-¡Bella! Que gusto verte aquí.
í﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ ca o...se morderior?- pregunta encontrara. habñiaerlo...nterioridad.
s Bellatrix miró asustada al hombre que permanecía en la obscuridad. Regulus estaba tenso a su lado. Bellatrix simplemente no sabía que hacer.
El hombre comenzó a caminar hacia la luz y un suspiro se escapó por entre los labios del menor de los Black.
-Gerard Yaxley, buenas tardes- habló Regulus indicándola a Hermione de quien se trataba. Regulus le hizo una mirada para indicarle que siguiera actuando.
-¿Regulus, eres tu?- preguntó el hombre. Bellatrix pudo observar que tenía el cabello rubio opaco. Ojos café tan obscuro que parecían negros. Era alto, algo gordo. Túnicas elegantes pero no tanto como la de los Lestrange, Malfoy o Black.
-Así es- las palabras de Reg fueron rápidas. Atropelladas.
-Oh, creí que seguirías en la escuela – habló mas para sí el hombre de voz ronca.- ¿Bella, como has estado?
Bellatrix tardó en reaccionar. No hubiera hablado si Regulus no le hubiera dado un ligero golpe en la mano.
-¿Qué?- susurró y después entendió lo que sucedía – oh, e… bien Yaxley.
No dijo mas. Su voz había sonado muy extraña. Estaba muy nerviosa.
-¿Bella, estás bien?- preguntó el Mortífago acercándose lentamente a ella. En sus ojos había indecisión. Duda. Incertidumbre. Como si supiera que Bellatrix, no es Bella.
Continúa actuando, Hermione, no lo eches a perder ahora. Calma tu respiración. Tranquila.
-Claro que estoy bien, Yaxley. Ahora déjanos pasar- habló con fuerza en la voz. Intentó cubrir lo mejor que pudo su miedo en la voz y estaba casi segura de que convenció al rubio. Regulus no.
-Espera Bella, la ultima vez que nos vimos dejamos una conversación pendiente, ¿recuerdas?
Hermione tragó saliva. Se estaba desesperando. Tenía miedo de que el Mortífago escuchara el latir de su corazón. Tenía miedo de que su propio órgano la delatara.
-Claro que lo recuerdo- dijo sin mas. Mentalmente insultaba a Regulus por no ayudarla. Simplemente estaba parado a su lado.
Ya no tenían tiempo, la poción no duraría toda la vida. De fondo se escuchaban los sonidos provocados por el dragón ciego.
-¿Qué te parece si los llevo a ti, y al joven Black por algo de tomar? Podremos ter-
-Lo sentimos, señor Yaxley, tenemos prisa- habló por primera vez el pelinegro.
Estaba parado junto a la pelinegra. El goblin seguía parado junto a la puerta sin reaccionar.
-No tardaremos mucho- trató de insistir el rubio. Bellatrix apretó los labios con fuerza. Su mente estaba en blanco. Su corazón latiendo con fuerza. Sus manos temblando.
Regulus se desesperó y dejó escapar un resoplido. Ese hombre si que podía se insistente. Levantó su varita hacia le rubio que abrió los ojos de par en par.
-¿Qué vas a hacer?- su voz alterada, sin poder reaccionar y sacar su propia varita.
-¡Imperio!- una luz salió de la varita de Reg y le dio en la frente al mago que estaba frente a ellos.
-¿Qué le hiciste?- preguntó Hermione cuando vio la mirada perdida de Gerard.
El hombre simplemente dio media vuelta y camino hacia lo que suponía era su bóveda.
-Primero tenemos que salir de aquí- Regulus tomó a Bellatrix de la muñeca y la jaló hacia donde estaba el carrito estacionado. Pasaron corriendo por donde estaba el dragón sin darle mucho tiempo al goblin de distraerlo.
La criatura mágica escupió una bola de fuego con dirección a los familiares.
-¡Protego!- gritó Regulus mientras trataba de proteger a Bellatrix, jalándola del brazo para ponerlo detrás de el.
No fue lo suficientemente rápido.
-¡Ah!- gritó de dolor Bellatrix. Había una terrible quemadura en su brazo izquierdo. Instantáneamente pegó el brazo a su pecho y colocó su mano derecha sobre este. Estaba por caerse al suelo, sus rodillas ligeramente flexionadas. Regulus la tomó de los hombro e instó a la mujer que sollozaba a correr hacia el carrito.
