Capítulo 38
Fin de la batalla
Bajó a tierra tan rápido como pudo, corrió hacia ella.
―Akai... ―Jadeó alentando sus pasos.
Ahí estaba, en el suelo con sus ojos cerrados y su equipo djiin desapareció. Alibaba y Kouen, ya recuperados, se acercaron sorprendidos.
― ¿Quién es ella magi? ―Preguntó Kouen esperando oír esta vez una respuesta más concreta.
―Alguien... Alguien muy importante para mí ―respondió poniéndose de rodillas― Akai...
―Espera… Ahora que lo recuerdo… La conocí antes, ella en Reim dijo que te traería a salvo a Sindria con ese mago Titus ―dijo Alibaba consternado.
Él se le quedó mirando unos momentos para clavar su mirada en Akai. Verla así le rompió el corazón, no podía hacer nada. No tenía la suficiente magia para poder curarla. Sus ropas estaban rasgadas, parte de su piel inexistente y la sangre salía de cada herida que rodeaba su cuerpo.
―Alibaba-kun, Kouen-ojiisan; ¿cómo curaron sus heridas tan pronto? ―Interrogó al darse cuenta que ellos también habían sido atacados por el Médium.
―El contenedor de Kouen-san, Phenex, es capaz de tratar cualquier herida ―explicó su amigo― tal vez sea capaz de ayudarla.
Miró a Kouen y le exigió seriamente:
―Sálvala.
Este entrecerró sus ojos y contestó:
―Entonces dime lo que sabes de Alma Toran. Cuéntame todo lo que antes me negaste. Si no, ella morirá.
― ¡KOUEN! ―Exclamó Alibaba a punto de golpearlo, él no dejaría que la gente importante para su mejor amigo muriera por algo tan tonto― ¡Ella es una de nuestras compañeras de batalla! ¡Acaso dejarás que muera si no accede! ¡Gracias a ella tenemos más refuerzos!
―Si.
― ¡Eres un…!
―Trato ―interrumpió Aladdín tomándola en sus brazos― haré lo que pidas, pero no quiero que muera. Por favor.
El hombre sonrió con malicia, acercó su espada a la chica y un destello rosado la rodeó. Poco a poco sus heridas sanaron hasta que desaparecieron rastros de lo que estaba arrastrando su vida a la muerte. La expresión de Akai se suavizó y Aladdín sonrió de tranquilidad. La atrajo a sus brazos para no dejarla en el terroso suelo, la apoyó en su regazo y se quedó observándola.
―Gracias.
―Luego cumplirás tu parte del trato magi ―declaró el príncipe lanzándose a la batalla.
―Yo iré a pelear, mejor quédate con ella hasta que se recupere ―sugirió el amigo del magi.
De repente sintió que ella se movía lentamente.
―Me duele todo ―murmuró con dificultad.
―Despacio ―respondió Aladdín acariciando su cabeza.
Abrió sus ojos lentamente y regularizó su respiración inspirando y exhalando sin hacer movimientos bruscos.
―Me dio ―soltó una pequeña risa ante su desgracia.
―Eres tan imprudente, lamento no poder protegerte como es debido ―habló el magi con pesar.
―No ―negó con la cabeza reincorporándose― la culpa es mía y solo mía ¿Si?
―Como tú digas tonta.
―Mira quien habla ¿Eh? ―Sonrió dándole a él un beso en la mejilla― es un pequeño gracias.
Se puso de pie con dificultad, Aladdín pasó su brazo sobre sus hombros para darle una mano. Ambos se quedaron viendo como todos habían vuelto a la batalla. Kougyoku y Kouha fueron arrasados por la bestia y todos los contenedores metálicos estaban casi carentes de magoi.
―Ese maldito Médium me quitó casi todo mi magoi, pero al menos Muu sigue en pie…
―No podemos depender solo de él ―dijo Aladdín― sin embargo, tiene que haber esperanza ¡Una vez pudieron derrotarlo en Alma Toran! ¡Y esta será la segunda vez!
Entonces una de las manos del Médium se extendió al cielo aferrándose de ill ah. Con fuerza comenzó a atraerlo.
―No, no ―tembló Akai― ¡SI SIGUE ASÍ TODOS MORIRÁN!
―Detente… DETENTE.
― ¡Bararaq Saiqa! ―Un gran rayo envió al monstruo al mar, evitando así que los temores de los dos más jóvenes se cumpliesen.
El símbolo de la estrella de ocho puntas brillaba incandescente, una espada alzada al cielo y el hombre que la portaba no venía solo.
