PRIMERA PARTE
EL PORTAL DEL TIEMPO
Capítulo X - El nuevo invento de Lucca
3
El trío continuó cabalgando hasta salir del bosque, muy cerca, observaron un numeroso grupo de hombres y soldados en los alrededores de los restos del puente Zenan. Se acercaron a curiosear y los observaron trabajar afanosamente en la reparación del puente, trayendo vigas enormes de madera acarreadas por caballos, soportes enormes y pesados sobre la espalda de media docena de hombres. Los carpinteros golpeaban sobre los soportes para dar forma al puente nuevamente, y a lo lejos, en el otro extremo de la península contraria, se podía ver a constructores imitarlos con arduo empeño.
—¡Vamos que en menos de un mes debe estar operando nuevamente! —gritó el capataz de la obra para motivar a los trabajadores—. ¡Tenemos que permitirle a nuestra nación mandar la represalia contra Magus!
—Por no decir que necesitamos volver a tener contacto con Dorino y Porre. No podemos depender todo el tiempo de las noticias que nos traiga el místico rana de los pueblos del sur.
Marle pareció intrigada. Acercándose, vio debajo del profundo risco el mar embravecido.
—Oigan, si no hay puente, ¿Cómo se las arregla Frog para cruzar?
—Nadando, madame —le respondió alguien restándole importancia.
El mar estalló sus fuertes olas debajo, y hasta Lucca sintió un escalofrío al imaginárselo cruzar esa corriente. Los dejaron hacer su trabajo en paz retomando su camino.
Continuaron el trayecto atravesando el pueblo de Truce, siendo observados ocasionalmente por los curiosos y desconfiados aldeanos, a quienes poco a poco les llegaban noticias sobre lo ocurrido en la catedral que de pronto el rey había mandado destruir, así como los acontecimientos ocurridos en el castillo. Algunos creían la historia, otros dudaban, y estaban los que salían al encuentro de los héroes forasteros para decirles adiós y buena suerte. Los tres muchachos no tardaron en estar rodeados de personas que querían conocerles.
—¡Ese es el muchacho que peleó al lado de Frog! Dicen que es un Sir.
—¡La niña de los lentes y el extraño sombrero! ¡Dicen que es maga! ¿Será tan buena como Magus?
—¡No los está acompañando la reina Leene!
—No puede ser, es demasiado joven para ser ella.
La gente se arremolinaba a su paso, por lo que al final descendieron nuevamente de los caballos para permitirse ovacionar por la gente. En otras circunstancias hubiesen pasado de largo para ya no perder tiempo, pero comprendían que en una época llena de tragedias, hostilidad e infortunios, lo menos que podían hacer era brindar un poco de alegría y esperanza en los corazones del pueblo.
Algunas parroquianos salían de la taberna, ofreciéndole invitarles una bebida. Al declinar por cuarta vez una invitación, Crono le preguntó a sus amigas intrigado.
—¿Aparecerá en los libros de nuestro tiempo lo que hemos hecho aquí?
—No lo sé —respondió Lucca—. Lo extraño es la importancia de Frog en todo este asunto, pero su nombre no figura en ningún libro que haya leído.
Marle hizo una mueca graciosa a un bebé que una mujer le había puesto en sus brazos, la mujer continuaba llamándola "reina Leene" pese a la aclaración ya establecida del malentendido. Al devolvérselo, la mujer se deshizo en agradecimientos.
—¡Muchas gracias, reina Leene! ¡Sea colmada de bendiciones!
—Señora, que no soy la reina Leene —suspiró y volvió su atención a Lucca retomando la conversación—. Puede que si lo mencionen, pero no describan quién es o cómo es. Ustedes mismos dijeron que es muy fuerte, ¿no? La historia nunca ha mencionado quién mató a Magus, sólo mencionan a un "héroe desconocido", ¿no será Frog?
—Puede ser —meditó Lucca escéptica—. Pero las evidencias sugieren que en realidad se trató de Sir Cyrus, aunque las pocas evidencias que sostienen esa teoría aún se debaten.
—Pero nunca conocimos a Cyrus, ni siquiera cuando se perdió la reina—sentenció Crono.
De la taberna, salió el explorador Toma, aún con una jarra en sus manos e hipando alegremente. Un par de soldados detrás de él le entregaron un fardo estallando en risas.
—¡Hey, gran explorador! No se te olviden tus cosas.
—Grracis, señiores. ¿M pueden de… ¡hic! …sir donde queda Trruce.
Y hasta las personas cercanas al bar estallaron en risas.
—Menos mal que tu orientación no es necesaria para tu ocupación —expresó Crono, pero de pronto tuvo una idea—. Toma, ¿puedo hacerte una pregunta? ¿Tú sabes que le pasó al capitán Sir Cyrus?
Tratando de espabilarse, Toma cabeceó tapándose los ojos. Hizo una graciosa mueca de concentración y contestó.
—Muerrto, al menos esho cre… ¡hic! ...o. Miejor pregútale a eshe ezzcudero suio, el tal Gr, gl, lennn.
—¿Y dónde está?
—Muerfto tambén, istaba con Sirr Sirius, ¡digo! Cyrus cuando deshaparreció. Di iso ya hace diezz año, y la tomta jente, aún spera su regre… ¡Diablos!
Y de inmediato se alejaron de él cuando hizo las horcajadas para vomitar. La gente se retiró escandalizada no por su comportamiento, sino por sus pesimistas teorías sobre el gran Sir Cyrus. La multitud no tardó en dispersarse nuevamente para regresar a sus labores cotidianas. Crono estaba impresionado.
—¿Cómo es posible que este tipo sí aparezca en los libros de historia?
—El reconocimiento por sus descubrimientos de exploración lo obtuvo muchos años después de su muerte —contestó Lucca—. Los libros te explican todo sobre sus descubrimientos e investigaciones, pero casi nada sobre cómo era él como persona.
—Ahora sabemos por qué —sentenció Marle con pena ajena.
Olvidándose del asunto, se despidieron con breves palabras a la gente que continuaba presente, y retomando los caballos se alejaron dirigiéndose nuevamente a los cañones de Truce al norte. Toma levantó el cuerpo mareado observando a la gente a su alrededor, en su mayoría niños y jóvenes curiosos buscando divertirse, y habló entusiasmado a quienes pensaba habían salido para verlo a él:
—A ki no sabéan que la reina ki staba en el castillio era falssa, y la virdadera ya stá de regre… ¡hic! ...so. No me la van a crer, pero dissen que la resscató una rana pero bien griandota.
