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Capítulo Treinta y ocho
Aprendiendo
Sasuke gruñó al rodar sobre su espalda y estirar sus piernas agarrotadas. Se preguntó durante cuánto tiempo había estado durmiendo, estirando el cuello para echarle un vistazo al reloj—pero no vio nada.
Una profunda y sorprendida bocanada de aire inundó sus pulmones al levantarse disparado de la cama. Apretó las sábanas cuando su cabeza giró—el mareo se fue corriendo directo a su estómago. Cuando el sentimiento desapareció, lentamente acercó una tensa mano a sus ojos mientras su pulso se aceleraba.
Sasuke sabía lo que iba a sentir antes de que sus dedos tocaran siquiera el vendaje. Tentativamente, siguió el borde raído con las yemas de sus dedos.
Un parte de él quiso creer que todo lo que tenía que hacer era remover las bandas envueltas alrededor de su cabeza y ser capaz de ver. Otra parte, la más racional, sabía que sólo estaba siendo un tonto.
Sasuke se sacó esos pensamientos de su cabeza mientras se deslizaba hasta el borde de la cama. La sensación del frío y del duro piso de madera bajo sus pies lo ayudó a apaciguar su acelerado corazón. No podía ver, pero todavía tenía sus otros sentidos. No había razón para que entrara en pánico.
Apretando la mandíbula —frustrado por la persistente dura—, Sasuke se puso de pie. En el momento en que lo hizo, se congeló, abrumado por su ceguera. Se mantuvo esperando a que algo ocurriera, a que hubiera alguna especie de destello o sombra. No hubo nada.
¿Qué era lo que se suponía que tenía que hacer?
La pregunta encendió una feroz determinación en Sasuke cuando sus hombros se cuadraron.
Se despertaba a la misma hora todos los días, se dijo a sí mismo. Y cada mañana se daba un baño y desayunaba.
Esta mañana no sería diferente.
Sasuke dio atrevidas zancadas al frente como si pudiera ver exactamente en dónde estaba la puerta del baño, pero caminó directo nada más y nada menos que hacia una pared. Frunciendo el entrecejo, caminó a lo largo de esta—su mano deslizándose a lo largo de la áspera pintura. Esperó llegar al margo de la puerta del baño en cualquier segundo.
No lo hizo.
Lo que golpeó fue su rodilla.
Sasuke maldijo cuando un rítmico repiqueteo llenó la habitación. Sin pensarlo, extendió una torpe mano para estabilizar al objeto. Sólo tuvo éxito en inundar la habitación con una ola de sonidos de golpeteos antes de que lo que sea que fuera se quebrara.
—Sasuke, ¿oye?, ¿te encuentras bien?
Los hombros de Sasuke dieron un respingo al escuchar la voz de Sakura mientras que un sonrojo se abría paso por su cuello, encendiendo la punta de sus orejas.
—Estoy bien —murmuró. ¿Cómo pudo olvidarse de que ella se estaba quedando con él?
Escuchó lo que pareció ser el tintineo de cristal antes de que Sakura dijera:
—Sólo fue una lámpara. ¿Qué necesitabas?
—Me voy a dar un baño —dijo, apartándose de ella.
No necesitaba ayuda, se dijo a sí mismo cuando extendió su brazo para seguir la longitud de la pared.
—De acuerdo… —pudo escuchar la duda en la voz de Sakura, así que cuando sus dedos tocaron el marco de la puerta, sus labios se alzaron en una sonrisa petulante.
Ahí está, pensó. No necesitaba ninguna ayuda.
Ni una fracción de segundo después, Sakura dijo:
—Sólo déjame sacarte un cambio de ropa.
Sasuke escuchó un cajón abrirse y su mano se enroscó sobre el marco de la puerta hasta que sus nudillos quedaron blancos mientras que apretaba los labios fuertemente. Ni siquiera había pensado en la ropa.
Con cada uno de los pasos de Sakura más cerca, la frustración de Sasuke fue aumentando cada vez más.
