Capítulo XXXVII: "La promesa de Hermione"
Como las cosas entre Hermione y Severus mejoraron, ya no hubo ocasión para que Harry se preocupara por su amiga. Más bien, todas las cosas comenzaron a tomar su curso. Harry seguía teniendo esos tediosos períodos de detención con Snape, tenía que lidiar con el poco tiempo que él y Ginny tenían entre los estudios y los exámenes finales y estar alerta ante cualquier reunión a la que Dumbledore pudiera llamarlo. Ron también se encontraba lidiando con el poco tiempo de estudio, pero a diferencia de años anteriores, esta vez se encontraba más organizado y motivado. Eso se debía al cambio que había hecho respecto a sus responsabilidades, y también porque Luna le había propuesto que estudiaran juntos para aprovechar su tiempo en compañía. Luna no era una asidua de la biblioteca como Hermione, pero las veces que la frecuentaba, le sacaba el máximo de provecho. De esta forma, Ron se preparó para los exámenes como nunca lo había hecho antes, por lo que se encontraba confiado de que le irían un poco mejor de lo usual.
Hermione compatibilizaba su tiempo de estudios, trabajos y deberes con algunas ocasiones en que debía ayudar a sus amigos, ya fuera a Ginny y Luna para guiarlas en la preparación de sus TIMOs, o a Harry y a Ron en los exámenes finales. Se había hecho frecuente que Hermione asistiera al despacho de Severus los viernes por la tarde, y solo en aquella ocasión, pues el resto de la semana no tenía espacio para poder hacerlo, y Severus no tuvo problema en aceptarlo. Incluso él trataba de ayudarla en lo que podía y en lo que ella le pidiera, pero era obvio que Hermione prefería aprender las cosas por sí sola, sin aprovecharse de la gran cantidad de conocimiento que poseía su "novio" y que en cierto modo la colocaba en enorme ventaja respecto a los demás alumnos.
No se dio cuenta cómo pasaba el mes de junio. El año escolar amenazaba con terminar sin que nadie pudiera haberlo previsto, pero aún quedaban muchas cosas por hacer. Harry podría ser llamado en cualquier minuto por Dumbledore para hablar de los horrocruxes, probablemente para ir en busca de alguno de ellos. Eso había depositado una enorme incertidumbre entre Ron, y Hermione, y también en Ginny y Luna que no tenían idea de lo que sucedía, pero igualmente respetaban la discreción de sus amigos.
Estaban en la Sala Común, cuando entró un alumno de cuarto año con un pergamino para Harry. Era de Dumbledore, y lo citaba a su oficina al momento que recibiera el mensaje. Ron y Hermione compartieron miradas, y luego lo hicieron con Harry. Éste abandonó la sala rápidamente, dejando a sus amigos inmersos en una duda total, mucho más a Ginny, quien muy poco entendía y tenía plena conciencia de eso.
-Bueno, aprovecharé de ir a la biblioteca—Anunció la colorina levantándose.
-Está bien—Respondió Hermione.
-¿Crees que haya encontrado un Horrocrux?
-Sería lo ideal. Si quería verlo de inmediato, seguro que era por eso.
-Siento que las cosas de a poco se han vuelto extrañas. A veces quiero creerle a Harry. Casi ni vemos a Draco… me dices que Snape está raro… ¿O ya no?
-Todavía. Está muy pensativo, callado, me siento extraña cuando me mira, como si sintiera culpa, pero no porque haya hecho algo malo…
-Bueno, mientras vuelve Harry, ¿me podrías ayudar con este tema de Pociones?
Hermione se reubicó en el escritorio en el que estaba haciendo sus deberes, y comenzó a explicarle a Ron las cosas que no entendía. Una vez que él entendió, ella retomó su ensayo de Encantamientos que ya llevaba avanzado hasta la mitad. Durante un buen rato, ambos amigos estuvieron en silencio, aparentemente concentrados en lo que estaban haciendo, pero en el fondo, el uno al otro sabía que no podía ser así. Cada vez que Harry era llamado a reunirse con Dumbledore pasaba a ser una preocupación que, ya con todas las cosas que sabían, resultaban ser más importantes que cualquier otra cosa. Siempre había algo nuevo que podría ayudar a destruir a Voldemort. Ambos estaban en su tarea de continuar sus deberes con algo de concentración, cuando del retrato de la Dama Gorda entró alguien corriendo. Ambos, alarmados, se voltearon y lograron ver que Harry iba escaleras arriba. Ella y Ron se miraron un momento, dudando si debían seguirle o no. Pero no necesitaron mayor respuesta, pues a los pocos momentos después sintieron que él volvía a la Sala Común.
-¡Harry! ¿Qué ocurre?—Preguntó Hermione.