-Vamos Herms, tenemos que salir de aquí- dijo Regulus sosteniendo con fuerza a la pelinegra que mordía su labio con fuerza para no gritar. Los dos corrieron hacia le carrito con el goblin detrás de ellos.
Cuando estuvieron en el carrito, Hermione recargó su cabeza en el hombro de Regulus, que la abrazaba con fuerza.
El cabello de ambos se movía fuertemente y se azotaba en sus rostros. El cabello largo de Bellatrix se enmarañaba a un mas. Casi no se podían escuchar los sollozos de esta, por sobre el fuerte viento que chocaba con sus oídos.
-Tranquila Herms, ya casi salimos de aquí. Solo tienes que aguantar un poco mas- sobaba su cabello con desesperación.
La pelinegra tenía lagrimas cayendo por su rostro y sus dientes estaban rojos de sangre que salía de sus labios. Intentaba no llorar, ralamente no lo estaba intentando. Pero el dolor era terrible. Sentía la cerne viva, la piel expuesta de una manera tan vil y grotesca. Le ardía el contacto que tenía contra su túnica, pero el aire lo hacía peor. Simplemente quería que dejara de doler.
El carrito llegó a un abrupto detenimiento.
Bellatrix por poco salió volando de no ser por el fuerte agarre de su cuñado.
-Vamos, ya casi, un poco mas, Herms, solo un poco mas- le decía suavemente el pelinegro mientras la levantaba.
Hermione tenía los ojos fuertemente cerrados. Regulus estaba ligeramente preocupado, unos mechones se comenzaban a tornar castaños. Su corazón estaba acelerando su ritmo y sus manos se estaban poniendo húmedas. Relamía sus labios a cada segundo muy nervioso y desesperado.
-Síganme- dijo el goblin como si nada estuviera pasando.
-Herms, por favor, para de llorar- Regulus comenzó a limpiar las gotas de su rostro y secaba sus ya húmedas manos en la túnica.
Hermione hipó una ultima vez y levantó la cara. Regulus retrocedió asustado. Bellatrix tenía un rostro sin expresión. Bajó su manos a los lados y miraba con indiferencia. El único rastro de que había llorado eran sus ojos tenuemente enrojecidos. No parecía estar en dolor. Parecía que simplemente había bajado a su bóveda y salía como si nada.
-¿Herms?- la mujer simplemente apretó su quijada y levantó la mirada. Comenzó a caminar. Regulus estaba como idiotizado caminando a su lado.
Salieron por la misma puerta de metal por la que habían entrado.
-Hasta luego, Madame Lestrange- comentó un goblin que había sustituido al que los acompaño. No dijeron nada. Simplemente caminaron. Caminaron bajo la mirada de todos.
Regulus podía ver que la mascara se comenzaba a romper. Sus ojos sutilmente mas claros comenzaban a tener una gotas de agua. Su mano derecha en un puño que temblaba y la izquierda estaba muerta a su lado. Su cabello cada ves mas claro.
El corazón de Regulus dio un vuelco.
Aceleraron el paso.
Una lagrima estaba a punto de hacer.
Abrió la puerta con fuerza.
La lagrima cayó.
Tomo su mano.
Ya no estaban.
-¡Ah!- gritó de dolor la castaña. Se encontraba recostada sobre su cama y el pelinegro estaba sentado a su lado.
-Vamos Hermione, ya casi- de un tirón, Regulus retiró el resto de la tela negra que se había impregnado sobre la carne viva.
Hermione golpeó la colchoneta con la mano derecha e inclinó su cabeza hacia atrás, mordiendo una vez mas su labio inferior. Sus rodillas se flexionaron y cerró los ojo con fuerza. Pero ya no gritó.
-La bolsa- dijo con un susurro. Regulus que estaba a su lado apneas pudo escucharla. Con su mano izquierda y de manera muy débil, apuntaba a la pequeña bolsa de cuentas que estaba tirada por los pies del pelinegro. Regulus se agachó para tomar el objeto que la castaña nunca soltaba y lo abrió. Realmente no sabia que hacer ahora que lo tenía en sus manos.
-Esencia de Di-díctamo- masculló la castaña mientras se sentaba en la cama. Habían unas pequeñas gotas de sudor en su frente y estaba ligeramente pálida.
-Accio díctamo- un pequeño frasco salió volando y fue a parar a la mano del oji gris. – deberías de conseguir otro, este ya está por acabarse.
