix —reconoció Hinata, parpadeando un par de veces igual de sorprendida por el obsequio que seguro le costó una tremenda cantidad al moreno.
—Yo —los labios rosados se Sakura temblaban del asombro, estaba atónita, por lo que con dirigir su mirada a él aún no reparó—. Sasuke… yo, esto es demasiado, no puedo aceptar algo tan costoso por un tonto día blanco —era verdad, era demasiado.
—Sakura —él se levantó de su asiento, provocando que todas las chicas lo miraran y le dieran entonces un poco de espacio, haciéndose a un lado mientras que el moreno venía y tomaba la mano que sostenía la cajita—. No lo tomes como un "simple regalo de día blanco", por favor —su otra mano viajó hasta aquella mejilla—, tómalo como una promesa eterna.
—Sasuke —ella vaciló, antes de sentir cómo el moreno afianzaba su agarre a su rostro y luego se acercaba a ella. Sakura tan solo pudo sonreír y luego asentir un poco antes de dejarle un beso breve al moreno. La emoción recorrió el salón.
Sasuke tenía desde San Valentín siendo así. Parecía querer atesorar cada segundo que estaba con Sakura, la abrazaba más, la besaba, le mostraba su afecto en público y eso ya le había causado varios corajes a ella que terminaban cuando él sonría y pedía perdón desde lo más profundo de su corazón. Sasuke se estaba convirtiendo en un ser desconocido demasiado enamorado como para seguir siendo él mismo, eso aterraba de cierta forma a Sakura pero, por otro lado, sabía que su Sasuke nunca cambiaría, miraba su interior a través de esos ojos profundos y oscuros, justo como un par de pozos.
Sábado 23 de Marzo. El festival del día de la primavera se había atrasado por tres días pero eso no importaba en realidad, ¿cierto? Un grupo de seis personas caminaba y reía por los pasillos: Ino estaba aferrada del brazo de Sai, Hinata era abrazada por encima de los hombros por Naruto y Sakura iba dulcemente tomada de la mano de Sasuke. Todos vestían de jeans y usaban camisas negras, aunque Ino fue la excepción y terminó yendo en vestido de cierre para no arruinar su peinado y maquillaje.
Caminaban con mucha energía pese a que recién habían pasado por un refrigerio estando, aún, a dos horas del paseo de los carros alegóricos. Sus amigos parecían muy animados planeando qué harían ahora pero, entonces, el peor enemigo de los festivales escolares que Sakura Haruno demostró ser un obstáculo en el camino cuando se tomaron con la pequeña fila que daba a el grupo que había organizado una casa de sustos. De inmediato Ino saltó sobre su sitio para mirar a Sai con entusiasmo y hasta el propio Naruto estaba feliz con la idea de seguir el recorrido con su novia bien abrazada, como era debido. La único que se quedó inexpresiva, más que Sasuke inclusive, fue Sakura.
—Anda, Sakura —le provocó Ino, mirándola por encima de su hombro—. Hace un año Sasuke y tú decidieron no pasar e ir a dársela juntos, pero el año pasado no eran novios y recién se habían reconciliado —les guiñó un ojo—. Tienen que entrar.
—¡Es cierto, Sakura! —Exclamó cierto rubio—. Anda, Sakura… Sasuke te protegerá, después de todo no es mucho más que un tonto show para divertirnos.
Ella no podía negarme. Muy poco le importaba que se burlaran de ella, pero al ver algo de ánimo en la cara de su pelinegro novio supo de inmediato que no podría negarse. Si incluso a Sasuke le animaban ese tipo de cosas y quería pasar un divertido momento ahí adentro, ella no podría negarse, ¿verdad? Además, tenía la certeza de que él no soltaría su mano en todo el recorrido, que no la soltaría por nada del mundo. Así que al final una sonrisa delicada se le dibujó sobre los labios, no muy notoria a decir verdad.
—Solo que Sasuke promete no soltar mi mano —Ino rodó los ojos, antes de dirigir su mirada celeste al moreno que asintió sin problema, afianzando la mano de Sakura.
La diferencia que debía de haber entre pareja era de cinco minutos, lo suficiente para que las dos personas de antes se perdieran en la inmensidad del aula de artes del segundo piso, cuyas medidas solo podían compararse con la mitad del gimnasio y ve que ese era lo suficientemente grande para darle cabida a todos los alumnos, profesorado y hasta sobra.
Primero entraron Ino y Sai, a lo que apenas y se escuchaban los gritos lejanos de la rubia, que luego rompía en carcajadas cuando se daba cuenta de qué era lo que la había asustado. Sai siempre era muy silencioso, así que ni siquiera hubo oportunidad a que se notara si en algún momento dijo algo o siquiera rió un poco, solo podía escucharse minuto a minuto que la rubia encontraba algo nuevo que daba un poco de miedo.
