IMÁGENES

Imagen 38: Los ojos del genio

Por Okashira Janet

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Dedicado a Shisui Uchiha.

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Shisui abrió un ojo, lo volvió a cerrar y se giró entre las sabanas para quedar con la cara vuelta a la pared. Afuera escuchó el canto armonioso de algún pajarito, estaba casi seguro de que aquella ave iba todos los días a cantar a su ventana, sin excepción. No importaba que tan cansado estuviera o que tanto quisiera dormir un poco más, aquel pajarito no tenía misericordia de sus pobres y juveniles aficiones.

—Por favor Ave-san. —Suplicó poniéndose la almohada contra el oído, pero no parecía como si aquel ser emplumado fuera a hacerle mucho caso, de hecho le pareció que sus trinos subían en intensidad.

—No es justo. —Soltando un suspiro se incorporó de un solo movimiento quedando sentado sobre su futon, el negro cabello revuelto y erizado. Soltó un enorme bostezo y miró el reloj junto a su cabecera, eran las 6:50 de la mañana, tenía exactamente una hora para ponerse presentable e ir a trabajar.

Con movimientos lentos se puso de pie y estiró ambos brazos al cielo para después pasar a frotarse desgarbadamente el trasero, era lunes y como todos los lunes pararse era incluso más espantoso que de costumbre.

—Buenos días Oka-chan, Otto-san. —Aún medio adormilado pasó enfrente de las fotografías de sus fallecidos padres y les hizo una leve y atontada reverencia—. Buenos días a ti también Obito-san. —Desde el mueble de madera de su cocina la fotografía de un chico con googles y sonrisa traviesa pareció devolverle el saludo.

—Veamos… —El joven reprimió un nuevo bostezo que le lleno los ojos de lágrimas—. Opciones para el desayuno de hoy… cereal con leche caducada… ramen instantáneo… las sobras que Mikoto-san me dio el otro día… —Frustrado se rascó la cabeza—. Es una difícil decisión… —Finalmente se encogió de hombros y cerró de un portazo la nevera, siempre era más fácil robarle su almuerzo a algún incauto compañero en el trabajo que obligarse a si mismo a tragar lo que encontraba en las estanterías de su casa.

Con un suspiro se dirigió a la regadera y abrió la llave mientras se iba desvistiendo, la noche anterior había sido particularmente desabrida, había salido con un par de compañeros del trabajo por la noche, pero como tenía diecinueve años y aún no podía tomar según las leyes shinobi se había tenido que hacer cargo de tres Uchihas borrachos de vuelta a casa.

De algo tenía que servir ser Shisui del cuerpo parpadeante, pero de cualquier manera había sido escasamente divertido actuar de niñera. Prefería por mucho salir por ahí con Itachi. Su primo era seis años menor, pero aunque sólo tenía trece años era en muchos aspectos más adulto que la mayoría de los "grandes hombres" de su clan.

—¡Esta fría! —Chilló cuando el agua hizo contacto con su piel y a punto estuvo de resbalar al pisar una baldosa particularmente traicionera, y bien, ¿qué esperaba?, hacía por lo menos un mes que no aseaba el baño (pensándolo bien hacía cerca de un mes que no aseaba ninguna parte de su casa).

Decidido, la próxima vez que le asignaran un nuevo integrante a su división lo pondría a limpiar su casa como primera misión. Aterido salió de la ducha y se envolvió en una toalla, caminando a pasitos cortos hacía su habitación. Generalmente solía ir a dar la lata por la mañana a casa de Itachi, pero solía pasar de esos entretenimientos cuando su primo no estaba y hacía ya un rato que Itachi se había ido en una misión con ANBU.

Suspirando se puso su playera negra de cuello alto con el símbolo de los Uchiha a la espalda y por inercia se amarró el protector que lo reconocía como un ninja de Konoha en la frente. Usualmente no se peinaba así que cuando el cabello se le secaba tenía ese aspecto rebelde y ondulado que tanto les gustaba a las chicas.

