ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.

Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.

Capítulo XXXVII

Preparando viaje

Terry había decidido no molestar a Candy mientras esta dormía. El doctor Wilson le había dicho que el desmayo era a causa del embarazo, que no se preocupara, que no era nada serio, él era su médico, no tenía porque dudar. Se veía tan hermosa y serena que solo se limitó a observarla y asegurar que el sueño de su amada pecosa fuese tranquilo, sin altos ni bajos, mientras ésta decidía despertar. Al ver que pasaba el tiempo y Candy seguía aún muy dormida, pensó que quizás le habían suministrado algo para que descansara, tranquilizando así sus propias emociones en cuanto al desmayo. Terry comenzó a prestar atención a la habitación, llegando a la conclusión de que los hospitales eran muy deprimentes, quiso mirar la tabla médica para saber si entendía algo de lo que le había pasado a Candy y ver si le habían suministrado algún calmante para dormir, su mirada se topó con una carpeta que tenía el nombre de Candy y la abrió, encontrando la documentación del traslado a Francia con todo y los documentos de identidad, el escrito firmado por Candy en el hospital de Londres y los pasajes a la desesperación

-Los pasajes y la orden de embarque a Francia- pensó, Terry sintió como que su alma cayó a los pies de la cama donde permanecía Candy, cerró sus ojos a una realidad que esperaba no se diera, tratando de mantener una calma que veía alejarse de él en ese momento de desesperación, comenzó a respirar como le habían enseñado en las clases de actuación, si en el escenario servían, ahora también podían ser útiles, pero tuvo que aceptar que era prácticamente imposible de controlar lo que en ese momento experimentaba. Él siempre había sido muy vehemente al momento de advertirse atacado o como ahora abatido. En medio del ejercicio de respiración y con los ojos cerrados, comenzó a recordar como y cuando la había conocido, su madre lo había despedido sin contemplaciones de su casa en un rudo invierno en la ciudad de Nueva York y él solo buscaba como única compañera a la muerte, creyendo poder encontrarla en una pelea desigual de callejón, él, borracho hasta los huesos y los asaltantes sobrios y en amplia mayoría, recibió los golpes estoicamente, se defendía pero esperaba morir, quería cerrar sus ojos a la realidad de sentirse en un mundo sin amor de padres, lleno de soledad y desprecios, solo contra el mundo que se había limitado a ser egoísta con él desde que tenía memoria, mostrándole la parte amarga de la vida. Entre las sombras que le presentaba la borrachera, sumando uno de sus ojos incapacitado de mirar gracias a un buen golpe recibido, vio como los asaltantes sucumbían a sus golpes, pero al darse cuenta de que estaba recibiendo ayuda, socorro que no había pedido, se indignó con quienes le prestaban auxilio, luego fue llevado por la fuerza o porque ya no podía presentar pelea, por dos hombres hasta un auto donde lo dejaron a cargo de un tercero que se encontraba en su interior, no quería abrir los ojos, en realidad ya no tenía energía para hacerlo, pero, una voz

-¡Está muy mal herido Albert!- dijo Candy

Que dulce voz, y ese aroma… se decía Terry en medio de su casi inconsciencia, ¿será que estoy muerto y la voz pertenece a un ángel? pero aún me duele todo… además, yo no creo en los ángeles

-Sí, le dieron con todo y además…

-¡Está tomado!- exclamó Candy

Otra vez la hermosa voz, debo abrir mis ojos, se decía el borracho, digo, el muchacho

-Eso mismo te iba a decir Candy

-¿Lo llevaremos a un hospital?

-No, no, no, no- se escuchó la voz del herido y él mismo reaccionó a su propia voz- hoooshpital… no

Pero ¿Por qué suena así mi voz? Se recriminaba él mismo… a es verdad, estoy tomado

-Está despierto- dijo Candy- ¿Qué haremos Albert?, no quiere que lo llevemos al hospital…

-Noooo… las agujassshsh no me guuushtan

-¿Le tiene miedo a los hospitales?- preguntó Candy

-Noooo… shooolo a las aguuuujash- volvió a responder el herido casi sin poder abrir los ojos

Fue ahí en ese "casi sin poder abrir los ojos", que se encontró con la chica más hermosa que sus azules tormentosos hubieran visto alguna vez o siquiera imaginado

