La mujer de hielo.
Grité cuándo las manos de Jacob me levantaron por las piernas y de repente me vi abrazada a sus hombros tan anchos como dos armarios roperos –de hecho me costaba agarrarme porque tenía que estirar todo lo que podía los brazos-, y le miré a los ojos, él estaba feliz, su mirada me lo decía.
Sus ojos eran dos claros de agua cristalina, siempre que le mirabas, sabías qué pensaba. Para mí era un libro abierto.
Solté una carcajada al notar unas cosquillas incómodas en la parte de debajo de mis muslos, que era justo en dónde Jake tenía puestas sus manos, sosteniéndome. Y no sabía si reír o avergonzarme, porque teníamos enfrente a Seth y Leah y atrás al cura.
En el momento en que mis pies tocaron la cálida arena de la playa de La Push, me descalcé, dejando que pequeños granitos de arena se colaran entre mis dedos. La hora que era ya, ya no hacía calor, por lo que no dudé en correr en un momento dado cómo una niña pequeña que quiere jugar.
Enseguida la manada me siguió, con el Alfa al frente, mi marido.
Dejé de correr con rapidez innata, dejando que ellos me alcanzasen. Me había abochornado de repente, justo cuando pensé en Jacob cómo "mi marido". Que era en lo que se acababa de convertir. No legalmente, pero sí en mi corazón.
Casi pensé que los desarrollados músculos de mis piernas se convirtieron en gelatina, ¿era éste el momento apropiado para darme cuenta de lo que había hecho?.
Diablos.
¿Por qué me sucedía esto?.
Mis pies pararon, volviendo a notar un hormigueo entre los dedos debido a la arena que se había metido entre ellos, y supe que el corazón había pasado de mi pecho, a la garganta, para luego descender a gran velocidad incluso pasando de mi pecho que es dónde debería estar, hasta quedar en mis talones.
Volví a mirar a Jacob, y me enamoré del movimiento de su melena al viento, que hacía pequeñas ondas perfectas en torno a su rostro, parecidas a las olas del mar.
Irremediablemente miré a mi izquierda, y vi el mar. Tan azul como estaba pintado el cielo.
Y no lo pensé, simplemente aceleré de nuevo dejándoles atrás y… salté.
Salté por el desfiladero con los ojos cerrados.
El estómago subió hasta mi cabeza, ocupando todo el espacio de mi cerebro y aprisionándolo. Y cuando creí que éste me iba a explotar, el estómago me bajó de nuevo hasta su sitio. A la vez noté una helada y poco apremiante sensación.
Un abrazo.
El agua fría del mar, me estaba abrazando.
Abrí los ojos, y éstos me escocieron los dos primeros segundos, después se me acostumbraron –más rápidamente que a un humano-. Y buceé hasta la superficie.
Estaba asustada, pero aún así nada más emerger, solté unas risotadas que parecieron las de un centenar de payasos ebrios debido al eco que se producía entre las rocas.
Sonreí a los lobos desde abajo, y aprecié que el rostro de Jacob estaba desencajado, y me dio la sensación de que le costó reaccionar. Pero pronto lo tuve a mi lado tras haber saltado él también, junto a Leah. No obstante, Seth se quedó rezagado en el desfiladero, mirándonos con sus redondos ojos oscuros y sonriéndonos algo sonrojado.
-¡Vamos Seth!. –le insté.
Pero el pequeño de los lobitos negó con su peluda cabecita, y se echó hacia atrás hasta que ya no pudimos verle.
Solté otra carcajada, y miré a Leah quién estaba escalando una de las rocas con una agilidad muy atrayente, pretendía saltar nuevamente pero desde una altura "más adecuada" y menos peligrosa. Entonces yo sonreí complaciente, y nadé hasta ella con la intención de volver a sentir la misma sensación alocada de antes.
-¡Maldita sea, Leah, ni se te ocurra!. –nos sorprendió la potente voz de Jacob.
Mi cuerpo se encogió solo por el sonido tan estridente de su voz. Pero al contrario de lo que esperaba, Leah rodó los ojos y saltó.
No me moví desde mi posición hasta que vi su cabeza salir del agua, y nuevamente las ganas me arroparon. Y seguí escalando. Escuché un duro sonido de algo bajo mis pies, pero no pude mirar abajo porque no me atrevía a dejar de observar el recorrido de mis manos. A fin de cuentas éstas eran las que sujetaban casi todo el peso de mi cuerpo, y tenía miedo de caer.
