XXX 38º 19 de octubre

Aquella tarde en casa de los Montero todo era alegría, Mario sonreía viendo a los niños contándole cosas a Sayid, Sandra y Lucas preguntando por cuánto tiempo se quedaría y qué tal lo había pasado. Ante las preguntas de los mayores, Sayid se limitaba a sonreír o responder unos Si o bien, pues no quería que los más pequeños supieran nada de donde había estado. Al fin en casa pensaba Sayid.

Las horas pasaban y ninguno se daba cuenta, los pequeños impidieron que el silencio reinara más de un segundo, enseguida sacaban alguna broma o alguna historia, así Sayid supo que Rosa, la vecina tenía un niño que no hacía más que fastidiar a Carlitos y las dos niñas, que además, estaba todo el día mirando que hacían los demás, que la mujer que había conocido en la entrada de la casa era Jimena, la madre de las dos niñas, que Blanca, Carlitos y Lucía iban a la misma clase, que pasaban todas las tardes jugando juntos y que solían jugar con Eva, la tata de las niñas.

Llegó la noche y ellos seguían en la cocina hablando, casi siete meses daban para mucho que contar, aunque Sayid prácticamente no dijo nada sobre donde había estado. Sobre las nueve y media sonó el timbre:

- ¡Oh, no! – exclamó Sayid – va a ser la loca de la vecina otra vez – provocó las risas de todos. Al abrir la puerta, era Eva la que estaba en el umbral.

- Supongo que un poco loca, pero tampoco es para tanto – Sayid se quedó mudo, había metido la pata.

- Eva este es Sayid, creo que ya te había hablado de él – presentó Mario – Y Sayid, esta es…

- Tata – gritó Lucía corriendo hacia ella.

- Eva – susurró la mujer al estrechar la mano de Sayid con Lucía colgada al cuello.

- Encantado – Lucía salió corriendo de nuevo hacia donde estaban jugando.

- Venía a buscar a las peques – anunció Eva.

- Claro, si mira qué hora es – dijo Mario observando el reloj por primera vez desde que llegara Sayid – Se me ha ido el santo al cielo, lo siento.

- No te preocupes, ya dijimos nosotras, que estarían pasándolo en grande – añadió Eva sonriendo.

- ¿Nosotras? – preguntó extrañado Mario.

- Si, si, toda una novedad – contestó Eva divertida – A lo mejor y todo, ya pasó el temporal – Sayid los miraba sin saber que pasaba.

- ¿Se puede saber de que habláis? – protestó Sayid.

- Después te cuento – sentenció Mario – Blanca, Lucía vamos que vino Eva a buscaros.

- Jope, Mario, nosotros queremos jugar, que hoy casi no hemos jugado – protestó Blanca.

- ¡Pero bueno! – Mario puso los brazos en jarra – Pues mañana volvéis, que hoy es tardísimo y mañana hay cole. Vamos – Mario se agachó y Blanca le dio un beso – Así me gusta – Lucía pasó por su lado y repitió el gesto de su hermana – Hasta mañana.

- Hasta mañana – se despidieron las tres.

Las niñas entraron en la casa buscando a su madre, para contarle todo lo que había hecho esa tarde, que fue básicamente repetir las historias que le habían dicho a Sayid:

- Parece que les cayó muy bien – dijo Jimena.

- Si pero es raro - comentó Blanca.

- ¿Raro? – preguntó Eva - ¿Y eso?

- Es que no sé, es raro – Blanca se quedó mirando al techo pensando la respuesta – Parece de chocolate – Eva y Jimena rompieron a reír – Como mamá cuando se pone al sol.