-Candy, llegaste a mi vida, cuando yo creí que esta habría de terminar, le diste un nuevo sentido a la palabra amistad, cariño y hasta amor, solo contigo he podido ser yo, recuperé a mi madre, a mi padre, me ayudaste a reencontrarme conmigo mismo, ahora estamos haciendo familia juntos, me vas a dar un hijo, pero… pero…- el alma de Terry sollozaba, no daba crédito a lo que le estaba sucediendo. Sin darse cuenta, se había levantado y estaba junto a la ventana

-Terry- la voz de su mujer, Candy había despertado

-Candy, pecosa- llegó al lado de su mujer en menos de lo que dura un suspiro- ¿Cómo te sientes?- acariciaba las manos de la chica y su cabello

-Ahora estoy mucho mejor, creo que me desmayé cuando el doctor Wilson me dijo…

-Entiendo, no tienes que esforzarte- por nada del mundo quería escuchar de labios de la pecosa, que tenía que viajar a Francia

-¡O, no Terry! No estás entendiendo- la chica ya conocía muy bien con quien se había casado, y al ver la carpeta en manos de su esposo, aclaró- no tengo que ir a Francia

-Sí, ya sé, aquí están los pasajes…- Terry todavía estaba envuelto por las malas noticias que sus propias conclusiones habían sacado

-¡Terry!- lo llamó más fuerte, ahora sentada en la cama- ¡mírame!- tomó el rostro de su marido entre sus manos y repitió- no tengo que ir a Francia… ¿entendiste?

-¿No tienes que ir a Francia?

-No amor mío, no tengo que ir a Francia

-¿Pero aquí están los pasajes y los tickets de embarque?- mostraba lo que había encontrado en la carpeta

-Supongo que ya todo estaba arreglado antes de que supiéramos que estaba embarazada…

-¡Exactamente!- el doctor Wilson, calculando que Candy ya debería estar despierta, había entrado en la habitación oyendo las últimas palabras de la chica- todo estaba listo desde que ingresaron a este hospital a cursar

-¿Entonces?...

-Entonces Candy se quedará en América, prestando servicios en este mismo hospital, hasta que nazca su hijo, después vendrán los días de descanso de la recién parida, luego debe volver a prestar servicios hasta que esta terrible guerra, acabe- el hombre disfrutaba de ver como era que Terry estaba tomando la noticia, primero estaba tenso como un arco, luego fue relajando su cuerpo hasta brotar de él una amplia sonrisa de tranquilidad

-Escuchaste Candy, ¡no irás a Francia pecosa!- abrazó a su mujer como nunca antes lo había hecho, ella se quedaría junto a él en América, la felicidad plena volvía a la vida de Terry y Candy.

Pasaron dos días en que Candy tuvo un permiso especial de parte del hospital por su embarazo, no lo estaba llevando muy bien y el doctor Wilson pensó que dos días de reposo le vendrían muy bien, el galeno entendía que el sistema nervioso de Candy había estado en constante desasosiego. Terry avisó a Lorna acerca de lo sucedido, incluso la noticia de que Candy ya no viajaría a Francia, información que ella compartió con la madre y hermanos de Terry. Lorna decidió visitar a su querida prima, única familia con la que contaba en la ciudad, en uno de los días de descanso de la enfermera, optó por presentarse por la tarde, la chica sabía que Terry no se encontraba y tenía la necesidad de conversar con Candy a solas

-Buena tarde Candy- saludó Lorna después de haber sido anunciada y guiada hasta su prima, encontrando a Candy en su salón de costuras y otros hobbies

-Lorna, ¡qué grata sorpresa!- Candy se acercó a su prima con cariño y agradecimiento por su preocupación y compañía

-Mira, esto lo envía tu suegra- dijo extendiéndole un paquete- dijo que te serviría para confeccionarla algo a su nieto- Lorna miraba el vientre de Candy al hablar

-Eleonor siempre tan gentil- Candy abrió el paquete en frente de su prima encontrando unos metros de finas telas para comenzar el ajuar de su bebé- son hermosas, más tarde la llamaré para agradecerle- y diciendo esto invitó a su prima a tomar asiento solicitando un servicio de té a la doncella, con masitas, esas que a ella tanto le gustaban y que Terry le compraba a diario. Llegaba a ser absurdo que suegra y nuera estuvieran embarazadas juntas y no pudieran coincidir en sus visitas, Eleonor con un reposo relativo a causa de un embarazo complicado que pudiera derivar en uno de alto riesgo y Candy, a veces bien, a veces mal al estar iniciando su propio embarazo, pero apenas pudiera iría a visitarla junto a Terry

-Terry me dijo que mañana ya entrarás a trabajar

-Sí, estos dos días fueron por que el doctor Wilson exageró con sus cuidados- como buena anfitriona Candy servía el té a su prima

-Estoy muy contenta de que no tengas que ir a Francia- la escocesa necesitaba entrar en ese tema

-¡Me lo dices a mí!…- suspiró la rubia levantando su rostro ya que estaba concentrada en su taza de té- no vivía tranquila pensando en que tendría que viajar y dejar a Terry, después vino lo del embarazo y… desesperé- Lorna la miraba comprensiva

-Y tus compañeras… ¿Qué dicen?