Jalando su mano y colocando la pila de ropa en su palma abierta como si fuera un inválido, preguntó, —¿Tienes una toalla?
Su respuesta fue un cortante asentimiento de cabeza antes de entrar al baño. Había acabado de deslizar la mano hasta el borde de la orilla cuando Sakura habló de nuevo.
—Voy a estar en la cocina preparando el desayuno. Hazme saber si necesitas ayuda con algo más, ¿de acuerdo?
La mandíbula de Sasuke casi se resquebrajó y sus músculos se contrajeron. Con un amargo Hn, Sasuke consiguió detenerse justo antes de estampar la puerta al cerrarla de mala gana.
Se sintió de repente tan inepto como… como… como Naruto.
Sakura dejó de escuchar el agua correr al servir un segundo omurice en un plato.
—Pero qué oportuno —murmuró, poniendo catsup encima de dos omelettes de arroz antes de comenzar a despejar donde cocinó; necesitaba matar algo tiempo para darle a Sasuke el tiempo de vestirse.
Después de sacar los platos y colocarlos en la mesa, caminó por el pasillo hasta la habitación de Sasuke, tocando la puerta fuertemente para anunciar su presencia.
La puerta del baño se abrió y Sasuke asintió en su dirección mientras continuaba secando su cabello con una toalla.
Fue como si un rayo se disparase dentro de Sakura cuando sus ojos recorrieron su pecho desnudo—su piel todavía enrojecida por el baño.
Al sentir un sonrojo subir por sus mejillas, Sakura rápidamente desvió la mirada y con incomodidad colocó un mechón detrás de su oreja.
—¿Te sientes mejor? —preguntó, aclarando su garganta repentinamente seca.
—Aa.
Sakura se mordió los labios cuando sus ojos deambularon sobre la cómoda, la cama, su futón—cualquier lugar que no fuera Sasuke. Su corazón estaba palpitando en su pecho y estaba deseando que su sonrojo desapareciera cuando escuchó a Sasuke moverse.
El alivio la inundó; él se estaba poniendo una playera.
En el momento en que él se acercó al marco de la puerta del baño, la mente de Sakura se acordó de su deber y estuvo a su lado, diciendo:
—Espera, déjame ayudarte.
Trató de no pensar mucho en su cálida piel cuando colocó una mano sobre el codo de Sasuke para guiarlo hasta su cama. —Sólo necesito cambiar tus vendas. ¿En dónde las guardas?
—En el baño —respondió Sasuke—. Están debajo del lavabo.
—De acuerdo, gracias.
En el momento en que ella entró a la pequeña habitación, la piel se le erizó y su estómago tuvo un retorcijón.
El baño todavía seguía lleno de vapor tras el baño de Sasuke y el abrumador olor a masculinidad flotando sobre el húmedo aire causó que un sonrojo la recorriera desde la punta de sus pies hasta las puntas de su cabello.
Rápidamente, encontrando difícil respirar el aire caliente, Sakura agarró un rollo de vendas y salió del baño.
Estaba agradecida de que Sasuke no pudiera ver su sonrojo indudablemente pronunciado cuando se le acercó, notando que las mejillas de Sasuke todavía seguían sonrosadas y cómo su cabello puntiagudo caía mientras seguía húmedo. ¿Cómo es que Sasuke siempre lograba verse tan majestuoso sin importar el estado en el que estuviera?
Sonriendo de manera anhelante al pensarlo, Sakura tiró las vendas nuevas sobre la cama, murmurando:
—Sólo déjame removerte estas. —La tensión estaba prácticamente destellando en el aire alrededor de ellos cuando comenzó a desenrollar las vendas todavía húmedas de su cabeza.
—¿Sentiste alguna molestia en los ojos mientras te bañabas? —preguntó, esperando que desaparecieran los nudos en su estómago.
Sasuke negó con la cabeza. —No, están… bien.
Poniendo las vendas viejas a un lado, Sakura frunció el entrecejo al escuchar la duda. —¿Ocurre algo?
Sasuke abrió la boca, dudó por un momento y finalmente preguntó, —¿Debería ser capaz de sentir algo?
