26. ESE LUGAR DIFERENTE.
Sawyer contemplaba el cuerpo de Ben. Un extraño vacío ocupaba su alma, ni siquiera podía decir si le dolía o le calmaba su muerte. Sentía que todo era inútil y carente de sentido pero no podía decir que se arrepintiese de haberlo hecho. Aún no.
Oyó a Hanso y a los demás aproximarse, pero también oyó algo más. Escuchó un profundo estertor que salía de la garganta de Ben, no era la primera vez que escuchaba ese sonido y por dios que era algo que no podía olvidarse.
Uno de ellos, algo mayor que el resto y que debía ser el médico de Hanso, le echó un vistazo.
- Le ha alcanzado el pulmón, tardará horas en morir.
Sawyer se volvió a Hanso, el brillo que ardía en sus ojos era similar al de la locura.
- ¡Dame otra pistola!
- No tenemos más, James. Ya te dije que estábamos en contra de la violencia.
- ¿Quieres que crea que me has dado a mí la única pistola que llevabais?
- Así es.
Sawyer miró a la gente de Hanso, eran seis chicos, ocho con Marga, y el médico. Estaba harto ya de todo esto. Se volvió hacia Hanso, le cogió por la camisa y le empujó golpeándole contra un árbol cercano. Los rostros de los dos quedaron apenas a unos centímetros de distancia, Sawyer no necesito volverse, oyó el sonido de los seguros de las armas automáticas a su espalda.
- Creía que no teníais más pistolas.
Hanso dirigió una mirada furiosa a sus acompañantes. A su gesto todos bajaron las armas.
- Debí decir que no quería malgastar más balas con él.
Había recuperado la serenidad y miraba a Sawyer seguro de sí mismo. Aún permanecieron así un momento, mirándose frente a frente los dos, finalmente Sawyer le soltó.
- ¿No querías encontrar algo? Larguémonos de una vez.
Se dio la vuelta y encabezó la marcha. No pensaba volver la vista atrás.
Cada bocanada de aire suponía una agonía para Ben, cada aliento de su respiración parecía que iba a ser el último, sin embargo y en contra de su voluntad, sus pulmones intentaban coger nuevamente un aire que apenas era capaz de llegar a ellos. Intentó evocar un recuerdo amable o un momento feliz pero todos los que llegaban a su memoria venían acompañados de pesar, Alex, su infancia, la isla… se lo había dado todo a la isla, había sufrido lo indecible por ella y ahora, ahora todavía le guardaba esto.
Oyó los pasos aproximarse, Hugo se detuvo a su lado y con visible esfuerzo se arrodilló junto a él.
- Siento que haya ocurrido, Ben.
Ben abrió los ojos y le miró, pero volvió a cerrarlos enseguida.
- Sé que estás cansado, Ben, llevas mucho tiempo diciéndomelo, ¿pero de verás no quieres intentarlo?
Ben mantenía los ojos cerrados, su respiración agónica era el único sonido que se escuchaba.
- Yo te necesito, Ben, aún te necesito. Hazlo por mí. Lo intentáremos juntos.
Esta vez, cuando Ben abrió los ojos, los mantuvo fijos en los de Hugo. Un aprecio verdadero y un lamento sincero habitaban en ellos.
Ben alzó su mano con su dificultad y Hugo se la cogió.
Habían caminado varias horas, se habían tenido que detener en numerosas ocasiones, Hanso se ahogaba y necesitaba descansar, tampoco él estaba muy seguro de hacía adonde debían dirigirse, sabía más o menos en que zona de la isla estaba la gruta, pero una vez que habían entrado en la selva prácticamente se había perdido. Cuando trabajaba para Dharma, nunca salía del perímetro pactado con Richard y esto estaba fuera de su zona. Y lo cierto es que la orientación nunca había sido su fuerte.
Hanso avanzaba cada vez con más dificultad y él ni siquiera sabía cuanto faltaba para llegar allí. Quizá se muriese en el camino. Sólo tenía que mantenerle de paseo un par de horas más. No parecía que la isla le estuviese sentando muy bien. ¿Y después qué? La sensación de encontrarse en un callejón sin salida se acrecentaba a cada minuto que pasaba y la opresión aumentaba conforme se internaban más en aquella maldita espesura. Hasta los chicos parecían menos entusiastas a cada minuto que pasaba.
Cuando ya casi parecía que Hanso no sería capaz de avanzar ni cien metros más, apareció repentinamente ante ellos, en medio de un claro, una abertura en una pequeña formación rocosa, un pálido fulgor manaba de allí. Sawyer lo miró confundido, habría jurado que no era el mismo lugar ni la misma disposición ni siquiera la misma luz. Hanso pareció recuperar la vitalidad en cuanto lo vio. Se acercó a él.
