Muchas gracias a todos por darle una oportunidad a ésta continuación de Amor y Odio. Como les había dicho no es muy larga la historia pero si algo diferente a la primera parte.

Mil disculpas por la tardanza pero tuve visita en casa y pues solo veía la computadora de lejos y snif, snif sin poder avanzar en nada, pero aquí esta por fin.

También quiero darles la bienvenida a los nuevos lectores que jamás había leído el fic, muchísimas gracias por sus reviews y que me sigan llegando notificaciones de favoritos y alertas, eso se siente WOW! ya los extrañaba.

Bueno aquí los dejo leer.


Peeta se levantó de su asiento viendo directamente a los ojos del presidente Snow.

-Lo siento, señor, pero no puedo.

-Oh vamos, Peeta – le dijo haciéndole señas con la mano para que se volviera a sentar- no es para tanto.

-Señor, yo amo a mi esposa, no puedo…

-Estoy seguro que pronto se le pasara el capricho a mi nieta.

-Aun así, no puedo.

-Solo será un tiempo.

-¿El tiempo que su nieta quiera?

-Exacto.

-No puedo – caminó hacia la puerta.

-Detente – le dijo Snow seriamente. Peeta se detuvo volteando a verlo – recuerda que tú haces lo que yo ordeno.

-Señor…

-No te estoy pidiendo algo que no hayas hecho, Peeta.

-Eso fue antes de que me casara.

-Pero ahora has aceptado estar con mi nieta – Peeta respiró hondo – pagó por ti.

-Sí – le dijo apenado – pero nunca me imaginé que quisiera algo más.

-Mi nieta te quiere a ti, y yo siempre le he dado todo lo que ella ha querido – volvió a sonreír – como te digo, se le pasará el capricho pronto.

-Señor – Peeta volvió a sentarse frente a él – mi esposa… Katniss…

-Ella no tiene porque enterarse.

-Pero la estoy engañando.

-Oh, por Dios, Peeta, tu esposa debería estar muy agradecida de que te hayas casado con ella. La sacaste de la pobreza. Ella es una simple muchachita cualquiera de la veta del distrito 12. No tiene gracia, no sabe hacer nada. Si tienes a otras mujeres ella no debería de molestarse, simplemente debería de quedarse callada.

-No, Katniss… - dijo negando con la cabeza.

-Vas a estar con mi nieta el tiempo que ella quiera, tu esposa tendrá que esperar en casa, nada más.

-¡No! – Se levantó decidido – señor presidente, yo siempre he hecho lo que usted nos ha ordenado, pero no voy a hacer el títere de una niña caprichuda – Snow se levantó también viéndolo a los ojos – si está acostumbrada a tenerlo todo porque usted se lo da, conmigo se equivocaron. No voy a engañar a mi esposa.

Peeta caminó hacia la entrada enojado.

-Peeta ¿es tu última palabra?

-Sí – le contestó enfrentándolo.

-Bien – Snow levantó la cabeza y junto sus dos manos viéndolo con odio – te arrepentirás.

Peeta salió del despacho e inmediatamente Erika corrió a sus brazos.

-Mi amor, nos vamos una semana al distrito 4, tu y yo solos… - Peeta le quito los brazos de encima separándola de él - ¿Qué pasa?

-Se acabó, Erika.

-¿Qué?

Ambos voltearon hacia la puerta del despacho donde estaba Snow viéndolos.

-¿Abuelo? ¿Qué pasa?

-Me temo que Peeta te rechazó, querida.

Erika volteó a ver a Peeta sorprendida.

-Pero… ¿Qué? ¡NO! ¡Quiero que estés conmigo! - le gritó.

-Lo siento, pero como te había dicho, estoy casado.

-¿Y eso que importa?

-Me importa a mí. Amo a mi esposa.

Erika le dio una cachetada a Peeta tan fuerte que lo dejó con la cara de lado por un momento.

-Yo siempre tengo lo que quiero ¿entendiste?

Erika se fue furiosa. Peeta volteó a ver a Snow que estaba en la puerta del despacho muy serio.