—Chicas. —Shisui se miró al espejo e infló las mejillas. Todos los Uchihas tenían cierto encanto, les venía de familia, pero había hombres dentro de su mismo clan que eran más atractivos que otros. Él, por algún motivo, había recibido una belleza difícil de ignorar, pero eran tantos los asuntos que se azotaban en su cabeza que pocas veces tenía el tiempo o la delicadeza para hablar con las mujeres.

Aquello era una pasada de las buenas porque realmente le gustaban las mujeres, de hecho creía que su corazón era bastante volátil cuando el asunto trataba de faldas, desgraciadamente nunca había podido declararse a ninguna.

Todas siempre decían:

"Shisui-kun es tan gracioso"

"Shisui-kun es tan guay". Pero siempre que quería acercarse a alguna invariablemente se ponía roja y huía de él, ¡no lo entendía!, ¿no se suponía que sería más fácil para él siendo atractivo y divertido?, Itachi era serio como una tumba y sin embargo siempre estaba recibiendo cartas de amor que aceptaba con una reverencia, como si fuera un hombre viejo que había visto ya mil vidas pasar.

Con presteza se acomodó las cintas de las botas ninja y salió de un salto por la ventana, su tía Mikoto siempre lo amonestaba diciendo que las puertas se habían creado para algo, pero él siempre pasaba de ellas, ¿para que había entrenado tanto como shinobi si no podía hacer cosas divertidas como esas?

En cuanto cayó al suelo miró el reloj y notó con desaliento que iba media hora temprano, ciertamente no le agradaba llegar primero a la estación de policía, Fugaku siempre estaba ahí con su cara de mala mañana y era completamente capaz de darle un sermón de: "como es que un genio de su calibre se la pasaba por la vida haciendo bobadas".

Su tío era inaguantable cuando dejaba de lado su función de jefe estricto y se pasaba a la de tío metiche. Sinceramente no sabía como es que Itachi podía aguantar toda esa perorata sin pestañear siquiera.

Pasando ambas manos tras su nuca miró a su alrededor y decidió dar una vuelta por ahí en lo que hacía tiempo, a esas horas de la mañana Konoha respiraba una tranquilidad amenizada con el rocío que caía de los árboles. Cerrando los ojos respiró con fuerza aquel aire húmedo que rejuvenecía sus pulmones.

—¡Ven acá niñato!

—¡Ahh! —Apenas pudo hacerse a un lado esquivando una mata de pelos rubia que corría como poseída por la calle.

—¿Naruto-kun? —Se preguntó con un parpadeo.

—¡Regresa! —Tras de él un hombre enorme enarbolaba un palo con no muy buenas intenciones—. ¡De esta no te salvas! —El hombre respingó, Shisui adelantó un pie y no pasó mucho para que el hombre cayera dándose de nariz contra el piso.

—¡Lo siento, lo siento! —Shisui puso sus manos al frente a modo de rezo—. Déjeme le ayudo a pararse.

—¡Porqué te metes en mi camino tú estu…!, ¡Uchiha Shisui! —El hombre se puso tieso al instante y soltó el palo—. Buenos días.

—Buenos días. —Shisui le sonrió con calidez—. Es una linda mañana.

—Muy linda. —Nerviosamente el hombre limpió sus manos llenas de tierra en su mandil.

—No hay nada como pararse con energía en mañanas así.

—E-energía. —El hombre enrojeció—. Ese niño tiró mi puesto de nuevo. —Intentó excusarse.

—Naruto-kun es un poco dinámico. Los ojos del Uchiha sonrieron mientras el rubio se perdía al final de la calle.

—Yo diría que más que un poco. —El hombre murmuró a regañadientes y luego dio una rápida cabezada hacía el joven antes de irse rápidamente por donde había llegado, Shisui ya conocía el sentimiento de ser evitado por los civiles, después de todo su nombre era casi una leyenda, desgraciadamente ser fuerte tenía complicaciones que venían de la mano con la intimidación.

Respirando hondo miró el cielo y luego pensó en Naruto. Aquel chiquillo de seis años que vivía completamente solo en un departamento que de seguro nadie aseaba por él, ¿estaría igual de descuidado que su casa?, seguro que sí, si él era un hombre y vivía en terribles condiciones no quería pensar en lo que sería de un niño.