Cuando Naruto y Hinata entraron no tardó en escucharse los gritos de ambos. El recorrido duraba al menos veinte minutos, solo Dios sabe qué tanto se habrá hecho ahí adentro, pero los sustos que el propio Naruto se daba se hacían notar. Ya se imaginaba Sakura la cara de Hinata cuando a Naruto le diera histeria, ella tratando de calmarla.
Apenas pasaron cinco minutos más tanto Sakura como Sasuke entraron. A lo poco de empezar a caminar por el apenas visible sendero entre aquella oscuridad se pudieron escuchar unos gritos profundos de Ino que hicieron que la piel de Sakura se pusiera como la de una gallina, más aún porque continuaban y continuaban. Cuando escuchó a su amiga gritar el nombre de su novio, la pelirrosa respiró profundo para no entrar en pánico… pero el efecto de sonido y luces de un relámpago hicieron que diera tremendo respingo.
—Sakura, estás nerviosa —notó sin problemas el moreno, a lo que ella lo miró y sonrió, antes de negar frenéticamente.
—Estaré bien, es solo que ha sonado muy repentinamente —contestó ella, tomando más fuertemente la mano de su novio. En esos momentos a ella le quedaba muy en claro que solo cantar le daría paz, pero terminó haciéndolo en su mente con tal de mostrar su miedo, pero Sasuke no era tonto, así que tan solo la observó con mayor interés, sosteniendo su mano con algo de insistencia.
Conforme iban no faltaba un que otro susto que terminara por hacer a Sakura pegar algún grito pero luego suspirar aliviada. Sasuke no salía de su diversión al ver a su novia tan enérgica, aunque la palabra más correcta era ansiosa. Sakura no paraba de pegar el grito y apretar la mano del moreno cada que se daba un susto pero, al pasar cinco minutos, su nivel de ansiedad subió un poco al escuchar los gritos de Hinata y Naruto, lo cual la sacaron de su fijación por no asustarse de nuevo y a lo de nada un fantasma se le vino encima.
—¡Ah! —Gritó ella, girándose a aferrar sus manos en el brazo de Sasuke, mientras su respiración empezaba a agitarse de forma considerable y él colocaba una mano en su cabeza de forma sobre protectora. Sakura finalmente se calmó.
—¿Quieres que nos apresuremos hacia la salida? Podrías cerrar los ojos y yo te guiaría, si quieres —pero Sakura negó con la cabeza.
—Me asustaré peor —aseguró, antes de suspirar y levantar luego un poquito la vista y así lograr mirar al moreno—. Lo siento, solo es que me tomó desprevenida… sigamos, ¿vale, Sasuke? En serio que no pasa nada.
—Mmh —no lograba convencerse—, te creeré.
Continuaron su recorrido. Sakura parecía cada vez más calmada mientras andaban y se les aparecía algún que otro objeto volando o figura de horror e, incluso, algunos chicos disfrazados incapaces de pasar la línea del sendero, solo soltando lamentos o esos feos gritos desesperado a los que Sakura tanto repudiaba. Al cabo de cinco minutos más se encontraron con un sitio que parecía libre de todo, a lo que la pelirrosa ladeó el rostro.
—¿Será que casi llegamos? —se preguntó, antes de que un par de figuras se movieran de su sitios… Sakura juraría que eran de utilería, pero cuando un árbol tétrico puso su mano sobre su hombro y un zombi tomó a Sasuke por el brazo, ella soltó tremendo grito que cualquiera hubiese creído que habían matado a alguien.
—¡Sakura! —ella estaba aterrada, lo notó por la forma en que extendía su mano a la nada, golpeando al aire de esa forma desesperada, mirándolo mientras podía, antes de ser adentrada entre algunas salida secreta, donde no pudo escuchar más su voz.
Esa escena había sido fuerte, comprendía a qué se debían los gritos de cada diez minutos y ya veía la razón de que solo se aceptaran estudiantes de instituto superior además de personas sin problemas cardiacos o respiración, pero el susto que Sakura se había dado parecía haber sido a un nivel superior mientras era arrastrada hasta aquella salida oculta entre las paredes forradas por telas negras de aquél túnel. Él creía que solo se trataba de un sendero, pero tal parecía que había una segunda salida.