-La verdad es que no sé- Candy frunció el seño mientras hacía el comentario- el día en que me desmayé fue cuando nos dieron la documentación para viajar, ellas ya no estaban en la habitación, solo Michael y el doctor Wilson. Luego de eso, cuando desperté estaban conmigo Terry y el doctor Wilson. Lo que sí te puedo confirmar es que el único que está más tranquilo con lo de prestar servicios en medio de la guerra es Michael, tengo la certeza de eso - comentó

-Y ¿Cuándo es que parten?- se atrevió a preguntar la escocesa escondiendo su mirada en el té y las masitas, la servilleta también era de mucha ayuda, pero Candy sintió que su interés era exagerado, Lorna ni siquiera conocía a sus compañeras excepto a Rowena y… Michael, ahora entendía, trató de saber más

-Los pasajes son para el día 10

-¡Es muy pronto!...- exclamó Lorna y tratando de recuperarse de su impase, preguntó- digo… este… ¿qué dicen tus compañeras de que el viaje esté tan cercano?

-Bueno- Candy había entendido por donde era que venía tanto interés de su prima por un viaje que ni siquiera le concernía, ya que Candy, el verdadero enlace con el traslado a Francia, ya no viajaba. La rubia quiso ayudar a su prima y comenzó- Rowena fue mi compañera desde Londres, y ella piensa de la misma forma que yo hasta antes de casarme, está muy convencida de que la decisión que tomó es la correcta, aunque en el caso de ella, de igual manera estaría en medio de la guerra, es inglesa. En el caso de Flamy, Nataly, Judy y Leonor, ellas comenzaron con la especialización cuando la guerra ya había iniciado y están más que dispuestas a sufrir las consecuencias, espero que nada les ocurra- Candy se tomó un tiempo entre sus palabras que utilizó para llevarse la taza de té de nueva cuenta a su boca y de paso mirar a su prima- y Michael- Lorna se tensó y Candy lo notó- él es médico militar, no tiene opción, solo está en América a cargo del grupo de enfermeras y médicos que viajarán con él hasta su país natal- Candy se comenzó a preocupar por su prima al ver como los colores de la chica abandonaban su hermoso rostro, pero Lorna se recuperó más pronto de lo que la rubia esperaba

-Espero que todo vaya bien, que todos tus compañeros salgan ilesos de esta situación…

-Especialmente Michael- interrumpió como si nada la pecosa, sin dejar de mirar las reacciones de Lorna

-Sí… Michael- suspiró Lorna perdida en sus pensamientos, al darse cuenta de su error- es decir, yo…

-No debes darme ninguna explicación Lorna…

-¡No es lo que estás pensando Candy!- la escocesa no pudo seguir sentada, al levantarse y dirigirse a la ventana Candy notó que ella sobaba sus manos una contra la otra en evidente nerviosismo, se veía hermosa enfundada en un vaporoso vestido de media tarde color lavanda y su cabello peinado en un moño alto con alguno de sus risos sueltos enmarcando su rostro

-¿Qué es según tú lo que estoy pensando Lorna?- las preguntas eran hechas con su que, Candy sabía que algo pasaba allí desde el año nuevo- los sentimientos y las emociones no son cosas que nosotros podamos manejar

-Es que… yo no sé lo que pasa entre él y yo Candy

-Pero te preocupas por su situación, quisieras que él no tuviese que partir a Francia

-Tú me conoces Candy, a ti no te puedo ocultar nada

-Entonces cuéntame- la instó. La confianza entre ellas había crecido mucho durante el tiempo que habían tenido de convivencia desde que se supo que eran primas

-La primera vez que lo vi- Lorna comenzó su relato sentada de nueva cuenta a un lado de Candy- fue cuando la compañera de Terry tuvo ese accidente en el teatro, te acompañé para que te encontraras con tu esposo, yo estaba conversando con Karen y su novio cuando oí la voz de un doctor llamándote a ti, pero él se dirigía a mí creyendo que eras tú- a Lorna le estaba costando hablar de lo que le sucedía con Michael

-Sí, lo recuerdo, yo me acerqué a él para ayudarlo con la madre de Susana que se había desmayado… mmm ahora entiendo su mirada

-¿A qué te refieres?