-Escuchen, no tengo mucho tiempo Dumbledore cree que estoy buscando mi capa de Invisibilidad—Dijo atolondradamente, con algo de nerviosismo—Él cree saber dónde está el Horrocrux, así que me llevará con él. Esto no tiene que saberlo nadie, por lo que ustedes deben fingir que yo estoy por ahí. Ginny y Luna solo pueden saber que yo salí con Dumbledore, ¿de acuerdo?
Ambos asintieron.
-Por lo tanto, tienen que estar preparados.
Hermione frunció el ceño y miró a Ron.
-¿A qué te refieres, amigo?—Dijo él.
-¿Es que no lo entienden? Dumbledore no va a estar aquí esta noche, de seguro Snape lo va sabe y le dará la posibilidad a Malfoy de que haga lo que ha estado tramando todo este tiempo—Ambos amigos iban a protestar, pero el chico no permitió que le interrumpieran— ¡Escúchenme! Hermione, tienes que observar todos los movimientos de Malfoy—El muchacho colocó el Mapa del Merodeador en sus manos—Y también tienes que vigilar a Snape, de seguro va a tratar de proveerlo de la mayor ayuda posible, aunque Dumbledore deje protección extra con esta salida.
Hermione recibió el Mapa, agachó la cabeza para poder observarlo, pero simplemente era para no mirar a Harry a los ojos. Se sentía avergonzada.
-Los… ¿los galeones de contacto todavía funcionan? Cuando empiecen a suceder cosas extrañas, lo que sea, recluta a la gente del Ejército para que ayuden a hacer un poco de resistencia antes que regresemos con Dumbledore.
-Harry—Hermione pudo decir aun con un gran nudo en la garganta. Tenía ganas de llorar.
-No tengo tiempo de discutir—Dijo él. Luego se dirigió Ron—Toma también esto
-¿Y yo para qué quiero calcetines? ¿Para el frío?
-Necesitas lo que está envuelto en ellos, es Felix Felicis. Compártanlo entre ustedes, Ginny y Luna.
-No—Negó la castaña—Tú la vas a necesitar más que nosotros.
-No, voy a estar con Dumbledore. Estaré bien.
Harry dejó a Hermione con las palabras en la boca. Desapareció rápidamente de la Sala Común con la capa de invisibilidad en la mano.
-Ron…
-Hermione… debemos creerle.
-¿Por qué?
-Solo por esta noche… Dumbledore va a estar fuera, es verdad que puede ocurrir algo, aunque haya aurores, aunque haya protección extra. Tú misma reconociste que a veces dudabas de Malfoy…. De Snape.
-Puede ser… mira, hagamos una cosa. Yo iré por Ginny…—Hermione revisó el Mapa del Merodeador—Luna también está en la biblioteca. Vamos.
Ambos salieron presurosos hacia la Biblioteca. Bajaron las escaleras corriendo y con mucho nerviosismo. Hermione fue en busca de Ginny y Ron de Luna, aunque ambas no estaban muy lejos la una de la otra, tan solo a un pasillo de distancia.
-Ginny, necesito hablar contigo… por favor, debemos irnos.
-¿De qué hablas? ¿Qué sucede?—Murmuró levantándose— ¿Le ocurrió algo a Harry?—Su preocupación aumentó.
-No… Vamos a hablar afuera.
Ginny guardó sus pergaminos y plumas, junto con algunos libros, y fue rápidamente en dirección a la salida. Pocos momentos después lo hicieron Ron y Luna.
-¿Qué sucede?—Dijo Luna al ver la extraña actitud de sus amigos.
-Diles tú, Hermione.
La castaña se aseguró que nadie externo pudiera oírlos.
-Harry acaba de salir del colegio con Dumbledore… el motivo no se lo podemos decir… pero él cree que algo malo ocurrirá esta noche, ya que Dumbledore estará ausente. Se trata de algo que Malfoy ha estado planeando todo el año. Por eso, me dejó el Mapa del Merodeador para poder espiar a Malfoy… y también a Severus. Por supuesto, cree que va a ayudar a Malfoy en lo que sea que está planeando.
-¿Y tú qué crees, Hermione?—Inquirió Ginny.
-Que es muy probable que eso ocurra, en el caso que Harry esté en lo correcto. Últimamente ha estado muy extraño.
-Harry nos dejó su botellita de Felix Felicis, la cual debemos compartir… pero no creo que sea el momento, ¿O sí?
-No, creo que debemos beberla cuando las cosas estén verdaderamente malas. Por ello debemos mantenernos juntos—Aseguró Luna.
-Yo… yo iré a ver a Severus. Necesito verlo, hablarle.
-Hermione, no me opongo a que vayas, pero no creo que vaya a decirte lo que está sucediendo.
