N/P (no, no es nota de quien plagio jajaja, es NOTA DE QUIEN PUBICA) No es mi traducción y mucho menos es mi historia. Yo solo me atrevo a publicarla toda vez que muchas nos quedamos con ganas de leerla. Disfrútenla hasta que la bloqueen.
N/T Super emocionada con presentarles mi primer proyecto, espero que les guste, muchísimas gracias a los que me apoyaron, especialmente a Romina Pascaretta que esta desde un principio y me ayudo a betear este capítulo y a Lena por autorizarme a traducir su historia.
N/A: *ADVERTENCIA*: Esta historia va a ser bastante oscura. Trata temas de violación, asesinato, tortura, lenguaje vulgar, y dos almas quebradas. No apto para los corazones débiles. Esta va a ser mi única advertencia.
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a JK Rowling, la trama le pertenece a Lena Phoria y la traducción a Sunset82.
Antes que comiences a leer, no dejes review porque eso puede ser motivo de acoso hacia tu persona, no es necesario que lo hagas, tu disfruta la lectura.
Y por último pero muy, muy importante siempre lee los review que dejaré puesto que ahí informaré cada cuanto la voy a dar de baja, por aquello del bloqueo y las denuncias, así mismo avisaré si alternare con otra cuenta, para que esta historia sigua aquí.
Y repito, no lo escribí yo ni lo traduje yo, porque parece que a muchas no les queda claro.
CAPITULO 37: EN MI VIDA
Draco estaba en la cama observando a través de una pequeña ranura en sus ojos mientras Hermione iba de un lugar a otro en su habitación.
–Granger ¿qué estás haciendo?– preguntoen un tono de voz débil.
Ella no respondió. Cuando levanto su libro sobre Animagos, sollozó antes de arrojarlo en su bolsa, seguido por el libro de pociones.
Hubo un golpe en la puerta. Hermione lo ignoro.
–¿No vas a contestar eso?
Nada.
–Granger…
Los ojos de Hermione se cerraron con fuerza mientras presionaba sus dedos al borde de la cómoda. Respiro hondo para componerse antes de ir a contestar la puerta.
–¿Qué estás haciendo aquí?– pregunto ella, pero Draco no pudo ver quien era.
–Yo… – La Comadreja. –Quería disculparme por lo de hace un rato. Yo…
–No importa– dijo Hermione, apoyando la puerta sobre su lado y negándole la entrada.
–Pero necesitas saber. Sobre Lucy… ella…
–En verdad no quiero escuchar esta historia, Ron. Y si por un segundo intentas decirme que ella no es tan mala…
–Nunca lo haría. Ella es horrible. Siempre lo ha sido. Pero ella gustaba de mí y yo sabía que nunca podría encariñarme con alguien como ella.
Hermione se estremeció. –Sabes hablé en serio cuando dije que realmente no quiero escuchar esta historia ¿no?
Ron asintió. –Te… te traje algo. – Miró a un lado y le dio un golpe a su pierna. Un momento después un gato grande, de color melado con una cabeza aplastada entró por la puerta. Alzo la mirada para ver a Hermione y maulló.
–¡Crookshanks!– grito ella en tanto se agachaba y tomaba el gato en sus brazos. Forcejeo un poco para levantar a la pesada criatura, pero logro alzarlo bien. –¡Oh, te he extrañado!– Crookshanks ronroneó fuerte mientras Hermione lo acariciaba con la cabeza. –¿En dónde lo has estado guardando?
–En una de las otras bases– contesto Ron. –Una con familias que no quieren ser enviadas a misiones.
Hermione comenzó a mecer a su gato de un lado para otro, girando lo suficiente así Draco podía tener una vista clara del gran animal.
–¿Qué demonios es eso?
Hermione se dió vuelta. Parpadeo algunas veces antes de sonreír. –Es mi gato.
–¿Eso es un gato?– pregunto él.
Crookshanks y Draco cruzaron miradas. La antipatía fue mutua al instante.
Hermione rodo los ojos, apretando a Crookshanks más fuerte entretanto él gruñía en sus brazos. –Por supuesto que es un gato, Draco. ¿Qué es lo que pensaste?
Draco se encogió de hombros. –¿Un cachorro de león?
Hermione estuvo a punto de decir algo en respuesta, cuando de repente se detuvo y miro a su gato. Su mirada se abatió en el momento que comenzó acariciarle la cabeza. –Fue muy dulce de tu parte traerlo para mí, Ron, pero me temo que no me lo puedo quedar.
–¿Por qué no?– pregunto él desde la puerta.
–Porque Draco y yo nos vamos a ir– contesto ella con un suspiro.
Los ojos de Ron se agrandaron. –¿Qué?
–No nos podemos quedar aquí, Ron. No cuando Cormac y sus lacayos andan sueltos. En el momento que Draco se sienta mejor, vamos a dejar este lugar, y no creo que vayamos a volver.
–Pero… Cormac se puede mantener bajo control.
–Paralizo a Kingsley sin pensarlo dos veces– dijo Hermione.
–¡Pero de seguro algunos golpes es mejor que el suicidio que estarías cometiendo al regresar allá fuera!
–No es sólo eso– dijo ella, dándose vuelta hacia él. –El corazón de Draco está débil, Ron– Se inclinó y susurró –En más de un sentido. ¿Entiendes?
Ron trago saliva antes de asentir lentamente.
Hermione asintió en respuesta. –Buenas noches, Ron.– Intento cerrar la puerta, pero él puso el pie en el camino.
–Pero necesito hablar contigo.
–¿Sobre qué? – pregunto ella.
–Sobre todo– dijo Ron. –Por favor, Hermy…
Hermione gruño. Ese nombre. –Con mi partida, no creo que eso sea una buena idea. Sería mejor si sólo… sigues pensando en mí como la misma persona que era antes. Es…
–Granger, ven aquí.
–¡Ahora no, Draco!– dijo ella, girándose hacia él y dándole una visión clara de las lágrimas en sus ojos.
–Ahora sí. Ven aquí– le ordenó.
–No, yo… Draco, ¡espera!
Draco comenzó a salir de la cama. Hermione corrió hacia él. Arrojó el gato sobre la cama y lo empujó hacia la misma.
–¡Padma dijo que tienes que estar en cama! ¿Qué estás haciendo?– preguntó llorando.
Draco la tomo de las manos y la atrajo hacia él. –No nos vamos a ir a ningún lado.