Hermione soltó unas risitas. Lo sabia. Lo había utilizado mas veces de las que quisiera recordar.
Regulus abrió el pequeño frasco y unos espirales de humo color cedro salieron lentamente. Inclinó el vidrio y dejó caer unas gotitas recorriendo el brazo de Hermione. Los espirales que antes habían salido del cuello de la botella, ahora se desprendían de la piel de la castaña.
Hermione podía sentirlo todo. Cerró los ojos mientras sentía un alivio recorrerle el cuerpo. Instantáneamente se consideró mejor. Podía imaginar perfectamente a los tejidos regenerarse. La unión de fibra rota. Músculo recuperando su forma y volumen.
-Gracias- dijo Hermione mientras veía los últimos vestigios del quemón y la aparición de piel nieva. Ningún rastro de piel quemada.
-No hay de que… tienes mejor color- mencionó el pelinegro con una sonrisa mientras cerraba le frasco y lo dejaba de caer al fondo de la botella.
Hermione se sentó junto a Regulus.
-Tenemos que destruir los Horrocruxes- dijo con tono de orden pero tierna a la vez.
Hermione sabía que lo que Regulus mas quería en ese momento era ir con su hermano. Hermione misma quería ir con Sirius. Pero primero debían de destruir los dos objetos que habían recuperado. Además, Sirius no regresaría a casa de los Potter hasta que comenzara a caer la noche. Debían de aprovechar el tiempo.
-Lo se.
-Después iremos con Sirius, lo prometo- la ahora sana mano de Hermione se envolvió sobre la del pelinegro.
La chica se puso de pie y se paró frente a Regulus.
-Será mejor que me des unos minutos en los que encuentro los Horrocruxes de aquí dentro- sonrió de lado la bruja mientras tomaba la bolsita de la mano de Regulus. Este asintió y mejor vio a la esposa de su hermano caminar hacia la mesa y meter la mano hasta el codo para buscar los objetos.
Pasaron unos segundos cuando el oji gris escuchó el sonido de metal chocando con madera. Levantó la mirada y la copa estaba junto a la bolsita. La castaña ya intentaba recuperar el segundo. Hermione tenía una mueca mientras trataba de alcanzar lo mas profundo de la bolsa. Su hombro estaba en contacto con la tela.
Después de unos minutos silenciosos y llenos de tortura, Regulus escucho el sonido de una cadena. Levantó la mirada una vez mas y ahí estaba. Hermione sonreía mientras que su mano se aferraba a la cadena del relicario.
-Será mejor que lo hagamos afuera, ¿no crees?. Esta tienda de campaña es muy útil y tiene valor sentimental como para destruirla- rió la castaña con un deje de nostalgia. Regulus abrió la boca para dejar escapar un poco de aire y se puso de pie. Caminó hacia la entrada y jaló un pedazo de la tela para dejar a Hermione salir. La chica tenía en cada mano un Horrocrux. Los sujetaba como si estuvieran sucios. Prácticamente lo estaban.
Regulus simplemente seguía a la castaña. Ella caminaba por entre los arboles.
-La ultima vez que estuve aquí- habló sin voltear a ver al pelinegro- intentaba destruir este mismo relicario… no importaba que hechizo utilizara, simplemente no se rompía.- añadió riendo.
-¿No sabias que solamente se destruyen con-
-Muchas cosas a decir verdad.
Regulus levantó una ceja y lo miró extrañado. Quitó su expresión al ver que no valía la pena puesto que la castaña continuaba caminando por entre los arboles dándola la espalda.
-Ya sabes- dijo volteando a ver un solo segundo al joven que iba detrás de ella un par de metros- veneno de basilisco, el mismo creador o
-Fuego maldito- dijeron ambos.
Regulus alentó su paso. Podía ser un Black y un mago que fue partidario de Voldemort, peor el fuego maldito no lo controlaba del todo bien. Sabía hacerlo pero nunca quiso perfeccionarlo. El sabía que era muy peligroso. Las pocas veces que lo había hecho habían sido todo un éxito, pero terminaba exhausto. De hecho, la persona que se lo enseñó, era la mujer que suplantó Hermione hace unas horas.
-Seguramente estas pensando… no importa- le quitó importancia la castaña. Estaba muy sonriente.
