Ninguno de los personajes de Southern Vampire Mysteries o de True Blood me pertenecen. Son propiedad de Charlaine Harris y de Alan Ball.
Después de comer empezamos a arreglarnos. Me puse, encima de una toga, parecida a un camisón de largo, de lino blanco (petición de Eric),el vestido verde que tenía bordados en el cuello de color dorado y filigranas en los puños y en la cintura. Me coloqué un cinturón de cuero de color rojo, fino, con una hebilla de bronce. También arreglé mucho a los niños. Eric se puso una camisa de lino de color sepia y encima una túnica de lana verde con puños y cuello de color rojo. Se colocó los pantalones y se metió los camales por dentro de las botas de cuero (cubiertas con piel de topo) comentando que la piel de los castores ya casi estaba lista para ser usada en la confección de nuestras botas.
Nos abrimos paso entre la gente que se congregaba a la puertas de casa de Halvar y Helga, alertados por el bando que indicaba que había una vista oficial y pública en el palacio. El trono de Halvar y el de Helga, algo más bajo y estrecho, pero también muy lujoso, presidían la sala, situados en lo alto de la tarima en la que los niños habían representado su obra de teatro. Halvar se sentó en su trono, llevaba una corona plateada y dorada con incrustaciones de piedras negras, iba muy elegante. Helga también iba muy guapa, con una túnica roja, un collar rígido de oro y una corona de plata, fina, con filigranas ennegrecidas. Audr se colocó a los pies de sus hermanos, que se colocaron a la izquierda de su abuela. Eric estaba de pie, como sus hijos varones, junto al trono de su padre, con la mano rodeando el asiento de Halvar. Yo me situé a sus pies, sentada de lado, no de frente.
La gente fue pasando y colocándose en la parte de atrás, en los bancos corridos que rodeaban la sala. Halvar se levantó y el gentío se calló, vi avanzar a Fiora hasta el frente y a su esposo, que se colocó al nivel de ella, pero a unos metros de distancia.
-Fiora , hija de Reinald "Cuero viejo", esposa de Ulrich "risa floja", has pedido una vista oficial frente a mí, Halvar "Jinete Audaz" jefe del clan de Valland. Habla, mujer, y expón aquí tu petición-Fiora empezó a llorar y le apreté el pie a Eric, porque no sabía qué estaba pasando.
-Yo, Fiora, de los Trabaja Cueros, vengo a solicitar ante ti, Halvar, una demanda de ….-dijo. No entendí la última palabra, aunque había oído algo de casamiento. Por un momento pensé que Ulrich quería tomar una segunda esposa y que eso apenaba a Fiora, pero cuando oí hablar a Halvar entendí que la demanda que presentaba Fiora era una de divorcio: Quería divorciarse de su marido. Me sorprendió que Ulrich no levantara ni la barbilla, ni mirara a su mujer.
-¿Por qué solicitas el divorcio, mujer? Debe haber razones poderosas para concederlo.
-La noche pasada, todos visteis a mi marido en la fiesta, ebrio hasta entrada la madrugada-hubo un murmullo de aprobación-madrugada durante la cual nuestra cerda se puso de parto, y al estar desatendida, murió. Ella y los lechones. Él tenía que vigilarla y atenderla, pero estaba borracho de hidromiel.
-¿Es eso cierto, Ulrich?-preguntó Halvar. Se oía un murmullo entre la gente y él lo hizo callar con un grito.
-La cerda y sus crías murieron anoche, sí-aceptó. Fiora se puso a lloriquear de nuevo.
-¿Sabías que la cerda iba a salir de cuentas?-Ulrich miró a Halvar, tembló, pero no dijo nada-¿lo sabía?-le preguntó a Fiora.
-Sí, señor.
-¿Tienes pruebas?-miré a Halvar, porque me parecía una estupidez que preguntara si tenía pruebas de algo así. ¿Cómo iba a ignorar su marido que la cerda estaba preñada cuando eran los hombres los encargados de limpiar y atender a los cerdos en las casas?-Necesito pruebas de que la cerda estaba por parir y ha muerto a causa de la desatención y no de otra cosa.
-¡Yo he visto a la cerda muerta y a los cerdetes!-gritó un hombre entre la multitud-Soy Evan, uno de los guardias de noche.
-Lo que dice Fiora es cierto-dijo Rowena-delante de mí y de otras mujeres, incluidas Sookie y Sigrir, dijo que la cerda pariría durante las celebraciones.
-¿Es eso cierto, Sookie?-me preguntó Halvar.
-Cuando trajo a los niños a que ensayaran la función-dije-ella mencionó que no podía quedarse a ver los ensayos porque tenía que vigilar cada poco tiempo a la cerda, que iba a parir. Ella lo hacía durante el día y su esposo durante la noche, eso dijo.
-Es cierto-corroboró Sigrir.
-Si hay algo que quieras decir en tu defensa, Ulrich, este es el momento-le comunicó Halvar-Hay varios testigos que confirman la versión de tu esposa.