-Por ahora no está sucediendo nada, Ron. Iré a verlo para que me diga si es que algo va a pasar. Con él al menos me podré asegurar si en verdad ocurrirá algo.
-Está bien. Supongo que eso nos ayudará.
-Tengo el Mapa… pero de todas formas debemos tener un lugar para refugiarnos.
-Creo que lo mejor que podemos hacer es quedarnos en este piso. Por aquí hay salas abandonadas que podemos utilizar, y no está muy lejos de la Sala de los Menesteres.
-Buena idea, Luna—Sentenció Ginny.
-Muy bien, yo estaré en las mazmorras… los buscaré a lo que termine de hablar con Severus…
-Buena suerte—Dijeron sus tres amigos.
Sabía que debía mostrarse sumamente cauta frente a todos, que no debía levantar sospechas frente a sus temores, por lo que se dirigió al despacho de Severus a un paso más o menos rápido, pero que no dejaba dudas de que iba por motivos de una consulta que la Insufrible Sabelotodo sería capaz de hacer. En el corredor cercano a la Sala Común de Slytherin, no se encontró a nadie. Estaba absolutamente vacía, tranquila. Y era de esperarse, quizás Hermione y sus amigos eran los únicos que no estaban inmersos en sus deberes escolares… quizás Malfoy también.
Llegó al despacho y tocó la puerta. No tardó mucho en entrar.
-Severus—Dijo ella, mientras él estaba sentado en su escritorio pensativo, aparentemente, hacía varios minutos.
-Hermione… ¿qué haces aquí? ¿Ocurre algo?—Él se levantó.
-Por favor dime la verdad—Dijo ella en completa seriedad.
-¿Sobre qué?
-Sobre lo que has estado tramando todo este tiempo.
-¿De qué estás hablando? Explícate mejor.
-No, dime qué es lo que te sucede a ti. Hace días que estás extraño, incluso conmigo; me miras con culpa, como si algo fuera pasar; como si quisieras contarme, pero no puedes; como si algo doliera, pero no te atreves a soltarlo…
Él apartó la vista un momento.
-¿Me dirás qué es lo que te sucede?
-No puedo… no ahora…
-¿Por qué no? ¿Es que eran puras mentira cuando me decías que siempre ibas a confiar en mí, que me dirías todo?
-No puedo… es muy complicado, es peligroso, Hermione.
-¿Se refiere a lo que podría suceder hoy?
-¿Hoy? —Inquirió suspicaz.
-Lo sabes perfectamente.
- Hermione, explícate mejor.
-Dumbledore.
-¿Qué sucede con Dumbledore?
-¡Por favor, Severus! —Exclamó ella—No te hagas el desentendido. Sé que Dumbledore confía en ti como en nadie, y que por tanto debes estar informado de casi la mayoría de las cosas que tienen que ver con Harry.
-Evidentemente.
-Entonces sabes que Dumbledore estará fuera esta noche, ¿no es así?
-¿Cómo lo sabes?
-Dumbledore salió con Harry.
-¿Por qué salió con Potter?
-No finjas, Severus. Sé perfectamente que sabes absolutamente todo lo que Dumbledore está haciendo, dónde va, con quién va y por qué salió. Y también sabes que debes prepararte ante su ausencia.
-¿Qué sabes tú?
-Que Malfoy trama algo, pero nunca quise creerle a Harry. —Musitó casi para sí, con algo de culpa —Severus, por favor dime… ¿Harry ha estado en lo correcto todo este tiempo?
-No lo sé.
-Severus, te estoy pidiendo que me respondas eso, y nada más que eso. No quiero saber qué es lo que traman, porque sé perfectamente que no me lo dirás, pero al menos dime si es verdad o no...—Hermione lucía muy preocupada—por favor.
El hombre se llevó una mano a su cabello oscuro y se despejó el rostro, pensativo.
-Sí, Hermione, es verdad que Malfoy ha estado tramando algo con los Mortífagos. Y es probable que yo deba intervenir también.
La tensión de Hermione aumentó considerablemente.
-Dios mío, cómo pude ser tan tonta… nunca le creí a Harry… quizás si le hubiéramos creído con Ron se hubiera evitado todo eso.
-No, Hermione. Es inevitable. Cuando se trata del Señor Tenebroso, todo es inevitable.
-¿Por qué has estado tan raro conmigo? ¿Por esto?
-Hermione…—La tomó de la mano y la ubicó en uno de los sillones. Él se sentó a su lado, muy próximo a ella y con la expresión más seria que no le había dedicado nunca—ahora más que nunca necesito pedirte algo.
Si Hermione ya sentía miedo, no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba experimentado ahora. Pero no era horror, sino algo más relacionado con la desorientación.