–¿Q—qué?– pregunto ella mientras algunas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
–No vamos a regresar allá afuera– repitió él. –La Comadreja tiene razón, es un maldito suicidio. No voy a dejar que un imbécil como Mclaggen nos aleje de aquí. Además, el ataque de hoy fue ligeramente justificado. –Sonrió.
Hermione se rio entre lágrimas. –¿Ligeramente?
–Está bien. Completamente. –La sonrisa de Draco se desvaneció. –Ve hablar con la Comadreja.
–Pero te prometí que no estaría a solas con…
–Bueno, me retracto – dijo él, dándole una caricia a su mejilla con el dorso de sus dedos. –Ve. Estaré aquí cuando regreses.
Hermione asintió y le dio un beso. –Cuida de Crookshanks por mí.
Draco y el gato se miraron. Parecía que había entendido lo que ella dijo y a ninguno de los dos le gustó. Ambos gruñeron de maneras similares.
Hermione le dio a su gato un último golpecito antes de salir por la puerta. – Parece que estoy disponible para hablar después de todo– le dijo a Ron mientras entraba al pasillo y cerraba la puerta. –Pero mi habitación está actualmente un poco ocupada. Tal vez podamos ir afuera por algo de aire fresco.
Ron asintió y abrió la marcha.
Hermione se cruzó de brazos y miro alrededor nerviosa mientras caminaban. Ron tenía las manos en sus bolsillos y parecía muy intrigado con una protuberancia en la pared por la que pasaban.
Cuando salieron afuera, varias personas estaban fumando. Todos dejaron de charlar cuando vieron a Ron y a Hermione, y los miraron con atención. Ron continuó caminando por al lado de ellos y no se frenó hasta que habían alcanzado el sector de entrenamiento.
Atravesó los árboles y se detuvo junto a una roca de gran tamaño, sentándose en la misma mientras Hermione se quedaba parada delante de él.
Ella miraba el suelo y jugueteaba con sus manos, sin saber por dónde se suponía que tenía que empezar. Con Harry, había sido fácil. Él había querido saber todo y las palabras sólo fluyeron. Ella hablo de su captura y todo lo que le sucedió después. En donde vivió, los lugares horribles adonde la tuvieron. Los nombres de los Mortífagos que siempre parecían elegirla por sobre las otras. Lo que le hacían una vez que la tenían. Lo que hacía con ella una vez que la tenían.
Pero tratándose de Ron, sabía que no podía hablar así. Tan libremente. No le podía decir todo. Harry se culpaba a sí mismo por no haber podido ganar contra Voldemort y haber creado el efecto domino que dejo a tantos de sus amigos dañados o destruidos. Pero Ron… él se culpaba a sí mismo por todo lo que le había sucedido a ella, y solamente a ella. Su culpa era demasiado fuerte y ella no sabía cuánto le podía revelar sin empujarlo sobre la cornisa.
–No sé qué se supone que tengo que decir – admitió finalmente después de varios minutos de silencio. –Sé que quieres que te hable sobre Draco pero…
–Esto ya no se trata de él – dijo Ron. –No soy un idiota. Puedo ver que él no es el malvado bastardo que siempre pensé que fue. Sigue siendo un imbécil pero yo… yo no puedo odiarlo cuando fue él quien te regreso a nosotros.– Cerro los ojos y respiro hondo. –Esto es sobre tú y yo. Quiero arreglar … – Paso saliva. –Quiero que las cosas vuelvan a ser como antes. Antes de la guerra, cuando éramos amigos.
Varias lágrimas se deslizaron por las mejillas de Ron mientras continuaba con los ojos cerrados.
Hermione suspiro profundo. Dio un paso adelante y tomo las manos de Ron con las de ellas. Ese era el momento. Su momento. Y Hermione ya no quería estar más avergonzada.
–Si eso es verdad, entonces necesito que entiendas quien soy ahora. Necesitas saber que me sucedió y necesito que lo aceptes.
Las manos de Ron se tensaron en las de ella.
–Sé que Harry te ha hablado, y estoy segura que Ginny también. Pero, aun después de mi confesión hace un rato, todavía tengo la sensación de que te estás mintiendo a ti mismo sobre lo que en verdad me sucedió.
El rostro de Ron se retorció de dolor. Movió su cabeza así ya no la estaba enfrentando, pero seguía con los ojos fuertemente cerrados.
–Ron, mírame.
Él negó con la cabeza.
–Ron… por favor. Abre los ojos y mírame.
Él negó con la cabeza otra vez. –No… no puedo. No si lo vas a decir.
–No voy a decir nada hasta que me mires.
Él se apartó más lejos.
–Ron….
Él gimoteo.
–¡Ron!
Se apartó más lejos.
–Ron ¡Mírame!
Hermione tomo su rostro y lo forzó hacia su dirección. Ron comenzó a abrir los ojos lentamente. Cuando sus orbes azules se encontraron con los ambarinos, se relajó finalmente bajo su toque.
Hermione respiro hondo y se enfocó con fuerzas en mantener su mirada. – Fui violada.
–No.– Ron intento apartarse de vuelta pero ella lo sostuvo en su lugar. –¡No! ¡No, no puedo…
–¡Pero tienes que hacerlo! – grito Hermione, poniendo los pulgares debajo de sus ojos en un intento de mantenerlos abiertos para que la mirara. –¡Necesitas entender lo que me sucedió!
Ron se calmó un poco y ella comenzó a acariciar sus mejillas.
–Fui violada– repitió ella. –No lo he dicho mucho en voz alta pero es la verdad. Fui violada casi todos los días durante cuatro años. A veces solo por una persona, una y otra vez. Otras veces, todo un grupo se salía con la suya, golpeándome mientras lo hacían, sin importarles cuanto me dolía o llorara o gritara para que ellos se detuvieran. Mi primera vez fue así. Fue apenas horas después de que tú y yo nos separamos, y recuerdo cada detalle de esa noche como si solo hubiese sido ayer. Los olores, los sonidos, las miradas en sus rostros mientras ellos me arrancaban algo que atesore tanto.
Una lágrima se deslizo por la mejilla de Hermione. Ron gimió pero a ella no le importó. Él tenía que saberlo. Así que continuó.
