¿Jugamos? (parte XXXVIII)


Hemos pasado más tiempo metidos en esa habitación del que pensaba. Fuera está todo revolucionado, la gente camina de un lado a otro, se chocan entre sí, muchos de ellos ni siquiera se conocen; así que Paylor (al parecer ya recuperada de su migraña) tiene que abrirse camino en cada uno de los vagones, buscar algo elevado y subirse encima para hacerse oír.

"Soldados", brama. Otra vez la palabrita que pienso que sólo funcionaría en caso de que fuese acompañada de aficionados. Pero bueno, estás personas han pasado por una guerra, habrá que darles un voto de confianza. "Formad grupos de no más de seis personas. Los que veníais conmigo desde el Distrito 7, buscad a vuestros compañeros; los nuevos, intentad asociaros de manera equilibrada, nombrad un jefe de escuadrón. Uno de los Saboteadores se unirá a vosotros en breve, os dirá el momento en el que hay que saltar y os conducirá hasta el lugar indicado. Hoy la ciudad está alborotada por el anuncio de Coin, así que debe de ser fácil llegar allí si lo hacemos de manera dispersa, escondiendo las armas, e intentando pasar desapercibidos".

Después de toda la adrenalina liberada hace un rato me había quedado relajada y me sentía optimista, pero ahora estoy de los nervios otra vez. Es increíble lo rápido que puede cambiar el estado mental de una persona. Al menos no tiemblo, pero vuelven a sudarme las manos.

Tal y como nos ha pedido Paylor, Gale y yo buscamos a los que formaban equipo con nosotros al salir del Siete: Joel, Suzanne y el otro hombre de barba cuyo nombre no me he molestado en aprender. Tengo que pelear un rato con Haymitch para conseguir que Prim y Rory vengan con nosotros, y al final también se nos une el hermano Thomson que sigue vivo. Somos más de la cuenta, lo sé, pero eso no será un problema porque pienso enviar a Prim y a Rory junto con Thomson, que definitivamente no sirve para nada, a un lugar seguro en cuanto tenga la oportunidad.

Cuando se acerca el Saboteador que va a acompañarnos a nuestro grupo, me consta que mi cara no debe de ser de emoción. Es Lily, genial, una niña a la que le brillan los ojos cada vez que mira a Gale es precisamente lo que necesitábamos.

Trato aparentar ser cordial con ella mientras planeamos la estrategia. Seguimos en el último vagón, pero aún así seremos de los primeros en saltar, y por lo tanto el tren todavía irá bastante deprisa. Lily parece tener experiencia en este tema, y nos explica la forma en que hay que hay que lanzarse al aire, la forma en que hay que caer para no acabar lesionado. Creo que lo capto a la primera, aunque Gale no puede evitar una burla.

"Nada de esguinces de tobillo esta vez, Katniss", dice con sorna.

Lo miro cabreada. No quiero parecer débil delante de Joel y sus amigos, pero sobre todo no quiero parecer débil delante de Lily. Ella pone una sonrisita dulce.

"No te preocupes Katniss. Si quieres podemos saltar juntas. Yo lo he hecho unas cuantas veces antes y estoy entrenada".

Encima es amable. Perfecto. Mi ceño se frunce un poco más al escucharla.

Dos grupos de personas se lanzan al aire antes de nosotros. Hemos acordado un intervalo de dos minutos entre cada grupo, por lo que tengo tiempo para ponerme todavía más nerviosa. Noto las extremidades como si fueran madera, la boca sin una partícula de saliva, el corazón en la garganta otra vez. Gale me agarra por la cintura y me pega a su cuerpo cuando falta un minuto para que llegue nuestro turno.

"¿Estás lista?".

"Yo sí. Pero me preocupan nuestros hermanos", le cuento media mentira.

"Tranquila", dice besándome entre los ojos. "Yo voy con Prim. Rory puede apañársela solo".

