Capítulo 38
Equipo
El rugido inconfundible de aquel dragón resonó animadamente por todo el lugar mientras el viento producido por sus poderosas alas descendiendo con gracia originaban un poco de viento en la pequeña pradera que se posaba bajo sus pies.
Aquel Dragonite rugió amistosamente al contemplar a aquellos dos chicos que parecían estar esperando por cierto tiempo y ahora simplemente no dejarían ir escapar la oportunidad que se les presentaba. No obstante, la pasajera de aquel dragón no pensaba lo mismo.
Descendió de un solo salto recogiendo aquel largo cabello en una cola alta; no parecía importarle demasiado la vestimenta que llevaba puesta. Un bañador rosa pastel de dos piezas con delicados holanes, era su atuendo en aquella tarde.
—¿Y a qué viene esa vestimenta veraniega? Ni siquiera estamos cerca de una playa –discutía Red sin importarle mucho lo bien que se veía aquella chica en traje de baño.
—Se llama trabajo de medio tiempo y está a unos kilómetros de aquí. Es un restaurante cerca de la playa y pues hay que usar traje de baño y un delantal. Es algo que desearía no hacer, pero…después de lo que sucedió ayer, Max me dijo que hiciera algo constructivo –explicaba de mala gana, escuchándose bastante bajo-.Y esto fue lo que surgió…después de que dijera: "Eres mi hermana y no vas a estar perdiendo el tiempo por las mañanas y ya que a partir de mañana entrenarás a Red, Gold y Green por las tardes, yo los entrenaré cuando estés trabajando".
—Es un tirano –pensaron aquellos dos.
—A todo esto, ¿dónde está Gold? –preguntaba buscando al chico en todas direcciones.
—Estaba aquí hace unos momentos, pero ha desaparecido –informaba Green.
—Bueno, empezaremos sin él. Porque veo que están demasiado animados –decía resignadamente.
—Estaba esperando a que dijeras eso –Red no demoró nada en liberar a su Espeon y Pikachu.
—Seré quien inicié –comentaba el castaño un tanto arrogante sacando a su Ninetales y Pidgeot.
—Pues de que participarán los dos, lo harán, sólo que cada uno únicamente puede elegir a un pokémon. Será una pelea doble, donde ustedes dos se enfrentarán a mí, de manera que elijan. ¿Quieren que les diga qué pokémon usaré o prefieren esperar al momento?
—Esperaremos –dijo Red.
—Está bien –y en un parpadeó empezó a bajar las bolsas que había colocado en aquella mochila, misma que estaban sujetas a la cintura de su Dragonite-. Esto ha de saber delicioso –miraba con ansiedad aquella caja que aparentemente traía pastelillos-. ¿Ya se decidieron? –preguntaba Shade sacando los pequeños paquetes que permanecían en el interior de su mochila; todos eran alimentos dulces que caerían en la clasificación de golosinas.
—Ya te gastaste tu sueldo en todas esas cosas –cuestionó esa voz familiar. La misma que le había sermoneado desde ayer y que no parecía estar demasiado preocupado mientras llevaba consigo aquella red para atrapar insectos y ropa cómoda.
—¿Vas a atrapar insectos o algo así? –cuestionaba Shade confundida.
—Es para matar el tiempo –aclaró-. No ganas tanto para comprar todo eso.
—Jamás dije que lo hubiera comprado –sonrió cínicamente-. Me los han obsequiado.
—Ah…¿Todos? –arqueó una de sus cejas con enorme escepticismo.
—Sí, todos.
—Shade, a eso se le llama flirtear…o acoso –le aclaraba su hermano.
—Pero unos postres no le hacen daño a nadie. Además, tomé mis propias precauciones –habló emocionada abriendo una pequeña barra de chocolate.
—No me digas que tú lo has vuelto a hacer…-ella no contestó y siguió comiendo-. Sí, lo has vuelto a hacer –suspiró al tiempo que sentía deseos de arrojarle a alguien lo que llevaba en manos-. ¿Debo preocuparme?
—No, claro que no, todos perdieron. Ninguno quedó en pie –comunicó con una sonrisa amigable; ella simplemente continuaba deleitándose con su golosina.