–Al principio, siempre luchaba. Pero, tarde o temprano, me di cuenta de que eso era exactamente lo que ellos querían. Les encantaba verme luchar. Así que deje de hacerlo y lo tome. Lo acepte y eso es lo que me mato.– Hermione aparto la mirada por un momento y ahogó un sollozo. Lo volvió a mirar con los ojos húmedos y dijo –Yo morí durante mi tiempo como esclava, Ron. No físicamente, pero mentalmente había perdido todo lo que me hizo quien era. Mi espíritu se había ido, mi lucha se había perdido. Solo quería que terminara. Me abandone y solo esperaba por el día en que muriera también físicamente. Si no me hubiera escapado, incluso si ellos hubieran decidido ejecutarme, estoy segura de que ya me habría ido. Estuve tan cerca del final y sentí alivio al saber que mi sufrimiento terminaría pronto.
El agarre de Hermione se apretó en el rostro de Ron. Él levanto las manos y las puso en su cintura apretando sus costados mientras forzaba a sus ojos a mantenerse enfocados en los de ella.
–Pero luego me dieron una oportunidad– continuo ella. –Una anciana se apiado de mí y me dio lo que necesitaba para ser libre. Fue en ese momento que me di cuenta de que no quería morir. Quería vivir. Quería encontrarte a ti y a Harry y ser feliz de nuevo, y estaba finalmente a mi alcance.
Las lágrimas finalmente brotaron de los ojos de Hermione mientras revivía su escape. Utilizo una mano para secarse las mejillas mientras que la otra se bajó al hombro de Ron.
–Pero una vez que estuve libre, no había ningún lugar al que yo pudiera ir. Intente salir de la ciudad pero había demasiados obstáculos en mi camino. Luego, por algún giro milagroso del destino, termine en la misma esquina que Draco Malfoy.
El agarre de Ron en ella fue más fuerte.
–Él me salvo, Ron. Me protegió de los Mortífagos, me refugio y me salvo – dijo ella. –Obviamente, mis sentimientos por él no sucedieron enseguida. Él es Draco Malfoy y no soy idiota. –Se rió sin ganas. – Pero, con el tiempo, algo cambio y comencé a verlo diferente. Este amor que siento por él, no es sólo porque es mi salvador, a pesar de lo que puedas pensar, y no es solo porque él estaba allí. Es porque él comprende.
Los ojos de Ron comenzaron a desviarse, pero Hermione lo tomo de la barbilla y la levanto hacia arriba.
–Como Mortífago, él ya sabía todo por lo que pase sin que tuviera que decirle, y utilizo eso para hacerme hablar de ellos, para que dejara de estar avergonzada de mi por algo que estaba fuera de mi control– dijo con un sollozo. –En las noches cuando me despertaba de mis pesadillas, aterrorizada por haber estado de regreso en un sótano o en un armario de escobas o adonde sea que ellos decidían mantenerme, él solo me abrazaba y me dejaba llorar. Él me escucha sin miedo o prejuicio mientras le cuento las cosas horribles que mi mente nunca va a dejarme olvidar. Él me ama, Ron. Sé que es difícil de creer, pero realmente, en verdad me ama.
–Sí lo creo… – dijo Ron débilmente.
Hermione asintió. –Sé que tal vez piense que los sentimiento que tengo por él son solo porque él estaba allí, pero no es así. Si hubieras sido tú el que me encontrara y cuidara de mi salud, creo que aun así habríamos descubierto que lo que teníamos antes simplemente ya no está más. No soy la misma persona que fui en todos esos años, Ron, y tú tampoco. Esta guerra, nos… nos cambió. Y lo siento, pero no creo que tú podrías haberme dado lo que necesitaba. Incluso ahora, apenas puedes mirarme.
Ron parpadeó varias veces, haciéndole saber de qué él seguía intentando con dificultad mirarla, y no mirar más allá de ella.
Hermione levanto la mano y acaricio su mejilla otra vez. –Quieres pretender que todo lo que me sucedió simplemente no existe, pero si existe, y ahora es parte de mí. Y si él muere en esta guerra yo voy a morir junto a él, porque él es la única cosa que me mantiene de pie. Sin él, estaría de regreso en la casa de algún Mortífago, simplemente cerrando mis ojos y esperando que termine. No era nadie y ahora, por él soy alguien de nuevo. Por favor no me alejes de eso. Te quiero de regreso en mi vida pero no lo voy a sacrificar a él para conseguirlo.
Hermione sollozó cuando el agarre de Ron en ella se afirmó. Los ojos de él comenzaron a cerrarse con fuerza mientras que las lágrimas continuaban derramándose por sus mejillas.
–Pensé en ti cada día que estuvimos separados– dijo Hermione. –Por favor… por favor no me digas que ahora te voy a perder cuando recién te recupere.
–Nunca me perderás– Ron se ahogó, su cuerpo temblaba mientras sus brazos envolvían toda su cintura. –Pero solo… solo necesito saber si tienes razón. Sobre… nosotros no siendo los mismos.
Hermione trago saliva.
–Por favor… solo una vez. Por favor solo déjame ver– le imploró, sus ojos desesperados continuaban perforando los de ella.
Hermione le dio un asentimiento débil. Ron cerró los ojos y se inclinó lentamente. Su cuerpo no se quedó quieto hasta que sus labios se encontraron, y luego permaneció estático, sereno mientras saboreaba la sensación familiar de tenerla sobre él.
Los ojos de Hermione se cerraron con fuerza. Sus labios no respondieron pero su corazón se aceleró como lo hizo el último día, cuando finalmente admitieron que se amaban. Su amor había sido tan inocente, como lo eran ellos, justo como ese beso. Pero los días de su inocencia se habían perdido, y nunca antes había sido más evidente que en ese momento la falta de pasión y corazón, necesitaba más
Ron gimoteo mientras se apartaba, lentamente, sin estar seguro. Se había ido. No todo su amor, pero ese amor había desaparecido para siempre. Sus brazos se aflojaron mientras continuaba sollozando.
Hermione se enjugo los ojos. –Lo siento– susurro antes de besar su mejilla y salir corriendo.
Hermione levanto la mirada y la envolvió sobre el anillo que colgaba de su cuello mientras se dirigía adentro. Ahora, más que nunca, ella quería encontrar al hombre que si amaba. Quería abrazarlo y besarlo y estar con él desde ahora hasta el día que muriera. Hasta el momento que Ron la había besado no se había dado cuenta de que dudaba de sus propios sentimientos. Él la había salvado. Era su héroe. Pero lo que ella sentía… era mucho, mucho más que eso. Hermione Granger amaba a Draco Malfoy. Ahora lo sabía sin la menor duda. Él era el indicado y lo amaría hasta que su corazón dejara de latir.
