*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.


No me gustan los guapos

Epílogo I

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Cuatro años después

—¡Papiiiiiii! —gritó la pequeña Grace cuando escuchó la puerta del apartamento abrirse.

—Hey, ¿dónde está la pequeña más hermosa del mundo? —preguntó Edward en cuanto la escuchó.

—¡Aquííííí! —gritó la pequeña saltando hacia sus brazos cuando lo encontró entrando. Edward tuvo que soltar su portafolio y sus llaves en ese momento para recibir a su hija.

—¡Oh! ¡Aquí estás! Y cada vez más hermosa —dijo mientras la abrazaba y le daba un par de besos en la mejilla.

—¡Papi! Mami dijo que me ayudarías a poner mi dibujo en la pared de dibujos.

Habían destinado toda una pared del apartamento a colocar los dibujos de Grace, pero no sólo eso, también habían adoptado la costumbre de llenarse de pintura o tomar algunas brochas para pintarla de vez en cuando con lo que sea que a la pequeña se le ocurriera, era como su propio "muro de arte", al que en principio habían decidido llamarle pared de dibujos. Ahí se veían las manitas de Grace, de Tony, alguna huella de Amigo, las manos de Bella y Edward, un angelito de pintura hecho por Grace la pasada Navidad, y otras cosas.

—Claro que sí, cielo. ¿En dónde está esa obra de arte?

—Allá —dijo señalando con su manita hacia la terraza— con mami y Tony.

—Bien, vamos por él.

—Papi... —la pequeña dudó en continuar y sólo abrazó a su papá.

—¿Sí? ¿Qué pasa?

—Te quiero.

—Yo te quiero más, cielo —apretó el abrazo a su hija que tenía enterrada la cara en su cuello, mientras se dirigían a la terraza.

—Hueles rico.

—Es la loción que me regalaste en Navidad, princesa.

—¿De verdad?

—Ajá. Por eso huelo bien.

—Me gusta.

—A mí también. De ahora en adelante, dejaré que tu elijas que me voy a poner.

—Sííí... —levantó sus manitas en señal de triunfo mientras Edward sonreía embobado.

—Hola, amor —saludó a Bella nada más cruzar la puerta.

—Hola, guapo —respondió con el pequeño Tony, de casi dos años, en su regazo.

—Pa...pa da...go...

—Hola, campeón —se acercó hacia ellos y le dio un beso en la boca a Bella mientras acariciaba la cabeza de Tony para después darle un beso en la mejilla.

—Hola bebé —se inclinó, aún con Grace en su brazo, para hablarle al abultado vientre de Bella, que tenía siete meses de embarazo.

—Qué bueno que llegas temprano —Bella estiró sus piernas mientras Edward tomaba a Tony con su otro brazo.

—Ya los extrañaba —le guiñó un ojo—. ¿Cómo te sientes?

—Bien, un poco cansada, pero bien... Natalie fue a casa de mamá porque prepararon algo para cenar, no debe tardar en regresar.

—Agradezco tener a esa chica ayudándote, aunque me gustaría pasar más tiempo con ustedes —Edward se sentó junto a ella cargando a sus hijos.

—Tranquilo, amor... Sé que haces lo posible por estar con nosotros siempre que puedes.

—Pa...pa da... da... ma...mi...

—¿Verdad que sí, Tony?

—¿Podrías estar con nosotros todo el día? —preguntó inocentemente Grace.

—¿Quieres que esté todo el día aquí con ustedes?

—Síííííííií —respondió emocionada.

—Diiiiiii —balbuceó Tony tratando de imitar a su hermana.

—¿Y tú, amor? No escuché tu respuesta emocionada... —Sonrió divertido.

—¿Tres hijos no te dicen lo mucho que te quiero en casa todo el tiempo? —habló un poco bajo dándole a entender el proceso para tenerlos.

—Tal vez.

—¿Tal vez? —sonrió— Lo único que me preocuparía es que no me dejarías trabajar.