Hermione estaba llena de felicidad. Estaba a punto de destruir a dos Horrocruxes. Era motivo de celebrar. No aguantaba las ganas de salir de ahí e ir con Sirius y perderse en su brazos. Besarlo con pasión. Decirle todas esas cosas indecorosas que sentía cuando lo veía. Quería llenarlo de besos y-
-¡Herms!.. ¿qué pensabas?- preguntó Reg extrañado. Se encontraba a su lado. Al parecer, Hermione había dejado de caminar.
Hermione no pudo evitar ponerse roja y mascullar un "Sirius" que causó un ataque de risa del oji gris. Hermione simplemente se puso mas roja.
Sin hacerle caso a las risotadas que no paraban de su cuñado, se agachó y puso la copa en el piso. Dentro de ella colocó al relicario. Hermione retrocedió con pasos arrastrados que movían las hojas caídas de los arboles o las rompía.
-Terminemos con esto para que te vayas con tu esposo.- lo dijo con un tono burlón. Un sonrisita en sus labios y la castaña sabía que le costaba trabajo no estallar en risas una vez mas.
-Basta Reg- suplicó Hermione roja como tomate.
-Esta bien, esta bien.- concluyeron las risas.
Hermione levantó su varita hacía los dos objetos sobresaltando a Regulus que abrió los ojos inyectados con terror.
-¡Eh! ¡eh! Espera, espera… ¿cómo? ¿lo harás tu?- preguntó sorprendido y preocupado a la vez. Jamás le cruzó por la mente que sería Hermione la que los iba a destruir. Siempre creyó que sería el.
-Claro- dijo con incertidumbre la castaña. Sus ojos estaban enmarcados por unas cejas fruncidas y su mano continuaba extendida hacia los Horrocruxes. La mano de Regulus sobre la varita de Hermione.
-¿Estas segura?
-Claro… lo he practicado varias veces- Regulus se sorprendió. Definitivamente esta mujer tenía mas sorpresas que los secretos de la familia Black.
-Muy bien- Regulus dudó pero quitó su mano de la de Hermione y retrocedió un paso.
Hermione cerró los ojos ganando concentración. Extinguió todo sonido a su alrededor. Y comenzó a sentir su magia fluir.
Una quimera de enorme tamaño salió volando de su varita. Las llamas llenaron de calor a los dos jóvenes que estaban detrás. Destellos rojos y dorados los rodeaban. El cabello de ambos se agitó debido a la ferocidad con la que se movía el fuego. Se alcanzó a escuchar un rugido cuando el fuego hizo contacto con los objetos tenebrosos, pero fueron extinguidos por el grito agudo que escapó de estos. Sonaba terrible. Una mescla de grito agonizante, súplica, y el sonido del chiflido de un tren viejo partiendo de la estación. Era extraño, terrible. Les hundía el corazón. Humo comenzó a salir. De este, la forma de un rostro deforme que abría la boca al tiempo que se escuchaba el chillido. El rostro de Voldemort. Se dirigía hacia ellos. El objetivo de su boca abierta.
Regulus y Hermione levantaron sus manos para cubrirse del humo y este simplemente chocó contra ellos. Todo desapreció. Lentamente bajaron sus brazos y se miraron. Después de unos segundos observaron a su alrededor. Era como si nada hubiera pasado.
Hermione caminó hacia los objetos que estaban negros en el piso. Ambos estaba completamente destruidos. Sonrió. Los tomó con ambas manos, con cuidado de no tirar su varita, y se levantó.
En cuanto estuvo completamente parada, una sensación recorrió su cuerpo. Nunca le había costado tanto mantenerse de pie, ya su cuerpo está exhausto, su mente se nubla, su corazón se acelera, el aire es escaso. Un hormigueo recorre su piernas y le tiemblan las rodillas.
Estas se vencen ante la debilidad y se flexionan para dejar a la bruja caer. Regulus vio como se había puesto algo pálida y la detuvo antes de caer.
-¡Herms!- exclamó el pelinegro con sus brazos fuertemente sosteniendo a la castaña.
-E-estoy bien- dijo con voz muy cansada y los ojos que se abrían y cerraban constantemente de una manera fugaz.
-¿Qué sucedió?- preguntó mientras ayudaba a Hermione a ponerse de pie.
-El maleficio. Me deja exhausta. Siempre ha sido así- dijo con un sonrisa mientras colocaba su mano en su frente, tratando de apaciguar el ligero dolor de cabeza.