-Michael, me miraba a mí y luego a ti… jajajaja, yo no entendía lo que sucedía y en medio del auxilio que debía prestarle a la señora Marlow, no tuve tiempo de percatarme de lo que sucedía, es claro que te confundió conmigo, yo no estaba con mi uniforme… jajajaja- Candy no paraba de reír le causaba mucha gracia la situación vivida

-Pero, deja de reír, para mí esto no tiene ninguna gracia- dijo Lorna algo molesta, Candy controló su risa, se disculpó y la escocesa continuó su relato- Luego lo volví a ver cuando supiste que estabas embarazada. Yo los alcancé en el hospital gracias a que Terry me llamó diciendo que te habías sentido muy mal, a tal grado que tu esposo consideró necesario llevarte hasta allí. Cuando llegué, me encontré en el pasillo con Albert y comenzamos a conversar acerca de lo que te había sucedido, de un momento a otro Michael se acercó a nosotros presentándose a él mismo como Michael Blanc, médico militar, él lo hizo colocando como escusa que eras una de sus compañeras y obvio, su preocupación por ti. Ese día él supo que éramos primas y no sé como se enteró de…- Lorna guardó silencio, no estaba muy segura de contarle todo a Candy, no es que no confiara en ella, pero le gustaba tener sus secretillos

-De tu dirección- dijo Candy en un tono culpable

-¿De qué hablas?

-¡Ay prima!- se quejó la rubia- fue casualidad, estábamos en medio del almuerzo junto a las chicas cuando él dijo algo así como…"no sabía que vivías con una prima" y yo sin pensar respondí "no, estás equivocado mi prima vive con mi suegra"- Candy no podía tener una cara con más culpa que la que sentía en ese momento- él te envía flores y chocolates ¿verdad?

-¿Cómo lo sabes?

-Terry me dijo que lo había visto comprando flores un día cualquiera y conversaron acerca de una chica que le interesaba, rubia con pecas y grandes ojos verdes- Lorna abrió sus ojos más de lo normal, las palabras de Candy eran toda una sorpresa para la escocesa- Terry le contestó que esa rubia estaba casada, hablando de mí, sin pensar en ti y Michael le dijo que el tono de rubio era más oscuro y que estaba seguro que la chica de la que él hablaba estaba soltera

-Y Terry con esa imaginación tan veloz que lo precede, pensó en mí…- quiso reclamar

-No me quieras engañar Lorna… flores y chocolates- la rubia movió sus cejas en complicidad con su prima- mucha coincidencia, ¿no te parece?

-Sí, es verdad, tienes toda la razón- no podía negar lo evidente- cuando fue el estreno de Romeo y Julieta- continuó con la historia la escocesa- con Archie terminamos nuestra relación, él porque según dijo la distancia nos estaba jugando una mala pasada y bueno yo… yo tampoco quería seguir con una relación que no iba para ninguna parte, desde hace tiempo yo sentía que Archie solo se limitaba a tratarme como su novia pero nunca iba a dar el paso a pedirme matrimonio, eso fue apagando en mí la llamita que había nacido en Londres, entonces cuando él me propuso terminar, yo acepté de muy buena gana. Archie no me dijo que llegaría el día anterior al estreno de la obra, yo supe por Albert en el hospital, que habían llegado esa tarde. Al otro día, nos encontramos directamente en el teatro

-Buena tarde Lorna- dijo y besó mi mano como si yo fuera cualquier conocida

-Buena tarde Archie- fue todo lo que pude responder, luego llegó la tía Elroy junto a Albert detrás de él y al saludarlos, tu abuela nos apuró para que fuésemos hasta el palco, Archie tomó mi mano casi en forma mecánica, yo lo dejé pero… ya estaba pensando en lo que le diría. Para ese momento Michael ya estaba en mis pensamientos casi en forma permanente. Pasamos toda la obra como una pareja perfecta ante los atentos ojos de la señora Elroy, pero yo creo que tu abuela es lo suficientemente observadora y ya debe saber que lo nuestro con Archie terminó. Cuando estábamos en la recepción, Archie me llevó hasta uno de los ventanales y dijo

- Necesito hablar contigo Lorna- tomó mis manos entre las suyas pero no me miraba, su vista solo estaba dirigida hacia el suelo, nuestras manos u otro lugar del salón

-Dime- fue lo único que salió de mi boca

-Yo no quiero que tomes a mal lo que tengo que decirte pero…- se tomaba su tiempo, no sabía como proceder- pero creo que lo nuestro no tiene futuro Lorna- levantó sus ojos hasta encontrar mi mirada y en él vi sinceridad y también algo de vergüenza

-Continúa- lo alenté, tampoco le dejaría las cosas tan fáciles

-Creo que la distancia a afectado nuestra relación, yo no siento lo mismo que cuando comenzamos Lorna y…

-¿Quieres terminar?

