Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia

Capítulo 38

-La única certeza que tengo es que lo quiero, Quiero a Kenshin. Si él me besa, no sé cómo voy a alejarme.

Kaoru no había pegado ojo dándole vueltas a aquellas palabras de Nanako, maldiciéndose internamente por haber escuchado aquella conversación entre la guerrera y Chikara, que le había revelado el por qué del extraño comportamiento del ex–samurái y de su amiga. ¿Cuánto llevaría sucediendo aquello? ¿Acaso ninguno iba a dignarse a decirle nada, sabiendo lo que ella sentía?

Kamiya sólo podía sentir indignación y enfado al pensarlo. No podía creer que fueran tan egoístas. La decepción no cabía en su corazón.

Kaoru tuvo que dejar la ropa que estaba lavando al sentirse colapsar por aquellas cavilaciones, ignorando que Nanako acababa de aparecer tras ella, preguntándola por un objeto de la casa, a lo que la esgrimista le respondió con un tono nada propio de ella, alertando a su interlocutora.

-Kaoru ¿Te pasa algo? Estás muy seria. –Comentó mirándola con el ceño fruncido, mientras la morena volvía a sacar la prenda que había quedado sumergida en el agua del barreño de madera.

-¿Cuándo pensabais decírmelo?

-¿El qué? -Preguntó Nanako con un deje de temor, pero sin entender a qué podía referirse. Todo cambió con la nueva intervención de Kaoru.

-De lo que tienes con Kenshin.

-No tenemos nada, de verdad...

-¿Entonces por qué te besa? ¡Escuché anoche lo que le decías a Chikara! –Le reprochó con ira mientras volvía a abandonar su labor, mirándola.

Nanako se había quedado muda de la sorpresa, sintiéndose automáticamente horrible. Todo se había descuadrado, y que la morena se hubiera enterado de ese modo no haría más que empeorar las cosas.

-Kaoru, puedo explicártelo. Por favor, escúchame.

-¿Cómo quieres que te escuche si me habéis estado mintiendo? Yo confiaba en ti, Nanako. Y resulta que mientras me consolabas estabas tratando de conquistarlo. ¿Es por eso que me evita de esa forma? ¡Por qué no me dijo que te quería a ti y ya está! No pensé que tú pudieras traicionarme de ese modo, sabías lo que siento por él y aún así te acercaste.

-No tengo nada con Kenshin, no se me ocurriría porque sé que tú lo amas. Todo lo que he hecho ha sido pensando en ti, Kaoru. Tienes que creerme. –Le suplicó a punto de llorar, vislumbrando las lágrimas de su amiga.

-No me mientas, sé que lo amas.

-Sí, es verdad. Eso no puedo negarlo. Pero en ningún momento he pensado en conquistarlo, al contrario. Por favor. Si quieres que me vaya y os deje lo haré, Kaoru.

Kamiya tragó saliva mientras trataba de contener su emociones y no gritar, pensando en si aquello sería verdad o no. Fuera como fuese, sólo tenía ganas de alejarse de todo aquello para tratar de curar su orgullo herido, y la pena que asolaba su corazón. A pesar de la punzada que atenazó su alma, dictó una sentencia firme mirando a su amiga.

-No quiero verte, Nanako. Voy a regresar al dojo. No vuelvas más por allí.

-Lo entiendo, me iré hoy mismo. Lo siento mucho, Kaoru, no quería que te enteraras así. –Sollozó para después darse la vuelta, y alejarse ante el indiferente silencio de Kamiya, que volvió a su tarea sin mirarla siquiera, llorando de forma silenciosa al hallarse tan dolida.


Una hora después, cuando el sol se encontraba en lo más alto del cielo, Nanako caminaba con desgana alejándose de la vivienda de su amigo sin haberse despedido tan siquiera, puesto que no tenía fuerzas para hacerlo, ni valor de comentar lo ocurrido.

Cargando la pesada losa de la culpa y la vergüenza, la joven salía de la ciudad con los ojos anegados en lágrimas, sin poder apartar de su cabeza las duras palabras de Kaoru, pidiéndola que jamás regresara a ella, rompiendo su relación para siempre.

Magnificando su desesperación, encontró a Kenshin volviendo hacia la ciudad con Sanosuke. Pudo observar como el pelirrojo le decía algo al moreno, haciendo que este pasara de largo mientras él se detenía a hablarla, contemplándola con preocupación.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué te vas?

-Kaoru lo sabe todo. Me ha dicho que no quiere verme más.

-¿Qué?, ¿por qué? Kaoru no es irracional, tú no eres culpable de nada, si se lo explicamos bien...

-¡Se lo he explicado, Kenshin! Esto le duele demasiado, y es normal. –Le dijo con enfado, alzando la voz, para después calmarse y proseguir. –Está todo decidido; Olvídate de mí y no intentes buscarme más, porque si no te juro que te mataré.