-Yo también siempre tengo lo que quiero – le dijo Snow y entró de nuevo a su despacho.

Peeta regresó al distrito 12 sin saber que esperar. Había dejado enojada a Erika, y más aun, al presidente Snow. De nuevo habían regresado las pesadillas en donde le hacía el amor a Katniss, para después convertirse en Erika. Por suerte, había podido controlarse, Katniss no se había dado cuenta de que se despertaba sudando y respirando agitadamente.

Pasaron los días en donde no había recibido ninguna llamada ni de Snow, ni de Erika. No sabía que pensar de eso, si estar tranquilo o más preocupado. Gale y Haymitch trataban de tranquilizarlo, pero al igual que Peeta, pensaban que ese silencio por parte del capitolio no era muy buena señal.

Así que Peeta trato de hacer su vida normal: trabajaba en el almacén y le ayudaba a su padre en la panadería. También disfrutaba jugar con sus hijos y ayudaba a Katniss con las tareas de la casa.

Estaba viviendo lo que siempre había soñado antes de salir sorteado en la cosecha años atrás.

Una tarde lluviosa, Peeta decidió pintar en su habitación en la planta baja. Ahora ya no se encerraba ahí como lo hacía antes, ahora sus hijos lo imitaban, en especial Josh. Rue rara vez se quedaba en casa, a ella le gustaba el bosque, pero debido a la lluvia no podía salir.

-¿Qué pintas, Rue?

-Estoy diseñando nuevas trampas – le decía Rue a su padre intentando hacer un dibujo en un lienzo.

-¿No te gustó el arco que te compré?

-Claro que me gustó, aunque me gusta más el de mamá, pero no puedo quedarme quieta esperando a que aparezca alguna presa ¿verdad? – Peeta negó con la cabeza, su hija jamás se quedaba quieta - así que he intentado aprender de Gale. Así puedo hacer las dos cosas.

Sonó el teléfono y Peeta se tensó. Cada vez que sonaba pensaba que era del capitolio. Se tranquilizó al escuchar que Katniss nombraba a Madge. Continuó pintando para no pensar en el capitolio.

-Amor, voy con Madge, al parecer se le quemó la comida y quiere que la ayude a limpiar. Gale está en casa de su mamá.

-¿Aun se le quema la comida?- preguntó Peeta con una sonrisa burlona.

-Bueno, ya es menos ¿no? Ser la hija del alcalde también tenía sus desventajas.

-Ya lo creo – se burló de nuevo Peeta.

Katniss llegó a casa de sus mejores amigos cerrando el paraguas y dejándolo en la puerta. Entró y encontró a Madge maldiciendo (como acostumbraba hacerlo cada vez que se le quemaba la comida) mientras limpiaba el desastre en la cocina.

-¿Ahora qué pasó?

-¡Explotó!

-Eso te pasa por usar ollas que te regala Effie. Ya te ha dicho Gale que uses las que te recomienda Hazelle.

-Pues si pero Effie me dijo que con esta todo se cocinaba más rápido.

-¿Acaso Effie cocina? – le preguntó Katniss ayudándole a limpiar el desastre.

-He tenido un día espantoso.

-¿Por qué?

Madge se limpió el sudor de la frente y se quedó viendo a Katniss.

-¿Qué pasa, Madge?

-Tenía cuatro días de retraso – le dijo haciendo una mueca para no llorar – pero hoy… creí que tal vez por fin iba a darle un hijo a Gale.

-Lo siento – le dijo Katniss abrazándola.

-¿Por qué no puedo embarazarme?

-No te apresures.

-Siempre me dices eso. Gale y yo ya tenemos cuatro años de casados y nada.

-¿Gale te ha dicho algo?

-No, nada. Soy yo la que ya quiere tener hijos.

-Aun son muy jóvenes.

-Tenemos la misma edad y tú ya tienes dos.

-Sigue intentándolo – le dijo con una sonrisa – acaba con mi mejor amigo para que logres tu propósito-Madge también sonrió –anda, vamos a limpiar esto.

-Gale se va a enojar conmigo por usar cosas que me da Effie.