Nos acercamos a las puertas y el aire choca en fuertes ráfagas contra mi cara. No es que haya mucho viento, es por la velocidad. Al menos me sirve para librarme del entumecimiento. Gale salta primero y corre unos pasos para mantener el equilibrio antes de cambiar de trayectoria y ponerse en paralelo al tren. Entonces salta Prim, que al final no ha querido hacerlo de la mano de nadie. No necesita ayuda desde abajo, porque también cae de pie, pero después se hace una pelota y rueda sobre sí misma unos metros siguiendo el consejo que nos había dado Lily. Por un segundo me invade un torbellino de orgullo fraternal, luego vuelvo a centrarme en los que están saltando: Joel y Suzanne; ella aterriza un poco mal, pero no se hace más que un leve rasguño en las manos. Los siguientes: Thomson, el señor barbudo y el hermano de Gale, los tres tocan el suelo sin problemas.

Y llega mi turno. Me limpio el sudor de la mano antes de dársela a Lily. Intento respirar profundamente, y como no puedo, hago varias inspiraciones rápidas que creo que sólo consiguen marearme un poco más.

"A la de tres", dice ella.

No me he enterado de que ha dicho tres cuando me siento flotando en el aire. La sensación de ingravidez dura poco y enseguida noto un golpe duro contra las rodillas y en la muñeca que no me sujeta Lily; suerte que la superficie en la que aterrizamos es de suave y verde hierba. Ella tira de mí y me obliga a avanzar un poco, por lo que el contacto con el suelo es mínimo. Creo que no me duele nada, o quizá es la adrenalina la que impide que sienta dolor; eso está bien.

Suelto la mano de Lily, me muevo alrededor, buscando al resto, y casi me doy de bruces con Gale. Prim está a su lado con cara de susto. Rory nos alcanza jadeante y agarra su mano. Thomson y el barbudo están a un par de metros y Joel y Suzanne a unos diez.

Una vez que nos hemos reagrupado Lily me sugiere que suelte la trenza de mi pelo, como ya hiciera en el trece, para intentar llamar la atención lo menos posible. Hemos bajado en lo que era un barrio residencial de la a ciudad, repleto de zonas verdes, parques infantiles y casas de pocas altura con las fachadas pintadas de colores. Las casas parecen intactas, aunque también deshabitadas, lo que hace que me pregunte dónde habrá huido la gente que antes vivía aquí.

Avanzamos por una calle peatonal desierta, el pavimento lo componen adoquines en suaves tonos pastel que me recuerdan demasiado a los del suelo del Transportador, la enorme avenida subterránea que conecta la ciudad.

"Hemos averiguado la forma de eludir las vainas", nos dice Lily. "Al menos las más letales, aunque no os puedo prometer que no vayan a gasearnos en cualquier momento. Si eso sucediese, lo mejor es lanzarse al suelo de inmediato e intentar tapar boca y nariz con algún tipo de tela, ya que no disponemos de máscaras. De todas formas, el gas duerme, pero no mata, así que es de lo menos malo con lo que podemos toparnos por aquí".

"¿Qué otro tipo de vainas nos podemos encontrar?", escucho preguntar a Gale, que va abriendo camino junto a la avox que resultó no serlo.

"De todo. Aunque Snow era más imaginativo para esas cosas. Lo más peligroso siguen siendo los mutos. No grandes bichos, sino insectos tipo rastreavíspulas o mosquitos cuyo mordisco te deja paralizado durante horas, telas de araña que te atrapan y hacen que pierdas la consciencia… cosas de esas, dado que Coin no puede permitirse perder muchas más vidas. Prefiere capturar prisioneros a los que luego utiliza como esclavos si consigue purgarlos, sino lo consigue, entonces sí que les mata. Pero sin florituras. Un tiro en la cabeza y ya está".

"Pensaba que las purgas siempre llevaban implícita la muerte", comento desde atrás.