Viendo la preocupación claramente demostrada en la tensión de sus hombros, Sakura sintió la pesadez llegar al fondo de su estómago. ¿Por qué no había pensado en explicarle esto a Sasuke en el momento en que se despertó?
—No —respondió, contenta de ver algo de la tensión desaparecer de su cuerpo—. En este momento, ninguno de los nervios en tus ojos está funcionando. Puede ser que sientas presión de vez en cuando, pero eso es porque tu chakra está curando todos los nervios y los músculos. Sin embargo, todo se ve bien —agregó, llevando sus manos hasta los ojos de Sasuke—. Sólo voy a cerciorarme de que no haya inflamación, ¿de acuerdo?
—Aa.
Ligeramente, Sakura recorrió los párpados de Sasuke con las yemas de los dedos y luego debajo de las cuencas, disculpándose cuando él se estremeció por sus frías manos. —La piel todavía está bastante roja, pero eso desaparecerá en unos cuantos días —explicó—. Y no hay hinchazón, lo cual es genial. Ese es un buen indicador de que la curación está yendo sin ningún problema.
Enganchada en sus pensamientos sobre el proceso de sanación de los trasplantes de ojos, Sakura estuvo distraída cuando colocó la nueva venda y preguntó, —¿Puedes sostener esto, por favor?
Su cerebró se apagó por un segundo cuando los dedos de Sasuke se deslizaron sobre los de ella. Toda su mano permaneció con el hormigueo cuando la apartó y comenzó a envolver el nuevo vendaje alrededor de su cabeza.
—¿La cirugía estuvo bien? —preguntó Sasuke, rompiendo el incómodo silencio.
—La cirugía fue genial —respondió con entusiasmo, recordando la facilidad de la operación—. Los ojos de Itachi se adaptaron al isntante. Ni siquiera había comenzado a vendarte cuando el chakra comenzó a circular a través de ellos.
Después de guardar el final de la venda entre la misma, Sakura estuvo sorprendida cuando se alejó para ver una pequeña sonrisa adornando los labios de Sasuke. Su corazón se llenó en el momento en que se dio cuenta de lo que debía significar para él el saber que los ojos de su hermano habían aceptado a su nuevo portador.
Los labios de Sakura no eran nada más que una firme línea al observar su comida—el sonido metálico de los cubiertos de plata resonando incómodamente en la silenciosa cocina. Se mantuvo dándole un vistazo al plato de Sasuke, el agarre en su cuchara intensificándose con cada mirada.
Había hecho omurice, pensando que la consistencia compacta de la comida y la cuchara sería más fácil para que Sasuke comiera. Y, durante la mayoría del tiempo, él lo había hecho bastante bien. Tomó algo de exploración con la cuchara y sus bocados nunca estaban proporcionados, pero él había logrado evitar golpearse en el rostro.
Ahora, sin embargo, las cosas no estaban yendo tan bien. Habiendo logrado comerse la mitad del omelette, el arroz se estaba desbordando. Mientras Sasuke empujaba más la cuchara, más esparcía el contenido de su comida alrededor.
Los ojos de Sakura se alzaron de nuevo, observando cómo Sasuke agarraba una escasa porción de arroz. Sabía que él se estaba frustrando; lo podía ver en los nudillos blancos de su agarre sobre la cuchara.
Sakura dejó salir un lento y calmado suspiro. Cada músculo en su cuerpo ardía por moverse y ayudarlo. Se obligó a desviar la mirada a su regazo, sus dedos apretando su falda. Sasuke lo estaba logrando, se dijo a sí misma. Comer sin su vista era algo que él necesitaba practicar. Su ayuda sólo heriría su orgullo y lo frustaría aun más.
Ella presionó sus labios aun más, sus ojos lentamente levantándose. A pesar de cada deseo para mirar a cualquier lugar que no fuera Sasuke, Sakura no pudo evitarlo. Todo su cuerpo estuvo temblando de nervios al observarlo agarrar una cucharada del contenido en su plato. Cuando alzó su cuchara con una porción decente de arroz y huevo, Sakura fue vencida por la emoción al ver su logro y casi lo alabó.