—Menos mal, la última vez quedé sorprendido. Aunque fue la primera y última, no se ha vuelto a repetir –indicaba para sí mismo recordando aquel evento que sólo ellos dos conocía.
—¿Pero de qué están hablando ustedes dos? –preguntó Green un poco molesto por sentirse excluido del tema.
—Mi hermana que tiene modos extraños para conseguirse rivales para entrenar a la vez que los hace pelear usando un anzuelo –expresó Max; ahora se encontraba examinando mejor el contenido de aquellos paquetes.
—Oh, vamos, ¿qué puede tener de motivador el que les diga que si logran vencerme seré su novia? –liberó a Latios y Arcanine mientras hablaba. No parecía estar dándole mucha importancia al tema en sí.
—¿Cómo has dicho? –cuestionó el castaño un poco flipado.
—Shade solía ser amonestada por los chicos del vecindario y para que le dejaran en paz se le ocurrió un día decir que quien la venciera lograría hacerla su novia…No obstante, si perdían, que ni se le aparecieran, no aceptaría andar con un chico que es vencido por su propia pareja. A partir de ese momento se quedó sin chicos que la molestasen –apuntó el peli rosa tras abrir una pequeña caja que contenía bollos calientes.
—Aunque acá lo usé sólo para divertirme –esclareció cínicamente-. Es aburrido trabajar de camarera.
—De modo que esto lo obtuviste antes de haberles bajado la moral a todos esos chicos, ¿no? –interrogó su hermano mayor.
—Fue después –ahora tenía puesta su atención en Red y Green, quienes habían elegido a Pidgeot y Pikachu para el combate doble.
—Los tiempos cambian –Max simplemente tomó la caja de panquecillos y continuó su caminó-. Diviértanse con su entrenamiento chicos y demuéstrenle lo que han aprendido, ya que si dan un combate patético creo que tendremos que volverles a entrenar y ponernos realmente serios con ustedes –dijo tétricamente mientras los miraba fríamente-. Así que no nos hagan pasar vergüenza o nos lo cobraremos cuando volvamos a entrenarlos –fue su último comentario antes de perderse en la distancia.
—N-No otra vez…ese entrenamiento…-hablaba Red con cierto recelo. Debía de admitir que existían pocas cosas en el mundo que le causaran temor y Max era una de ellas.
—Mejor hacerlo bien o Dylan volverá hacernos correr diez kilómetros diarios.
—Pero si esos entrenamientos son de lo mejor –tanto ella como sus pokémon apoyaban la noción.
—No sé por qué pensé que…-mencionaba el pelinegro con ofuscación.
—Ella nos iba a poner las cosas fáciles –completó Green.
—Si no hacen divertida esta pelea me encargaré de que limpien los pisos durante toda una semana y personalmente les diré a Dylan y los demás que vuelvan a entrenarlos –agudizó su mirada, dibujándose una sonrisa burlona en sus labios; estaba disfrutando de su desgracia-. Así que no me decepcionen.
Las corrientes de viento empezaron a reunirse en un mismo punto siendo expulsadas rápidamente en lo que parecía ser un certero y rápido tajo aéreo, sin embargo, habría que esperar a que el objetivo se mantuviera quieto el tiempo necesario para que esta ofensiva llegara. Y por instantes parecía resultar efectivo, pero al final sólo fue una pequeña broma por parte de aquel Latios; quien en un parpadeo evadió el ataque usando agilidad, desplazándose con elegancia y facilidad en el espacio aéreo, denotando que la velocidad sería uno de los problemas más grandes que provocarían que un ataque no fuera eficaz.
La prontitud del pequeño roedor eléctrico era tan de cuidado como la de ese legendario pokémon dragón, pero no había por qué temer, ya que Arcanine aprovechaba el espacio que poseía no solamente para desplazarse sino para hacer doble equipo e ir evadiendo con mayor éxito las tacleadas volteo que ese Pikachu mandaba sin descanso.
Aquel fuego en forma de estrella emergía una y otra vez del hocico de Arcanine mientras eran confrontadas sin problema alguno con impactrueno, produciéndose de forma inmediata pequeñas y numerosas explosiones alrededor del campo de batalla. No había tiempo que perder y aquel pokémon de fuego se lucía empleando su velocidad extrema, dirigiéndose sin titubeo alguno contra aquel ratón eléctrico, quien había aceptado el reto. El derribo de Arcanine resultaba tan efectivo como la descarga eléctrica que Pikachu estaba emitiendo durante el contacto surgido.