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XXX
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Draco se enderezo en la cama mientras Crookshanks continuó recostado en la almohada a su lado. Estaba intentando leer sobre el hechizo que Ginny había utilizado en las piernas de Harry, aunque su mirada seguía desviándose a la puerta. No era una sensación agradable la de saber que la chica con la que tienes intenciones de casarte, se halle sola con el chico del cual ella en verdad nunca se había desenamorado. Hermione y Ron nunca habían tenido su cierre. Ella siempre había intentado regresar con él. Eso fue, hasta que se enamoró de Draco. Pero solo porque ella tuviera sentimientos más fuertes por alguien más no significaba que los otros no estuvieran enterrados allí en algún lugar.
Volviendo al texto, Draco no pudo evitar sentir que había algo familiar sobre ese hechizo que no lograba descifrar. Estaba bastante seguro que lo había leído antes, pero no en ese libro, y no en tan pocas palabras. No era una familiaridad como si él supiera el hechizo o algo así, solo que él había escuchado sobre el mismo. O al menos uno parecido.
Draco levanto la mano e intento convocar la bolsa de Hermione, pero su cuerpo estaba débil y solo se movió un poco. Escucho un extraño sonido y se dio vuelta para ver a Crookshanks observándolo, luciendo casi engreído mientras lo hacía. Draco observo al gato con curiosidad. En verdad era un animal jodidamente extraño.
Mirando a la bolsa, Draco suspiro y se puso de pie lentamente. Se acercó y hurgo en ella hasta que encontró un libro sobre propiedades mágicas. Lo había leído una vez antes, y parecía como el libro adecuado para esa sensación familiar que estaba sintiendo.
Pero, antes de que pudiera comenzar a leerlo, hubo un golpe en la puerta.
–¡Entre!– dijo él antes de regresar a la cama.
La puerta se abrió y Ernie asomo la cabeza lentamente. –No te acuestes – dijo él mientras daba un paso adentro y cerraba la puerta. –En realidad Padma quiere que camines así tus extremidades no se endurecen.
–Oh– Hasta ahí llego con la lectura. Draco tiro los libros sobre la cama. –Entonces ¿qué se supone que tengo que hacer exactamente? ¿Solo pasear?
–Bueno, eres libre de dejar esta habitación– dijo Ernie, levantando las manos y presentándole la puerta como si fuera un premio.
–Entonces ¿Por qué la cerraste?
Ernie volvió a mirar a la puerta y la observo con curiosidad. –¿Sabes? No sé. ¡Probablemente así las personas que pasan no escuchen como te regaño!– dijo mientras volvía a mirar a Draco.
Draco alzo las cejas. –Regañarme.¿Por qué?
–Me lo prometiste, Malfoy. ¡Me prometisteque no ibas a decir nada sobre Ron! ¿Y qué es lo que hiciste?
–Técnicamente, no dije…
–¡No hay malditas tecnicismos aquí! – grito Ernie. –¡Todos saben que fui yo! ¡Te dije que Ron era mi amigo!
Draco se cruzó de brazos. –Entonces ¿por qué me contaste…?
–¡No sé porque! ¡Comenzó como un accidente pero luego seguí jodidamente hablando! Diarrea verbal ¿sabes? ¡En verdad es un problema mío!
Draco se mordió la mejilla y miro el suelo.
–¿Ni siquiera te vas a disculpar? – pregunto Ernie. –¡Porque te estoy dando un gran oportunidad aquí!
Draco no dijo nada.
Ernie suspiro. –¿Sabes, Malfoy? Las cosas nunca van a mejorar para ti si sigues apartando a todos así. ¿Tienes alguna idea de lo difícil que me lo has hecho para que intentara ser tu amigo? Sé que piensas menos de mi porque era un Hufflepuff o lo que sea– rodó los ojos –pero no es como si todos en mi casa pensaran que Slytherin fuera lo mejor de lo mejor.
Draco lo miro.
–Sinceramente no sé lo que pasa por tu cabeza. Tal vez crees que debes ser continuamente castigado por toda la mierda que has hecho, y probablemente lo merezcas, pero tal vezdeberías dejar el castigo a las personas que has dañado, en vez de toda esta mierda del auto desprecio.
–¿Cómo McFalta—De—Sentido—Común?
Ernie rio. –Sí, me gustan los nombres para él. Pero sí, creo que sus golpes, al menos los primeros dos, fueron justificados. Aunque La Maldición Cruciatus… bueno, viendo que es una imperdonable y él lo hizo en la intemperie así, y delante de niños no creo que fuera justificado. Y tampoco Kingsley. Es algo bueno que McLaggen se haya ido porque estoy bastante seguro de que ya estaría en proceso de ser echado. Si es listo, se mantendrá alejado por algunos días para darle a Kingsley y a McGonagall tiempo de calmarse.
Draco asintió y miro el suelo de manera vacía. Mientras que una parte de él en verdad quería que el dolor en el culo fuera echado, no se sentía bien con enviar a cualquiera al mundo corrupto de Voldemort. Siempre lo podían enviar a otra base pero, por lo que tenía entendido, esa era en donde estaban los luchadores, y nadie podía negar que McLaggen era un luchador. Si solo se quedara fuera de su camino de una vez por todas…
–Y una cosa más.
Draco miró a Ernie.
–Dejade decirte a ti mismo que no te mereces a Granger, porque sé que la mereces– dijo él. –Esa chica ha pasado por un infierno y regresado, y ella puede estar con quien quiera que desee, no importa cuán equivocado sea para ella. ¿Entendiste?
Draco sonrió y asintió.
–Bien. Ahora, vamos a caminar.– Ernie abrió la puerta y la sostuvo para él.
Bajando la mirada, Draco se dio cuenta que estaba en pijamas. Rápidamente se puso unas botas y se colocó la capa antes de caminar hacia la puerta. Se detuvo junto a Ernie. Mientras que continuaba mirando hacia adelante, dijo –Gracias, por cierto. Por tomar esa maldición por mí.
Ernie se quedó con la boca abierta. Parpadeo, y luego parpadeo otra vez, hasta que finalmente le estaba sonriendo. –¿En verdad Draco Malfoy me agradeció? ¡Nadie nunca va a creer esto!
–Con más razón tienes que mantener la boca cerrada sobre el asunto– dijo Draco. Finalmente mirando a Ernie y sonriendo. –Dile a Patil que también le agradezco.