Se apresuró a buscarla poco después de que los actores huyeran dejándole en el suelo, abalanzándose hacia donde le pareció ella había desaparecido. ¿Cómo saberlo del todo si aquella estaba tan oscuro y los muy cabrones que se la llevaron estaban todos vestidos de negro? Solo esperaba que su novia estuviese ya calmada, ella era muy fuerte, en realidad le sorprendía que se hubiese asustado de aquella forma siendo como ella era: implacable, insistente, luchadora. Dejarse llevar así como Sakura y poner esa cara de horror… era nuevo.
Al final, el moreno se guiaba por medio del tacto, hasta encontrar el sitio hueco donde solo las cortinas negras cubrían. Entonces buscó el agujero por el cual abrirse paso y, al encontrarlo, tan solo se introdujo sacando su móvil para iluminarse un poco de camino ahí. En ello lograba escucharse el ruido que había afuera, en el festival… seguro que estaba cerca de las ventanas, pero buscarlas no era una opción, así que siguió con la luz.
Pudo haber tardado entre cinco y diez minutos para cuando escuchó un murmullo que se perdía con el ruido de afuera. Entonces se encontró iluminando todo a su alrededor antes de ver la punta de un zapato blanco que seguro pertenecía a una persona oculta detrás de un pozo de utilería que se encontraba roto. Eso había sido suficiente para que el moreno se acercara a ver, en silencio, iluminando apenas un poco, lo máximo que su móvil podía y que resultaba siendo tan poco.
Ahí estaba Sakura… con los ojos cerrados, meciéndose en posición fetal mientras giraba una y otra vez el anillo que yacía en su mano, alrededor de su dedo. Parecía murmurar cosas que a un metro y medio de distancia no se escucharían, mientras lloriqueaba y las palabras no salían del todo. Una mano estaba en su cabeza, cubriendo su cabello y, le parecía, ni siquiera lo había escuchado cuando la llamaba por la crisis en que se encontraba. Estuvo por decir algo y lanzársele encima, pero tras dar un par de pasos logró notar que Sakura estaba cantando, que su expresión no era divertida, que no lo esperaba… ella estaba en pánico.
—Te busqué debajo del colchón y en el polvo de la habitación, te busqué con un ordenador y con la antena del televisor, te busqué por toda la ciudad y en el pozo de la soledad, te busqué en los ojos del dolor y en los ojos de la diversión —ni siquiera le salía la voz encontrándose en ese estado—. Te busqué en el hoyo del placer y en el cuerpo de una mujer, te busqué en las drogas y el alcohol, en los vicios y en la corrupción, te busqué en los techos de oración y los libros que hablan del amor —Sasuke solo vio eso una vez, estaba seguro que cuando la madre de Sakura murió había sido la única ocasión—. Te busqué en mi corazón: ahí estabas tú en un rincón. Te busqué en mi corazón y en silencio oí tu voz…
—Sakura —entonces ella reaccionó, como si fuese a gritar, como si se le hubiese aparecido algún fantasma, para girarse a mirarlo—. Sakura —él se acercó, terminó de eliminar la distancia entre ambos y terminó por abrazarla con fuerza, protector.
—Sasuke —murmuró, quebrándose, antes de corresponder a su abrazo—. Prometiste que no me soltarías —le recriminó, en un sollozo, a modo que él se limitó a asentir.
—Lo lamento —dijo, antes de atraerla hacia él, sentándose en el suelo—. Calma, Sakura… puedes descansar ya, yo voy a protegerte —ella asintió, antes de aferrar la ropa del moreno y terminar por cerrar sus ojos. Sakura estaba en pánico y, ante Sasuke, una imagen tan destructora como aquella solo se comparaba a aquella vez y a cuando Karin le hizo tanto daño.
—Cuando era pequeña me perdí —soltaba ya con una respiración más tranquila—. Mis padres y yo fuimos de compras a la ciudad… mi madre me perdió de vista un segundo y fui arrastrada por la multitud. No me asusta estar entre muchas personas, pero el terror comienzo cuando está tan oscuro que no puedes tus propias manos. Ese día se nos había hecho tarde y terminé perdida, cantando esa canción para no estar tan asustada. Solo Shizune lo sabe.
—Y ahora yo lo sé —contestó en voz baja el moreno, para estrecharla con fuerza y luego suspirar—. Prometo que no volveré a soltarte nunca más, Sakura, ¿de acuerdo? —Ella solo asintió, antes de que él la mirara—. Vamos… te sacaré de aquí antes de que los chicos se preocupen —entonces levantó a Sakura, la tomó de la mano y buscó otra salida.
Cada vez que Sasuke presenciaba esas lágrimas era porque él había cometido un tonto error, inclusive si era algo tan minúsculo. Pero mientras más lo consideraba ello más tomaba importancia: La perdía un segundo de vista y ella quedaba destrozada, la ignoraba cuando menos debía, se olvidaba de cosas insignificantes, soltaba su mano cuando debería tenerla aferrada por el resto de su vida.