― ¡Sinbad y la Alianza de los siete mares! ―Exclamaron sorprendidos.
―Gracias a que esos dos nos llamaron que pudimos llegar a tiempo ―sonrió el rey de Sindria dirigiéndose al magi Yunnan.
―Me alegro tanto de que no fuera demasiado tarde ―el mago de la creación miró a Alibaba que se desmayó, cayendo directamente al suelo.
Mas, alguien lo tomó en brazos antes de que colisionara con el piso. Él al percatarse de quien era, pronunció su nombre asombrado.
― ¡MORGIANA!
― ¡Alibaba-san!
Una brillante sonrisa adornaba el rostro de la joven fanalis. Las cadenas de sus tobillos emitían fieras llamas que la hacían volar. Es cierto que ellos tuvieron tiempo de ponerse al tanto cuando se reunieron en Sindria. Sin embargo, apenas fueron unos días y ella nunca le mencionó esto. Solamente habló de un tal Yunnan que la ayudó mucho y que al fin aclaró sus dudas sobre su tierra natal.
― ¡M-Morgiana! T-Tú contenedor familiar ―tartamudeó en medio del asombro.
― ¡Wow! ¡Esa es la fanalis de la que me hablaste! ―Exclamó Akai impresionada.
―Sí, es bueno que haya aprendido a manipular su poder… ¡Todos hemos ganado mucho emprendiendo este viaje! ―Sonrió esperanzado.
La joven bajó a tierra al de Balbadd y lanzó un potente ataque seguido al de otros contenedores familiares ya asimilados.
―Son tan fuertes ―silbó Akai.
―Algún día lograré hacer eso ―declaró la del continente oscuro.
―No te recomendaría eso Morgiana ―intervino el hombre que la socorrió allá en su tierra natal.
―Yunnan-san.
―Cuando asimiles tu contenedor no habrá vuelta atrás, dejarás de ser humana.
―Pero ―se detuvo al darse cuenta que no había más argumentos que contraponer.
―Ahora preocupémonos por derrotar al Médium ―inquirió la pelirroja― creo que si juntamos nuestras magias extremas podríamos hacer algo. ¿No lo creen?
― ¡No parece mala idea! ―Expresó Alibaba.
―No podemos, apenas tenemos magoi ―jadeó Kouha tratando de ponerse de pie.
―Tienes razón… Debería, debería de haber otra forma ―la guardiana del rukh rojo frunció el ceño, divisó a lo lejos una luz que de repente estalló y se transformó en pequeños luceros que rodeaban a cada persona que estaba enfrentando a la bestia.
Podía sentir el magoi volver a su cuerpo, resonar por todas partes desde la punta de los pies. Por un lado, se sentía feliz por haber recuperado su magoi al igual que todos; aunque, el rukh carmesí le preocupada y entristecía. Agitó la cabeza. No era el lugar ni el momento para esas cosas, miró al príncipe de Balbadd que asintió y ambos se transformaron junto a los demás de los contenedores. Todos se ubicaron sobre el objetivo sosteniendo con orgullo sus armas. Cada uno dejó escapar de sus labios sea en voz baja o alta aquellas palabras tan poderosas como temibles:
―Kyokudai Mahou.
En el centro de todos esos candidatos estaba el proclamado rey de Sindria, Sinbad y a su lado Akai. Él la miró de reojo, dándole la espalda.
― ¿Usted es…?
―Akai, es un gusto su majestad ―respondió ella.
―Es una gran amiga de Aladdín por lo que veo.
―S-Sí, es cierto ―se sonrojó ligeramente.
―Entonces, como aliados ¡Por qué no acabamos con esta cosa! ―El hombre alzó su espada que comenzó a rodearse de rayos azules.
― ¡Así se habla! ―Sonrió― KYOKUDAI MAHOU FURAKUTTO MUQASHI SEN ―Gritó lanzando una potente fecha de rayos blancos en la misma dirección que los demás.
Se podía observar como el poder se combinó en una gigante estrella de ocho puntas que atravesó al Médium. Una luz segó momentáneamente a los presentes. Todos bajaron agotados, perdieron inmediatamente su magoi y aun habiendo usado todas sus energías ese monstruo seguía en pie.
― ¡Maldición! ¡Ese magoi fue el que Scheherazade-sama! Debió ser suficiente ―se lamentó Muu golpeando el piso con el puño.
―U-Ultimo magoi ―Aladdín tragó saliva― y-y qué hay con Titus…
―Él murió.
―No… ―La muchacha de ojos verde agua tapó su boca con sus manos.