Lily contesta, aunque no me mira. "Eso era al principio, ya no. Como te he dicho, Coin no puede permitirse el lujo de perder mano de obra esclava".

Lily nos conduce a través de estrechas callejuelas, obligándonos a pasar por determinados lugares, esquivando otros, hasta que llegamos a una zona de la ciudad que se encuentra completamente balizada, con caminos de piedra y pequeños faroles que sirven de señalización.

"Se supone que caminar por aquí es seguro", exclama en voz alta, para que todos podamos escucharla. "Nos dirigimos al centro de la ciudad, empezaremos a ver gente dentro de poco, tenemos que imitarles. Actuad como ellos".

El centro del Capitolio ha cambiado mucho desde la última vez que lo vi. Se han reconstruido bastante de los edificios que quedaron en ruinas tras la guerra, aunque ahora la mayoría son de hormigón y cristal opaco, del mismo gris que los ojos de la presidenta. No hay efectos visuales, no hay destellos de colores cuando el sol se refleja en ellos, ni hay mosaicos de pequeñas piedras formando dibujos sobre sus muros.

Nos unimos en cuanto podemos a la masa de personas que caminan hacia la plaza en la que tendrá lugar el comunicado. Al parecer Coin se niega a hacerlo desde el antiguo balcón de Snow para dejar claras las diferencias entre ella y su antecesor, y por lo concurrido de las calles que llevan ese lugar, yo diría que lo ha conseguido.

Cuando llegamos allí ya hay una muchedumbre expectante. Me quedó con las ganas de preguntar a alguien al azar si está aquí por voluntad propia o le han obligado a venir. Lo lógico sería poder distinguir fácilmente a un antiguo ciudadano del Capitolio de uno del Distrito 13, pero no es así. Todos visten con prendas de una aburrida gama de tonos grises, los colores y accesorios para el pelo han desaparecido por completo, y juraría que los tatuajes y otros adornos corporales también; tal vez aplicando una buena capa de maquillaje por encima. Tampoco me tropiezo con personas que tengan las pestañas demasiado largas o bigotes de gato, ni con caras artificialmente modificadas que llamen demasiado la atención. Coin se ha esforzado porque la población de la ciudad sea uniforme y parece que ha tenido éxito.

Al ver la plaza, me queda claro que es de nueva construcción, ya que nunca la había visto antes. Supongo que ha sido levantada sobre algún montón de escombros. Se distingue un rectángulo perfecto con un edificio escalonado presidiendo la pared que está a mi derecha, y una fila corrida de arcos a través de todo el perímetro de la misma, en piedra en lugar de hormigón, pero también gris.

"Vamos a tener que separarnos", anuncia Lily.

Su aviso me recuerda que Prim y Rory continúan con nosotros. He estado tan absorta observando los cambios que se han producido en la ciudad que casi me olvido de ellos.

"Nuestros hermanos tienen que ir a otro sitio. No pueden quedarse aquí en medio; podría haber un fuego cruzado y… ".

"Estaba pensando precisamente en eso", contesta la muchacha. "Creo que es más seguro que se queden aquí a que deambulen solos por la ciudad. "¿No estáis armados, verdad?", les pregunta a los chicos.

"No", dicen los dos al unísono. Veo como Rory se muerde la mejilla justo después de pronunciar la palabra. Debe de sentirse preparado para entrar en combate si fuera necesario, y no dudo que lo esté, pero necesito que cuide de Prim.

"Vale, pues vosotros dos, pasad por el punto control que conduce al muro oeste. Esa es una zona acordonada y segura. Thomson, dame tu arma y acompáñales hasta allí. Si hacen preguntas, diles que son tus hijos y que aún no han recibido entrenamiento militar".

Tengo medio segundo para despedirme de mi hermana, así que sólo hay tiempo para que le dé un beso en la frente y le diga: "Nos vemos cuando todo esto haya acabado, patito". Prim arruga un poco las cejas por el apodo.