Sin embargo, no llegué al sitio desde dónde Leah saltó, porque una mano del tamaño de un pie medio, tiró de mis brazos cogiéndome:
-No saltarás otra vez. –me susurró la voz seca y algo tiritante de Jake en el oído, rozándome con sus carnosos labios el lóbulo de la oreja.
Juré sentir un escalofrío que en vez de dejarme más fría, me calentó. Y me dejé llevar hasta que me vi en la orilla de la playa, sintiendo el leve vaivén de las pequeñas olas que nos llegaban por los talones junto con el tacto tirante de la arena mojada.
-¡Estáis completamente locas!. –nos gritó Jake a las dos justo en el momento en que Seth vino corriendo hasta nosotros.
Agradecí que Leah en ese momento saltara con su carácter tan temperamental:
-Cállate, te has vuelto un aburrido Jacob. Das asco.
Vi que Jacob hizo una mueca y se irguió todo lo que pudo, dejándonos a los tres (Seth, Leah y a mí) del tamaño de un guisante:
-Eso es un cumplido viniendo de ti, doña sabelotodo.
Sonreí, nunca había oído a Jacob referirse a Leah de ese modo; seguramente acostumbraba a hacerlo, pero sólo cuándo estaban transformados.
Sentí un leve aguijonazo de celos, pero enseguida me fijé en otra cosa: los músculos de Jacob que se notaban bajo toda su blusa blanca.
Enrojecí, y dejé de abrazarme a mí misma tiritando.
Diablos, Jacob era demasiado atractivo para mí.
Pequeñas y casi imperceptibles gotitas de agua salda se iban deslizando desde sus sienes hasta su cuello, para morir dentro de la blusa. Saboreé sin querer el sabroso sabor de la piel canela del Alfa de aquella manada. Y pude notar la fuerza de sus brazos al cogerme y tocarme.
El corazón se me fue acelerando, y me avergoncé al presentir que todos habrían escuchado mi corazón saltar de repente sin sentido.
Me crucé de brazos por miedo a que se me trasparentaran los pechos, aunque en mi caso no sería así, sino que más bien se me estaría transparentando el sujetador que también era blanco. No de color carne cómo pensé en ponerme.
Entonces me vi claramente sorprendida, porque el fuego me calentó los hombros que estaban helados, tirando un poco de ellos y reconfortando mis costillas con un pecho duro, fibrado y muy cálido. Avancé con la mirada desde esa mano tan grande hasta ese rostro tan conocido para mí, y un sentimiento de gratitud mucho más grande que cualquiera de los que le hubiese procesado anteriormente a Jacob, me llenó el pecho de felicidad. Y apoyé la cabeza en su pecho, notando el ritmo de su respiración y sintiéndome muy protegida.
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Nos despedimos de los hermanos Clearwater antes de llegar a la casa de Jake, yo me adelanté, dejando que volviese a transformarse en humano debido a que los tres se habían transformado para correr y así secarse. Y esperé unos segundos a que mi atractivo esposo apareciera nuevamente, con su larga melena enredada y su torso tan musculado y tonificado al aire libre.
Jacob poseía una belleza animal y salvaje que ciertamente, enturbiaría hasta los pensamientos de la monja más mojigata del mundo.
Me apoyé en la barandilla del porche, y en menos de un parpadeo tuve a Jake abrazándome de la cintura por detrás y besándome el pelo con cariño. El corazón de nuevo me saltó nervioso, e hinqué las uñas en la madera de la barandilla, pero Jake pronto me volteó y sus labios aprisionaron los míos con una necesidad incauta.
Pero que me gustó.
De hecho profundicé el beso, sintiéndome poderosa al tener así a un hombre tan fuerte y especial como lo era Jacob Black.
-Te amo. –le dijo mi corazón.
Abrí los ojos, y aún notando el leve roce de sus labios contra los míos, él sonrió, y sus ojos le brillaron:
-Yo te amo más.
Sonreí, y dejé que volviese a besarme.
Cuando nuestro beso murió, las manos los dedos se agarraron a los del otro, formando un lazo difícil de romper. Y los dos nos metimos en casa cogidos de la mano.
Una vez dentro dejé que él me guiase hasta el salón, y allí tuvo la intención de volver a besarme, pero esa vez yo le rehuí como pude:
-Jacob –lo llamé para que no se enojase -, ¿Qué es eso?. –pero antes de que pudiera pedirle que solamente me abrazase, la guía abierta de par en par y el teléfono mal colgado, llamaron mi atención.
