Hola! me ha quedado un poco (bastante) corto, pero prometo compensaroslo con nuevo capítulo pronto! (espero)
¡A leer se ha dicho!
CAPÍTULO 38 – VERANO
-NARRA APRIL-
Durante el trayecto tuve tiempo para pensar mucho. Le di vueltas a todo y varias veces, pero fue como si todo se quedara en el aeropuerto: al llegar a Disneyland, todas las preocupaciones se apartaron de mi mente.
Me hacía ilusión pensar que los problemas se habían quedado atrás, no más Nick, no más trabajo, simplemente diversión… aunque fuera sola.
Empujé con ansia mi maleta hacia la salida, donde un coche me esperaba. Una de las muchas ventajas de ser una chica Disney era que podías contar con el apoyo de Mickey Mouse siempre que lo necesitaras.
Sin embargo, cuando entré en el coche me di cuenta de que no estaba sola. Un chico de pelo rizado me sonreía desde la parte trasera, con un girasol en la mano.
-Buenas noches, señorita –me dijo Nick, ofreciéndome la flor.
Tras el shock inicial, esbocé una sonrisa sincera y cogí su regalo, sentándome a su lado. Aún así, mantuve una distancia de seguridad.
-¿Cómo has sabido adónde iba? –le pregunté, fingiendo estar muy interesada en los pétalos del girasol.
-Aquí es donde las cosas empezaron a funcionar –dijo encogiéndose de hombros.
El coche arrancó, supuse que hacia el hotel dentro del parque de atracciones. Intenté armarme del valor suficiente para mirar a Nick y me giré, clavando mis ojos en los suyos. Tenía esa expresión que le salía cuando sabía que había hecho algo mal.
-Lo siento mucho, April –me dijo, casi susurrando. Cerré los ojos con fuerza, deseando que las lágrimas no empezaran a salir desbocadas. Su mano se posó en la mía, entrelazando sus dedos con los míos.
-Nick, yo… -balbuceé, algo abrumada.
Le echaba de menos, pero de alguna forma sabía que no podía ignorar todo lo que había pasado.
-Es mi hermana –murmuró él, como una excusa.
Quizá fue eso lo que me hizo darme cuenta de mis sentimientos. Alcé la vista de nuevo, para intentar descubrir si lo que presentía era verdad. Miré fijamente a sus ojos marrones, tratando de recordar lo que sentía antes: tembleque incontrolado, flojera de piernas, latidos acelerados, dolor de estómago por los nervios…
Nada.
-Sé que es tu hermana, por eso no estoy enfadada –le dije, esbozando una tímida sonrisa. Él pareció animarse, apretando más su mano contra la mía.
-Gracias –susurró, acercándose para besarme.
Sin embargo, yo lo aparté sutilmente. Nick me miró confundido.
-No estoy enfadada… pero tampoco creo que debamos seguir… juntos –murmuré, intentando ser directa. Una pequeña punzada me atacó el corazón.
No iba a ser tan fácil, después de todo. Nicholas aflojó un poco su mano.
-¿Co-cómo? –preguntó. Tomé aire.
-Hemos pasado muchas cosas, Nick –le dije, siendo yo ahora la que apretaba su mano –, pero siempre volvemos al mismo punto: desconfianza.
-Lo sé, he sido yo el que ha hecho que desconfíes de mí. Lo siento mucho –dijo él, serio.
-Es que, no es cuestión de sentirlo. No sólo es eso, Nicholas… nuestra relación ha sido muy… rara –le dije. Una lágrima traicionera resbaló por mi mejilla, mientras que él se apresuraba a secármela con su mano libre.
-Yo te quiero, April, sólo a ti –murmuró –. Te lo he dicho muchas veces, pero no me cansaría de repetirlo. Dime qué es lo que pasa y lo arreglaremos, juntos podemos hacerlo.
-Nick, nunca hemos sido amigos. Ese es el fallo de nuestra relación –dije. Él pareció dispuesto a protestar, pero me apresuré a taparle la boca con la mano –; no te estoy diciendo que quiera dejar de verte, sino que quiero que dejemos las cosas por un tiempo y nos centremos en nosotros mismos como personas, que aclaremos nuestras prioridades y seamos amigos.