Gale también habla con Rory unos instantes, le dice algo, pero sin muestras de afecto de por medio. Después vemos como nuestros hermanos desaparecen entre la gente y empiezo a notar el miedo bailándome en el estómago. Estoy a punto de correr hacia Prim y obligarla a que venga conmigo a donde sea, pero sé que hacer eso no sería muy cabal.

"Vamos", exclama Lily. "Tenemos que pasar por el puesto de control militar para que permitan que entremos con armas en el recinto".

"¿Cómo?", pregunto irritada. "¿Cómo voy a pasar yo por ningún tipo de control militar? Me reconocería cualquiera.

Lily ignora mi comentario. "Es allí", dice señalando con el dedo una larga fila de gente. "Coin ha pedido voluntarios para unirse a las filas de su ejército y ha entregado armas a la población; tiene miedo de que los rebeldes de los distritos irrumpan en la capital y pongan su régimen y su vida en peligro. Se presentó mucha gente, pero no ha habido tiempo de hacer un registro complejo de todos ellos, con ADN o lectores de huella dactilar, así que de momento sólo tiene sus nombres en papel. Será fácil entrar. Yo estoy en lista y he conseguido identidades para vosotros".

"Bien hecho Lily", dice Gale colocándole una mano en el hombro a la chica; ella se pone roja como un tomate.

"Bueno, no lo hice yo personalmente, otros se encargaron de eso".

"¿Y que ha sido de los dueños de esas identidades?", pregunto, más que nada para que ella deje de mirarlo así.

"Están en nuestra sede", me responde; no se molesta en dar más datos.

Mis nervios aumentan de manera exponencial mientras hacemos la cola para el registro. Me hago y me deshago la trenza varias veces, meto y saco la camisa de mi pantalón, me pellizco las mejillas para que parezcan más sonrojadas, practico con diferentes caras…, hasta que Gale me frena.

"Comportándote como una neurótica sólo vas a empeorar las cosas, Catnip", me dice en voz baja.

"Me van a reconocer".

"Si te estás quieta y tranquilita, no lo harán. Confía en mí".

"En el Capitolio llevan años viéndome la cara en la televisión. Soy su ídolo, quiero decir, su mayor enemigo o… no lo sé. Me conocen".

"Actúa con naturalidad y no lo harán", dice Gale con condescendencia. "Cuando salías en la televisión púbica llevabas doce capas de maquillaje para ocultarte, o no sé qué demonios te hacían en la cara, pero no parecías tú. Además, te obligaban a ponerte esa ropa horrible y brillante…".

Gale pronuncia esas palabras casi con asco. A pesar de todo lo que hemos pasado, a pesar de que la gente del Capitolio haya cambiado de bando, él sigue odiando todo lo referente a esas personas.

"También me vieron en las propos".

"Ahí tengo que reconocer que sí que parecías tú", dice Gale con una sonrisa. "Sobre todo cuando estabas cabreada de verdad. Así que procura disimular e intenta parecer la chica dulce que no eres".

La conversación nos ha llevado casi al principio de la fila. Lily nos dice al oído nuestros nombres falsos y después procedemos a dejar la suficiente distancia de seguridad entre nosotros para que parezca que sólo compartíamos una cierta camaradería militar.

Primero atraviesa el control la avox que no era avox y que está loca de amor por Gale (a estas alturas ya resulta evidente); después el señor barbudo, el siguiente es Joel, y cuando llega mi turno noto tambaleantes las piernas al caminar. Me coloco delante una mesa alargada que tiene a tres personas sentadas por detrás, todos con un puñado de folios entre las manos.

"Su nombre, soldado", me pregunta la mujer del medio.

Abro la boca para hablar, pero no me sale ningún sonido. Es como si tuviera una bola de papeles estrujados obstruyéndome la garganta. Carraspeo un poco y la mujer frunce el ceño.

