Gracias a Charlaine Harris por dejarme jugar con algunos de sus personajes, los demás son míos.
38.
Se sentó junto a David con los ojos fijos en la piscina y le cogió la mano por debajo de la mesa, él la sacó de allí y se la llevó a los labios. Durante los siguientes minutos no dijeron nada, se limitaron a mirar a sus padres que hablaban amigablemente, su madre estaba claramente coqueteando con su padre y él seguro que estaba siendo ese hombre seductor que las dos conocían tan bien. Se relajó por fin en la silla y apoyó la cabeza en el hombro de David. Por fin, todo iba bien. Jason pasó delante de ellos de camino hacia donde se encontraba Leif y la barbacoa y tosió llamándoles la atención con una mirada seria. Suspiró, joder, no la iban a dejar estar con su chico nunca más. Quitó la cabeza de su hombro pero no le soltó la mano y miró desafiante a su tío que no se amilanó lo más mínimo. Qué larga iba a ser esa semana y los próximos meses, por no decir años... Esperaba que el amor que David le había confesado fuese lo suficientemente fuerte como para resistir a la vigilancia a la que los hombres de su vida la iban a someter. Se echaba a temblar recordando lo que las chicas del colegio decían, que si no se lo daba ella, un chico tan guapo como David siempre encontraría quien lo hiciera... Ahora estaban prisioneros en esa casa pero cuando volvieran a Londres, ¿qué pasaría? Sólo pensar que la dejara, la atormentaba hasta extremos que en esa casa nadie sospecharía. Era tenaz, se había enfrentado a todo en su vida, había sido fuerte y madura por todos cuando sus padres se habían comportado como adolescentes, era como un gigante, pero ella también tenía un David, el único que podía acabar con todo de golpe y sin despeinarse. Todo estaba encauzado, ahora le tocaba ser una adolescente a ella que, por otro lado, era la única que tenía edad...
_ ¿En qué piensas? – murmuró acercándose y estremeciéndola al notar su aliento en su oído.
_ En cómo lo voy a hacer – sonrió para sí.
_ ¿Hacer, qué? – se interesó, quizá, atraído por la sonrisa pilla que acababa de esbozar.
_ Burlar su vigilancia – se volvió para mirarle-. Ahora me toca a mí ser la adolescente.
Un destello de emoción recorrió los ojos de David y sonrió cómplice, se mordió el labio y su mirada le dijo todo lo que ella necesitaba saber. En eso, como el resto, estaban juntos.
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La comida transcurrió plácidamente, Adele y David se echaban miraditas y se sonreían desde el otro lado de la mesa mientras Silvia hablaba con ellos, Sookie y Eric hacían lo mismo y se enfrascaban en una conversación tontorrona flirteando, aprovechando cualquier excusa que la comida les proporcionara para tocarse como quien no quería la cosa. Con Leif y su futura esposa no había que contar, ellos estaban en su mundo, completamente ajenos a todo lo que pasaba alrededor y la pobre Liv entre sus dos hijos estaba a punto de bostezar de aburrimiento, así que sólo quedaban él y Margaux que, teniendo en cuenta el panorama, se miraban y les daba la risa floja.
_ ¿Tú qué crees, Jason, si nos vamos lo notarán?
_ Pobre Liv, ¿y dejarla así? – soltó una carcajada- Vaya par de hijos que tiene, se enamoran y se atontan.
_ Como todos, querido – se rió-, ¿conoces a alguien que no pierda el norte cuando le pasa?
_ Bueno, te conozco poco pero no pareces perder el norte con facilidad.
_ Eso va a ser porque yo no me enamoro – sonrió con cierta tristeza-. Está sobrevalorado.
_ Entonces, nos vamos a llevar muy bien, yo tampoco – levantó su copa y la chocó con la de ella-. ¿Te puedo hacer una pregunta?
_ No lo sé, ¿puedes?
_ ¿Cómo fue que entraste en la vida de Eric?
_ Oh, no, yo no entré, fue él quien irrumpió en la mía – se rió-. Me pidió trabajo recién llegado a París, estuvo tocando el piano en mi bistró, luego, vino lo de convertirlo en restaurante y ahí nació Le Normand – para ese momento, Sookie había empezado a prestar atención a su conversación, Margaux miró con dulzura a Eric y extendió la mano sobre la mesa-. Ese chico fue una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida y, definitivamente, la mejor decisión que he tomado.
_ Si no llega a ser por ti, no sé qué hubiese sido de mí – Eric le sonrió con cariño y apretó su mano-. Aquel chico estaba bastante desesperado – se rió-, trabajaba a destajo en L'Ambroisie pero París es una ciudad muy cara. Tocar el piano fue un soplo de aire fresco, no sólo por el dinero, que me vino de perlas, sino porque lo echaba de menos.
_ Eres el mejor pianista que ha pasado por el local y lo sabes, nunca había oído tocar Every breath you take así, ¿cómo iba a dejarte ir?
_ ¿Tocaste Every breath you take...? – se sorprendió Sookie.
_ Me salió – se encogió de hombros-, que estuviese tan enfadado no quería decir que no te llevase dentro.
