— ¿Crees que voy a dejar que te quedes con ella tan fácil, enano? ¿Y qué gano yo?

La áspera y fría voz de Kenny podría calar hasta los huesos a cualquiera, a cualquiera que no sea Levi Ackerman, por supuesto. El azabache sabía a la perfección que Kenny no permitiría que un tipo cualquiera le arrebatara a su querida sobrina, pero vamos, era Levi de quien se trataba.

Ambos hombres estaban sentados frente a frente en la pequeña sala de estar de aquella residencia, al parecer tratando de comportarse ''civilizadamente'' por primera vez desde su último encuentro. Ni uno ni el otro tenía pensado rendirse, y Levi se propuso que no saldría de ese lugar sin haber logrado su cometido: quedarse con Mikasa sin importar lo que tuviera que hacer. Se cruzó de brazos y le lanzó a Kenny la mirada más fría que pudo formar.

— La felicidad y emoción de ser tío abuelo de un montón de mocosos ruidosos, ¿o tú qué crees?

Una sonrisa sarcástica se formó en los labios del azabache, algo un poco tenebroso para aquel que no conociera otro tipo de expresión en él que no fuera frialdad. Como es de esperarse, Kenny casi correspondió a aquella sonrisa, pero en sus ojos podía notarse cómo se encendía una llama de fuego, producto de la ira.

— No voy a dejar que mi pequeña sobrina esté en manos de un tipo tan desagradable como tú-

— Pues, ¿qué crees? Mis manos ya han podido sentir su piel, tan suave y delicada como una pluma...

Eso fue demasiado para Kenny. Rápidamente se levantó de su asiento y se abalanzó contra Levi, levantándolo del cuello de la camisa. El azabache rodó los ojos con impaciencia y sujetó a Kenny de las muñecas con fuerza, provocando en el mayor una mueca.

— ¿Qué dijiste, maldito enano repugnante?

— ¿Por qué? ¿La vejez te ha dejado sordo?

Y fue así como Kenny asestó el primer golpe, dejando a Levi en el suelo con su labio inferior sangrando. El azabache recorrió su labio con la lengua y con su dedo limpió el hilo de sangre que bajaba por su barbilla.

— Tsk, asqueroso...

Aprovechando que su oponente estaba en el suelo, Kenny se acercó dando zancadas al joven azabache y le propinó una patada en el estómago, sacándole el aire. Como si aquello no hubiera sido suficiente, el hombre castaño lo hizo voltearse con el pie para Levi quedar tirado boca-arriba, y una vez así, se arrodilló y con la mano hecha un puño la mandó directo al rostro del azabache, quien fue mucho más rápido y detuvo el golpe sosteniendo el puño del mayor.

A pesar de haberse quedado sin aire para respirar momentos atrás, Levi aún conservaba la fuerza que poseía, la cual era bastante. Sin embargo, Kenny tampoco era un debilucho, y aunque Levi sujetaba su mano derecha evitando el golpe, aún quedaba la izquierda, la cual utilizó para rodear el cuello del azabache y apretarlo con la intención de dejarlo completamente sin oxígeno.

Levi mantuvo la calma a pesar de sentir cómo poco a poco sus pulmones dolían a causa de la falta de oxígeno y cómo su piel se palidecía cada vez más, y juntando toda la fuerza con la que contaba, logró cambiar de posición con el hombre sobre él, quedando Levi ahora encima y Kenny en el suelo. El castaño por un momento se sintió confundido ante la situación, suavizando el agarre que tenía en el cuello de Levi, y el azabache aprovechó para quitar esa mano asesina de su cuello y mantenerla alejada, en el piso.

— ¿Qué se supone que harías después de matarme? ¿Decirle a Mikasa que me largué de la ciudad otra vez? Para tu desgracia en estos momentos no tengo pensado hacer ningún viaje y ella lo sabe, así que tendrás que buscarte otra mejor excusa, viejo.

La voz de Levi estaba rasposa y apenas audible a causa del reciente acto de Kenny contra él, y el mayor ante sus palabras no pudo evitar soltar una risa amarga y para nada agradable, poniendo a Levi en guardia por si el mayor tenía planeado algo desconocido en mente.

— Aunque no lo creas, puedo hacer que la muerte de alguien parezca un maldito accidente trágico, así que ten cuidado, enano.

Levi arqueó una ceja y escupió algo de sangre que comenzaba a salir de su boca en la cara del mayor, provocándole una nueva mueca de asco. Antes de que alguno de los dos pudiera hacer algo más, se escuchó cómo la puerta de entrada se abría y unas voces inundaban la casa. Levi reconoció enseguida la voz de Mikasa, pero, ¿quién era la otra persona?