–¿Por qué?
–Por inventar una excusa cualquiera así no me tengo que quedarme sentado aquí toda la noche.
–Seh, bueno, cuando vimos a Granger caminar con Ron, nos imaginamos que te estarías sintiendo sofocado como nunca– dijo, antes de devolverle la sonrisa.
Draco asintió antes de salir por la puerta. Por suerte, era lo suficientemente tarde como para que los pasillos estuvieran bastante vacíos, pero aun así había algunas personas rezagándose y eventualmente se encontró a sí mismo dirigiéndose al exterior, aunque no tenía cigarrillos para ocupar su tiempo allá afuera.
Por supuesto, cuando Draco salió fuera, varias personas estaban sentadas alrededor, fumándose una pipa mientras que hablaban animadamente sobre lo que había sucedido esa noche. Todos se callaron cuando Draco salió, una chica incluso ahogo un grito de sorpresa.
Draco gruño antes de mirar alrededor. No tenía interés en volver adentro y parecía que el único lugar cercano con la remota cantidad de privacidad eran los campos de entrenamiento. Así que allí se dirigió.
Cuando Draco llego al claro, camino al centro del mismo y dejo escapar un suspiro de exasperación. Ernie no estaba equivocado. Él estaba alejando a las personas. Era más fácil que la otra alternativa. Muchas de esas personas nunca lo aceptarían. Pero bastante de ellas… las que eran como Ernie, no se merecían su trato cruel. Si Draco hubiera intentado ser amigo de alguien tan frío como él, estaba bastante seguro de que ahora ya habría renunciado. No entendía porque…
Algo se rompió.
Draco giro de golpe hacia el ruido. Localizó a alguien sentado sobre una roca, justo a la izquierda de donde él había venido. Después de parpadear algunas veces, pudo ver que era Ron. Él tuvo que haber movido el pie y debió haber pisado una rama o algo parecido.
–¿Me estás jodiendo?– grito Draco. –¡La única vez, la única malditavez que salgo de este lugar, y aquí estás! Honestamente, ¿Cuáles eran las posibilidades? Esto es jodidamenta… ¡Espera! ¿Dónde está Granger?
Ron movió los hombros ligeramente, lo cual Draco supuso que era un gesto a medias de intentar encogerse de hombros.
–No me digas que desperdiciaste la maldita oportunidad que te di – dijo Draco, acercándose a él. –Porque no vas a obtener otra.
Ron alzo las cejas ligeramente cuando finalmente elevo la vista y lo miro.
–¿Por qué no estás hablando? – pregunto Draco. –¿Dónde están esas replicas horriblemente ejecutadas que me has arrojado desde que estábamos en la escuela?
Ron parpadeo.
–¿En serio? ¿Nada?
A Draco no le gustaba ese silencio. Hermione no estaba allí con él, y a juzgar por el estado depresivo de Ron, no había salido como estaba previsto. Si él solo pudiera renunciar a sus sentimientos por ella y volver a ser amigos como una vez lo fueron entonces todos se podrían llevar…
–La bese.
Draco apretó la mandíbula, presionando sus dientes con tanta fuerza, que tal vez se podrían romper. –¿Qué?– pregunto, esperando haber escuchado mal.
–La bese– repitió Ron.
Hubo un breve momento en el cual Draco podría jurar que dejo su cuerpo. Fue como si estuviera parado junto a él mismo mientras toda la vida se le drenaba. Su cuerpo estaba caliente, su cabeza aturdida, y ni siquiera sintió sus puños formándose o lanzar uno hacia adelante y golpear con fuerza a Ron en la mandíbula. Él cayó de espaldas de aquella roca.
–¡Carajo, Malfoy! – grito Ron, entretanto intentaba ponerse de pie con dificultad.
Draco regreso a sí mismo, pero el calor que sentía no ceso. –¿Ella te devolvió el beso – murmuro entre respiraciones profundas, enojado.
–¿Qué?– pregunto Ron, llevándose la mano a la cara.
–¿TE DEVOLVIO EL BESO?– repitió él, esta vez mucho más alto.
Ron lo miro sin comprender.
–¡CONTESTAME COMO UN DEMONIO, COMADREJA!
Ron negó con la cabeza frenéticamente. –No, ella no lo hizo.
Al instante un gran alivio se apodero de Draco y pronto se encontró llorando. Se apartó de Ron para secarse las lágrimas, intentando con dificultad contenerlas.
–¿Qué habrías hecho si ella me hubiera correspondido el beso? – pregunto Ron.
Draco se tomó un momento para recobrar la compostura. Luego dijo –Me iría. Solamente estoy aquí porque es lo que ella me pidió. Si ya no me quiere más entonces no hay motivo para que yo esté poniendo en peligro su vida al quedarme.– Hizo una pausa. –¿Ahora vas a cambiar tu respuesta?
–No– dijo Ron en voz baja. – No soy un mentiroso, Malfoy. Ella no regreso el beso. Y aún si lo hubiera hecho no… – trago saliva. – No fue como era antes. Fue un error… fue…
Draco se dio vuelta para encontrar a Ron sollozando en sus manos.
–No somos los mismos– dijo Ron, utilizando el dorso del brazo para secarse las lágrimas de sus mejillas. –Demasiadas cosas han pasado, demasiadas cosas nos han cambiado. Nosotros… nosotros nunca volveremos atrás. Tal vez si la vida hubiera sido simple podría haber funcionado, pero no así. No como estas personas en las que nos hemos convertido.
Draco respiro hondo. –¿Ahora entiendes eso?
–¡Lo he entendido desde esa primera noche!– grito Ron. –Desde que la vi gritando durante su pesadilla, ¡Supe que nunca estaría bien! ¡Porque esa no es la chica que conocí! ¡De la que me enamore!
–Entonces ¿por qué has estado tratando de sabotearnos?
–¡Porque quería que fuera ella! ¡Quería que ella fuera como una vez lo fue así tal vez yo también podría llegar a serlo!
–Eso es bastante egoísta– dijo Draco.
–¡Habló el rey del egocentrismo! – espeto Ron. –Tú sólo... tú no entiendes, ¿de acuerdo? ¡No sabes lo que me quitaste al regresar aquí con ella!
Draco alzo una ceja. –¿Quitarte?