Por un instante el pensamiento fugaz de invitar a Naruto a vivir con él pasó por su mente, pero lo deshecho por ridículo, lo único que le faltaba al rubio era vivir con alguien que pertenecía a un clan que estaba bajo la mira de los altos mandos de Konoha, además lo más probable es que vieran en aquello un movimiento de los Uchiha para tener al Kyuubi con ellos. ¿Qué podía argumentar en contra de eso?, ¿qué sentía afinidad por el niño porque ambos eran huérfanos apestados?, nadie le creería, pensarían que estaba buscando acercarse al nueve colas y nada más.

De cualquier manera casi nunca estaba en su casa así que no podría cuidarlo o atenderlo (y pensándolo bien no se atendía ni a si mismo).

—Shisui-san. —Una mujer mayor lo saludó mientras ondeaba un mantel al aire.

—Buenos días. —Alegre le sonrió en respuesta saliendo de sus cavilaciones.

—¿Hoy tiene día libre en la policía?

—¿Eh?

—Faltan cinco a las ocho.

—¡¿Qué?! —Perderse en su mente tenía sus complicaciones, por fortuna no por nada era Shisui del cuerpo parpadeante. La mujer sólo pudo ver como desaparecía luego de ondear de cualquier manera la mano a modo de despedida, si que era un joven encantador.

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Shisui no era un acosador, ¡no señor!, y si no que le preguntaran a Itachi a quien despertaba todos los días después de ANBU con el único poder de su penetrante mirada… aunque quizás aquel no fuera buen ejemplo…

¡El caso es que no era un acosador!, si había ido a la academia a la salida de clases no era porque quisiera ver a la mota de pelos rubios con ojos azules, ¡claro que no!, un Uchiha no era sentimentalista, a él ni le iba ni le venía si los demás niños no le hablaban al contenedor del Kyuubi y se tenía que quedar solito meciéndose en el columpio sin mayor compañía… no, no debía afectarle.

—¿Shisui…? —Itachi preguntó cuando vio a su primo mayor oculto tras un árbol (muy mal escondido por cierto).

—¡Itachi-chan! —Al instante Shisui se colgó de la ropa de su primo menor llorando a mares—. ¡Kyuubi-chan es un apestado!

—No tengo ni idea de lo que estas pensando. —Con su seriedad habitual Itachi lo miró con fijeza—. Vine por Sasuke.

—¡Sasuke-chan! —Shisui saltó emocionado—. ¡Si hacemos que se haga amigo de Kyuubi-chan!

—Mi madre se lo tiene prohibido. —Itachi arqueó una ceja captando al fin la idea—. Suficientes problemas tenemos ya.

—Itachi-chan a ti solo te preocupa Sasuke-chan y no miras a los demás niños solitarios. —Shisui empezó a limpiarse las lágrimas con la manga del suéter y a jalar mocos.

—Si que los observo, —Itachi miró discretamente alrededor—, no sólo Naruto-kun es un niño solitario en esta aldea.

—¿Ah? —Shisui giró la mirada violentamente alrededor—. ¿Lo dices por Hyuuga-chan?

—No solo por ellos.

—¿Ellos?, —Shisui parpadeó—, ¿son varios?

—¿Sólo habías notado a la niña cierto? —Itachi lo miró como quien ve un caso perdido.

—El niño no me gusta, —Shisui hizo un mohín con la nariz—, es engreído.

—Las infancias de esta aldea son tristes, ¿no? —Itachi lo miró de medio lado, había algo escondido en sus pupilas negras que provoco que Shisui se desinflara como un globo.

—Sí… supongo que sí… —Y giró a ver una vez más al pequeño rubio que se columpiaba lentamente en solitario, casi como si quisiera consolarse a si mismo.

—Ahí viene Sasuke. —Itachi menciono como sin darle importancia, pero casi al instante sujetó a su primo por la manga del suéter y habló sin siquiera verlo—. Y si vuelves a intentar en él "la urracarrana" que viste en la televisión civil voy a matarte.