-Ya somos amigos. Tú eres la primera persona a la que quiero contarle las cosas cuando me pasan, buenas o malas –me dijo él. Yo negué la cabeza en silencio.
Ya había dicho lo que quería, pero Nick parecía no entenderlo. Supuse que necesitaba tiempo para asimilarlo.
El coche paró delante del hotel sin que casi nos diéramos cuenta, y uno de los botones abrió el maletero para coger las maletas: dos pequeñas.
Antes de bajar, solté la mano de Nick y le dirigí una pequeña sonrisa a modo de disculpa. Luego, me incliné sobre él dándole un breve beso en la mejilla, quizá demasiado cerca de la comisura de sus labios y me di la vuelta para salir del coche antes de arrepentirme de todo lo que había dicho y empezara a besarle desesperadamente.
-Señorita April, su habitación está ya preparada –me dijo uno de los encargados. Sonreí, dándole las gracias y cogí la llave que me ofrecía –. Señor Jonas, la suya también –me giré para darme cuenta de que Nick venía por detrás de mí, con su expresión seria.
-Gracias –contestó él, con tono completamente normal. Luego, antes de irse, pasó por mi lado –: buenas noches, April. Nos vemos mañana.
Vi como se dirigía hacia el ascensor con paso firme, parándose sólo una vez para hacerse una foto con una fan que le asaltó en mitad del vestíbulo.
Me preguntaba si todo había sido tan fácil realmente.
-NARRA NICK-
Supe controlarme hasta llegar a mi habitación, pero una vez allí, todo vino de golpe. Nada más cerrar la puerta, empecé a respirar entrecortadamente: April quería que lo dejáramos.
De hecho, ya lo habíamos dejado.
Estaba convencido de que no podría dormir para nada, pero lo siguiente que pasó fue que alguien empezó a llamar a la puerta de la habitación demasiado insistentemente. El reloj decía que eran las 9 de la mañana, así que me levanté dando tumbos y abrí. No me esperaba verla a ella.
-¡Buenos días! –saludó April, sonriente –. Hace un sol resplandeciente y traigo una gran bandeja de comida.
Empujaba un carrito con todo tipo de fruta, tortitas, leche, café... me aparté para dejarla pasar, intentando parecer normal.
-Buenos días… ¿desayunamos juntos? –pregunté, algo confundido. ¿No se suponía que habíamos acabado?
-Claro… si quieres –murmuró ella, deteniéndose en seco. Esbocé una sonrisa sincera, dándole unos empujoncitos para que se acomodara en la mesa de la suite.
Sin embargo, ella se quedó parada durante un segundo, mirando toda la habitación.
-¡Es… es el piano! –balbuceó, examinando el piano blanco. Se acababa de dar cuenta de que era la misma habitación que la última vez que estuvimos allí.
-Así es. Y la misma cama. ¿Tengo que recordarte que me robaste la sábana? –pregunté, intentando sonar tranquilo y divertido. Ella se rió, sentándose en la silla que le ofrecía.
-No hace falta que me lo recuerdes –murmuró April, algo avergonzada.
Inmediatamente, me senté enfrente de ella y empezamos a desayunar. La situación estaba siendo menos rara de lo que imaginé que sería, y las cosas funcionaban por sí solas. Quizá esto era justamente lo que necesitábamos.
-¿Qué pasará cuando el resto sepa que ya no… que ya no estamos juntos? –preguntó April, dando un largo trago a su zumo. Me imaginé la cara de Joe y de Liz.
-Seguramente harán de todo para volver a juntarnos –supuse. Ella se rió, asintiendo.
-Lo mismo pensaba yo –dijo.
Nos quedamos mirándonos durante un segundo fijamente. Era demasiado fuerte lo que sentíamos el uno por el otro, así que aún compartíamos ese tipo de momentos.
-Lo siento, esto no ayuda –murmuré, volviendo a mirar mis tortitas. Ella carraspeó ligeramente.