El perro de fuego retrocedió sacudiendo su cuerpo; la electricidad estática chispaba de su cuerpo y no obstante parecía verse como si nada, como si hubiera sido un mero toquecito que era quitado de su cuerpo agitándose un poco.
Presteza necesaria para evadir la cola férrea de Pikachu que combinaba aquel ataque físico con bola volteo; combinación que transformaban a aquella criatura en un ser peligroso y bien armado. ¿En qué instante Arcanine perdió la timidez y decidió encarar todo de lleno? Posiblemente en el momento en que su cuerpo empezó a ser cubierto de aquellas intensas llamas carmesí que de ser un golpe directo, sería algo verdaderamente de temer.
Rápido y preciso fue aquel deslumbrante y poderoso rayo que impactó de lleno contra Arcanine, frenando su nitrocarga y dejándole estático a la vez que Pikachu continuaba aumentando el voltaje de aquel ataque.
—Buen movimiento Red –felicitaba Shade.
—¿Es lo mejor que tienes? Creo que tu mejor combinación es la que posees con Umbreon y Raichu.
—¿Sabías que un Raichu es capaz de emitir un voltaje lo suficientemente algo como para dejar inconsciente a un Dragonite? Me pregunto si tu Pikachu es capaz de alcanzar ese voltaje con todo el entrenamiento obtenido o todavía le falta para soportar esa carga –sonrió y prosiguió-. Esto no se termina hasta que mis dos pokémon estén tumbados en el suelo, incapaces de levantarse, hasta entonces, no es prudente que alardees Red.
Las palabras de aquella entrenadora no eran un mero adorno, no estaban de más y estaban siendo comprobadas con hechos. Aunque Arcanine estuviera imposibilitado de moverse, eso no lo privaba de usar su mejor arma, el fuego, mismo que quedaría comprimido en aquella columna rodeada por espirales de la misma naturaleza. Aquello era sofoco, uno agresivo y directo contra el objetivo que le privaba de su movilidad.
El rayo cesó y aquel ataque de fuego fue simplemente una pérdida de poder, ya que no había logrado golpear a su objetivo y sólo había hecho una tremenda herida en el suelo.
Pikachu estaba listo para continuar, rebosante de energía y aquel Arcanine emitió un intimidante gruñido mientras su cuerpo parecía inquieto y de su boca escapaban pequeñas llamas.
—Tu Arcanine realmente ha resistido milagrosamente –habló Red confiado.
—Quizás porque ha entrenado de siempre con Raichu…El voltaje de Raichu es un poco más alto que el que posee tu Pikachu, por lo que requerirás darle un golpe así si quieres dejarlo fuera de un golpe. Demorarás mucho tiempo si lo haces de otro modo, pero creo que podría equivocarme –espetaba con tranquilidad viendo con una pequeña sonrisa a su pokémon; éste parecía entender el lenguaje de miradas de su entrenadora.
El doble equipo de Pidgeot intentaba despistar a Latios, quien en vez de perder la calma simplemente permanecía completamente quieto en medio de aquel mar de copias donde el original no demoraría demasiado tiempo en hacer presencia.
Repentinamente aquel inteligente dragón empezó a virar sobre sí mismo, incrementando la velocidad de giro abruptamente y contemplando únicamente la distorsión de sus peculiares colores. ¿Qué pretendía con esa acción?¿Cuál era el fin?¿Acaso interesaba cuando eran lanzados esos múltiples ciclones hacia él?
Pero aquel único ciclón habría de vérselas con el aliento dragón. Uno que gracias a la velocidad con la que giraba, se había transformado en una espiral peligrosa donde el alcance de aquella ofensiva destruía las copias de Pidgeot y frenaba por su prontitud el ciclón de lleno, resultado totalmente ileso y con una barrera peligrosa de quebrantar.
