Cocina.
Seiya empezó a carcajearse sujetándose el estómago de lo fuerte que se reía, la chica solo lo observaba con seriedad, tanta como podía reunir completamente llena de granos, no debía culparlo, sino estuviera tan avergonzada también lo encontraría divertido.
Era una diosa de la civilización, de las artes manuales que carecía de talento para la cocina.
Seiya la había salvado de la olla asesina para luego simplemente ser presa de un ataque de risa, su intención fue buena, quería darle un regalo confiada en que la cocina sería algo fácil de sobrellevar pero quizás se paso de orgullosa, debió comenzar con algo más simple.
- ¿Estás bien? - La repentina caricia en su mejilla la hace reaccionar sintiendo por primera vez el dolor en su mano derecha, el quejido que escapo de sus labios alerto al muchacho - Vamos, debía estar caliente tienes que meterte al baño.
Los dos se removieron incómodos una vez quedaron frente al baño, Seiya la empujó suavemente hacia el interior mientras corría a buscar un poco de ropa, Saori lo observó con curiosidad cuando dejo la camisa roja manga larga con un par de jeans.
- Te quedarán grandes pero solo será mientras lavó tu ropa. - Comentó sonriendo.
Se sentía muy extraña cuando se miro en el espejo, su cabello húmedo caía en su espalda, su rostro libre de granosy su ropa, la camisa de Seiya le sentaba más grande de lo que esperaba demostrando la diferencia de tamaño que los separaba ahora, dobló la tela de los pantalones varias veces hasta que quedaron en sus tobillos, percatándose entonces de la quemadura en la palma de su mano, se la había limpiado en la regadera quitando con cuidado las ampollas. Su compañero no se dio cuenta de la lesión y prefería que se mantuviera así, suficiente vergüenza por un día.
Seiya cantaba en voz baja mientras limpiaba el desastre en el que se convirtió su cocina, lentejas pintaban todo el lugar incluyendo el techo mientras el arma de destrucción masiva permanecía inerte cerca de la puerta, era increíble que algo tan pequeño hubiera hecho semejante caos.
- Lo siento. - Saori se disculpó con las mejillas sonrojadas.
- No te preocupes. ¿Quieres contarme que paso?
- Quería sorprenderte. - Empezó ignorando la expresión divertida del chico - De una buena forma, sabia que te gustaba esta comida lo has mencionado con anterioridad así que le pedí a Aiko que me enseñara hacerlo. Pensé que podría prepararlos para ti. - Para ese momento su sonrojo se hacia más pronunciado - Realmente creí que seria sencillo y todo iba bien, de repente la olla empezó a chillar y la válvula salió volando. Y empezó a perseguirme, lanzando lentejas por todos lados, incluso creo que abolló la nevera.
- Parece que fue grave ¿Estás bien? - Se acercó para revisarla.
- Estoy bien. La olla no dejaba de seguirme rebotaba en las paredes y seguía lanzando granos. Incluso el techo se ensució. - Musitó en un tono lamentable - Solo quería hacer algo para ti.
Seiya se río de una forma más sosegada tomando las manos de la muchacha percatándose por primera vez de la quemadura en su mano derecha, más acentuada que las otras que surcaban su piel.
- Agradezco la intención, que una diosa se tomé la molestia de hacer algo así por mi es importante. - Saori le dedicó una sonrisa tenue - Vamos a curarte. ¿Qué dirán en Crecía si llegas así?
- Les diré que fui yo. - Saori sonrió en el momento en que Seiya se marchó regresando a los pocos instantes con una venda y crema. - En verdad quería que saliera bien.
- Le estás dando mucha importancia. - Seiya curó con paciencia su mano - Es difícil cocinar granos si nunca has echo otras cosas antes, saltaste del básico al avanzado.
- Sería una pésima ama de casa. - Declaró con una risa triste - Pensé que podría hacerlo.
- ¿Por qué no intentamos algo más sencillo primero? - Ofreció.
- ¿Más sencillo?
- Sí, como un plato de arroz con carne. - Saori asintió observando como el chico empezaba a buscar los implementos necesarios, el suelo aun estaba sucio ni que decir del techo. Tomó un pañuelo antes de arrodillarse para comenzar a fregar el suelo - ¿Qué haces? Deja eso. Yo limpió después.
- Yo ocasioné éste desastre, yo lo limpiaré. - Dijo soltándose del agarré del chico - Tu cocina para los dos mientras yo limpio.
Seiya tenía muchos sentimientos encontrados sobre permitir a Saori limpiar una parte de él la más humana le decía que la dejará, que debía aprender, que hiciera las cosas como cualquier otro humano luego estaba la parte de si mismo que es un servidor de la diosa recordándole que ella era una deidad, una preciosa cosa a la que había jurado honrar.
- Te va a doler la cabeza de tanto pensar. - La burla por su parte lo hizo sonrojar - Está bien, Seiya. No me derretiré por limpiar un poco, nadie en el Santuario tiene que enterarse de esto si eso te preocupa pero no soy una muñeca de porcelana, al menos deje de serlo el día que me enfrentaste y acepte mi destino. Asumí, aun doy muchas cosas por sentado sin detenerme a pensar a profundidad. La cocina parece algo fácil cuando los empleados de la mansión lo hacen pero tiene una complejidad intrínseca que desconocía, pensé que al ser una diosa de las manualidades podría realizar esto sin una verdadera preparación pero por lo visto no soy una diosa de la cocina. - Se carcajeó más liviana a medida que hablaba - Todos en el Santuario creen que al despertar todo viene a mí como si hubiera sido una parte prediseñadas, pero no es así. Cada atributo que poseo debo aprender a dominarlo cada vida, y siempre alguno se me resiste, eso es lo hermoso de reencarnar cada vida se vuelve única e irrepetible.
- ¿Quieres qué te enseñe?
- ¿Qué cosa?
- A cocinar, no es que sea muy bueno pero puedo enseñarte lo básico y después podemos aprender cosas nuevas juntos. - Saori sonrió amable a la propuesta antes de asentir con timidez.
- Me parece bien. - Saori se levantó manteniendo el paño de cocina en sus manos. - ¿Me vas a enseñar muchas cosas?
- Si tu quieres. - Respondió con las mejillas sonrojadas, a pesar de que las palabras habían sido dichas con completa inocencia su mente adolescente lo habia llevado a un doble sentido que le aseguraría la muerte por suerte nadie podía leer sus pensamientos.
Esta historia es particularmente basada en una historia real, le sucedió a una amiga que fue atacada por su olla de presión, durante su historia no podía parar de reírme. Me pareció lindo ver a Saori en esa situación.