-No, no… no ayuda –respondió, riéndose brevemente.
Estuvimos un rato intentando centrarnos en el desayuno, hasta que llamaron a la puerta. Nos miramos confundidos, porque ninguno esperaba a nadie.
-Ya voy yo –dije, acercándome a abrir. Joe y Liz entraron a tropel.
-¡Buenos días! –exclamó mi hermano, haciendo una entrada triunfal. Llevaba a Galleta sobre sus hombros y cada uno llevaba unas orejas: Joe de Mickey y Liz de Minnie. La verdad era que ella estaba un poco colorada.
-Eh, ¿qué estáis haciendo aquí? –preguntó April, levantándose rápidamente de la silla. Joe ayudó a bajar a Liz y ambos se quedaron mirándonos fijamente.
-¿Pensabas que no sabría dónde ibas? –le dijo Liz a su amiga. Joe esbozó una sonrisa maligna.
-¿Aún seguís pidiendo dos habitaciones separadas? –dijo mi hermano. April se puso notablemente nerviosa –¿qué sentido tiene si luego por la noche vais a dormir juntos?
-Joe, cállate –le dije, volviendo a sentarme para intentar seguir desayunando. April me imitó.
-Gracias por invitarnos a desayunar, señor Presidente –contestó Joe, cogiendo de la mano a Galleta y acercándose hacia la mesa.
Los cuatro reunidos, como en los viejos tiempos. Miré por el rabillo del ojo a April, que también estaba algo nerviosa. Ambos intentábamos centrarnos en nuestro plato.
-En fin, ¿ya habéis subido a alguna atracción? –preguntó Liz, apartando el café que Joe le había puesto por error.
-No, no hemos tenido tiempo. ¿Cuándo habéis llegado? –contestó April.
-Hace tres horas. Y ya nos hemos dado una vuelta por el parque –dijo Joe, masticando algo ruidosamente.
-Es obvio, Joseph –murmuré, refiriéndome a sus orejas. Liz dio un saltito.
-Se me olvidaba que os hemos comprado unas a vosotros –dijo, levantándose y trayendo rápidamente un par de orejas más y poniéndonoslas impetuosamente a April y a mí.
-Gracias… ¿os vais a quedar mucho? –preguntó April. Joe se hizo el ofendido.
-Nicholas, deberías hacer que tu novia nos aprecie mucho más, ¿no crees? –me dijo. Casi me atraganto con el café.
-No… no es mi novia –solté de repente.
Para April su plato era muy interesante, porque no apartó la vista de ahí en todo el rato. Sin embargo, Joe y Liz se rieron, pensando que estaba bromeando.
-¡Qué gracioso estás esta mañana, Nicholas! –contestó Joe, dándome un golpecito en el hombro.
Carraspeé ligeramente.
-No somos novios, Joe –respondí.
Un silencio invadió la mesa, mientras que el mediano y Galleta se miraban confundidos. Por fin, April se armó de valor y levantó la cabeza.
-Lo hemos dejado –corroboró. Liz y Joe seguían sin creérselo.
-¿Estáis bromeando, verdad? –dijo mi hermano. Nosotros negamos silenciosamente.
-Pero, ¿¡os habéis vuelto locos! –exclamó Liz, mirándonos a ambos con los ojos muy abiertos –siempre ha sido Nick y April, April y Nick. ¡Ahora no podéis dejarlo!
-Déjalo estar, Lizzie –le dijo su amiga. Volvía a tener la cabeza gacha.
-No, April. Tú siempre has querido estar con Nick, incluso antes de conocerle. ¿Te has dado un golpe en la cabeza? –insistió Liz.
Fue la gota que colmó el vaso.
-¡Déjalo ya! –exclamó April, levantándose de la mesa rápidamente –he cambiado de opinión, ¿vale?
Sin decir nada más, April dio media vuelta y salió a zancadas de la habitación, cerrando con un portazo. Podría jurar que estaba llorando.
Los tres nos quedamos algo parados, mientras que Joe me miraba acusador y Liz estaba parada en su silla. Tuve que contener mis impulsos de salir corriendo detrás de April, para abrazarla y calmarla. Recordé que eso ya no me correspondía.
