DESDE QUE VOLVISTE DEL INFIERNO
(La mirada de Sam)
Dead Men Don't Wear Plaid
Hacía unas semanas que no volvíamos a casa de Bobby. Normalmente, aunque solemos hablar con él a menudo, no lo visitamos tan seguido. Pero se trata de un caso. Al parecer hay muertos asesinando gente, y eso sumado a las extrañas tormentas eléctricas y a que no nos coge el teléfono, nos ha traído hasta aquí.
Estamos bastante recuperados de mi última recaída, (ya me siento como el de Alcohólicos Anónimos que presume orgulloso de su segunda rehabilitación), hasta Bobby necesitaba un descanso de nosotros. Por eso no pensamos que había algo más. Y por eso le creímos cuando dijo que no había nada que investigar.
Bueno, yo le creí. Dean no. Y ahora, mirando a la mujer extrañamente pálida que nos pone delante sendos trozos de tarta, me doy cuenta de que este trabajo nos va a cambiar todos los esquemas.
Nos las tenemos que ver con otro jinete cuando aún tenemos cicatrices del anterior.
_._
Bobby los ha echado de su casa escopeta en mano, pero el mayor de los Winchester no se va a ir. Se queda oculto en los alrededores mientras Sam va al pueblo a tratar de hacer entrar en razón a la sheriff local.
El joven cazador no sabe cómo va a convencer a la mujer de que el niño que le ha sido devuelto de la tumba puede devorarla. No lo necesita. Jody Mills está en la puerta de su casa, mirando horrorizada al interior, en shock. Prácticamente la arrastra a la calle.
- Eso… eso no era mi hijo.
- Tiene razón, no lo era – pero lo que le ha llevado allí es tristemente más importante que lo que ocurre en casa de la mujer – Escúchame sheriff. Tu pueblo está en peligro y tenemos que ayudarles ahora. ¿Puedes hacer eso conmigo? ¿Puedes atenderme sheriff? ¿Sheriff?
- ¿Cómo podemos detenerlos? – respondió Jody sobreponiéndose a duras penas.
- Con un disparo en la cabeza.
- Necesitaremos armas – pero los ojos y la atención de la sheriff vuelven al horror de lo que ocurría en su casa.
- Podemos empezar por reunir a todas las personas que podamos encontrar – Sam se da cuenta y trata de volver a centrarla en detener a los zombis - ¿Dónde hay un lugar seguro al cual podamos llevar a la gente?
- La cárcel.
- Bien, sólo… - ella no puede encargarse del pequeño monstruo que había matado a su marido, después de todo, había sido su hijo – dame un minuto.
Entra en la casa y vuela la cabeza del chico. Sin remordimientos, porque ese niño había muerto ya y lo que trajeron de vuelta sólo era una máquina de matar con su aspecto.
Consiguen reunir a la gente del pueblo que había sobrevivido, llevándolos a la comisaría. Al parecer, todos los zombis han salido del casco urbano en dirección al desguace de Bobby.
Llegan justo a tiempo de evitar que devorasen al mecánico y a su hermano. Que desesperados, sin armas ni munición, se habían escondido en un armario.
Su trabajo no ha terminado aún. La gente del pueblo, la gente normal que jamás se habían enfrentado a nada remotamente parecido, están tan traumatizados que no saben que hacer con los muertos. Dean y Sam tienen que encargarse de los cuerpos con la única ayuda de la Sheriff y de Bobby.
El viejo impedido se ocupa de su esposa y la mujer los ayuda con la incineración de los zombis y de sus víctimas. Porque, después de todo, tanto unos como otros eran víctimas del Apocalipsis.
Su pequeño equipo contra el Apocalipsis está cada vez más debilitado. Este trabajo ha minado la voluntad del único humano en quien pueden apoyarse, y los Winchester lo saben. El golpe ha sido muy duro y ambos hermanos no saben cómo evitar que quien es casi un padre para ellos tire definitivamente la toalla.
Hay indicios de un trabajo a un par de estados de allí. Sam lleva las armas al coche mientras Dean recoge algo de comida y bebida para el camino. El pequeño decide coger algo para él, pues conociendo a su hermano es capaz de llevarse todas las tartas que hizo la esposa zombi de Bobby.
No es así. El joven cazador está hablando con el viejo, mortalmente serio, "Tienes razón Bobby, y ese monstruo también, esto sigue adelante porque tú estás de nuestro lado"
Sam se queda helado en la puerta, se da cuenta de que Dean no puede sufrir otro golpe más o quién se rendirá es él. El viejo levanta la mirada, los ojos grises y erráticos van de uno de los jóvenes al otro y algo cambia dentro de su cabeza.
- Habéis elegido a un inútil para que os mantenga en el camino – advierte.
- Tú eres cualquier cosa menos inútil – sonríe el pecoso.
- Es cierto, Bobby, sólo te tenemos a ti – interviene el castaño.
- ¿No teníais un trabajo? – gruñe el viejo con la convicción de que esos chicos no están exagerando por cariño hacia él.
- Sip – se levanta el mayor de los Winchester y coge una bolsa de plástico con al menos cinco tartas una encima de la otra, al ver la mirada de desaprobación del más joven, se defiende – están muy buenas y tirar la comida es pecado.
- Sí, vale, lo que sea – suspira Sam sin ganas de discutir, duda en volver a preguntar pues Bobby aún no contestó, pero no puede irse sin saber que el viejo seguirá luchando – Bobby…
- Estaré bien chicos, largaos ya.
No es tan difícil como habían llegado a pensar. Dejan a Bobby en casa después de asegurarse de que el viejo no hará ninguna estupidez. Al menos saben que mientras la gente de Sioux Falls lo necesite, su sentido de la obligación lo mantendrá al pie del cañón.
DQVDI-Sam
La carretera es larga, interminable… en la radio suena un poco de country-rock de una emisora local.
Sam conduce y Dean repasa los datos de un posible caso en el pueblo siguiente. Desapariciones extrañas a las que la policía no encuentra explicación. Acaban de hablar con Bobby y ha respondido al teléfono lo que ya les tranquiliza bastante.
- Menos mal que sigue aquí – musita el conductor rompiendo el silencio.
- Sí.
- Si no estuviera, todo esto sería imposible.
- Lo sé.
- No lo digo sólo por nosotros Dean, hay mucha gente ahí fuera que debe su vida a Bobby y si faltara…
- ¿Me lo dices o me lo cuentas? – el mayor guarda los recortes de los periódicos en la carpeta y se frota el entrecejo - ¿Compramos algún somnífero?
- Puedo dormirte de un puñetazo si quieres – bromea el castaño, pero Dean tiene razón, están tan cansados que lo más seguro es que ni siquiera puedan dormir.
- Te agradezco el intento pero ¿Quién te duerme a ti? – se rasca la coronilla el mayor – consigamos algo de garrafón fuerte, la resaca será igual de dura.
Sam sonríe, sí, será mejor que beban hasta caer KO. Dean silba entre dientes la canción que empieza a sonar por los altavoces del impala, al menor le suena a una de esas viejas películas de gánsteres que veían cuando eran pequeños en alguno de los cientos de moteles por los que rodaban con su padre.
Continuará...