- ¿Es aquí verdad? Puedo sentirlo. Sin duda es aquí.
Un confuso rumor comenzó a latir en sus oídos, él lo identificó enseguida, pero los demás comenzaron a mirar a su alrededor. Indefinidos y extraños susurros parecían llegar desde todos los rincones. Muchos de ellos sacaron nerviosos las pistolas. Hanso también se inquietó visiblemente.
- Marc, Stieg, Olof, Hans, echad un vistazo alrededor, los demás quedaos fuera de guardia. Tú pasarás delante.
Hanso había mirado a Sawyer, todos tenían ahora las pistolas en la mano y los susurros parecieron bajar de intensidad pero sin llegar a desparecer del todo. La mirada de Sigmund volvía a ser febril, ya no había otra opción que tomar. Sawyer se inclinó y se adentró en la cueva.
Era una especie de pasadizo estrecho y largo, al fondo del cual se apreciaba un ensanchamiento del que venía la claridad. Recorrieron el pasillo, a Sawyer le guiaba una especie de fatalidad irremediable. Podría volverse ahora mismo y acabar con él fácilmente, estaba muy enfermo, apenas podía respirar, los demás se había quedado atrás, pero fuera estaban todos armados y no creía que se sintiesen muy felices cuando viesen que Hanso no salía de allí. Por otra parte ¿qué ocurriría allí? ¿Quién podía saber lo que pasaría cuando Hanso llegase a la maldita luz? Sayid había resucitado y no es que su nueva oportunidad le hubiese mejorado, aunque al final… Sayid precisamente había dado su vida por salvarlos a ellos, por protegerlos de la explosión que él había provocado. Las palabras de Kate volvieron a sus oídos. "Haz lo correcto".
Se detuvo, había llegado al ensanchamiento, una corriente de agua se divisaba unos cuantos metros más adelante, al final desembocaba en otra abertura de la que manaba la luz, ahora sí, brillante y calida.
Hanso pasó por delante de él como atraído por una fuerza. No le siguió, no podía hacerlo, no podía arriesgarse a que por su culpa las pasase algo. Hanso continuó hacia delante, el pánico a equivocarse apenas le dejaba pensar, algo le decía que Hanso no debía entrar en esa luz. Entonces lo vio, un revolver, prácticamente junto a sus pies, parecía llevar ahí mucho tiempo. Los susurros volvieron a sonar, esta vez casi perfectamente inteligibles. Siseaban a su alrededor.
- "¿Quién puso eso ahí?"
- "¿Cómo quieres que yo lo sepa?"
- "¿Le va a disparar?"
- "¡No debe usarla! ¡No dejes que la use!"
Ya estaba en su mano, y aunque sabía que no vería a nadie detrás no pudo evitar volverse apuntando con el arma. Entonces oyó la voz a su espalda, alta y clara, inconfundible.
- James.
No quería volverse, no podría soportarlo, sabía que nunca debía haber vuelto allí. Nunca debió volver a poner los pies en ese maldito lugar.
- James, por favor.
Se giró lentamente. Estaba allí, llevaba la misma ropa que la última vez que la vio con vida, una blusa roja y el pelo suelto y rubio y algo despeinado sobre los hombros. Su mirada era triste pero conservaba la dulzura con la que siempre le miraba.
- Jules…
Su voz era ronca y prácticamente se negaba a salir de su garganta.
- No creí que volverías.
- No habría querido volver nunca.
- Yo siempre quise irme… Lo sabes, ¿verdad? Sabes por que me quedé.
Juliet le miraba serena, pero profundamente entristecida, él la había visto así muchas veces, al principio de estar con ella, y también al final. Sawyer pensó que sin duda tenía muchas culpas por las que pagar en su vida si merecía pasar por esto.
- No puedes hacerlo, James, no puedes dispararle, tú has tenido tu vida, has tenido lo que deseabas, pero yo no he tenido nada… Me he quedado aquí para siempre, James. Para siempre. ¿Comprendes lo que es eso? Él nos ayudaría, nos ayudaría a todos…
Cerró los ojos, de todas las cargas de su conciencia el dolor por el final de Juliet era lo que más le pesaba. Juliet no se merecía eso. Sin embargo ahora lo veía todo más claro. Alzo su mano y disparó, ni siquiera apuntó, abrió los ojos cuando el disparo ya había sonado y su eco retumbó a su alrededor.
Juliet ya no estaba allí. Al principio no vio a Hanso, pero enseguida le encontró, había caído justo a los pies de la abertura. Se acercó hasta él, la bala le había atravesado por la espalda y había caído rodando boca arriba. Hanso también respiraba con dificultad. Comprobó el arma. Aún quedaba otra bala. Llegó justo hasta su lado, se quedó allí de pie y apuntó a la cabeza.
- Tú has tenido más suerte.