Tanto Levi como Kenny se levantaron y sacudieron sus ropas lo más que pudieron, pero todo fue en vano; Mikasa entró a la sala de estar y para su sorpresa se encontró con la escena que habían causado ambos hombres. Detrás de ella apareció un sonriente Jean quien de inmediato apagó su sonrisa al notar a los hombres frente a ellos. Todo se tornó incómodo, hasta que Kenny se acercó a su sobrina y le dio un fuerte abrazo a modo de bienvenida.

— ¡Mikasa! Al fin llegaste.

— Levi... ¿Qué haces aquí?

La azabache evadió el abrazo de su tío y se acercó al joven ojiazul, quien evitaba mirarla. Al notar el estado en el que estaba, Mikasa llevó sus manos al rostro del azabache provocándole un escalofrío y no precisamente porque sus manos estuvieran frías.

— ¿Qué pasó..?

— Tsk, nada, estoy bien.

Kenny tuvo que aguantar el no volver a ir a golpear a Levi, ya que trataba de mejorar la relación con su sobrina y sabía a la perfección que para lograrlo debía dejarla ser feliz con él, pero no podía permitirlo, simplemente no podía.

Jean, por otro lado, por fin comprendió que el corazón de Mikasa le pertenecía a otro hombre, aunque sinceramente el chico lo supo desde esa fallida clase de piano, pero no quería aceptarlo. La poca esperanza que tenía de conquistar a Mikasa algún día comenzó a destrozarse en pedacitos con tan sólo ver a la chica de sus sueños preocuparse de esa forma por alguien más, pero logró manejarlo y se mantuvo tranquilo en todo momento.

El verdadero problema en esos momentos era Levi, quien no podía controlar cada emoción que cruzaba por su cuerpo. Con tan sólo tener a Mikasa de esa forma provocaba en él querer dejarlo todo y salir con ella de allí, sin importarle que Kenny o ese mocoso estuvieran ahí en esos instantes. Pero a la vez la duda atravesó la mente del azabache, ¿por qué ese mocoso había llegado con ella?

En su mente se formó una escena donde se encontraban ellos tres en un salón de música. Probablemente Mikasa y el mocoso tenían algo más que una amistad y si era así, él ya no podía hacer nada, había perdido su oportunidad. Tenía que despejarse, calmarse y una vez logrado éso hablar con Mikasa en un ambiente mucho más tranquilo. Para ello, apartó las manos de la azabache y las sostuvo con las suyas.

— Mejor me voy.

— Pero, Levi...

— Ustedes tienen mucho de qué hablar y yo debo cuidar a mi madre.

Y sin más, soltó las manos de su amada mocosa y se dirigió con paso decidido a la puerta, pasando a un lado de Kenny y Jean, quienes lo miraban con furia y angustia, respectivamente. Al salir, dio un portazo y entró a su auto, donde pudo dejar salir la frustración que sentía a través de golpes a su asiento.

Lo que no esperaba, era que Mikasa saliera en su búsqueda y lo viera en esa situación. La azabache golpeó con suavidad el vidrio de la ventana provocando un pequeño salto en Levi, quien no pudo ocultar su sorpresa al verla. Sin más opción, le quitó el seguro a la puerta y dejó que Mikasa entrara y se sentara en el asiento de acompañante.

— ¿Estás bien?

— Sí, ¿por qué no regresas con tu noviecito y tu adorable tío?

— Porque me preocupas, Levi.

Aquellas palabras no causaron el efecto que Mikasa esperaba, porque Levi ensombreció su mirada a tal punto de provocarle un escalofrío a la pelinegra y su voz se tornó tan fría como se sentía su corazón en esos momentos.

— Sal del auto.

— Pero, Levi... ¿Qué pasa contigo?

— Te he dicho que salgas del auto.

— NO hasta que me expliques qué mierda te pasa-

— ¡No lo volveré a repetir! ¡SAL DEL MALDITO AUTO, MIERDA!

Pero Mikasa no se sintió intimidada, ni siquiera le importó si Levi se molestaba con ella o si la odiaba, pero ella quería de una vez por todas arreglar las cosas y no dejaría que ese enano se saliera de nuevo con la suya.

— No.

Levi no podía creer lo testaruda y obstinada que era esa mocosa, pero ya no había marcha atrás; ese intento de control se había ido al caño, y ahora se encontraba encendiendo el auto y alejándose de aquella residencia con una sorprendida Mikasa a su lado.

Pero ella se lo buscó.