–Sí– dijo Ron. Cerró los ojos y puso las manos sobre la roca, utilizándola para apoyarse en algo. –Teniendo esperanza por ella… buscándola… creyendo que si ella regresaba aquí todo podría ser normal otra vez, era lo único que me mantenía en marcha. He…– sollozo. –He perdido tres hermanos. He perdido a mi mamá. Mi papa se tiene que obligar a sí mismo a salir de la cama todas las mañanas y ¡mi hermana es un maldito HOMBRE LOBO! Lo que ella y yo tuvimos una vez era lo único que me quedaba para aferrarme… sabiendo que estaba allí afuera y esperando por mí fue lo única cosa que me hizo andar todos esos días…
Draco quedo con la boca abierta. –¿Sabes lo de tu hermana?
–Por supuesto que lo sé – dijo Ron, volviendo a mirarlo. –¿Crees que en dos años y medio no me daría cuenta de que actuaba extraño cada mes? Pero ella no va a confiar en mí, porque piensa que es ella la que se supone que me tiene que proteger. Pero no lo es. Yo soy el mayor. Yo debería estar haciendo la protección.
Draco sonrió. –Ustedes los Weasley's y su maldito complejo de héroes– dijo. –No sé mucho sobre hermanos, pero por lo poco que he visto de familias funcionales, se supone que se tienen que proteger entre ustedes.
Los dedos de Ron se presionaron con más fuerza sobre la roca. –Los seguí, ¿sabes? Cuando te fuiste con ella. Sabía que George no había regresado y no estaba seguro de que era lo que ella había planeado hacer. Luego ella apareció contigo y no sabía que pensar. Los seguí hasta que se Aparecieron, pero luego tuve que olfatearlos. Cuando los encontré, ella ya había cambiado y estaba en ese raro circulo de árboles.
–Olfatearnos– repitió Draco, su mente se fue de inmediato al libro sobre Animagos de Hermione. Sus ojos se agrandaron. –El zorro. ¿Ese eras tú?
Ron asintió. –Tan pronto supe lo de Ginny, fui con McGonagall. Le conté todo. Ella me enseño como hacerlo así alguien podía estar siempre con ella, lo supiera ella o no.
Los dos se quedaron en silencio por un momento, siendo el silbido de una suave briza a través de los árboles el único sonido presente. Si Draco escuchara lo suficientemente cerca, podría oír a las personas todavía hablar en la entrada. Giro hacia ellos. Ahora había una voz adicional. El de esa chica Lucy. Al instante frunció el ceño. Como odiaba a esa perra.
–No fue una estrategia ¿sabes?
Draco se volvió a Ron y parpadeo varias veces para enfocarse.
–Quemar esa lista– dijo Ron, solo en caso de que Draco no supiera de lo que estaba hablando. –Lo hice porque ayudaste a mi hermana. Y no… no sabía en que estaba pensando cuando te expuse de esa manera con McLaggen. Pero cuando solo te veo con ella me sale este… este enojo. – Ron levanto las manos y apretó los dedos alrededor del aire. –Las personas siempre me dicen que estoy demasiado enojado, y estoy comenzando a creer que tienen razón.– Suspiro. –No era mi intención que él te lanzara un Crucio. Sé que todavía te estás recuperando.
–¿Te preocupas por mi salud?– pregunto Draco, alzando una ceja.
–No– dijo Ron siendo sincero. –Me importa la felicidad de Hermy.
Ambos se volvieron a quedar en silencio por un largo momento y Draco no pudo evitar pensar como un cigarrillo haría esa conversación mucho más tolerable. Aún quería matar a Ron por haber besado a su chica pero, a la vez, entendía la necesidad de aferrarse a una parte de tu pasado. Después de todo, por años su única motivación para levantarse en las mañanas habían sido los recuerdos de su madre y le necesidad de vengarla.
–Ella dijo que nunca le pude haber dado lo que ella necesitaba…
Los ojos de Draco se enfocaron de nuevo y vio que Ron estaba mirándolo seriamente.
–Quiero ver.
–¿Ver qué?– pregunto Draco.
–Quiero ver como estaba ella cuando la encontraste la primera vez. Quiero ver tus recuerdos– dijo Ron.
–¿No crees que deberías pedírselo a ella…?
–¡No!– espeto él. –Quiero ver los tuyos.
Draco frunció el entrecejo. –¿Por qué?
–Porque sé que me voy a quebrar– confesó Ron, tragando saliva otra vez para aliviar su garganta seca. –Y no… no quiero que ella me vea así. No quiero molestarla nunca más. –Cerró los ojos. – Pero necesito ver. Necesito entender como fue para ella. Saber que en verdad no le pude dar lo que ella necesitaba. Yo… yo necesito este cierre, Malfoy.– Sus ojos se abrieron de golpe y lo miro directo a los ojos. –Por favor.
Draco gruño mientras sus piernas comenzaron a temblar. Maldita sea. –Entonces… ¿Cómo quieres hacer esto? – pregunto. –¿Sabes Legeremancia o algo así?
–No– dijo Ron, sacudiendo la cabeza. –Pero podemos irrumpir en la oficina de Kingsley y McGonagall para usar su Pensadero.
Draco gruño otra vez. –Ya estoy en la cuerda floja, Comadreja. No puedo irrumpir en…
–No nos van atrapar– aseguró Ron. –Lo hago todo el tiempo. Aunque normalmente para robar whiskey de fuego, ya que mantienen todo guardado allí– Hizo una pausa. –Y la última vez que lo hice, vi el contrato que Kinglsey te hizo firmar. No te va echar no importa lo que hagas. No con ese seguro.
Y, aun así, otro gruñido.
–No deberías haber firmado eso– dijo Ron
–En realidad no tenía muchas opciones, ¿no es así?
–Siempre tienes una opción.
Ron comenzó a caminar hacia la base y Draco lo siguió de mala gana. Al principio, se estaban moviendo bastante rápido, pero al momento en que dejaron la seguridad de los árboles, su ritmo desacelero drásticamente.
–¡Ron!
Él se detuvo en seco mientras la chica Lucy corría hacia él.
–¿Estás bien? Nadie ha escuchado de ti desde que sucedió todo en el… – Su voz se desvaneció cuando Draco se puso junto a él. –¿Qué estás haciendo con él?– pregunto con desdén.
–Muévete pequeña. Estamos ocupados– dijo Draco, haciendo un gesto para que se marchara.
Lucy se burló de él antes de volver a mirar a Ron con grandes ojos de tristeza.