Pidgeot evadía con rapidez y seguridad el dragoaliento de Latios, sin embargo, se detuvo, parecía que estaba preparando algo que frenara aquella disparatada forma de atacar. Se había formado aquel portal oscuro frente al pokémon volador en el instante en que recibió de lleno esa columna verdosa, siendo rápidamente devuelta hacia el que la había elaborado.
Pero lo que observaba era solamente una buena idea que lograría que aquel ataque devuelto chocara contra el original y se generara finalmente una lucha entre el mismo poder. Y eso era algo que no permitiría Latios por demasiado tiempo y que se vería reflejado en su repentina movilidad; desplazándose hacia otros puntos mientras continuaba haciendo girar su cuerpo y generando de forma irremediable esos espirales peligrosos.
La agilidad de Pidgeot le proporcionaba ventaja pese a que la ofensiva de Latios resultaba fuerte y rápida por el modo en que estaba empleándola. Pero en un instante a otro el legendario pokémon había frenado su ataque y se enfrentaba de lleno contra el vendaval de Pidgeot que soplaba con fuerza y le complicaba el mantenerse levitando.
—Ese sí que es un viento fuerte –indicaba la joven, aferrándose a Dragonite para no salir despedida de allí. Arcanine por su lado se limitaba a enterrar sus garras contra el suelo.
—Debo de admitir que esa forma de usar el aliento dragón fue ingeniosa y muy peligrosa. Imposibilita que alguien se acerque y al mismo tiempo permite atacar constantemente, pero creo que Latios tiene un límite para realizarlo –mencionó Green campante.
—Latios, ¿te encuentras bien? –cuestionaba Shade a su compañero.
—Esto es como una brisa de verano –estipulaba alegre mientras aquella esfera verde esmeralda se formaba frente a él, entre sus garras.
—Dale un poco de color al día, Latios. ¡Pulso dragón ahora!
Era un paisaje bello, pero no era del todo grato encontrarse allí. No entre aquellos lanzamientos simultáneos de esas esferas luminosas que cada vez eran arrojadas con mayor fuerza y dirigidas del mejor modo posible hacia Pidgeot.
Era un buen ataque pero estaba careciendo de precisión por el viento que azotaba con potencia, algo que no habría de desaprovecharse. Entre esa tempestad Pidgeot se movía grácil en su elemento fundamental mientras aprovechaba su celeridad al tiempo que sus dos alas se iluminaban; el impacto no demoraría demasiado.
Pero las sorpresas abundaban en aquel combate y era demasiado pronto para creer que todo sería simple y servido en charola de plata.
La protección de Latios redujo el impacto de aquel impacto; éste se zarandeó un poco, pero nada que comprometiera su estado.
—Estuvo cerca –expresaba Shade sonriente-. Si esta batalla fuera individual les daría una estrella dorada de lo que lo han hecho bastante bien, pero no es el caso…Esto es una batalla en equipo, y temo decir que su orgullo y necedad por ser el mejor les está imposibilitando hacer algo tan simple. Pero les enseñaré a trabajar en conjunto, aunque tenga que hacerles probar la amarga derrota.
—Eso está por verse –Red mandó una vez más a Pikachu al ataque y Green hacía lo mismo con Pidgeot.
—Adorables en verdad –espetó secamente.
Arcanine no había sido rozado siquiera por la embestida de Pikachu, no porque el roedor no fuera lo suficientemente rápido, sino porque éste había cambiado la dirección que transitaba, pasando totalmente de aquel roedor, y desconcertando a los dos entrenadores, quienes contemplaban aquel gran salto hospiciano por ese pokémon de fuego.
¿Hacia dónde pretendía ir aquel pokémon de fuego?¿Por qué repentinamente hacer algo como eso cuando se tenía ya un rival?¿Cuál era el sentido en lo que parecía ser una completa locura?
Lo veían y simplemente no lo creían. ¿A quién podría habérsele ocurrido usar aquel método tan poco convencional para hacer que Arcanine pudiera movilizarse en territorios que no eran suyos?¿Qué tan amplios podían ser sus saltos y que tan preciso podía ser aquel dragón en estar en el punto y tiempo exactos cuando el impulso de aquel Arcanine decaía?
No había tiempo para emocionarse por ello, ya que tenían un objetivo claro y era aquella ave; habrían de encargarse de ella antes de ir contra el roedor eléctrico.