Consiguió reprimir las palabras en una tos sofocante.
Sasuke se detuvo, su cabeza alzándose ligeramente como para verla.
Sakura se sonrojó, avergonzada por toda la situación.
—Lo siento —masculló—. Arroz en mi garganta.
Sasuke gruñó en respuesta a sus palabras, tomó una porción y luego regresó la cuchara a su plato; los ojos de Sakura siguieron el reluciente utensilio durante todo su trayecto. Sin pensarlo, dijo:
—Un poco a la derecha.
Un avergonzado bochorno se expandió por su cuerpo, consumiéndola entera, al observar el agarre de Sasuke sobre su cuchara intensificarse.
Estaba bastante segura de que se dobló un poco.
Aun así, él siguió su diracción, sirviéndose otro bocado decente y llevándoselo a la boca.
A pesar de las vendas, Sakura supo que él estaba frunciendo el entrecejo.
Su estómago se le encogió mientras un 'lo siento' descansaba en la punta de su lengua. Se lo tragó, sabiendo que una disculpa sólo heriría su orgullo aun más.
Taciturna, Sakura se hundió en su asiento, de repente encontrando muy fácil el evitar que sus ojos merodearan sobre Sasuke.
Sasuke escuchó el tac, tac, tac de Sakura cortando algo para la cena. Podía escuchar el sordo rugido de algo hirviendo y sintió el olor fuerte de cebollas cocidas y un subyacente aroma sabroso que no podía identificar.
Sin embargo, no iba a preguntarle a Sakura.
Todo el día, eso es lo que había estado haciendo. ¿Quería moverse a otra habitación? Necesitaba a Sakura. ¿Quería algo de comer?, ¿de tomar? Necesitaba a Sakura.
Despues de una mañana muy frustrante, había tenido una tarde muy frustrante sobre el sofá—permaneciendo ahí, tirado y pretendiendo dormir como un tonto.
Los puños de Sasuke se apretaron sobre la mesa de la cocina.
¿Cómo se suponía que lidiaría con esto? ¿Acaso iba simplemente a desperdiciar quién sabe cuánto tiempo sentado sin hacer nada?, ¿teniendo que depender de alguien más para todo?
La paciencia de Sasuke se acabó.
Levantándose de la mesa, dijo:
—¿Con qué puedo ayudar?
El corte cesó cuando Sakura balbuceó, —¡Oh! Yo, uh… yo—está casi listo. ¡Siéntate! ¡Relájate!
El enojo estalló dentro de Sasuke. —Comenzaste a cocinar diez minutos atrás.
—Sasuke… —Sakura dejó salir un profundo suspiro antes de que él escuchara sus pasos ligeros acercarse—. Mira, sólo preocúpate de descansar. En serio, esto no es ningún problema en lo absoluto.
La mandíbula de Sasuke tuvo punzadas al apretarla fuertemente—prácticamente mordiéndose la lengua cuando Sakura presionó con gentileza su hombro, instándolo a sentarse.
Con un resoplido, se desplomó sobre su silla, bufando, —Sí. Lo que sea.
Hubo un momento de tensión en donde sintió los ojos de Sakura sobre él. Cuadró sus hombros y ladeó su cabeza hacia otro lado—escuchando mientras ella se alejaba.
Ella bien pudo haberle dicho la verdad.
Él era inútil.
Sasuke estuvo de un pésimo humor al estar a punto de despertarse en el mismo mundo vacío en el que se había dormido. Sus labios se fruncieron.
Otro día.
A regañadientes, puso las sábanas a un lado y se sentó.
La mañana del día anterior se repitió en su cabeza cuando el frío piso bajo sus pies lo incitó aún más. Mientras se ponía de pie, se dijo a sí mismo que era perfectamente capaz de cortar la pequeña distancia entre él y el baño. Estaba a punto de dar un paso para demostrarse el hecho a sí mismo cuando Sakura lo llamó desde el otro lado de la habitación, —¡Sasuke, déjame ayudarte! —y una pequeña mano se envolvió alrededor de su bicep.