Noté que el color de las mejillas de mi esposo, se intensificó:
-Es solo que –su mirada dejó de mirar nuestras manos para centrarse en mis ojos - , pensé que te gustaría… bueno ya sabes, ir de luna de miel y esas chorradas.
Tuve que obligarme a respirar nuevamente porque se me olvidó. Y tiré de mi mano separándola de la suya, entonces me crucé de brazos sin saber exactamente qué hacer en ese momento:
-Jake no tienes porque hacer esto, yo ya tenía previsto no ir de luna de miel. No es necesario que te partas la cabeza pensando en dónde ir.
Y el rojo intenso que plasmaba un bonito color canela en el rostro atractivo de Jake, desapareció:
-No me lo tomo como una obligación.
Y las manos me sudaron.
Cómo explicar a tu reciente marido que NO quieres ir de luna de miel porque NO quieres viajar por miedo a recordar a OTRO:
-Jacob yo no tengo ahorrado tanto dinero como para…
-Tranquila, yo sí.
El sudor de mis manos se extendió igual que una plaga por todo mi cuerpo:
-No quiero que lo malgastes así.
En ese momento pude jurar escuchar el sonido de su corazón resquebrajarse, junto con el mío. El miedo que yo sentía había podido esa vez con mi amor hacia él.
Y sinceramente, apestaba.
Yo apestaba.
Deseosa de complacerle de alguna forma, quise acercarme y besarle, con la clara intención de que acabásemos haciendo el amor ahí mismo, en el suelo del salón. No obstante, Jacob por primera vez en toda mi vida me rehuyó la necesidad de tener sexo con él.
Y si tenía alma, acababa de bajarme a los pies.
En esos momentos me pregunté si todo había pasado de verdad y no era una ilusión el estar ya casada con Jacob y haberle destrozado la misma noche de nuestra boda.
No pude moverme.
No respiré.
Ni siquiera pestañeé cuando se fue.
Porque él terminó yéndose, dejándome en la más absoluta de las soledades y llena de sentimientos nefastos que sólo me producían más dolor. Abriendo un cráter enorme en mi corazón.
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Me desperté en medio de la noche, perlada en sudor y asustada.
No había tenido ninguna pesadilla, pero parecía tal cosa. Me levanté del sofá y me acerqué a la cocina a coger un vaso de agua.
Sin embargo mis pies se congelaron en el suelo, literalmente.
El calor desapareció para ser todo de hielo.
Abrí la boca dispuesta a llamar a Jacob, y un ligero humo blanco salió desde mi garganta, proyectando sombras irreales en el aire.
Me giré cómo pude, notando escozor en las plantas de los pies, por el cambio tan brusco de temperatura. Y fue entonces cuando la vi.
Parecía más hermosa que la otra vez y su imagen era más nítida, la mujer de hielo me miraba con una actitud arrogante y poderosa a la vez.
Sentí el pánico emerger desde mis entrañas, y no tuve apenas tiempo de seguir observándola porque estalactitas de hielo quisieron impactar en mi cabeza.
Solté un grito arañándome las cuerdas vocales, y aproveché que mi cuerpo estaba ya medio dormido y no había notado el golpe que me había dado al caer esquivando las estalactitas, para ayudarme con el sofá a erguirme nuevamente.
Pero nunca debí hacer eso.
Nada más agarrarme al cojín del sofá, éste se convirtió en una mano transparente que tiró de mi, encarcelándome a él y dejándome pegada y llena de escarcha blanca.
Diablos.
Mi mano se había quedado pegada a la tela congelada del cojín.
Grité enrabietada al no poder deshacerme de aquél agarre tan irreal, y me di cuenta en ese momento de que la mujer de hielo había rodado por las paredes hasta quedar nuevamente enfrente de mí, mirándome con sus grandes ojos blancos perlados de largas pestañas y con una desagradable sonrisa en su hermosa boca:
-¡Qué quieres de mí!. –le grité enfurecida y notando el corazón agitado dentro del pecho.
Estaba bastante asustada.
Sin embargo la respuesta no llegó, y la rabia se convirtió en un llanto desconsolado que me escoció en la garganta:
-Por qué me haces esto…
-Debo ahorrar el dolor a los demás que tú produces.
Dejé de llorar, para volver a mirarla sorprendida:
-Vas a… ¿matarme?.