-Liz, quizá deberías ir a hablar con ella –murmuré. Ella asintió tímidamente, como dándose cuenta de lo que había pasado.
Antes de salir, Galleta apoyó su mano en mi hombro:
-Siento lo que ha pasado –me dijo –; pero, es que de verdad creo que debéis estar juntos.
Asentí con la cabeza, comprendiendo sus razones. Me habría gustado poder decirle que yo también creía eso.
-NARRA LIZ-
Después de la salida melodramática de April, corrí hacia recepción para averiguar su número de habitación y luego me dirigí allí, para pedirle disculpas. Tenía que contármelo todo.
Al poco rato de llamar a la puerta mi amiga vino a abrirme, intentando disimular catastróficamente que había llorado.
-¿Qué pasa? –me dijo, entreabriendo la puerta.
-Lo siento, April… me he pasado antes –me disculpé. Ella me miró con los ojos brillantes.
Al parecer, cedió un poco, porque me abrió la puerta completamente y me hizo pasar dentro de su habitación. Luego, se dejó caer en la cama.
-Lo estoy intentando. He ido esta mañana a saludarle, intentando parecer normales, amigos… pero se me hace muy difícil mirarle a la cara. ¿Cómo podemos ser amigos si yo sigo enamorada de él? –soltó de carrerilla. Me senté en el borde de la cama, a su lado.
-Ambos estáis enamorados el uno del otro, ese es el problema. ¿Por qué tenéis que conformaros con ser amigos cuando podéis ser pareja? –le dije. Ella negó con la cabeza.
-Después de todo lo que ha pasado, no estoy segura de él –contestó, supuse que refiriéndose a Maya.
-Pero, se ha dado cuenta de su error, ¿verdad? –le dije. April asintió.
-Sí, pero no puedo pasarme el resto de mi vida fingiendo como que no ha pasado nada, perdonándolo cada vez que haga algo que me moleste.
Respiré profundamente, intentando armarme del valor necesario para decir lo que estaba a punto de decir:
-Si es lo que necesitas, adelante; sed amigos. Yo te apoyaré.
April sonrió tímidamente, incorporándose brevemente para darme un abrazo.
-Gracias. Voy a necesitar tu ayuda.
-NARRA NICK-
Estaba algo inquieto por la salida de April, pero no podía correr detrás de ella. Joe me atacó en cuanto nos quedamos solos.
-¿Qué le has hecho? –preguntó, serio de repente.
-No-no le he hecho nada –murmuré, sabiendo que era mentira.
-Sabes que es por lo de Maya, ¿verdad? –me dijo. Asentí con la cabeza.
-Lo sé de sobra. Pero le he pedido disculpas… y nada. Ahora lo único que puedo hacer es esperar a que se le pase –contesté –. Si es que se le pasa.
-Desde el primer momento en que la vi, supe que estaba enamorada de ti, Nicholas –me dijo mi hermano –. Dale tiempo.
Aferrándome a sus palabras desesperadamente, fui a vestirme. Quería creer a Joe, quería que todo eso fuera verdad. Que April siguiera enamorada de mi y que no tardara en darse cuenta. Para cuando estuviera lista, yo estaría esperándola con los brazos abiertos y si hasta entonces quería que fuéramos amigos, eso era lo que seríamos.
Cuando estuve listo, Joe me dijo que había quedado con Liz y April en recepción. Nuestro plan para ese día era dar un paseo por el parque de atracciones, antes de tener que volver a Los Ángeles. Si no acabábamos la película pronto, los del Estudio se nos echarían al cuello.
-¿Van a tardar mucho más? –le pregunté a Joe, mirando por millonésima vez el reloj. Mi hermano miraba hacia las escaleras, esperando a que las chicas bajaran.
Nervioso y algo agobiado por la cantidad de gente que nos miraba con curiosidad, me puse a dar una vuelta por el vestíbulo. De repente, alguien se chocó conmigo.
-¿Qué…? –exclamé, girándome para ver quién era. Una chica de largo pelo rubio me miraba desde el suelo, con un montón de maletas alrededor suyo.