-Sí- dijo sosteniéndome la mirada

-No te sientas mal Archie, creo que tienes toda la razón, a mí también me parece que el estar separados no ayudó a que nuestra relación creciera y se fortaleciera- Archie me miró sin poder creer lo que oía

-Es decir, que tú…

-Que estoy de acuerdo contigo Archie, lo nuestro no da para más…

-Pero no quiero perder tu amistad Lorna

-Yo tampoco Archie, puedes seguir contando con mi amistad- tu primo sonrió con alivio y me abrazó. Hasta ahí mi historia de amor con Archivald Cornwell. Debo reconocer que para ese día yo ya estaba interesada en Michael, pero no sabía que era él quien me enviaba los obsequios, hasta el día de año nuevo… ese día… él me besó- Lorna otra vez estaba de pie dando la espalda a su prima y ahora Candy era la sorprendida

-¡Te besó!

-Sí, la verdad me tomó de sorpresa…

-¿Y tú correspondiste a su beso?- la esencia de la pecosa, la curiosidad siempre iba delante de ella

-mmm… sí- dijo avergonzada- luego le dije que no volviera a hacerlo y salí de la biblioteca que era donde estábamos

-¡Ohhh!

-Al salir de la biblioteca me dirigí al salón donde todos estaban saludándose por el año nuevo- Candy trataba de concentrarse en la labor que tenía en sus manos para darle confianza a Lorna en su conversación pero era casi imposible, lo que su prima le contaba estaba mucho más interesante- Michael pasó por mi lado, me saludo caballerosamente y me susurró al oído… "espero que las flores y los chocolates, sean de su gusto" y ahí entendí de donde era que venían los obsequios

-Y ahora no sabes que hacer ¿verdad?

-Sí…- se volvió a sentar junto a su prima

-Lo más probable, es que antes de viajar Michael se quiera comunicar contigo, es un buen hombre Lorna, si quieres puedes darte una oportunidad de conocerlo y de que él se pueda acercar a ti

-¡Pero se irá a la guerra Candy! ¿Qué tal si nunca regresa?

-No seas tan melodramática Lorna, te desconozco… no conocemos el futuro, quien sabe y todo resulta bien para ustedes- la animó Candy

-¡Sabes!- habló con decisión- tienes razón, haré como me dices, si es que estás en lo correcto y él quisiera un encuentro

-Lo hará Lorna, Michael te buscará- la animó Candy sosteniendo su mano

-Gracias Candy, me ha hecho mucho bien venir a ti

-Nunca dudes en mi amistad Lorna, además somos primas hermanas

-Tienes razón, gracias.

Dicho y hecho, Candy tenía razón. Cuando Lorna regresó a la mansión Grandchester después de visitar a su prima, se encontró con un ramo de rosas rojas esperándola y obviamente una nota

-Señorita Lorna- la doncella que la recibió- llegó esto para usted- indicándole un ramo de hermosas rosas rojas

-Gracias- Lorna se dirigió a ver su presente, rogando que trajera tarjeta y que esta dijera el nombre del pretendiente, claro, ella ya estaba segura que era Michael, pero necesitaba de algo más tangible. Lo que encontró más que una tarjeta era una pequeña carta que manifestaba lo siguiente

Señorita Russo

Me atrevo a enviarle este ramo, recordando la noche de año nuevo.

Perdone usted mi impertinencia, necesito me dé la oportunidad de vernos.

Sé que usted está al tanto de mi inminente viaje a Francia, Candy le tiene que haber comentado.

Por favor, deme una oportunidad de conocerla.

Si acepta usted este humilde obsequio y una cita, la espero mañana a las 18:00 hrs. en la dirección que le dejo al final de estas palabras.

Siempre suyo

Michael Blanc

Lorna no podía creerlo

-Candy tenía razón- musitó. Tomó el hermoso ramo y la nota, llevándolas a su habitación, sin darse cuenta de que unos sabios ojos azul tormenta la observaban con alegría.

