No había querido moverse durante todo el día, aunque sus hijos estuviesen en casa de su amiga Hermione Granger. Solo quería permanecer allí, recostada en la cama, como un peso muerto. Mientras su esposo tenía un brazo alrededor de ella y reflexionaba en silencio. Pudiendo sentir su aliento sobre su rostro.
— La señorita Granger, tendrá otro hijo. Me pidió que te lo dijera.
— Eso es perfecto. Una lástima, creo que yo no podré tener más hijos.
Severus había negado con la cabeza, mientras ella alzaba la vista para mirarlo. Había sonreído suavemente y bajado la vista a su vez, para mirarla.
— Sé que no es propio de mí decirlo, ni mucho menos es algo que me oirás decirlo a diario. Pero si lo que quieres es tener un hijo, pues dejaremos de cuidar los detalles y volveremos a intentarlo. Si eso te hace feliz. Pues eso quiero al final, Nymphadora. Que seas feliz.
La mujer se había acomodado en su regazo.
— Severus, es un tema serio. Podría ser no solo uno, pueden ser dos o tres. Son múltiples las posibilidades. Solo estaba ilusionada, porque tendría algo que necesitaría mi atención. Algo que podría criar como me hubiese gustado hacerlo. Como una buena madre. Ser ese padre que tú eres con los pequeños.
El profesor de pociones se había separado para girar en dirección a su esposa y colocar su cabeza en una de sus manos, mirándola atentamente.
— Eres una gran madre, ellos son muy felices. Nunca dije que hubieses hecho un mal trabajo. Míralos, ellos reclaman tu atención todo el tiempo. Aún son pequeños, aún puedes dejar la correcta impresión en ellos. Aún eres todo su "universo", sin ti no irían a alguna parte. Lo sé, él lo hace cada vez que se despierta. Me pregunta por ti, igual que ella. Son tus hijos.
Nymphadora se había acomodado hasta sentarse, mientras Snape permanecía allí, pensativo. Inspiró y miró a su alrededor y luego, volvió su rostro para mirar a su esposo.
— ¿Crees que he hecho bien mi trabajo? Obviando los detalles de cuando nacieron, cuando yo te...
— Sí, lo has hecho muy bien. Reitero.
Y se había puesto en pie, tomando su abrigo. Necesitaba a sus hijos en casa. Necesitaba inclinarse frente a ellos y besar sus pequeñas caras.
— ¡Y entonces el profesor Snape y tú serían los padrinos, si ambos acceden!— decía Hermione, mientras Nymphadora caminaba en dirección al salón. Estaba ansiosa por encontrarse con sus hijos.
Al oír el timbre de su voz, ambos habían corrido en su dirección.
— ¡MAMI!— eso había oído y de pronto, había sentido una ola de abrazos en sus piernas, que apenas le permitió dar un paso más. Se tambaleó de pronto.
— Hola, pequeños angelitos.— se había inclinado para abrazarlos y besar sus frentes— ¿Se portan bien?
— Mami, ¡queremos una mascota!
— Hablaré con papá y lo discutiremos. También el asunto de ser padrinos de tu hijo, Hermione. Descuida. Lo convenceré, te lo prometo.
Hermione sonreía, mientras la menor cargaba su gato, junto a su hija Rose. Estaba a punto de resbalar, pero ella lo cargaba alegremente.
— No, cariño. No podemos llevárnoslo, es el gato de Hermione. Trataré de que papá ceda y les compre una mascota.
— El profesor Snape me habló de una boda. Hasta ahora a Harry y a Ginny les ha parecido bien, al director Albus Dumbledore, a nosotros. No sé si seremos suficientes pero esperamos que al menos la compañía sea grata.
A lo que Nymphadora había contestado con una sonrisa suave, suspirando. Claro que lo eran, lo único que tenía. ¿Por qué necesitaba algo más? Su familia era lo único. Ni siquiera a su madre ni a su padre. Estaba bastante bien. Severus lo había dicho.
— Y... ¿Harry...Ginny? ¿Ellos?
— Ellos lo entenderán en cuanto lo hablemos. A solas, ellos y yo. Descuida, todo estará bien. Nada malo sucederá. Te lo prometo.
— ¡Quiero pastel de bodas, mami!
— ¿Y cómo sabes que hay pastel de bodas en una, cariño?
— Creo que hablaba con Ronald acerca del mejor pastel, conozco una excelente panadería cuya repostería es estupenda. Si no te importa.
Nymphadora negaba con la cabeza, mientras reía. Sin duda alguna, se imaginaba a Snape en ese plan sobre bodas, pasteles y trajes. No lo podía "ver" realizado. No era ese típico hombre que se alegraría de los pormenores de una boda.
— ¡Y también debemos hablar de vestidos! Pero eso lo haremos en cuanto Harry y Ginny vuelvan de su viaje. Estarán aquí pronto, en unas horas. Fruto de nuestra reunión, te daré los detalles de cómo ha sido. ¿De acuerdo?
Esperaba que fuesen buenas noticias. Ya quería empezar su vida nuevamente, como habría sido de no haber cometido una gran torpeza con Lord Voldemort.
No quería más tropiezos.
Y al regresar, los pequeños habían corrido en dirección a la habitación principal y se habían subido en la cama, para abrazar a su padre.
En muy poco tiempo, Snape se había encontrado rodeado de risas y niños brincando en aquella cama.
— ¿Una mascota? Bien... lo pensaré.
— ¡Queremos una, papi! — había dicho su hijo mayor, mientras el hombre se bajaba de la cama y con una inspiración profunda, pasaba junto a su esposa.
— Es hora de comer, ambos prepárense para cenar. — eso había dicho el hombre mientras se detenía en el salón, admirando el rostro de concentración de su esposa. — ¿Sucede algo, Nymphadora?
— No, Severus. Nada.
Nada.