– Lo escuchaste. Estamos ocupados– dijo Ron –Ahora piérdete.
Ron intentó caminar alrededor de ella, pero ella se metió en su camino.
–Pero, yo… yo pensé que nosotros dos podríamos ir a un lugar a charlar. Ha pasado mucho tiempo desde que nosotros hemos…
–Escuche que tu novio está perdido– interrumpió Draco. –¿No deberías estar buscándolo a él?
–¡No tengo novio!– regaño Lucy. –¡Ron, sabes que no lo tengo!
–De todas maneras no me importa– dijo Ron, intentando caminar de nuevo alrededor. Y allí estaba, deteniéndose delante de él. Otra vez.
–¿Así que eso es todo entonces?– pregunto ella con lágrimas en los ojos. –¿Sólo vas a pretender que no fuimos nada?
–Éramosnada, Lucy. Ahora sal de mi camino.
Lucy echaba fuego por la nariz. –¿Adónde vas tan rápido? ¿A compartirlacon él como un millón de Mortífagos antes que tú?
Ron frunció el ceño mientras su rostro se ponía de un rojo brillante.
Los puños de Draco se apretaron con fuerza y se tuvo que detener a sí mismo de lanzarle uno a ella. –Oh, tienes tanta suerte de que nunca le pegaría a una mujer.
– ¡Fuera de mi camino, insensible perra egoísta!– dijo Ron con los dientes apretados.
Las lágrimas de Lucy se desbordaron. Ron la golpeo fuerte con el hombro cuando salió de su camino.
Ella lo agarró del brazo. –Ron, lo sien…
–¡No me toques!– grito Ron, alejándose.
Draco le sonrió y le hizo un guiño antes de seguirlo. Las otras personas que estaban sentadas afuera parecían estar al borde de la risa, pero la mayoría se contuvo. No todos sin embargo.
Ron camino por los pasillo de la base en silencio, tenía una mirada de determinación en su rostro que solo parecía crecer mientras más se acercaban al Pensadero.
Cuando llegaron a la oficina de Kingsley y McGonagall, Ron utilizo un hechizo para detectar si había algún movimiento. Estaba completamente quieto. Abrió la puerta con su varita y entro silenciosamente.
Una vez que la puerta estuvo cerrada detrás de ellos, él puso un Hechizo Silenciador en ambas puertas de Kingsley y McGonagall. Luego fue al armario secreto y saco el Pensadero.
–¿Estás seguro de que quieres hacer esto?– pregunto Draco, mirando de cerca mientras Ron observaba la vasija plateada.
Sin levantar la mirada, Ron asintió lentamente. –Sí, necesito… necesito ver. Necesito saber si en realidad nunca pude ser el indicado para ella.
Draco suspiro y dio un paso adelante. –Sólo voy a mostrarte las dos primeras noches– dijo, levantando la mano.
Ron le entrego a Draco su varita y él la utilizo para extraer los recuerdos en dos hilos delgados de color plata. Los colocó en el Pensadero y los miró con atención mientras se arremolinaban alrededor.
Ron respiro hondo… y se sumergió.
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XXX
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Era muy tarde ya cuando Draco finalmente se encontró a sí mismo fuera de la puerta de la habitación que compartía con Hermione, esperando que ella no estuviera enojada por su larga ausencia. Después de que Ron salió del Pensadero, se había quebrado, y llamo a Draco un blandengue, pero simplemente no se sintió bien irse en ese momento. Así que robaron el whiskey de fuego del armario y se sirvieron un trago. O varios.
–No creo que yo pudiera haber hecho lo que hiciste– dijo Ron. –Mirarla sin estremecerme. Hacerla hablar así. – Hizo una pausa por un largo rato y miró ausente a la botella medio vacía en sus manos. –No quiero que se sienta avergonzada por lo que le sucedió. No hizo nada malo.– Se froto los ojos. –Sé que no he ayudado. He sido egoísta desde el momento que llego aquí. ¿Crees que me perdonara?
–Probablemente– dijo Draco. Le saco la botella y tomo un trago. –Si notaste, una de las primeras cosas que me pregunto fue sobre ti y Potter. Ella te quiere de regreso tanto como tú la quieres de regreso.
Ron asintió. –Voy a intentarlo. Juro que esta vez lo hare.– Volvió a tomar la botella. –Pero tal vez primero con la ayuda del whiskey de fuego.
En ese momento se rieron. Beber con la Comadreja no había sido tan terrible como Draco esperaba, aunque dudaba de que una amistad estuviera a la vuelta de la esquina. Y por más que odiara la idea de que Ron estuviera con Hermione, secretamente esperaba que él siguiera con su promesa de intentar.
Draco respiro hondo antes de abrir la puerta. Aunque era tarde, la luz seguía encendida. Hermione estaba acostada sobre el acolchado de la cama, los libros que había dejado estaban abiertos y desparramados mientras el gato grande dormía a su lado. Sus ojos estaban cerrados, pero en el momento en que escucho la puerta, ella los abrió.
–¡Draco!
Él cerró la puerta, se sacó la capa y los zapatos, se acercó a ella.
–Te fui a buscar– comento ella entretanto él se acercaba. –Padma me dijo que te dio permiso para ir a caminar así que regrese aquí y espere.
Hermione se mordió el labio mientras él se sentaba junto a ella. Él pensó que era raro que ella no hubiera preguntado adonde había estado de inmediato, ya que tendía ser su costumbre. Pero luego ella lo miro con los ojos cristalinos y trago saliva.
–Ron me beso– confesó en voz baja. –Le dije que podía. ¡Pero no le regrese el beso! Lo juro….
Draco puso un dedo sobre sus labios y dijo –Shh. Está bien, Granger. Ya lo sé.
–¿Ya lo sabes?– pregunto ella, quitándole el dedo. –¿Cómo?
–La Comadreja me contó– Hermione se puso roja del enojo, pero antes de que ella pudiera explotar, Draco agrego. –No te preocupes, no fue por despecho. Realmente me lo estaba diciendo.
–¿Cuándo hablaste con él?
–Probablemente, justo después que tú – dijo. –Salí afuera por un poco de aire y lo encontré allí. Le di un buen golpe cuando me dijo lo que hizo y, por una vez, él no regreso el ataque. Fue una especie de romper con las formalidades.
–¿Has estado con él…?
–¿todo este tiempo? Sí.
–Hueles a whiskey de fuego.
Draco sonrió. –Resulta que, él sabe dónde guardan la mercancía escondida.