-Es cierto, ha sido culpa mía-Halvar se frotó los ojos y negó con la cabeza, apesadumbrado-me emborraché-confesó.
-Ulrich Risa Floja, tu padre luchó junto a mí en varias batallas y agradezco que muriera en una de ellas para que no pudiera ver tu deshonra-Fiora sollozó-Fiora de los trabajacueros, te concedo el divorcio que me has solicitado-Ulrich emitió un sonido horrible de angustia y también lo hizo ella-Ulrich, has faltado a las promesas que le hiciste a esta mujer cuando la desposaste, has faltado a tu palabra y a la honra y las leyes vikingas. Todas tus posesiones: tierras, ganado, casa, carruajes, barco, utensilios y enseres del hogar si los tuvieres, incluido las que heredaste de tu familia, pasarán a las manos de Fiora, que será ahora su legítima dueña-me llevé la mano a la boca ante la imagen tan desoladora que presentaba la pareja. No eran mucho mayores que Eric y yo, ella rondaría los treinta y dos y él los treinta y siete, y por Dios sabía que se amaban-El daño que ha causado tu irresponsabilidad, tu embriaguez y tu falta de juicio es grande, Ulrich. Quedas despojado de todo, incluso de tu familia y su buen nombre. Te permito, no obstante, conservar las ropas que ahora llevas, uno de tus escudos, una espada, un arco y cinco flechas. Sólo esto y nada más. No quedas desterrado de los límites de Valland, pero te aconsejo, que si quieres reparar el daño cometido a tu familia, cojas lo que se te ha concedido y partas ahora mismo de estas tierras en busca de fortuna, y que ésta te acompañe, porque la vas a necesitar-Halvar se levantó y también lo hizo Helga, Eric me tomó del codo y me hizo ponerme en pie, parecía que la vista había finalizado. La gente se fue marchando y Fiora se escabulló entre el gentío, llorando, para no mirar a Ulrich. Era lo más desagradable que había visto en mucho tiempo.
Los críos se pusieron a jugar en cuanto volvimos a casa, pero entre la resaca y el espectáculo que acababa de ver, tenía todo revuelto. Eric pareció notarlo y me dio unos minutos para meditar. Avivó el fuego y se puso a tostar pan y queso para la cena. Me uní a él a los pocos minutos.
-¿Qué te pasa?-me preguntó-¿Sigues enferma?
-No-reprimí un eructito que me trajo de recuerdo el olor de la comida del medio día-Es que ha sido muy desagradable. Tu padre ha sido durísimo.
-No, no lo ha sido.
-¿No, dices?
-Le ha dejado su espada, su arco y flechas y su escudo, es más de lo que se merece.
-No hables así. Y ella también ha sido muy injusta, pidiendo el divorcio. Ahora no tiene ni cerda ni esposo.
-Eso no es un esposo. Ni un hombre. Un hombre debe trabajar antes que divertirse, y un esposo cuando se casa jura proteger, cuidar, alimentar, abrigar y ocuparse de su mujer. Él los ha dejado sin nada, ¡nada! Apiádate de ella, que no tiene con qué darle de comer a sus hijos este invierno-hice unos pucheros y se me saltaron las lágrimas-No llores. No llores-dijo con un tono más suave. Me tomó de la mano y me la besó, luego me apartó el pelo de la cara y me limpió las lágrimas con el dorso-Pero, ¿de dónde has salido?-me preguntó. Estaba pensando que era demasiado cándida, que a veces no comprendía las consecuencias de los actos de algunas personas. Eric sentía lástima por Fiora, porque amaba a un marido irresponsable, o al menos, uno que había cometido una irresponsabilidad y que a consecuencia de ésta, ella y sus hijos iban a pasar necesidad en el invierno, podrían incluso morir-Si alguna vez hago algo así, espero que me des una patada en el culo, como ha hecho Fiora-me sonrió y me aguanté una risita-No llores, por favor, me pone nervioso. ¿Quieres cenar un poco?
-No tengo hambre.
-Perfecto, tengo ganas de estrenar nuestra nueva cama-ahora sí que me reí-mucho mejor. Venga, niños, a cenar. Ten cuidado, Audr, que quema-le dijo. La pequeña me puso la rebanada con el pan derretido delante y yo la soplé.
-Muerde despacito. ¿Quema?-negó con la cabeza. Después de cenar, nos quedamos un rato junto al fuego-¿Queréis un poquito de leche?-Tomamos leche caliente con un poquito de miel y como estábamos cansados, ni Eric ni yo hicimos nada después de cenar (normalmente aprovechábamos ese tiempo para tejer, arreglar algo, hacer algo de artesanía) salvo mirar a los niños jugar. Sí que estrenamos la cama, pero solo para dormir, porque yo estaba agotada. Cuando Eric se acostó después de entrar leña y acomodar el fuego yo ya estaba sopa. Así que me acarició la cadera, me besó el hombro desnudo, me tapó bien tapada y se echó a mi lado.
Me desperté con la boca pastosa y el estómago aún revuelto. Los niños seguían dormidos y Eric estaba en el salón sobando las pieles de castor. Me bañé mientras los niños se levantaban y desayuné con los demás, aunque yo solo me tomé un poco de leche con pan.