Él siguió su dirección con pasos rígidos.
—Aquí estamos —Sakura llevó la mano de Sasuke hasta el marco de la puerta—. Sólo déjame ir por tu ropa e ir a comenzar con el desayuno.
Sasuke casi arrancó el molde de la pared cuando escuchó la puerta del cajón abrirse.
—Ahí lo tienes —dijo Sakura, plegando el final de la nueva venda—. Todavía no hay inflamación y el enrojecimiento se ha desvanecido. Eso es realmente excepcional.
Sasuke gruñó en respuesta al escuchar su entusiasmo. Pensó que la única buena noticia que le podría dar a estas alturas sería que sus ojos se habían curado milagrosamente durante la noche.
Sakura tomó su brazo de nuevo para guiarlo hasta la cocina. Sasuke luchó contra la necesidad de soltar su brazo de un tirón del insultante agarre con cada paso que daba.
Cuando Sakura lo ayudó a llegar hasta su silla y presionó un par de palillos en su palma como si fuera un niño, Sasuke casi explotó.
Sentado en la sala tras el desayuno, a Sasuke se le ocurrió que nunca se había puesto a pensar realmente en qué tan drásticamente cambiaría su vida mientras estuviera ciego.
Él estaba siendo arreado alrededor y luchaba con cosas básicas como comer. Encima de eso, no había nada que él pudiera hacer. Sabía que no sería capaz de entrenar tras la cirugía, pero no era sólo su entrenamiento lo que había perdido, sino todo. No podía pasar las incontables horas del día ocupándose de sus armas o leer o hacer siquiera algo tan mundano como cocinar.
Los dedos de Sasuke se enterraron en el reposabrazos al recordar a Sakura dándole unas palmaditas en la espalda para que se sentara en la silla como si fuera un niño—qué inútil era. Un sabor amargo inundó su boca y una incansable picazón se extendió sobre su piel. Antes de que pudiera darse cuenta siquiera, estuvo de pie.
Su pecho se infló durante una fracción de segundo ante la simple idea de simplemente irse. Duró justo antes de que Sakura preguntara, —¿Qué necesitas?
El sabor amargo en su boca quedó en la parte trasera de su garganta.
Con un bufido de burla, Sasuke se hundió de nuevo en el sofá. —Nada —dijo con furia, recostándose sobre el sofá y cruzando los brazos sobre su pecho—sus manos hechas fuertes puños. Los pulmones le ardieron por su rápida y errática respiración mientras que sus latidos le resonaban en la cabeza.
Cuando sintió el ligero peso de la cobija chocar con sus pies, su mano se disparó y la aventó, tirándola al piso.
—Deja de RONDARME —ladró, tan cerca del rostro de Sakura que pudo escucharla inhalar una enorme bocanada de aire.
Se tiró sobre su costado un segundo después, dándole la espalda hacia Sakura y un fuego ardiendo dentro de él—sordo a los tensos pasos que abandonaron la sala.
Apenas había una diferencia entre estar despierto y estar dormido, pensó Sasuke. Permaneció acostado durante un largo momento, preguntándose cuál era el punto—¿para qué levantarse?
Su terco orgullo respondió por sí solo esa pregunta al aventar a un lado las sábanas y balancear sus piernas sobre el borde de la cama. El shock se disparó por su espalda y cuadró sus hombros.
Enroscó los dedos sobre una suave alfombra afelpada. ¿Cómo…?
Sus pulmones se endurecieron al suspirar profundamente y ponerse de pie. Con cautela, deslizó un pie al frente. Cuando sus dedos rozaron el borde redondo de la alfombra, se desplazó fácilmente a lo largo del camino de alfombra. Sintió como si hubieran pasado años desde que había estado tan seguro de sus movimientos.
Cuando llegó al final de la alfombra, ses pies se encontraron con algo frío—¿el piso de madera? No, se dio cuenta Sasuke, era baldosa. Con bastante seguridad, su mano se encontró con la suave y curvada superficie del lavabo.