-Perdona, no te había visto –se disculpó ella, intentando levantarse. Le tendí mi mano, para ayudarla y luego intenté recoger dos o tres maletas.
-No te preocupes… no deberías llevar tantas maletas –le dije, sonriendo. De pie, era más o menos igual de alta que yo y me acababa de dar cuenta de que tenía unos ojos enormes, de color azul.
Pestañeó rápidamente, esbozando una sonrisa deslumbrante.
-Lo sé… o por lo menos debería llevar un carrito o algo así –me dijo, riéndose. Me quedé un momento embobado por el sonido. Ella pareció darse cuenta de mi mirada, porque se echó el pelo hacia atrás y me tendió la mano –. Soy Summer, ¿y tú?
El corazón se me encogió durante un segundo: Summer. Menuda casualidad, teniendo en cuenta que April era "abril" y Summer… verano.
-Eh, yo soy Nick –contesté, estrechándole la mano. Ella abrió los ojos sorprendida.
-¿Nick Jonas? –preguntó. Asentí tímidamente –¡no puedo creerlo! Ya decía yo que te parecías mucho…
-Pues ya ves que sí –murmuré, algo colorado. Intenté cambiar de conversación –entonces, ¿todas estas maletas son tuyas?
-Sí –contestó ella, avergonzada –. Pero tengo excusa: compré demasiada ropa en Paris, así que necesitaba llevar más maletas.
-¿Vienes de Paris? –pregunté, interesado.
-Vivo en Los Ángeles, pero sí… viajé a París y antes de volver a casa he parado aquí. ¿Te vas a quedar mucho tiempo en Disneyland? –me preguntó.
-Pues… me voy esta noche –contesté, dándome cuenta de que lo sentía. Ella puso cara de decepción.
-Vaya, yo que quería disculparme por ser una patosa y chocarme contigo… podría haberte hecho daño –me dijo, esbozando una sonrisa tímida.
-Podemos cenar juntos esta noche –propuse. Summer pareció alegrarse.
-Será un placer –contestó, lanzándose a darme un abrazo.
Fue raro, pero no hasta el punto de ser incómodo.
-NARRA APRIL-
Después de desechar cinco conjuntos, me decidí por un vestido blanco. Hacía calor, y eso me ayudaría a soportar el paseíto por todo el parque.
Liz y yo corrimos hacia el ascensor, porque estábamos haciendo esperar a los chicos. Una vez dentro, me miró sonriente.
-¿No te recuerda a la primera vez que estuvimos aquí con ellos? –me preguntó. Asentí brevemente.
-Llevo todo el viaje intentando apartar algunas imágenes de mi mente –contesté.
Cuando llegamos a las escaleras, al primero que vi fue a Joe, y al parecer lo mismo pasó con Galleta, ya que echó a correr hacia él como si no se hubieran visto en siglos. Entonces, me puse a buscar a Nick con la mirada… quizá no debería haberlo hecho.
¿Quién era la rubia que le abrazaba? Y, ¿por qué él sonreía? Intenté no quedarme parada en medio de las escaleras, pero las piernas me temblaron y en mi mente una vocecita cantó "pues sí que se ha dado prisa en buscarse a otra…". Respiré profundamente y acabé de bajar los escalones que me quedaban hasta llegar a la altura de Joe y Liz, que estaban demasiado ocupados dándose un morreo.
-Ejem, Joe –murmuré, esperando a que dejaran de besarse. El Jonas mediano me miró de reojo, como dándome pie a hablar – ¿Quién es esa?
Nick se había apartado ya de la rubia y parecía estar despidiéndose de ella. La vi andar algo cargada con un montón de maletas hacia el ascensor, sonriente. Me fijé en que era demasiado guapa, de ese tipo de chica contra el que no puedes luchar.
-Pregúntaselo tú a Nick, ahí viene –me dijo Joe. Ahora me puse más nerviosa aún.
-¿Quién era esa zorra? –le preguntó Liz, demasiado directa. Le di un codazo, histérica. Joe intentó contenerse la risa, mientras que el pequeño aún parecía estar en las nubes.