Hermione arrugo el ceño. –Estoy confundida. Qué… ¿ahora son amigos o algo así?
–¡Joder, no!– dijo Draco con una risa. –Pero hemos llegado a un acuerdo. Tú eres mía y él entiende eso.
Hermione intento con dificultad reprimir una sonrisa. –Idiota.
Draco se inclinó hacia adelante y la beso. –Estos también son míos– dijo él mientras presionaba su frente sobre la de ella. Respiro hondo. –Pidió ver mis recuerdos de cuando te encontré por primera vez.
Hermione se quedó sin aliento.
–Le mostré.
Ella dejo escapar un suspiro y lentamente asintió sobre él. –Probablemente es mejor de esta manera– dijo.
Hermione frunció el ceño y miro hacia un lado.
–¿Qué sucede?– pregunto él.
–Necesito decirte algo. Algo de lo que me di cuenta después de que me beso.
Draco se apartó, la sangre se le dreno del rostro y del corazón.
–Tuve dudas– dijo ella, volviéndolo a mirar. –Sobre nosotros.
Él ya podía sentir las lágrimas formándose en sus ojos.
–Creo que el hecho de que todos estén cuestionando constantemente la sinceridad de mis sentimientos por ti, de alguna manera se metieron en mi cabeza.– Hermione respiro hondo. –Pero ya no tengo dudas.
Los ojos de Draco se iluminaron.
–En el momento en que me beso, supe que eso nunca podría ser lo correcto. Ningún beso puede ser el correcto a menos que sea tuyo. – Hermione tomo su rostro. –Te amo, Draco Malfoy– le dijo con la mayor sinceridad. –Y no sólo porque me salvaste. Te amo porque quien eres y como me haces sentir. Sé que crees que eres egoísta cuando se refiere a mí, pero no lo eres. Siempre me pones primero. Me proteges. Y me amas. Es todo lo que puedo pedir.
Las manos de Draco se movieron hacia su cintura. Se aferró a ellas mientras Hermione atraía su rostro más cerca al de ella.
–Soy una persona más fuerte por ti, y ya no estoy avergonzada. Lo que me sucedió es ahora parte de mí, y no voy a dejar que ningún bastardo Mortífago gane dejando que me debiliten. No más lágrimas, no más culpa, no más mirar para otro lado cuando siento que todos me están juzgando.
Draco sonrió. –Suena como un plan.
–Y sé que me vas ayudar a mantener esa confianza– dijo Hermione mientras le acariciaba la mejilla. –Nos vamos a hacer más fuerte el uno al otro, vamos a ganar esta guerra, y vamos a casarnos cuando termine. Nada de esa mierda de "si ambos sobrevivimos". Vamos a sobrevivir.
Draco se rió. La acercó hacia él esos últimos centímetros y la besó. – Suena como un plan – dijo. – Pero creo que necesitamos averiguar cómo vamos hacer respecto a Potter antes de ganar cualquier guerra.
–Sobre eso– dijo Hermione, apartándose y levantando el libro que él había sacado de la bolsa. –¿Qué hizo que tomaras este libro?
Draco se encogió de hombros. No sé, pero cuando estaba leyendo ese hechizo que la Pequeña Comadreja utiliza en las piernas de Potter, encontré algo familiar sobre el mismo. Pensé que tal vez podría estar en ese libro, pero nunca tuve la oportunidad de mirar.
–Bueno, el hechizo no está en este libro, pero estees. – Indico un pasaje y dejo que él leyera el título. Sanamor (La Magia del Amor Sanador). – Hay Hechizos de Sanación que son solamente para heridas mágicas. Se llaman Hechizos Sanamor y son mejores si los realizan aquellos más cercanos a los heridos.
–Refiriéndose a aquellos que aman – dijo Draco. –Como la Pequeña Comadreja.
Hermione sonrió –Así es. Padma nunca pudo realizarlo apropiadamente porque no tiene sentimientos fuertes por Harry. Y en cuanto a él… bueno, después de fallar en derrotar a Quien—Tú—Sabes, no creo que tenga mucha autoestima, mucho menos amarse a sí mismo, así que él tampoco lo puede realizar.
El rostro de Draco se ilumino.
–Ahora, no quiero que nos entusiasmemos demasiado por el momento – dijo ella. –Es sólo una teoría y, ya que amo a Harry, quiero intentarlo primero y ver si funciona.
–Deberías hacer que también lo pruebe la Comadreja. ¡Si lo puede hacer entonces tú teoría está más que comprobada!
Hermione le golpeó el hombro de manera juguetona. –Idiota.
Draco levanto ambos libros y los arrojo al suelo. Hermione dio un grito ahogado, y estuvo a punto de darle un sermón sobre el tratamiento de la literatura cuando él la tomo en sus brazos y la beso apasionadamente.
–Bueno probaremos eso mañana– dijo él, moviendo su espalda hacia la cama. –Esta noche no hay Potter. Sólo tú y yo.
–Draco, todavía estas lastimado– dijo ella, dándole un suave empujón.
–Solo déjame besarte– dijo él, posicionándose mejor y moviéndose así él estaba al lado de ella en vez de estar encima. Se apartó un momento y la miro a los ojos. –Quiero aprovechar cada momento que tenga contigo ya que sé que voy a tener que comenzar a compartirte con los otros hombres de tu vida. Espera… muchachos. Muchachos es mejor. Yo soy el único hombre.
Hermione se rio y lo volvió a besar. –Solo esto– respiró en su boca.
Ella comenzó a moverse encima de él, pero cuando Draco rodo un poco, hubo un fuerte siseo y un gruñido luego de que él golpeara algo suave que aparentemente no era una almohada.
–¡Oh! ¡Lo sentimos mucho Crookshanks!– grito Hermione, dejando a Draco para ver a su gato.
–¿En verdad vas a dejar que tu gato duerma en la cama?– pregunto Draco. –Pensé que los animales estaban confinados al suelo.
–Nuestrogato, Draco–dijo Hermione mientras acariciaba a Crookshanks. –Nos vamos a casar ¿recuerdas? Lo que es mío es tuyo, futuro esposito, y nuestro gato puede dormir adonde quiera.
Draco y Crookshanks se miraron entre ellos. Ambos dejaron escapar gruñidos de desaprobación.
–Jodidamente genial– murmuro él. Y estaba bastante seguro de que si el gato pudiera hablar, estaría diciendo exactamente la misma cosa.