Un año entero y comenzaba a comprender finalmente las palabras de Tayuya, las palabras de Karin, la situación de las mujeres a las que se había aferrado y ese "Tus sentimientos nunca han estado aquí" no llegaba. En realidad empezaba a verse una presencia excesiva de sus sentimientos y… ¿y si eso estaba mal también?
Como siempre el desfile fue un éxito. Incluso el dinero invertido en el vestido que usó Ino se perdió cuando este fue lanzado sin reparos hacia la gran fogata a espera de encenderse por aquellos que fueran la pareja escogida.
La decisión se había tomado hace un par de semanas y ese día se había concretado, a nadie le quedaba duda de quiénes eran los reyes del festival y, por lo tanto, la pareja más popular y perfecta de ese año. Un año en el que finalmente Sakura Haruno tendría a su pareja para bailar alrededor de la fogata.
—Buenas noches, buenas noches —habló la líder del comité estudiantil, antes de mirar a todos a su alrededor—. Ya se ha tomado la decisión irrefutable —todo el mundo estaba ansioso, mientras notaban cómo el sub-líder se acercaba con la antorcha—. La votación fue bastante cerrada, a modo que no queda mucho más que anunciar a la pareja de honor de este año y, pese a las chicas solteras del instituto, la pareja es: ¡Sasuke Uchiha y Sakura Haruno!
Evidente. Todo era obvio ante ojos de cualquiera: Sasuke era popular por el simple hecho de ser un icono sexual, excelente en los deportes y bueno en clase mientras que Sakura siempre destacaba como número uno de la clase y era bastante guapa a vez que siempre fue la mejor amiga y eterna enamorada del moreno.
El romance que muchas hubiesen querido vivir lo estaba viviendo Sakura Haruno tras duros años de esfuerzo, lo que la convertía en la mejor anfitriona junto al mejor rey que nadie hubiese soñado en su instituto superior.
Ellos tomaron juntos la antorcha y caminaron. Sakura no estaba del toda en la cuenta de que eran nada más y nada menos que ellos dos quienes soltaron la antorcha y retrocedieron, para observarse mientras el fuego tomaba gravedad y, entonces, él ofreció amablemente su mano a la dama frente a sí, misma a la que quería tanto y tanto.
—Si tuviera que preguntarte —su voz era suave, era calmada, mientras lograba observarla al momento en que bailaban alrededor del fuego—, la razón por la que me quieres, por la que estás conmigo… ¿cuál sería?
—Es porque te amo —ella había respondido sin reparos, observando profundamente a aquellos ojos oscuros, negros como la noche, infinitos—. Porque te amo y porque siempre he deseado con todo mi ser pertenecerte solo a ti —su expresión decía todo, mientras que casi ni notaban la presencia de gente bailando junto a ellos, un poco más alejados del fuego que ellos.
—Sakura —musitó, sin detenerse—. ¿No te he herido a ti también? ¿No he hecho nada mal? ¿No has… sentido que mis sentimientos son lejanos?
—Nunca —lo decía tan segura de sí misma—. Herirnos, hacer las cosas mal, tropezar... todo nos hará madurar después de todo, Sasuke —solo podía observarla—. Todo nos hará más fuertes y nos unirá más, mientras sigamos queriéndome.
—¿No es acaso esta relación un poco problemática?
—Empiezas a hablar como Shikamaru —bromeó la pelirrosa, antes de negar tranquila con la cabeza—. Es perfecta. ¿Es acaso que tú no te sientes igual?
—No me has herido, no has hecho nada mal, todo porque tú no podrías cometer un solo error de esto —Sakura reaccionó—. Pero, Sakura… yo no puedo decir que te quiero ni que estoy contigo por ello, tampoco puedo decir desde cuándo mis sentimientos están así.
—Sasuke —murmuró ella, deteniéndose, confundida.
—No puedo decir que te quiero porque me he enamorado, estoy contigo por la misma razón que tú estás conmigo y no puedo decir desde cuándo mis sentimientos están junto a ti si ni siquiera sé cuándo comencé a desearte así —acortó su distancia—. Te conozco más y más a cada día, te aferro más y te necesito más.
—Mi amor —susurró, sintiendo las manos masculinas del moreno tomarla del rostro y entonces acercarla—, Sasuke…
—Nunca te dejaré —musitó él—, nunca te abandonaré, no te soltaré —un beso. Con un simple beso sellaba su problema—. Nunca, nunca, Sakura… esto no va a terminar nunca, Sakura.