"Nombre", repite.

"Johnson, Nicole". Mi voz es un susurro.

"Podría hablar más alto, soldado. Creo que sólo la ha escuchado el cuello de su camisa". La mujer dice esto elevando bastante la voz, mirándome por encima de sus gafas con cara de no tengo tiempo ni paciencia para perderlos contigo.

"Johnson. Nicole Johnson", reitero. Vuelvo un poco la cabeza hacia dónde está Gale y compruebo que apenas puede reprimir la risa. Eso me hace repetir el nombre poniéndole más ganas.

"Nicole Johnson".

La mujer que tengo en frente sonríe, busca el nombre en la lista, escribe algo al lado y después mira a Gale, todavía con la sonrisa en los labios. ¿Qué pasa? ¿Se conocen? ¿De qué demonios podrían conocerse?

Gale pasa por el control sin pena ni gloria, y lo mismo hace Suzanne. Cuando vuelven a unirse al grupo no puedo evitar preguntar.

"¿Qué era tan gracioso, Gale?".

"Tu cara. Si te hubieras visto también te reirías", me responde en voz baja. Luego pega la boca a mi oreja. "Recuerda que seguimos intentando pasar desapercibidos".

Sumo dos más dos y me doy cuenta de que probablemente la mujer del registro está con nosotros. De otra manera, la situación no le hubiera resultado tan cómica a Gale. Me enfado, aunque también me tranquiliza un poco saber que hay más gente ayudando; gente del Capitolio, gente que finge trabajar para Coin.

"Tenemos que cruzar la plaza", dice Lily. "Según nuestros cálculos y por lo que sabemos a cerca de la posición en la que estará la jefa, la mejor manera de alcanzarla será desde un recodo de la pared sur. Ofrece cierta protección que evitará que os vean, y la trayectoria del disparo será la óptima".

Lily habla en susurros, tenemos que acercarnos mucho a ella para poder oírla. El sitio está tan abarrotado de gente que el griterío hace imposible que nadie pueda escucharla, pero aún así habla en voz muy baja y monocorde.

"¿Cómo sabes todo eso, Lily?", le cuestino, sobre todo por molestar.

"Lo hemos estudiado", responde ella. "Tenemos todo bien calculado. Si tú no fallas, nada más lo hará".

"Fenómeno", murmuro entre dientes. "Así que toda la responsabilidad cae sobre mí".

"Pensábamos que era esto lo que querías", dice Gale, que camina a mi lado. No le contesto. Esto era lo que quería, aunque ahora no estoy tan segura de seguir queriéndolo.

Lily va abriendo el camino hasta que estamos cerca de la mencionada pared sur. Entonces se detiene, y empieza a hablar con Gale, indicándole una zona disimuladamente, moviendo la barbilla hacia una posición en concreto. No me molesta demasiado puesto que Gale es el más alto de los seis y por lo tanto quién mejor localizará el sitio.

"Tenemos que dividirnos en tres grupos", dice cuando termina con las explicaciones. "Gale y Katniss…", nos menciona a los dos pero sólo lo mira a él. "Caminad despacio hacia el lugar que te he indicado". Gale asiente. "Joel y Suzanne: unos doce metros desde aquí sentido sureste. Yo y Jansen haremos lo mismo en sentido suroeste. Ese es el patrón de dispersión que vamos a adoptar. El sitio es muy grande pero no habrá más de doce metros entre cada pareja, así podernos ayudarnos en caso de que fuera necesario". Lily suspira antes de acabar. Es la primera vez que aparenta tener la edad que realmente tiene desde que bajamos del tren. "No olvidéis que casi todo el mundo está armado, no sólo nosotros"

Reparto entre todos una mirada rápida de reconocimiento, para desearles suerte, pero los demás sólo me miran a mí, como si quisieran recordarme que no puedo meter la pata. Todos excepto Gale, que donde mira es al suelo, igual que haría si se le hubiera caído algo.