No se me pasó por la cabeza otra pregunta. Mi propia supervivencia clamó energías que mi cuerpo no tenía para resistir la baja temperatura que hacía en el salón, y por la que apenas ya notaba el cuerpo:
-Tengo que hacerlo.
Me abandoné desdichada. Sabía que tenía razón, solamente creaba dolor a mi alrededor, no era capaz de hacer que los demás sonrieran de verdad.
No era capaz.
Dejé caer la cabeza hacia delante, y esperé.
Quería que todo acabara ya. En el fondo de mi corazón siempre había sabido que mi final sería trágico y rápido.
La idea ya rondaba en mi cabeza.
Así que no me sorprendí y quise dejarle hacer a ese monstruo de efímera belleza helada. Pero algo ocurrió que no esperaba, un cuerpo muy pesado golpeó al mío despegándome la mano del cojín y mandándome unos metros hasta impactar en la pared.
Solté un gemido de dolor, y me llevé la mano que no estaba congelada a la cabeza: estaba sangrando. Cerré los ojos y me llevé las pequeñas gotitas de sangre caliente que mis dedos habían capturado, a los labios.
Y la cabeza dejó de funcionarme en el instante en que oí mi nombre a través de la voz que más quería escuchar en ese momento y a la vez que menos deseaba que me viese así…
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¿Había muerto?.
Y si era así ¿Por qué no estaba en el limbo?, nada de lo que se me pasaba por la vista parecía el infierno, no había demonios con largos cuernos de cabra ni largos ríos de lava bajo nuestros pies, sino que todo estaba en blanco.
Estaba sola.
Y ese color tan puro comenzaba a dañarme la vista.
Quizás estuviese flotando en el limbo. A fin de cuentas era el limbo el intermedio entre el cielo y el infierno. De todas formas, no acababa de creerme no estar ardiendo en llamas en aquél entonces.
Giré y giré, dando infinitas vueltas y acabando mareada y sentada en el suelo. Y fue en ese instante, cuando tenía la cabeza entre las rodillas y me tocaba el pelo con las manos, cuando escuché la voz de él llamarme otra vez.
El corazón me subió hasta la garganta, y mi cuerpo tembló.
Su mano debió de tocarme el pelo, porque sentí un tacto distinto al de mis manos encima de mi cabeza. Solté un gemido. Subí la cabeza, y ahí estaba, igual de pálido que la última vez que lo vi y con el pelo más largo de lo habitual en él.
Aún así, su aspecto no era desaliñado. Inspiraba… fuerza.
Deshice el abrazo a mis rodillas, y me levanté. Quedando cara a cara después de tanto tiempo.
Tomé aire, y levanté una de las manos pretendiendo tocarle. Pero no pude hacerlo, porque él esquivó mi mano y se posó a mi lado, muy cerca de mí. Rozando con sus labios mí oreja:
-No eres real. –le dije a la nada.
Noté que sonrió al sentir sus dientes en la piel del lóbulo de mi oreja, y noté un escalofrío.
Sus manos subieron desde su cadera hasta mi cara, y me la ladeó, me miró unos instantes que para mí fueron eternos y después me besó haciéndome perder la razón.
Su lengua penetró en las cavernas de mi boca, y me rozó la campanilla un par de veces. Me tuve que agarrar a él para no perder el equilibrio.
Y terminó el apasionado beso.
Dejándome consternada y sin sus manos en mi cara. Me sentí… huérfana al momento, mi piel todavía reclamaba el tacto de la suya, cuándo me habló por primera vez:
-Vendrás a mí…
Sin poder evitarlo, vi reflejado en los ojos caramelo de Matthew la sombra de Cayo. Y me encogí:
-Matt…
-Y yo te estaré esperando.
Parpadeé y él se fue, desapareció al igual que cómo había aparecido.
Pero no me dio tiempo a sentir su pérdida, porque un flashazo me hizo perder la razón y acabé viéndolo todo negro. Al igual que si se tratase de un velo oscuro que se hubiera caído encima de mis ojos.
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Desperté igual de sobresaltada que antes en el sofá de Jacob, pero ya no estaba en ese sofá, si no en una cama: mí cama.
Qué diantres…
¿Por qué estaba en mi cama de la casa de mis padres?.
-¡Estás despierta!.
Miré a mi madre, y ésta se levantó de tal modo, que destrozó la butaca en la que estaba. Dejé que me abrazase y yo me agarré a su ropa, notándome igual de asustada que en el limbo:
-Mamá, ¿Qué me ha pasado?. –le pregunté una vez me tranquilizó las ganas de llorar que tenía.