Al otro día, Lorna se presentó en el lugar donde la citó Michael. La chica había pasado la noche casi en vela, estaba inusualmente nerviosa, se desconocía a ella misma y las emociones que estaba experimentando. Se vistió con un traje color blanco invierno con ribetes en negro, muy elegante, con un abrigo del mismo color. Hacía frío, pero ella no lo sentía

-Buena tarde señorita ¿tiene reservación?- pregunto el empleado que ocupaba el puesto en la entrada

-Sí… a nombre de Michael Blanc- Lorna supuso que si el médico la había citado allí, era porque había hecho una reservación

-Sí señorita, sígame- el hombre se había cerciorado acerca de la reservación y al ubicar la mesa se dirigió con ella hasta el lugar- Lorna tuvo que reconocer que Michael tenía buen gusto al escoger el elegante salón de té al que ella había entrado todo adornado con brillante madera, nada lujoso, pero si hermosamente armónico- el señor Blanc la espera

-Gracias- caminaron unos cuantos pasos más y encontraron la mesa donde esperaba con paciencia Michael, o eso quería que los demás creyesen. El muchacho tampoco había dormido bien, no sabía que esperar ¿se presentaría Lorna a la cita? ¿Habrá recibido con agrado el ramo de rosas? Entre estas y otras muchas preguntas más, vio como era que se acercaba a su mesa el encargado junto a la chica de sus sueños… ¡vino! ¡Ella está aquí!... no lo podía creer, se puso de pie y…

-Señorita Russo- saludó Michael mientras el mozo la dejaba junto a la mesa. El chico hizo un movimiento con la mano para que el encargado lo dejara a él ayudar a la señorita con la silla

-Señor Blanc- fue el saludo de Lorna, extendiéndole su mano para ser besada, como saludo protocolar, por supuesto. Michael la miró a los ojos y se perdió en ellos, era de esperarse, junto a su prima Candy tenían los ojos más maravillosos del mundo, pero los de Lorna lo envolvían con su mirada segura y sincera. Lorna se sintió algo intimidada con el saludo y la mirada del chico, ella no sonrió, pero a Michael no le importó, la conocía seria, no era Candy, era Lorna por mucho que se parecieran

-Gracias- dijo Lorna al recibir de Michael, el caballeroso gesto de acomodar la silla para ella

-Gracias a usted por aceptar mi invitación- alcanzó a decir cuando el responsable de su mesa llegó para saber cual sería el pedido de los comensales

En Chicago, Elroy y Albert estaban más que contentos con la noticia de que Candy no viajaría a Francia

-Es un gran alivio que Candice no viaje- comentaba Elroy- además, ahora que espera un hijo eso hubiese sido una atrocidad

-Tiene razón tía, Terry de igual forma no lo hubiese permitido- Albert caminaba junto a su tía hacia el salón familiar

-Es verdad, ese chico ama como nadie a Candice. Lo más probable es que hubiese tratado de que su padre hiciese algo para evitar ese viaje…

-Yo también lo pensé así tía- una vez tomaron asiento- tengo una sorpresa para usted- dijo cambiando de tema

-Una sorpresa Williams… ¿Qué podrá ser?- preguntó curiosa

-Jajajaja tía, ya sé de que parte de la familia viene la curiosidad de Candy

-¡Ay! Williams- dijo Elroy haciéndose la ofendida

-No es algo que quiera ocultarle tía, lo que sucede es que mañana vendrán los Smith con Alana, para que usted pueda conocerla mejor

-¡Hablaste con Elisa!- la anciana tía, una de las cosas que más quería era tener un bisnieto, ese que Candy le daría en unos meses más, pero saber que Alana era hija de Williams llenaba de felicidad a la mujer

-Sí. Le conté que usted se había dado cuenta del parecido de Alana conmigo y que no pude ocultarle que la niña en realidad es mi hija… pero no se preocupe, Sarah no lo sabe, es por eso que Elisa vendrá con Benjamín y la niña, como si vinieran a visitarla solo a usted- Albert había cuidado que sus sobrinos tampoco estuvieran presentes, Archie y Neal darían exámenes el día señalado y estarían fuera durante toda la jornada. Neal conocía del secreto que Elisa quería mantener con respecto a la niña, él tampoco podría negar que la pequeña era la viva imagen de su padre

-Entonces quiero que me acompañes a comprar algo para mi sobrina bisnieta- la mujer se levantó de su lugar sin esperar una respuesta por parte de Albert, solo salió del salón en busca de sus cosas para ir de compras. Albert sin poder decir o hacer nada, también se dispuso a salir. Elroy, acompañada por su sobrino, recorrió las tiendas buscando algo que fuera perfecto para la hermosa niña, encontró muchas chucherías de la época y vestimenta de bebé, además contrató a un fotógrafo para que la niña tuviera su primera sesión de fotos junto a sus padres y ella misma.