-Se van a cenar a mi casa.

Se acercaba la fecha de la cosecha. El presidente Snow invitaba a todos los organizadores y participantes en los juegos a una celebración en su casa. Peeta recibió su invitación, como venía recibiéndola desde su primer año como mentor, pero lo que se le hizo extraño es que ahora también estaba invitada su esposa. Habló con Gale y le dijo que también Madge estaba invitada.

-Tal vez sea una de las cosas que cambió por ser el último año de su gobierno – le dijo Gale a Peeta mientras caminaban hacia el almacén una mañana.

-No creo. Invita a las familias cuando es el festejo de la victoria, después de los juegos, pero ahora solo es para conocer a los nuevos participantes que organizan los juegos. Gente con la que vamos a trabajar como mentores. Además, estoy seguro que Snow no está dando por hecho que éstos sean sus últimos juegos.

-Madge está emocionada ¿Qué piensa Katniss?

-Aun no le he dicho.

-¿Por qué?

-Ahí estará Erika.

-Ya no te ha llamado.

-Eso es lo que me preocupa. Tengo miedo de que este tramando algo.

-Pues vas a tener que arriesgarte. Sabes lo que puede pasar si Katniss no va a ese compromiso.

Katniss se sorprendió cuando Peeta le dio la noticia. Ya tenía mucho tiempo que no iba al capitolio, y no es porque no le gustara, pero tanto ella como Peeta procuraban mantener a sus hijos lejos de ahí. No tenía muchos ánimos de ir como Madge, pero sabía que debía ir. Su madre y Prim se harían cargo de sus hijos mientras estuvieran fuera del distrito 12, como siempre lo hacían cuando tenían que ir juntos al capitolio.

-¿Qué te vas a poner? – le preguntaba Madge a Katniss.

-No lo sé – le contestó Katniss sin muchas ganas.

-No me vas a negar que no te gustan las fiestas del capitolio.

-No, no me gustan las fiestas y tu sabes porque. Tu esposo también es un vencedor.

-Katniss, eso ya pasó. Tanto Peeta como Gale ahora están bien. Tu misma me dijiste que los profesionales son los que siguen padeciendo… eso. Ahora solo se dedican a trabajar en el distrito y seguir órdenes del presidente cuando los necesita como ahora. Cada año van a hacer su trabajo como mentores. Hasta Haymitch está bien. No te atormentes, mejor vamos a disfrutar cada vez que vayamos al capitolio.

-Tienes razón. No tengo porque preocuparme.

-Entonces ¿Qué te vas a poner?

-Creo que el vestido rojo que me regaló Cinna por mi cumpleaños.

-Oh, te verás genial.

Se hospedaron en el piso 12 del centro de entrenamiento. Tanto Cinna como Effie fueron a recibirlos para celebrar el estar juntos de nuevo en el capitolio. Effie hasta había hecho un itinerario de las cosas que podrían hacer durante su estancia ahí. Solo iban a estar un par de días, pero para Katniss era como una luna de miel cada vez que iba al capitolio con Peeta. Tantos lugares a donde ir para divertirse, hacía que se distrajera un poco de sus labores del hogar.

Peeta siempre acostumbraba a llevarla a restaurants y bares, disfrutando sus días de "solteros" sin hijos, lo cual Katniss se dejaba consentir por él ante todo. Pero ahora notaba a Peeta diferente, no tan animado como en ocasiones anteriores.

-¿Estás bien? – le preguntó Katniss antes de dormirse.

-Sí. Mañana por la noche es la celebración. Cada año hay personas nuevas trabajando para los juegos.

-Me imagino que habrá menos gente que en la fiesta de la victoria.

-Sí, en la fiesta de la victoria invitan a patrocinadores, alcaldes, etc. Mañana solo habrá personas que trabajaran en los juegos.

-No entiendo porque invitaron a las esposas de los vencedores.

-Yo tampoco – dijo Peeta muy despacio y demasiado preocupado.

-Bien ¿Qué haremos mañana antes de ir a la celebración?