—De verdad Itachi-chan, —Shisui elevó su elegante nariz al cielo con mucha dignidad—, no tienes ni pizca de sentido de la diversión.

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Shisui se repitió por tercera vez a si mismo que no estaba siendo un desequilibrado que seguía niños ni cosa por el estilo, era sólo que ya había terminado su guardia en la comisaría y se había topado a cierto rubio sin querer. ¿Qué podía ser más divertido para un adolescente que seguir a un niño en sus travesuras infantiles y ayudarlo a escabullirse de una que otra reprimenda?, aunque ciertamente Naruto rebasaba las travesuras habituales (mira que dibujarle bigotes al perro guardián de los Inuzuka, eso era tener valor).

Estaba seguro que de haber sido de la misma edad hubieran sido buenos amigos, del tipo que juntos son dinamita. Lamentablemente Naruto era muy pequeño y él demasiado ocupado con políticas peligrosas como para relacionarse más allá de cuidarlo en las sombras.

En su secreta vigilancia había descubierto un par de cosas, como por ejemplo que la mayoría de los ciudadanos lo miraban con rencor y miedo, aquello lo deprimía, Naruto no tenía la culpa de ser el contenedor de un monstruo, le pesaba en el alma ver unos ojos tan jóvenes llenos de dolor.

Pero también había descubierto que los niños, siempre más inocentes, eran mas dados a hablarle sin miedo, Nara Shikamaru por ejemplo no tenía la menor pega en jugar con él y hablarle con su aire aburrido de siempre y el gordito Akimichi también estaba a su lado sin reparos y aunque el niño Inuzuka era un engreído (lo que pasaba cuando uno venía de un clan importante y era guapo, ¡oh la fama!) también lo incluía en sus juegos y correrías sin ponerle reparos.

Y entre todo eso lo que más le había llamado la atención había sido notar que la pequeñita de los Hyuuga lo seguía a todos lados, siempre desde lejos, casi como él, ¿sería que ambos eran acosadores? Y que era peor, ¿un adolescente acosador o una niña acosadora?

—Uh… —Estaba pensando en eso cuando, de golpe y porrazo, chocó con algo que se enredó en sus rodillas y se fue al suelo—. ¡Lo siento, lo siento! —Al instante se dio cuenta de que se había llevado de encuentro a un niño y lo puso de pie abruptamente limpiándole la ropa con manotazos que fueron demasiado violentos dada su fuerza que raramente controlaba—¡Lo…! —Cuando al fin pudo percatarse que estaba golpeando al niño como piñata se quedo quieto por fin y vio al chico fijamente a los ojos. Se sorprendió por dos cosas, la primera era que el chico no parecía mostrar dolor ante su inusual manera de sacudir el polvo de su ropa y la segunda fueron sus pupilas tan claras y plateadas como la luna.

—Suélteme. —Educada pero fríamente el niño le puso una pequeña mano sobre la muñeca.

—¿Eres un Hyuuga, verdad?

—Usted es Shisui Uchiha del cuerpo parpadeante. —A pesar de ser tan pequeño se le veía muy bien informado.

—¿Qué haces aquí tan noche?, —su instinto perdido de hermano mayor surgió al instante—, tus padres…

—Están muertos. —El niño lo cortó en seco, sus fríos ojos lo miraron con un vacío que le produjo escalofríos.

—Yo… —Quiso decirle que los de él también, pero en lugar de eso apenas abrió los labios.

—Suélteme, debo irme. —El niño se zafó de su agarre, parecía contrariado y se largo tan rápido que ni siquiera le dio tiempo de agregar alguna cosa. Por un instante Shisui se quedo con la sensación de haber dejado pasar algo importante, pero casi al instante algo pasó rozándole el pantalón.

—¡Hey, hey, hey! —Por instinto adelantó la mano y sujetó la pequeña cabecita que intentaba escabullirse (años de práctica desde que Sasuke había nacido).