-¿Segura estas bien?- preguntó manteniendo los brazos extendidos preparado por si volvía a caer.
-Estoy segura.. Reg, ya lo había hecho antes. No tan grande, si soy sincera… solamente no puedo utilizar mi magia por unas horas eso es todo.
-¿Nada?- preguntó el oji gris caminando muy cerca de ella. La veía muy cansada. Una vez mas había perdido tantito color. Pero se veía bien. Nada grave.
-Nada. Ni el mas sencillo hechizo. Una muggle- rió la castaña ante el ultimo comentario pero a Regulus no se le hizo ni tantito divertido.
Cuando estuvieron cerca de la tienda de campaña.
-Simplemente guardo esto, y estaremos listos para irnos.- dijo con una sonrisa cansada. Regulus asintió mientras le abría la tienda a la castaña.
Hermione tenía a los dos objetos en sus manos.
Los dejó en la mesa. Tomó con mucho cuidado el primer objeto. El relicario.
Sonrió con nostalgia. Después de tantos intentos fallidos, después de unas tristes semanas alejada de Ronald, después de la frustración, la desesperación, la irritación, habían conseguido destruir el Horrocrux. Recordó con pesadez las terribles imágenes que salieron de este objeto. Lo tomó y lo dejó caer dentro de la bolsita de cuenta.
Tomó la copa. La dejó descansar en su mano. Recordaba lo orgullosa que se había sentido cuando Ronald pudo abrir la cámara de los secretos. Recordó cuando la perforaron con el colmillo del basilisco que Harry había matado durante su segundo año. Recordó la destrucción del mismo objeto que estaba una vez mas destruido en su mano. Recordó aquel beso fugaz que habían intercambiado. Aquel beso de una amistad que había comenzado a desarrollar un mínimo sentimiento de amor. No podía comparar esos sentimientos, con los que ahora sentía por hermano del joven impaciente que la veía sin decir palabra alguna, pero obviamente irritado.
Dejó caer la copa en el fondo de la bolsita. Y la cerró.
Sonrió mientras giraba a enfrentar a un pelinegro que mantenía sus brazos cruzados y sus cejas levantadas.
-Te pareces mucho a Sirius, ¿lo sabías?- dijo mientras caminaba hacia este.
-Lo supuse… tu misma nos confundiste- dijo con una sonrisa de lado. Muy similar a la que Sirius hacía cuando decía cosas con confianza, seguro de que tenía razón. Hermione supuso levemente roja por el comentario.
-¿Lo recuerdas?- preguntó avergonzada y evitando la mirada de los ojos grises.
Estaban ya saliendo por la entrada de la tienda.
-Claro que lo recuerdo.- masculló entre dientes causando unas risas del pelinegro.
-Se te a hecho costumbre eso de burlarte de mi- dijo sonriente la castaña mientras que con su varita hacía un movimiento para guardar la tienda una vez mas, dentro de su bolsita. Todo quedó como si nadie hubiera acampado ahí jamás. Eso la puso ligeramente triste. Recordaba tanto el año en el que estuvo aquí con sus amigos…
-No lo haces muy difícil-. Recibió un golpe suave por parte de Hermione.
-Vamos a casa- sonrió con confianza y mucha ternura la bruja mientras se colocaba frente a el.
-Herms, ¿crees… crees que me perdone?- preguntó con miedo en su voz.
-Claro que lo hará Reg… no se si rápidamente, si soy sincera, pero definitivamente lo hará.- sonrió tratando de reconfortar al menor de los Black que se veía algo nervioso.
-¿Y los Potter? ¿me dejarán quedarse en su hogar?- preguntó evitando los ojos chocolates.
-Dorea te adoptará como a su hijo… - lo hizo con tu hermano… lo hará contigo. Será la madre que nunca tuviste.
Los ojos grises se clavaron con los chocolates. Había tanta ternura y tanto cariño en sus ojos que lo desconcertó. Era ilógico, pero por un momento, lo que sintió dentro de si… pensó que era cariño también. La quería. Era una bruja maravillosa. Estaba feliz de que Sirius consiguiera a alguien así.
-Tendrás que llevarme…. ¿recuerdas? Soy muggle ahora- Regulus rodó los ojos claramente no divertido por la evidente desprotección de Hermione pero extendió su brazo. Ella lo tomó. Una vez mas, desaparecieron.
-¡Hola familia!- gritó Sirius mientras abría de par en par su puerta.