Desde que había nacido Grace, Bella hacía la mayor parte del tiempo home office, pero no dejaba de ir a la oficina al menos, cuatro horas, tres veces a la semana. Habían incorporado un programa de guardería en uno de los pisos del edificio, abajo de la oficina, lo cual también le había servido a Rosalie y a Alice con sus hijos. Se turnaban los viajes y los acomodaban de tal forma que interfiriera lo menos posible con sus actividades familiares y escuela, aunque eventualmente habrían tenido que viajar solos a ciertos lugares, en donde intentaban pasar el menor tiempo posible cuando no los acompañaba su familia.

—Podríamos trabajar desde la cama —Edward trató de hablar bajito.

—¿Yo puedo ir a la escuela desde la cama? —preguntó Grace confundida haciendo que sus padres rieran.

—No, cariño. A la escuela vas a tomar clases pero también a conocer a nuevos niños —intentó explicar Edward.

—Ahhhh... —intentó entender la pequeña—. Pero puedo conocer niños en el parque —agregó Grace.

—También puedes conocer niños en el parque, pero no dejarás de ir a la escuela —advirtió Bella con una sonrisa.

—Bien —dijo resignada la pequeña.

—Te amo —susurró Edward acercándose a los labios de Bella para besarla.

—Yo te amaré más si me traes un poco de agua, ¿sí? —pidió después del beso, haciendo un puchero con el que Edward se derritió.

—Lo que tu quieras, amor... ¿Me acompañan, niños?

—Sip —dijo Grace.

—Di... yaya... ma...mi...

—Tomaré eso como un sí —les sonrió y se levantó hacia la cocina.

Bajó a Grace al llegar para poder tomar un vaso y servir agua. En otro sirvió un poco de limonada y en otro naranjada. Tomó unas galletas de uno de los frascos de la cocina y un plato con papas fritas en otro.

—¿Me ayudas con las servilletas, cielo? —Edward se inclinó para darle un par de servilletas de tela a su hija quien sonrió al ser considerada en el servicio para mamá.

—Sí. ¿Puedo llevar otra cosa?

—Mmm... —Edward se giró con Tony en el brazo buscando qué otra cosa podría llevar y el pequeño comenzó a reírse—. No creo que sea gracioso, bebé —dijo en tono juguetón mientras se acercaba para tocar frente con frente de su hijo.

—Sí lo es, papi. Te ves chistoso dando vueltas sin saber qué hacer —aclaró Grace.

—¡Ah! ¿Sí?... Mmm... —entrecerró los ojos divertido— Más te vale que traigas tus tenis de carrera rápida muñequita, porque en cuanto le demos esto a mamá, alguien tendrá que esconderse de un ataque de cosquillas.

—¡Ahhhhhh! —gitó Grace divertida mientras salía corriendo de la cocina hacia donde estaba su mamá y Tony empezó a reírse.

—Eso sí es gracioso, campeón —le dió un beso y con cuidado tomó la charola que había preparado para Bella—. Vamos.

Al llegar a la terraza Grace estaba escondiéndose detrás de Bella y su enorme panza. Soltaba algunas risitas mientras Bella susurraba un "shhh" fingiendo que nadie la había notado aún.

—Te trajimos agua, limonada, naranjada, galletas y papitas.

—¡Dios! Edward, ¿quieres que me ponga como ballena? —ambos comenzaron a reír.

—No, sólo quiero que tengas cualquier cosa que necesites, y no te iba a traer sólo un vaso de agua, ¿o sí? —se acercó para darle un pequeño beso en los labios—. Por cierto, ¿no has visto a Grace? —preguntó divertido viendo de reojo a su pequeña diablilla.

—¿Grace? —Bella se fingió desentendida—. Noooooo... —Alargó la palabra mientras la pequeña reía detrás de ella.

—Creo que el bebé en tu panza se está riendo, amor —jugó con ella.

—Sí, está divertido... y tiene una muy linda risa, ¿no crees? —Edward dejaba en la manta que estaba tendida en el piso junto a Bella al pequeño Tony que balbuceaba algo y se metía un cubo de plástico con la letra C en la boca para llenarlo de baba.

—Muy linda, hasta se parece un poco a la de... —Edward saltó detrás de Bella y descubrió a su hija que saltó más y dio un grito— ¡Grace!

—¡Ahhh! ¡Mamá!... —la pequeña corrió haciendo que el viejo Amigo se levantara de su permanente descanso y comenzara a seguirlos con lentitud.

