ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenece, está adaptado por Martasnix.
Capítulo 38
10:05 9 de septiembre del 2001
Al oír pasos, Zoe apartó la vista del periódico que estaba leyendo sentada en el minúsculo balcón que daba a Central Park.
-¡Buenos días! No puedo creer que te hayas levantado antes que Lexa.
-Ni yo -repuso Clarke, sentándose en una silla de director de cine frente a su amiga con una taza de café encima de las rodillas-. Tiene que estar totalmente agotada para no haberse levantado a estas horas.
-La recepción de anoche duró casi hasta las cuatro. Y las dos habéis pasado un mes corriendo de un lado a otro como locas.
Clarke, que no llevaba más que una camiseta prestada y la braga, estiró las piernas y bebió el café.
-Lo sé. Y no sólo ha tenido que preocuparse de mi seguridad, sino también de... mi salud.
-Seguro que puede con todo, pero esas horas de sueño extra le vendrán bien. -Zoe bajó la voz por costumbre, y no porque hiciese falta-: ¿Dónde están el resto de tus polis?
-Seguramente en la calle con el coche. Suelen permanecer cerca por si se me ocurre salir a dar un garbeo.
-Apenas lo has hecho en los últimos seis meses -comentó Zoe en tono irónico.
-No. -Clarke sonrió con ternura, pensando que la urgente necesidad de escapar de su propia vida había cesado al enamorarse de Lexa-. Me estoy volviendo muy aburrida.
-Sí, claro -se burló Zoe-. Yo tampoco saldría mucho de casa si tuviera una mujer como la que tienes tú esperándome.
Clarke sonrió; luego, suspiró y se recostó, entrecerrando los ojos para protegerse del sol.
-¡Dios, qué fin de semana!
-Sí -afirmó Zoe, convencida-. Un fin de semana excelente. Entre las exposiciones del viernes y el sábado vendimos un total de seis cuadros, y cuento con vender al menos otros cuatro antes de que acabe la semana. Cariño, eres un éxito.
-Tal vez. -Clarke volvió la cabeza para mirar a Zoe con expresión pensativa-. O tal vez sólo quieran poseer algo pintado por la hija del presidente.
-Querida, la gente no gasta miles de dólares en souvenirs. Confía en mí, conozco a esos compradores. Y ellos saben de arte.
Clarke se puso colorada.
-¿Tú crees?
-Dios, lo sé. -La voz de Zoe era una mezcla de cariñosa exasperación y leve irritación-. El hecho de que sea tu amiga no significa que no conozca mi negocio. Y como lo conozco, no te representaría si no pensara hacerme rica contigo.
-Ya lo sé. -Clarke apoyó un pie descalzo en la barandilla, riéndose.
Zoe preguntó con forzada naturalidad:
-¿Qué te parece Harper McIntyre?
-Oh... bueno, sólo hablé unos minutos con ella.
Zoe arqueó una ceja.
-Que yo recuerde, fueron casi diez minutos. ¿Y te hace falta más de uno para formarte una impresión?
-No, la verdad es que me bastaron treinta segundos... quizá menos. Es guapísima, sofisticada, inteligente y... supongo que muy sexy.
-¿Lo supones?
-De acuerdo, es sexy. -Clarke se enderezó y miró a Zoe-. ¿Se trata de hablar por hablar o hay algo más?
-No lo sé. -Zoe suspiró-. Me fijé en su nombre hace seis meses, por una venta muy importante en otra galería. Representa a un cliente que compra y paga con generosidad. Por eso le envié una invitación.
-Vaya. Eso es el negocio. ¿Y el resto? -Por segunda vez en dos días a Clarke le sorprendió que Zoe se ruborizase-. Oh, aquí pasa algo.
-No -repuso Zoe, cabeceando-. No pasa nada. Me dio su tarjeta y me dijo que la llamase. Se quedará en Nueva York unos días.
Clarke preguntó con cautela:
-¿Y piensas llamarla?
Zoe se volvió en la silla, doblando una pierna enfundada en un pijama de seda bajo el cuerpo, y miró a Clarke a los ojos.
-No lo sé.
-¿Por qué? ¿Te molesta algo de ella?
-No. -Zoe jugueteó con las esquinas del periódico que tenía en el regazo-. Bueno, sí.
Clarke esperó.
-Me atrae de arriba abajo.
-Ah, ya entiendo.
-No, no creo que entiendas. -Zoe pensó en lo intensa que le había parecido desde el principio la conexión con Harper, una mujer a la que apenas conocía. No recordaba la última vez que había sentido ese tipo de sinergia instantánea con alguien-. Ni siquiera sé si lo entiendo yo.
Clarke pensó en lo que sabía, y en lo que no sabía, sobre Harper McIntyre. Lo único de lo que estaba segura era que Harper había significado algo para Lexa, y Lexa no habría confiado en una mujer que no lo mereciese. En sus breves conversaciones con Harper ella misma había percibido honor e integridad. «¿Y acaso hay algo más importante?»
-Creo -dijo Clarke con dulzura, dándole la mano a su mejor amiga- que si te ha impresionado tanto, deberías llamarla.
-¿No te parece que... me precipito? -preguntó Zoe.
Clarke se rió.
-¿Y qué más da?
Zoe esbozó una sonrisa de arrepentimiento.
-Sí, supongo que no hay nada peor que perder un amor.
-Sí -murmuró Clarke-. Y si no juegas, no puedes ganar