-Summer –contestó. Fue como si el verano se me atragantara de repente.
-¿De qué la conoces? –preguntó Joe, algo interesado. Liz le lanzó una mirada fulminante –. No es que me importe, es que nunca la había visto…
Si no hubiera estado tan perturbada por la presencia de esa chica, me habría reído. Joe intentaba acercarse a Galletita mientras que ella fingía estar molesta.
-La acabo de conocer –dijo Nick –; nos hemos chocado.
-Vaya, así que es de las del tipo casual, ¿no? –intervino Liz, alzando la ceja. Todos la miramos algo confundidos, esperando a que nos lo explicara –veréis, es de las que se chocan así como quien no quiere la cosa y luego aprovechan para auto-presentarse.
-¿Lo has hecho muchas veces? –le preguntó Joe, divertido. Liz se puso roja.
-No… sólo dos –contestó. Joe y Nick se rieron, mientras que yo simplemente esbocé una sonrisa vaga. Era como si tuviera un nudo en la garganta, impidiéndome hacer algo más.
-La he invitado esta noche a cenar –dijo Nick, al parecer bastante contento. Joe y Liz le miraron fijamente.
-Creo que mejor nos vamos adelantando –dijo Liz, tirando de su novio hacia fuera del hotel, dejándonos a Nick y a mí a solas.
Empezamos a andar el uno al lado del otro, hacia el mini carrito de golf que nos esperaba en la puerta, aparcado. Ninguno dijo nada, pero noté cómo Nick iba algo preocupado.
Joe y Liz se subieron al primer carrito y de un acelerón, salieron de allí rápidamente. Sólo oímos el grito de Joe "¡El primero que llegue a La Sirenita, gana!".
-¿Quieres conducir? –me preguntó Nick, haciéndome un gesto para que subiera al carrito.
-Eh, debería hacerlo el señor Presidente –contesté, sonriendo levemente. Él se rió brevemente, y tras ayudarme a subir, se colocó detrás del volante.
Arrancó con facilidad, adelantando a los peatones sin ningún problema. Seguíamos callados, pero yo aún tenía a "Summer" clavada en mi cabeza. Intentaba convencerme a mí misma de que no era nada, era una chica que acababa de conocer. Además, ahora no podía quejarme si Nick quería salir con otra, ¿verdad?
-April, ¿te molesta? –soltó Nick de repente, sin quitar la vista del frente.
-Molestarme, ¿el qué? –pregunté, intentando hacerme la loca. Él suspiró.
-Lo de Summer –me dijo.
-¿Tendría que molestarme? –insistí, evitando contestar a su pregunta.
Nick se calló durante unos segundos, y yo estaba tan ida que apenas me di cuenta de que estábamos muy cerca de "La Sirenita".
-¿Dónde se han metido? –preguntó él, en voz alta. Miramos alrededor, buscando el carrito de Joe y de Liz, sin éxito.
-Seguramente se habrán ido por ahí, a practicar deportes no adecuados para menores de 18 años –murmuré, por una parte envidiándolos.
Nick frenó el coche y se giró para mirarme con los ojos brillantes. Ay.
-April, no me has contestado –me dijo –: ¿te molesta que cene esta noche con Summer?
Sí, me molesta. Olvida todo lo que te dije anoche y cena esta noche conmigo. Olvídate de Summer, de Maya, de todos y vámonos juntos. Olvídate de la gente, y bésame.
-No, Nicholas… no me molesta –contesté, esbozando una sonrisa falsa –¿por qué iba a molestarme? Somos amigos.
Él tomó aire, para luego asentir quedamente y volver a arrancar el carrito.
-Vamos a por esos dos –dijo, acelerando en busca de Liz y Joe.
Lo vuelvo a repetir: siento que sea corto, pero quería dejarlo ahí y subir capítulo hoy...
Espero que os haya gustado, y que sepais entender el porqué April y Nick tenían que darse un respiro. Por muy Nick Jonas que sea, no se le puede perdonar todo, ¿verdad?
¡Nos leemos pronto!
-Vicky