La tarde se presentó y con ella las visitas

-Es tan hermosa Elisa- chocheaba la anciana. El matrimonio Smith había llegado a la hora programada y estaban disfrutando de la tarde junto a Elroy y Albert. La pequeña Alana, si bien es cierto era criada por Benjamín, tenía un trato bastante cercano con Albert, Elisa se preocupaba de hablarle del rubio como lo que era, su padre, y Alana le llamaba papo Ben a Benjamín y papá a Albert. La criatura ya tenía un año y tres meses, caminaba por todas partes, siempre vigilada por su nana, que conocía la historia de los padres de la niña desde que se presentó el padre biológico en la vida de la pequeña Alana

-Estoy muy agradecida tía abuela de que usted entendiera y aceptara lo que sucedió- Elisa junto a la anciana y por su supuesto Alana, no podía evitar avergonzarse de la situación

-No tienes que decirme nada Elisa- la anciana miró a la pelirroja con cariño- cada uno vive su vida como mejor le parece, ustedes tuvieron su historia y de ella nació esta preciosura, yo no soy quien para juzgarlos y me alegro que hayan llegado a un arreglo que los satisfaga a los tres, tú esposo te ama…

-Y yo a él tía- la interrumpió Elisa fijando su mirada en Benjamín que mantenía una muy amena conversación con Albert

-Lo sé… Williams también se enamoró nuevamente, creo que de una compañera de ustedes allá en el San Pablo- Elroy hablaba con mucha soltura acerca del tema, ella deseaba de todo corazón que la situación vivida por Williams y Elisa, no trajera inconvenientes a la vida de Alana, mientras ellos estuvieran bien, la pequeña también lo estaría

-Sí, Fabienne es una muy buena chica tía abuela, cuando usted la conozca se dará cuenta de inmediato, a lo único que cuesta acostumbrarse es al acento de ella, es austriaca

-Creo que ya la conozco Elisa- dijo la anciana en forma divertida- Williams no para de hablar de ella y lo preocupado que está de que esté viviendo en medio de la guerra, también mencionó lo del acento

-Sí… la guerra- suspiró Elisa meditando en esas palabras mencionadas por la tía- Neal también está que se come las uñas por Patricia

-Esa tímida chiquilla logró un verdadero cambio en tú hermano Elisa- reflexionaba en medio de la conversación la anciana

-Todos hemos cambiado mucho tía… míreme a mí, casada, enamorada y esperando a mi segundo hijo

-Sí… estás enorme… jajaja- rió la tía abuela- debe ser un muchachito muy grande y fuerte- la anciana acariciaba el abultado vientre de Elisa, ella ya había entrado al séptimo mes. Elroy no podía evitar pensar en su propia nieta a esa altura del embarazo, pero sabía que mencionarle eso a la pelirroja no era muy adecuado, no dejaba de odiar a Candy

-Benjamín desea que sea varón- dijo la chica con ensoñación, ella anhelaba darle un hijo varón a su esposo

-Ten fe Elisa, yo estoy segura de que será el varón que tanto añora tu marido

La tarde se pasó tan rápidamente que Elroy prometió visita a los Smith para poder seguir disfrutando de la niña.

En otra parte de Chicago, un chico no quería soltar el teléfono

-Prométeme que lo pensarás- decía la voz del chico, esperando una respuesta afirmativa de su interlocutor al otro lado de la línea

-Lo prometo…

-Te escribiré muy seguido- siguió el ansioso muchacho

-Supongo que yo también lo haré- una chica algo nerviosa era la que respondía a las anhelantes palabras del joven

-Entonces no quieres que vaya a despedirte

-No lo creo necesario, ya hablamos todo lo que teníamos que decirnos…

-Ahora nos queda esperar- el joven pasaba su mano libre por su cabellera en evidente angustia- yo quisiera poder verte otra vez- rogó

-No, no lo creo conveniente Archivald- la chica muy seria

-Entonces te llamo mañana y así hasta el día diez

-Jaja- sonrió la muchacha con ilusión- estaré esperando tu llamada

-Prométeme que te cuidarás

-Son muchas promesas ¿no crees?