—¡Ah! —Para su sorpresa y horror la princesita de los Hyuuga giró la mirada hacía él asustada—. Lo-lo siento… —Era tan pequeña y parecía tan débil que la soltó enseguida (era una suerte que el otro niño Hyuuga no hubiera chillado, pero no podía seguir tentando al cielo).

—¿Qué haces tan tarde, eh? —Poniendo su sonrisa más afable se colocó en cuclillas para estar a su altura, pero el resultado fue que ella retrocediera un paso pálida de miedo—. ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

—¡N-n-no, gracias! —Las mejillas se le colorearon de manera tan furiosa y sus ojos se llenaron de tal manera de lágrimas sin derramar que Shisui estuvo a punto de entrar en pánico, ¡él no sabía a tratar a las mujeres de ninguna edad!, ¡eso era un hecho!, por cinco angustiantes segundos se vieron fijamente a los ojos, una niña contra un adolescente y justo cuando Shisui iba a activar su modo idiota la pequeña dio media vuelta y echó a correr por el mismo camino que había tomado hacía unos momentos el otro niño.

—¿Pero qué…? —Y así, para cerrar la noche, un último niño chocó contra él.

—¿Naruto-chan? —No podía creer su suerte, el niño al que había seguido todo el día al final iba a él por su propio pie, ¡ese era un mensaje de Dios de seguro!

—¡Quítate del camino! —Pero el rubio apenas le dio un pisotón y siguió corriendo como si lo persiguieran bestias rabiosas.

—Oh… ¡Naruto-chan! —Pero de la mota dorada ya no se veía nada.

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Itachi entró a la habitación de su primo y no pudo evitar sorprenderse un poco al verlo ataviado con una vestimenta que se parecía bastante a la de ANBU.

—¿Hay algo que yo no sepa? —Itachi arqueó una ceja, pero Shisui que estaba frente al espejo apenas se encogió de hombros.

—Quiero que los uniformes de la policía sean más emocionantes.

—Ah. —Si Itachi pensaba o no algo acerca del asunto no lo dijo, simplemente se recargó contra la pared—. Mi padre se esta moviendo…

—Ayer me sucedió algo curioso, —Shisui se acomodó la bandana en la frente sin prestarle atención—, tres niños chocaron con mis piernas, ¿crees que sea un mensaje divino para que me apure a tener descendencia antes de morir?

—El Tercero esta intentando ganar tiempo, pero dudo que lo logre. —Itachi se cruzó de brazos.

—Al principio no me entere de nada, pero luego he hecho una teoría, Kyuubi-chan es muy bobito por lo que no se dará cuenta solo, pero la princesa Hyuuga esta enamorada de él, por eso lo estaba siguiendo y el otro niño Hyuuga intenta portarse frío y arrogante, pero estaba preocupado por ella, por eso la estaba siguiendo también. Cuando Kyuubi-chan dio media vuelta huyendo la princesa Hyuuga tuvo que hacer lo mismo y el niño Hyuuga también.

—Danzo-san empieza a presionar. —Itachi frunció el ceño.

—Los tres se estaban persiguiendo intentando que el otro no se diera cuenta, ¡que hermosa es la infancia!

—¿Me estas prestando atención?, —Itachi se despegó lentamente de la pared—. Esto es serio.

—Itachi… —Shisui miró directamente su imagen en el espejo, el Sharingan despertó en sus ojos sorprendiendo ligeramente a su primo menor—. ¿Sabes por qué me llamaron genio?

—Por tu habilidad y tu fuerza. —Itachi contestó casi como si estuviera en un examen—. ¿A que viene eso?

—No, —Shisui miró el reflejo rojizo de sus pupilas en el cristal—, fue por mis ojos.

—Ciertamente nadie ha desarrollado el sharingan al nivel que…

—No, no es por el sharingan, —con un suspiro Shisui ladeó el rostro hacía su primo, viéndolo de reojo—, hablo de lo que mis ojos son capaces de ver.

—No te estoy entendiendo. —Itachi lo miró con fijeza.