La protección del canino de fuego se mantenía al tiempo que avanzaba y la que Latios también recreaba cuando se movilizaba complicaban la efectividad máxima de cualquier embiste físico. Sin embargo, aquella pelea estaba cubierta de despistes, porque en el instante en que aquel Pikachu se encontraba surcando los cielos aquellos dos estaban cambiando los planes.
El cuerpo de Arcanine hizo retumbar un poco el suelo que le sostuvo en el instante de su descenso y el vuelo bajo de Latios permitía posicionarse a ambos conjuntamente y sin deseos de perder ni el más preciado tiempo.
El ataque de sofoco mezclado con la crudeza del resplandor de Latios originaban un ataque fusionado, crítico y que si se evadía a tiempo se evitaría un impacto letal; algo que no dudaron en hacer aquel par de contrincantes, mismos que contrarrestaban con una ofensiva que concertaba el rayo con tajo aéreo.
Un cuerpo iluminado completamente de amarillo y una esfera traslúcida cubriendo por completo a Arcanine no hacían más que denotar que ese par de criaturas se habían protegido en los últimos instantes y pese a que habían recibido un poco del embiste de esos dos, no había sido suficiente para dejarlos fuera de combate.
Las llamas ennegrecidas y violetas se disparaban sin compasión del hocico de Arcanine al tiempo que el psíquico de Latios se encargaba de fastidiar el escape de aquel par de; quienes sentían los estragos de las ondas psíquicas que se extendían ampliamente y alteraban ávidamente los sentidos.
Ese lapso donde los sentidos fallaban, los movimientos se tornaban torpes y los ataques parecían no ser controlados e impactar con desatino a todo menos a lo que debían. Eran breves instantes, segundos casi efímeros que si no eran aprovechados resultarían un total desperdicio.
Arcanine se valió una vez más de aquel transporte poco convencional y sus feroces colmillos se clavaron en Pidgeot mientras se llenaban de flamas; aquel colmillo ígneo no demoró en hacer efecto y pronto el ave entera se encontraba siendo debilitada y consumida por las llamas.
Ante aquella situación Pikachu descendió, cayendo hábilmente desde semejante altura y sin titubeo alguno embistió con ferocidad contra Arcanine, golpeándolo de lleno sólo para atestar aquella cola de acero y rematar su contraataque con rayo.
Ese perro de fuego fue mandado lejos, estrellándose contra todo lo que estuviera en su paso y sintiendo por primera vez los estragos de la electricidad que habían estado en su cuerpo desde que recibió el primer impacto eléctrico por ese roedor eléctrico.
Sin embargo, no había que olvidarse que aquella era una batalla doble y que no sería fácil. Aquel rayo rosáceo e intenso se dirigió hacia Pikachu, haciéndole retroceder.
El marcador ahora era mucho más parejo, al menos eso es lo que creía. ¿Qué era aquel resplandor alrededor de Latios?¿Acaso velo sagrado? No, no era nada parecido. Esa esfera se había formado entre sus garras y apuntaba indiscutiblemente contra su compañero. En unos segundos ésta se expandió haciendo contacto con Arcanine.
Y justo en el instante en que aquella luz se esfumó, Latios sentía en carne propia lo que aquel rayo era capaz de causar; la parálisis y la electricidad le impedían enfocar cualquier contraataque, incluso la creación de su esfera protectora no estaba resultando.
Pikachu emitió un chillido, mismo que no había surgido solamente porque sí, sino más bien como reacción ante el impacto que había recibido de lleno y que fue incapaz de evitar con rapidez gracias a que sostenía el rayo que mantenía quieto a Latios.
Esta vez la nitrocarga de Arcanine había sido un rotundo éxito, dejando a Pikachu con algunas quemaduras y un desgaste físico por el impacto cuerpo a cuerpo.
Latios estaba herido pero su orgullo digno de un pokémon dragón le impedían caer tan patéticamente y se mantenía flotando mientras miraba fijamente a aquel par que se mantenían de pie por mera voluntad más que por fuerza.
—Latios, Arcanine, es suficiente –ordenaba Shade a sus dos pokémon, permitiendo que éstos se relajasen.