Él estaba en el baño, había caminado hasta ahí por sí mismo.
Girándose, colocando su otra mano en la orilla del lavabo, Sasuke estuvo sorprendido cuando no sintió la fría porcelana, sino algo suave—¿qué era? Recorrió la algodonosa superficie con los dedos cuando se dio cuenta. Ropa. Era una pila de ropa.
Una sonrisa cómplice se extendió en los labios de Sasuke.
Sakura alzó la mirada del jengibre que estaba rebanando cuando Sasuke entró a la cocina.
—Oye —lo saludó cuando él se movió con pasos seguros hacia la mesa de la cocina.
Habían pasado unos cuantos días desde que ella había puesto la alfombra que dirigía al baño. Desde entonces, había colgado fotos a lo largo de la pared del pasillo—le tomó mucho tiempo a Sasuke darse cuenta de que cada marco denotaba la entrada a alguna habitación. En la cama, había puesto una alfombra al sofá. En la cocina, una grande alfombra redonde bajo la mesa. Le tomó a Sasuke dar tres pasos antes de llegar a una silla.
Sakura lo agarró de su codo en su segundo paso.
—¿Sakura? —preguntó, girándose hacia ella.
—Lo siento —dijo, guiándolo hacia la barra de la cocina—, ¿pero crees que me puedas ayudar?
—¿Qué?
Sakura sonrió al escuchar la sorpresa en la voz de Sasuke—no era muy común que se le tomara desprevenido.
—Con la cena —aclaró, entendiendo perfectamente bien que su confusión no era sobre con qué necesitaba ayuda, sino más bien en cómo podría ayudarla—. Necesito terminar de cortar los vegetales y hay camarones que necesitan ser pelados. Si pudieras hacer eso… —colocó el bol de metal de camarones en frente de él con un resonante ting—, …me ayudarías mucho.
—Seguro —dijo Sasuke, lentamente acercando el bol. Metiendo una mano, sacó un camarón y se dispuso a pelarlo.
Sakura estuvo complacida de verlo arreglárselas tan bien con la tarea. Podría estar desplazándose por la casa con más facilidad, pero sabía que él estaba aburrido de viajar de una habitación a la otra con nada que hacer realmente en ninguna de ellas.
—Sakura. —Sorprendida por su severa voz huraña, los ojos de Sakura se fueron del camarón en la mano de Sasuke a su rostro. Con un suspiro, dijo—: ¿Los vegetales?
—¡Cierto! —regresó rápidamente al jengibre, la cocina llenándose con el sonido del tac, tac, tac de sus tajos, mientras mascullaba—: Sólo estaba pensando…
—Puedo pelar camarones, Sakura.
Estuvo a punto de reiterar de que realmente se había perdido en sus pensamientos, de que no estaba dudando de él, cuando se calló al ver su expresión seria. Con una amplia sonrisa traviesa, bromeó, —Oye, si quieres arriesgarte a morder cáscara…
Los dedos de Sasuke se congelaron sobre la cáscara que estaba pelando. —Sólo… revísalos cuando haya terminado.
La risa se acercó sigilosamente hasta ella, pero tan rápido que Sakura no tuvo la oportunidad para detenerla. —Estaba jugando. ¡Por Dios, la mirada en tu rostro! ¡Alguien podría pensar que un poco de cáscara en tu ebi chili es una especie de tortura! —Otra risita escapó de Sakura al observar el ceño fruncido de Sasuke. Picándolo en el costado con su codo, dijo—: Vamos. Relájate, Sasuke. En serio, lo estás haciendo bien.
—Hn.
Sakura rodó los ojos cuando Sasuke se limitó a continuar pelando los camarones. Un momento después, una sonrisa arrogante alzó los labios de Sasuke y los ojos de Sakura se ensancharon. —¿Vas a cortar en cuadritos los vegetales o también voy a tener que hacer eso?
La mandíbula de Sakura se desencajó antes de que su risa llenara la cocina.