—Ayer me di cuenta de que Naruto-chan no esta tan sólo como todo el mundo cree, hay alguien que cree en él, la princesa Hyuuga puede verlo y el niño Hyuuga no esta podrido en odio por más que se esfuerce en aparentarlo, ¿sabes que significa eso?

—¿Qué los niños son puros? —Itachi arqueó las dos cejas, pero casi al instante se dio cuenta de que esa era la respuesta—. Estamos en medio de todo esto porque queremos proteger algo.

—A los niños de Konoha. —Shisui sonrió y su reflejo le devolvió la sonrisa—. ¡Aunque sean groseros y te pisen y luego te digan que te hagas a un lado!

—¿Tuviste un mal encuentro con Naruto-kun? —Itachi suspiró suavemente.

—¡Es tan malo!, ¡yo que lo estuve cuidando desde las sombras todo el día!

—Aunque son puros los niños también son despistados, es parte de su misma naturaleza. —Itachi se permitió una pequeña sonrisa recordando a su hermano y las miradas furtivas que le lanzaban las niñas y que él no atinaba a reconocer.

—Como sea, esos niños tienen un lazo importante Tachi-chan yo te lo digo.

—Había olvidado que tu sharingan también predecía el futuro. —Itachi lo miro escéptico, pero luego simplemente relajó los hombros—. Aunque puede que tengas razón.

—Tengo razón. —Shisui sonrió ampliamente—. Y ahora vamos a Ichiraku a celebrar.

—Lo que digas. —Itachi dio vuelta y salió del cuarto, Shisui giró una vez más la mirada hacía el espejo y con la yema de los dedos tocó su mejilla en el frío cristal. Sabía que los sacrificios eran necesarios, pero el servir a la aldea era el legado que le había dejado su padre.

Quería ser capaz algún día de ver a Naruto con amigos, a los niños Hyuuga hablando sin problemas de ramas, a su clan conviviendo en paz con el resto de la aldea. Quería que sus ojos vieran todo eso y si no era posible… entonces lo que quería era que sus ojos, los ojos de aquel a quien habían llamado genio sirvieran para que alguien más lo viera. El día en el que Naruto-chan fuera verdaderamente feliz.

—¡Shisui! —A lo lejos escuchó el grito de Itachi—. Apúrate.

—¡Voy! —Y de reojo le mando un último guiño a su reflejo. Porque lo que hacía verdaderamente feliz a Shisui Uchiha eran las risas de los niños… y quizás molestar un poco a Sasuke-chan… pero sólo un poco…

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Acostado en su cama y bien abrazado de Pandita-san (muñeco de peluche que le acompañaba en las solitarias noches sin Itachi) Sasuke tuvo que incorporarse a medias violentamente y dejar escapar un sonoro estornudo.

Lo dicho, no volvía a comer paleta helada a escondidas de su madre, ¡un ninja no podía resfriarse! Y sin ponerle mayor atención al asunto volvió a dormir.

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Notas de Okashira Janet: Es muy tarde y tengo sueño…

Agradezco a:

Gaby-L

Hiragizawa

Acantha-27

Ro0w'z

Morfy

Kary Landero 3

Annie Thompson

NANA-chan53

Nathita

Uchihacecy

AkumaChibi03

Rocio Hyuga

Pandemonium Potter

Hinaruhy

Oldadux

RAYMAR

Stefany BM

San-Mendez

Niwa99

Lombriz

A todos muchas gracias por leer. Quería escribir algo de Shisui porque me llego el sentimiento por él, aunque al final no me salió como me lo esperaba (aunque nunca me salen las cosas como espero a ser sincera).

También quiero recordarles (para los que no se enteraron o no lo leyeron) que ya no estoy recibiendo imágenes para las recomendaciones porque los lugares ya están llenos hasta el capitulo 50, por su atención muchas gracias (sí, lo digo por esas personas que me agregan al face sólo para mandarme imágenes pervertidas, a estas alturas deberían saber que el lemon no es lo mío y con una imagen de esas sólo lograría decepcionarlos).

Por ahora es todo, nuevamente muchas gracias por leer, besitos Ciao

13 de Abril del 2013 Sábado