-Sirius, tu familia está detrás de ti- espetó James sonriente mientras empujaba al pelinegro por el hombro y se introducía a su hogar.
-Mi familia, James, es una bruja que misteriosamente no ha venido a besarme aun- comenzó a comentar con emoción pero su voz se fue disipando mientras veía a todos lados, evidentemente buscando a una castaña.
-Muévete Sirius- rió Lily mientras entraba a la mansión. Sirius caminó y se recargó en la mesa de cristal extrañado por la ausencia de su esposa.
-¡Que gusto que ya llegaron!- exclamó Dorea, que salía de la cocina e iba a abrazar al ultimo que se introducía por la puerta.
-Do, te extrañé- dijo abrazando a su esposa. James tosió.
-¡James!- lo regañó su esposa.
-¿Dónde esta Hermione?- preguntó Sirius interrumpiendo el intercambio afectuoso de los padres de James. Cuatro rostro se giraron hacia el.
-No debe de tardar en regresar de su misión- la voz de Dorea estuvo calmada, moviendo sutilmente una mano en círculos. Todos se miraron extrañados. No esperaban que se fuera a una misión. Hermione no tenía misiones.
-¿!Qué!? – sobresaltó a todos el pelinegro.
-Sirius…- trató de calmar la pelirroja pero Sirius ya había colocado una mano en su pecho. James y Lily intercambiaron una mirada. Conocían al heredero Black. Solamente tenía una cosa en la cabeza. La sensación.
La mirada gris estaba frenética. Asustada.
-¡Sirius!- exclamó la voz de la castaña que estaba en el marco de la puerta que permanecía abierta.
Sirius dejó escapar un suspiro y volteó a verla. Paró en seco.
-¿Qué haces vestida así?- preguntó con una ceja levantada y mirando varias veces el cuerpo de su esposa. Este se encontraba aun cubierto por la ropa de Bellatrix. Muchas telas negras y algo grandes para ella, sin mencionar la chamuscada manga.
Hermione reparó del estado en el que estaba y simplemente sonrió incomoda sin nada que inventar.
-No importa, me alegro de verte- sonrió el pelinegro y dio dos zancadas para besar con dulzura los labios de su esposa.
Sirius se extrañó. No lo estaba besando de regreso. No con la efusividad que el esperaba.
-¿Pasa algo malo?- preguntó separando su rostro pero no su cuerpo.
-Nada malo, es solo que….
-Solo que, ¿qué?- entrecerró los ojos. Su corazón dio un vuelco. Si algo había aprendido con Hermione, es que cuando hablaba de esa manera, había algo importante.
-Te traje una sorpresa- dijo sonriendo con inocencia. Como si fuera una niña pequeña. Sirius comenzó a observarla mejor. Tenía unas ligeras ojeras bajo sus hermosos ojos. Estos se veían cansados, agotados a decir verdad. Estaba un poco pálida y se veía exhausta. ¿Qué rayos había hecho? ¿cuál fue su misión?.
-¿Una sorpresa?- ahora si se separó de Hermione. En unos segundos una sonrisa se extendió en su rostro- ¡una sorpresa!
Sirius se giró riendo, dándole la espalda a Hermione que aprovechó y retrocedió un paso. Sirius continuaba riendo mientras veía a James.
-¡Una sorpresa James!- era extraño el comportamiento, muy extraño en Sirius. Reía como un niño al que le daban los regalos de navidad un día antes a que fuera al fecha debida. Pero todos sabían que se debía al alivio que estaba sintiendo. Al menos James y Lily. Había estado muy preocupado por cuestión de segundos y ahora su cuerpo estaba inyectado en un alivio superior.
Lily y Dorea reían suavemente, mientras que James y Charlus observaban con las cejas levantadas y los brazos cruzados al alto pelinegro. Los ojos grises estaban con mucha felicidad.
Después de unos segundos deleitados por la emoción del heredero Black, los demás notaron cuando Hermione salió de la casa tan solo un paso y tomaba la mano de alguien, introduciéndolo al recinto.
Sirius pudo ver que las cuatro personas detrás de el abrieron los ojos de par en par. Desconcertado, iba a preguntar que sucedía, pero optó por girar al sentir a Hermione muy cerca de el.
-Sirius- esa voz… no era la de su amada esposa. Era una voz que no escuchaba hace mucho. Su corazón latió con mas prisa y giró.
-¿Reg?