-Los mentores iremos a desayunar con el presidente – Katniss hizo una mueca en desacuerdo – según el itinerario de Effie tiene algo preparado para ti y para Madge.

-Effie y su obsesión con el horario.

Todos los vencedores se encontraban reunidos en el jardín de la mansión del presidente. Debido a su situación post-juegos del hambre, todos se llevaban de maravilla. Algunos eran muy buenos amigos y se ayudaban mutuamente. La nueva integrante era Rebeca, la reciente vencedora del distrito 4, la cual se sentía perdida aun pero Mags y Annie la apoyaban en todo momento.

-¿Hablaste con Peeta? – le preguntó Finnick a Gale separándose un poco del grupo.

-Sí, no quiere problemas.

-Debí suponerlo – resopló Finnick.

-Ya lo conoces. Solo se dedica a hacer su trabajo sin buscar problemas.

-Debemos apoyar a Plutarch para que sea el nuevo presidente. Me dijo que Snow hace todo esto – Gale frunció el ceño – esto de vendernos para mantener contentos a los políticos más importantes. Snow tiene mucho apoyo aquí, si nos unimos a Plutarch tal vez las elecciones se pondrían en una balanza.

-Nos estaríamos arriesgando mucho, Finnick.

-Con Peeta de nuestro lado, tal vez la balanza se incline más a nuestro favor.

-¿A qué te refieres?

-Todo Panem conoce a Peeta. Lo quieren porque él les dio la oportunidad de tener un mejor trabajo. Si saben que Peeta apoya a Plutarch, tal vez nuestro futuro cambie por completo. Peeta es un gran líder.

-Snow puede cambiar los resultados de las elecciones.

-No. Plutarch también tiene mucha gente dentro de las elecciones. Todas las votaciones estarían muy bien cuidadas, aquí el problema es que la gente está acostumbrada a que solo hay un solo candidato para la presidencia. La ventaja de Plutarch es que se sabe todas las movidas chuecas de Snow, claro, yo le di mucha más información.

-Te estás metiendo en la boca del lobo.

-Ya lo estoy. Lo he estado desde que salí de la arena. Estoy harto, Gale. Quiero tener lo mismo que tú con Madge, Peeta con Katniss, pero no puedo – volteó a ver a Annie que hablaba con Johanna – quiero luchar por mi felicidad, ya no quiero que otro maneje mi vida – vio a Gale – Plutarch es nuestra única esperanza y para eso necesitamos a Peeta de nuestro lado.

-¿Qué dicen los demás vencedores?

-Están de acuerdo conmigo. Apoyarán a Plutarch siempre y cuando todos estemos juntos, en especial, Peeta.

Todos estaban en la mesa larga desayunando entre pláticas, Snow estaba en la cabeza de la mesa observándolos a todos sin decir una sola palabra. Peeta no quería ni voltear a verlo, solo se dedicaba a comer y escuchar lo que Beetee le estaba contando sobre su nuevo invento. Cuando Snow terminó de comer, se limpió a boca con la servilleta y les hizo una seña para que lo escucharan.

-Me da mucho gusto verlos tan entusiasmados por los juegos del hambre. Solo faltan unos días para que inicie la cosecha. Como todos saben, terminando los juegos son las elecciones – algunos voltearon a verse de reojo – en años anteriores casi nadie quería mi puesto – sonrió Snow- es difícil manejar un país como Panem – carraspeó un poco – pero éste año si voy a tener un contrincante: Plutarch Heavensbee. Se lanzará como candidato a la presidencia.

Todos se quedaron callados esperando a que más fuera a decir el presidente.

-Supongo que varios de ustedes ya lo sabían – nadie contestó – Heavensbee tiene muchos años en la política y tiene muchos conocidos importantes.

Todos notaron un cierto tono de preocupación en Snow.

-Es por eso que los quería a todos juntos esta mañana- sonrió – estoy seguro que cuento con todo su apoyo ¿verdad?

Nadie dijo nada. Gale le hacía señas a Finnick con los ojos para que se quedara callado. Ese no era el momento de hablar del asunto.