-Confía en mí, te lo ruego—Insistió—, nunca dejes de confiar en mí, pase lo que pase. Lo que menos quiero es ponerte en peligro. Lo que hago, lo hago por protegerte—Agachó la cabeza un momento, y luego volvió a mirarla mucho más intensamente—Mi amor, tienes que comprender que todo lo que vaya a ocurrir es algo inevitable.
Hermione estaba con el rostro pálido y el cuerpo trémulo.
-Severus…
- Prométeme que confiarás en mí pase lo que pase.
-¿Por qué me pides esto?
-Promételo. Necesito saber que confiarás en mí y que entenderás que tengo que llevar a cabo cosas que son inevitables. Aun así, jamás olvides que mi lealtad está con Dumbledore y la Orden del Fénix, a pesar de que mis acciones pretendan decir lo contrario.
Hermione no pudo aguantarlo más y soltó un sollozo. Tenía miedo, estaba asustada, no entendía por qué Severus le pedía eso y tampoco lograba entender el estado en el que se encontraba él, sumido en desesperación y un poco de temor.
-Te lo prometo, amor, prometo que confiaré en ti, y en las cosas que tengas que hacer.
-Ahora no entiendes nada, pero no te imaginas cuánto voy a valorar tus palabras después de que todo pase.
Severus la abrazó tratando de acompasar sus sollozos, de tranquilizarla, para que no estuviera tan afectada cuando empezara a ejecutarse lo planeado por los Mortífagos y lo planeado con Dumbledore.
-Te amo, Hermione.
-Yo te amo a ti, Severus—Musitó ella entre gemidos.
Hubo un silencio extenso en los que permanecieron abrazados, sin soltarse ni moverse un solo centímetro más que para respirar, en el cual cada uno se encontraba invadido por sus propios temores, sus obligaciones y la duda de lo que pasaría con el correr de las horas.
-Tengo miedo, Severus.
-No puedes tener miedo, no debes tener miedo, Hermione. No ahora, necesitas tranquilizarte, sosegarte.
-¿Lo necesito?
-Mucho. Esta noche no va a ser para nada fácil.
Ella cerró sus ojos y comenzó a respirar profundamente.
-Nada va a ser fácil hasta que el señor Tenebroso sea derrotado, debes tener plena conciencia de eso. Por eso siempre tienes que mantener la calma y ser lo más fría posible. Sé que ahora estando juntos las cosas son mucho más difíciles, es una preocupación más, pero no hagas que eso te impida actuar.
-De acuerdo.
-Tú eres una de las personas más importantes en todo esto. Eres la amiga de Potter, en quien todos confían, el que quiere el Señor Tenebroso; así que tú debes estar para él como lo has hecho todos estos años. No debes abandonarlo. Es quien más te necesita.
Ella asintió.
-Prepárate bien, acuérdate de todas las clases que tuvimos este año. Piensa que hoy te tomarán el EXTASIS de sexto curso, necesitarás de tus máximas habilidades.
Severus no pudo resistir acariciarle la mejilla y luego tomar su barbilla. Contempló todas sus facciones para poder recordarla. Su nariz pequeña, sus ojos marrones, sus pestañas crespas, su boca juguetona. Sabía que sería la última vez que la vería en meses.
-Será mejor que me vaya a reunir con mis amigos—Se levantó—Hay que estar atenta a cualquier cosa.
Severus la siguió a la puerta. Con sus manos tomó su rostro y le besó la frente.
-Te amo, Hermione—Ella lo abrazó, y Severus le devolvió el abrazo pero con más efusividad de lo que Hermione habría esperado. Quizás podría ser el último… Se dirigió a sus labios y le dio un húmedo e intenso beso, atrapando sus labios, saboreándolos, sintiéndolos en su ser como la droga que mitigaba su agonía, como la energía que le permitía seguir viviendo—Cuídate mucho, por favor.
-Lo haré, mi amor. Cuídate tú también.
Severus le abrió la puerta y ella salió rápidamente. No tardó en sentir un nudo en la garganta, muy diferente al que había sentido anteriormente. Casi involuntariamente se volvió a Severus, quien la observaba alejarse.
-Te amo—Le dijo ella. Ahora se alejó del despacho corriendo, con una horrorosa sensación dentro de ella. Debía alejarse pronto de allí, porque la determinación de no moverse del lado de Severus no tardaría en llegar, y eso no debía pasar. Debía estar dispuesta a lo que fuera a pasar esa noche. Suplicaba que tuviera la suficiente fuerza para enfrentarlo, pues Severus ya le había confirmado que lo que se aproximaba, como muchas cosas que habían sucedido en Hogwarts desde que llegó, iban a ser peligrosas y requerirían de sus máximas capacidades..