Acto seguido, la chica prosiguió su camino dejando al joven anclado en el mismo lugar, resignándose al dolor de aquella amarga despedida. Debía intentar solucionar aquello como fuera, o las cosas jamás serían esperanzadoras para nadie.

Con aquellos pensamientos Kenshin echó a correr hacia la casa en busca de Kaoru, decidido a abrirle su corazón como nunca antes, haciéndola comprender que si alguien era el culpable, sin duda era él y nadie más.


Cuando Kenshin llegó a la vivienda ignoró todo lo que sucedía a su alrededor. Los gritos de Chikara pidiéndole explicaciones, la voz de Sanosuke diciendo que Saito estaba furioso con él... Sólo se centró en la búsqueda de la morena, a quien encontró en la habitación sentada sin hacer nada.

El pelirrojo se posicionó frente a ella mientras la nombraba entre jadeos tras la carrera, recibiendo automáticamente después una bofetada de parte de la chica, quien lo acribilló con una mirada gélida.

-Siento mucho no haberte dicho nada antes, pero tienes que comprender que la culpa de lo que pasa no es de Nanako, Kaoru. Ella no ha decidido sus sentimientos ¿Acaso tú has decido los tuyos?

-Eso lo sé, pero no puedo aceptar que os hayáis callado ¿Cómo eres capaz de hacerme esto?

-Sólo yo tengo la culpa. Sabía de tus sentimientos, y al enterarme de lo de Nanako debí hablarlo contigo. Si estás enfadada, y tienes todo el derecho, debo irme yo, no ella. Sois amigas y sé que no quieres perderla.

-Tampoco quiero perderte a ti. Dime, ¿qué sientes, Kenshin?

-Después de enterarme de lo de Tomoe todo se ha vuelto confuso, estoy desconcentrado y no he prestado atención suficiente a mi alrededor. Te quiero Kaoru, pero también estoy empezando a quererla a ella, y no puedo hacer daño a ninguna. Me he portado muy mal contigo por no haberte hablado claro sobre este tema, pero es que ni yo mismo sé si es buena idea con todo lo que está sucediendo, y ahora todo se ha vuelto más complejo. Por favor, piénsalo todo en frío y haz las paces con Nanako; Ódiame a mí, Kaoru.

-No odio a ninguno, simplemente me duele pensar que me habéis engañado. –Sollozó dándose cuenta de que la ira no anidaba en ella, sino una fuerte desazón y tristeza.

-No te hemos engañado. Hace pocos días hemos sabido con certeza lo que pasaba. Lo único que hemos hecho ha sido protegerte mientras no supiésemos las cosas claras. Nanako iba a hablar contigo el día de su cumpleaños, incluso antes iba a marcharse para no hacerte sufrir, pero yo la convencí para que se quedara.

-Eso no lo sabía... -Murmuró casi en un susurro.

-Por eso te pido que no rompáis vuestra relación y tratemos de llegar al entendimiento. Si no yo seré el que se vaya.

Kaoru meditó todo aquello y sintió que se había equivocado al echar a su amiga, que ciertamente no era culpable, sino otra víctima del destino al quedar prendada de aquel hombre tan complejo. Con culpabilidad miró a Kenshin, hablando mientras se secaba la cara.

-Se fue hace ya mucho ¿Cómo vamos a encontrarla?

-Tranquila, yo iré a buscarla. Tú quédate con Chikara. Cuando vuelva seguiremos hablando. Gracias, Kaoru. -Le dijo con sinceridad, para después salir con la misma velocidad con la que entró.


Hacía horas que Nanako erraba a través de los caminos solitarios que unían los pueblos y ciudades rumbo a Osaka, no prestándole atención a la bonita puesta de sol que la acompañaba. Todo era oscuridad en su mente, y esta teñía cada cosa que miraba.

Al menos le quedaba el consuelo de que Hiko no se burlaría esta vez, puesto que había comprobado lo doloroso que le resultaba aquello. Nanako sonrió ante el recuerdo de su abrazo; Sabía que a pesar de su fachada dura e indiferente le importaba y la quería. Él también era humano.

Mientras llegaba a la maleza que crecía lejos de los pueblos, se vio rodeada por un grupo de maleantes que se presentaron como subordinados de Shishio, quien la quería muerta, y así se encargaron de recordárselo aquellos desconocidos.

La morena sacó su arma dispuesta a defenderse, a pesar de que el número de oponentes era demasiado grande. Pero realmente aquello tampoco le importó mucho, dado que morir allí podía ser lo mejor que le pasara después de haberlo perdido todo.

Si luchaba era por que Hiko le había enseñado a no rendirse, aunque pronto quedó desarmada, a merced del destino.

Muchas gracias a todos por leer, y gracias a los que se animan a decir algo. Es estupendo saber que hay alguien al otro lado XD ¡Mil gracias!