Ambos accedieron al cálido despacho. Ella abandonó su blazer sobre el perchero junto a la puerta y ocupó una de las sillas, mientras que Rex se acomodó en la que antes usaba Van Zorn. Entre ambos se creó un silencio sepulcral bastante incómodo. Fue Rex quien decidió romper el hielo.

-Bien… Dígame, ¿Qué es lo que ha pasado?-no se le ocurrió nada más inteligente.

La mujer se desplomó sin ganas sobre la mesa y empezó a llorar amargamente. Rex intentó calmarla como pudo y como mejor sabía.

-Ande, no llore. No se preocupe por nada.

-¡ZOÉ! ¡Hermanita!-gritó, antes de llorar más.

Jimmy tenía razón con lo de los lloros. Aunque Rex no estaba convencido de que aquella individua fuese hipócrita como su jefe se empeñaba en asegurar.

-Míreme a los ojos, y cuénteme. Por favor.

Ella se alzó, con todo el rímel desteñido, cayéndole por las mejillas hasta perderse en el medio de las mismas. Esto, sin embargo, hacía que Rex viera un punto más de atractivo en ella.

-De… De acuerdo… *sollozo*- empezó entrecortadamente, limpiándose las mejillas con las manos.

Rex le ofreció un pañuelo.

-Gra… Muchas gracias, señor Foster.

-Hábleme con franqueza, se lo ruego. Adelante, explíqueme lo sucedido, si es tan amable.

-Por supuesto… Disculpe, estoy muy afectada. Zoé era mi única familia. Perderla ha sido un duro golpe.

-Comprendo…

-Verá… Yo estaba en casa, cuando recibí la llamada de la policía. En ella se me comunicaba que mi hermana había fallecido en el accidente.

-Entiendo. ¿Su hermana tenía carné de conducir?

-Así es, pero yo no recuerdo que tuviese coche. Éramos chicas humildes.

-¿Y no tiene ninguna sospecha de dónde lo pudo conseguir?

-A lo mejor se lo regaló él…

-¿Quién?

-Su pareja. Zoé tenía novio. Aunque solo le vi una vez, no le conocí en persona. Pero eso no tiene nada que ver con el caso, así que no le aburro, señor Foster.

-No, no, al contrario. Cuénteme más, podría ser importante.

La chica lo pensó un momento. Después, inició el relato.

-Zoé conoció a ese chico cuando iba a la universidad. Después, se gustaron y empezaron a salir. Ya sabe, una pareja bastante normal.

Rex hizo un gesto de duda. Estaba seguro de que aquel accidente fatal no se trataba de una coincidencia, así que no estaba convencido de que Zoé mantuviese "una relación normal".

-A mí no me parece que regalarle un coche sea para un cumpleaños normal, si se me permite.

-Bueno… Supongo que tiene usted razón. No se le escapa ni una. La verdad… Yo no sé mucho de esa relación, y no sé a qué jugaba ese tipo…

-¿Le ha visto después de la muerte de su hermana?

-La verdad es que no. Ya no lo he visto más.

-De acuerdo… Y, por lo visto, su hermana estaba encinta, ¿No?

-¡Es cierto! No lo había pensado. ¡Pobres chiquillas!

La mujer se puso a llorar de nuevo.

-No es culpa suya, tranquilícese. Esas futuras sobrinas suyas… Supongo que Zoé y su novio iban a ser padres, ¿Cierto?

-Así es. Siempre he creído que Zoé era un poco joven e ingenua para ser madre, pero siempre la he apoyado. Y ahora… Ella ya no está… Y ya no voy a poder conocer a mis sobrinas.-lamentó la mujer.

-¿Se encuentra bien? La veo agotada.

-Y lo estoy, señor Foster, lo estoy. Estuve planificando asuntos sobre mi trabajo hasta la una de la mañana, no dormí mucho, y ahora… Esto.

-Ya veo… ¿En qué trabaja usted?