Esperamos a que los demás se alejen para ponernos en marcha. Hay que moverse a empujones y como la mayoría de la gente es más alta que yo, prácticamente en la penumbra, aunque estemos a plena luz del día. Pienso en que sería más apropiado haber hecho esto por la noche; así las sombras podrían esconderme un poco mejor cuando disparase, pero sé que no es el mejor momento para empezar con exigencias.

Gale termina por agarrarme para tirar de mi cuando ve que me retraso. Su mano está tan sudorosa como la mía, de lo que deduzco que también está nervioso. El lugar que me han buscado para que dispare es un nicho formado entre dos arcos. El espacio es tan pequeño que apenas cabremos los dos ahí dentro, sin embargo me gusta, porque nos ocultará en ambos flancos.

"Tenemos que intercambiar las armas, Katniss", me dice Gale.

"¿Por qué?".

"La que llevo yo tiene una mirilla telescópica de más alcance, es mejor".

Estoy a punto de ponerme arrogante y decir que no la necesito, pero decido callarme e intercambio el fusil con Gale. Ninguno de los dos es un arco, así que me imagino que dará igual.

Cuando Gale ha colocado la correa de mi nueva arma sobre mi hombro, me dispongo a practicar un poco con la mirilla para ver qué tal se visualiza el escenario desde aquí. Me da tiempo a enfocar un solo segundo porque Gale hace que mi fusil descienda de un solo manotazo.

"Katniss", me reprende. "¿Se te ha olvidado la manera de ser sutil?. No puedes hacer eso ahora".

Madre mía. Tiene razón, no sé en que estaba pensando. Estoy tan nerviosa que creo que la sangre no me riega bien el cerebro. Debería de tranquilizarme si no quiero disparar a cualquier parte menos a Coin. No estamos lejos del escenario, pero tan poco demasiado cerca (eso sería demasiado cantoso) y tengo un solo disparo, una sola oportunidad. Si la pierdo, no sé bien cuál será el plan B. Podría fallar, y matar a alguien que esté cerca de Coin en lugar de a ella, y eso sería terrible. Habría asesinado a un inocente, tal vez a uno de los nuestro que esté infiltrado en su gabinete, y todo el esfuerzo que hemos hecho para llegar hasta aquí no habrá servido de nada. Mis nervios se incrementan a medida que mi imaginación vuela de forma errática. Visualizo posibles finales y ninguno es bueno.

No logro parar hasta que suenan unos acordes en tono épico por los altavoces de la plaza. No es el antiguo himno del Capitolio, el que ponían en las retransmisiones de visionado obligatorio, el que escuchaba en la arena. Es uno nuevo, uno especialmente hecho para Coin.

Levanto un poco la cabeza para poder ver que es lo que pasa en el escenario. En momentos como este es cuando me gustaría ser más alta.

"Sube aquí", me dice Gale, indicándome un delgado bloque de granito que hay a su izquierda. Hago lo que me pide. No tendrá más de veinte centímetros de grosor; lo suficiente para tener una excelente visión periférica del recinto y del escenario sin ser notada. ¿Estaría la piedra aquí antes o la han puesto los Saboteadores porque ya contaban con mi falta de estatura?. Con todas las molestias que se están tomando para echarnos una mano, supongo que habrá sido a propósito.

Compruebo como empieza a salir gente del edificio que hay justo detrás del escenario; las escaleras dejan ambas estructuras al mismo nivel. Primero lo hacen guardias armados, que se colocan alrededor de todo el perímetro de la plataforma. Luego un grupo de gente vestida de civil, la cual se sienta en varias filas de sillas que han puesto en la parte trasera. Deben de ser de los pocos que llevan ropa relativamente normal, porque Coin ha conseguido ponerle un uniforme a más de media ciudad. La multitud es un mar grisaceo, con un ligero toque azulado.