-Claro que sí, señor presidente – contestó Mags al ver que Finnick apretaba fuertemente su tenedor.

-Bien- sonrió Snow – sigan disfrutando del desayuno. Sé que les encanta venir y reunirse aquí.

-Señor Presidente ¿Por qué invitó a la celebración de ésta noche a las esposas y esposos de los vencedores?- preguntó Cecelia – nunca lo había hecho.

-Bueno – dijo tranquilamente Snow con una sonrisa – ésta año está por terminarse otro periodo de mi gobierno. Aun no sabemos que vaya a pasar en las elecciones, pero se acostumbra que el último año de un presidente puede hacer lo que quiera.

-Pensábamos que era únicamente en los juegos – dijo Haymitch.

-Hoy empiezan oficialmente la organización de los juegos y ¿Qué mejor que romper las reglas? Se dice que las reglas están para romperlas así que empecé haciendo un cambio e invitar a sus esposos y esposas a la celebración de ésta noche – les dijo muy contento – ¡vamos a salir de la rutina! – les dijo con entusiasmo - Que éstos juegos sean diferentes como en el vallasaje de los veinticinco ¿Qué les parece?

-¿Tiene algo pensado para estos juegos? – preguntó Enobaria.

-Sí, pero será una sorpresa.

-¿Está dando por hecho que éste será su último año, señor presidente? – preguntó Finnick.

-Claro que no, tengo el apoyo de muchas personas importantes y de ustedes por supuesto, pero quiero hacer algo distinto en los juegos éste año y puedo hacerlo porque tengo el poder –volteó a ver a Peeta – pero no hablemos de trabajo. Están en el capitolio con todos los lujos que YO les proporciono por ser mis vencedores. Vinieron a divertirse.

Cuando terminaron de desayunar, se despedían unos de otros quedándose de ver por la noche en la fiesta. Peeta se quedó sentado un poco más de tiempo, absorto en sus pensamientos ¿Por qué Snow no le dijo nada de su nieta? Se comportó como si nada hubiera pasado. Tuvo un aire de tranquilidad al pensar que tal vez Erika ya no quería nada con él y todo hubiera quedado olvidado.

-¿Nos vamos? – le preguntó Haymitch con Gale a un lado.

-Sí – se levantó dejando su servilleta en la mesa.

-Peeta ¿podemos hablar? – preguntó Finnick junto con Johanna y Annie.

-Si es para lo que me imagino.

-Necesitamos estar unidos.

-Será mejor que salgamos – les dijo Gale al ver que los meseros empezaban a recoger la mesa.

Caminaron por el jardín principal rumbo a los carros que ya los estaban esperando.

-Peeta…

-Mira Finnick, por ahora tengo un problema mayor.

-Erika – dijo Johanna - ¿cierto?

-Sí.

-Pero las bebidas que…

-Erika habló con Snow – tanto Annie, Johanna y Finnick abrieron los ojos sorprendidos – le dijo la verdad y él quiere, no más bien, me ordenó que fuera el amante de su nieta.

-¿Y qué le dijiste?

-Me negué – Annie abrió la boca y se la tapó con la mano completamente sorprendida.

-¿Qué hiciste qué? – preguntó Finnick.

-No le voy a hacer esto a Katniss.

-Peeta – le dijo Annie – no conoces a Erika, ella…

-Es una maldita zorra – soltó Johanna – es una bruja, es una…

-Es la nieta de Snow, la única nieta – le dijo Haymitch preocupado.

-¿Qué querían que hiciera?

-No lo sé – le dijo Annie – las bebidas o…

-Quería que nos fuéramos toda una semana al distrito 4 juntos.

-Tal vez, si hablaras con Katniss – sugirió Finnick.

-¿Y decirle qué? ¿Me voy con otra mujer, Katniss, aquí me esperas?

-Te atravesaría con una flecha – dijo Gale.

-No estoy dispuesto a perder a mi familia, algo que he querido siempre, y tampoco ser el amante de una chiquilla malcriada solo porque es nieta del presidente.