—Ven aquí, princesa... —La llamaba Edward mientras la perseguía alrededor de la terraza, hasta que finalmente la tomó de los costados y la levantó para hacerle cosquillas.

La pequeña se retorcía de risa e intentaba soltarse de su papá, sin mucho éxito, hasta que Edward comenzó a llenarla de besos y ella lo abrazó. Bella y Tony los miraban divertidos desde sus lugares y segundos después Edward llevó a Grace a sentarse con ellos.

—Toma un poco de naranjada, cielo —le extendió el vaso y la pequeña se lo bebió casi de un sólo trago, derramando un poco por las comisuras de sus labios y limpiándose con la manga de su blusa.

—Cariño... ¿ya le preguntaste a papá? —Bella le dirigió una mirada maternal a Grace que agachó la mirada.

—Nop.

—¿Qué pasa, Grace? —preguntó Edward un poco preocupado, pero al mirar a Bella ella hizo una seña con los ojos de que se tranquilizara.

—Es que...

—Mi amor, sabes que puedes decirme lo que sea, ¿verdad? —Edward se puso de rodillas para quedar a la altura de su hija.

La pequeña sólo asintió y miró a su madre que la instó con un movimiento de cabeza a continuar.

—Es que... Joe me molesta.

—¿Joe? ¿Joseph? —dijo con cierta molestia— ¿Qué te dice, cielo? —preguntó un poco irritado.

—Tranquilo, amor —susurró Bella para que sólo su esposo la escuchara.

—Es que... dice que... Amigo no se puede llamar Amigo... —habló bajo acariciando al perro que se había echado a un lado de ellos— Dice que es un nombre tonto.

Amigo ya había empezado a tener problemas de cadera, y no se movía como antes, pero cuidaba a Grace y a Tony en la casa. Empezaba a ser un perro viejo pero era un miembro más de la familia y lo cuidaban como tal.

—Mi...go... mi... go... da...gua —Tony señalaba a Amigo con su manita libre mientras mantenía la otra con el cubo dentro de su boca ante los fallidos intentos de Bella por sacarlo.

—Ven, cariño... —Edward se sentó en el piso de la terraza sin importar arruinar sus costosos pantalones, y sentó a Grace sobre sus piernas—. ¿Te gusta que Amigo se llame Amigo?

—Sip.

—¿Por qué te gusta?

—Porque es bonito que la gente le diga Amigo cuando lo acaba de ver... porque es como un amigo y es chistoso que se llame Amigo. Además, es peluuudo y tierno... y babea tooodo... Yo no creo que sea tonto. —Hizo un puchero.

—Exacto... ¿Sabes por qué le pusimos así?

—No —negó insistentemente con la cabeza.

—Precisamente porque eso queríamos para él. Que fuera amigo de la gente aún cuando lo acabaran de conocer. Eso hace que la gente, por lo menos, le de una oportunidad para quererlo, ¿no crees?

—Sip.

—Y definitivamente no es nada tonto... No le hagas caso a ese Joseph. Yo hablaré con él —dijo con voz firme y serio.

—Amor —lo llamó Bella al notarlo—, te recuerdo que es un niño.

—No me importa. Desde niños deben aprender a no molestar a las niñas, y mucho menos a Grace —Frunció el ceño—. Jasper me va a escuchar —volteó hacia Tony—, tú no vayas a hacer eso Tony.

—Ma...mi... Da... da... buuu... pa...pa...

—¡Eso es! —dijo con orgullo como si su hijo hubiera dado cátedra de lo que le había explicado—. Ese niño saldrá como su padre, pobre Alice que tendrá que lidiar con dos demonios.

—"Ese niño", amor... —dijo divertida—. Es tu ahijado.

—Pues me encargaré de que cuidar que no moleste a mi Grace —afirmó abrazando a su hija que sonreía divertida sin entender mucho.

—Te amo, Edward Cullen.

—Eh, eh... —negó con la cabeza.

—Te amo, Señor Swan.

—Te amo, Señora Cullen.

Ambos se acercaron a besarse mientras Grace se tapaba los ojos avergonzada y Tony trataba de llamar la atención de su mamá para que dejara de besar a Edward. Sin éxito, claro.

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Muchas, muchas gracias!

Un epílogo más y damos por cerrado el fic! :')