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Ver a su hermano tontear con Sookie era un placer, intercambiaba una mirada con su madre o con Nicole y sonreía satisfecho, por fin, Eric iba a tener la vida que siempre quiso y mereció, esa que él siempre se había sentido responsable de haberle arrebatado.
La tarde fue tranquila, menos por el momento en el que se les perdieron de vista Adele y David y tardaron en darse cuenta de que estaban dormitando cogidos de la mano en las tumbonas que Eric y Sookie habían ocupado horas antes. Le pareció tan tierno que hizo un apunte mental para echarles una mano, siempre y cuando le prometieran que iban a portarse bien.
Sólo hubo un momento de crispación antes de cenar, se estaban acomodando en el restaurante cuando el teléfono de Sookie sonó, su sonrisa se amplió y se levantó para hablar. Intercambió una mirada con Nicole que se encogió de hombros con una sonrisa traviesa. Sus ojos se fueron inmediatamente a su hermano que la seguía con la mirada y no perdía ripio de cada uno de sus movimientos ni de sus expresiones. Cada vez que ella se reía, un leve gesto de dolor se reflejaba en su rostro porque él también había adivinado con quién hablaba aunque no le pusiera nombre. Al cabo de unos minutos Sookie volvió a la mesa y se sentó a su lado.
_ ¿Era él? – musitó y no esperó respuesta- Muy oportuno...
_ Bueno, Leif, mi vida ha seguido y él es un amigo – se volvió a mirarla-. No me estoy justificando, no lo voy a hacer, es alguien importante para mí.
_ ¿Y Eric? ¿Dónde queda en toda esa historia? Llevas tonteando con él todo el día.
_ ¿Cómo preguntas eso? Sabes lo que él es para mí, todo el mundo en esta mesa lo sabe – hizo un pausa- y Luc, también.
_ Pues si es así, déjate de juegos, coge lo que es tuyo y acabemos con esto. No lo estropees ahora, todos hemos puesto nuestro empeño en uniros, ahora os toca a vosotros no joderlo.
Levantó los ojos y vio a su hermano, sentado frente a ellos, mirándoles fijamente. No se imaginaba lo que podía estar pasando por su cabeza en ese momento y decidió tranquilizarle con una sonrisa, desvió la mirada hacia Nicole, que estaba al lado de Eric, y le tiró un beso. Y ella le regaló una sonrisa que escondía grandes promesas para cuando llegaran a casa.
Cuando se levantó Eric ya estaba en la cocina preparando el desayuno, le miró desde la puerta, aún no se había dado cuenta de que estaba allí y sonrió sintiendo una oleada de ternura por él, se le veía tan feliz como aquel día que preparó la comida del dieciocho aniversario de Sookie. Decidió hacerse notar y entró saludando, no pudo evitarlo, le abrazó y su hermano se quedó muy parado. Sus brazos se levantaron poco a poco y notó sus manos en su espalda, casi pudo sentir la sonrisa que seguro que se curvaba en sus labios.
_ ¿Y esto? – dijo entre risas.
_ Porque por fin te veo tener la vida que siempre debiste...
_ Leif... – intentó decir.
_ No, déjame decirlo, me he sentido tan culpable todos estos años por haberte privado de ella...
_ Bueno, ya vale, Leif, ya hemos hablado de esto y me hiciste ver que tuviste tu parte de culpa, no deberías haber besado a mi novia, pero el máximo responsable fui yo, debería haberme quedado y no reaccionar como un niño – suspiró apenado-. Pero lo era y todo eso queda ya en el pasado, no quiero volver a acordarme de eso, estoy intentando seguir hacia delante con mis chicas, no me puedo permitir mirar hacia atrás.
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Se le había encogido el corazón cuando oyó decir que había tocado una de sus canciones favoritas para solicitar un trabajo, le apeteció levantarse y besarle, agarrarse a él con tanta fuerza y con tanto amor que no pudiese despegarse de su cuerpo nunca más. No era que no lo supiera o no lo tuviese claro, aquel hombre seguía siendo el único que la hacía sentir, lo que fuese, bueno o malo, era capaz de arrancar de ella todos los sentimientos posibles, los más extremos, pero siempre, por encima de todos, estaba el amor que sentía por él, a prueba de bombas, contra todo contratiempo y pronóstico, era suya, siempre lo había sido y siempre lo sería, no importaba los que pasaran por su vida o su cama, que se casara con ellos o no, después de Eric ya no había nada más. Él lo era todo y lo sería para ella el resto de sus días.
Si la idea era reconquistarle, iba bien. Eric siempre había sido de trato fácil para ella, no tenía más que recordar lo que le gustaba entonces y tocar de oído. Ellos se habían llevado bien porque ella nunca le presionó, siempre le dejó ser él mismo y se reían juntos, aprendieron a confiar el uno en el otro poco a poco y se sentían cómodos el uno con el otro, claro que, cuando les sobrevino la pasión desbocada, las reglas del juego cambiaron para siempre.