-Voy a ver a la vieja Leiva-les dije-A ver si tiene algo para el estómago.
-¿Quieres que te acompañe?
-No hace falta, quédate y sigue atiborrándote de bacon-salí de casa y vi que teníamos una capa de nieve de medio metro, así que aunque la anciana Leiva y su esposo vivían no muy lejos llegué como si hubiera corrido la maratón-¡Leiva, Leiva!-llamé a la puerta. La anciana me abrió al cabo de pocos segundos.
-Oh, Sookie, qué agradable visita, pasa, pasa, chiquilla-me descubrí la cabeza y entré en su pequeño hogar, en el que hacía calor y olía a hierbas.
-Espero no molestarla…
-De ninguna manera, de ninguna manera. Para una vieja curandera como yo los inviernos no podrían ser más aburridos.
-Pero imagino que tendrás mucho trabajo.
-Qué va. La gente se pasa el día metida en su casa-comentó-De vez en cuando algún niño se quema con la nieve, o algún hombre con la lumbre, algún accidente doméstico… pero poco más. Y dime, ¿para qué has venido a ver a una vieja chocha como yo?
-No diga eso-le sonreí-Quería saber si tiene alguna hierba para el estómago.
-¿Estás enferma de la barriga?-asentí y me examinó de arriba abajo- Cuéntame mejor que te pasa.
-No me encuentro bien de la barriga desde la otra noche, creo que comí demasiado y me pasé con el hidromiel.
-Oh, las fiestas. ¿Has vomitado o has hecho de vientre a menudo?
-No, señora. Sólo sensación de pesadez, desgana y algo de nauseas.
-Entonces no has comido nada en mal estado. Eso facilita las cosas. Aunque es raro que las indigestiones duren más de un día.
-He estado un poco nerviosa estos días.
-Claro, claro. Ven por aquí, túmbate y déjame palparte-me tumbé en su cama y ella me levantó la túnica. Me hundió sus huesudos dedos en el vientre y estuvo palpando y describiendo círculos. El pediatra solía hacerme lo mismo cuando la abuela me llevaba a mis revisiones-Tienes muchos gases. No pruebes el alcohol durante unos días y recuerda que la cerveza no le cae bien a todo el mundo. Te daré unas hierbas y procura no comer carne de caza estos días.
-Muchas gracias-dije levantándome y colocándome la ropa.
-¿Cuánto hace que no tienes tu periodo de sangre?
-¿Qué? ¿Cómo?-pregunté.
-Tu periodo-insistió.
-Yo… me vendrá en pocos días-quizás dos, quizás tres. La anciana gruñó y yo me puse nerviosa-¿Por… por qué lo pregunta? ¿Es que piensa que tengo otra cosa?
-Podrías estar preñada-soltó. Y yo tragué saliva.
-¿Preñada?
-Sí, preñada-me preguntó algo que no entendí-¿Yaces con Eric, no?-me quedé en silencio un rato y asentí. ¿Podría ser verdad?-Las nauseas podría deberse a un embarazo, aunque es difícil de saber. Desde luego, a pesar de lo enferma que digas que estás, estás guapa. En este saquito tienes una hierba que te quitará la pesadez, pero que si estás embarazada no debes tomarla. Y en esta otra tienes una hierba que no te perjudicará, pero que tampoco te aliviará la barriga en el caso de que estés preñada. ¿Lo entiendes?
-Entiendo-le devolví el primer saquito y saqué de mi zurrón un pañuelito con unos huevos-¿Cuántos…?
-Tres -Ni siquiera me cubrí al salir de la casa y tampoco noté el frío. Me sentía en una nube. Fui caminando como un pato hasta casa, ni siquiera vi a Eric en el tejado quitando nieve.
-¡Sookie!
-¿Qué? ¡Oh, estás ahí!
-¿Qué te ha dicho?
-Me ha dado una infusión-le informé, aunque lo que de verdad necesitaba era un predictor-Voy dentro a preparármela-asintió y siguió con su labor. Me preparé la infusión y el calor de la taza de madera en la que me lo serví me ayudó a calmar los nervios. La posibilidad de que estuviese embarazada estaba ahí, no me lo había planteado hasta ahora; estoy acostumbrada a acostarme con Eric sin tomar ningún tipo de medidas, además, llevábamos acostándonos una semana nada más (muchas veces, pero una semana apenas) y no creo que Eric a pesar de ser Eric sea ni tan rápido ni tenga tantísima puntería. En cualquier caso no podía saberlo y salvo las nauseas (que todo sea dicho, se me están calmando con la infusión) no tengo más pruebas. Respiré, sorbí el té caliente y me puse a mis quehaceres.
A pesar de que el estómago me mejoró con las infusiones y que incluso me atreví a comer algo durante el día (y no me sentó mal) conservé los nervios a flor de piel durante toda la jornada. No sabía qué decirle a Eric, que me notó un poco rara, pero que achacó a mi malestar. Decidí no decirle ni pío.