-Sí, lo sé, pero me dejarás más tranquilo

-Está bien, te lo prometo, volveré

-Eso espero

-Concéntrate en los exámenes

-Lo haré pensando en ti

-Hasta mañana

-Hasta mañana- y colgaron

Lorna veía por el ventanal del restaurant donde estaba con Michael, como caían uno a uno los copos de nieve que amenazaban con convertirse en unas horas más en tormenta

-Llegué a pensar que no vendría- confesó Michael. Lorna lo miró y agradeció su sinceridad, ella tampoco daba nada por seguro… nunca

-Lo pensé mucho- suspiró- y su "nota" decía que le diera o mejor dicho, nos diéramos la oportunidad de conocernos, pienso que es una gran posibilidad de comenzar una amistad señor Blanc

-Sí, tiene razón- dijo el médico. La chica no le daba mucho margen para iniciar una relación, pero él se conformaría con guardar en su corazón el hermoso recuerdo del beso que se habían regalado la noche de año nuevo, ya que ella por mucho que se haya hecho la ofendida, respondió a la caricia como en un sueño suave y profundo, ese obsequio él lo llevaría grabado en sus labios hasta volverla a ver- quisiera saber si puedo escribirle durante mi permanencia en Francia, sé que no es segura una correspondencia expedita pero…

-Sí- contestó interrumpiendo- es decir, yo…

-Entiendo Lorna… lo siento- se disculpó por llamarla por su nombre- ¿puedo llamarla por su nombre de pila?- la chica lo miró pensativa con esos ojos tan expresivos, llenos de verde como una selva, no existía nada malo en llamarse por sus nombres de pila, es más él era amigo de su prima y ella hablaba muy bien de él, bueno, se dijo ella en su íntimo pensamiento, espero que este momento sea el inicio de un buen camino a la amistad

-Sí Michael- respondió ella nombrándolo también por su nombre, dando entender así, que estaba completamente de acuerdo con él, Michael sonrió y ella correspondió distendiendo de inmediato el ambiente entre ellos.

Siguieron conversando a medida que consumían sus alimentos, acerca de quienes eran, sus familias y procedencia, porque él se había inclinado por la medicina y el ejército y cuales eran los planes futuros en la vida de ella

-Por el momento tengo que seguir en América- ella hablaba y su tono decía lo inconforme que estaba con esa decisión

-¿Por el momento?- cuestionó el chico

-Sí, yo deseo volver a Escocia, ahí están mis padres, mis raíces, mis plantas, todo lo que soy- Lorna realmente extrañaba mucho su tierra, ella tenía su vida hecha allá y deseaba de todo corazón regresar a su gente, entorno y plantas medicinales

-Yo pensé que estabas en América porque así lo deseabas, acompañando a tu prima, a Candy

-No. La idea inicial, era que yo viajara con Candy a vivir junto con ella y su abuela, la señora Elroy en la mansión Andrew, pero mi prima se casó en medio de la travesía y la familia de Terry abrió las puertas de su hogar para que yo pudiera vivir junto a ellos, no es que me queje- aclaró- ya que Eleonor, es decir, la duquesa de Grandchester, es una mujer encantadora, estima mucho a mi prima y me ha hecho sentir como en mi propia casa, además su embarazo la ha tenido recluida dentro de las cuatro paredes de la mansión durante muchas semanas, yo le hago compañía, me preocupo de cuidarla en lo que necesite y disfruto de Sebastián y los chicos- de un momento a otro Lorna se detuvo en su perorata, ella no acostumbraba hablar tanto ¿Qué le pasaba?, decidió llevarse algo de comida a la boca para tapar de alguna manera su descuido

-No creo que debas regresar a tú tierra por ahora Lorna - sugirió el muchacho- la guerra…

-Entiendo tu punto Michael, la guerra pudiera llegar hasta allá- la chica comprendía perfecto, pero eso no quitaba el deseo de ver a sus padres y volver a oler el aroma de su amada tierra, es verdad que recibía constante correspondencia de sus progenitores pero…

-Espero que la guerra no llegue hasta tú tierra, pero de igual manera, es mejor que te quedes acá hasta que todo termine y yo regrese por ti- se atrevió a decir el joven médico

-¿Tanta fe te tienes?- dijo con sarcasmo

-Pretendo conquistarte Lorna, aunque sea por carta- dijo el chico mostrando una hermosa sonrisa que llenó de nuevas ilusiones el corazón de la escocesa

Continuará