Por último veo la melena a media altura de la presidenta, muy lacia, muy recta y del mismo tono apagado de siempre. Su expresión es contenida y… y está acompañada.

Aprieto los ojos cerrados unos instantes para asegurarme de que la imagen es real. Vuelvo a verlo, y me apresuro a bajar del bloque de granito y a descender hacia el suelo, hasta que estoy sentada sobre la piedra.

Gale se pone a mi altura en pocos segundos, en cuclillas. "Sabías que esto podía pasar", me dice. Se frota la cara con ambas manos y después coloca una sobre mi hombro.

"Supongo que te alegrará verlo vivo". Gale no tiene ni idea de qué decirme, lo sé, pero aún así se obliga a hablar. "Vamos Katniss, es una buena noticia. Tenemos que seguir adelante con lo que hemos venido a hacer".

"¿Tú no te alegras?", le pregunto, juntando las cejas.

"Sabía que estaba en el Capitolio desde…, desde hace unas horas. Me lo dijo Lily en el tren". Lo suelta como si tal cosa. "Lo que no me imaginaba era que Coin fuese a colocarlo en ese escenario, junto a ella".

El corazón, que ya me latía con fuerza después de ver a Peeta, ahora me late con furia. Quiero golpear a Gale, quiero decirle un montón de cosas, necesito que me explique la razón por la que no me comunicó esa información en cuanto la supo, por qué…

"Sé que me odias por no habértelo contado". Gale me toma la delantera antes de que yo explote. "Pero ya tendrás tiempo para eso. Ahora, arriba. Ponte de pie. Tienes que matar a alguien".

"Ya no sé si quiero hacerlo", respondo. "Si Peeta está vivo sólo quiero sacarlo de allí".

"No digas tonterías y levántate", susurra con una voz muy áspera.

Empiezo a incorporarme mientras escucho como alguien da golpecitos en un micrófono, haciendo que resuenen por toda la plaza. Me subo de nuevo al bloque de granito bajo la mirada escrutadora de Gale.

Cuando me permito mirar de nuevo hacia arriba, él hace que todo lo demás se desintegre. Está muy cerca de Coin, casi rozándose hombro con hombro. Va vestido con el uniforme militar del 13 y parece… sano. Podría decirse que hasta saludable, con el pelo todavía más rubio y rizado de lo que recordaba.

Giro la cabeza un segundo para ver qué es lo que hace Gale.

"¿Annie?", le pregunto gesticulando con los labios.

Gale mueve la cabeza hacia ambos lados. "Al parecer no pensó que ella pudiera serle de utilidad", añade en voz baja.

No es momento para estar triste – me digo. Ni nerviosa o preocupada. Peeta está vivo y eso es más de lo que podría haber deseado; supera mis mejores expectativas en cuanto al presente y al futuro y a todo.

Coin comienza a hablar después de hacer unos cuantos ademanes a los técnicos que manejan la mesa de sonido, una vez que estima que el volumen es el adecuado.

"Ciudadanos y ciudadanas del Capitolio, y de todo Panem", empieza con la dureza habitual en su voz, aunque suena como si estuviera… como si estuviera de buen humor. "Hoy será un día memorable, ya que tenemos el honor de anunciaros un acontecimiento que, sin duda, también está llamado a ser memorable…".

Se separa del micrófono dejando que Peeta ocupe su lugar.

"Una última y definitiva edición de los Juegos del Hambre", dice él, después de haberse aclarado un poco la voz.

Me quedo mirándolo hipnotizada. Aún no me creo del todo que sea verdad. Todo este tiempo pensado que había muerto, y ahora, no estoy segura de cómo manejar el hecho de que siga vivo. Quiero gritar o llorar o las dos cosas a la vez; pero sobre todo me gustaría que el cuerpo dejase de temblarme.