-No sabes con quien te metiste – le dijo Johanna muy seria, lo cual preocupó mas a Peeta. Sabía que Johanna conocía muy bien el ambiente del capitolio, y por lo tanto, a Erika.

-Miren – respiró hondo Peeta- no quiero pensar en nada. Katniss está aquí en el capitolio, así que no quiero hablar ni de Erika, ni de Snow –vio a Finnick - ni de Plutarch.

Como acostumbraba Cinna cada vez que Katniss y Madge iban a un evento como esposas de los vencedores del distrito 12, las arreglaba y maquillaba para que estuvieran a la altura de cualquier personalidad del capitolio. Peeta veía a Katniss completamente enamorado cada vez que ella se veía en el espejo sorprendida por el cambio que Cinna hacia en ella. Le gustaba como se veía, la hacía sentirse segura al lado de Peeta. En cada celebración había muchas mujeres hermosas y bien vestidas, con el paso de los años ella se fue sintiendo más confiada al estar conviviendo con ellas, pero eso no significaba que cada vez que Cinna la arreglaba, pasara unos minutos frente al espejo viéndose con una sonrisa.

-¿Te gusta cómo se me ve éste vestido? – le preguntó Katniss a Peeta mientras Cinna le hacía pequeños retoques en el vestido.

-Claro, aunque me gustas mas desnuda.

-¡Peeta!

-Yo no escuché nada – les dijo Cinna.

-¿Nos vamos? – preguntó Haymitch sin muchos ánimos.

Llegaron a la fiesta, y como ya esperaban, no había tanta gente como en la fiesta de la victoria después de los juegos. La mayoría eran personas a quienes reconocieron de inmediato los vencedores. Una que otra cara nueva, pero básicamente era los mismos que les encantaba trabajar en los juegos del hambre.

Peeta volteaba alrededor buscando a Snow y a Erika, estaba demasiado nervioso. Sabía que el hecho de que su esposa estaba invitada a esa celebración era por un propósito.

-Seneca Crane se ve muy contento este año – les comentó Finnick a sus compañeros.

-Sí – estuvo de acuerdo Haymitch -¿Por qué será?

-Ya lo dijo Snow esta mañana, habrá cambios en estos juegos pero será una sorpresa – les dijo Annie.

-¿Tu qué opinas Peeta? – Preguntó Finnick, pero Peeta solo volteaba alrededor sin ponerles atención -¿Peeta?

-¿Qué?

-Seneca Crane ¿lo notas diferente este año? –Peeta volteó a ver a Seneca –se ve más entusiasmado que otros años.

-Sí, tal vez.

-¿Qué te pasa?

-¿Estas preocupado por Erika? – preguntó Johanna.

-No quiero que mencionen a Erika delante de Katniss.

-No te preocupes, no creo que ella venga hoy.

-Eso espero.

-¿Dónde está Katniss?

-Fue con Madge al tocador- les dijo Gale.

Estuvieron bailando y platicando entre ellos. Los organizadores tenían prohibido decirles a los mentores de que se iba a tratar la arena, solo comentaban quienes eran los nuevos posibles patrocinadores y de juegos anteriores. Snow saludó a todos sin ponerle demasiada atención a Peeta, así que él pudo relajarse un momento.

-¿Podemos ir por una bebida?- le preguntó Katniss a Peeta.

-Claro, vamos.

Caminaron tomados de la mano hacia el área de bebidas cuando en su camino se atravesó una chica joven, hermosa, elegante y coqueta.

-Buenas noches – saludó seductoramente viendo a Peeta.

-Buenas noches – saludó Katniss al ver que Peeta se había quedado mudo.

-Oh, no he tenido el placer de conocerte. Peeta ¿Por qué no nos presentas?

-Eh…

-Erika Snow – le extendió la mano con una sonrisa.

-Katniss Mellark – le correspondió el saludo con la mano.

-Veo que usas tu apellido de casada.

-Sí.

-Creo que yo nunca lo haría. Mi apellido es muy poderoso –Peeta se movió incomodo – pero claro, uno como mujer cuando se casa debe usar el apellido de su esposo, pero como dice mi abuelo, las reglas pueden cambiar, sobre todo si llevo el apellido Snow.