Ella me acarició el pelo, y me sonrió con ternura:
-La verdad es que eso también me gustaría saberlo a mí.
Pero la figura imponente de Jacob junto a la brillante de mi padre, no me dejaron seguir preguntando a mi madre sobre qué había pasado. Porque enseguida me vi entre los brazos de ambos.
Y lo peor vino cuándo me ubiqué en el pecho de mi padre, porque siempre que me veía entre sus brazos, no podía evitar llorar.
Era un sentimiento que siempre me salía de lo más interno de mi alma. Y era imposible parar ese llanto cuándo empezaba.
Él solamente me acunó entre sus cómodos y fríos brazos, y yo me limpié las lágrimas que se me iban metiendo por las comisuras de mis labios, llenándome de un sabor amargo la boca y dificultándome la respiración.
Todavía así, levanté la mirada del jersey a cuadros de mi padre hasta el semblante duro y preocupado de mi marido: él también me estaba observando.
Una parte de mí quiso sonreírle, pero otra solamente deseó morir enterrada entre los brazos de mi padre en ese momento.
Dudé, ¿Jacob le habría dicho a mis padres que me había casado con él?.
Porque, me sentía como si hubiese abandonado del todo a la Renesmee pequeña y adorable que tanto me gustaba ser con mis padres, la que jamás se metía en líos pero tenía mucho carácter. Era como si hubiese crecido de golpe.
Y eso no me gustaba.
No quería admitir todavía que tenía más edad de la que figuraba en mi DNI y gritar a los cuatro vientos que amaba a Jacob, no delante de mis padres.
Me daba miedo. No sabía si al haberme unido de esa forma mis padres me rehuirían, porque no podría soportarlo. Mi casa se hallaba junto a ellos, pero mi corazón al lado de Jake.
Así que por eso simplemente me abracé a él unos segundos. Para acabar todo el día entre los brazos de mi padre sin poder parar de llorar.
-Jacob. –le llamé incómoda.
Él se volteó con una lentitud pasmosa, y yo encontré bastante confortable el marco de la puerta de su casa, la que de hecho YA era mi casa también:
-Ah, estás aquí.
El corazón dejó de latirme al escuchar su tono de voz y mirarle a los ojos, esos ojos que resplandecían al igual que su alma.
¿Desde cuándo Jacob Black era tan desapasionado?:
-No me hagas esto Jacob. –le supliqué comenzando a caminar hasta él, dejando mi fortaleza junto al marco de la puerta – Sabías cómo soy antes de querer casarte conmigo, simplemente no puedes comportarte de esa forma como si fuera lo más normal del mundo.
Buen discurso, sí señor. Y pensar que no lo había ensayado…
Él dejó salir un suspiro de su boca y yo dejé de andar con el corazón en la mano, nerviosa:
-Es sólo… -negó con la cabeza sin mirarme realmente y revolviéndose la melena – te he fallado. Y no puedo perdonármelo. –masculló finalmente con la mandíbula firmemente cerrada.
De hecho me costó entender qué había dicho. Y cuando lo hice apenas pude creerlo:
-¡Por todos los diablos!, Jacob tú nunca me has fallado. SIEMPRE he sido yo la que lo ha hecho.
Al final lo alcancé, y él por fin me miró verdaderamente a los ojos. Entonces quise llorar como el día anterior entre los brazos de mi padre:
-… te herí.
Hubo un momento en que reconocí que podía pasar por la más estúpida del planeta al no saber a qué se refería, pero al instante siguiente recordé la brecha en mi nuca.
Sonreí con calidez. O al menos así quise expresarle que no estaba enojada con él:
-Me salvaste la vida, Jacob.
Él hizo una mueca angustiado, y puso una distancia enorme entre nosotros que pronunció aún más el cráter en mi corazón:
-No es solo eso, no llegué a entender por qué no querías ir de luna de miel; fui un completo estúpido. Quise obligarte… pero te dejé sola y… -no quiso continuar más.
-Y gracias a eso estamos teniendo este momento. –Le dije volviéndome a acercar – Mira –cogí una de sus grandes manos y la posé encima de uno de mis pechos, justo en el corazón - , es tuyo, sigue vivo por ti. Tú eres quién lo merece Jacob. El único.