"Katniss, tienes que hacerlo ya", murmura Gale con tono urgente. "Tienes que hacerlo ahora, es el momento".

Levanto el arma a la altura de mi cabeza, Gale se coloca delante de mí para ocultarme en la medida de lo posible. La multitud grita y vitorea el nombre de Peeta, de Coin, parece feliz y entusiasmada mientras ambos explican la dinámica de los nuevos Juegos, con críos vinculados con los dirigentes del antiguo régimen de Snow, en lugar de niños de los Distritos.

Después de observar una vez a través de la mirilla telescópica, bajo el fusil. "Están demasiado cerca. Es peligroso, podría darle a él si se mueven o si…"

"Katniss tienes que hacerlo ya", insiste Gale sin girar la cabeza para mirarme.

Respiro profundamente para tranquilizarme y vuelvo a alzar el arma. Siento las manos líquidas, apenas pueden sostenerla. No lo puedo hacer. No lo puedo hacer, y además, ¿quién soy yo para condenar a nadie?.

"No puedo", murmuro, dejando caer el arma otra vez.

"¿Cómo que no puedes?", pregunta Gale exasperado. "Dijiste que querías hacerlo, dijiste… Dame eso", dice indicando el arma con la cabeza. "Lo haré yo".

Me deshago del fusil, pasando la correa por encima de mi cabeza y se lo ofrezco. Él lo agarra con decisión. Lo sujeta con fuerza entre las manos y tira de mi para que baje del escalón de piedra.

"Apunta bien, dispara recto, por favor Gale", le suplico.

"Confía en mí", es lo único que responde antes de colocarse en posición de disparo, con el cuerpo pegado al nicho en el que nos estamos ocultando.

No me atrevo a mirar. No es una cuestión de confianza en la puntería de Gale, sé que es buena, me lo ha demostrado mil veces. Y sé que tenemos que hacer esto, pero estamos arriesgando la vida de Peeta… aunque es posible que no volvamos a tener a Coin tan a tiro nunca más.

Escucho el ruido sordo de un disparo y, lo que parecen mil años después, el aullido colectivo de la multitud. Aprieto los puños con fuerza hasta que encuentro el valor para volver a mirar.

Coin está tendida en el suelo, no hay sangre o al menos no puedo verla; Peeta permanece a su lado rígido como una estatua.

Más tarde escucho otro disparo, y otro y otro más; cientos de disparos solapándose entre ellos. Todo sucede muy rápido, me agacho al suelo para cubrirme y me tapo la cabeza con las manos. Entonces veo sangre derramada a mi alrededor; me ha alcanzado una bala, esto es el final. Me ahogo al pensarlo, pero rápidamente me doy cuenta de que no estoy sangrando por ningún sitio, de que no siento dolor.

No puedo incorporarme para comprobar que Peeta sigue de una pieza; miro a mi alrededor desde abajo, y sólo veo pies; pies que se mueven, que corren; pies que si no me aparto me van a aplastar. Me lanzo hacia la pared, sintiéndome afortunada porque el instinto sea quien actúe en mi lugar. Entonces lo noto, un cuerpo inerte bajo el mío, recostado contra el muro, a medio caer.

Tiene un agujero de bala en el costado que le embadurna el uniforma de color rojo. Me apresuro a taponarlo con ambas manos, porque no sé qué más puedo hacer. No me siento capaz de mirarlo a la cara, no quiero volver a ver lo que vi hace un momento. No quiero creerlo. Ni siquiera puedo valorar la posibilidad. Pero lo hago. Levanto la cabeza: un círculo rojo y perfecto marcado por encima de la sien izquierda de Gale señala el lugar exacto en el que ha impactado la bala. Lo curioso es que él respira, todavía respira, noto como su pecho se eleva y desciende lentamente por debajo de mí.


a/n: prometo que esto no acabará fatal. Le quedan un par de capítulos.