Katniss sonrió de lado mientras que Erika sonreía abiertamente.

-¿Cómo has estado, Peeta?

-Bien, gracias.

-Tú siempre tan guapo – le acomodó el saco, pero de inmediato Peeta se hizo un poco para atrás – tienes mucha suerte al tener un galanazo en casa –le dijo a Katniss – esos ojos vuelven loca a cualquier mujer…

-Debemos irnos, nos esperan – le dijo Peeta a Erika – fue un gusto saludarla, señorita Snow.

Peeta tomó del brazo a Katniss quien lo veía con el ceño fruncido, no entendiendo bien la actitud nerviosa de su esposo. Caminaron unos pasos, pero antes de salir del gran salón hacia el área de bebidas, Erika lo llamó.

-¡Peeta!

Peeta se detuvo tratando de mantenerse tranquilo. Katniss volteó a verlo y después a la nieta de Snow.

-Será solo un momento ¿me lo puedes prestar un minuto, Katniss?

-Claro.

Peeta lo pensó un poco, pero caminó hacia Erika, un poco alejados de Katniss que en todo momento no les quito la vista de encima.

-Al verte de nuevo, me doy cuenta de lo mucho que te amo.

-Erika, por favor.

-Estoy dispuesta a darte otra oportunidad. Vámonos juntos.

-Fui muy claro contigo.

-Piénsalo bien. Estas dejando todo por – volteó hacia donde estaba Katniss – nada.

-Ella es mi esposa y la amo.

-¿Es tu última palabra?

-Sí.

-Bien, que conste que te quería dar otra oportunidad.

-¿A qué te refieres?

-Ya lo verás. Yo siempre obtengo lo que quiero ¿lo recuerdas? Y eso es a la buena o a la mala.

-Erika, tu eres muy joven, puedes tener a cuanto hombre…

-Te quiero a ti.

-Yo estoy casado.

-Ya te he dicho que eso no me importa.

-Pero a mí sí.

-Ya vendrás a mi pidiéndome perdón – Peeta frunció el ceño extrañado –Adiós.

Peeta se quedó completamente confundido ¿Qué había querido decirle Erika con esas palabras? Reaccionó al ver a Katniss viéndolo y caminó hacia ella. Katniss al verlo caminó delante de él rumbo al área de bebidas.

-Se nota que se conocen bien – le dijo Katniss volteando un poco hacia atrás.

-Es la nieta del presidente, la he visto un par de veces aquí en el capitolio.

-¿Para que quería hablar contigo a solas?

-Cosas de los juegos.

-¿Ella está involucrada en los juegos?

-No mucho, por eso me preguntaba a mí.

-¿Y porque a ti?

-No lo sé.

-¿Será que para ella eres un galanazo? – se detuvo para verlo de frente.

-El galán aquí es Finnick.

-Los he estado buscando – llegó Gale – van a tomar la foto oficial de mentores de éste año ¿pasa algo? – preguntó al ver a sus mejores amigos muy serios.

-No, nada – respondió Peeta – íbamos por unas bebidas, pero lo dejamos para después.

-Iré con Madge – dijo Katniss pasando por en medio de su esposo y amigo.

-¿Qué pasó?

-Erika.

-¿Le dijo a Katniss?

-No, pero no dudo que planee hacerlo.

-¿Por qué?

-Algo trama y seguro es decirle la verdad a Katniss ¿Qué otra cosa peor puede hacer?

-Es la nieta de Snow y seguro tiene la mente tan perversa como la de él.

-Nada puede ser peor que decirle la verdad a Katniss.


¿Algo puede ser peor que Erika le diga la verdad a Katniss e intente separarlos? ¿Que va a pasar con sus hijos? Pues bien, me enviaron un mensaje privado dándome su versión de lo que podría pasar y le atinó y solo tiene 12 añitos, saludos Tris!

Estaré subiendo adelantos en la página de facebook "por las que queremos una segunda parte de amor y odio"

Mil gracias a todos, los quiero.