En el momento en que se puso de pie, un fuerte dolor caló en sus huesos. Sasuke atrapó una maldición detrás de sus dientes apretados mientras agarraba su cabeza. Tomando unas cuantas respiraciones constantes y obligando a sus músculos a relajarse, el dolor declinó a una tenue palpitación. Sin embargo, no hubo alivio—no cuando Sasuke se dio cuenta de que no era su cabeza la que dolía, sino sus ojos.
Con su corazón latiendo con pánico, Sasuke caminó a tropezones con sus temblorosas piernas hasta el futón de Sakura. Apenas se dio cuenta del golpe entre el piso de madera y sus rodillas al esforzarse por escuchar la respiración de Sakura. Una mano temblorosa se acercó hasta el sonido.
La agarró del brazo, diciendo:
—Sakura. Despierta.
—¿Sasuke? —preguntó, su voz llena de sueño. Él escuchó el sonido de las sábanas mientras ella se movía—. ¿Qué está ocurriendo?, ¿te encuentras bien?
La sangre de Sasuke se tornó fría el escuchar la pregunta, dejándolo paralizado. Apenas estuvo consciente del agarre ahora doloroso sobre el brazo de Sakura hasta que sus cálidos dedos lo separaron.
Ella agarró su mano entre las de ella. —¿Son tus ojos? —preguntó, completamente alerta ahora.
Sasuke apenas logró asentir con rigidez.
—De acuerdo —dijo, su voz tranquilizadora mientras le daba a su mano un apretón calmante—. Todo está bien.
Sasuke sintió el ligero jalón al final de su vendaje y su corazón se le atascó en la garganta. Tragó con pesadez, sintiendo las envolturas aflojarse.
Su estómago se encogió cuando Sakura deslizó los vendajes de su cabeza. ¿Qué es lo que ella vería? ¿Qué estaba mal?
—Abre tus ojos, Sasuke.
El corazón de Sasuke se detuvo de repente. Sasuke abrió la boca para protestar, para preguntarle qué estaba ocurriendo, pero no podía encontrar en él el hablar. Se quedó sin más opción que abrir lentamente los párpados.
Hubo un repiqueteo en sus orejas y sintió el ardor de la bilis al fondo de su garganta.
Escuchó un ominoso click antes de que Sakura preguntara, —¿Puedes ver la luz?
Todo dentro de Sasuke se desató y sus ojos se abrieron lo más que pudieron al asentir ligeramente. Observando el cálido destello a su derecha, recorrió con los ojos todos los tenues grises hasta que se desvanecieron en la oscuridad.
—¿Puedes ver mi mano?
Sasuke observó cómo cinco destellos oscuros cortaron la luz. Respondió al extender su mano y entrelazar sus dedos con los de Sakura.
Apenas podía creerlo. La cirugía estaba funcionando. Se estaba curando. Podía ver.
Las mejillas de Sasuke dolieron de tanto sonreír, pero no le importaba. Por primera vez en su vida, todo estaba yendo bien.
—¿Emocionado, huh? —murmuró Sakura.
—Aa —respondió, de repente híper consciente de la mano que sostenía.
Como si hubiera escuchado sus pensamientos, Sakura apartó su mano. —Necesito examinar tus ojos. Por favor, mírame.
Sasuke siguió la dirección de su voz—sus ojos recayendo sobre la oscura silueta.
Hubo un grito ahogado.
—¿Sakura? —preguntó, un temblor de pánico disparándose en su interior.
—Lo siento —dijo rápidamente—. Te ves… —Sakura se aclaró la garganta—. E-es decir, todo se ve bien.
Las rosas son rojas, el cielo azul y yo... mañana regreso a la uni.
Pensé que era un buen momento para actualizar.
Por cierto, en los próximos meses estaré subiendo una nueva historia. Tehee. Si Dios quiere, no será la última.
En fin, mis mejores deseos a todas ustedes para este nuevo semestre (o año) que se avecina.
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Kate es un pansito, así como ustedes, queridas lectoras. Jiji.
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Para toda aquella gente hermosa y paciente que sigue aquí. (:
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Sasuke-glamour off!