-¿Yo? Oh, bueno, soy científica. Zoé siguió mis pasos, y se convirtió también en científica, como su hermana mayor, yo. ¿Para qué? Para terminar así, muriendo con sus propias hijas en el vientre. Pobrecitas Electra y Unununa…

-¿Eh?

Rex se preguntó si eso eran nombres, porque nunca los había oído antes.

-¿Quiénes son "Electra" y "Unununa"?

-Oh, así se iban a llamar las mellizas de mi hermana. Me encantan esos nombres, son tan… Científicos… Pero eso qué más da.

La chica se aclaró la garganta, y empezó a toser suavemente.

-Maldita sed que tengo…

-Pues aquí solo hay whisky. No es mío, antes de que pregunte.

-No iba a preguntar, la verdad. Bueno, a mí me da igual. A lo mejor me va bien ahogar las penas en alcohol.

-¿Está segura? Es bastante fuerte…

-Sí, sí, no se preocupe por mí.

Rex se volvió a quedar mudo de la sorpresa. Nunca lo hubiese supuesto de una chica como aquella, pero aún así, le sirvió un vaso del whisky de su jefe. Tuvo que sacar unas cuantas del cajón para poder sacar luego la botella, entre ellas un estuche vacío, una linterna, una baraja de cartas y una cinta de casette.

La mujer cogió el vaso y le dio un largo trago. Impresionante.

-Vaya… ¿Le gustan las cartas, señor Foster?-le preguntó, señalando la baraja del cajón.

-¿Eh? Oh, bueno… No soy un profesional, pero algo domino. ¿Por qué lo pregunta?

-Juguemos una partida de algo, ¿Le parece?

Otra cosa que le dejó sin habla. Primero se pimpló un vaso de whisky sin respirar, como si estuviese perfectamente acostumbrada, y ahora, en una situación así, le pedía una partida de cartas.

-¿Le apetece jugar a cartas ahora?

-Ande, por favor…

El alcohol se le ha subido a la cabeza, pensó Rex. Pero vio algo en sus bonitos ojos que le impidió negarse, así que empezaron a jugar a las cartas mientras iban hablando.

-De acuerdo, estábamos hablando de sus sobrinas las mellizas. Curiosos nombres, si me permite la opinión.

-Sí, claro. A mí me encantan. Esos nombres vienen a raíz de un experimento que hizo mi hermana en la universidad. Se trataba de combinar electricidad junto con unas placas especiales de unununio. Si lo hacía bien, se ganaba el título. Pero esas placas eran escasas… Y muy caras.

El alcohol hace su efecto. La mujer hablaba sobre su hermana sin necesidad de que le preguntaran. Mientras, jugaba a las cartas con su interlocutor.

-¿Y lo consiguió? Bueno, me dijo que se graduó en ciencias…

-Sí, sí que lo logró. Fue ese novio suyo quien se las consiguió. Desde entonces, Zoé se enamoró de él. Normal…

-¿Y cómo pudo aquel mozo tener acceso a semejante material?

-Buena pregunta… Dígame, señor Foster, ¿Qué tal se le da la ciencia?

-¿La ciencia? Pues… Cultura general y un poco más, pero tampoco he llegado a profundizar mucho en ese campo. Yo trabajé de periodista, así que supongo que mi campo son las letras.

-Hm… Un chico de letras… Interesante…- La mujer se quedó mirando a Rex curiosamente.

De nuevo Rex no supo reaccionar. Hacía tiempo que no se había sentido así. Decidió olvidarlo y continuar la partida y la charla.

-Oye, Rex… ¿Puedo llamarte así? Me gusta más…

-¿Cómo…Cómo sabe mi nombre?

-Oh, ¿No lo dijo el señor Van Zorn antes?

-Ah, sí… Sí… Que se acuerda. En fin, sí, puede llamarme así. Es mi nombre, al fin y al cabo.

-Bueno, Rex… He de disculparme.

-¿Conmigo? ¿Por qué motivo?

-Quizás he mentido un poco. Sé lo que el novio de Zoé se trae entre manos.

La mujer se estaba poniendo colorada a causa del alcohol. Empezaba a tartamudear.