Él se tomó su tiempo, posiblemente para calmar su pena por mí, y cuando lo hizo, dejó caer esa mano hasta mi estómago, acariciándome el pecho y las costillas en su recorrido para acabar cogiendo mi cadera y pegándome a la suya con una pasión inusitada que no preví en ningún momento:
-Quise morir cuando vi que te había herido al empujarte. Pero llegué a tiempo antes de que la lámpara se te cayera encima de la cabeza…
Todas las ganas de besarle se esfumaron.
¿Lámpara?. Entonces…
-No era una lámpara, eran estalactitas. Todo estaba helado y… -mis ojos divagaron por la casa recorriendo el mismo recorrido que la mujer helada a la vez que se me encogía el corazón por miedo – ella, ¡ella quería matarme!.
Finalmente nos separamos de nuevo, esa vez por mi culpa. Pero en los ojos de Jake ya no había pena, sino sorpresa:
-¿De qué estás hablando?.
Pero su tono de voz consiguió que olvidase por un instante a la mujer, y pensara en la posibilidad de que me estaba volviendo loca. Porque no era la primera vez que la veía.
Qué significaba todo aquello, y ¿Por qué me pasaba justo cuando estaba tan feliz con Jacob?.
Un aliento consternador llegó desde el rincón más oscuro de mi cerebro: Cayo debería saber qué me estaba sucediendo.
Los volturi sabrían a qué tendría que atenerme.
Reviews.
"¡Y ya volví!, bueno admito que este cap sí que me ha gustado escribirlo, sobre todo la parte del limbo :p. ¡Gracias por leerme!".
familiacullen: Si no me dejas reviews no puedo saber qué te parece y eso al final repercute en la historia lo quieras o no, espero entonces tus reviews :) ¡Besos, adiós!.
Mica Lautner: Bueno, teniendo en cuenta que yo odio escribir sobre romanticismo empalagoso, que soy mala escritora y que encima el fanfic se acaba ya XD comprenderás que este cap haya sido así, ¿no? Jaja. ¡Besos, adiós!.
Little Glory4everPink: ¿De lado en qué sentido? Eso no lo entendí, y claro Meyers lo que va a hacer es enamorar a Jacob y Leah porque ella ya dijo que una cosa es la imprimación y otra es el enamoramiento. Aunque yo obvié ese hecho en el fanfic, sino no hubiese tenido gracia. ¡Besos, adiós!.
Gabrielle1789: Amiga del alma, has sido la única que ha notado que Ren no estaba siendo clara en ningún momento, evidentemente lo hice aposta en todas y cada una de las líneas que iba escribiendo ;). Además, yo siempre he sido team Leah no team Nessie XD quédate con eso, aunque no sé cómo va a acabar el fanfic aún. Aunque quizás tú te haces ya una ligera idea de ello :) ¡Besos mi dulce gaitera!.
Emily Dana: Matthew es demasiado complicado para hacerlo todo de repente, si lo hiciese así al final nadie comprendería por qué hace lo que hace. De todas formas me gusta mucho que el personaje haya tomado tanto peso en cada cap, es realmente admirable vuestra atención en él. ¡Besos, adiós!.
dark priinCess: Jeje, eso es que eres demasiado romántica para mi gusto. ¡Besos, adiós!.
Kaaren-Blaack: ¿No dicen que el sexo es lo más saludable que hay? ¡Pues toma ración triple! XD. Quizás yo me haya volcado mucho con Cayo, no sé, pero me disgustó que de los volturi sólo se conozca a Aro, los otros dos también son importantes. ¡Besos, adiós!.
NeneesmeCullen: Jacob es el típico hombre que lo ves, y no puedes dejar de pensar en una cosa XD. Y de hecho pensé en hacerla huír, pero me dió pena Jacob XD a veces parece que no me gusta Jake pero en verdad lo adoro es un personaje muy rico pero que yo en ocasiones, no sé utilizarlo cómo debiera :( ¡Besos, adiós!.
Psique46: Jejeje te veo acechante, y aunque no te di un boomb muy gordo, te di algo de bombo en este cap, ¿no?. A fin de cuentas tampoco he sido muy dura, ¿o sí?. ¡Besos, adiós!.
ninnia depp: No pasa nada, cuando uno está ocupado es lo que pasa... XD y no soy pervertida simplemente expreso el amor y la atracción que sienten dos personas enamoradas y en la flor de la vida. Aunque hay veces que sí, aburro con estas cosas XD. ¡Besos, adiós!.