—Pikachu, descansa –pidió Red a su amigo, quien se había dejado caer al suelo.
—Pidgeot –susurró Green contemplando a su amigo quien no emergía del inconsciente.
—Latias, usa pulso cura en ambos –pedía la joven tras liberar a su pokémon, efectuando la misma maniobra que tiempo atrás realizó Latios con Arcanine-. Lo comprendieron, pero lo han hecho hasta el final. Aunque un avance es un avance.
—Nos dio tremenda paliza –comentaba el castaño no muy orgulloso de su fracaso actual.
—¿Y a quién se le ocurrió la idea de hacer esa maniobra? –cuestionaba el oji carmín a Shade.
—Se les llama momentos de ocio. Además, es divertido, Arcanine lo disfruta y ese juego sirvió para fortalecer el cuerpo de Latios, quien no puede soportar mucho peso. Eso ayudó a hacerlo más resistente físicamente hablando –contestó con orgullo a la vez que contemplaba a Latios quien recibía la ayuda de Latias para recuperarse.
—No imaginábamos que tu pokémon supiera eso. No íbamos a lograr ganar si no vencíamos primero a Latios para evitar que sanara a Arcanine –agregaba Green, quien se alegraba de ver a Pidgeot reincorporado y el mismo gesto se observaba en Red al contemplar a su Pikachu avivado y recargado.
—Aunque para ello hay que darle un ataque directo, poderoso y que sea certero. La velocidad que posee es un obstáculo sumamente grande –comentaba Red pensativo-. Y las maniobras que éste improvisa también lo tornan peligroso.
—Es momento de comer y descansar –Shade se estiró plácidamente-. Mañana será otro día y por lo tanto otro entrenamiento. Espero que Gold se aparezca mañana por aquí. Aunque eso podría complicar todo o quién sabe, podría congeniar mejor con alguno de ustedes y así hacer un buen trabajo en equipo.
—Creí que continuaríamos peleando –habló el oji verde mientras su Pidgeot le apoyaba.
—Por mí no hay problema, aunque está claro que haré un cambio de equipo. Vamos Gyarados, Dragonite –enunció alegremente; esos dos pokémon dragón lucían emocionados-. Elijan a los suyos.
Y tras algunas horas después, el entrenamiento al fin dio por concluido. Y eso solamente significaba que había cosas por realizar.
Aquellas cajas eran colocadas en la barra que poseía la alacena, justo donde se mantienen los cuchillos y algunas especies de uso cotidiano.
Ella quien todavía conservaba aquel traje de baño se sentó plácidamente en el sillón de la sala después de haber dejado todas sus golosinas; ahora degustaba alegremente una bolsa de bombones de café.
No demoraría demasiado tiempo en que aquel par de entrenadores atravesara el umbral no sólo con la ropa un tanto estropeada sino con un cansancio que era casi contagioso. Todos allí se sorprendieron de ver a ese par que simplemente se dejaron caer sentados sobre el sillón más amplio, tratando de restablecer la respiración.
—¿Qué es lo que les pasa a ustedes? –cuestionó Misty con una taza de té en manos.
—Se ven terriblemente mal –indicaba Blue con poco tacto yendo de paso por allí para ir a su habitación.
—¿Están bien? –cuestionó Yellow un poco preocupada.
—Sí, no te preocupes –respondió Red retirándose la gorra de su cabeza para sacudir el poco de tierra que poseía.
—Sólo dábamos un paseo nocturno, nada fuera del otro mundo –alegaba Green recordando escenas de hace poco.
—Ustedes vayan a cenar que Dylan ha hecho la cena y huele deliciosa –insinuaba Shade animando a ambas a dirigirse a la cocina a servirse.
—Los platillos que Dylan cocina son deliciosos –exponía sonriente la blonda; se había dirigía hacia la cocina no sin antes decirles algo a los chicos-. Les traeré su cena para que no tengan que ir hasta allá.
—Me encargaré de tu cena Red –la entrenadora de pokémon agua se apresuró a llegar a la cocina antes que Yellow. Ya estaban de nuevo compitiendo.
—Te fastidiaría en este momento Red, pero no me queda energía ni siquiera para ello.
—Mañana será igual de emocionante que este día –Shade estaba encantada comiendo otro bombón. Como ella estaba como sí nada.