Cuando esa noche fueron a cenar y sonó el teléfono, dudó si contestar al ver el nombre de Luc iluminarse en la pequeña pantalla de su móvil, pero tenía que hacerlo, él era su amigo y siempre la había animado a buscar a Eric e intentar volver a estar con él, ¿que hacían mucho más? Pues sí, pero con él era fácil y normal, no tenían más pretensiones que las de pasar un rato agradable, salían comían, se reían, iban de compras o donde fuera y luego acababan en su habitación. Se mordió el labio, esa última parte tendría que cambiar, ya no podría volver a terminar una tarde con Luc así, dudaba de si, en caso de que su reconquista de Eric funcionara, podría volver a verle con la misma libertad, si se había puesto histérico por un simple beso con su hermano y les había costado media vida reencontrarse, apaga y vámonos con alguien con quien, pese a que no fuese la parte más importante entre ellos, sí que mantenía una relación sexual.
_ Hola, guapo - su voz sonó dulce y juguetona sin proponérselo.
_ Eh, preciosa, ¿qué tal va todo?
Se levantó y se fue al patio contiguo, aunque a Leif y a Eric se les había quedado cara de saber quién era, no quería exponerse a que oyeran también lo que tenía que decirle.
_ Mucho mejor de lo que pensaba – sonrió al auricular al oír su risa.
_ Mmm, ¿debo deducir que tu Eric está siendo agradable y simpático contigo?
_ Está siendo algo más que eso, está tonteando conmigo – le devolvió la risa.
_ Oh, eso es genial, aunque me apene que lo nuestro se acabe – se lo imaginó sonriendo y haciendo un puchero al teléfono.
_ No seas tonto, lo nuestro no se acaba, solo se transformará...
_ ¿Y se dejará tu chef? – se mordió el labio al escuchar su risa, era una de las cosas que más le gustaba de él- Si quieres, podemos testar hasta donde está dispuesto a llegar en cuanto esté ahí...
_ Si la cosa no pasa de tonteo, sí – se mordió el labio con anticipación-. Me gustaría ver su reacción cuando te vea.
_ Pobre hombre, no sabe que está perdido... – su tono sonó extrañamente triste- En fin, cariño, que llego mañana por la tarde, no os veré hasta la noche, mientras llego al hotel me acomodo, descanso, te echo de menos y me preparo para la fiesta... Claro, que sabes donde voy a estar – susurró como una caricia e hizo una ligera pausa mientras ella se encogía recordando todo lo que era capaz de hacerle a su cuerpo-, a modo de despedida, tú ya me entiendes...
Sí, ya lo creía que le entendía.
_ Hasta mañana, Luc...
_ Hasta mañana, cielo.
Volvió a la mesa y se tuvo que enfrentar a Leif que no estaba muy contento, porque no quería que nada estropeara lo que parecía estar aflorando entre Eric y ella o, quizá, porque intuía el papel que Luc también había tenido en la vida de su futura esposa... Como fuese no hizo más comentarios, se limitó a asegurarle que Eric era su objetivo y que no jodería la segunda oportunidad que parecía habérsele presentado, así que el resto de la noche, se dedicó a hacer lo que mejor sabía con Eric, se dedicó a ser la amiga que fue en otra vida y, si jugaba bien sus cartas, volvería a ser, la novia amante y entregada que también fue años atrás.
Pasaba de la una cuando regresaron a casa. Se despidieron y se dirigieron a sus respectivos dormitorios, besó a Adele y a Jason y de reojo miró a Leif y Nicole con envidia, ellos dormirían abrazados a la persona que amaban, tendrían el calor de sus besos y el consuelo de su cuerpo cálido y acogedor. Suspiró y cerró su puerta. Durante los siguientes minutos, se afanó en desmaquillarse, en prepararse para dormir, se tumbó en la cama y se quedó mirando el techo mientras se sentía sola. Encendió la luz de nuevo y miró el reloj, hacía casi una hora que habían llegado, la casa ya dormía y ella no podía porque no dejaba de añorar la proximidad de un cuerpo amado apretándose contra el suyo. Cuando las líneas del libro dejaron de tener sentido, volvió a apagar la luz y se intentó sumergir en sus recuerdos felices, pero su recuerdo feliz estaba al otro lado de la casa, al alcance de su mano, tan cerca y tan lejos a la vez. Se levantó y salió a la terraza, quizá era por el calor, se quiso justificar. Se acercó hasta la piscina y se sentó en el borde, metió los pies, no estaba tan fría como esperaba y la idea de darse un baño cada vez era más apetecible. Miró hacia la casa, que permanecía a oscuras y en silencio y lo hizo. Se quitó la camisola y se metió en bragas en la piscina. Al principio, el relente de la noche le erizó la piel pero poco a poco se acostumbró y empezó a moverse en el agua. Estaba nadando hacia el otro lado cuando un movimiento llamó su atención, se giró en el agua con el corazón a mil por hora, vigilante, mirando en todas direcciones y entonces le vio. El aliento se le cortó, en uno de los extremos de la piscina, tumbado en los escalones, con el agua jugueteando con su cuerpo, Eric la observaba con una mirada depredadora y una sonrisa.
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