—Es una combinación perversa entre Max y Dylan –espetaba Red mirando con mesura a la chica. Fue un tonto al creer que era menos malvada que el resto de sus amigos.
—Quizás porque Max es mi hermano y Dylan la persona que me derrotó hace tiempo atrás –avisaba.
—¿Qué él fue quien te derrotó…? –cuestionaba el castaño incrédulo.
—Entonces significa que él es más fuerte que tú…por lo que…-deducía el pelinegro en automático.
—Si me vences a mí, la derrotarás a ella…¿eso es lo que piensas Red? –irrumpió Dylan quien entraba con aquel costal de verduras sobre su hombro.
—Exacto –contestó.
—Para su mala suerte ella y yo no hemos peleado en serio el uno contra el otro desde ese día. De modo que la posibilidad de que sea más fuerte que ella en este momento, es tan efímera –decía sonriendo.
—Me queda claro que eres mucho más fuerte que en ese momento Dylan. Todos hemos mejorado desde ese entonces en que nos gustaba probar nuestra fuerza el uno contra el otro. Pero esos tiempos quedaron atrás y ya no lo hacemos. Bien podría ser más fuerte mi hermano o Allen. Eso es algo que evaluarán ustedes –comentaba ella sin despegar su mirada de ese par.
—Ya me contó Max que volviste a retar a los entrenadores por diversión usando la misma excusa de antes –señaló burlonamente-. No creo que encuentres a un novio de esa manera, Shade.
—No me interesa un novio que sea incapaz de vencerme –expuso con una mezcla de seriedad y sarcasmo-. Además, esa batalla fue divertida y al final estuvo llena de suspenso, porque era cuestión de ver cuál de nuestros pokémon caía primero –apuntó con emoción-. Tenemos que repetirlo en alguna ocasión.
—Cuando termines de entrenar bien a tus alumnos, hablaremos de ello – revelaba Dylan bajando aquel saco y mirando a ambos chicos-. ¿Por qué presiento que los hiciste correr sin compasión mientras les lanzabas hiperrayo, Shade?
—Porque eso fue lo que nos hizo –pronunciaron los dos casi gritándole a aquella chica.
—Ya no quería seguir peleando –se defendía mientras les arrojaba un par de bombones a cada uno-. Y tenía que cansarlos de algún modo –sonreía con inocencia continuando con su juego.
—Oh, Shade, vas por buen camino para causarles un trauma más grande a estos dos –hablaba el rubio por lo bajo al tiempo que sentía un poco de lástima por ellos.
—Agrego que tú fuiste el primero en contribuir a la causa –se quejaba el de la gorra.
—Ustedes gimotean de todo –y un bombón fue devorado con gran complacencia.
—Eres una explotadora –decía Red.
—Tú dijiste que si no actuaba de forma seria, no serviría de nada. Entrenando de este modo verán sus límites e intentarán superarlos –se puso de pie, colocándose frente a aquel par de chicos-. Hoy no lo han hecho tan mal, por lo que espero que mantengan este mismo ritmo mañana cuando nos volvamos a enfrentar –miró seriamente a ese par, agachándose un poco frente a los dos para encararles-. ¿Me están escuchando, eh?
—Ah, sí…-Green desvió su mirada casi de inmediato. Un ligero sonrojo se posó en sus mejillas.
—Mejor…vayamos a cenar…-indicaba Red depositando su mirada hacia donde permanecía aquella bolsa de bombones.
—Ustedes dos…van a pagar…-se había enfadada y ahora les obsequiaba un gesto poco amigable.
Lo siguiente que se escuchó fue aquel par de golpes secos y precisos que habían dejado tras de sí una marca de mano sobre sus mejillas; señal clara de que habían sido abofeteados sin razón aparente.
—¿Pero qué le pasa ahora?¿Por qué nos ha hecho esto? –cuestionaba un molesto Red.
—No los abofeteó por haber mirado donde no debían –soltó Dylan burlonamente-. Sino más bien porque no la veían mientras les hablaba. Pero basta con contemplar que les ha dejado marcada su mano a ambos –trató inútilmente de aguantarse la risa-. Al menos desquitaron aquella cachetada.
